hooola ke tal?

recuerden de ke nada es mioo

Capítulo 33

El hombre llegado del continente se había puesto a trabajar otra vez. Estudió, organizó y anotó los datos obtenidos la noche que él y Alice estuvieron juntos. Formuló teorías, hipótesis y extrajo conclusiones lógicas.

No había anotado a qué hora hicieron el amor; su mente había estado ocupada en cuestiones más im portantes. Tampoco había consignado cuánto tiempo duró, pero sus aparatos sí lo habían grabado, si sus teorías sobre la dispersión de energía eran acertadas. Las máquinas habían recogido los estallidos de energía, los picos, las subidas largas y continuas, las fluctuaciones. ¿Acaso no resultaba interesante pensar que no había oído nada en absoluto mientras se grababan los datos? Había estado completa mente concentrado en ella.

Ahora podía ver el registro palpable de lo que se habían dado mutuamente. Resultaba extrañamente excitante.

Midió la separación entre los picos y las subi das; calculó las bajadas entre los puntos máximos de energía y la potencia de cada uno. No le quedó más remedio que levantarse y ponerse a pasear hasta que dejó de imaginarse a Alice desnuda, y pudo concentrase de nuevo en la ciencia.

—Aquí hay un modelo de pauta larga y sostenida. Niveles de energía de bajo grado —mordió una manzana y se acomodó las gafas—. Momento de bienestar, de languidez, de conversación de cama; estamos tumbados simplemente. Tiene sentido.

Entonces, ¿por qué se pone aquí otra vez en marcha?

Se dio cuenta de que casi se dibujaban escalones: una elevación, una plataforma, una elevación, una plataforma... Intentó recordar. Ella se había levantado a buscar la pizza y dos cervezas a la cocina. Quizá había pensado en hacer el amor otra vez. No le pareció mal preguntárselo. Era un buen es tímulo para su ego.

Pero aquello no explicaba el súbito y violento estallido de energía. No tenía nada que ver con un escalón. Era como un cohete en ascenso. No pudo encontrar nada que le indicara que provenía de una fuente externa de energía o de una subyacente.

Según recordaba, mientras esperaba, él se había quedado un poco amodorrado, con la sensación de estar flotando. Había estado pensando en la pizza y en comerla junto a ella en la cama, desnudos. La imagen le había resultado muy agradable, pero no había sido la causa de aquello.

Sin embargo, Alice sí lo había sido. ¿Cómo eran y dónde estaban las piezas del puzzle?

¿Había sido una especie de réplica? Era posible. Pero, en general, en un terremoto las réplicas nunca son tan fuertes como el temblor inicial, mientras que en este caso se alcanzaba el límite máximo.

Si pudiera volver a registrarlo... Era sólo una idea. Por supuesto tendría que encontrar una forma delicada de proponérselo.

Tenían mucho de lo que hablar. Mordió la manzana de nuevo y se sintió feliz al recordar la cara de asombro de Alice cuando se presentó con todas aquellas flores. Le gustaba sor prenderla y luego ver cómo se debatía en medio del asombro.

Sencillamente, le gustaba mirarla. Se preguntó cómo iba a proponerle que hicie ra un viaje con él, quizá en primavera. Tenía que ser antes de que volcara todos aquellos datos, teorías y conclusiones en un libro. Podían detenerse un tiempo en Nueva York. Quería que conociese a su familia.

Después podrían irse unos días donde Alice quisiera. A él le daba igual el lugar.

Pasar un tiempo a solas, al margen del trabajo, le podría ayudar a evaluar otra de las hipótesis que estaba desarrollando: se había enamorado de ella.

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Alice decidió permanecer al margen de lo que pudiera suceder en casa de Rosalie aquella noche.

Como Edward había decidido acudir, tendría la casa para ella sola, para variar. Le podría sacar partido poniendo la televisión a tope, cenando comida basura y viendo en la televisión por cable alguna película de acción auténticamente mala.

