hola hola ke tal va todo..

recuerden de ke nada me pertenece

Capítulo 40

Su trabajo consistía en tomar decisiones des pués de diversos cálculos e hipótesis. Estas herramientas y la ciencia a la que se dedicaba, aunque su especialidad fuera considerada no-oficial, consti tuían un mundo familiar para Jasper. Habían sido, y continuarían siempre siéndolo, una especie de consuelo para Jasper, así como una fuente de descu brimientos.

Por primera vez desde que se dedicaba a aquel campo de investigación se sentía incómodo.

Nunca le había preocupado correr riesgos, ya que nada que valiera la pena se conseguiría sin ellos. Sin embargo, cada nuevo paso le conducía hacia un camino extraño y fascinante, un camino que no estaba haciendo solo.

—¿Estás segura de que quieres?

—Sí, lo estoy —respondió Bella después de levantar la mirada hacia Jasper.

—Quiero asegurarme de que no te sientes obligada. —Jasper ajustó otro electrodo—. Creo que no tienes por qué ser educada con un loco como yo, así que simplemente dime que lo deje.

—Jasper, no pienso que estés loco y no lo estoy haciendo por educación. Me interesa.

—¡Qué bien! —Rodeó el sofá donde Bella esta ba tumbada y la miró. Como ya le dijo una vez, ella emitía chispas, y notaba que estaba muy dispues ta—. Seré muy cuidadoso. Voy a ir muy despacio. Si quieres parar, dímelo, y ya está.

—Bien, lo haré —se le marcaron los hoyuelos de las mejillas—. Deja de preocuparte por mí.

—No es solamente por ti. —Agitó una mano en el aire ante la mirada inquisitiva de Bella—. Todo lo que hago, e incluso lo que no hago, afecta de alguna manera a Alice. No sé cómo lo sé, no es lógico, pero el caso es que lo sé.

—Estáis conectados —explicó Bella con suavidad—, como yo. Ninguno de nosotros haría nada que le hiciera daño. —Le tocó con suavidad el dorso de la mano—. Pero los dos, aunque no queramos, haremos cosas que le molestarán, creo que debemos contar con ello.

—Supongo que sí. Muy bien... —Jasper hizo un gesto vago sosteniendo los dos electrodos—. Tengo que colocarte esto. Necesito que tu corazón esté monitorizado, ¿sabes?, o sea que...

Bella miró primero el adhesivo blanco y después su rostro.

—¡Ah!

—Si te incomoda o te sientes rara, podemos saltamos esta parte.

Ella estudió su expresión y decidió que el único hombre de quien se fiaba más que de aquel que tenía delante, era su marido.

—Una moneda por cada uno —respondió y se desabrochó la camisa.

Era rápido, eficiente y delicado.

—Relájate y siéntete a gusto. Vamos a registrar el resto de tus constantes.

Se alejó de ella para trabajar en las máquinas que abarrotaban la casa. No había pretendido llevárselas, ni realizar las pruebas (todavía no), pero cuando Bella le acompañó a la casita amarilla comenzó a hacer preguntas con un interés que al principio parecía ser simple educación, pensó él, pero que después se fue convirtiendo en algo más directo, más detallado. Antes de que pudieran darse cuenta, se encontraron discutiendo sobre las reacciones físicas ante la magia: modelos de ondas mentales, de lóbulos cerebrales, y frecuencias de pulsaciones; y Bella acabó aceptando que le hiciera una serie de pruebas.

—Entonces, ¿dónde aprendiste a cocinar? —preguntó Jasper.

—Con mi madre, fue ella quien despertó mi interés. Después de la muerte de mi padre, montó una empresa de catering.

—¿Nunca has pensado abrir un restaurante? —le preguntó Jasper, que estaba ajustando los diales y contemplando los gráficos.

—Alguna vez, pero no me gustan ni el montaje que hay que hacer ni las limitaciones que tiene. Disfruto con el servicio de comidas que tengo y con mi trabajo en el café de Rosalie, aunque le estoy dando vueltas a un par de ideas nuevas. Creo que nosotras —Bella se corrigió—, que ella debería ampliar un poco el negocio: colocar una terraza en verano y tal vez montar un club de cocina. Se lo comentaré cuando lo tenga más pensado.

