Inuyasha y compañía no me pertenece...
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Kagome sin abrir los ojos, se acurrucó un poco más a la "almohada" calentita que tenía a su lado, era cierto que estaba bastante dura, pero se sentía bien, los rayos del sol volvieron a molestarla y tuvo que entreabrir los ojos, cuando se acostumbró a la claridad, se dio cuenta de que no estaba en su habitación, ¿qué hacía en el salón?, entonces recordó y volvió a sentir ese dolor en el pecho. Su amiga de la infancia, aquella a la que le había contado sus secretos, sus sueños, ahora había dejado este mundo por un accidente automovilístico, ¡no era justo!, a penas tenía 24 años..., tenía una vida por delante..., sus ojos volvieron a humedecerse pero no le dio tiempo de dejar escapar las lágrimas, ya que cuando volteó la vista hacia su "almohada", se percató de que era un hombre el que estaba a su lado abrazando su ¡CINTURA!.
Dio un pequeño grito apuntándolo con el dedo, era...era Inuyasha..., ¿qué hacía ahí?, o mejor dicho, ¿qué habían hecho ahí?. Escuchó una protesta salir de la boca del chico a la vez que éste abria sus ojos iluminándola con esas orbes doradas que la volvían loca.
- buenos días - dijo él tan tranquilo incorporándose.
- ¿buenos días?, ¿qué haces aquí conmigo? - calló un segundo y después se tocó el cuerpo alterada - ¿no habrás abusado de mí, verdad? - dijo y después suspiró aliviada al ver que los dos tenían ropa.
- no abusaría de ti, no tienes pechos - dijo burlón, Kagome le dio una mirada que si mataran, él ya estaría en el suelo gimiendo de dolores imposibles - oh vamos kagome, no te pongas así, existen los calcetines - dijo con una sonrisa altanera, Kagome tembló de rabia y se abalanzó sobre él.
- serás insensible, encima que estoy en unos momentos malos me dices esas cosas, ya encontraré a un chico que no se fije en la delantera como babosos como tu - le gritó poniendole un cojín en la cara - a ver si pierdes oxígeno y hace que tus neuronas vuelvan a funcionar, bruto - murmuró entredientes apretando con las dos manos al pobre cojín.
- Kagome, solo...era...una...broma - dijo como pudo con el cojín presionándole la cara - me estoy asfixiando - y dicho esto, cogió sorpresivamente las muñecas de la chica y en un rápido movimiento la puso debajo de su cuerpo haciendo que el cojín rodara hasta caer al suelo.
- perdóname ¿sí? - musitó mirandola intensamente provocando el sonrojo de la chica - ahora explícame porqué estabas así anoche - dijo serio, Kagome parpadeó sin comprender y luego recordó que Inuyasha la consoló.
- me..me llamaron comunicándome de que una...amiga mía...de la infancia...fa...falleció y...eramos muy unidas, me afectó muchisímo - dijo con el rostro triste, Inuyasha con el semblante serio se acercó a su rostro sin dejar en ningún momento de sujetar las muñecas de la chica, y rozó con la naríz la de ella repetidas veces - lo lamento mucho, si quieres te acompaño al funeral - Kagome que había cerrado los ojos por la sencilla y deliciosa caricia en su naríz, abrió los ojos y le sonrió agradecida poco después - quiero apoyarte, no quiero verte como te ví anoche, fue una situación horrorosa...
- Inuyasha... - por un momento se olvidó de lo que hubo a su alrededor, de que llegaría tarde al trabajo, de que estaban en una situación compremetedora, solo existían las palabras pronunciadas por ese pedazo de hombre que aprisionaba su cuerpo contra el de ella - muchas gracias - murmuró abrazándolo, Inuyasha soltó sus muñecas para que le abrazara mejor y se quedaron así bastante rato, sintiendo los latidos de su corazón, escuchando la lenta respiración que unía sus alientos.
- es lo menos que puedo hacer por tí - susurró rozando sus labios lentamente provocando un agradable cosquilleo a Kagome. La chica respiró el aroma masculino y se relajó en sus brazos - ahora no es el momento, pero ya te lo diré cuando pase el funeral de tu amiga - dijo separándose y quedando sentado.
