Disclamer: personajes de JK Rowling
España campeón y ¡OLE!
DEJEN REVIEWS
Capitulo 11 La Revelación
Draco abrió los ojos de improviso, con el corazón apretado dentro del pecho y un dolor intenso de cabeza, parpadeó un par de veces para acostumbrarse a la oscuridad de la habitación e instintivamente miró a su lado, buscando el cuerpo caliente que yacía juntó a él en el lecho. La chica estaba acostada de medio lado, echada sobre el colchón lánguidamente, la blancura de su piel desnuda resaltaba a la luz de la luna, sin embargo estaba posicionada de tal forma, que la vista de sus partes íntimas y de sus pechos estaban ocultos para el hombre. Contrario a su costumbre, él no pareció interesarse por ese detalle.
Ella abrió los ojos y Draco no pudo apartar su mirada del rostro que lo confrontaba, de sus ojos… del color azul más intenso que había visto en su vida, él se hundió dentro de esos grandes e hipnóticos ojos como si no existiese mas nada en el mundo...esa cara, no era la de su amante de turno, sin embargo le resultaba familiar, quizás no mucho, pero si lo suficiente para asegurarlo, él la conocía. No hubo tiempo para que Draco lograra identificar su rostro con precisión, la chica lo miró con intensidad, con una expresión de pánico impresa en la cara, entonces Draco se fijó en que estaba herida, un gran moretón adornaba su frente, sangre salía de la comisura de sus labios, iba a tocarle el rostro cuando ella abrió la boca.
-Ayúdame-esas palabras entraron profundamente en el cerebro de Draco, en su conciencia resonaron miles de veces, perdiendo fuerza y contundencia poco a poco a medida que pasaron los segundos pero finalmente negándose a desaparecer. Él quería despertar, pero no podía. Luchaba contra ese sueño que más bien parecía una pesadilla. Draco deseaba con todas sus fuerzas escapar de ese delirio onírico en el que estaba metido contra su voluntad…."Ayúdame"…."Ayúdame". Draco no quería escucharla, no le importaba las incontables veces que ella gritaba de dolor, no le interesaba, le generaba una sensación de pérdida tan angustiante que lo único que quería era despertar y dejar de oírla. Finalmente lo logró.
Draco abrió otra vez los ojos, sorprendido, alarmado, ¿Qué diablos estaba soñando? El dolor seguía en su pecho, le costaba respirar y sentía la garganta seca y rasposa como si fuese él el que hubiese gritado ¿Qué clase de pesadilla era esa que había tenido?
Con agilidad, el hombre se incorporó de la cama y encendió la lámpara de noche que tenia justo al lado de la cama, miró a su lado con aprensión a la persona que dormía junto a él, inexplicablemente temiendo encontrarse de nuevo con esa extraña, suspiró aliviado cuando vio su rostro, esta vez sí se trataba de Sara, no era ella…ella. La imagen que Draco ofrecía era turbadora, su corto cabello rubio estaba revuelto, completamente despeinado, su piel estaba enrojecida y sudorosa por la agitación de la noche, completamente desnudo, ofrecía una apariencia poco habitual en él, que siempre lucia impecable, sus ojos grises destellaban, su mirada, transmitía confusión, su pecho subía y bajaba al ritmo de su respiración, intentando meter en sus pulmones el aire suficiente para despejar su pensamiento y terminar de alejar la mala vibra que sentía apoderándose de todo su ser.
Sara se removió sobre la cama, todavía dormida y llevó una mano hacia su abdomen para atraerlo hacia ella, Draco meneo la cabeza de un lado a otro, intentando deshacerse de la imagen inquietante del sueño y volvió a acostarse, enredando su cuerpo con el de Sara. Ella buscó su miembro medio dormida y lo aprisionó con una mano, intentando excitarlo, en un instante estaba duro como una piedra. Draco estuvo tentado a hundirse entre sus piernas y tirársela una vez más, pero lo dejó pasar, a pesar de que su pene opinase lo contrario, ya no tenía ganas de sexo, la apartó con suavidad y extendió una mano para apagar la lámpara. Draco cerró los ojos y entonces intentó dormirse de nuevo, envolviéndose en el calor confortable de la compañía femenina que tenia a su lado.
El extraño sueño volvió a él inmediatamente pero con otras imágenes, en un escenario completamente distinto. Esta vez estaba caminando por un sendero, en un bosque, no era de noche, pero todo estaba oscurecido por una densa niebla, existía todo conjunto de contrastes entre los escasos rayos de sol que lograban penetrar la bruma y la penumbra debajo de las ramas de la espesa vegetación, más que atractivo, de alguna forma, a él se le antojaba un panorama inquietante y siniestro. Draco desconocía completamente el lugar, no tenía ni puta idea de la razón por la cual estaba en ese sitio, en apariencia soñando, pero mientras caminaba apartando las ramas y saltando los arroyos y troncos caídos que le obstaculizaban el paso, se dio cuenta que estaba desandando un camino, de pronto estuvo perfectamente consciente de que estaba buscando algo o a alguien, la pregunta era ¿A quién? Y ¿Por qué?
Draco miraba todo a su alrededor con cautela, de pronto, frente a él apareció de la nada alguien completamente vestido de negro, él se detuvo inmediatamente, ya había encontrado lo que estaba buscando con afán y quizás con desesperación…aun así, el sentimiento predominante era el de la culpa. ¿Por qué me siento tan mal? ¿Por qué me siento culpable?
No tenía respuestas para esas preguntas pero si para la principal interrogante, Draco sabía que la estaba buscando a ella o más bien…esperándola, lo sabía con certeza, con esa seguridad plena que solo puede sentirse en un sueño, si cuestionarlo mucho, simplemente lo sabía. Era ella….ella, aun cuando no podía ver su rostro, una capucha la ocultaba de él, solo distinguía sus manos, blancas, delgadas, delicadas, exquisitamente femeninas, las veía con un detalle asombroso, la forma de sus uñas, cortas, limpias, las escasas pecas en el dorso, las venillas, incluso se fijó en la marca de nacimiento en forma de estrella en la cara interna de sus muñecas. La mujer se descubrió, Draco no pudo apartar la mirada de sus ojos, no distinguía el rostro en su conjunto, su atención pasó de sus ojos, de un azul intenso, que lo miraban penetrantemente, a su boca, con los labios con una palidez mortal, ella habló de nuevo, su voz se escuchaba débil y lejana, sonó como una suplica.
-Ayúdame.
Draco se incorporó de golpe de la cama, miró el reloj de la pared, las manecillas apuntaban las una y media de la madrugada, no habían pasado ni quince minutos desde que había despertado la primera vez. Él se dio cuenta inmediatamente de que no era una pesadilla normal, lo que había experimentado lo sintió demasiado real, de hecho, todavía tenía esa sensación de angustia taladrándole el pecho, todavía escuchaba su voz, pidiéndole ayuda. Más que un sueño o una pesadilla más bien parecía una especie de aviso, una premonición. Sara descansaba placidamente a su lado, ignorante completamente de lo sucedido. Draco renunció a dormir esa noche, estaba realmente alterado, haciendo todo lo posible para no despertar a su compañera de cama, puesto que no quería escuchar preguntas curiosas a esa hora de la madrugada, se levantó, buscó sus pantalones entre el revoltijo de ropas que había en el suelo, se los colocó, tomó la cajetilla de cigarrillos y un encendedor Zippo chapado en platino con un dragón grabado que había dejado sobre una mesa al llegar a ese lugar horas antes. y salió a la antesala de la habitación.
Esa noche Draco pernoctaba en una suite de lujo de un hotel cinco estrellas en Londres, una suite que tenia reservada exclusivamente desde hacia mas de 15 años, para casos de emergencia; a diferencia de otras personas, Draco Malfoy consideraba el sexo casual, una verdadera emergencia. Un tipo como él, un hombre sometido a todo tipo de presiones, necesitaba desahogarse y relajarse con frecuencia, en eso, las mujeres sin duda eran su principal distracción. Sara no era ninguna puta, ni siquiera una dama de compañía, Sara era la gerente de la sucursal de Gringotts en Londres, una mujer de 35 años, soltera, que era su amante ocasional y una buena amiga, tenía mucho tiempo que no la veía y la ocasión sirvió aparte de la encamada respectiva, para ponerse al corriente de algunas cosas referentes a sus negocios inmobiliarios. Sara lo adoraba, quizás estuviese algo enamorada de él, pero era discreta y cuidadosa, Draco la apreciaba, al igual como sentía una especie de cariño fraternal por todas las mujeres que se relacionaban de alguna forma con él en la cama, pero no se permitía involucrarse con ellas mas allá de una amistad, el problema era que él en su vida solo se había enamorado de una mujer y esa era la única que estaba vedada para él, después de ella, jamás le abrió su corazón a alguien, .