—Estás dotada para los negocios —respondió Jasper.

—Sí, totalmente —contestó Bella sin ningún tipo de orgullo—. Lo he heredado de mi madre. Me gusta organizar.

—Y crear, tu forma de cocinar es creativa.

Bella enrojeció de nuevo con sincero placer.

—¡Qué bonito lo que dices!

—Es un don, como el poder —respondió Jasper.

Las constantes vitales eran firmes y estables; Jasper comprobó la lectura del electrocardiograma e hizo unos apuntes rápidos en el ordenador.

—Me pregunto cuándo supiste que poseías un don. Me parece que Rosalie nació sabiéndolo —continuó.

—Así es.

—¿Y Alice?

—No habla mucho del tema, pero creo que más o menos como Rose: siempre lo ha sabido —contes tó Bella.

—¿Alguna vez te ha resultado una carga? —preguntó Jasper.

—Fue un descubrimiento y un proceso de aprendizaje. Cuando era niña tuve sueños sobre este lugar y sobre la gente que encontraría, pero nunca los consideré..., no sé, recuerdos o presagios. Luego, después de James... —sus manos se pusieron tensas, pero deliberadamente hizo que se relajaran otra vez—, lo olvidé o lo mantuve bloqueado. Cuando me fui, la única idea clara que tenía era la de correr, escapar. Sin embargo, los sueños vol vieron.

—¿Te asustaban?

—No, no. Al principio eran un consuelo, después una especie de necesidad. Un día vi en un cuadro el faro, los acantilados, la casa de Rosalie y sentí el deseo de encontrarme allí. Fue... el destino. ¿Sabes lo que se siente al encontrar el lugar exacto donde debes estar?

Jasper pensó en la casa cercana a la ensenada.

—Sí, lo sé perfectamente.

—Entonces sabrás que produce más emoción que alivio. Yo llegué en el trasbordador un día de junio, y en cuanto vi la costa de Hermanas, pensé: es aquí, por fin. Puedo formar parte de este lugar.

—Lo reconociste —dijo Jasper.

—Una parte de mí, sí; otra, sencillamente lo ansiaba. Después conocí a Rose y empezó todo.

Jasper seguía atento a los monitores, con una parte del cerebro concentrada, calculando atentamente los cambios, las subidas y bajadas.

—¿Tú crees que Rosalie te ha enseñado?

—Sí, aunque ella dice que se ha limitado a recordarme las cosas. —Bella giró la cabeza para poder ver a Jasper. ¡Qué frío se le veía!, pensó, frío y controlado; sin embargo, su voz era cálida, amistosa—. La primera vez que me ayudó a hacer magia, hice que el aire girase.

—¿Qué sentiste?

—Asombro, excitación y, de alguna manera, también algo familiar.

—¿Podrías hacerlo ahora?

—¿Ahora?

—Si te apetece. Nada especial. No quiero que pongas los muebles patas arriba, sólo unos pequeños giros para poder registrarlo.

—Eres un hombre muy interesante, Jasper.

—¿Cómo?

—«Sólo unos giros para registrarlo» —repitió Bella riéndose—; no me extraña que Alice esté loca por ti.

—¿Qué?

—Venga, vamos. Un pequeño giro en el aire, sólo de aquí hasta allí, una ligera brisa para complacer a este chico —anunció Bella.

Incluso antes de empezar, los monitores se volvieron locos. Jasper vio que se aceleraban como los latidos del corazón, y fluctuaban las formas de las ondas cerebrales. Entonces saltaron otra vez mientras el aire... giraba.

—¡Es impresionante! ¡Mira este gráfico! Lo sabía, no se trata sólo de un incremento en la actividad cerebral, es una expansión casi total de la zo na derecha del cerebro, la de la creatividad y la imaginación. Es genial.