- ¿qué quieres decirme? - preguntó curiosa sentandose al igual que él.
- ya lo sabrás...
- Inuyasha...- la chica le miró cabizbaja - me iré unos días para estar con la familia y mis antiguas amigas, a pesar de que todas nos desvíamos en caminos diferentes, eramos muy unidas - sintió un escozor en los ojos, no podía creer que ya no estaba, que ya no la llamaría al final del mes para echarle la bronca por no haberla llamado y lo peor de todo, es que se iba a casar dentro de dos meses con su mejor amigo Houyo, el chico que se le declaró en la adolescencia - yo la quería mucho - dijo ocultando su rostro entre sus manos, Inuyasha que ya se había percatado de que iba a ponerse a llorar, solo pudo abrazarla y dejar que se desahogara, pero no sola, sino junto a él...
- te entiendo... - dijo el chico olienndo el dulce aroma de Kagome - te voy a acompañar y a apoyar, no vas a estar sola.
- gracias Inuyasha..., pero es el el pueblo donde vivía yo antes, está muy lejos y no sé, tu tienes trabajo y... Miroku seguro que va, no te molestes...
- ¿no quieres que vaya? - musitó dolido.
- no es eso, es que no quiero molest... - Inuyasha la calló posando el dedo índice en sus labios.
- tu nunca me vas a molestar, ¿me oyes?, yo quiero estar contigo en estos momentos que son duros y no me lo vas a impedir - dijo decidido, Kagome asintió agradecida y acarició su mejilla.
-¿qué haría yo sin ti? - dijo con ternura. Inuyasha sonrió y acercó su rostro peligrosamente.
- muchas cosas no podrías hacer - dijo pícaro mientras bajaba su mirada hacia su boca, en un acto involuntario, se lamió los labios resecos y volvió a subir la mirada hasta esos ojos chocolates que le miraban expectantes.
- voy a avisar al trabajo y después a Miroku - comunicó la pelinegra poniendose en pie, el ojidorado la imitó y la paró sujetándo una de sus muñecas.
- yo iré preparando una pequeña maleta para los dos, tranquila - Kagome asintió y cogió el teléfono viendo de reojo a Inuyasha avanzando hacia el pasillo. Entonces cayó en que si Inuyasha hacía su maleta, tendría que coger su ropa, que quería decir también la interior, con un gritito se apresuró a su habitación para explicarle que ya se encargaría ella personalmente.
/ / / / / /
Se encontraban sentados en el avión, Kagome por el lado de la ventanilla contemplaba el paisaje desganada, todavía no se le hacía la idea de que Yuca no estuviera con ella, parecía que era solo una pesadilla y que cuando despertara podría llamarla y hablar con ella, observó las nubes que traspasaba el avión y recordó...:
La chica de cabello corto azabache se encontraba tirada en el cesped contemplando las nubes, su amiga de mismo color de cabello pero más largo, hacía lo mismo.
- mira Kag, esa parece un conejo, ¡qué bonito!.
- a mi me parece un ratón... - las dos se miraron y echaron a reir.
- Kag dime una cosa - dijo Yuca poniendose a un costado y apoyándose en un codo - ¿a ti te gusta Houyo?, pero dime la verdad, que yo no se lo cuento a nadie ¿eh? - dijo mirándola acusadoramente.
- ya te lo he dicho un millón de veces, lo quiero como amigo, ni siquiera me atrae un poquito - se colocó como ella - ¿por qué siempre insistes tanto?, ahora es mi turno de decir que puedes confiar en mí.
Yuca se sonrojó y suspirando sin elección, se lo contó - me gusta Houyo, Kag. Por eso siempre insisto en preguntar, porque si te gustara a ti, yo intentaría olvidarlo.
- Yuca..., yo...no lo sabía...
- no pasa nada, debo confesar que me alegra saber que no te guste, pero no sirve de mucho - agachó la cabeza - a él le seguiras gustando... - Kagome se sintió mal por su amiga, ahora entendía las sonrisas forzadas y las miradas tristes cuando Houyo venía y se sentaba con ella en vez de que con Yuca...
