Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son de la fantástica Rumiko.
De repente, el teléfono sonó, un par de ojos que mostraban preocupación, miraron el teléfono con esperanza.
Rápidamente se incorporó.
- ¿diga?
- ¿Sango?
- ¡Kagome! - exclamó, llamando la atención de Miroku - ¡¿dónde demonios estabas?!, ¿sabes lo preocupados que estábamos?.
- lo siento mucho Sango, pero, ya te explicaré - se apresuró a decir antes de que su amiga interrumpiera - vi tus llamadas, perdona, estaba dormida.
- Kagome estábamos tan nerviosos, tu hermano lleva dando vueltas toda la noche.
- lo siento...
- eso no lo arregla - dijo molesta - ¿por qué no fuiste a mi casa?, ¿dónde estas?.
- no quise molestar, por eso no fui a ti... - apartó el teléfono para no escuchar los fuertes gritos de su amiga, cuando notó que se calmó, volvió a hablar - estoy en un hotel, tranquila. Mañana cuando vaya a buscar mis cosas, te contaré.
- más te vale.
- lo siento por todo, buenas noches Sango.
- buenas noches Kagome - la escuchó suspirar. Iba a colgar pero rápidamente Sango le gritó que esperara.
- ¿qué sucede?
- tu hermano quiere echarte la bronca...
- ohh...dile que no se moleste, es muy tarde, querrá descansar - rió nerviosa.
- Kagome, sabes perfectamente como es tu hermano, te lo paso - la morena resopló. Lo menos que le apetecía era recibir un sermón.
- ¡¿Kagome, cómo se te ocurre hacer semejante tontería?! - escuchó gritar a Miroku.
- yo también te quiero hermanito... - dijo sarcástica.
- Kagome... ¿qué pasó? - le notó preocupado, y eso le dolió - ¿quieres que avise a mamá? - esa idea le aterró. No quería preocupar a su madre.
- ¡no!, es innecesario Miroku...
- está bien, pero la próxima vez me gustaría que mi hermana pequeña pudiera contar conmigo si tuviera un problema.
- siempre iré a ti Miroku, pero esto era una tontería, y no quería molestar. Además, lo importante es que te casas, ¡alégrese amargado! - dijo intentando poner un tono alegre.
- lo único importante ahora, eres tú, Kagome.
- Miroku...
- voy a pasarlo por esta vez. AHora intenta tranquilízate, descansa. Y vete preparándote, porque voy a tener una larga conversación con Inuyasha y contigo.
- vale... - dijo como una niña pequeña. Miroku rió y se despidió de ella.
- un beso, hermanito - murmuró.
Colgó el teléfono, y se pasó una mano por los cabellos. Tenía que haberles avisado para que no se preocuparan. Pero, ¿cómo se enteraron?, ¿Inuyasha fue capaz de contarle todo a Miroku?, no, seguramente no le contó los detalles de la pelea.
- ¡cobarde! - gritó lanzando la almohada a la nada.
& & & & & & &
¿Qué era eso que sentía?, ¿dolor?, ¿culpabilidad?, ¡no!. Ella se merecía eso y mucho más, al fin de al cabo no hizo nada malo, no la golpeó, no la insultó. Ella malinterpretó todo.
Rió.
Caminó hacia su habitación y se observó detenidamente en el espejo. Al principio pensó que se sentiría bien al hacer eso, pero, ¿por qué no era así?. Esa chica no era nada de ella, no debía importarle que ahora estuviera así de triste, así de dolida.
Cuando la vio correr por la calle llorando, y fue recogida por aquel chico de ojos azules, sintió una punzada en el corazón. Corazón.
Sus labios volvieron a curvarse con melancolía.
¿Todavía tenía corazón?, no lo creía. Lo llegó a tener, pero por culpa del egoísmo, de la avaricia, se corrompió. Se rompió en mil pedazos que se esparcieron, haciendo imposible la tarea de recomponerlos.
Mala.
Sí, lo era, no había duda. ¿El por qué?, ni ella misma lo sabía. Ella sabía muy bien que lo que vivió con Inuyasha eran solo recuerdos, cosa del pasado. Ella provocó esa situación con su egoísmo, con creer que era superior, que podía aspirar a más.
Observó el anillo que estaba encima de la mesa. Sus ojos se aguaron y eso la sorprendió. ¿Todavía le quedaban lágrimas?.
