Disclamer: personajes de JK. Rowling.
Disculpen la tardanza, problemas familiares y un viaje con un retorno un poco accidentado….Pues aquí les va…disfrútenlo. No dejen de enviarme reviews.
Capitulo 17 La Hechicera y El Guerrero
Hugo Weasley no conocía el significado de la palabra "celos", y realmente no lo sabia, hasta que una tarde justo antes de doblar la esquina para ir hacia la torre de Gryffindor, de pronto se encontró a Lily besándose con otro chico.
En ese momento Hugo Wesley se convirtió en un energúmeno enloquecido por la rabia…o más bien por los "celos". No recordaba bien como había sucedido todo, lo cierto es que agarró al chico por la tunica, lo separó de Lily con brusquedad y le dio puñetazos en la cara hasta que le dolió la mano. Cuando vio su cara, reconoció al chico que había ido con Lily a la fiesta de Hallowen, el tal James, eso no hizo más que aumentar la furia. Quizás él fuese un genio en potencia y todo lo demás, que su inteligencia provocase elogios de los profesores, que según su hermana fuese un viejo atrapado en el cuerpo de un chico por su discurso solemne y medio cínico, que según su madre fuese un muchacho razonable, lo cierto es que Hugo Weasley tenia un lado oscuro bien oscuro, ese que lo empujaba a resolver los problemas a base de golpes en lugar de las palabras. ¿De donde había heredado el mal humor y la tendencia a pelearse a puñetazos? Nada más había que mirar en su propia casa, a tres metros de su habitación, en donde un señor pelirrojo muy parecido a él solía comportarse exactamente como Hugo cuando tenía su edad.
Hugo físicamente era copiado al calco de Ron Weaesley y lamentablemente para el chico que estaba besando a Lily, había heredado también su irascible personalidad. Los genes intelectuales de Hermione simplemente se iban al mismísimo infierno cuando alguien se metía con la que consideraba su chica.
-Hugo- solo sintió que lo agarraban por detrás y lo sujetaban separándolo del chico que estaba arrodillado en el piso protegiendo su cabeza con un brazo, evitando que le siguiesen golpeando el rostro.
-¡Suéltame!- Hugo pateaba a su captor, incluso llegó a pisarle el pie.
-¡Auch!- exclamó Albus Potter – ¿que rayos crees que estas haciendo? Hey, soy yo…tu primo Albus.
-No he acabado contigo imbécil- Hugo seguía gritando totalmente fuera de si. Estaba muerto de furia y de celos. Ver como ese tipo la había abrazado, como la sujetaba de la cintura, como unía sus labios a los de ella, eso lo había encendido como una brasa.
Lily estaba todavía pegada a la pared, con los ojos abiertos como platos. No entendía que rayos estaba sucediendo. Hugo estaba enloquecido de rabia y su novio….pues si…tenia novio, apenas llevaba dos días con él…su novio estaba en el piso, quizás con la nariz fracturada puesto que sangraba abundantemente por las fosas nasales debido a que su primo Hugo había decido practicar sus pintas de boxeo con él.
¿Qué rayos era lo que estaba sucediendo? Ella y Hugo solían ser los mejores amigos, toda su infancia la pasaron juntos, jugaban, se contaban secretos, chistes, planeaban travesuras. Eran demasiado unidos, casi como hermanos. Lily no podía concebir una navidad o un año nuevo sin Hugo, ella no tenia recuerdos de su infancia de otro amigo intimo que no fuese Hugo. Tenían la misma edad, los mismos gustos, las mismas aficiones, pensaban igual, ¡Por Merlín! si hasta tenían el mismo color de cabello, eran uno para el otro. Pero las cosas empezaron a cambiar cuando él empezó a fijarse en las chicas hacia poco menos de un año, a comentar su aspecto, a mencionar que tan buena estaba Marina Merrey o Susana Almate o Trisha. Entonces Lily nunca más se sintió cómoda al lado de él. Ellos podían hablar de casi cualquier cosa, pero que él le hablase de otras chicas le fastidiaba y era obvio que ella no hablaría de chicos con él, porque en honor a la verdad, ella no hablaba de chicos con nadie. Porque ¿Qué diablos sabia ella de chicos?