Bella volvió a reír y detuvo el aire. «Ya no estás tan controlado, doctor Whitlock», pensó.

—¿Es eso lo que buscabas? —preguntó.

—Hay un largo camino hasta que se consigue confirmar las teorías. ¿Podrías hacer algo más? Algo más complicado, aunque no quiero decir que lo que has hecho sea una bobada —añadió rápidamente—. Algo que requiera más esfuerzo.

—Algo más que un simple golpe, ¿no?

—Eso es.

—Déjame pensar. —Mientras Jasper pensaba, Bella curvó los labios. Como quería sorprenderle recreó el canto en su cabeza; fue una llamada a los sentidos dulce y al mismo tiempo impresionante.

Esta vez llegó más rápido y fue mayor. La aguja del electro barrió el gráfico con amplios y rápidos movimientos. De pronto, la habitación se llenó de música: arpas, flautas y gaitas, se inundó con los colores del arcoiris y el olor de la primavera.

Él casi no podía seguir el ritmo de los cambios. Comprobó la cámara, los monitores, casi se puso a bailar alrededor del electro, desesperado por asegurarse de que lo tenía todo registrado.

—¿Te ha gustado? —preguntó Bella alegremente.

—¡Ha sido cojonudo! Perdón, lo siento. ¿Puedes mantenerlo un minuto más? —Preguntó mientras revisaba el sensor de energía—. Por cierto, ha sido precioso.

—Estoy deseando que llegue la primavera.

—Yo también, sobre todo después de estos dos últimos días —comentó Jasper.

El ritmo de la respiración se había incrementado, pero no mucho. El pulso era regular y firme. El esfuerzo físico parecía mínimo. Los latidos del corazón volvieron a su ritmo habitual. ¿Sería el uso del poder lo que la había calmado o los resultados? se preguntó.

—Los resultados —contestó Bella.

Jasper parpadeó y fijó de nuevo su mirada sobre ella.

—¿Cómo?

—Estabas hablando solo, pero creo que conozco la respuesta. —Bella rió suavemente cuando vio que Diego entraba en la habitación y golpeaba juguetón el arcoiris—. Es como un soplo relajante, me tranquiliza.

—¿Ah, sí? —Jasper se sentó en el suelo junto a ella, muy interesado, mientras las cuerdas de un arpa sonaban lastimeramente— ¿Dirías que tus reacciones físicas reflejan la naturaleza del conjuro o del encantamiento?

—Exacto.

—O sea que, por ejemplo, la otra noche en el claro del bosque fue más potente, quizá llegó a ser extremo por lo que estabais haciendo y por el hecho de estar las tres juntas.

—Siempre que estamos las tres es más fuerte. Siento como si pudiera mover montañas, y después sigo llena de energía durante horas.

Jasper carraspeó al recordar cómo Alice había canalizado su energía.

—Bien. ¿Cómo eres capaz de mantener el sortilegio si yo te estoy distrayendo con la conversación?

Bella se quedó en blanco por un momento.

—Nunca me lo he planteado. Muy inteligente por tu parte. Yo no sabía que intentabas distraerme. Déjame pensar. ¿Es posible que simplemente esté ahí? —sugirió ella—. No, no es exacto. Se parece más a cuando eres capaz de hacer dos cosas a la vez.

—Como cuando te rascas la cabeza a la vez que te frotas el estómago.

—No —respondió ella—. Es más como... cocinar un asado y poner la mesa. Puedes estar pendiente del horno y así no se quema el asado, y a la vez, puedes poner la mesa.

—¿Cuánto son nueve por seis?

—Cincuenta y cuatro. ¡Ah! Ya entiendo, estás comprobando las funciones de la parte izquierda del cerebro. Soy muy buena con los números.

—Dime el alfabeto al revés.

Bella se concentró y comenzó a recitarlo. Dudó dos veces, pero ni el sonido ni el ritmo fallaron.

—¿Tienes cosquillas? —preguntó Jasper.

—¿Por qué? —preguntó Bella, con la sospecha pintada en el rostro.

