Hola hola jejje kreo ke en este capi vamos a saber un poko mas jejeje
recuerden de ke nada me pertnece
disfruten
Capítulo 28
—¡Imbécil! ¡Tarado! ¡Maldita sea! ¡Dios mío! —se palpó la cabeza con una mano, se paseó de un lado a otro soltando tacos hasta que el dolor agudo en la cabeza se transformó en unas punza das terribles.
El dolor pasó a ser asco cuando sintió la humedad de la sangre fresca en la palma de la mano. Con resignación, sacó un pañuelo con el que tanteó con cuidado el chichón que se estaba formando. Mientras acercaba el contador geiger y la cámara se dejó el pañuelo puesto.
Esta vez, se sentó en el suelo. Tomó medidas, las anotó y se preparó parado cumentar los cambios que se produjeran al pasar los dedos por encima de las letras talladas. Pero no ocurrió nada.
—Venga; yo he visto lo que he visto y tengo una conmoción cerebral que lo prueba.
Lo intentó de nuevo, pero las letras permanecieron en sombra y la piedra siguió fría y húmeda. Sin inmutarse se quedó donde estaba e intentó despejar su mente. No hizo caso del terrible dolor de cabeza. Cuando levantó la mano otra vez los monitores comenzaron a emitir pitidos.
—¿Qué demonios estás haciendo? ¿Estás celebrando una sesión de espiritismo? —Alice estaba de pie en la entrada de la cueva, y el sol dibujaba una aureola alrededor de su cuerpo. A Jasper se le amontonaron en la cabeza multitud de ideas, todas relacionadas con ella. Las apartó de su cabeza de momento y se limitó a mirarla.
—¿Estás de patrulla por las cuevas hoy?
—Vi tu coche. —Al entrar en la cueva, ella echó un vistazo al equipo, que seguía todavía pitando enloquecido—. ¿Qué haces sentado en el suelo?
—Estoy trabajando. —Jasper se movió para verle la cara y después se sentó sobre los talones—. ¿No tendrás una aspirina?
—No —ella le enfocó con la linterna y se acercó corriendo—. Estás sangrando. ¡Por Dios, Jasper!
—Un poco solamente. Me golpeé en la cabeza.
—Calla. Déjame ver —Alice le echó cabeza hacia atrás, ignorando su grito de dolor, y palpó hasta encontrar la herida.
—¡Jesús! Enfermera, tenga compasión.
—La herida no es grande, no necesitas puntos. Si no tuvieras esa cantidad de pelo para proteger tu pobre cerebro sería otra historia.
—¿Volvemos a hablarnos otra vez?
Alice suspiró ligeramente y se sentó en el suelo sobre los talones, imitándole.
—He estado pensando que no tengo derecho a interferir en tu trabajo. Tampoco tiene por qué molestarme. Tú fuiste muy claro al respecto, actuaste de frente desde el principio y lo que dijiste la otra noche es cierto. Tú no me has presionado.
Alice llevaba pendientes, lo que no era habitual en ella; unos pequeños aros de oro y plata. Jasper pensó que quería jugar con ellos y con la preciosa curvatura de su oreja.
—Eso es mucho pensar —replicó Jasper.
—Creo que sí. Quizás debiera hacerlo más a menudo, pero por ahora me gustaría que todo volviera a ser como antes.
—Está bien, pero quiero que sepas que voy a entrevistar a Bella, grabando la conversación.
—Eso es asunto de Bella. —Alice apretó los labios—. Es sólo que ella...
—Tendré cuidado.
Alice le miró a los ojos.
—Sí —dijo después de una pausa—, sé que lo tendrás.
—Y contigo también.
—Yo no necesito que seas cuidadoso conmigo.
—A lo mejor me gusta —Jasper le rodeó la cintura con los brazos, mientras se ponía de rodillas, y a ella también.