Lily era muy diferente a las niñas de su curso o de cualquier curso en Hogwarts, no le gustaba usar faldas o vestidos, no se maquillaba, le encantaba jugar quidditch, era medio marimacho y la culpa la tenia precisamente el hecho de que en lugar de estar jugando muñecas cuando chica, estaba montada en una escoba con Hugo tratando de emular las proezas de Fred, James o de Albus. Ella se sentía bien así, hasta que Hugo empezó con sus comentarios, empujado por Albus, quien pronto había ocupado el lugar de James Potter como el casanova de la familia. Entonces Lily empezó a notar que sus compañeros de clase reparaban en ella al igual como Hugo, Albus, Fred, James y Teddy reparaban en otras chicas. ¿Será que me encuentran guapa? Y si otros chicos piensan que soy guapa ¿Por qué Hugo no me dice que también soy guapa? ¿O será que no le parezco guapa? Era lógico pensar de esa manera, después de todo, Hugo estaba siempre cerca de ella, conocía todos sus defectos físicos, incluso que tenia el tabique nasal un poco desviado (detalle que su madre le decía que no se notaba, pero Lily sabia que si se le notaba y bastante) o un montón de pecas cubriéndole toda la espalda hasta el nacimiento de su trasero. Pues si, ellos también se habían visto escasos de ropa en muchas ocasiones, en la playa o cuando estaban uno en la habitación del otro o por lo menos era así hasta que a Lily le empezaron a crecer los pechos y se tornó un poco cohibida ¿En todo caso porque rayos debería importarme si Hugo me considera guapa o no? Extrañamente, desde que tenia trece años a Lily si le importaba.
Ella se miraba una y otra vez en el espejo, todos los días de un tiempo a la fecha y no se veía tan especial como para que el sexo masculino se fijase en ella. Era bajita, en realidad tenia una estatura normal para cualquier chica de su edad, pero comparada con el resto de su familia era una enana, ni flaca ni robusta, mas bien atlética, su trasero era firme y quizás sus senos no rellenaran lo suficiente un brasierre pero por lo menos tenia algo de pecho, poseía una melena roja que le llegaba a la espalda y había heredado los ojos verdes de su padre. Lily indecisa acerca de su apariencia, se imaginó que tendría que hablarlo con alguien, con alguna mujer: A su madre no le hablaría del tema ni muerta, comentarlo con su Tía Hermione ni pensarlo, se moriría de la vergüenza, Molly, Dom y Lucy estaban fuera de la lista, ellas eran las mas chicas de la familia, no la entenderían, la opción mas valida seria Victoire o Louis, después de todo, ellas eran casi unas reinas de belleza, tendrían que saber mucho del tema, pero no estaban en Inglaterra, así que recurrió a Rose, después de todo, aunque Rose pareciese la mayor parte del tiempo abstraída en su mundo interior, pensando quien sabe que cosa, con la cabeza en las nubes, como diría la abuela Molly. Rose tenia personalidad de artista, por algo quería ser escritora, ella era la persona a la que los primos Weasley´s acudían cuando algo les atormentaba. Existía algo en el tranquilo y solidario carácter de Rose que era un imán para todos, siempre le veía el lado bueno a cualquier situación. Antes de empezar el curso escolar se lo preguntó en una tarde de verano en la que ambas estaban en el lago cercano a la madriguera, intentando refrescarse.
-¿Soy bonita?- Lily se sintió estúpida al segundo de preguntarlo, pero se sintió aliviada al ver la gran sonrisa de Rose, quien la abrazó con cariño y le acomodó el cabello detrás de las orejas.
-Claro que eres bonita- le contestó Rose- eres la mas bonita de todas nosotras las Weasley´s. Quizás no seas rubia como Louis y Vicky, ni tan coqueta como ellas, pero ¿Es que no te has visto nunca en un espejo? Eres deslumbrante Lily, eres la chica más bella que he visto alguna vez y serás más hermosa cuando crezcas.
-Entonces porque cuando Hugo elogia a todas esas chicas jamás me dice nada a mí- preguntó Lily un poco ansiosa. Rose se carcajeó.
-Hugo….Hugo es un bobo – Rose todavía muerta de la risa- jamás se da cuenta de nada, menos de lo que tiene al lado.
Claro, Hugo nunca se daba cuenta de nada, o por lo menos no se daba por enterado.
Eso era lo que le parecía a Lily, hasta que un día la besó dentro de un armario de escobas. Ella nunca había besado a ningún chico, así que le pareció genial, estupendo, un poco húmedo pero muy bueno. Y sobre todo le dio impresión que al parecer Hugo sentía lo mismo que ella, después de todo tampoco él podía quitarse la sonrisa de felicidad de la cara aun incluso la mañana siguiente a ese beso.