- te ayudaré a conquistarlo, con ese cuerpo que tienes y lo buena persona que eres, lo conquistarás sin dudar - dijo decidida, Yuca rió.
- ¿de verdad me ayudarías? - preguntó esperanzada.
- Por supuesto, pero con la condición de que en la boda, me tires el ramo a mí - dijo levantando el dedo índice con autoridad, las dos rieron y se abrazaron.
- te tiraré mil ramos si hace falta - volvieron a reir cayendo las dos y rodando un poco por el césped - pobre de tu futuro mardio Kag, pesas mucho - musitó riendo a carcajadas por la cara que puso su amiga.
- kagome...
- Kagome...
La pelinegra despertó de sus pensamientos y giró la vista a la persona que le llamaba, era Inuyasha que la miraba preocupado.
- ¿te encuentras bien?.
- si, si, perdoname, solo recordaba momentos con...con Yuca - dijo aguantando las ganas de llorar, el ojidorado lo percibió y la atrajó a él acariciando sus cabellos.
- tranquila kagome, tranquila.
- ella quería a Houyo y ahora que lo consiguió e iba a casarse con él, le sucede esto, no es justo Inuyasha... - se lamentó aferrandose a él - ¡no es justo maldita sea! - casi todas las miradas del avión se centraron en ellos, pero a Inuyasha no le importaba, solo quería confortar a su Kagome... ¿su?, decididamente, esto le estaba afectando bastante...
Bajaron del avión y cogieron un taxi para ir a la casa de la mamá de kagome, en el trayecto estuvieron callados, al chico le dolía ver así a Kagome, ella siempre tenía su linda sonrisa o su fulminadora mirada cuando la molestaba, pero ahora..., estaba con la vista perdida, ausente, no era ella...
El taxi los dejó en la puerta e Inuyasha recogió las maletas del portabultos, Kagome caminó hasta la entrada de la casita que tenía enfrente y tocó a la puerta, le abrió una mujer absolutamente igual a Kagome, excepto en el cabello, ya que la mujer que se conservaba bien, lo llevaba corto y era ondulado. Las vio mirarse en silencio sin relizar ningún movimiento, hasta que la mujer abrió los brazos que fueron recibidos por una llorosa Kagome.
- ¡mamá! - gritó abrazándola - dime que no es verdad, por favor - la madre la miró entristecida - lo siento - murmuró. Inuyasha se acercó un poco incómodo por la situación y la madre con un ademán, le dijo que entrara, él lo hizo y dejó las maletas en el suelo de la entrada.
Kagome deshizo el abrazó y limpiándose las lágrimas los presentó - mamá, este es Inuyasha - dijo todavía hipando.
- mucho gusto señora - dijo dandole la mano.
- llamame Sonomi, señora me hace sentir vieja - soltó una pequeña risita encantadora y los hizo ir al salón, los chicos se sentaron en un trisillo y Sonomi en una butaca blanca situada al frente. Inuyasha cuando había entrado pudo apreciar una casa pequeña pero acojedora, no excesivamente cargada, estaba sencilla y con un aire fresco.
- mami, Miroku vendrá en el próximo vuelo, ¿Sota llegó bien verdad?, le dije que me llamara y no lo hizo.
- vino muy cansado y se quedó dormidito enseguida. Por ciero, me dijo que se lo pasó muy bien y que te habías echo un novio - comentó contenta, los jóvenes se sonrojaron.
- no mamá, Inuyasha no es... - pero el chico la interrumpió.
- ese Sota es un pillo, se me adelantó - la madre de Kagome sonrió y la pelinegra solo pudo abrir la boca sin dar crédito a sus oídos.
- tienes un novio muy apuesto y educado, veo que la espera mereció la pena... - Kagome la miró desolada e Inuyasha parpadeó confundido.
- mamá, ¿cuando es el funeral? - preguntó con un nudo en la garganta.
- mañana por la mañana hija, ya verás a tus amigos, se alegraran de verte.
- dudo que algo les alegre en estos momentos - murmuró.
- por cierto, ¿dónde van a dormir?, aquí en casa supongo, ¿no?.