Tenía varios meses que no andaba con nadie, en parte por Hermione, en parte porque no tenía mucho tiempo libre disponible. Incluso, viejos amigos le habían comentado que al parecer había abandonado su frenética vida de casanova, hasta él mismo estuvo a punto de creérselo. Pero hacia dos noches había sufrido una desilusión. De nuevo Hermione pateaba sus esperanzas. Saber de su boca que estaba embarazada de nuevo del idiota de Weasley, había supuesto para él una gran decepción. Por eso había buscado a Sara, por despecho, simple, crudo y si…patético…la buscó por despecho, porque no fue suficiente desahogar las penas en el alcohol. Y Draco le estaba poniendo empeño al asunto. A fuerza de follarse a Sara cincuenta veces al día, de todas las maneras humanamente posibles, se proponía olvidarse de Hermione Granger de una buena vez por todas y para siempre. La mujer por descontado, no se quejaba, de hecho, nadie que hubiese compartido cama con él alguna vez en la vida, tendría porque quejarse, Draco Malfoy era un verdadero cabrón la mayoría de las veces, pero en el sexo, era un dios.
Mil veces se maldecía por idiota, ¿Qué diablos estabas pensando que sucedería? ¿Qué tendría una oportunidad con ella? Evidentemente Hermione había elegido y él no tenia ninguna manera de hacerle cambiar de opinión. ¡Maldita sea!
Draco se sentó en una poltrona frente a una chimenea de vidrio reflectante, de diseño muy moderno, ni siquiera necesitaba leña, funcionaba a gas, todo un detalle. Inventos muggles, sin duda solo esa magnifica chimenea que era toda una obra de arte a su juicio, merecía que él se tomara tantas molestias. En realidad lo hacia porque era lo correcto, porque esta vez no traicionaría los altos ideales en los que alguna vez había creído. Ya no era ningún chico estúpido, era un hombre y haría lo que tenia que hacer. Increíblemente había pasado la mitad de su adolescencia denigrando de los muggles, hijos de muggles y mestizos, intentando convertirse en un mortifago, cuando súbitamente a los 15 años, su vida dio un giro inesperado, mostrándole la verdad de todo aquello en lo que había creído. Lamentablemente para él, había sido demasiado tarde, no pudo renunciar o escapar a tiempo, en sus manos recayó la más insólita responsabilidad y solo salió vivo de esas penosas circunstancias, por pura suerte…..como solía repetirse todos esos años…pura suerte. Fortuna de que Snape estuviese allí, azar de que hubiese podido desarmar al viejo, suerte que Voldemort hubiese perdonado su fallo. Lo que nadie supo nunca, era que el mocoso Malfoy, ese que era un fracaso como aspirante a mortifago, el chico que asustado veía como torturaban a algunos de sus compañeros y maestros, tenía guardado un secreto que hasta el mismo Voldemort hubiese pagado su peso en oro para saberlo. Menos mal, que siempre había sido un chico con suerte.
Draco encendió un cigarrillo Camel, su marca favorita y cerró los ojos para disfrutar el humo de tabaco penetrando sus fosas nasales, no hubo pasado una fracción de segundo cuando de nuevo la imagen de la mujer de su pesadilla apareció de nuevo.
"Ayúdame".
Draco se sobresaltó otra vez, ¡Diablos!, los ojos, esos ojos…le eran conocidos, trató de recordar algún otro detalle de su rostro pero se le difuminaba a medida que pasaban los minutos…solo esos ojos que lo miraban intensamente, como si él fuese su única esperanza, acudían una y otra vez a su memoria, además, la marca, era lo mas claro que recordaba, la marca. Draco se levantó la manga del batín y buscó en la superficie interna de su muñeca, ella y él compartían la misma marca, una macula pequeña en forma de estrella, de color pálido….la marca de un Walpurgis
-¡Diablos!- Draco Malfoy tenía una memoria prodigiosa, no tardó mas de unos minutos en reconocer a la mujer que había visto en sueños. Maldijo unas cuantas veces más. No podía creer que tuviese una suerte tan mala. La chica…el sueño…la marca…el legado. Y justo ahora….después de años esperando….justo ahora se revelaba..en el peor momento posible.
La orden de los Walpurgis, fue establecida hacia dos mil años atrás, era un grupo selecto de magos, cuya idea original siempre fue preservar; no la pureza de la sangre, sino la pureza de la magia. Lamentablemente esos altos ideales fueron distorsionados completamente después.
Sus fundadores, fueron reconocidos magos celtas, quienes invocaban a las fuerzas naturales para realizar poderosos encantamientos. El aire, la tierra, el agua , el fuego, la fusión de los elementos y su dominio, había sido el génesis del poder mágico delegado en los humanos y la orden tenía el sagrado deber de mantener la concepción original de la magia, que no era ni blanca ni negra, ni maléfica ni benévola sino simplemente …magia.
Conforme pasaron los siglos, se estableció que los futuros miembros solo serian escogidos por los poderes superiores, aquellos seres sobrenaturales que algunos llamaron mucho después dioses. Cada mago al nacer, le era otorgado el don que lo convertia en un hechicero, pero en el caso de un miembro de la orden, este poder era redoblado, la marca, una pequeña estrella, señalaba al afortunado niño su destino. Pocos fueron los escogidos, al pasar de los años, el número de Walpurgis fue menguando, pero siempre hubo un alumno y siempre hubo un maestro.
Diferentes épocas vinieron y pasaron, los Walpurgis fueron obligados a esconderse, pero la línea siempre continúo en el más absoluto secretismo. Guardianes del saber mágico, neutrales hasta donde les fuese posible, solo se exponían cuando situaciones de verdadero peligro así lo requerían, ni siquiera la existencia de algunos magos tenebrosos en la antigüedad lograron sacarlos de su ostracismo. Voldemort supuso una amenaza y entonces le tocó a Draco Malfoy, el caballero Walpurgis número 996, hacer su tarea, salvaguardar el legado junto con su maestro y esperar que Harry Potter venciera.
Que Draco fuese un sangre pura que apoyara la causa de los muggles no significó ningún problema, después de todo, algunos de los miembros de Walpurgis más insignes en la historia de la orden fueron magos sangre sucia. De ninguna forma, estaba más allá de cualquier intento de adjudicarle racismo o patriotismo, la orden misma solo era la custodia de la magia, nada más. Draco supuso que su tarea estaba concluida al terminar la guerra y que su alumno, le seria revelado en algún momento, si es que habría alguno…si es que sucedía…después de todo, Draco estaba seguro que mas tarde o mas temprano, como todo en la historia, la Orden de los Walpurgis estaria condenada a desaparecer, quizás él fuese el ultimo…quizás no. No había prestado gran atención a su papel de caballero de Walpurgis después de que terminó la segunda guerra mágica, pero entonces, sucedió lo inimaginable. Un grupo de sangres puras en el Reino Unido, declararon el renacimiento de la Orden de los Walpurgis.
Draco Malfoy toda su vida siempre se preguntó porque había sido escogido, él, entre muchos, le parecía más lógico que hubiesen elegido a Harry Potter, después de todo, era el niño-que-vivió y el héroe del país. Pero no, no sucedía de esa manera y las razones de su elección eran un misterio. Quizás los poderes superiores necesitaran a alguien con más cojones que inteligencia para defender el legado de la magia en este mundo. Y él, bueno, no era que no fuese inteligente, pero estar superdotado de cojones estaba probado de todas las maneras posibles. A Draco Malfoy le encantaba arriesgar el pellejo, así de simple.
Lo cierto, es que ser un Walpurgis no representaba ningún problema para él, en sí, el trabajo no conllevaba grandes complicaciones, solo era cuestión de convertirse en el guardián de un montón de papeles viejos, estar listo para patear unos cuantos culos de vez en cuando y tenía sus retribuciones, como hacer gala de un gran despliegue de poder mágico antiguo, muchos millones galeones a su disposición (el mal llamado legado) para convertirlo en más rico de lo que era, un cargo casi vitalicio y eventualmente un heredero (el discípulo) en vida a quien legarle el trabajo sucio cuando envejeciera. Así había sido desde siempre, y así continuaría… por los siglos de los siglos. La peor parte sin duda era el entrenamiento, comparable al de un mortifago, él, que había sobrevivido a los dos, estaba seguro que una de sus habilidades o dones de seguro era el de ser difícil de matar. Lo habían comprobado miles de veces.