Después siguieron besándose y entonces preguntas confusas empezaron a atorarse en la mente de Lily ¿Será que en serio nos gustamos? La gente que se besa es porque se gusta…eso es un hecho. Porque la teoría de la experimentación hacia tiempo que la había descartado. Un primer beso para probar quizás fuese hasta casualidad, pero dos, tres, cuatro y pare de contar…eso si era difícil de explicar. ¿Y si nos gustamos? ¿Si realmente nos gustamos y nos ponemos de novios? ¿Qué rayos vamos a decirles a nuestros padres?
Muy buena pregunta, la pregunta que tenia una respuesta clara, sus padres iban a matarlos…pero no tenían porque enterarse ¿o si?, ella estaba dispuesta a guardar el secreto, que los vieran juntos no era ninguna novedad, nadie lo sabría, nadie. Lo cierto es que cuando Hugo la dejó plantada en el baile, para ir con otra chica, ella ardió en furia. Estaba celosa, celosísima, poco importaba que técnicamente él no la hubiese invitado, menos que le hubiese ofrecido ser su novia, pero ¿es que acaso no era obvio que iban a ir juntos? ¿Después de todo…rayos…habían estado besándose a todas horas las últimas dos semanas?
Cuando la amistad, la fraternidad y el compañerismo mutan a otra cosa que no se sabe que nombre ponerle, pero que involucra besos, abrazos y bastante toqueteo, es obvio que el asunto se torna un poco más que confuso.
Lily y Hugo estaban furiosos consigo mismos porque sentían un montón de cosas nuevas uno por el otro y no sabían que rayos hacer con eso. Quizás debieron hablarlo, pero ninguno de los dos eran buenos conversando acerca de sentimientos o cosas parecidas.
Lo cierto es que tenían cerca de cuatro meses que no se dirigían la palabra y ella estaba tan triste y lo extrañaba tanto que decidió salir con otro, un chico llamado James Peterson, un Ravenclaw de su curso, el mismo chico que la había acompañado a la fiesta de Hallowen y que claramente estaba interesado en ella. A lo mejor si James la besaba tan bien como lo hacia Hugo, se olvidaría que alguna vez se habían besado y volverían a ser los mismos de antes.
El asunto es que Lily se dio cuenta que su novio no besaba como Hugo, y lo mas importante, no ponía su corazón a aletear como loco como Hugo. Y eso la dejó mas desolada.
Y ahora…ahora…él…después de ignorarla durante semanas, llegaba y golpeaba a su recién estrenado novio por quien sabe que razón que solo él y su estúpido superdotado cerebro troglodita sabrían.
Hugo poco a poco se tranquilizó, luego de unos segundos fijó su mirada en Lily quien lo observaba entre horrorizada y atemorizada. Él se sintió avergonzado de su conducta ¿Cómo diablos había perdido los papeles de esa manera?
-Lily…yo- intentaba explicarle, decirle que él no podía soportar verla con otro, que él quería estar con ella, que la extrañaba demasiado, que no era necesario estar besándose por ahí, que no importaba, aunque él se muriese por besarla de nuevo, que volvieran a ser los mejores amigos como antes, eso y mil cosas quería decirle, pero no pudo, no tenia las palabras necesarias para explicarse. Lo cual era irónico porque en general Hugo siempre tenia la frase apropiada para el momento indicado.
Lily se acercó a él y lo abofeteó con fuerza. Albus tenía a Hugo todavía agarrado por detrás y se sorprendió al ver la reacción de su hermana.
-Lily- susurró Hugo dolido.
Ella fue a ayudar al chico que era su novio, sin mirarlo de nuevo, le dio la espalda y se fue caminando con hasta la enfermería.
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Las calles de la ciudad bullían en actividad a esa hora, tarde en la noche, a Scorpius no le extrañaba, después de todo estaba en Hamburgo, la ciudad que de verdad nunca dormía, el neón de las marquesinas de los locales nocturnos parpadeaba provocándole dolor de cabeza y la gente lo empujaba a todas direcciones mientras caminaba. En otro momento, él protestaría, incluso estaría tentado a pelear con alguien, pero en ese momento, Scorpius Malfoy estaba totalmente abstraído, después de todo, en esa noche, su mundo, inesperadamente, se había puesto al revés.
