Las formas de la sinceridad.
Escrito por: Kakiyu-chan.
Capítulo –24 Dime lo que sientes( 2º parte)
Lo tenía claro, bastante claro.
Si no fuera porque estaba súper mega híper convencidísima que no iba a volver a ver a ese ainu nunca le habría confesado cómo se siente.
Llevaba tiempo pensando en una cosa que le carcomía por dentro. ¿Por qué no le confesaba esas cosas a Yoh? Su marido.
Ah sí, porque tenían que ver con él, ¿Pero acaso no era eso mayor motivo para hablarlo con él? ¡No! No era tan fácil. Ella se había creado una máscara a su alrededor hecha de frialdad pura que le impedía mostrar debilidad y dudas, era una chica decidida. Pero se encontraba en un mar de reflexiones y dudas.
Miró disimuladamente a Izumi que se encontraba sentado en el asiento de atrás de la camioneta que conducía Ryu, cada vez estaba más pálido y débil.
Tal y como él dijo una vez cuando se conocieron, a veces las cosas son más fáciles de contar a un desconocido… y tienes una oportunidad para no mostrar quien eres por un segundo y así mostrar lo que sientes sin mucho temor.
Pero la respuesta era clara, muy clara. Con quien tenía que hablar era con Yoh.
Pero también consigo misma.
Yoh levantó la cabeza al cielo mientras se sentaba en una roca…
Miraba el cielo pensativo. Por Kami-sama ¿No había dejado claro más de una vez que no le gustaba pensar?
Pero tampoco le gustaba lo que le pasaba ahora.
¿Qué era eso?
Era como…como si algo le oprimiera el pecho. Como si de repente su pecho se quisiera hacer más pequeño y se estuviera oprimiendo. Y era incómodo. No se atrevía a decirse así mismo que dolía. Pero era incómodo y quería quitárselo ya. Ojalá ahora mismo estuviera Anna, aquí con él, a su lado, en esa roca, le haría sentirse mejor…y sin él, sin el ainu.
Solos ella y él.
¡Pero es que pensar eso también era incómodo!
No le gustaba pensar así, no le gustaba pensar en que hay gente que sobra. Él nunca piensa de esa forma. Él prefiere ir al lado de Anna antes que pensarlo! Porque para ellos lo que contaban eran los hechos, no las palabras.
-Yoh… ¿Estás bien? – pregunto su amigo Manta acercándose a su lado preocupado.
-No lo sé.
Manta le miró con algo de pena.
-Es que… Manta, tú sabes que a mí no me gusta pensar, ¿cierto?
-Muy cierto. - dijo con una sonrisa amigable.
-Pero es que digamos que no sé qué me pasa últimamente, y como no sé lo que me pasa, pues me pongo a pensar. Soy consciente de que hablo como un niño de primaria pero es que no cómo explicártelo. – suspiró.
-Y… ¿crees que haya alguna manera de que te sientas bien?
Yoh le miró. Se imaginaba que a su lado en vez de estar su amigo estaba su Annita, y se sentía mejor, entonces si ella estuviera a su lado, se sentiría mejor…pero acababa de ver una escena que no le había agradado mucho, más bien lo contrario, era como si quisiera preguntarle a Anna por qué tenía tanta confianza con ese Ainu…pero sabía que si lo hacía, no saldría vivo.
Kami-sama esto era mucho lio para él.
-Manta simplemente no me gusta pensar. - T.T
Su amigo solo rió mientras le pegaba unos golpecitos de ánimo en la espalda.
-Deja de hacer eso.
-Impídemelo.
-No me lo digas dos veces.
-No me preocupo. Hace falta decirlo por lo menos 5 veces para que la información te llegue bien al cerebro.
-¿Qué has dicho chinito?
-¿Lo ves? Lo que yo decía. - respondió el chino con una sonrisa triunfante.
-¿Se puede saber que pasa aquí? – preguntó Pilika aun sabiendo bien lo que estaban haciendo. Pelear sin sentido.
-Aquí que tu hermano me ha pedido que deje de ser tan bueno en todo lo que hago y de ganarle siempre, pero le he dicho ya que eso es imposible.
