hoola ke talo tod?

recuerden de ke nada es mio

Capítulo 34

—¿Estás seguro de que quieres hacerlo? —Bella asió la mano de Edward, mientras ralentizaba el ritmo de sus pasos deliberadamente.

Unas nubes delgadas se movían en lo alto filtrando la luz de las estrellas. La luna mostraba una curva abultada y suave de luz blanca. Bella reconocía el camino en la oscuridad, a través del jardín de Rosalie, pasando los acantilados y adentrándose en el bosque. Dejó que Rosalie y Jasper fueran delante, mientras ella y Edward, cogidos de la mano, les seguían.

Podía escuchar la voz de Rosalie como si se tratara de un suave reguero de música que se deslizaba entre las sombras y los árboles.

—¿Prefieres que me quede apartado? —preguntó Edward.

—No. Nunca habías venido conmigo.

—Nunca me lo habías pedido.

Entrelazando los dedos con los suyos, Bella se detuvo. Podía verle con la suficiente nitidez. Siempre le veía muy claramente.

—No es que no fueras bienvenido. —Vio cómo Edward enarcaba las cejas a la luz de las estrellas, y sonrió—. Exactamente.

De forma lenta, y con un suave gesto, Edward levantó sus manos unidas y se las acercó a los labios.

—¿Mi presencia te resulta incómoda?

—Incómoda, no, tal vez me pone un poco nerviosa. —Como Bella se sentía alterada le tocó, fue un simple roce de sus dedos en el brazo—. No es toy segura de cómo vas a reaccionar, de cómo te vas a sentir respecto a esa parte de mí.

—Bella —Edward puso las manos sobre los hombros y le dio un pequeño apretón—, yo no soy Darren. Ya sabes, Darren, el protagonista de Embrujada. Tú mueves la nariz y yo refunfuño...

Ella dudó un momento y después le abrazó por la cintura. Los nervios, las dudas, las preocupaciones quedaron totalmente barridos por la alegría.

—Te quiero de verdad.

—Lo sé. Hay una cosa: pensaba actuar sin prejuicios y no sacar el tema, pero... —Edward miró en la dirección en que Jasper y Rosalie habían desaparecido en la oscuridad—, he leído algo sobre rituales y magia y ese tipo de cosas, y sé que a veces es preciso estar desnudo; no me importa si suena estúpido, pero me gu taría que te quedaras con la ropa puesta si está Jasper.

Bella intentó disimular su risa.

—Es un científico, como si fuera un médico.

—Me importa un bledo. En este terreno soy como Darren.

—Está bien, Darren, no hace tanto calor como para ir en cueros. Para ser totalmente sincera, me quedo vestida incluso cuando sólo estamos Rosalie y yo. Parece que soy una bruja muy remilgada.

—Así me gusta.

Cuando empezaron a andar de nuevo, él le dejó llevar la delantera.

—Entonces... ¿Rosalie se desnuda? —preguntó.

—Se queda en cueros —le corrigió Bella—. No entiendo por qué te interesa tanto.

—Desde un punto de vista estrictamente teórico.

—Sí, sí...

Seguían bromeando cuando llegaron al claro del bosque. Sombras grises como el humo delimitaban su perímetro; de las desnudas ramas de los árboles colgaban ramilletes de hierbas secas y cadenas de cristales; tres piedras se levantaban formando un altar. Jasper se puso en cuclillas enfrente, mientras anotaba las lecturas de los aparatos afanosamente.

Rosalie le había prohibido utilizar cámara de vídeo o grabadora, y nada pudo convencerla; al menos, le había permitido llevar los sensores y su cuaderno de notas. Y su mente.

Rosalie ya había dejado en el suelo la bolsa que había llevado y se dirigía hacia Edward que cargaba con la de Bella.

—Dejemos que nuestro científico juegue un rato, ¿no? —hizo un gesto en dirección a Jasper—. Es tan feliz. —Rosalie pasó el brazo alrededor de los hombros de Bella—. No hay que ponerse nerviosa, hermanita.

—Me siento un tanto rara. Además yo soy relativamente novata.

—Tu hombre está contigo. Vienes hoy más fuerte que la primera vez, y eres más consciente de todo. —Rosalie dirigió su mirada hacia Edward y estudió su rostro—. ¿No sientes lo orgulloso que está de ti, de todo lo que tú eres? Hay quien nunca consigue esa magia vital. Sin ella, la luz nunca es lo suficientemente brillante. —Le dio un ligero apretón en los hombros para levantarle el ánimo a su amiga tanto como a sí misma, antes de reunirse con Jasper.