Toda su existencia parecía signada por el hecho de que después de él no habría continuación, no el tipo de continuación que cualquier hombre desearía, no descendencia, ni nada. Después de convertido en warg, cualquier rastro de él, de quien había sido, de su nombre, de sus genes, desaparecería de la faz de la tierra.
Y entonces, el destino le demostró que nada estaba escrito…nada. No se lo había propuesto en serio, nunca, no antes de saber que iba a ser de su vida. No estaba en sus planes, pero si en sus mas profundos deseos, cuando Rose llegó a su vida, cuando se sorprendió a si mismo enamorándose de ella, de pronto todo tuvo sentido, ella era la indicada. Es extraño cuando uno sabe en el corazón y en el alma, que has conocido a la persona correcta, a aquella que complementa el espíritu. Scorpius sentía eso por ella y muchísimas cosas más. Si creyese en almas gemelas, diría que Rose era su alma gemela, pero él no pensaba en esos términos, después de todo, Scorpius Malfoy estaba seguro que era el hombre menos romántico del mundo, ser cursi no estaba en su programación genética. Aunque últimamente tenía todos esos pensamientos locos y sensibleros tal cual como toda una nenita.
Pero él creía que quedaría en eso, en un deseo que jamás se cumpliría, en una posibilidad que nada mas era un estúpido sueño. Había pasado muchas noches en vela atormentándose con la idea de que ella lo dejaría, de que se casaría con otro, de que seria la madre de los hijos de otro porque de los suyos ni pensarlo, ellos dos jamás tendrían una familia, eso nunca sucedería, en el mejor de los casos, si ella aceptaba quedarse con él a pesar de todo, solo les quedaba la posibilidad de adoptar un niño, siempre y cuando Scorpius lograse controlar el animal salvaje dentro de él, si no lo hacia, cualquier posibilidad estaba descartada de plano, al mismo tiempo, él pensaba también que era injusto con ella, negarle la posibilidad de ser madre, de formar una familia normal. La fuerza de su sentimiento con ella lo obligaba a ser egoísta, si tan solo él pudiese ofrecérselo todo, como cualquier hombre normal, al final todo era solos sueños y esperanzas. Y de pronto, sucedió.
Iba a ser padre…..padre….tendría un hijo….él iba a tener un hijo con Rose. Entre mas se lo repetía en la cabeza menos podía creérselo.
Decirse a si mismo que no se había planteado la posibilidad de ser padre algún día era mentirse en redondo, todo ese año, había estado pensando lo mucho en que quería tener una familia, lamentando su destino, que al hacerlo un warg, lo imposibilitaba físicamente para eso. Lo que para tantas personas era lo mas natural del mundo, tener hijos…él jamás lo llegaría a experimentar…o eso pensaba. Era extraño que un chico de dieciséis, diecisiete o dieciocho años se hubiese tomado en serio ese tema en específico, pero Scorpius Malfoy le daba impotencia al hecho de que no tendría esas oportunidades, lo frustraba verdaderamente. Él quería seguir siendo humano.
El como, porque o cuando se había embarazado Rose, no tenia para que ni preguntárselo, a esas alturas, era bastante obvio, pudo haber sucedido en cualquier ocasión, después de todo, él y ella tenían una vida sexual bien activa tomando en cuenta que estaban encerrados en un colegio internado. No era momento de autorecriminarse, ellos dos tomaron las precauciones necesarias, se cuidaron, ambos intentaron ser responsables, asumieron con madurez en donde se estaban metiendo acostándose o por lo menos lo intentaron. Además, se querían, era lo mas natural del mundo desear concretar físicamente aquello que ardía dentro de sus corazones. Fue inevitable que hicieran el amor, solo que las consecuencias lo habían tomado totalmente fuera de base.
Lo había deseado, al mismo tiempo lo evitó, era contradictorio pero era lo propio, después de todo, dejar a un hijo sin padre era a su modo de ver las cosas una crueldad. Ahora Scorpius se sentía dividido porque al mismo tiempo estaba feliz y se sentía culpable con la perspectiva de tener un hijo.
Para colmo de males, él había no actuado en consecuencia con la dimensión de la noticia. Se portó como el idiota mas grande del planeta frente a Rose y Scorpius estaba mas que arrepentido de su actitud.