-Pero serás…- ¬¬ - ¿Cómo puedes ser tan presumido y altanero?
-¿Te pregunto yo por qué naciste con el cerebro en el estómago? Ah no espera…ya lo hago.
3…2…1
Una bola de humor se formó en el centro del salón, desde fuera solo se veían puños e insultos de Ren y Horo Horo intentando pegar al otro con todas sus fuerzas.
-¡Pero por Kami! ¿Esta vez por qué ha sido?
-EL CHINITO NO DEJABA DE HACER ZAPPING. – (N/a. Cambiar de canal constantemente para quien no lo sepa). – ¡Y ESTABA VIENDO EL CANAL DE COCINA!
-¡Lo he hecho por el bien de todos! ¡Apenas hay comida en la nevera por TU CULPA y de tanto ver ese canal a lo mejor nos comías a todos!
-¡Créeme no te comería ni con sal!
-Bueno…-Pilika se frotó las sienes con muuucho cansancio, si es que ya tendría que estar acostumbrada- La verdad es que Tao tiene razón.
-Pilika! No digas cosas de las que luego te puedes arrepentir!
-En que no hay comida en la nevera, Anna e Izumi salieron a comprar y aún no han vuelto- prosiguió la hermana sin hacerle mucho caso.
-¿ANNA FUE A COMPRAR? Dios, ¡esa itako quiere zampárselo todo!
-¡Horo tonto ella no es como tú!
-Perdona pero no me negarás…
-¿Qué apuestas?
-…que lleva unos días en los que come como una…
-¿Ainu?
-¡Aggg deja de meterte conmigo chinito!
-¡Deja de respirar y ya veremos!
-¡QUEREIS DEJARLO YA DE UNA VEZ!
Por un momento ambos shamanes se pensaron que el grito provenía de Pilika pero no…el grito provenía de la puerta principal y era de Anna. Kami, solo rezaban para que no hubiera escuchado lo anterior.
-¡Es que esto no parecen vacaciones! – Gritó la Itako aproximándose a ellos. – ¡Para pelearos ya tenéis MI pensión y el resto del planeta! ¿Es qué incluso tenéis que pelear en vacaciones?
Los dos shamanes se miraron, la verdad es que querían responder a Anna pero en parte tenía razón. En sus peleas no existían las vacaciones pero allí había más gente aparte de ellos dos. Como no querían responderle diciendo que ellos hacían lo que querían ni decirle que tenía razón porque eran unas vacaciones optaron por callar.
Pilika negó con la cabeza mientras miraba a los dos peleones en el suelo, definitivamente las vacaciones de esos dos era pelear todavía más. Con un poco de temor dirigió su mirada a la rubia para hacerle entender que ella pensaba igual, pero observó que la chica no se encontraba bien.
Anna se llevó la mano a la cabeza, al hacerlo se dio cuenta de que su frente estaba húmeda. No sabía si eran por los gritos o por otra cosa, pero empezaba a sentirse cada vez más mareada.
-¡ANNA! – gritaron todos los integrantes del salón al ver como la rubia caía al suelo desmayada.
Yoh abrió los ojos como platos y con preocupación.
-¿Qué Anna se desmayó? ¿Por qué? ¿Cuándo?
-Hace un rato cuando volvió de hacer la compra. - dijo Pilika - Creo que es porque estaba muy cansada y encima estos dos tontos la pusieron más de los nervios.- Dijo enfadada señalando a Horo y Ren.
-Eh! Eh! Eh! Que no nos hubiera gritado si no quería.
-¡Hermano estabais los dos peleándoos como niños! ¡Era para pegaros!
-El caso es… - continuó Ren pasando de ambos ainus. - que estaba en el salón y de repente se desmayó. La hemos acostado en la cama y Ryu ha vuelto a salir al pueblo que hay cerca de aquí para ver si encontraba una farmacia de guardia, pero en general está bien.
Yoh suspiró tranquilo llevándose una mano al pecho. Menos mal que lo de Annita no era nada, sin embargo era raro, ella no desmayaba así como así y mucho menos por cansancio, era una mujer fuerte que resistía todo, bueno ahora casi todo.