El asunto es que, cuando se enteró que existía una nueva orden de Walpurgis, no salía de su escepticismo. Draco era consciente de que eran unos impostores, él sabía muy bien quienes eran los únicos Walpurgis vivos, los reales, él y su maestro, pudo haberse mantenido de mero espectador, pero olió el peligro y se dedicó a investigar. Para su sorpresa, los impostores eran unos antiguos conocidos….mortifagos para más señas. Utilizando un nombre que generaba respeto en al mayoría de la población pura de la comunidad mágica, por supuesto, con objetivos muy diferentes que la orden original, ahora existían una nueva Orden de Walpurgis, cuya meta era hacerse del poder y como no, para variar, exterminar a los muggles. Draco frunció el ceño, era odioso la falta de originalidad de la gente, desde que el mundo era mundo y la magia había aparecido en este, siempre algún mago sangre limpia intentaba exterminar a los muggles con mas o menos exito, pero estos eran como las cucarachas, capaces de sobrevivir cualquier holocausto.
Hacerse el héroe no era ni seria nunca su estilo, pero ni modo, Draco no tuvo más remedio que meterse de cabeza en ese asunto, después de todo mancillar el nombre de la orden era una de las pocas cosas que podían hacer que un Walpurgis interviniese. Después de todo, el gran amor de su vida…era hija de muggles…ni modo, de nuevo a meterse en el candelero. Y como estaba consciente que aun él, con todos sus conocimientos y su poder mágico, no podría hacerle frente solo de ninguna forma, terminó involucrando a su antiguo Némesis, Harry Potter, para que lo ayudase…porque, su maestro ya estaba algo viejo y la identidad de su alumno aun no le había sido revelada.
Hasta ahora.
-Ya lo entiendo- se decía Draco una y otra vez dando vuelta por la habitación, al reconocer la identidad de la chica, empezó lo que para él iba a ser un gran dolor de cabeza y un verdadero calvario de indecisión. Sentía rabia, molestia, furia, incomodidad, desazón- ahora entiendo porque no me querías cerca. Tú lo sabias…maldita sea….lo sabias.
Tomó una botella de Brandy y tomó un trago directamente, llevando la botella a su boca, el licor corrió por su garganta, quemándola y poco a poco, gracias al alcohol, Draco sintió que su ofuscación cedía. Tenia que pensar con calma cual seria su próximo movimiento. Estaba en la situación mas incomoda posible. Pensándolo bien, no la podía culpar si no se lo había dicho inmediatamente al descubrirlo, era un asunto bien gordo de digerir. Pero en el momento que la chica nació, ella debió darse cuenta…al ver la marca, la misma marca que él tenía en su cuerpo. Ella debió decírselo inmediatamente, ella sabía lo importante que era…pero no…prefirió ocultársela…a él.
-Tenias que decírmelo- se repetía una y otra vez Draco, sopesando una y otra vez las consecuencias de ese descubrimiento. Quizás lo práctico seria no dejarse guiar por un sueño, sino verificar la existencia de la marca en el cuerpo de la chica. Por supuesto, lo haría, pero la contundencia del sueño, de las sensaciones y el hecho de que después de la revelación muchas cosas encajasen en su lugar, le señalaban a Draco, que él tenía razón, la chica era ella…la esperada.
Curiosamente, de manera irónica, si ella y él hubiesen tenido un hijo, esa chica no hubiese existido nunca y esto no estaría sucediendo. Era lo único que Draco tenia bien claro. Pero obviamente, nada sucede como uno quiere.
-Que gracioso- dijo Draco mientras maldecía una y otra vez su suerte, iba a ser difícil…muy difícil…después de todo lo pasado…después de que ella estuviese demostrando que era tan mentirosa como él- que al final, tú y yo vamos a estar mas unidos de lo alguna vez pensamos….y todo por esa chiquilla.
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Horas después, en la enfermería, Scorpius permanecía acostado en una cama, estaba furioso y cabreado. No solo le habían interrumpido la pelea con Nott cuando la tenia prácticamente ganada, sino que toda su mala leche había aflorado sin proponérselo al intentar liarse a golpes con un hombrelobo, y era que no solo había intentado golpear a un profesor, sino que este para su mala suerte, era el tío de la chica que le gustaba. Evidentemente, no había causado una muy buena primera impresión. Y además de todo ¿Qué diablos estaba haciendo Walter en Hogwarts?
Scorpius se sentó en la cama, para colmo, debía permanecer toda la noche en la enfermería, no solo por sus heridas, sino para evitar prender de nuevo el mechero en la sala común de slytherin. Suponía, y sus razones las tenia, que Marcus Nott estaría convertido en las furias en la sala común. Mera precaución, por esa noche, ambos chicos dormirían uno bien separado del otro.
Cerró los ojos y apoyó su espalda en la pared que estaba detrás de la cama, de pronto, le llegó un aroma conocido, abrió los ojos inmediatamente. Era ella.
Rose estaba frente a él, de pie al lado de su cama, Scorpius hizo intento de levantarse, pero ella fue la que se sentó en la cama. Su mirada expresaba reproche y Scorpius se cruzo de brazos.
Era bien difícil de explicar la intensión por la cual ella estaba allí, el porque lo había ido a buscar, ganas de verlo, preocupación, intensiones de insultarlo hasta morir por haber expuesto su integridad física, miles de motivo y al mismo tiempo ninguna razón en concreto. Rose sentía el corazón palpitando a mil por hora, sus manos le sudaban, todo expresión física de lo atraída que se sentía por él. Era sobrenatural, casi mágico, todo el cúmulo de sensaciones y emociones que él lograba evocar en ella.
Verlo así, herido, con la cara enfurruñada luciendo como un niño travieso regañado, se le antojaba gracioso y hasta tierno. Él tenía esa extraña combinación de chico malcriado al que le hace falta una buena tunda y al mismo tiempo de hombre decidido que hace valer sus derechos, totalmente irresistible para ella. Había estado mal, lo sucedido, esa pelea, Scorpius se había comportando como un salvaje, peleando a puñetazo limpio con Nott, pero ella, si bien no estaba de acuerdo, en su fuero interno, con la manera violenta de resolver los problemas estaba orgullosa de él, por haber defendido a Molly, a Theo Jr. y a ella misma, del imbécil de Marcus Nott. Pero tampoco era cuestión de alabarle todas sus idioteces, de paso casi se peleaba con su tío Bill, aunque eso fue claramente una especie de malentendido. A Rose le había asombrado esa pelea mas que la que tuvo con Nott, por un momento incluso pensó…que Scorpius parecía tan lobo como su tío….la chica meneo la cabeza, pero no…eso era imposible.
-Te dije que no lo hicieras- dijo ella sin apartar sus ojos de él. Todavía con un rastro de sangre en su cara, Scorpius lucia terriblemente atractivo.
-Y yo te dije que no te metieras- contestó él levantando fugazmente la vista hasta ella para de nuevo desviarla- era un asunto entre hombres.
-Entre niños querrás decir- dijo ella apretando su boca- la violencia no resuelve nada.
-Hum- dijo Scorpius mirándola de reojo intentando no dejarse seducir por su presencia. No sabia como rayos Rose hacia para lucir tan adorable cuando hacia pucheros. Estaba molesta en apariencia, pero algo en la mirada de ella, incandescente, lo hacia intuir que mas que molesta estaba preocupada.
-No estoy aquí para regañarte- dijo ella clavando de nuevo su azul mirada en él.
-Deberías estar en tu torre, si te encuentran aquí conmigo sola a esta hora te llevaras un buen regaño- dijo él en voz baja, casi susurrante. Estaba desesperado por tocarla, pero quería que ella diese el primer paso, Rose parecía molesta y no quería que lo rechazara.
-La Sra. Pomfrey esta dormida en su pieza, esta muy anciana, ni siquiera se dará cuenta que estoy aquí, toma pastillas para conciliar el sueño. Además la encerré con un hechizo. ¿Te estas tomando las pociones regeneradoras?
-Lo estoy haciendo- dijo Scorpius señalándose la herida que tenia en una ceja, donde anteriormente había lucido un piercing. Ya no sangraba y parecía que se estaba curando a pasos agigantados. En medio de la pelea se lo habían arrancado, había aprendido la lección tarde, no liarse a golpes con un tipo que juega sucio, Marcus Nott había estado a punto de arrancarle la piel de la mitad de la cara.