Y es que comportarse como un verdadero imbécil, ser un perfecto idiota, sufrir de inseguridades y meter la pata en el momento menos indicado al parecer estaba dentro del paquete "Scorpius Malfoy enamorado".
Algo que aprendió Scorpius en esos últimos meses con Rose era que amar también implicaba miedo, temor, incertidumbre. No era bueno manejando ese tipo de emociones, luchó toda su vida para alejarse de esa clase de sensaciones, puesto que debido a esa dura experiencia que sufrió a los doce años, cuando aterrorizado y paralizado esperaba sin saber cual seria su destino, si viviría o no, o ni de que modo lo haría, le llevó mucho tiempo adaptarse a la desazón dentro de él que su nueva condición le producía. Solaparlo, esconderlo, evitarlo, huirle como la peste se convirtió en costumbre. No se consideraba un cobarde pero le temía a esa sensación asfixiante de agobio que se concentraba en su pecho cuando no sabia que hacer ni que decisión tomar ni que sentir. Por eso Scorpius Malfoy nunca se lió en serio con ninguna chica, por eso detestaba discutir con su padre, en un perpetuo conflicto sin solución, por eso él vivía la vida de la manera mas ligera y despreocupada posible. Intentando olvidar cuando en realidad él nunca se olvidó de nada.
Pero cuando Rose irrumpió en su vida, provocándole por primera vez aquel cúmulo de emociones nuevas y hermosas, de nuevo volvió a sentirla, esa inseguridad que lo volvía loco, desquiciante pero a la vez anhelada, era difícil para él digerir que sus sentimientos dependieran de otra persona, pero al mismo tiempo se sentía bien…era estupendamente bueno estar así. Scorpius Malfoy fue valiente y aceptó lo que le estaba sucediendo, él, el chico que había jurado alguna vez no enamorarse, lo había hecho, entregando su corazón a otra persona. No se arrepentía para nada, solo le mortificaba el hecho de perderla, pero aun esa posibilidad solo era una posibilidad, ¿quizás si lograse evitar la completa transformación en warg, quizás si ella aceptaba quedarse con él? Preguntas y más preguntas, sin ninguna respuesta por los momentos. Quizás tampoco nunca hubiese una respuesta.
No fue difícil ni fácil, simplemente se adaptó, lo aceptó y se sentía feliz por la decisión que había tomado, enamorarse libremente de ella. Aunque según lo que decían sus instructores, él no podía enamorarse. Igual sucedió.
Igual que inesperadamente y sin planearlo, sucedió lo del bebé.
Sucedió, aunque él nunca se imaginó que podría pasar porque hasta los momentos todo se resumía a sueños y posibilidades, los sueños y esperanzas que él tenia con Rose. Sueños que él se negaba con todas sus fuerzas dejar ir pero que al parecer estaban destinados a perderse.
Pero ahora, el bebé no era ninguna posibilidad ni ningún sueño imposible, era real y Scorpius no tenía como responder a eso. Si tenia poco que ofrecerle a Rose, con su hijo eso se reducía a casi nada y eso dolía, le dolía en el alma, dolía mas que cualquier cosa que le hubiese sucedido en su vida. Y aun cuando no hubiesen pasado ni tres horas desde que se había enterado de que iba a ser padre, Scorpius sentía como el mundo se hundía a sus pies, porque él quería con todas sus fuerzas poder responder como hombre, como humano, encargarse de su mujer y su hijo, cuidar de ellos, y no sabia como rayos iba a hacerlo.
Scorpius Malfoy fue…un niño mañoso, un jovencito rebelde, un adolescente problemático y desde hacia poco tiempo un hombre joven bastante impetuoso. Se cubría con capas de irreverencia y desparpajo, era alegre, juguetón, poseedor de un cinismo que salía de lo mas profundo de su interior por culpa del cuento de horror que era su existencia, perfectamente capaz de burlarse de si mismo y de su tragedia. En apariencia seguro de si mismo pero en el fondo muerto de miedo, temor por él y pánico por ella. Siempre impulsado a llevarse la vida por delante antes de que esta le pasara factura convirtiéndolo en un animal. Experimentarlo rápido, peligroso y excitante antes de que la fiesta acabase era su lema. Siempre corrió contra el tiempo, en una carrera loca y demencial para vivir lo que ya nunca mas viviría como humano y cuando conoció a Rose lo único que quiso fue congelar el momento…para siempre.