-Será mejor que vayas a ver cómo está.-aconsejó Manta.
Yoh asintió con la cabeza y se fue directo a las escaleras, pero vio que ahí ya estaba alguien. El ainu Izumi, que sostenía un cuenco entre las manos. Yoh lo miró sin cambiar la expresión pero se preguntaba si estaba ahí para ir a ver a su Annita, que por cierto ya la había visto la tarde entera.
-Es una infusión con hierbas de mi tierra. - Dijo amablemente Izumi. - He pensado que le sentaría bien.
Yoh tardó un par de segundos en coger el cuenco, miró por última vez al ainu y subió las escaleras. Su prima se acercó por detrás.
-Primo, habías notado a Anna rara cuando has ido a comprar con ella.
-Ha ido a comprar, eso ya es raro. - susurró Horo a Ren y a Manta.
-No, la verdad es que no. - contestó Izumi.
-En fin, con todo esto lo mejor será que cada uno se vaya a su cama, aunque alguien debería de quedarse para esperar a Ryu. - dijo Ren, que no tenía muchas ganas de esperar a Ryu pero alguien tendría que hacerlo.
-Ya me quedo yo. - propuso Manta sentándose en un sofá y cogiendo un libro. - Vosotros mejor iros a la cama.
Cada uno se despidió dándose las buenas noches y se fueron cada uno hacia sus habitaciones, sin embargo en el pasillo Ren notó que alguien le tocaba el hombro.
-¿Y ahora qué te pasa? No me digas que quieres hacer un concurso para ver quien ronca más porque definitivamente vas a ganar tú.
-No lo dudo y no estaría mal. - respondió el ainu tocándose la barbilla. - Pero no te he parado para hablar de eso.
-¿Entonces?
-Es que… no sé cómo explicarlo. - dijo rascándose la cabeza intentando pensar bien en qué decir.
-Tranquilo, ya me cuesta creer que consigas formular una sola palabra.
-Eh que no te estoy insultando…aún. Es que… ¿No te parece un poco raro?
-Intenta ser más específico.- ¬¬ - Aquí hay mucha gente rara.
-Es que no sé cómo explicarlo. - volvió a rascarse la cabeza. - Es que me da la sensación de que el ambiente no es el mismo de siempre. Para empezar, Anna esta rara…más de lo normal quiero decir.
-Mmm…bueno eso sí es un poco cierto.
-E Yoh, no sabría explicar bien por qué pero, juraría que también lo está.
-Mmm
-No sé igual son imaginaciones mías.
Ren miró a peliazul pensativo, la verdad es que él también había notado algo raro, algo que no estaba igual que siempre, pero como no era de su incumbencia, no le había buscado un significado.
-Bueno… ¿sabes lo que te digo?
El ainu negó con la cabeza.
-Que, sea lo que sea… SEGURO que nos enteramos TODOS.
Abrió los ojos lentamente, al principio solo veía una mezcla de sombras negras y grises. Poco a poco fue recuperando la conciencia y su cerebro volvía a funcionar.
-¿Dónde estoy?
Rápidamente cayó en la cuenta de que hacía un par de segundos (para ella habían sido unos segundos) estaba gritándole al glotón al pelo montaña de que dejaran de pelear y de repente sin ninguna razón empezó a verlo todo negro y cayó al suelo.
Intentó levantarse pero la verdad es que estaba muy débil, al moverse notó que algo le sujetaba la mano. Yoh.
Con algo de sorpresa en sus ojos observó a su marido acostado en el suelo al lado de su futón con su mano cogiendo la suya.
Lo miró con ternura, esas miradas que solo se permitían sus ojos cuando no había nadie mirándola. Con suavidad apartó su mano y se acercó más a Yoh de manera que pudiera arroparlo junto a ella. Lo miró fijamente. Este gesto le estaba gustando realmente.
Observó que a su lado había un cuenco, como pudo lo acercó a ella y lo cogió. Estaba caliente, por el olor a hierbas parecía alguna especie de infusión o sopa, cosa que necesitaba porque apenas había comido y aún se sentía mareada.