—Está tan sola... —le confió Bella a Edward—. Ella no lo sabe; es tan completa, está tan segura de sí misma, que nadie se da cuenta. Pero hay veces que me hace daño verla tan sola.

—Eres una buena amiga, Bella.

Rosalie se rió de algo que Jasper le dijo, y se apartó de él en una especie de pirueta. No se trataba exactamente de un baile, pensaría más tarde Jasper, aun que sí había algo como de ballet. Su largo vestido gris ondeó y después cayó recto cuando Rosalie levantó los brazos. Su voz rica y llena era pura música. Dijo:

—Este es nuestro lugar, el sitio de las Tres. Ha sido conjurado por necesidad y por conocimiento, por esperanza y por desesperación. Por medio del poder se han rechazado la muerte, el miedo y la ig norancia. Este es nuestro lugar —repitió—, nos ha sido transmitido a las Tres para las Tres. Esta noche somos dos.

Jasper se puso de pie lentamente. Rosalie se estaba transformando justo frente a él: su pelo se volvía más brillante y su piel relucía como el mármol. Su belleza, ya de por sí asombrosa se hizo más radian te, como si se hubiera quitado un fino velo.

Se preguntó si ella utilizaba la magia para realzar lo que ya tenía, o si, por el contrario, empleaba sus dones para restarle nitidez. Maldijo no tener el equipo de grabación. Rosalie continuó:

—Estamos aquí para dar las gracias y honrar a los que vinieron antes; para hacer ofrendas y para recordar. Esta tierra es sagrada. Tú, Jasper Whitlock serás bienvenido, cuando seas invitado. No te ofenderé pidiéndote que prometas no venir en otras circunstancias.

—De todas formas, lo prometo —contestó Jasper.

Rosalie inclinó la cabeza en un majestuoso gesto de agradecimiento.

—Edward, tú perteneces a Bella y como este lugar es tan suyo como mío, también es tuyo. Puedes hacer preguntas si quieres —añadió mientras se inclinaba para abrir su bolsa—. Me imagino que el doctor Whitlock tiene la mayoría de las respuestas.

Como la pregunta quedó implícita, Jasper se dirigió hacia el otro hombre y se detuvo junto a él.

—Las velas que está sacando son velas rituales. Supongo que han sido previamente consagradas y que llevan inscripciones. Utilizan plata para representar a la diosa, el poder femenino. Los símbolos que llevan... —se acercó un poco más y echó un vistazo.

—Ah, sí, son los cuatro elementos: tierra, aire, fuego y agua. Rosalie no me va a decir qué ritual van a celebrar esta noche, pero viendo sus preparativos probablemente se trate de una invocación a los cuatro elementos, una ofrenda de respeto —continuó—. O quizá sea una petición para poder interpretar los sueños o para poseer clarividencia, ya que ambas cosas también se representan por medio de los candelabros de plata. Es un ritual interesante.

—Tú ya lo has visto antes —dijo Edward, que vio cómo su mujer sacaba de su bolsa un cuchillo con el mango curvo, una copa y una varita de madera con la punta de cristal.

—Sí —contestó Jasper—. Si el ritual libera suficiente energía notarás un zumbido en el aire, aunque, en cualquier caso, los sensores registrarán el aumento de energía. Trazarán el círculo y encenderán las velas con cerillas de madera.

—¿Con cerillas? —preguntó Edward mientras se le dibujaba una sonrisa en el rostro—. Atento, compañero. —Se sentía divertido y fascinado por su mujer; deslizó las manos en los bolsillos y se sentó sobre los talones.

Jasper garrapateó en su cuaderno de notas, mientras trazaban el círculo. Su construcción fue muy similar al habitual, con una pequeña variación en los cánticos y movimientos con respecto a otros que había observado anteriormente.

—El cielo está cubierto de nubes, qué pena —comentó al consultar las nuevas lecturas del sensor—. Habrá que utilizar más luz. —Mientras hablaba vio cómo se dibujaba sobre el suelo una del gada línea plateada, un círculo de luz perfecto—. ¡Dios mío! —dio un paso adelante con una mezcla de asombro y fascinación, olvidando el cuaderno de notas.