En el fondo de su cabeza escuchó que los monitores se ponían en marcha de nuevo. No le podía importar menos. Sólo le interesaba una cosa en ese momento, una única cosa: apoderarse de su boca. Cuando sus labios se encontraron, le rodeó con sus brazos y encajó su cuerpo con el suyo como si fuera la última pieza de un puzzle fascinante y complicado.
Por un instante sólo hubo dulzura, calor.
Alice se apartó temblando, algo se agitaba en su interior.
—Jasper.
—No vamos a hablar de ello. —Su boca le rozó las mejillas, las sienes y continuó bajando hasta al canzar su cuello—. Después de un rato, hablando se racionaliza casi todo, yo lo sé mejor que nadie.
—Buen argumento.
—Tiene que ser pronto, muy pronto, o voy a perder la cabeza —dijo Jasper sin apartar los labios de los suyos.
—Necesito pensarlo un poco más.
—Piénsalo rápido, ¿de acuerdo? —Jasper dejó escapar un suspiro entrecortado antes de aflojar su abrazo.
—Estoy casi segura de estar a punto de iniciar esa parte del programa —Alice le puso la palma de la mano en la mejilla.
—¡Qué extraño! y ¡qué difícil! —dijo Rosalie al entrar en la cueva. Cuando vio que Alice y Jasper se apartaban, se retiró el pelo—. No pretendía interrumpir.
Mientras Rosalie estaba hablando, el equipo de Jasper comenzó a sonar estridentemente. Las agujas restallaban como látigos, uno de los sensores comenzó a soltar humo y Jasper se acercó a gatas. Sin decir una palabra, Rosalie se dio la vuelta y se encaminó de nuevo hacia la luz del sol.
—¡Dios mío! Se ha abrasado. Se ha quedado completamente abrasado.
Como parecía más excitado que angustiado, Alice dejó a Jasper con su equipo y siguió a Rosalie fuera.
—¡Espera! —le gritó.
Como si no la hubiera oído, Rosalie continuó andando por la playa hasta donde el agua de la cueva se retiraba y la marea creaba pequeños charcos repletos de vida.
—Rosalie, espera un momento. Nunca pensé que volverías aquí.
—Voy donde quiero. —Pero no a aquel lugar, pensó mientras miraba ciegamente el agua. Nunca, hasta aquel día—. ¿Le trajiste tú aquí? —se giró con el pelo revoloteando a su alrededor y los ojos rebosando de dolor—. ¿Le has contado lo que este lugar significa para mí Alice?
En ese instante se borraron entre ellas los años transcurridos.
—¡Rosalie! ¿Cómo puedes pensar eso?
—Lo siento. —Se le escapó una lágrima. Se había jurado a sí misma que nunca más lloraría por él, pero no pudo evitarlo—. No debería pensarlo. Sé que tú no lo harías. —Se enjugó la lágrima y se volvió a contemplar de nuevo el mar—. Ha sido al verlos dentro juntos, abrazados y precisamente en este lugar.
—¿Cómo? ¡Rose, por Dios! —Alice se apretó las sienes al recordar la inscripción—. No me di cuenta. Te prometo que no lo he pensado.
—¿Por qué deberías hacerlo? De cualquier forma, ya no debería importarme. —Cruzó los brazos sobre el pecho, agarrándolos fuertemente por los codos. Porque sí le importaba y siempre le importaría—. Hace mucho tiempo que Emmett escribió aquellas frases, y que yo fui tan estupida como para creer que lo decía en serio, porque necesitaba que fuera cierto.
—Él no merece que estés así. Ningún hombre lo merece.
—Tienes razón, por supuesto. Desgraciadamente, yo creo que existe una persona destinada a cada uno de nosotros que lo merece todo.
En lugar de contestar, Alice le puso una mano en el hombro; Rosalie alargó la suya y la estrechó con la de Alice.
—Te echo de menos, Alice. —La tristeza tembló en su voz como si fueran lágrimas—. Ustedes dos han dejado un vacío en mí; ninguna de las dos nos alegraremos mañana de que yo haya dicho todo esto. O sea que... —soltó bruscamente la mano de Alice y se apartó—. ¡Pobre Jasper! Debería ir a pedirle disculpas.