En apariencia superficial y alocado, Scorpius, en su interior, debido también a las penosas experiencias que había tenido, poseía la madurez necesaria como para analizar sus problemas desde todos los ángulos posibles y hacerlo con inteligencia. Como bien decía Rose, que había aprendido a escarbar en esa complicada personalidad con una facilidad que lo dejaba pasmado, Scorpius Malfoy era el chico poco serio que siempre pensaba en serio. Ella lo conocía, ella confiaba en él y Scorpius estaba asombrado, porque jamás pensó ser merecedor de tal confianza. Él aprendió que parte del asunto de enamorarse era confiar ciegamente en la otra persona. Temía fallarle y al parecer, estaba haciéndolo. No estaba acostumbrado a las decisiones difíciles ¿Que decirle a Rose? Mejor dicho ¿Cómo decírselo? Porque en realidad, nadie sabia a ciencia cierta si podría lograrlo o no, fundir su parte warg con su conciencia humana.
Aun cuando el panorama se avizoraba borrascoso. Scorpius estaba decidido a no dejarse vencer fácilmente.
Aun tenía una oportunidad, escasa…minúscula…improbable…casi imposible…pero la tenia y se aferraria a ella hasta con los dientes si era necesario. Rose y ahora el bebé eran razón suficiente. Tenía una familia, ahora si tenía una familia, no la parodia de él con sus padres. Ahora mas que nunca debía poner todo su esfuerzo en lograrlo. Él quería estar al lado de ese niño, quería verlo crecer, quería estar junto a ella, quería tantas cosas que ya ni se molestaba en pensarlo, lo quería todo y todo era lo que supuestamente no podía tener.
En el fondo nunca estuvo conforme y no iba a hacerlo precisamente ahora. Buscaría la solución, removería cielo y tierra, pero el jodido destino no le iba a arrebatar a su familia.
¡Maldita sea! Scorpius pateó un cubo de basura derramando todo su apestoso interior en medio de la calle, un transeúnte intentó detenerlo y reclamarle, pero su rostro estaba amarrado en una expresión tan furiosa que al final nadie se atrevió a enfrentarlo.
¡Maldita sea mi suerte! ¡Mi destino! ¡Mi vida! No voy a perderlo todo…..nunca , jamás…Voy a hacerlo…como sea voy a hacerlo.
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-Así que fue una mentira- Draco estaba de pie apoyado en una pared de la oficina de Harry Potter en el Ministerio de Magia- de todas las cosas que hubiese pensado alguna vez de ti Hermione, que fueses una embustera de marca mayor no estaba en la lista.
Hermione se estremeció, pero se mordió la lengua para contestar. Estaba sentada en una silla, bien alejada de él, poniendo distancia, esa que debía mantener para no traicionarse y perder los papeles. ¡Maldito Draco Malfoy que siempre terminas complicando mi vida! Mentirosa, la llamaba mentirosa cuando él tenia un buen saco de cosas ocultas que nunca jamás le había dicho. En todo caso, eran un par de buenos mentirosos.
-Oh…en realidad no es así- dijo Draco entornando los ojos- no es la primera vez que me mientes o que le mientes a alguien. Hace veinte años me lanzaste en la cara que me odiabas con todas tus fuerzas, firmaste un divorcio porque supuestamente me detestabas, te casaste con otro y ohhh…..sorpresa…resulta que todavía estabas enamorada de mí cuando te uniste a Weasley. Lo bueno es que al parecer yo no fui el único imbécil engañado.
-¿Acaso tú nunca me has mentido a mi?- dijo ella con firmeza- lo hiciste todo el tiempo…aun lo haces.
-No te miento, simplemente te oculto cosas para protegerte- dijo él- no es lo mismo.
Hermione siempre pensaba que aun divorciados y con otras familias, Draco Malfoy y ella siempre se las arreglaban para que sus discusiones pareciesen una pelea de enamorados. Después de tanto tiempo, ninguno de los dos había abandonado ese viejo hábito. También era cierto que después de tanto tiempo, por lo menos uno de los dos seguía enamorado.
-No vine para que me insultases- dijo Hermione levantándose de la silla, tomando su bolso para retirarse del lugar.
-Es cierto, no fue por eso que te pedí que vinieses. Siéntate por favor- dijo Draco, sin embargo no se disculpó de sus palabras. Ella se merecía eso y mucho más.