Desde el centro del círculo, Rosalie y Bella encendieron las velas con un ligero movimiento de los brazos.

—Yo pensé que ya habías visto esto antes —dijo Edward.

—No así. Jamás de esta manera. —Se apartó un poco cuando se dio cuenta de que casi se lo estaba comiendo con los ojos, y volvió al trabajo.

—Somos dos —habló Rosalie—. Y hemos traído a otros dos. Uno por el amor, el otro por el saber. Uno porque es apreciado, el otro porque busca. —Tomó su varita—. Éstas son herramientas que hay que respetar —dijo en un tono casi de conversación. Abrió un pequeño frasco de cristal y sacó un puñado de pétalos—: lirios para la sabiduría.

Bella tomó un manojo de romero de otro frasco.

—Esto es para el amor. —Empuñó su cuchillo ritual y con la punta comenzó a dibujar símbolos en el suelo—. Aquí los entrelazamos, aquí los unimos, el amor y el conocimiento bendecidos por la esperanza, dentro y fuera del círculo. La búsqueda y el amor conquistan el miedo y vencen las dudas.

—Con los corazones y mentes libres y abiertos, —continuó Rosalie al tiempo que echaba hierbas y flores en un gran cuenco—, sólo así podremos alcanzar nuestros destinos. Permitimos que haya dos testigos de lo que hacemos aquí, de estas cosas que las dos apreciamos. Aquí y ahora abrimos el ritual ante sus ojos. Yo lo hago por propia voluntad.

—Yo también —replicó Bella.

—De acuerdo, entonces. ¿Alguna pregunta, profesor?

—Nunca había asistido a un ritual semejante.

—Una pequeña advertencia. No queremos que se sientan como unos mirones. Piensen que esto es un ejercicio de calentamiento antes de la gran representación. Además, no intenten entrar en el círculo, ni siquiera aproximarse, una vez que empecemos. ¿Lo han entendido? —preguntó Rosalie.

—Sí, sí.

—Entonces...

—Una pregunta más —dijo Jasper levantando un dedo.

—Dime —contestó Rosalie con un gesto de asentimiento.

—¿Qué lugar es éste?

Rosalie levantó una mano con la palma hacia arriba, ahuecando los dedos, como si sostuviera algo precioso. Jasper hubiera jurado que el aire latía.

—Es el corazón —aclaró ella con suavidad. Entonces bajó la mano e hizo un gesto a Bella. —Bendita seas, hermanita.

Bella tomó aliento y contuvo la respiración, mientras elevaba los brazos.

—Yo invoco al Aire, dulce y agitado. Mis alas batirán contra su pecho. Eleva tu dulce aliento, gira y sopla, agita los vientos, pero no hagas daño. Yo soy Aire —gritó mientras los cristales colgados comenzaron a sonar—, y ella soy yo. Hágase mi voluntad.

El viento se arremolinó agitándose en una noche hasta entonces en calma. Jasper sintió el olor del mar en el aire, oyó cómo susurraba y cómo después se movía rápidamente por su rostro y su cabello.

—Asombroso —fue todo lo que acertó a decir, al ver que Rosalie repetía el gesto de Bella antes de comenzar a cantar.

—Yo invoco al Fuego, su calor y su luz. En su corazón la vida late fuerte y brillante. Sus llamas son como el sol y no hace daño a nadie. Yo soy Fuego, y ella soy yo. Hágase mi voluntad.

Los candelabros de plata parecían antorchas y el brillante círculo resplandeció como un muro en llamas.

Los sensores de Jasper se dispararon como alar mas. Por primera vez en su larga carrera, no les prestó ninguna atención. El lápiz que sostenía cayó de su mano sin que se diera cuenta. Podía sentir el calor, ver a través de él. Las mujeres tras aquella abrasadora cortina relucían tan brillantes como ésta.

Y el viento cantó como una mujer enamorada.

Dentro del círculo, Rosalie y Bella se volvieron una hacia la otra y estrecharon sus manos.

Entonces, Alice irrumpió en el claro del bosque atropelladamente. Jasper sólo pudo verla un instante: un rostro pálido, muy pálido, los ojos negros, brillantes como ascuas, antes de que se sumergiera en el fuego.

—¡No!

Jasper dio un salto hacia atrás con la imagen de Alice quemándose.


oh oh ke pasara kn Alice? habra entrado en el circulo?

kieren saberlo? dejenme un review y les cuento

byee