—Has quemado uno de sus juguetes, pero parecía estar más contento que preocupado.
—De todas formas, como tú bien sabes, hay que tener más control —respondió Rosalie.
—Olvídame.
—¡Ya empezamos! Bueno, voy a ver cómo puedo hacer las paces con Jasper. —Rosalie empezó a andar hacia la cueva y miró por encima de su hombro—. ¿Vienes?
—No, ve tú delante. —Alice esperó a que Rosalie desapareciera en la cueva antes emitir un largo suspiro—. Yo también te he echado de menos Rose, y mucho.
Se quedó allí, de cuclillas sobre uno de los charcos hasta que se tranquilizó. Rosalie siempre había sido capaz de dominarse, y Alice siempre le había envidiado ese autocontrol. Miró el reducido mundo que había en el agua; imaginó que era una especie de isla, en la que los unos dependen de los otros para sobrevivir.
Rosalie dependía de ella. No quería pensarlo, no quería aceptar ni aquella conexión, ni la responsabilidad que suponía. Negarse a creerlo le había proporcionado una década de normalidad y le había costado una amiga a la que mas quería.
Después había llegado Bella y el círculo se ha bía formado otra vez, con un poder tan enorme y brillante como si nunca se hubiera cerrado.
Había sido duro, muy duro, abrir la llave de nuevo.
Y ahora, además, estaba Jasper. A ella le tocaba decidir si se convertiría en un nuevo eslabón de la cadena que arrastraba o en la llave de un nuevo cerrojo.
Deseaba con todo su corazón que fuera un hombre, sin más.
La risa de Rosalie se escapaba de la cueva y Alice se enderezó. Se preguntó cómo podía hacer aquello. ¿Cómo podía recobrarse en un espacio de tiempo tan corto?
Se dirigía hacia la cueva en el momento en que Rosalie y Jasper salían. Durante un instante vio a otra mujer con el pelo tan brillante como una llama saliendo majestuosamente de aquella boca negra. Llevaba entre los brazos una lustrosa piel negra.
La visión empezó a desvanecerse, se volvió borrosa y se esfumó, como una pintura bajo la lluvia. Dejó tras de sí el ligero dolor de cabeza que siempre la acompañaba.
Diez años, volvió a pensar. Durante diez años había cerrado el paso a todo aquello, que volvía a filtrarse de nuevo en su mente como el líquido a través de las grietas de un cristal. Si no conseguía tapar aquellas grietas, todo estallaría en pedazos y nunca más podría rehacerse.
Aunque le temblaban las piernas se acercó a grandes pasos.
—¿Cuál es el chiste? —preguntó.
—Sencillamente disfrutamos de nuestra compañía. —Rosalie cogió a Jasper del brazo y le dedicó una mirada lenta y cálida.
Alice se limitó a asentir con la cabeza.
—Whitlock, borra esa sonrisa tonta de tu cara. Lo hace a propósito. Rosalie, ¿qué haces con los hombres? En cuanto te pones a dos pasos de cualquiera, su coeficiente de inteligencia desciende por de bajo de su cinturón.
—Es solamente una de mis múltiples habilidades. No te pongas tan nervioso, guapo. —Rosalie se puso de puntillas para besar a Jasper en la mejilla—. Alice sabe que nunca invado el terreno ajeno.
—Entonces deja de coquetear con él. Está empezando a sudar —apostilló Alice.
—Me gusta. —Deliberadamente, Rosalie se acurrucó contra el costado de Jasper—. ¡Es tan encantador!
—¿Puedo intervenir en esta conversación de alguna manera sin parecer un imbécil? —preguntó Jasper.
—No, pero creo que hemos terminado ya. —Alice metió los pulgares en los bolsillos de la chaqueta—. ¿Cómo va tu cabeza?
—No tengo nada que no pueda curar una caja de aspirinas.