- eso era lo que estaba pensando, pero no hay sitio para Inuyasha, no cabe en estos sillones - dijo Kagome, la madre lo meditó unos segundos.
- que duerma contigo - dijo tan calmada, los dos chicos abrieron los ojos sin creerlo, ¿Sonomi acababa de decir que durmieran juntos?, un chico y una chica en un cuarto solos...
- pero mamá, ¿te das cuenta de la situación? - repuso Kagome.
- hija, sois mayorcitos para saber lo que haceís, además de que sois novios, no veo el problema - Kagome fulminó con la mirada a Inuyasha, por culpa de decir que eran novios, mira lo que había pasado, el muy sinvergüenza solo le sonrió con sorna.
- pero mi cama es muy estrecha - se excusó la chica.
- dormireís en la mía que es matrimonial - quiero nietos pronto, pensó Sonomi observando a la pareja.
- ¿y por qué no duermo yo contigo o Sota y así queda una cama libre?.
- Kagome ¿por qué te complicas tanto?, tu madre no se opone y tu y yo somos responsables, no pasará nada, además de que tu hermano Miroku tendrá que venir a quedarse a dormir también - contestó Inuyasha triunfal sin inmutarse de la mirada asesina que le echaba la pelinegra.
- pues iré a prepararos la habitación - dijo sonriente Sonomi desapareciendo por la puerta.
- me cae bien tu madre...
- ¿por qué le dijiste que eramos novios? - preguntó enfadada.
- no quería que Sota quedara como mentiroso - contestó como si fuera obvio, Kagome sin saber porqué, se desilusionó con la respuesta.
- pues por tu "corazón tan grande", ahora tendremos que dormir juntos - dijo poniéndose de pié y cruzando los brazos con el ceño fruncido.
- me alegro que estes mejor - musitó éste - y en cuanto a lo de dormir juntos - dijo acercándose lentamente - no tengo ningún problema, ¿y tú? - Kagome retrocedía balbuceando cosas sin sentido, cuando el ojidorado la acorraló para robarle un beso, apareció Sonomi.
- ¿he interrumpido?.
- ¡no! - se adelantó a decir una nerviosa Kagome, Inuyasha sonrió de medio lado y se separó.
- ya está la habitación preparada, duchense por turnos mientras yo hago la cena - los chicos asintieron - kagome, quedate conmigo para que me ayudes y así Inuyasha se ducha tranquilo.
- Señ...Sonomi ¿dondé está el baño? - preguntó el ojidorado, la mujer con un gesto con la cabeza, indicó a su hija que se lo enseñara, Kagome suspirando, le dijo que la siguiera.
Subieron a la segunda planta y Kagome le enseñó los dormitorios hasta llegar al baño.
- ya llegamos, en el mueble de la izquierda encontrarás las toallas - indicó antes de dar media vuelta para irse, pero Inuyasha la retuvo con la mano y la entró acorralándola en la pared.
- perdoname por lo de decir que eramos novios - susurró a milímetros de sus labios provocando miles de sensaciones a la chica, pero no podía pensar ahora en besar a Inuyasha y confesarle su amor, no ahora por respeto a su amiga, la quiso demasiado.
- por favor, aléjate...
- no Kagome.
- ¡he perdido a mi amiga!, ¡dejame ya! - dijo empujándolo con los ojos empañados, Inuyasha se dio cuenta de la situación y agachó la cabeza quedando cubierto sus maravillos ojos por su flequillo.
- discúlpame..., tienes toda la razón, pero yo solo quería pedirte perdón, nada más - y besarla hasta cansarse... pero eso no se lo iba a decir y menos en estos momentos que estaba viviendo. Kagome asintió y se fue corriendo del baño, el ojidorado suspiró pasándose la mano por el pelo y cerró la puerta para ducharse, cuando pasara todo esto, hablaría con ella...
/ / / / / /
- Mamá no quiero dormir con Inuyasha, que lo haga Miroku, yo dormiré con Sota, estuve estos días durmiendo apretujada con él, asi que no hay problema.
- pero hija...