-Gracias- dijo Rose de pronto- por defender a Molly.
-No me gustan que maltraten a nadie- dijo él, esta vez levanto la mirada para que chocase con la de ella.
Rose se acercó y levanto una mano, la cual colocó sobre el cabello de Scorpius, arreglándose un poco, él lo permitió pero no se movió un milimetro. Rose acarició la herida en la ceja. Él se tensó.
-¿Qué crees que haces?- preguntó Scorpius, alterado por el contacto de ella, por su olor- Rose ¿si esto es uno de tus juegos? No estoy de humor. Y por la cara que te vi en el comedor, poco falto para que me mandases al diablo de una buena vez y por todas.
-A veces eras tan necio que apestas- dijo ella frunciendo el ceño- No te niego que estoy furiosa contigo, pero por otro lado, me di cuenta de algo…eres tan infantilmente valiente Scorpius, te liaste a golpes para proteger a la gente que aprecias. No te critico la parte honorable, pero no me gusta la forma que buscaste para solucionar el problema. No es civilizado….no es una conducta adecuada de una persona tan inteligente como tú.
-No había otra forma de responder ese desafío- dijo Scorpius- créeme fue lo mejor.
-Lo mejor era que este asunto se hubiese resuelto de otra forma- concluyó ella- no sabes lo mal que me sentí cuando vi a esa bestia golpeándote.
Ella habló y él no supo que contestar por un buen rato, un silencio incomodo se instaló entre los dos, Rose se removió un poco en su sitio y Scorpius hizo lo mismo, se miraron un par de veces e igualmente desviaron la mirada. Oficialmente, era la primera vez que peleaban. Ninguno de los dos quería decir algo que los comprometiese o que desencadenase una retahíla de dimes y diretes. Él pensaba que ella exageraba, Rose estaba segura de que él no estaba nada arrepentido de su conducta, cosa que la desesperaba. Ambos sabían exactamente lo que el otro estaba pensando, así que tampoco era cuestión de eternizar el asunto ni tampoco enfrascarse en una posición, si había algo que los caracterizaba es que los dos, eran lo suficiente tolerantes para siempre buscar un punto medio. En ese momento, ambos estaban pensando que a veces entre parejas la mejor palabra es la que nunca se dice. Existían maneras más sutiles de congraciarse mutuamente.
Scorpius quería contarle todo, que él había respondido haciéndole caso a su parte animal, que olió el peligro proveniente de Nott de inmediato, que lo hizo para marcar el terreno y lanzar una advertencia. Pero de nuevo el temor que ella no lo comprendiese se instaló en él, haciéndolo dudar.
-Estoy perdonado entonces- dijo él de pronto.
-No todavía- contestó ella- pero tienes grandes posibilidades de que así sea.
Rose entonces tomó la cara de él con sus dos manos, acercó su rostro y en un movimiento rápido, pegó sus labios a los de él, besándolo en el acto, tomándolo completamente desprevenido. Ella ronroneó complacida cuando él le correspondió.
Scorpius no pudo evitar abrir su boca, no pudo evitar insinuar su lengua para acariciarle los labios, fue incapaz de resistirse y rodearla con sus brazos, atrayéndola hacia él y prácticamente sentarla en su regazo. Intensificó ese beso hasta lo humanamente posible, acarició sus labios y se perdió en su boca. La sensación de besarla era el éxtasis total, su mente estaba nublada y tenía los nervios a flor de piel. Todo su instinto lo empujaba a sumergirse en la sensación de estar con ella. La adrenalina corría por sus venas haciéndole imposible retroceder.
Rose percibió como él apresaba su cuerpo y lo giraba hasta que ella quedó acostada en la cama debajo de él, completamente a su merced. No interrumpió el beso, de ninguna forma, mas bien, en algún momento se vio respondiéndole como una perfecta desesperada, incomprensiblemente estaba hambrienta de él, de su boca, de su cuerpo, de todo lo que Scorpius pudiese ofrecerle, su calor la abrasaba, pero era reconfortarte, sentirlo, sentirse. Se sentía bien percibir su peso encima de ella, su aroma masculino envolviéndola, sus piernas enroscadas y enredadas, su pecho pegado al de él y su corazón latiendo al mismo ritmo desbocado que el de Scorpius.
Sin todavía despegar sus labios, ella giró su cuerpo para ahora estar encima de él, literalmente estaban revolcándose en esa cama, apartó un poco su cuerpo y él que tenia las manos acariciando la espalda, aprovechó el espacio recién creado entre ellos, para colocar una de sus manos sobre el pecho de ella. Rose gimió cuando Scorpius le acarició un seno por encima de la ropa, su cuerpo respondió inmediatamente, sus pezones se irguieron y se insinuaron a través del fino tejido de la blusa que traía puesta. Estaba sentada a horcajadas sobre él, ella interrumpió el beso para respirar y él levantó su torso para de nuevo buscar su boca, anhelante, ansioso, sin cordura, sin limites, apresó con su mano su cintura y de nuevo se echó sobre ella. A ese punto, la cama estaba totalmente desordenada y él estaba intentado quitarle la ropa a Rose y despojarse de la suya sin cortar el beso.
Ninguno de los dos estaba pensando coherentemente, mas bien al parecer, estaban viviendo el momento un poco fuera de control, Scorpius se quitó la camisa y mientras la besaba intentaba desabotonarle la blusa a Rose, sin saber a ciencia cierta porque y sin que les importase un rábano, los dos estaban sumergidos en un mar de lujuria. No podían tener las manos quietas, tampoco podían dejar de besarse. Cuando Rose tuvo la blusa abierta, delatando un sujetador blanco, Scorpius besó su cuello y recorrió con la lengua el camino del cuello, pasando por la clavícula y deteniéndose en el escote, dejando un rastro húmedo tras si. Rose jadeó sonoramente, Scorpius pegó su cadera indecentemente al cuerpo de ella y de nuevo selló su boca contra la de ella. Ella percibió la dureza de su entrepierna colocada directamente sobre su centro, apreciable su consistencia aun a través de las capas de ropa. Solo de imaginarse desnuda en la misma situación la hizo temblar y estremecerse. Se dio cuenta de algo, a diferencia de con Ethan no estaba ni asustada ni renuente, mas bien sorprendentemente, se percataba de que lo deseaba, mas que gustarle mucho, deseaba a Scorpius Malfoy como lo hace una mujer…con deseos de mujer .no de niña.
Cuando era casi un hecho de que terminarían quitándose la ropa de seguir besándose de esa forma, los dos se interrumpieron. La prudencia y el decoro se impusieron por una fugaz fracción de segundo, después de todo estaban en la enfermería, cualquier persona podría entrar. Además ya era suficientemente extraño que los dos se hubiesen saltado la timidez, buscándose y reconociéndose como lo habría hecho par de amantes, con la clara intensión de llevar todo más allá de un beso. Demasiado intenso para ser normal, demasiado intenso para no dejarse llevar, demasiado excitante para dejarlo pasar por alto.
Scorpius abrió los ojos y ella también, sus miradas eran brillantes a pesar de estar cegados por la lujuria. Era inédito para los dos, perder el sentido de esa forma, sentirlo tan fuerte, tan intenso, tan propio, tan natural. No era que antes no lo hubiesen sentido, pero ahora en ese momento, donde habían estado a punto de pelearse, era más fuerte. Desconcertante pero al mismo tiempo, fascinante. Sus cuerpos respondían al contacto del otro, como si estuviesen diseñados solo con el fin de darse sosiego mutuamente, hechos a la medida uno del otro. Se miraron largo rato, ella seguía acariciando su cara, él la observaba detenidamente, la imagen que Rose le ofrecía era arrebatadora, despeinada, con los cabellos sueltos desperdigados contra la cama, sus labios hinchados y la expresión soñadora de su cara.
-Rose- dijo Scorpius mirándola con la intensidad ya habitual en él cuando la observaba, cuando se la comía con los ojos, no le salía otra palabra de la boca más que su nombre, la emoción nublaba cualquier otro pensamiento. Ella ni siquiera supo como responderle.
Él volvió a besarla, sus manos vagaron hasta sus piernas subió por el muslo, llegó a su ropa interior y la sorteo. Rose no pensaba ni reaccionaba, no fue consciente que él le quitó sus bragas con una destreza adquirida por la experiencia, mientras tanto se acariciaban todo sus cuerpos.