Cuando Jasper se tanteó la cabeza para comprobar cómo estaba el chichón, Rosalie preguntó:
—¿Te golpeaste? Déjame ver —le examinó mucho más suavemente que Alice, pero con la misma firmeza. Después de echar un vistazo, suspiró—. Podrías mostrar un poco de compasión —le reprochó a Alice.
—Es sólo una brecha.
—Sangra, se está hinchando y es doloroso; nada de esto es necesario. Siéntate —le ordenó a Jasper e hizo un gesto en dirección a un grupo de rocas.
—De verdad que no es nada. No se preocupen. Siempre me doy con algo —contestó él.
—Siéntate. —Rosalie casi le empujó, y a continuación extrajo una pequeña bolsa del bolsillo—. Tengo una especie de conexión con esta cueva y una cierta conexión con esto —explicó, enseñando un poco de cayena que sacó de la bolsita—. Estate quieto.
Golpeó el corte con los dedos. Jasper notó un calor localizado y el foco del dolor; antes de que pudiera decir nada, ella comenzó a cantar suavemente.
—Con esta hierba y este toque y pensando en curar, está herida con cuidado voy a sellar. Partiendo de la enfermedad y el dolor, hagamos que ahora sea libre. Hágase mi voluntad. Aquí y ahora. —Se inclinó sobre él y besó la parte superior de su cabeza, donde no tenía ningún rasguño—. ¿Te encuentras mejor?
—Sí —Jasper dejó escapar un largo suspiro. El dolor y el chichón habían desparecido antes de que ella terminara de cantar—. Yo ya había visto cómo actúa la cayena sobre pequeños cortes, pero no así. No de forma instantánea.
—Esta especia es como un refuerzo. Ahora ten más cuidado con esa hermosa cabeza tuya. Entonces, ¿el viernes por la noche? —preguntó Rosalie.
—Lo espero con impaciencia —respondió Jasper.
—Un momento —Alice levantó una mano—. ¿De qué se trata?
—He pensado que sería un detalle ofrecerle a Jasper algo por haber estropeado el equipo; le he invitado el viernes a asistir a un ritual.
Alice se quedó sin habla durante un momento y después agarró a Rosalie del brazo.
—¿Puedo hablar contigo?
—Desde luego. ¿Por qué no me acompañas al coche? —Rosalie le dedicó a Jasper una sonrisa relajada—. El viernes, después de la puesta de sol. Ya conoces el camino.
—Es evidente que te has vuelto loca —comenzó Alice, mientras acompañaba a Rosalie por la playa—. ¿Desde cuándo organizas espectáculos?
—Es un científico.
—Razón de más. Escucha... —Alice se detuvo al comenzar la subida hacia el camino—. Bien, escucha —empezó de nuevo—: Soy consciente de que en este momento estás alterada y no piensas con claridad.
—Estoy bien, pero agradezco tu preocupación.
—Bien, ¡encima eres imbécil! —Alice dio tres zancadas para adelante y tres zancadas para atrás y agitó los brazos—. ¿Por qué no vendes entradas?
—No es bobo, Alice, tú ya lo sabes. Es un hombre inteligente con amplitud de miras. Me fío de él. —Rosalie ladeó la cabeza y sus hechiceros ojos color azul mostraron una expresión divertida y a la vez desconcertada—. Me sorprende que tú no lo hagas.
—No es cuestión de fiarse o no —dijo, pero sacudió los hombros como si sintiera una punzada de dolor—, sólo te pido que te tomes tu tiempo y pienses un poco antes de hacer algo que no tenga vuelta atrás.
—Forma parte de todo esto —le explicó Rosalie suavemente—. Tú ya lo sabes. Siento algo por él, no de tipo sexual —añadió—, pero que en cualquier caso es muy íntimo. Como si fuera algo cálido, pero sin calor. Si existiera el calor, yo ya hubiera actuado en consecuencia, pero él no es para mí —esto último lo dijo con toda intención—. Lo que tú sientes por él es diferente y te desconcierta. Si sólo se tratara de algo sexual, ya se habrían acostado.
