Hola hola ke tal van? espero ke bien jeje
recuerden de ke nada me pertenece
Capítulo 41
—La ciencia paranormal...
—Ves, ahí ya me pierdo; vuelve al principio, porque para mí eso es un trabalenguas —protestó Alice.
Estaban en su dormitorio. Ella sentada en la cama con las piernas cruzadas y Jasper instalando su equipo.
—Hubo un tiempo en que la astronomía que daba fuera de la ortodoxia. Si la ciencia no lucha contra lo aceptado, no estudia nuevas posibilidades, se estanca. No aprenderemos nada si nos quedamos quietos.
—La ciencia y la educación contribuyeron a que la magia pasara de ser considerada aceptable a ser condenada y después rechazada —argumentó Alice.
—Tienes razón, pero yo añadiría la ignorancia, la intolerancia y el miedo a todo ello. La ciencia y la educación podrán, en su momento, cambiar las cosas de nuevo.
—Nos dieron caza y nos masacraron, a nosotras y a muchísimos más.
Jasper pensó que su voz dejaba entrever una rabia sorda, un miedo sofocante.
—¿No puedes perdonarlo?
—¿Tú podrías? —movió los hombros, nerviosa—. No me obsesiona, pero es bueno recordar lo que puede suceder cuando la gente comienza a señalar con el dedo.
—Te preocupa lo que te pueda pasar si los extraños se acercan demasiado.
—Yo puedo cuidar de mí misma, al igual que las hermanas se protegen entre sí. ¿Sabes a cuántas brujas colgaron en Salem, Jasper? A ninguna —contestó, antes de que él pudiera hablar—; fueron todas víctimas inocentes, sin poderes.
—Por eso eres ayudante del sheriff —dijo Jasper—. Has elegido defender a los inocentes, a los que no tienen poder, ya que una vez no tuvieron quien les protegiera.
Alice exhaló un suspiro antes de contestarle.
—No hay que ser un súper héroe para mantener el orden en Tres Hermanas.
—Yo creo que ésa no es la cuestión. Tú proteges; Rose educa a través de los libros y Bella nutre. Cada una de ustedes ha elegido hacer algo que pueda sanar viejas heridas, que restablezca el equilibrio.
—Eso es demasiado profundo para mí—expli có Alice.
Jasper le pasó suavemente la mano por el pelo, antes de inclinarse para desenchufar los cables. Aquel gesto de sencilla ternura aflojó todos los músculos de su cuerpo.
—¿Alguna vez te han hipnotizado? —quiso sa ber Jasper.
Aquella pregunta hizo que se le tensaran de nuevo todos los músculos.
—No. ¿Por qué? —preguntó Alice.
Jasper se volvió y le echó una ojeada rápida.
—Me gustaría intentarlo. Estoy autorizado para hacerlo.
—No has usado esa extraña historia con Bella.
—No sé qué quieres decir con extraña historia. No, no he utilizado la hipnosis con Bella. No quería presionarla, pero entre tú y yo hay una relación distinta, y quiero creer que existe un punto de confianza diferente. Yo no te haría daño nunca.
—Lo sé, aunque seguramente conmigo no funcionará.
—Ésa es una de las cosas que quiero comprobar. Es un proceso sencillo, basado en técnicas de relajación, y es completamente seguro.
—No tengo miedo...
—Perfecto. ¿Por qué no te tumbas?
—Espera. —El pánico latía en su garganta—. ¿Porqué no sigues el mismo proceso que utilizaste con Bella antes de cenar?
—Puedo hacerlo, pero quiero añadir algunas pruebas, si estás dispuesta. En primer lugar, me interesa comprobar si tu don te hace más o menos sensible a la hipnosis. Y en caso de que pueda hipnotizarte, si eres capaz de emplear tus poderes en ese estado.
—¿Has pensado que en esas circunstancias puede que no conserve un control absoluto? —preguntó ella.
Jasper asintió con aire ausente, mientras la tumbaba de nuevo en la cama.
—¿Podría resultar interesante, no crees?
—¡Interesante! Dios mío. Recordarás que Rosalie dejó frito uno de tus juguetes, y sólo estaba un poco disgustada.
—Fue estupendo, pero ella no me hizo daño —replicó Jasper— y a ti tampoco. Ahora te voy a conectar y te explicaré para qué sirve cada máquina.
—Sí, sí.
—Debes quitarte el jersey.
Alice le lanzó una ojeada a la cámara y sonrió.
—¿Entonces tú y tus estúpidos compañeros ponen estas cintas en las fiestas de despedida de solteros?
—Siempre. No hay nada como ver el vídeo de una mujer medio desnuda para romper el aburrimiento del trabajo de laboratorio. —El la besó en la sien antes de colocarle el primer electrodo—. Pero esta cinta la guardaré en mi colección privada.