Scorpius se apartó lo suficiente para bajar la cremallera de su pantalón, bajar sus boxers, acercarse a ella, separarle las piernas y mientras la besaba de nuevo, hundirse en su interior en un solo movimiento, ella estaba húmeda, preparada para él, pero sintió la resistencia de su virginidad de inmediato, Scorpius se impulsó hacia delante para sortearla. En ese momento, Rose abrió los ojos sorprendida y lo miró, Scorpius clavó sus ojos en ella, consciente de lo que estaba sucediendo, de la importancia que tendría para ella, de las consecuencias que tendría para él, dejarse llevar no era razón suficiente pero era la única explicación que tenia ….por los momentos. Habían pasado la raya, el lobo que vivía dentro de Scorpius se lo dijo de inmediato…suya…ella era suya…para siempre…sobre cualquier cosa y pasara lo que pasara. Más que amor…era simplemente instinto animal, aun así, él sentía tantas cosas inexplicables por ella a un nivel sorprendentemente humano, la deseaba, como jamás había deseado a nadie.
Ella sentía su entrepierna ardiendo, le dolía, mucho, pero no tanto como se imaginó que seria, mas que dolor lo que sentía era plenitud, él estaba dentro de ella llenándola, y si…era una sensación bien extraña pero placentera.
-Rose- dijo él con algo de culpa, veía la cara de sorpresa de la chica. No lo había podido evitar, tomarla, invadirla, hacerla mujer con él.
Ella cerró los ojos y con languidez dejó caer su cabeza en la almohada. Scorpius no pudo contenerse más y empezó a embestirla con fuerza. Ella le apretó las nalgas obligándolo a meterse más en su interior. Después de un rato, ambos jadeaban sonoramente, sudaban a mares, un paraban los protegía de las miradas indiscretas, pero sus gemidos resonaban por toda la habitación, cualquiera que llegase en ese momento, los descubriría, pero el peligro de ser sorprendidos, solo lo hacia mas excitante aun. Ella intentaba abrir mas las piernas para otorgarle espacio para maniobrar, al mismo tiempo que movía sus caderas para sincronizarse con él, lo hacia inconscientemente, buscarlo, pegar su cuerpo al del hombre, mecer su pelvis contra la otra, chocar su sexo contra el de él en una colisión exquisita y desgarradora, el hecho de que nunca hubiese experimentado la unión carnal no le impidió participar activamente de acto en si, el instinto los dominaba a los dos.
Él estaba sorprendido de la fogosidad de Rose, como respondía a cada caricia, a cada beso, la manera en que se movía con él, en un engranaje perfecto, su ardor, su pasión inocente, lo había cautivado por completo, Scorpius estaba ido, estar dentro de ella, profanar su virginidad, consumar el acto sexual con ella, era el cielo, la sensación era demasiado intensa, él no sabia lo que era el hacer el amor mas allá del sexo, pero estaba seguro de que justo eso era lo que le estaba sucediendo con Rose, sentía una plenitud desconocida, su cerebro estaba en ebullición y su corazón amenazaba con pararse en seco. No solo era la primera vez de ella, también era un descubrimiento para él, jamás había sentido a una mujer de la manera como a sentía a Rose. Era como si ella fuese su destino. El lobo habló por él cuando aceleró los movimientos, marcando cada centímetro de su cuerpo como suyo.
Ella sintió un nudo concentrándose en su interior y luego una sensación de apuro, le hormigueaban los pies, de pronto sintió que moría…literalmente, cayendo en una vorágine de sensaciones eléctricas. El joven arreció el movimiento, sabia que no podía acabar dentro de ella, era demasiada imprudencia, tendría que haberse puesto protección, lo sabia, no estaba siendo justo con ella, pero toda su contención se vino abajo, cuando la sintió contrayéndose alrededor de él, presa de un orgasmo atronador, Scorpius supo que estaba perdido, apartando cualquier clase de control y en dos movimientos de cadera, rápidos, contundentes, precisos, se dejó llevar…estallando al igual que ella lo hacia.
-Rose- Scorpius la llamó, la chica mantenía los ojos cerrados, él seguía dentro de ella, era incapaz de apartarse, le era físicamente imposible estar lejos de ella, solo de pensarlo, sentía una agonía indescriptible destrozándole el pecho. Le besó el rostro, llegó hasta sus labios y la sintió correspondiéndole, eso lo tranquilizó, estaba demasiado preocupado por la reacción de ella.
-Yo…- dijo ella abriendo los ojos y mirándolo todavía aturdida, tratando de adaptarse a todo lo sucedido- yo …
-Te juró que no lo planee así… no aquí…en este sitio- susurró Scorpius
-No…no- dijo ella llevando sus labios a los de él- no, fue perfecto…yo quería…lo sabes…lo se.
Se besaron de nuevo lentamente, él seguía tocándola.
-Eres hermosa, me gustas mucho Rose, muchísimo- dijo Scorpius en voz baja, conmovido por su dulzura, ella se sonrojó inmediatamente- No sabes las ganas que tenia de esto
-Debes pensar que estoy loca o que soy una cualquiera…no llevamos ni dos semanas juntos- dijo ella apenada y avergonzada de sus propias acciones, literalmente se le había echado encima.
-Ni lo uno ni lo otro- dijo él- digamos que estoy complacido de que hayas decidido poner fin a este tormento.
-¿Era un tormento?- preguntó ella.
-Tenia ganas desde la primera vez que te besé- dijo él ofreciéndole una esplendida sonrisa a Rose, a Scorpius la felicidad se le salía por los poros-la espera me estaba matando. Me encantó…fue demasiado sorpresivo.
Luego de un rato, ella se quedó dormida en sus brazos, estaban uno frente al otro, Scorpius le acariciaba la cara y besaba sus parpados. No quería despertarla, pero pronto amanecería. Repasó todo lo sucedido, para Scorpius había estado increíble, se sentía demasiado bien, ella no salía de su sorpresa, pero inmediatamente se relajó, demostrándole que estaba tan feliz como él, luego de terminar se habían vestido de nuevo y medio arreglado las sabanas de la cama que habían quedado manchadas de sangre. Rose se ruborizó cuando vio la prueba irrefutable de lo que había sucedido, él le aplicó un hechizo de limpieza sin inmutarse para luego llevársela a la cama, entre besos y susurros ella se durmió placidamente, pero él quedó en vela, vio unas sombra reflejarse a contraluz por el paraban de tela y enseguida se levantó de la cama. Reconoció a la figura inmediatamente.
-Walter- saludó Scorpius con voz de circunstancias.
-Hola lobo- dijo el hombre mientras se giraba ofreciéndole una gran sonrisa- como veo, otra vez hiciste de las tuyas.
Ambos jóvenes intercambiaron una mirada cómplice, la tez de Scorpius enrojeció como la grana. Descubierto…in fraganti…otra vez…la historia de su vida. Walter y él compartían todo, chicas, confidencias…absolutamente todo. Pero esta vez, Scorpius quería guardarse el acontecimiento para si.
-¿No estarías expiándome?- preguntó Scorpius molesto, las pupilas de sus ojos brillaron por un instante. Walter se sorprendió, era la primera vez que veía a Scorpius con sus ojos de lobo. Supuso que estaba furioso o contrariado.
-No vi nada, solo los escuché al entrar, supuse que estaban pues…en eso y decidí respetar tu privacidad, inmediatamente salí y vigile la entrada. Tuviste suerte que no fuera otro el que entrase, por ejemplo, el tío de la chica- dijo Walter, apoyó su cuerpo en un muro, su aguda mirada estaba dirigida a Scorpius. Su cara era afilada, tal cual como la de un cuervo, sus facciones eran definidas otorgándole una apariencia simplemente hermosa, sus ojos oscuros eran profundos, cautivadores, su cabello negro liso caía sobre su cara, solo se veía la sonrisa burlona que tenia en la cara. Poner en un aprieto a su mejor amigo lo divertía de sobremanera.
-Gracias- dijo Scorpius- no quiero exponerla, Walter, esta vez si me importa, ella y yo vamos en serio, no aceptaré que bromees con esto.
-¿Serio? Digo, ¿en serio? Oh, Scorpius- dijo Walter negando con la cabeza y sonriéndose más a si mismo que al chico- jamás lo hubiese creído de ti. Te escucho y no te reconozco ¿Qué fue lo que pasó? Te lo dije una y otra vez, no puedes ir en serio con ninguna. .