—¿Cómo sabes que no lo hemos hecho? —Rosalie se limitó a sonreír y Alice soltó un taco antes de continuar—. Y además eso no tiene nada que ver.
—Tiene mucho que ver. Tendrás que elegir cuando llegue el momento. Le voy a decir a Bella que se una a nosotros, si quiere. —Rosalie abrió el coche, mientras Alice se quedó de pie echando humo— Serás bienvenida desde luego.
—Si quisiera unirme al circo, habría aprendido a hacer juegos malabares.
—Te repito que tú eliges —se metió en el coche y después bajó la ventanilla—. Es un hombre excepcional, Alice. Te envidio.
Esta afirmación dejó a Alice con la boca abierta.
.
.
Jasper estaba recogiendo el equipo, cuando Alice regresó. Había conseguido todo lo que se había propuesto, pero quería volver a la cueva cuando el ambiente no fuera tan inestable.
En cualquier caso tenía que hacer algunas reparaciones y además necesitaba calmarse.
Cuando la sombra de Alice atravesó la entra da de la cueva, estaba guardando la grabadora en su bolsa.
—Has intentado hablar con ella sobre su cita conmigo —dijo Jasper.
—Exacto.
—¿Te referías a eso cuando decías que no querías interferir en mi trabajo?
—Esto es distinto.
—¿Por qué no me explicas cuál es tu definición de interferir?
—De acuerdo, estás cabreado. Lo siento, pero no voy a quedarme callada cuando alguien a quien... conozco toma decisiones cuando se encuentra alterada emocionalmente. Eso no está bien —replicó ella.
—¿Tú crees que me he aprovechado de lo que sea que atormenta a Rose?
—¿Y no lo has hecho?
Calló un momento y después se encogió de hombros.
—No lo sé. Rosalie tiene varios días para cambiar de opinión.
—Si ha hecho un trato, lo mantendrá. Es su forma de ser —aclaró Alice.
—Tú haces lo mismo. Ustedes son como dos piezas de un mismo puzzle. ¿Por qué se pelearon?
—Es agua pasada.
—No, no lo es. Ella sufre y a ti te duele. Te he estado observando. Ahora la protegerías si pudieras.—tomó dos bolsas y se enderezó—. Te ocurre lo mismo con Bella. Eres el escudo protector de aquellos que te importan. ¿Quién se preocupa por ti, Alice?
—Sé cuidarme sola.
—No lo dudo, pero esa no es la cuestión. Ellos se preocupan por ti, y eso es algo que no sabes bien cómo manejar.
—Tú no me conoces lo suficiente como para saber lo que soy capaz de afrontar.
—Te conozco desde siempre.
Alice le detuvo antes de que saliera otra vez.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Te pregunté una vez sobre tus sueños. Algún día te contaré los míos —respondió él.
Jasper había influido en sus sueños. Era lo que ella se decía incluso cuando se vio arrastrada por ellos. Aun sabiendo que se trataba de un sueño, era incapaz de ponerle fin.
Alice se encontraba en la playa sobre la que descargaba una tormenta que sonaba como un tren fuera de control; esa tormenta era su cólera. Había otras personas con ella, luces y sombras. El amor y su contrario, una trampa espinosa.
Un relámpago estalló en cielo como una espada plateada que partiera la tierra en dos. A su alrededor el mundo era una locura y el olor de aquel caos resultaba tremendamente tentador.
La elección es tuya, ahora y siempre. El poder la golpeó y le hizo daño.
La elección, ahora y siempre. Podía alargar el brazo y estrechar la mano que le hacía señas, la que le ofrecía un puente hacia la luz. O podía per manecer en la oscuridad y devorarlo todo.
Estaba hambrienta.
Alice se despertó llorando con las imágenes de destrucción todavía dando vueltas en su cabeza.
hola ke tal stan? espero ke biien ke les parecio el capitulo? zuuper verda?
buenooo esperoo muchooos reviews para asi subirles el siguiente capii jeje
byee