Había ido ahí de mala gana, en medio de la noche y tratando de pasar desapercibido para no enredar las cosas mas de lo que estaban, lo seguían, no era tonto, sabia que lo seguían y no estaba del todo seguro de haber logrado dar el esquinazo, se arriesgó a ir a verla, lo hizo porque era importante, igual no le provocaba ver a Hermione embarazada de otro hombre, eso era seguro, pero había retrasado demasiado esa conversación y no era algo para hablarlo por teléfono o por carta. Y para su sorpresa, ella no estaba para nada embarazada y de hecho nunca lo había estado. Cuando debió haberse alegrado el hecho…fue consternación lo que sintió. Ella lo había tomado por idiota mintiéndole descaradamente.
La furia que lo embargó fue contenida a duras penas, finalmente, como siempre, logró ocultarla, después de todo, Draco Malfoy era conocido por conservar su cara de poker ante cualquier situación, pero la palidez que tenia su rostro y sus labios fruncidos lo delataban ante ella, que lo conocía mejor que nadie, además del detalle que estaba mas cínico que nunca…si es que eso era posible.
Hermione temía su reacción, ella sabia que él no se atrevería a ponerle una mano encima, ya la etapa de la confrontación física la habían dejado de lado hace años. Ya no eran ningunos adolescentes, no tenían porque lanzarse uno al otro maldiciones y cualquier hechizo potencialmente peligroso para pelearse, estando casados usualmente esa confrontación terminaba en una cama, pero de todas formas era una tortura. Por eso fue que lo dejó, ella temió que terminasen matándose…de hecho, esa posibilidad, por la mirada furibunda que le dirigía Draco en ese momento, todavía estaba latente, por algo existían los crímenes pasionales y "apasionado" era el segundo nombre de Draco. Se odiaron y se quisieron con la misma intensidad…ese siempre fue el problema. Se suponía ahora que los dos eran personas maduras, pero en donde hubo fuego siempre quedarían cenizas. Y ellos dos siempre habían deambulado demasiado cerca de las llamas. Aun así Hermione no le temía a la violencia física de Draco Malfoy sino a su lengua, a esa maldita lengua viperina capaz de escupir cualquier cosa que ella recordaría por años y años, atormentándose a si misma rememorando cada maldita palabra que saliese de su boca.
-Tuve que hacerlo, jamás lo entenderías- dijo Hermione meneando la cabeza de un lado a otro. Justificarse con él no estaba en sus planes, pero de alguna forma ella se sentía avergonzada por su comportamiento tan inmaduro mintiéndole de esa forma. Él estaba cabreado con ella y con razón.
-Eso que hiciste fue detestable, un simple NO hubiese bastado- dijo Draco desdeñosamente. Miro a su ex – mujer y ya no sintió ni siquiera rabia….ni amor tampoco….mas bien nostalgia. Él estaba seguro de que la seguía queriendo, pero darse cuenta de lo manipuladora que podía ser Hermione, incluso más que él mismo, lo había, digamos decepcionado un poco. Draco estaba acostumbrado a no esperar mucho de las otras personas, pero siempre había esperado demasiado de Hermione. Estaba furioso porque ella no había correspondido a sus expectativas, pero después de todo ¿La conocía realmente? ¿Quién era él para juzgar a Hermione Granger? Al final y al cabo, ellos solo habían interactuado cercanamente dos años y habían transcurrido más de veinte desde aquello. Ella hacia milenios que no era su esposa.
La gente piensa erróneamente todo el tiempo que la gente no cambia con el tiempo, cuando en realidad si lo hacen, Draco tampoco era el mismo hombre que se enamoró de ella, aunque a veces le gustaba pensar que todavía lo seguía siendo, aquel muchacho idealista y enamorado que se enfrentó a su familia, que abandonó todo por ella, no el cínico en el que se había convertido últimamente. La Hermione de su cabeza, la que él quiso, la que había sido su mujer, no necesariamente era la Hermione del presente. Quizás el problema era ese, que él arrastraba todo un cargamento de sentimientos hacia ella de los cuales nunca había podido deshacerse completamente, que lo hacían mirar todo desde una óptica poco imparcial, eso era como una especie de maldición personal.
-Tú nunca aceptaste un NO como respuesta, te lo pedí de cualquier forma posible…pero no me hacías caso- dijo Hermione.