Bebió la mitad del cuenco y seguidamente se durmió al lado de Yoh, lo más cerca y juntos posible.
((A la mañana siguiente))
La rubia abrió la nevera esperando buscar algo comestible para desayunar rápido, era de madrugada y aún no se había despertado nadie que empezara a hacer un desayuno como Dios manda. Sus tripas aún hacían ruido por no haber podido cenar la noche anterior y aún se seguía encontrando un poco mal.
-Es raro. ¿Por qué me desmayé ayer? De no comer no será. Cómo no fuera por los gritos que pegaron Horo y Ren. Esos dos cada día le hacían perder más la paciencia.
Cogió una manzana de la nevera y se giró para irse, para su sorpresa Izumi estaba en el marco de la puerta.
-¿Qué haces a estas horas despierto?
-Suelo ser madrugador.- sonrió.- ¿Ya estas mejor?
-Sí. – Dijo dándole un gran mordisco a su manzana.- No sé qué me paso.
-Por cierto, ¿te tomaste por casualidad una infusión?
-¿Esa infusión roja? ¿Por? ¿La hiciste tú?
-¿Has dicho roja?
-Sí. Roja. - respondió dándole otro mordisco a la manzana.
Izumi se quedó pensativo y callado, como Anna veía que no iba a hablar más se fue directa a la habitación.
-¿Dónde estabas? – preguntó Yoh medio dormido cuando oyó a su esposa abrir la puerta.
-En la cocina por algo de comer. - dijo mientras se acostaba en el futón.
-¿Te encuentras mejor?
-Sí, aunque aún sigo un poco mareada. Por cierto, ¿qué hago en esta habitación?
-Tamao pensó que lo mejor para ti era una habitación donde no hiciera mucho ruido, así que te trajeron aquí.
-Ya veo… ¿Y saben que estas aquí conmigo?
-No lo sé la verdad. - respondió estirando los brazos. - Saben que subí a verte. Pero la verdad es que, si vieran esta escena se sorprenderían bastante. - rió entre dientes.
-Bueno…somos marido y mujer.
-Ya Annita pero ellos eso no lo saben. - dijo bostezando sin darle ninguna importancia. La itako por el contrario frunció el ceño.
-¿Y cuándo nos vamos de aquí? – preguntó secamente.
-Pues en dos días supongo. ¿Ya te quieres ir? Lo mejor será que te pongas buena completamente.
Anna cerró los ojos lentamente, se había puesto seria de repente, no sabía si lo que tenía que decir era mejor en voz alta o no decirlo… pero, ¿para qué? ¿Para esperar a que Yoh se diera cuenta? Podría tardar años, por no decir siglos, cosa que le molestaba un poco… que su marido no se diera cuenta de lo que le pasaba a su esposa. Pero también era cierto que era un libro cerrado, pero sin embargo le molestaba.
-¿Pasa algo Anna? ¿Quieres que me vuelva a mi habitación?
-Yoh es que se supone que esta era nuestra luna de miel.
El shaman al oír eso ya se esperaba una pelea, o una pelea no, unas palabras que no le iban a gustar en absoluto de boca de su mujer. Como que no estaba bien, que no aguantaba a los demás, que quería irse, que esto no era lo que esperaba… En el fondo lo entendía por otro lado la situación no le molestaba demasiado, estaba con sus amigos, con ella, en un sitio genial.
Aunque ahora que caía…estaba él.
De repente imágenes de lo que vio la noche anterior junto a Manta le vinieron a la mente, esas imágenes que le pusieron tan mal.
-Anna te entiendo. - dijo seriamente y decidido, cosa que le sorprendió un poco a la itako. - Pero en un par de días volveremos a casa y cada uno también volverá cada uno a su casa…y entonces…te juro que iremos a donde tú quieras. - Dijo con una sonrisa muy dulce acercando a su mujer a él.
La itako se sonrojó ante lo último dicho por el shaman, era increíble como con un par de palabras el enfado se había esfumado, aunque seguía pensando que la situación era un poco fastidiosa, pero sabía que Yoh quería complacerla.
-Por cierto Anna, ¿puedo preguntarte una cosa? – preguntó Yoh mirando al techo.