Pero, ¿de verdad fue egoísta?, ¿tan malo es querer v...?
- yo solo quería una oportunidad - susurró a la nada.
Se acarició las hebras azabache con suavidad. No había sido mala ni egoísta en el pasado, ahora sí. Su amor profundo por Inuyasha hizo que hiciera daño a esa chica que no tenía la culpa de nada. La odiaba, sí, la detestaba por ganarse el corazón rudo de Inuyasha, por hacer que el chico de la coraza se abriera ante ella, que cayera a sus pies. Que la mirara de esa manera, de una forma que nunca pudo percibir.
- ¿de verdad me llegó a amar? - sí, lo sabía. Y seguía sintiendo algo, pero ya no era amor, no esa clase de amor que todas las mujeres deseamos que sienta el chico de nuestros sueños. Ahora, tan solo era cariño, amor del recuerdo, de tiempos que pasó feliz, de momentos que se sintió viva, cálida, feliz.
Sintió algo cálido en sus mejillas, lágrimas.
- pareces fuerte, fría, calculadora. Sin embargo, es todo una farsa, eres débil, frágil - se dijo viendo su reflejo llorar. Débil.
& & & & & &
Era de día, hacia sol y los pájaros canturreaban sin parar.
Sonrió.
No debía llorar más, no tenía que sufrir.
- hay más peces en el mar.
Acabó de arreglarse, y cogió su bolso para luego salir de la habitación. Hoy iría a recoger sus cosas, a tratar de olvidarse de Inuyasha. Seguía amándole, pero si él todavía pensaba en Kikyo, lo respetaría. Quería verle feliz, ¿qué tonta, verdad?.
Cruzó el paso de peatón cuando salió del hotel, y se dirigió a la parada de taxi. Hoy se sentía con más energía, con más fuerza para enfrentarse a él. Aunque esperaba que no estuviera en la casa.
Una vez que subió al taxi y éste le llevó a su destino, se encontró con la puerta majestuosa de su portal. Pronto los recuerdos de aquel día llegaron a su cabeza. Negó.
No debía pensar en eso. Cogió aire, y una vez que lo soltó, introdujo la llave en la cerradura.
Click.
Entró en la estancia, y el olor a perfume masculino inundó sus fosas nasales. Al parecer, Inuyasha acababa de salir a trabajar. Se alegró de su suerte.
Rápidamente, hizo sus maletas, cogiendo lo justo y necesario. Alzó la vista y se vio en el pequeño espejo del tocador. Oscuras ojeras surcaban bajo sus alargados ojos. Su cabello que tanto cuidaba, ahora estaba despeinado. Sus labios curvados levemente hacia abajo. Su mirada triste.
- estas horrible... - se dijo todavía con la mirada puesta en el espejo.
- para mi estás preciosa - escuchó decir sobresaltándola. Volteándose, vio lo que más temía y a la vez anhelaba. Inuyasha, su Inuyasha...
- ¿qué haces aquí? - soltó con el ceño fruncido. ¿Por qué tenía que estar ahí?, ella se creyó capaz de enfrentar la situación si se daba, pero ahora, teniéndole enfrente, sus defensas cayeron.
Estaba más atractivo que nunca, cuanto ansiaba ser abrazada por esos musculosos brazos, ser besada por esos suaves labios. Su piel se erizó.
- esta es mi casa - afirmó burlón. Por primera vez en su vida, Inuyasha se alegró de haberse olvidado el maletín del trabajo en casa.
- ¡oh!, pues perdona, recojo mis cosas y me voy de tu casa...
Inuyasha sonrió, seguía siendo la misma Kagome de siempre, altanera, orgullosa, hermosa...
- ¿por qué vas a buscar tus cosas?
- obvio, porque me voy a ir - dijo girándose y yendo hacia la cómoda.
- no tienes que irte...- tragó al ver que ella seguía metiendo su ropa en la maleta - debemos hablar Kagome...
- no hay nada de que hablar Inuyasha.
- si que la hay, y lo sabes.
- calla - rogó al notar que no podría contenerse más, y que pronto correría a sus brazos - es mejor, ¿de acuerdo? - musitó dándole una mirada rápida. Él agachó la cabeza y apretó los puños. Debía hacer algo para convencerla de que se quedara, de que le escuchara. Pero entonces recordó.
- ¿dónde dormiste ayer?, ¿fuiste a ver a tu amiguito?, ¿tan rápido te olvid...? - abrió los ojos al notar que había hablado de más. Ella se detuvo y volteándose lentamente, alzó la vista.
