Disclaimer: los personajes de Naruto no me pertenecen, son de Masashi Kishimoto pero la historia que abajo leen si.
Capítulo 4:
¡Buenos Días!
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— Entonces, tendrás que compartir tu cama conmigo, Sakura…— Esas palabras se repetían en su cabeza, taladrándole el cerebro y la escasa cordura que aún quedaba en ella.
Estaba segura que Kami-sama la quería castigar por haber osado en raptar a aquel hombre, pero como toda persona, creía que Kami no era tan malo, ¿verdad?
Volteó a verlo de reojo y al instante, un color carmín adornó sus pálidas mejillas. Y es que no era para menos, ya que tenía la visión más erótica que jamás hubiera imaginado en su vida: el tipo ese, desnudándose lentamente frente a ella, «y de qué manera», pensó, viéndolo embobada, aquella piel que poco a poco quedaba al descubierto.
Sasuke sentía su mirada penetrante, y sonrío con burla al ver el efecto que tenía en su captora, pero poco le duró el gusto, al recordar precisamente eso, que esa molestia lo había secuestrado.
Recordar eso, fue suficiente para que su ceño se frunciera con rapidez, cambiando por completo su estado de ánimo.
Y mientras que Sakura seguía en el limbo, mirando absorta a un dios semidesnudo frente a ella, con esa espalda tan bien formada y esos hombros tan anchos… Bajó la mirada lentamente, hasta que se topó con ese trasero que…
—Si sigues comiéndome con la mirada…— Miró detenidamente sus ojos brillosos por la excitación y sus mejillas sonrosadas, y no pudo evitar que su voz sonara ronca — No quedara nada de mi para tus absurdos propósitos— finalizó, volteándose para otro lado.
El limbo de Sakura se derrumbó al instante, y miró al pelinegro con reproche, para después, dar la media vuelta y salir muy avergonzada de su recamara.
Sasuke sonrió arrogantemente al verla marchar enfadada, y pronto, caviló en lo que eso suponía… Estaba completamente solo en esa habitación rosa, con un teléfono con línea. Sin pensarlo dos veces se encaminó hasta el, lo levantó y con prisas, marcó el número de Tayuya.
Al cuarto timbre, una voz somnolienta se puso al teléfono.
— ¿S- Si?— Respondió la voz clara de una mujer, y Sasuke supo que era el momento indicado.
— Tayuya…— Dijo y esperó que esta reconociera su voz, pero nada pasaba y comenzó a molestarse.
— ¿Sasuke?— Preguntó la voz confundida, pero no duró mucho, pues al escuchar la afirmación del moreno, de inmediato empezó a gritar histérica.
— ¡¿Cómo pudiste hacerme esto?— Alcanzó a escuchar y pensaba cortarle su monólogo, para explicarse, pero ella siguió hablando sin control. — ¡¿Tienes idea de lo que pasé al llegar al estacionamiento y ver que no estabas ni tu ni mis maletas? ¡¿No, verdad? — Se respondió a sí misma. — ¡Pasé la peor vergüenza de mi vida, y para colmo, apagas el móvil para que no te moleste! — Empezó a sollozar, y Sasuke sin poder soportarlo alzó un poco la voz, solo lo suficiente para llamar la atención de su novia que no dejaba de acusarlo.
— Escucha, Tayuya— Tomó aire y continuó — No es lo que parece, y no tengo mucho tiempo, necesito que llames a la policía…— al escucharlo, Tayuya pegó un brinco en su sitio.
— ¡¿A la policía? ¡¿Estas herido? ¡¿Te asaltaron? ¡¿Dónde estás?— La voz de la mujer aumentaba conforme hablaba, haciendo que el chico resople con fastidio.
Tayuya era una mujer muy escandalosa y sumamente molesta, aun no entendía el impulso de pedirle matrimonio, pues era claro que apenas y podía tolerarla.
—Hmp, haces demasiadas preguntas y no tengo tiempo de responder…— La llamada se cortó abruptamente, cosa que le extrañó al pelinegro, que de inmediato, volteó para comprobar la línea.
— ¿Buscabas esto?— Preguntó su secuestradora, mirando de manera perspicaz al hombre que tenía enfrente.
Sasuke ni se inmutó por la furia que de pronto ella le demostraba, miró con recelo el cable que ella portaba en manos: el cable que daba línea al teléfono.