Siguió con Alice las mismas etapas que con Bella: preguntas casuales, y la grabación y monitorización de sus constantes vitales. Registró una ligera subida cuando le pidió que realizara un pequeño conjuro. Notó su ansiedad. Ella no se encontraba completamente a gusto cuando se abría al poder. Sin embargo se obligó a hacerlo y las luces del cuarto de baño contiguo empezaron a encenderse y apagarse rápidamente.
—Solía hacerlo de pequeña, cuando Edward estaba en la ducha —le contó Alice—. Para cabrearle nada más.
—Enséñame algo más fuerte, más difícil. —El latido de su corazón era más fuerte que el de Bella. Jasper pensó que era la ansiedad otra vez. Las ondas cerebrales, en cambio, eran muy parecidas.
Alice ahuecó las manos y las alzó. Jasper vio una bola de luz que brillaba y cómo la lanzaba al techo, después otra y otra más. Cuando vio cómo se colocaban, sonrió.
—Forman un campo de béisbol y nueve jugadores —reconoció.
—Ahora va el bateador —dijo ella, y envió otra luz al centro del campo—. Esto también lo hacía de niña, cuando no podía o no quería dormir. —Se dio cuenta de que lo echaba de menos—. Vamos a ver cómo le gusta al bateador una bola rápida.
Otra luz, pequeña y azul, partió de la posición del lanzador. Se escuchó un sonido y se vio un chorro de luz.
—¡Bien! Ha golpeado la base por el lado derecho. Vamos a conseguir un tanto triple.
Olvidando las máquinas, Jasper se sentó a los pies de la cama y contempló maravillado toda una entrada.
—Sigue —le alentó—. ¿Cuántos años tenías cuando supiste que tenías poderes y cuándo comenzaste a utilizarlos?
—No sé. Parecía que siempre había estado ahí. Mira, una carrera.
—¿Has jugado alguna vez en un campo real?
—Por supuesto. De segunda base, porque tengo manos grandes. ¿Y tú?
—No, soy demasiado torpe. Divide ochenta y cuatro entre doce.
—Eliminado. Fin de la quinta entrada. ¿Qué divida qué? Matemáticas; odio las matemáticas —frunció el ceño—. No me dijiste que se tratara de un examen.
—Inténtalo —pidió él, levantándose para estudiar los resultados.
—El número doce es uno de los peores. Una bola baja que va fuera. Son seis, no, espera. ¡Mierda! Siete, siete por dos, catorce. Siete. Bueno, ¿Qué pasa?
A Jasper le recorrió un temblor de excitación, pero su voz sólo traslucía diversión.
—O sea que has estrujado un poco tu lóbulo izquierdo, aunque el gráfico de las ondas cerebra les se mantiene.
Alice recitó el alfabeto al revés de un tirón. Jasper no estaba muy seguro de qué significaba eso de su mente o su personalidad, pero los registros continuaron siendo altos y firmes.
—Está bien. Cierra el sortilegio.
—Pero si todavía tengo un jugador eliminado y otro en las bases —protestó Alice.
—Los recuperaremos después.
—Empiezo a sentirme como en el colegio —se quejó ella, pero abrió de nuevo las manos; bajó las luces y se apagaron.
—Necesito que te relajes otra vez. Respira por la nariz y expulsa el aire suavemente por la boca, con respiraciones lentas y profundas.
Alice estaba a punto de protestar por haberle obligado a «apagar» el juego, pero entonces le miró y vio lo mismo que Bella: frialdad, control.
—Ya estoy suficientemente relajada.
—Respira, Alice. Lleva el ritmo: lento, profundo, fácil. —Se sentó a su lado en la cama y le tomó el pulso—. Relaja la punta de los pies.
—¿El qué?
—Los dedos de los pies, relájalos y deja que la tensión salga a través de ellos.
—No estoy tensa.
Sin embargo, Jasper notó que el pulso latía más rápido.
—Si ésta es la primera parte de la hipnosis, no va a funcionar —dijo Alice.
—Pues no funcionará. —Sin dejar de mirar su rostro, Jasper le tomó el pulso en la curva del codo y después en la muñeca. Los latidos eran suaves y firmes—. Relaja los pies. Has estado de pie la mayor parte del día. Deja que la tensión salga a través de ellos, a través de los tobillos.
La voz de Jasper era tan apacible, tan relajante, y sus dedos sobre la piel le acariciaban de forma tan leve, tan agradable.
—Relaja las pantorrillas, como si agua caliente fluyera a través de tu cuerpo, llevándose toda la tensión. Tu mente se está relajando también, deja que se quede en blanco. Las rodillas, los muslos. Visualiza un campo blanco y suave, está vacío; te tranquiliza mirarlo, te ayuda a relajar todo el cuerpo.
Jasper sacó el colgante que llevaba bajo la camisa y enrolló la cadena alrededor de la mano.
—Respira despacio y expulsa la tensión. Aquí estás segura. Déjate llevar.
—¿No se supone que debes decirme que me estoy durmiendo?
—¡Shh! Respira. Concéntrate en el colgante.
El pulso de Alice volvió a acelerarse cuando puso el colgante en su campo de visión.
—Es de Rosalie.