-Supongo…- dijo bostezando y dándole la espalda para intentar dormir aunque fuera un poco.
¿Cómo podía preguntarle una cosa así? Sabía que si disparaba el gatillo la cosa no iba a terminar bien, sabía que si abría la boca y hacia esa pregunta la conversación no iba a ser buena. Pero…no era solo una pregunta, era algo que necesitaba saber para que su corazón dejara de oprimirle tanto.
-¿Yoh…?
-¿Em?
-¿Que qué querías preguntarme? – preguntó la rubia girándose para que se vieran cara a cara.
La miró a los ojos. No. No podía.
-Nada…nada importante. – dijo riéndose nervioso quitándole importancia.
La itako solo levantó una ceja y se acurrucó cerca de Yoh para poder dormir. El shaman le acarició la cabeza mientras la observaba como su esposa caía en un sueño profundo y tranquilo. Pero él no estaba tranquilo y no sabía cuánto iba a durar es intranquilidad.
Seguramente le estaba dando demasiada importancia a algo que ni si quiera sabía que era.
Los pocos días de vacaciones que les quedaban a los shamanes en la casa los disfrutaron al máximo: se bañaron en el lago, fueron al pueblo de compras, hicieron una barbacoa en la casa, apostaban cuantos dientes iban a perder Ren y Horo a cada pelea.
En esos días Yoh había intentado disipar su nerviosismo respecto a su esposa…y al ainu Izumi. No había visto nada raro, más bien lo de siempre, se intercambiaban alguna que otra palabra que otra y poco más…pero notaba algo entre ellos aunque no hablaran mucho, notaba como cierta complicidad en sus ojos, como si supieran lo que pensaba el otro sin decir nada. Cosa que hacía que su opresión en el pecho fuera a más, pero luego se daba una cachetada en la mejilla e intentaba reaccionar ¡Seguro que estaba viendo fantasmas donde solo había aire! ¡Estaba exagerando como un tonto!
Y la verdad es que también tenía que admitir que se había comportado como un tonto. En esos días había habido dos situaciones en las que Izumi había intentado hablar a solas con Anna y él se había metido por el medio alegando alguna excusa para que no hablaran. Kami… ¿¡Pero qué estaba haciendo!
Yoh movió la cabeza bruscamente como intentando quitar esos pensamientos de su cabeza. Tenía que terminar su maleta y la de Annita (la cual le había obligado a hacer) en un par de horas saldrían de allí. Volver a la pensión y luego cada uno tomaría su camino hasta otra ocasión y luego estarían solos él y ella. No podía negar que ya quería que llegara ese momento.
Cerró su maleta y luego la de Anna como pudo, tenía bastantes cosas y para cerrarla tuvo que sentarse encima. Sin embargo una vez conseguido se dio cuenta que tenía que coger provisiones de la cocina para el viaje antes de que Horo Horo las encontrara.
((En la cocina))
Anna guardó las últimas bolsas de patatas fritas que había en la despensa y las guardó en una bolsa junto a las demás provisiones, sabía que Yoh estaría ocupado con las maletas y que seguramente se olvidaría de ir a la cocina antes que el ainu glotón.
Yoh…
La verdad es que andaba un poco raro estos días, se lo había notado y bastante. Estaba como más pendiente de ella y sonreía lo justo, cosa rara en él que sonreía por cualquier cosa, y hasta había como intentando estar siempre encima de ella. O puede que en realidad fueran imaginaciones suyas.
-¿Podemos hablar?
Anna se giró y se encontró a Izumi en la puerta de la cocina.
-Me gustaría que habláramos antes de que te fueras.
La rubia lo miró extrañada, la verdad es que le incomodaba bastante estar cerca de él, le había confesado bastantes cosas y apenas le conocía, sentía que gracias a eso se había quitado un gran peso de encima pero no podía evitar sentir incomodidad.
-¿Al final vas a quedarte aquí?
-Sí, mi prima Pilika os acompañara hasta el pueblo en coche y luego volverá a la casa para estar conmigo estos días. – Explicó tosiendo un poco, la verdad es que últimamente se encontraba peor. - Verás tengo que… cof... cof…decirte algo.