—Quiero probar algún tipo de distracción física. —Puso una mano en su rodilla provocando que ella chillara y saltara, justo en el momento en que Edward y Alice entraban por la puerta.

—¿Qué demonios está pasando?

Al oír la voz de Alice, Jasper se estremeció y se maldijo por no haber prestado atención a la hora. Después se dio cuenta de que seguía teniendo la mano sobre la rodilla de Bella cuyo marido estaba armado, así que la quitó rápidamente.

—Humm...

—Por lo que parece —dijo Edward guiñando un ojo a Bella—, este tipo está ligando con mi mujer. —Como Lucy había entrado en la casa con él, se inclinó con aire despreocupado a acariciarle la cabeza, mientras la perra olisqueaba el aire y movía la cola—. Creo que le llevaré fuera y le daré unos azotes.

—Ponte a la cola —le espetó Alice, lo que hizo que Jasper recordara que ella también iba armada.

—Yo, pues... Bella aceptó someterse a un par de pruebas —empezó a decir Jasper.

—Eso no es del todo exacto —le corrigió Bella, consiguiendo que Jasper se quedara mortalmente pálido. Al ver su aprensiva mirada, Bella estalló en carcajadas—. He participado de forma totalmente voluntaria.

—¿Te importaría acabar con esta parte tan entretenida de tu programa? —le sugirió Alice con frialdad.

—Está bien —Bella cerró el sortilegio y se hizo un momento de silencio absoluto.

—Entonces... —Edward comenzó a quitarse el abrigo—. ¿Qué hay de cena?

—Podrías ayudarme, en cuanto consiga desen gancharme todo esto —habló Bella alegremente.

—¡Huy! Perdón. Déjame... —Jasper empezó a quitarle los electrodos que monitorizaban su corazón, aunque inmediatamente apartó las manos como si se hubiera quemado—. ¿No me va a disparar nadie por la espalda, verdad? —le preguntó a Bella.

—Te aseguro que Edward, no. Te estaba tomando el pelo.

—No es él quien me preocupa —Jasper desenganchó los electrodos con toda la delicadeza que pudo y apartó la mirada discretamente, mientras ella se abotonaba la camisa.

—Ha sido divertido —dijo Bella mientras se incorporaba— y muy instructivo. Edward, ¿por qué no me ayudas en la cocina? ¡Ya!

—Vale, vale. Siento haberme perdido la diversión —se quejó mientras Bella le arrastraba.

—Bien, Whitlock, ¿me explicas por qué no debería empezar a dar puñetazos?

—¿Porque la violencia no es una solución prudente, tal vez?

Alice respondió con un gruñido grave y peligroso. Jasper dejó el equipo y se volvió hacia ella.

—Está bien. Supongo que quieres echarme la bronca por un par de razones. Empezaré con una de ellas. Entre Bella y yo no ha pasado nada raro, ha sido todo profesional.

—Mira guapo, si yo pensara otra cosa ahora mismo tendrías la cabeza partida en dos.

—De acuerdo. —Jasper se quitó las gafas para verla mejor, y porque si ella decidía golpearle no quería que se rompieran—. Estás enfadada porque me he traído el equipo y le he hecho unas pruebas a Bella.

—¡Bingo! Te he invitado aquí, a mi casa, que no es un puñetero laboratorio.

—También es la casa de Bella —subrayó Jasper—. No hubiera traído nada si ella no hubiera aceptado.

—La has engatusado.

—Soy capaz de engatusar cuando es necesario —contestó él sosegadamente—, pero no he tenido que hacerlo. La verdad es que Bella estaba muy in teresada. Se está conociendo a sí misma, y esto forma parte del proceso. Siento que te disguste, me temía que ocurriría, y si hubiera prestado más atención a la hora, habría terminado antes de que volvieras a casa.

—O sea que me lo habrías ocultado ¡Qué detalle! —replicó ella.

El humor de Jasper se alteró.

—Es difícil ganarte, ayudante. No, nunca te he ocultado mi trabajo, tampoco ahora; intentaba respetar tus sentimientos, como he hecho desde el principio.

