Capítulo 2:

Un beso soluciona todo.


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—Creo que tu amigo está confundido —me dijo Sai con un tono neutro.

Verdaderamente no confío en él, me da mala espina; pero al presentar todas estas aberraciones ante la simple imagen de Sakura me hizo recurrir a los conocimientos de mi clon.

Él es muy inteligente en cuanto a los sentimientos gracias a sus tantas lecturas. Así que esta mañana lo intercepté y le hice una consulta de parte de un amigo mío que tenía dudas de su sexualidad.

—¿Estás seguro?

—Por lo que me dices, sí. Según el último libro que leí, tú amigo tiene un problema de identidad sexual; ese libro no propone solución alguna pero, por experiencia propia, te sugiero que le digas que bese a un hombre para aflorar sus sentimientos y que también bese a una mujer —comentó.

—Él es gay, no le gustan las mujeres.

—¿Ha probado alguna vez a una? —cuestionó.

—No —susurré.

—¿Ves? No puede saber a ciencia cierta si no le gustan las mujeres hasta que tenga contacto físico con alguna. Dependiendo de su reacción con ambos sexos sabrá si realmente es gay o si sólo está enamorado.

—¿Enamorado? —pregunté asustado.

—Sí, las cosas que mencionaste como el asco ante una sola chica, envidiarle su cuerpo, evadirla y querer su bienestar, puede que no sean más que una reacción ante un sentimiento desconocido para tu amigo.

—Le comentaré tus sugerencias —puntualicé.

—Sólo recuerda que un beso soluciona todo —gritó mientras yo me alejaba de él.

Sus palabras me provocaron un escalofrío tremendo que me recorrió toda la columna vertebral. Probablemente ese insípido tenía razón. A lo mejor no era del todo homosexual. A lo mejor simple y sencillamente estaba confundido. ¿Podía ser posible que yo me mostrara asustado ante emociones desconocidas?

¡Si yo no le tengo miedo a nada!

¿Y si estoy enamorado? ¿Cómo podía ser eso posible? No tengo sentimientos. No puedo estar enamorado. Mi única razón en la vida era vengarme y ahora es restaurar mi clan para reinar de nuevo esta villa. Soy joven, soy guapo, pero no tengo un corazón.

El rarito me dijo que tenía que besar a un hombre y a una mujer. He estado recordando y creo que la primera parte ya está completa porque hace algunos años Naruto me besó por accidente en la escuela.

Recuerdo que eso no me provocó nada más que un asco rotundo. Me sentí sucio, ultrajado, pero no había rastro de comodidad ante aquél acto. A lo mejor tenía que volver a intentarlo para revivir aquella experiencia.

¡Pero qué humillación sería!

Si besar a una mujer era motivo de habladuría, ¿qué sería de mi si se me ocurriera besar a un chico? Toda la gente se burlaría por siglos de mí. No era que me importara pero a mis futuros hijos les sería de gran vergüenza.

Y justo cuando estoy en el momento más estresante del día, llega a mí el motivo principal de todas mis preocupaciones.

—¿Quién carajo te crees para esconderte de esa manera? —me gritó y casi me deshace los tímpanos.

—Estaba ocupado —contesté.

—Me vale una reverenda mierda. He estado dedicando todo mi tiempo en la boda de Naruto y tiene que salir perfectamente como la planeamos.

—Eso no me incumbe —sentencié.

—¡Eres el padrino de honor! —vociferó— ¡Debe incumbirte!

—Hn.

Me parece irritante que concentre todas sus fuerzas en su propio dolor. Porque prácticamente esta noche se le irá su destino de las manos. Su corazón quedará disecado y llorará noche tras noche por haber perdido su vida. Y aun así quiere ayudar a que todo salga bien.

No sé si catalogarla como valiente o cobarde.

No me agrada verle esa mirada perdida cuando se queda en silencio. De hecho, no me gusta verla callada, me provoca hacer alguna tontería para que hable y me diga que soy un completo pendejo.

Verla sufrir me hace vulnerable, me llena de ira porque no puedo hacer mucho para que sea feliz.

Aceptar que por esta vez soy un inútil me convierte en un perdedor. Usualmente no me rindo, usualmente peleo hasta el último round; pero esta vez parece que no puedo mover las manos porque, de una u otra manera, ella y yo saldremos perjudicados.

—Ve a cambiarte, nos vemos en la ceremonia, llega temprano princesa —puntualizó.

Y así la vi partir moviendo sus caderas al compás del viento que mecía su cabello y traía hasta mi nariz el aroma suave de su fragancia. Con ese pensamiento me percaté de algo que confundió más mis pensamientos.

Porque en cuanto vi que volteo a verme y me sonrió nostálgicamente sentí unas ganas inmensas de ir corriendo, hablar con el idiota de Naruto para que pensara mejor las cosas y se diera una oportunidad con Sakura. Quise más que nunca ser la razón de su felicidad.