- he dicho que no, mamá - la interrumpió - tu no sabes como me siento por lo de Yuca, prefiero separarme estos días de Inuyasha, si estoy con él me pierdo y después me siento mal porque parece que no he guardado respeto por mi amiga. Es complicado de entender...
- esta bien, te entiendo - dijo Sonomi cortando las zanahorias apenada, tenía razón. Inuyasha desde la escalera lo escuchó y volvió a subir sin decir nada, aunque le dolía la actitud de Kagome, lo entendía, había perdido una amiga, no era momento de estar "coqueteando" (para llamarlo de alguna manera) con un chico. Sería egoísta.
¡Jo!, él quería dormir con Kagome y senir su cáido y diminuto cuerpo junto al de él, meneó la cabez para sacrse esos pensamientos y se quedó recostado en la pared, pensativo.
La cena fue tensa pero cortés, poco después llegó un Miroku cansado, que tuvo que dormir con Inuyasha, por supuesto, se pusieron una "barrera" de cojines, por si las moscas. Kagome durmió en la cama vacía de Sota, ya que éste se había quedado a dormir en casa de un amigo y pensó que cuando pasaran unos días hablaría con Inuyasha, ella quería saber si eran más que amigos...
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Al día siguiente, todos despertaron y se prepararon para el entierro, Kagome con un sencillo vestido negro y el cabello cogido en una coleta hacia un lado, permaneció callada hasta que llegaron al cementerio.
Allí, Kagome se despidió de su amiga tirando una rosa al ataúd que estaban enterrando tras las palabras mencionadas por el cura.
- adios Yuca...
Deseó en silencio que su alma descansara en paz, y abrazó a sus antiguas amigas apoyándose mutuamente sin dejar de llorar, era tan doloroso. Después del funeral, solo se quedaron la familia y las amigas más cercanas, Inuyasha se apartó para dejarle privacidad, pero entonces vio como un chico alto, de cabello castaño y ojos verdes se acercaba a la pelinegra.
- Kagome, ¿eres tu? - la chica volteó y cuando lo vio, lo abrazó.
- Houyo..., ¡cuánto lo siento! - dijo separándose de él, el chico asintió y le acarició la mejilla sin percatarse de una mirada asesina que vigilaba sus movimientos desde atrás.
- me alegro que hayas venido, a ella también le hubiera gustado... - murmuró observando la tumba adornada con flores.
- Houyo..., cualquier cosa que necesites, por favor dímelo, estoy contigo - musitó sujetándole las manos, el castaño sonrió tristemente.
- lo sé. Bueno...y ¿qué tal tu vida?, ¿dónde estas ahora?, Yuca.. - su rostro se ensombreció - me dijo que vivías con tu hermano y otro chico.
- sí, mi hermano esta allá - dijo señalándo a un Miroku que abrazaba a una de las amigas de Kagome para "consolarla".
- ya le saludé...
- y el otro chico es Inuyasha, ven que te lo presento - dijo cogiendole de la mano y guiandole hacia un celoso ojidorado.
- Inuyasha, este es Houyo... - el ojidorado lo saludó con desgana y enseguida agarró a Kagome por la cintura posesivamente como si estuviera marcando su territorio.
- ¿estás mejor? - preguntó mirando intensamente a Kagome que asintió sonrojada. Houyo carraspeó haciendo que la pelinegra se separara ruborizada.
- bueno Kagome, me voy, ha sido un placer volver a verte, aunque haya sido en estas circunstancias - la chica asintió y lo abrazó, cuando se separaron, le besó la mejilla y se despidió.
Una vez solos, Inuyasha la llevó a un sitio apartado, se veía un poco molesto, pudo percibir la chica de ojos chcolate.
- ¿te gusta ese tipo?.
- no, ¿cómo va a gustarme? - lo miró frunciendo el ceño - era el prometido de una de mis mejores amigas que ahora ha fallecido - gritó con el rostro enojado - ten un poco de respeto al menos.
- pues no te abraces tanto a él - dijo con un deje celoso.