- No lo pude evitar- dijo Scorpius incomodo, no le gustaba hablar de sus conquistas, menos aun de Rose, lo de ellos dos lo quería conservar en la privacidad, era algo valioso, no quería discutir sus sentimientos con otra persona que no fuese Rose- es diferente, no pude quitarme su olor de encima desde la primera vez que la vi, lo que siento es incontrolable.
-Es el instinto de emparejamiento que germina antes del cambio- dijo Walter- ten cuidado, es imposible de luchar contra eso, puedes terminar enamorándote y los animales no se enamoran.
-Lo se- dijo Scorpius- estoy plenamente consciente de eso. Pero yo todavía sigo siendo humano.
-No por mucho tiempo más, se me pidió que viniese a vigilarte. El consejo está preocupado y el ministerio mágico ya sabe de tu presencia en Inglaterra. Las manadas de lobos en el este de Europa están inquietas. El warg que te mordió era el alfa de esas manadas y ellos están esperando al reemplazo, han logrado detectarte y vendrán por ti.
-Ese tal Bill Weasley, es un hombre-lobo- dijo Scorpius- ¿vino por mi?
-Si- contestó Walter- la situación es insostenible, Weasley ha venido a enseñarte todo lo que necesitas saber, junto conmigo.
-Él no es un warg- afirmó Scorpius.
-Dime algo que no sepa- dijo Walter con sorna- Obviamente no es un warg, ya lo viste, de hecho peleaste con él. No hay un warg- lobo lo suficientemente coherente disponible para esto, la mayoría no pueden cambiar a forma humana, son muy antiguos y los que todavía pueden hacerlo…en fin..mejor no hablemos ahora de ese pequeño detalle. Lobos, wargs y hombreslobos, a veces son casi lo mismo, solo que los hombre-lobos están malditos por definición, al final todos son crías de la misma madre, impredecibles, violentos y muy pero muy peligrosos. Pero Wesley es diferente, él servirá, me atrevo a decir que es el indicado.
-¿Qué es lo que pasa?- preguntó Scorpius- ¿Para que necesito ser adiestrado?
- La cosa está muy complicada en los Urales…en el Bosque Negro las manadas se agrupan…digamos que todo está fuera de control, las bestias y los wargs estamos inquietos…algo va a pasar…algo grande-dijo Walter.
-No se para que me dices todo eso- dijo Scorpius caminando de un lado a otro- no me interesa, solo quiero irme bien lejos en donde no pueda hacer daño a nadie pero antes disfrutar el tiempo que me queda. Tenerla a ella el mayor tiempo posible.
-Escogiste un mal momento para enredarte con una chica- dijo Walter- eres un warg, pronto cambiaras, los de nuestra especie no podemos atarnos a nada ni a nadie, después del cambio…pues todo cambia. ¡Diablos Scor! Es que pretendes servirle de mascota amaestrada a esa chica. Eso no funciona con nosotros, somos unos animales salvajes y de paso…vivimos centenares de años. Tú todavía estarás vivo cuando esa chica muera.
-Tú eres un warg de nacimiento- dijo Scorpius sintiendo la pena de la perspectiva de ver morir a sus seres queridos, a todos aquellos que conocía, a ella, aprisionándole el pecho- yo fui convertido por un warg-lobo, debe ser diferente. A lo mejor no vivo una vida tan larga, a lo mejor puedo conservar mi parte humana para siempre, he leído de casos así.
-Notables excepciones- dijo Walter- escasas, pero tienes razón, yo mismo soy una de esas excepciones. Pero al mismo tiempo, tu caso no es igual que el mío, ni siquiera formamos parte de la misma patria, tú eres lobo, yo soy un cuervo, por definición tienes menos probabilidades, el lobo es el mas salvaje de los wargs y el mas poderoso.
- Hablaremos mas tarde, ahora, si me permites, debo despertar a Rose para llevarla a su habitación- Scorpius cortó una conversación que le incomodaba a niveles alarmantes.
-Tanta preocupación y cuidado me conmueve Malfoy, muy ajeno a ti…malo para todo- afirmó Walter- reconozco los síntomas, yo mismo los sufrí alguna vez, te lo advertí, lo peor que puedes hacer en la vida es perder la cabeza por una mujer, siendo quien eres, no eres tú el que se arriesga, es ella. Imagínate que un día despierte y encuentre un lobo durmiendo con ella en la cama…imagínatelo. En el improbable caso de que puedas controlar tu parte animal y no herirla hasta matarla, va a ser ella quien se va a llevar la peor parte.
-No la dañare- dijo Scorpius con firmeza- jamás, no llegaré a ese punto de poner en riesgo su vida. Me alejaré en cuanto sienta que va a suceder. Pero ahora no puedo dejarla, no después de lo que pasó, no por como me siento con ella. Es diferente a las demás, es distinta a cualquier otro humano que yo haya conocido, tenemos una conexión…una química especial. No puedo dejar de experimentarlo…es la ultima oportunidad que tengo como humano para vivir algo así…no quiero.
-Hazte un favor Scorpius Malfoy, a ti y a esa chica- dijo Walter dándole una palmada en la espalda- compórtate como una bestia noble y no te enamores, mejor aun, no permitas que ella se enamore de ti.
0o0
La noche seguía en vela y uno tras uno, los cigarrillos iban consumiéndose, al igual que la botella de Brandy. Importantes decisiones serian tomadas esa madrugada, con implicaciones que transcenderían incluso los cimientos de la propia orden de los Walpurgis. En asunto de la sucesión siempre había sido complejo, pero Draco estaba verdaderamente cabreado, sin embargo, asumía y era consciente que debía compartir la información. El tiempo…se le acababa.
Draco se levantó de la silla y fue directo hasta el teléfono, marcó los números de memoria y esperó el tono. Una voz conocida atendió:
-Draco-contestó una voz conocida por él.
-Felicia, Buenas Noches- dijo Draco en voz baja- estoy en el Ritz Carlton, suite 32, necesito que vengas aquí de inmediato.
No hubo colgado el teléfono, cuando un audible PLOP, le señaló que la visita había llegado. Una mujer madura, de unos sesenta años aunque aparentase cuarenta, con los cabellos grises recogidos en un tenso moño y un traje de sastre diseñado seguramente por Giorgio Armani, adornado con un collar de perlas, lo saludó con una inclinación de cabeza.
Ante él, Felicia Zabinni, la mujer más ladina que él había tenido el placer de conocer. La respuesta a su problema. Su propia maestra.
-Draco Malfoy- dijo ella tendiendo la mano, una esmeralda del tamaño de un huevo adornaba uno de sus delicados dedos. Draco le besó la mano respetuosamente.
-Felicia, te ves estupenda, eres como el vino, entre más años mucho mejor- dijo Draco.
Ella sonrió complacida por el halago, sin embargo le dedicó al hombre rubio un vistazo de arriba abajo y levantó una ceja.
-Recordarle a una mujer su edad es mala educación querido- respondió ella.
Draco le devolvió la sonrisa. Por supuesto que tenia que recordarle su edad, Felicia no lucia como una anciana ni nada de eso, de hecho cuando la conoció era una mujer escandalosamente hermosa, , irresistible, con una figura de infarto, ecos de esa belleza aun permanecia en ella y Felicia era muy consciente de ello, era como un predador sexual que olia la debilidad masculina a leguas, ese era precisamente el problema con ella, Felicia aún pensaba que podia engatusarlo y Draco no estaba para juegos, ya él no era ningun chico tonto. Iniciaría esa conversación con ella como siempre lo hacia, colocando una saludable distancia entre los dos.
- ¿Qué haces en esas fachas? Vaya manera de recibirme.
-Negocios querida- dijo Draco calmadamente- negocios.
-A esta hora, con esa ropa, en este sitio y conociéndote, más bien supongo que mas que negocios será una mujer- dijo Felicia sentándose en un sofá, ella cruzó sus piernas elegantemente y no le quitó los ojos verdes a Draco de encima en ningún momento- esperaré que te pongas más presentable y soluciones algunas cosas.
-Discúlpame un segundo Felicia- dijo Draco- Ah, si quieres puedes pedir algo al conserje del hotel, va por mi cuenta.
-Por supuesto que no- dijo Felicia- para algo soy bruja- levanto su varita y conjuró una botella de champagne.
Draco fue a su habitación, le hizo un conjuro de sueño a su amante, uno que la haría dormir toda la noche sin interrupciones. Cuando salió a la antesala estaba completamente vestido. Pantalón, camisa, corbata, saco y túnica, todo perfectamente arreglado. Felicia lo recibió con una gran sonrisa.