—Entonces, por qué...

Jasper cortó a Alice, levantando un dedo.

—La realidad es que éste es mi trabajo, y deberás aprender a respetarlo. Sin embargo, ésta es tu casa y que yo esté aquí en estas circunstancias te disgusta, y lo siento. En quince minutos puedo recogerlo todo y marcharme. Le diré a Bella que, de momento, paso de la cena.

—Oye, deja de comportarte como un imbécil.

—¿Sabes, Alice? tú presionas más y más, pero nadie sale ganando.

Cuando se volvió para quitar la cámara del trípode, Alice se acercó y se tiró del pelo hasta que el dolor le despejó la cabeza.

—Quizá sea así. Yo no te he pedido que te marches.

—¿Qué quieres entonces?

—¡No lo sé! Vuelvo a casa después de un mal día, estoy cansada, irritable y te encuentro empleando tus métodos de científico loco con Bella, quien no solamente coopera, sino que además se divierte a lo grande. Yo sólo quería una maldita cerveza y una ducha, no una pelea.

—Muy comprensible. Yo sólo puedo disculparme por la hora, lo que no cambia mi tipo de trabajo.

—No, no lo cambia. —Alice se dio cuenta con dolor de que tampoco cambiaba el hecho de que ella se le había lanzado al cuello precisamente por su trabajo, y que él había esperado que lo hiciera. No sólo se estaba comportando como una perra, sino que además era predecible. Iba de mal en peor.

—Se te ha olvidado la segunda de las razones —le recordó Alice.

Jasper embaló la cámara y cerró el ordenador.

—¿Y cuál es?

—Quiero saber por qué no me preguntaste primero.

—No te podía preguntar si te importaba que le hiciera unas pruebas a Bella, porque no estabas aquí —le contestó Jasper.

—No. Lo que quiero saber es por qué no me pediste a mí que hiciera las pruebas. —Alice se encogió de hombros cuando Jasper dejó de desenganchar los cables para mirarla fijamente—. Creo que es muy desconsiderado por tu parte que acudieras a Bella antes que a mí.

Era increíble. En el momento en que pensaba que había conseguido bajarle los humos, ella cambiaba de tema.

—¿Lo habrías hecho? —preguntó Jasper.

—No sé —Alice resopló—. Quizá. Lo hubiera pensado en cualquier caso, pero no me lo pediste.

—¿Hablas en serio, o estás intentando dar un giro a las cosas de tal manera que yo quede como un imbécil?

No había duda de que por muy excéntrico y despistado que fuera Jasper de vez en cuando, su mente era como un escalpelo que se abría paso de un solo tajo a través de todas aquellas tonterías.

—A tu parte imbécil se le puede sacar más partido. Yo no tendría que haber saltado sobre ti así, atacándote a ti y a tu trabajo de esa manera. Lo siento —contestó Alice.

—Ahora te disculpas. Voy a tener que sentarme —respondió Jasper.

—No te aproveches, Whitlock —repuso Alice, pero se dirigió hacia él y puso las manos sobre sus brazos—. ¿Por qué no vas a buscar esas cervezas y mientras me doy una ducha me explicas para qué sirven todos esos chismes? Quizá te permita usar los conmigo.

—Iré —Jasper alargó sus manos para tomar las de Alice antes de que ella las apartara—, pero antes tengo que hacerte una pregunta. ¿Por qué aho ra estás pensando hacerlo?

—Porque tienes razón en lo que dices: es tu trabajo, tu reto. Yo te respeto, Jasper y por tanto va siendo hora de que respete lo que haces.

Ningún elogio profesional o académico que hubiera recibido hasta entonces le había proporcionado tanto placer como aquella declaración, que tanto le había costado ganar. Se acercó más a ella hasta enmarcar su rostro con las manos.

—Gracias.

—De nada. Sigues siendo un imbécil.

—Entendido. —Cuando la besó notó que sus labios se curvaban en una sonrisa.


ke tal stan? espero ke disfrutando de esta bella historia jejeje

esperoo sus reviews

byeeee