Pero, en cambio, me quedé parado ahí, contemplando su hermosa figura. No quiero involucrarme con nadie porque no vale la pena. De una u otra manera la vida se encarga de jodernos hasta el último segundo de nuestra existencia. ¿Para qué preocuparme?

Ahora puedo catalogarme a mí como un cobarde.

Me puse el smoking que Sakura me había ayudado a elegir. Era negro, bien entallado a mi cuerpo, con una camisola naranja y una corbata negra. Este traje combinaba a la perfección con el vestido naranja de Sakura.

Ese color no me agrada. Me provoca jaqueca pensar en ese idiota y su futuro perfecto.

Llegué al lugar treinta minutos antes de la hora indicada. Sakura lucía hermosa en ese vestido que realzaba su belleza natural, pero también su cara reflejaba la nostalgia que su alma estaba sintiendo.

Hinata llegó al altar vestida de blanco y con un velo cubriéndole el rostro. Naruto se perdió al verla. Sonrió como un bobo. Y así la ceremonia empezó, ambos dieron el sí y nos otros nos encargamos de darles los anillos.

Sus ojos verdes estaban húmedos y su boca sonreía.

Puedo jurar que ella estuvo a punto de parar todo y confesar sus sentimientos; pero no lo hizo, en vez de eso simplemente me miró cuando la pareja pronunciaba sus votos matrimoniales, como diciéndome: "está bien, estoy bien". Sé que no se sinceró por el gran respeto que sentía por Hinata y por el gran amor que, de seguro, le tenía a Naruto.

La ceremonia se llevó a cabo como estaba prevista. Nada arruinó el adorable momento. Después acudimos a la fiesta celebrada en Ichiraku Ramen, que fue acondicionado previamente para esta ocasión.

—Su atención por favor —gritó Sakura mientras golpeaba con una cuchara la copa de vino que reposaba en su mano derecha.

La multitud guardó silencio.

—Hoy mi mejor amigo ha dado el paso más grande de su vida. Estoy muy feliz porque de ahora en adelante caminará de la mano de una hermosa mujer que lo ama con todo su corazón. Me voy a tomar la libertad de pedirle que lo cuide como si fuera un bebé, porque todos sabemos que prácticamente lo es —rió—. Que ante sus rachas de locura lo bese delicadamente y que ante la tempestad ella sea su calma. Yo los estaré apoyando, tratando de enderezarlos cuando vayan mal. Les deseo lo mejor en su matrimonio; recuerden que desde hoy ya no son pareja, ahora son uno sólo. ¡Felicidades y salud!

—¡Salud! —exclamó la multitud.

Naruto, Hinata y Sakura se abrazaron mientras que de sus ojos brotaban lágrimas.

Ella es valiente.

En un punto de la noche la fiesta se salió de control. La mayoría de la gente estaba borracha, bailando en la pista o vomitando en las esquinas. En uno de esos instantes el detestable Rock Lee se acercó a mí balbuceando palabras que no entendí y, sin previo aviso, me dio un ligero beso en los labios. A punto de vomitar como los ebrios, lo empujé y lo alejé de mí. Me restregué con mi brazo el lugar afectado y tomé un trago de tequila para limpiar cualquier rastro de aquella tragedia.

—¿Por qué no me amas Sakura? —gritaba dramáticamente, como siempre.

Genial, lo que me faltaba, ahora un idiota me confunde con ella y me besa como si fuese una cualquiera. ¡Si no nos parecemos en nada! Ella es delicada y yo soy duro. Ella es mujer y yo hombre. Ella sonríe y yo gruño.

Disgustado intenté quitarme la corbata pero no pude. Sakura llegó y, en cuanto puso sus manos en mi pecho, me tranquilicé. Delicadamente deshizo el nudo de mi corbata y me desabrochó tres botones de la camisa.

—Encontré a dos posibles candidatas para ser tu esposa.

Olvidé completamente la petición que le hice.

—¿Quiénes?

—Es difícil —respondió—. Ambas son tus amigas, pero son muy diferentes una de la otra. La primera es enojona, fuerte y decidida. La segunda es solidaria, histérica y más fuerte que la primera; ella te conoce mejor que nadie.

—Dime nombres.

—La primera es la honorable Karin y la segunda soy yo. Tú elijes.

—¿Aceptarías vivir con un homosexual? —cuestioné estupefacto.

—¿Aceptarías vivir con una histérica? —bromeó.

Así, frente a las personas que se caían y reían, comprobé que en sus labios residía mi destino. Sai tenía razón, mi amigo sólo estaba confundido.

El beso no solucionó nada, sólo confirmó algo que yo muy en el fondo ya sabía.