-Así está mejor- dijo ella deleitándose con la vista. Para qué negarlo, ese hombre era simplemente hermoso…a un nivel peligrosamente adictivo- Ahora quieres decirme Draco ¿Cuál es tu problema? Estoy cómodamente dispuesta a acostarme luego de una cena de sociedad y entonces, suena el teléfono y eres tú. ¿Qué es eso que tienes que decirme personalmente? No me gusta ese teléfono que me regaló Blaise de cumpleaños, prefiero las anticuadas lechuzas, pero para algo debe servir el dichoso aparato muggle.
-Tuve un sueño extraño….más que un sueño…fue una especie de revelación- dijo Draco. Confiaba en Felicia tanto como confiaba en su propia madre, con el detalle morboso, que a pesar de que incluso Felicia era unos años mayor que Narcissa Malfoy , el nivel y la intensidad de las atenciones que Felicia alguna vez le había prodigado cuando era un chico, eran cualquier cosa menos maternales, aun así, seguía siendo su amiga-Mi alumno ha aparecido, es una chica , la vi, es ella, tiene la marca en el cuerpo, igual que la mía, que la tuya, igual que todos los caballeros Walpurgis antes de nosotros. Es ella.
-¿Estas seguro?- pregunto ella interesada.
-Fue una gran sorpresa para mi….de hecho…todavía estoy sorprendido..Demasiada casualidad. La conozco desde que era un bebé por fotografías, de hecho la he visto personalmente recientemente- dijo Draco- después de despertar, trasladé desde mi despacho un archivo que tengo de su familia, repleta de viejas fotografías, lo comprobé….es ella…tiene la marca.
Felicia sonrió ampliamente y tomando la copa de champagne, hizo un gesto de brindis y degustó un sorbo.
-Por fin, es lo que hemos esperado durante años…el nuevo discípulo-dijo ella.
-No solo la vi…me habló- dijo Draco- me obligó a permanecer dormido mientras la escuchaba.
-Interesante- dijo Felicia sin ocultar su asombro, eso no era muy frecuente, el "aviso" generalmente era una visión simple pero lo que Draco describía era una manifestación con todas las de la ley, esa criatura debía ser increíblemente talentosa si lo obligó a no despertarse - eso significa que su espíritu sabe que tú eres su mentor, aunque ella conscientemente no tenga la más mínima idea. ¿Qué te dijo?
-Me pidió ayuda- dijo él.
-Pues búscala- dijo Felicia- ella se ha revelado ante ti. Si te pidió ayuda, debes dársela. ¿Quién es? ¿Como es que tienes un archivo de ella y su familia?
-Es complicado- dijo Draco mirando de reojo a Felicia.
-Siempre es complicado- dijo Felicia quitándole importancia- contigo no fue nada fácil.
-Tenia quince años- replicó Draco- tú eras la madre de mi mejor amigo. Obviamente no fue fácil – luego agregó con reproche- Acaso lo olvidas, me sedujiste Felicia.
-Eso fue un bono- extra- dijo Felicia con una sonrisa picara, todavía era una mujer hermosa, a pesar de su edad y de algunas arrugas que se le notaban, arrugas que ella hacia todo lo posible por ocultar- entre maestro y alumno siempre se crea un vinculo. Solo que tú y yo fuimos un poco mas de ese vinculo, me conoces, sabes quién soy, como soy, te vi y no pude evitarlo, tan guapo, tan altivo y sobre todo tan joven e inocente. Te hice un hombre, deberías estar agradecido.
-Me convertiste en un cínico sin remedio, eso fue lo que pasó- dijo Draco-no quiero tener nada que ver con esa niña….esto es una locura. Me niego tajantemente.
-No puedes hacer caso omiso- dijo Felicia- lo hemos estado esperando por años. Somos nosotros dos solamente y necesitamos ayuda…tienes que entrenarla.
-Me niego absolutamente-dijo Draco- No puedo ni quiero, por eso te llame, por suerte estás viva, hazlo tú.
-No puedo- dijo Felicia- aunque me cueste admitirlo, estoy vieja, no soy la misma, mi poder no es igual. Tienes que ser tú.
- Hoy en esta noche, me estoy dando cuenta que mi vida está dominada por las mujeres. Mi madre, tú, Hermione y Astoria. No me da la gana de echarme encima a otra más. Si la experiencia cuenta como algo, soy un padre terrible con Scorpius, ¿como pretendes que tenga paciencia para lidiar con esa chica?….como si fuese algo mío…como si fuese mía.
Una chica que de paso…me va a recordar a cada rato…a cada instante...lo que pudo ser y no fue con la madre…se dijo Draco amargamente.
-Esa chica es tan tuya como tu hijo. Scorpius es sangre de tu sangre, esa niña te la han ofrecido los dioses para que la protejas y le enseñes todo lo que sabes.
-Yo no soy tú, Felicia, eres mujer, sensible, tolerante, hasta maternal si te lo propones- dijo Draco- no puedo verlo de esa forma. Honestamente, no deseo hacerlo. Además, ella técnicamente no es ninguna niña, tiene casi dieciocho años, una edad muy poco conveniente.
-¿Poco conveniente porque razón?- preguntó Felicia.
Draco se negó a responder, que ella sacase las conclusiones que quisiese
-Dieciocho años, debe ser casi una mujer- Felicia atravesó con sus ojos a Draco.
-Hum- se limitó a responder Draco.
-En líneas generales los discípulos son algo más jóvenes. Lo bueno es que si tiene esa edad, debe ser una chica madura, eso para mí representa una ventaja.
-He dicho que no- replicó de nuevo Draco.
-Déjame entender- dijo Felicia intentando no perder la paciencia- Tú, un verdadero Walpurgis, no un intento de Walpurgis como esos idiotas de Nott y compañía, que están armando una guerra, corrompiendo los designios de la sagrada orden. Tú, quien ha seguido todas las reglas al pie de la letra, tú, el mejor de todos, te niegas a aceptar al alumno que los destinos te han asignado.
-Si- dijo Draco- como te he dicho, es complicado.
-Ya veo- dijo ella jugueteando con la esmeralda en su mano.
-Estamos aguardando una guerra en cualquier momento- dijo Draco- no es el tiempo propicio para un entrenamiento.
-Te vi el día de la iniciación- dijo Felicia cambiando el tema, volvería a la carga más tarde. Si Draco pensaba que ella iba a ceder, estaba muy equivocado- por supuesto, en la lejanía, con el populacho, al lado de Blaise, todos estaban muy satisfechos, pensaban que te habían tendido una trampa.
-De hecho, así fue- dijo Draco- no pensé que se atreverían. Es obvio que no saben quién soy…que no tienen la más mínima idea de lo que es verdaderamente la Orden de Walpurgis.
-Ellos no saben que tú fuiste iniciado por mí hace más de veinticinco años. Ellos no saben nada, creen saberlo, pero los sellos, los libros, el conocimiento, todo lo guardamos tú y yo. Debemos desarmar este complot que intenta imitar nuestra orden, arrastrando nuestro sagrado nombre y de paso evitaremos la instalación de una dictadura en el mundo muggle. Necesitamos a esa chica, alégrate, no estarás solo en esto, si logra que sea la mitad de buena que tú, junto con Potter y los suyos, habremos ganado esta guerra.
-No- contestó Draco tajantemente- bajo ninguna circunstancia y de ninguna manera.
-Busca a esa chica, de inmediato- dijo Felicia- hiciste un juramento, prometiste ser un maestro, enseñar al próximo. No puedes negarte.
-Tengo razones personales para negarme – dijo Draco.
-Aquí no caben motivos ni odios personales- contestó Felicia- esa chica ha sido elegida, es tu deber…sus dones…su posible talento…no puede ser desperdiciado por tu necedad.
-Cabe la posibilidad que aparezca otro- dijo Draco- solo es cuestión de esperar algunos años, incluso puede ser que uno de ellos esté naciendo en estos momentos. Esperaré.
-Serian muchos años- dijo Felicia- tú podrías estar muerto, yo sin duda lo estaré. Tiene que ser ahora.
-¿Quién fue tu maestro?- pregunto Draco- ¿Quién?
-No quiero hablar de eso- dijo Felicia visiblemente incomoda.
-Touché – dijo Draco- puedo apostar que fue un hombre… puesto que me ha tocado una mujer y tú fuiste mi maestra. Nunca maestro y alumno son del mismo sexo, eso es una regla de todo esto, algo que solo sirve para complicar más las cosas.