La rubia se puso un poco nerviosa pero lo disimuló lo mejor que pudo.
-¿Sobre qué?
-¿Yoh que haces en el pasillo? – Preguntó Manta al encontrárselo - ¿No tendrías que hacer las maletas de Anna? Sabes que luego se enfadará - ¬¬
-Jejeje, si tranquilo están hechas, es que me acabo de acordar de ir a coger las provisiones para el viaje de regreso a la pensión.
-Ah eso, antes he visto a Anna e Izumi en la cocina, estarán preparándolas.
Yoh frunció el entrecejo. Otra vez esos dos a solas.
Sin mediar palabra cruzó al lado de manta como el viento, dirigiéndose a la cocina, su pequeño amigo le observó sorprendido y le siguió como pudo con sus cortas piernas.
Yoh abrió la puerta de la cocina casi de un portazo. Y abrió los ojos tanto como pudo.
Adentro estaban Anna e Izumi abrazados.
Los susodichos se separaron en cuanto vieron a Yoh en la puerta. Izumi tenía una expresión tranquila en su rostro mientras que Anna tenía otra bastante extraña en ella…era como si estuviera apenada.
-Yoh. - le llamó su esposa con una débil voz.
Yoh y Manta observaron un segundo la escena hasta que el shaman castaño giró la cara y se fue de allí a paso ligero pero haciendo mucho ruido.
Manta le observó marcharse mientras a su lado la rubia pasaba al lado de él para poder seguir al castaño. La verdad es que el pequeñín estaba alucinado… ¿Qué acababa de pasar?
Entró en la habitación y la cerró de un portazo, más de uno en la casa lo oyó y entre todos se preguntaban la misma pregunta ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué tanto alboroto?
Yoh intentaba respirar tranquilamente pero no podía, dentro de él había explotado algo y no podía pararlo, era como rabia, ira. Sentimientos que no quería tener pero que tenía dentro y no sabía cómo pararlos. Intentaba mejorar la respiración… inspira… exhala… inspira… exhala. Pero no funcionaba. No tenía efecto. Solo quería bajar y gritar y gritar y gritar.
-Yoh…- la débil voz de su esposa inundó su cabeza.
-¿Qué quieres? – preguntó el castaño con una voz seca más seca de lo que hubiera querido.
-Tengo algo que decirte.
Yoh se giró. Y miró a Anna.
La miró, con unos ojos que no parecía de él, la miró con unos ojos que transmitían muchas cosas y ninguna buena. Enfado, decepción, ira, dolor.
-Veras yo…
-Déjalo. – dijo de sopetón impidiendo que terminara la frase.
-¿Qué?
-Que no digas nada. – dijo sin mirarla a los ojos. - Ahora mismo no quiero que me digas nada.
La rubia abrió los ojos con dolor.
-Pero Yoh es que tengo algo que decirte. - dijo casi con un temblor en la voz. - Yoh yo…
-¡HE DICHO QUE NO!
Abrió más los ojos, se le inundaron de incredulidad. El shaman esperaba que le gritara que le pegara que le dijera que como se atrevía a hablarle así a ella. De hecho deseaba que lo hiciera, deseaba que Anna se mostrara como siempre y que le gritara. Y no él a ella.
Pero no lo hizo.
Anna solamente calló, sus ojos ahora solo transmitían dolor. Se había quedado muda y no sabía cómo transmitir las palabras. Quería irse de allí pero no podía.
Yoh veía que su esposa no hacía nada, no gritaba, no LE gritaba, no le pegaba, no había destruido la habitación ni nada parecido, más bien había hecho algo que no esperaba que ella hiciera si algún día él se atrevía a gritarle. Nada.
¿Eso que significaba? ¿Algo malo? Ella no reaccionaba igual que siempre, era algo malo, lo sabía. Él ya se había arrepentido de gritarle pero y si… ¿y si ella le decía que no quería estar con él? ¿Y si le decía que quería estar con el ainu?
No podía dejar que hablara y dijera eso. Por eso su corazón y su mente gritaron que por favor se callara.
-Lo siento Anna pero ahora mismo…no quiero escucharte.