Miradas chocaron.
- yo no soy como tu Inuyasha, yo si tengo claro mis sentimientos, y no voy a por otras compañías - soltó con el rostro serio, no le tembló la voz, y eso la enorgulleció notablemente.
- eso es un golpe bajo - gruñó.
- no, es la realidad - la punzada tras esas palabras fue dura. Ambos callaron, sólo se miraban fijamente, ¿qué decir?, ¿qué hacer?.
- estuve en un hotel - dijo al fin - sola - aclaró al ver el gesto de Inuyasha - es cierto que estuve con Kouga y su familia. Kouga me dio consuelo en esos momentos - dijo intentando no sollozar, se lo había prometido, no iba a llorar.
- ¿qué clase de consuelo? - bramó entre-dientes, iba a golpear a ese patán de Kouga. Nadie consolaba a Kagome, ¡sólo él!.
- el necesario - dijo con voz fría, algo que sorprendió al moreno - y no te pongas así, no tienes derecho Inuyasha - frunció el ceño - y lo sabes... - susurró.
- ¡claro que tengo derecho! - ella le miró directamente a los ojos, y susurrando un doloroso y suave no, giró sobre sus talones. Antes de salir de la habitación, estiró el brazo y alcanzó la maleta.
- no te vayas Kagome - susurró.
- ya es tarde...
El chico de ojos dorados se quedó quieto mientras veía a la pelinegra marcharse. No puedo permitir que se vaya, pensó apretando con fuerza los puños...
Sabiendo que ahora no solucionaría nada, se sentó en la mullida cama, e intentó dar con alguna forma para que la chica a la que tanto amaba, volviera a casa. ¡No puedo permitir que éste adiós sea el final, maldita sea!
Se escuchó la puerta de la entrada cerrarse, produciendo un intenso dolor al ojidorado.
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Las lágrimas cayeron, hundiéndola más. ¡Al final había llorado!. Se riñó mentalmente y siguió caminando con las maletas a rastras...
Se detuvo en la parada de taxi.
Inconscientemente, miró hacia atrás. No había nadie. Suspiró decepcionada, y sonrió melancólica. ¿Realmente tuvo la tonta esperanza de que la seguiría?, ¿que la detendría y le daría un beso de película?. No, Inuyasha era un terco orgulloso, que nunca se rebajaría a pedir perdón, a suplicar rogar. A buscarla...
Al ver que no llegaba ningún taxi, suspiró. Cogió el móvil de su bolso, y tras pensarse varias veces si llamar o no, al final optó por realizar la llamada.
Marcó el número de Sango, y pidió que la recogiera.
Fue a cruzar la carretera para esperarla en la esquina, mientras guardaba el móvil, pero entonces escuchó el rechinar de las ruedas. Levantó la vista, y lo vio.
El conductor intentó frenar lo más que pudo el vehículo que se acercaba rápidamente a la chica, pero fue tarde...
Kagome solo pudo cerrar los ojos fuertemente, esperando el impacto.
Se escucharon gritos.
Se escuchó un choque.
Holaaa!!! siento mucho haber tardado taaanto, de verdad _
Pero con la universidad, no tengo vida!! ains.... y encima ahora empeizan los examenes. Pero bueno, no queiro aburrirles. Espero que les haya gustado este cortito pero no menos importante capítulo. A ver si poco a poco me van vineindo ideas, que estoy escasa xD
Quería agradecerles a todos los que leen mi fic. Y sobretodo a los que dejan reviews, eso me anima a continuar. Puede que tarde en subir capítulos, pero no lo voy a abandonar por muy de faktas de idea que esté jeje.
Athena_s, muchas gracias por tu review, espero q te siga gustando la historia ^^.
Hakudoshi, holaaa!! me alegro de que te guste!! aquí va otra actualización, tarde... pero como dice el refrán: "más vale tarde que nunca" xD, gracias por el comentario.
Paulaa, muchas gracias!!, me encanta que te guste todos los capis. Y sí, Inuyasha confundió a Kagome con Kikyo -_-, pero ya sabes como es Inuyasha, hay q perdonarle, es un poco ingenuo a veces ;P.
InuRinne, gracias pro tus ánimos y pro el review, de verdad ^^. Espero q te gsute este cortito capi.
Un saludo y un beso a todos!!
Nos vemos! ^_^