—Relájate. Concéntrate. Estás a salvo. Sabes que puedes fiarte de mí.
Alice se humedeció los labios.
—Esto no va a funcionar.
—El colgante está frente al muro blanco. Es todo lo que ves; es todo lo que necesitas ver. Deja tu mente en blanco. Mira sólo el colgante. Escucha mi voz, es todo lo que necesitas oír.
Jasper hizo que se rindiera poco a poco, suavemente, hasta que sus párpados empezaron a cerrarse. Entonces la condujo hasta lo más profundo.
—El sujeto es excepcionalmente proclive a ser hipnotizado. Las constantes vitales se mantienen firmes y los registros son los habituales en el estado de trance. Alice, ¿me oyes?
—Sí.
—Quiero que recuerdes que estás a salvo y que no estás haciendo nada que no desees; te encuentras a gusto. Si yo te pidiera algo que tú no estés dispuesta a hacer, te negarás. ¿Entendido?
—Sí.
—¿Eres capaz de mover el aire?
—Sí.
—¿Lo harás? Con suavidad.
Alice elevó los brazos, como en un abrazo, y Jasper sintió cómo se movía el aire con la suavidad de una ola.
—¿Qué sientes? —le preguntó Jasper.
—No puedo explicarlo: me siento feliz, pero tengo miedo.
—¿Miedo de qué?
—De desearlo demasiado, de esperar demasiado.
—Cierra el sortilegio —le ordenó. No era jugar limpio plantearle semejantes preguntas, se recordó. Alice no había dado su consentimiento antes de que él la hipnotizara—. ¿Recuerdas las luces? ¿Las luces del béisbol? ¿Puedes hacer que vuelvan?
—Se supone que no debo jugar después de ir me a la cama pero lo haré —replicó ella y su voz cambió sutilmente, se transformó en la voz de una niña, llena de picardía.
Jasper estaba más pendiente de ella que de las luces que lanzaba al techo.
—El sujeto ha sufrido una regresión sin una sugestión directa. El juego de la infancia parece haber desencadenado el suceso. —El científico que albergaba en su interior quería seguir, pero el hombre no era capaz—. Alice, no eres una niña. Quiero que permanezcas en este tiempo y en este lugar.
—Rose y yo nos divertimos. Si yo no hubiera crecido, seguiríamos siendo amigas. Si el no se hubiera ido Rose no hubiera sufrido —lo dijo enfurruñada, haciendo un puchero, mientras jugaba con las luces.
—Necesito que regreses a este tiempo y a este lugar.
—Sí, estoy aquí —dijo Alice, tras dejar escapar un largo suspiro.
—¿Puedo tocar una luz? —preguntó Jasper.
—No te harán daño. Yo no quiero herirte. —Bajó una de las bolas hasta que quedó suspendida sobre las manos de Jasper.
Jasper siguió su silueta con un dedo, era un círculo perfecto.
—Es precioso, como lo que tú llevas dentro.
—Hay una parte oscura —al decir esas palabras, su cuerpo se arqueó y las luces se dispersaron por la habitación como brillantes estrellas.
Instintivamente, Jasper agachó la cabeza. Las luces comenzaron a emitir silbidos estridentes y su pulsó se aceleró.
—Cierra el sortilegio —rogó Jasper.
—Hay algo aquí. Ha venido de caza, a devorar. —A Alice comenzó a rizársele el cabello de forma salvaje—. Ha vuelto. Una vez tres.
—Alice. —Las luces le rozaron la cara cuando se apresuró a acercarse a ella—. Cierra el sortile gio. Quiero que lo cierres y que vuelvas. Contaré desde diez hacia atrás.
—Ella necesita que tú le muestres el camino.
—La estoy haciendo volver —Jasper sujetó unos hombros que sabía que ya no eran los de Alice—. No tienes derecho a llevártela.
—Ella es mía y yo soy suya. Enséñale el camino. Muéstrale cuál es su verdadero camino. No debe seguir el mío, o estaremos perdidas las dos.
—Alice, concéntrate en mí voz, sólo en mi voz. —Tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas para conseguir que su voz sonara tranquilizadora, firme y en calma—. Vuelve ahora. Cuando llegue hasta el uno, te despertarás.
—Él trae la muerte. Reclama muertes.
—No lo conseguirá —le espetó Jasper— diez, nueve, ocho. Te vas despertando despacio. Siete, seis. Te sientes relajada, recuperada. Cinco, cuatro. Recordarás todo. Estás a salvo. Vuelve ahora. Alice, despierta. Tres, dos, uno.
Mientras contaba la vio volver, no sólo a la conciencia, sino también físicamente. Cuando movió los párpados las luces se desvanecieron y la habitación quedó en silencio.
Alice respiró profundamente y tragó saliva.
—¡Qué barbaridad! —consiguió decir, y entonces sintió que la arrancaban de la cama y que Jasper la apretaba con fuerza entre sus brazos.
Oh ke kapitulo tan liindo verda? es uno de mis favoritos jeje
espero sus reviews
byeee