- Inuyasha... - se quedó sorprendida de que estuviera celoso, la verdad que eso le alegraba pero en estas circunstancias no era lo más... - hacia mucho que no nos veíamos y a parte, ¡le estaba dando el pésame! - Inuyasha bufó molesto mientras se iba caminando hacia Miroku, que los esperaba apoyado el el capó del coche.
- vamonos ya, anda.
- no, si encima el enfadado tiene que ser él - murmuró entredientes siguiéndolo.
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Habían pasado dos días y Kagome ya se encontraba más tranquila, estaban Sota, Miroku, Inuyasha y ella, en el salón.
- mañana volvemos a casa.
- si, me van a echar una bronca en el trabajo - rió el ojidorado junto a Miroku que decía que a él tamién.
- lo siento, todo es culpa mía - musitó apenada acurrucndose en el sofá.
- tu no tienes la culpa, fuimos nosotros los que decidimos acompañarte – repuso Inuyasha atrayéndola a él. Miroku y Sota intercambiaron miradas.
- ¿quieren qué os dejemos solos? - preguntó con una sonrisa pervertida el ojiceleste, Kagome le tiró un cojín a la cara avergonzada y Sota estalló en carcajadas junto a Inuyasha, Miroku indignado, lanzó los otros cojines que adornaban los sillones, a los chicos que se atrevieron a burlarse de él. Y así empezó la pelea de cojines, pronto Sota fue a por provisiones (almohadas de los dormitorios).
Miroku intentaba dar a un Sota que esquivaba los atacaques saltando de sillón a sillón, e Inuyasha corría tras Kagome que iba por toda la sala riendo sin parar.
- te atraparé gatita.
- eres demasiado lento para mí - dijo con superioridad mientras salía del salón llendo directa a su habitación, Inuyasha con una almohada en una mano y un cojín en la otra, subió las escleras rápidamente y entró en el cuarto de Kagome, ésta que había parado a coger aire, se sobresaltó al ver a Inuyasha en el umbral de la puerta con una sonrisa triunfal - te atrapé... - murmuró antes de abalanzarce sobre ella, los dos cayeron en la cama, quedando Kagome debajo de Inuyasha. Rieron.
- no tienes escapatoria gatita mía... - susurró antes de atrapar sus labios soltándo los cojines para acariciar los antebrazos de la chica que ahora rodeaban su cuello. Kagome sintió mariposas en el estómago y se dejó llevar por el maravilloso beso que poc a poco cogía más profundidad y pasión, se tuvieron que se parar por la falta de aire e Inuyasha aprovechó para hablar de un tema que tenía en la cabeza desde hacía mucho tiempo.
- kagome..., la primera vez no me atreví decírtelo, la segunda no pude por lo de u amiga - la chica bajo la cabeza asintiendo - pero ahora... - dijo alzándole el ostro con dos dedos en su barbilla -te lo podré decir.
- dime, Inu... - ese suductor susurró que salió de la deliciosa boca de la chica, lo dejó anonadado, tragó saliva e intentó pensar en lo que iba a decirle y no, en besarla y poseerla.
- Kagome, ¿quieres ser mi novia?...
Hola, en 1º lugar, lo siento si os decepcioné, pero tuve que borrar cositas, xq no fui capaz de hacer daño a Sota, me recuerda a mi hermanito de la misma edad... asi que opté por una amiga de Kag (no es Yumi, Eric ni Ayumi, creo que se llaman así..., es otra que inventé recordando a la chica demonio de los cabellos, se acuerdan?) , de todas maneras, la pérdida de una amiga duele mucho también, pero repito, si no os gustó diganmelo que reedito el capi ... Por ciero, no actualizaré hasta el viernes xq tengo que estudiar para un examen de historia de tres temas (T-T), uno de lengua y otro de economía (arrggg), asiq como comprenderán, estaré ocupada bastante tiempo jejeje, pero tranquilas que volveré!!.
Bueno pues, muchas gracias por vuestros reviews que siempre me alegran el día:
Kariko-12, Pelirroja16, Karien-sama, Chabe, Inujocelyn, Xie hui shi, InukilluaInuzuka, peko-chan, fernandaIK26, Xtina Odss y lieli. Muchas gracias por apoyarme.
(También a los que leen y no dejan reviews).
