Hola hola aki les traigo lo nuevo espero les guste este PNULTIMO capitulo jeje

recuerden de ke nada es mio

Capítulo 51

—Alice.

La voz de Jasper sonó tan apacible en medio del estruendo de su mente que apenas le oyó, pero sus manos temblaron

—Es lo que él quiere, no se lo des.

—Yo quiero hacer justicia —gritó ella, mientras su cabello volaba a su alrededor en espirales que chocaban entre sí.

—Eres demasiado débil para matarme —la retó el hombre que se encontraba a sus pies mostrando la garganta deliberadamente—. No tienes valor suficiente.

—Alice, quédate conmigo. Mírame —insistió Jasper.

Sujetando la espada con fuerza, Alice miró fijamente a través de los barrotes y vio a Jasper muy cerca.

¿Cómo ha aparecido?, pensó confusamente. ¿Cómo ha llegado hasta aquí? Junto a Jasper se encontraba su hermano, y a ambos lados, Bella y Rosalie.

Se escuchó jadear y resollar; sintió cómo un sudor frío le recorría la piel, pero también notó cómo aquella avidez se propagaba por sus venas.

—Te amo. Quédate conmigo —dijo Jasper de nuevo— recuerda.

—Derriba la barrera y tracemos el círculo. Somos más fuertes juntas—intervino Rosalie bruscamente.

—Ellos morirán —aquel ser que tenía el rostro de Harding se burló—, los mataré despacio, de forma dolorosa, para que puedas escuchar sus gritos. Mi muerte o la suya. Tú eliges.

Alice se apartó de aquellos a los que amaba y se enfrentó con él.

—La tuya.

La noche se llenó de estruendo cuando dejó caer la espada. Cientos de imágenes acudieron a su mente, y entre ellas, pudo ver la mirada de triunfo en los ojos de su oponente, una alegría completa y total.

Un momento después, todos se sintieron desconcertados y perdidos, al igual que Harding.

Alice detuvo el filo de la espada a un centímetro de su garganta.

—Ayúdame —susurró Harding y ella vio cómo se le erizaba la piel.

—Lo haré. La raíz de la magia está en el corazón —comenzó a decir Alice, repitiendo las palabras que Jasper había susurrado en su subconsciente—, y desde allí debe partir el don del poder. Ahuyentamos la oscuridad con su luz, y dejamos huella con su alegría, para proteger y defender, para vivir y para ver. Hágase mi voluntad.

Harding se echó a reír, bajo el filo de la espada.

—¿Tú crees que un débil conjuro de mujer me protegerá?

Alice inclinó la cabeza casi con simpatía.

—Sí, como lo hará este conjuro.

Tenía la cabeza despejada y fría, cuando deslizó por el filo de la espada la mano, teñida con la sangre de Jasper.

El amuleto que le había regalado relucía sobre su pecho, cálido y brillante.

—Su sangre —dijo Alice—, y ahora la mía, mezcladas ahora y de verdad. —Apretó hasta que empezaron a caer gotas sobre la piel de Harding, que comenzó a aullar. ¡Qué maravillosa rabia!, pensó, mientras continuaba—. Esta sangre brota del corazón para vencerte. Este es el poder que yo libero. Hágase mi voluntad.

—¡Perra! ¡Puta! —bramó él.

Cuando Alice se echó hacia atrás, él intentó agarrarla para levantarse, pero se arrastró gruñen do al no conseguirlo.

De pronto, Alice lo vio todo absolutamente claro. La esperanza era deslumbrante. Conmovida, empezó a borrar los barrotes de la jaula luminosa.

—No podemos dejar a Harding así, pobre diablo —dijo llena de piedad hacia él.

—Nosotras nos ocuparemos —intervino Rosalie.

Trazaron un círculo de sal y plata. Harding, en el centro, escupía y aullaba como un animal; soltaba juramentos cada vez más grandes, y amenazas más y más insidiosas.

Muchos rostros diferentes se creaban y se destruían una y otra vez en su rostro.

Los truenos resonaron en el cielo tan salvajemente como las olas en las rompientes y el viento bramó enloquecido.

Harding puso los ojos en blanco cuando le rodearon y juntaron las manos.

—Te expulsamos fuera para que la oscuridad vuelva a la oscuridad; desde ahora y para siempre llevarás nuestra señal. —Rosalie se concentró y apareció un pequeño pentagrama blanco en la mejilla de Harding.

Él aulló como un lobo.

—Te arrojamos a la noche y al vacío —continuó Bella—. Sal de esta alma y ve más allá de la luz.

—Marie, te amo, eres mi esposa, eres mi mundo —dijo Harding con la voz de James—. Ten piedad.

Bella sintió piedad, pero lo único que pudo darle fue una lágrima solitaria que se deslizó por su mejilla.

—En este lugar y en este momento —cantó Alice—, te expulsamos fuera y despreciamos tu poder. Estamos unidas, somos las Tres. Hágase nuestra voluntad.

—Te expulsamos fuera —repitió Rosalie, como lo repitieron todas las que tenían las manos unidas, una por una hasta que las palabras se superpusieron formando una sola voz.

La fuerza de aquel ser se desató como un vendaval frío y fétido, y se convirtió en una especie de túnel negro para después arrojarse contra el aire y el mar.


Hola hola espero les haya gustad

esper reiews

byeee