-Quizás ese sea el problema- dijo Felicia- Demasiada proximidad, sexos diferentes, diferencia de edades, uno tiende a equivocarse….
Draco sonrió, ya le había encontrado el punto flaco a Felicia Zabinni. Ella lucia molesta y furiosa, como si todavía le doliese una vieja herida.
-Te enamoraste de tu maestro- afirmó Draco entre risas – ah y de paso, apuesto que él no te correspondía para nada, seguramente te sedujo, te hizo ver las estrellas en la cama y luego te aclaró que fue solo una acostada sin importancia. Luego tú, años después decidiste hacer lo mismo con tu incauto alumno. Lo bueno del caso, es que yo si lo superé pronto. Gracias a Dios soy un Malfoy, un escéptico total del género femenino. Las deseo a todas por supuesto, pero no creo en ninguna. Y después del último acto de Hermione Granger, ahora menos que nunca.
-¿Te dio calabazas de nuevo?- preguntó ella maliciosamente- al parecer, tú eres de los que acepta un no como respuesta. En este caso una sentencia de divorcio.
-Por lo menos no me colocó arsénico en la cena- contestó Draco devolviéndole la bola a Felicia
-No seas patán Draco, está comprobado que todos mis esposos sufrieron muerte natural, no es mi culpa que fallecieran en el acto….literalmente- dijo Felicia despreocupadamente-En fin, yo no me enamoré de mi maestro., quizás estaba un poco deslumbrada, solo eso, suele suceder, era una chiquilla de catorce años, él tenía veinticinco, era obvio que me iba a impresionar…pero nada en serio, tú serás un Malfoy, pero yo soy Felicia Zabinni, ningún hombre me amarra, que te lo digan mis siete difuntos esposos. Pero no duró mucho, él murió, pero me enseñó lo necesario. Luego esperé para trasmitir mi conocimiento a ti, es así, de generación en generación.
-Si…de generación en generación – repitió Draco sin dejar de lado el sarcasmo-solo que por el empeño que pusiste en follarme, al parecer querías engendrar la próxima generación conmigo.
-No te quejes tanto- dijo Felicia y luego agregó coquetamente- ¿Todavía respirando por la herida?- Draco resopló.
-No seas ilusa Felicia, alguna vez tenía que acostarme con alguien por primera vez, en mi caso me tocó la mujer mayor con experiencia, si te sirve de algo, lo disfrute, muchísimo, como todo niño tonto, me deje impresionar, pero el daño no fue permanente. !Que rayos! fue casi de película...- Felicia río a carcajadas pero no contestó.
-Ciertamente fue lindo mientras duró Draco- dijo ella- eres el mejor amante que he tenido, joven, vigoroso, con deseos de aprender cualquier cosa que yo estuviese dispuesta a enseñarte, mucho mejor en la cama que tu señor padre, eso es seguro. Me dolió dejarte, pero era necesario, yo estaba a punto de casarme con el sexto señor Zabinni, además ya tú estabas medio enamorado de esa chica. Desee que fuese feliz, lamentablemente, al parecer no era para ti.
-Te agradezco todo Felicia, eres y siempre serás más que mi maestra, mi primera amante, eres mi mejor amiga y mi consejera. Pero no te metas en mi vida personal.
-La relación entre alumno y maestro es sagrada. No debe corromperse de esa forma. En eso mi maestro y yo fallamos. Nos dejamos envolver por toda clase de sentimientos, eran otros tiempos, él era un romántico incurable y yo siempre he sido insaciable con los hombres, por eso me metí contigo, no logré resistir la tentación de lo prohibido. Tú eres una clase distinta de hombre, duro y frío como una piedra. Tu honor es intachable, te debes a la orden. No debes preocuparte por eso.
-Eso no me preocupa para nada. Ella es la destinada a ser mi discípula, a diferencia de ti, yo si respeto la condición de maestro.
-Lo oigo y no lo creo- dijo Felicia con sorna- ¿Entonces? ¿Cuál es tu problema?
-Es la reacción de la madre lo que temo, obviamente no se lo tomará nada bien, aceptar a esa joven como alumna es provocar la furia de su madre, si no hemos sido enemigos hasta ahora, sin duda lo seremos, lucharemos por esa joven hasta la muerte, ella es su madre, yo soy su destino. Conozco a Hermione, es posesiva con quienes ama, no le agradará el papel que su niña tendrá en todo esto, arriesgará el pellejo como yo lo haré, es razonable que se niegue con todas sus fuerzas. No quiero pelearme con Hermione, de hecho no quiero tener nada que ver con ella ni con su hija- dijo Draco-por otro lado, estoy furioso, me la ocultó, ella siempre supo quién era yo, sabia lo de la marca, se lo explique todo cuando me casé con ella...lo importante que era que la Orden de Walpurgis tuviese continuidad, tuvo que darse cuenta cuando nació que la niña tenía esa marca y me lo ocultó. Si lo hubiese sabido cuando nació, quizás…con el tiempo...ella y yo hubiésemos podido llegar a una especie de arreglo respecto al futuro de la niña.
-Así que la chica es la hija de Hermione Granger….es casi justicia poética…Ella fue una tonta al dejarte escapar- dijo Felicia- pero por otro lado no la culpo, no es fácil lidiar contigo. Por otro lado ¿Quién mejor que tú para proteger a su pequeña? Estás ligado a esa chica lo quieras o no. Habla con ella, asegúrale que su hija encontrará en ti a casi un padre.
Draco bufó incrédulo.
-Como si fuese a creerme- dijo Draco- como si yo realmente tuviese intensiones de ser amable con la hija de Ron Weasley.
-No dejes que el resentimiento nuble tu razón- dijo Felicia- Eres simplemente irresistible pero al mismo tiempo un hombre implacable, desde joven fuiste así, una trampa mortal. Estoy seguro que Astoria no la ha tenido fácil.
-Astoria no me ama- dijo Draco- esa es la razón por la cual seguimos juntos. Ella no me ama y yo no la amó a ella. Nuestro matrimonio es una farsa, pero a veces es más cómodo vivir de esa manera, sin amor.
-El amor siempre lo complica todo ¿cierto?- dijo Felicia- gracias a dios que yo estoy curada en salud de ese padecimiento. ¿La amas todavía?
Draco no respondió
-Tu silencio me lo ha dicho todo- dijo Felicia demostrando la sapiencia que otorga la edad- la historia jamás deja de escribirse. Menos en tu caso Draco, que siempre has demostrado capacidad para saltarte el guión de tu vida.
-¿Quién era? – preguntó Draco- Tu maestro ¿Quién fue?
-Fabian Prewett- dijo Felicia-si no me equivoco, el tío-abuelo de esa niña ¿Entrenaras a la chica?
Draco sonrió amargamente, luego fijó sus ojos en Felicia.
-No- dijo Draco tajantemente- esto lo haré solo.
-Te pidió ayuda…a ti, a su maestro- insistió Felicia-es un anunció, algo va a pasar, lo presiento. Búscala…de inmediato.
-Solo fue un maldito sueño, no le des significados aparentes, tú eres una Walpurgis no una vidente- dijo Draco tajante-y ella es una niña, tienes que verla Felicia, entrometida como la madre…. majadera igual que el padre. No es como yo, no tiene el peso de las circunstancias sobre sus hombros. Es una adolescente común que ha crecido sin ningún problema, ninguna nube que oscurezca su futuro. Y de paso, si la crió Ron Weasley, debe ser tan crédula y tonta como toda su familia paterna. Para ser un Walprugis no basta tener una maldita marca en la piel, se debe tener actitud y compromiso, poseer la fiereza y ser capaz de cualquier cosa, incluso matar. No veo a esa niña vestida de rosa en ese papel.
-Estas suponiendo cosas- dijo Felicia- si los superiores escogieron a esa muchacha, es porque es especial, si ella logró hablarte en un sueño e impedir que despertaras, no debe ser tan tonta como dices. No prejuzgues, podrías llevarte una gran sorpresa.
-Bah, tonterías- afirmó Draco- yo nunca me equivoco con esas cosas. La vi una vez y supe enseguida lo que era, una jovencita estúpida como todas las chicas de su edad. Pero no te preocupes, no creo que haya ningún riesgo, si todo sale bien, antes de que estallé la guerra, ella estará con toda su familia a resguardo, por supuesto gracias a mí. Después veremos como hago para que ella aprenda lo necesario, a una distancia cómoda para mí y para Hermione. No….no la entrenaré personalmente.
-Espero que tengas razón- dijo finalmente Felicia sin estar muy convencida.
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