La rubia se sintió como si todo a su alrededor ya no existiera, ya no notaba nada ni oía nada. Solo notó una cosa.
Como la puerta se cerraba detrás de ella y la soledad la invadía.
((Fuera de la casa))
Cada uno dejó sus maletas y el resto de su equipaje en la camioneta de Ryu, por suerte era bastante grande para llevarles a todo y a sus cosas. Los shamanes cruzaban miradas de confusión de vez en cuando, sabían que entre Anna y Yoh había pasado algo y debía de ser algo muy gordo porque sabían que esta vez había sido el shaman el que había gritado, la verdad es que había sido digno de ver un acontecimiento tan asombroso. Pero debían de callar y esperar a que lo arreglaran pronto.
Anna fue la última en poner sus cosas en la camioneta, antes de subir levantó la cabeza para encontrarse con que estaba siendo observada por el ainu Izumi desde la ventana. No había querido ni despedirse, de hecho no había querido hacer nada. Tan solo entró al coche.
Yoh estaba en la parte del copiloto al lado de Ryu, con la cabeza apoyada en la mano observando el paisaje.
Anna detrás del coche intentaba no pensar pero no podía, era como si sus pensamientos chillaran.
-¿Sabéis qué? ¡Creo que lo idóneo sería que nos quedáramos más tiempo con vosotros en la pensión! – gritó el ainu súper eufórico.
Todo el mundo en el coche se le quedó mirando. Sobre todo Yoh y Anna.
-Bueno la verdad es que dentro de nada es verano podríamos pasar las vacaciones allí.-contestó Pilika pensándolo bien.
-Yo aún tengo clases en mi instituto. - contestó Ren. - Pero admito que tengo más tranquilidad en la pensión con cierto individuo.- miró a Horo con enfadado. - Que en mi mansión en China.
-¡Yo también me quedaré! Mi maestra Kino dijo que lo mejor era seguir mi entrenamiento en Fumbari! – contestó Tamao contenta al aprovecha la situación para estar más cerca del joven Yoh. Sin embargo luego se quedó mirando de reojo al ainu de pelo azul y se sonrojó un poco.
-¡Yo aprovecharé para buscarme novia!
-¡Claaaro como en tu pueblo natal no encuentras!
-¡Cállate chinito puedo encontrar novia cuando quiera!
-¡Llevas diciendo eso hace años!
-Yo también me quedaré, hay un club de chefs al que me gustaría apuntarme y está cerca de la pensión. - dijo Ryu muy contentó.
-Ya que vamos a hacer tantas cosas deberíamos quedarnos hasta año que viene.-contestaron todos.
-¡PARA EL MALDITO COCHE!
El parón hizo que más de uno se fuera para delante. Anna salió del vehículo, sentía que la cabeza le iba a estallar, las voces en su cabeza no paraban de chillar, tenía ganas de vomitar y encima…Yoh estaba enfadado con ella.
Rápidamente Yoh la siguió. El grupo de shamanes salió corriendo afuera de la camioneta y se quedaron observando. Yoh la cogió del brazo antes de que se pudiera ir más lejos.
Anna solo tragó saliva y se quedó mirando a todos. Sabía que había una manera de que se encontrara mejor.
-Yoh y yo estamos casados. – dijo tranquilamente. – La boda fue en primavera pero como ninguno quiso aparecer en el mapa no os pudimos avisar.
Un silencio reinó en el lugar.
-Ah y por cierto estoy embarazada.
Fin del capítulo 24
Continuará...en el final.
NOTAS DE KAKIYU CHAN: bUEEEEEEEEEEENO si SIGO VIVA! y sabeis que? con ganas de terminar este fic! Siento muchismo estos años de ausencia, no hace falta decir que tenia universidad y todo eso, pero ahora gracias a una estupenda amiga y aunos reviews que apesar de todos estos años siguen viviendo lo menos que se merecen es que este fic siga y llege a su fin, ya que como dije ya queda poquito. Asi que creo que el siguiente capitulo sera el final!
Espero que apesar del tiempo este capitulo os haya gustado. Muchas gracias a TODOS.
JA NE!