— Eres… — pausó viendo con rencor la mirada de aburrimiento que Sakura le dedicaba y sin poder contenerse soltó. —Eres una verdadera molestia…—para acto seguido, tumbarse en la cama y cubrirse por completo con las mantas.
Sakura lo miraba incrédula, ¿eso era todo? ¿Decirle que era una molestia y echarse a dormir, dejándola con la palabra en la boca?
— Maldito tipo…— Murmuró lo suficientemente alto para que Sasuke escuchara y frunciera el ceño. La chica sacó una enorme manta del closet, y como pudo, se acomodó en el sillón.
Pero no podía dormir en ese espacio tan pequeño, ¿desde cuándo tenía ese silloncito? No lo recordaba con exactitud, pero poco le importaba, pues sentía los músculos adormecidos por la mala postura en la que se encontraba.
Volteó de nuevo a la cama, y su coraje aumentó al ver al tipo ese, tan a gusto en su cama y durmiendo de lo más cómodo, sin nada, ni nadie, que le molestara.
Se levantó de un salto, enfurecida y sin pensarlo, se lanzó sin delicadeza en la cama, ocasionando que Sasuke despertara muy alterado, mirando a todos lados.
— ¡¿Pero qué demonios suce…?— Lanzó una maldición al sentir unos pies pequeños y muy fríos meterse entre sus piernas.
Sakura se acurrucó más en la fuente que generaba ese calor y ese aroma tan embriagante, estaba muy cómoda y nada podía perturbar sus dulces sueños…
A Sasuke le salió un tic en la ceja izquierda al notar el bulto que originalmente no dormía con él en la cama, no hacía falta destaparla para saber quién era, aunque pensándolo bien, no le caería mal que la destaparan, para que sintiera el frío al que lo estaba sometiendo con sus pies congelados.
Y sin remordimiento alguno, el pelinegro le quitó el cobertor con el que se cubrían ambos y se envolvió así mismo con el, mientras que la pelirrosa se retorcía en su lugar buscando calor. Sasuke se dio cuenta de la mala idea que tuvo al jalarle la manta, al sentirse de pronto asfixiado por unos pequeños brazos que se ceñían alrededor de su espalda baja. Como pudo, trató de zafarse, cosa que resultó inútil, pues con cada movimiento que hacía por intentar liberarse, la mujer se apretaba más a él, con una fuerza endemoniada. No tuvo más remedio que apretar los dientes y tratar de dormir lo que quedaba de noche.
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— Bobo…— susurró la pelirrosa entre sueños, acurrucándose más en el delicioso conforte que le daba su enorme oso. De pronto, el oso ya no era tan suave como recordaba, ni tenía su pancita tan dura ¿o sí? No, Bobo no iba al gimnasio ¿verdad?
— ¿Bobo?— Estúpida molestia, que se atrevía a llamarlo de esa manera tan vergonzosa y denigrante. Hacía rato que había amanecido y él aún no podía librarse de las garras de esa mujer. ¿Sería luchadora? La fuerza con que lo apresaba no era normal, y para colmo, se le veían muy pocas ganas de despertar.
— Hey, despierta…— Dijo el pelinegro y comenzó a zarandearla.
— Bobo, estate quieto…— Seguía murmurando incoherencias, hasta que cayó en cuenta de un detalle: Bobo, su enorme oso de peluche, estaba en su departamento, aparte de eso, su Bobo no se movía, ni siquiera podía hacerlo y mucho menos podría zarandearla con tanta brusquedad, entonces ¿A qué, o quién, estaba abrazando? « ¡Oh no por favor, Kami, que no sea lo que estoy pensando…! »
Sus orbes jade empezaron a abrirse con lentitud, temiendo la imagen con la que se podría encontrar…
— ¡Maldición, maldición!— profirió en voz muy baja, y miró con temor lo que tenía bien sujeto: Frente a ella, estaba el tipo que había secuestrado, y por su semblante, no parecía de muy buen humor, ¿acaso podía pasarle algo peor…?
— ¡Buenos días, Sakura…!— se escuchó la puerta abrirse, dejando ver a una pelirroja que vestía muy extravagante para ser esas horas de la mañana.
— ¡Karin!— exclamó Sakura, aún sin poder desenredarse de las piernas del pelinegro.
Si Karin aún tenía dudas sobre el "novio" de su hermana, con esta escena se le despejaron…
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Un gusto para mi dejarlos con un nuevo capitulo de esta emocionante historia.
Nos leemos en el proximo,
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Zerezo kittzz.
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