Casi todo su tiempo libre lo había estado pasando con Jasper, y quizá ahí se encontraba parte del problema. Lo que necesitaba era un poco de soledad en su propio entorno.

Levantaría pesas para quemar un poco de energía, se daría una larga ducha caliente y después se sentaría con unas palomitas aderezadas con sal y mantequilla y vería la televisión con sus colegas Lucy y Diego.

Puso música a un volumen ensordecedor en la habitación que utilizaba para entrenarse y se fue al dormitorio seguida por el perro y el gato para ponerse la ropa de deporte.

Allí estaban los tulipanes, una auténtica explosión de color, encima del tocador, perfumando el aire con su olor.

—El día de San Valentín es un follón —dijo en voz alta, cambiando a continuación de idea—. Pero funciona.

Cogió la postal que había comprado para Jasper. No le llevaría mucho tiempo acercarse a su casa y deslizaría bajo la puerta. De hecho, sería mucho mejor no tener que darle directamente algo tan... sentimentaloide.

Además, podía añadir una nota diciendo que le vería al día siguiente. Cuanto más lo pensaba, menos le apetecía hablar con él sobre el tema que fuera, porque seguramente estaría aún inmerso en la sesión de brujería.

No le importaba si era injusto o poco realista, incluso estúpido, pero de momento quería mantener lo que sentían el uno por el otro, fuera lo que fuera, apartado de su trabajo y de sus poderes.

Nunca había estado enamorada. ¿Qué había de malo en aferrarse a ello un tiempo y apartarlo de todo lo demás?

—Bien, volveré en diez, minutos —les dijo a Lucy y a Diego—. Nada de fumar, beber o poner conferencias mientras estoy fuera.

Cogió la postal y se dirigió a la puerta para salir al espigón.

Se encaminó a la playa en medio de una tormenta que iba en aumento. El viento la azotaba como si fuera un látigo helado, los relámpagos daban al aire un color azul eléctrico. Corría a gran velocidad a través de la tempestad, parecía que volaba en medio de una corriente poderosa que latía como cien corazones sobre su piel.

El círculo era una llama blanca sobre la arena; ella estaba dentro, encima y fuera de él.

Había tres figuras en corro dentro del círculo. Vio una imagen de sí misma, pero que no era ella, con las manos unidas a las de sus hermanas. Los cánticos que se elevaban le resonaban dentro.

Se vio a sí misma, y ya no era ella, de pie, sola, fuera del brillante círculo. Tenía los brazos levantados y las manos vacías, y el dolor de aquel corazón solitario estalló en su interior.

Se vio a sí misma como era, como podía ser en medio de aquella tormenta. Al otro lado del círculo la esperaban sus hermanas. La rabia y el poder daban vueltas en su interior.

A sus pies un hombre se encogía de miedo y otro corría hacia ella en la terrible oscuridad. Pero no podía alcanzarla, no llegaría hasta ella. Tenía en la mano la brillante espada de plata de la justicia. Dando un grito, la dejó caer, y los destruyó a todos.

Se despertó tumbada sobre el espigón, estremeciéndose en la cálida noche. Tenía la piel húmeda y había en el aire un olor punzante a ozono. El estómago le dio un vuelco cuando intentó incorporarse sobre manos y rodillas.

Estaba demasiado débil para levantarse, y permaneció allí balanceándose con cuidado, respirando entrecortadamente para intentar llenar sus maltrechos pulmones. Se mantenía el estruendo en su cabeza, que poco a poco se fue transformando en el sonido sin fin del mar.

Nunca le había venido de aquella manera tan repentina, tan física. Ni siquiera cuando empezó a practicar, cuando todo aún la fascinaba.

Quería arrastrarse hasta su habitación y enroscarse en la alfombra, en la oscuridad, y llorar como una niña. Los suaves y lastimosos quejidos que salían de su propia garganta le forzaron a levantarse hasta ponerse de rodillas, a respirar con normalidad y de forma continua otra vez.

Se puso de pie y echó a correr, con la visión todavía martilleando en su interior.


hello ke les paarece? ke pasara ahora?

reviews?

byee