-Tú nunca pusiste verdadero empeño en eso querida, yo olía tu deseo, tu necesidad de mi, lo hacia y aun lo hago, pero supongo que ya no me importa- dijo Draco bruscamente- yo no puedo perdonar lo que me has hecho, no te odio, de hecho te sigo queriendo de alguna manera, pero que me mientas es inaceptable.
Hermione lo miró y asintió, él era así, incapaz de perdonar una ofensa inmediatamente, demasiado orgulloso para dejarlo pasar, pero al mismo tiempo ella sabia que con el tiempo, esa herida sanaría, no completamente, pero él se reinventaría y lo olvidaría, si no lo hacia, por lo menos le disminuiría la importancia. Con la cabeza fría, Draco Malfoy ponía cada cosa en su lugar. Por lo menos con respecto a ella funcionaba así, Draco Malfoy no era el tipo de hombre de estar regodeándose en el dolor eternamente…era demasiado practico para eso. Para ejemplo un botón: él se había casado menos de un año de haberse divorciado con ella y por lo que sabía mantenía un montón de amantes. Le juraba amor mientras se acostaba con otra…en este caso, con otras. Engañaba a su esposa sin ningún tipo de remordimiento, Astoria Greengrass también… no se amaron nunca y eso le parecía a Hermione muy triste, un matrimonio sin ningún tipo de amor. Típico de él, detestable pero al mismo tiempo su forma de afrontar sus perdidas. Y ella agradecía esa capacidad de él de reconstruirse completamente. La odiaba pero al mismo tiempo le quitaba un peso de encima.
-Draco, no creo que me hayas llamado simplemente para reclamarme que te mintiese por lo de mi embarazo- dijo Hermione.
-Supuesto embarazo- replicó él.
-¿Qué quieres de mí?- preguntó ella- te di la lista, tú me has ofrecido protección, teníamos un trato y lo estoy manteniendo, ¿que es lo que sucede?
-Tendría que habértelo dicho hace meses- dijo Draco- pero pensé que …en fin…pensé que en tú supuesto estado no seria bueno que tuviésemos una pelea.
-¿Por qué habría yo de pelear contigo otra vez? No me gusta ni nunca me ha gustado- dijo Hermione incomoda.
-¿Weasley sabe que estás aquí conmigo?- preguntó Draco cambiando totalmente el rumbo de la conversación, en el fondo solo lo hizo para incomodarla.
-Lo sabe…me está esperando en la antesala con Harry- dijo Hermione.
-Perfecto, así va a oírte gritar pidiéndome que te folle una y otra vez- dijo Draco provocándola- ¿Dónde te gustaría hacerlo querida? En el piso, sobre el escritorio de Potter o contra la pared. Si recuerdo bien, a ti no te importaba mucho en donde fuese.
Un completo bastardo la mayoría de las veces, ese era Draco Malfoy, Hermione resopló, siempre la terminaba sacando de quicio.
-No digas estupideces Draco- contestó ella airada- eso es algo que no va a suceder. Yo no quiero…y lo más importante, estoy segura de que acostarte conmigo es lo último que deseas en este momento, solo lo dices para molestarme.
-Es cierto…de verdad….ya ni me provoca- esta vez Draco dijo la verdad, follar con ella era lo ultimo que tenia en mente, contrario a lo habitual en otras ocasiones, estar furioso en ese momento con Hermione le había alejado a años luz la lujuria. Quizás se estaba haciendo viejo, no lo sabía y maldita sea si le importaba justo ahora.
-No se que ganas tratando de enfurecerme- contestó ella-es una absoluta perdida de tiempo y tiempo es lo que no tenemos. No pueden verte aquí con nosotros en el ministerio.
-Nadie sabe que estamos aquí, fui cuidadoso con eso- respondió Draco.
-Aun así…está reunión es de lo mas inconveniente a estas alturas- contestó ella secamente.
Hermione estaba tratando de ser lógica, de comportarse fríamente, después de todo alguien tenia que conservar la calma, porque Draco parecía una bomba a punto de estallar, esa expresión dura e inexpugnable en su cara, engañaría a cualquiera menos a ella. Él estaba furioso.
-¿Weasley no va a golpearme?- preguntó él siguiendo con el tema- no va a molerme a puñetazos por intentar alguna vez que su mujer lo engañase…mejor dicho lo dejase.
-No lo hará porque confía completamente en mí- respondió ella.
-Que ilusos somos los hombres al confiar ciegamente en una mujer- contestó Draco mordazmente- mejor dicho, que idiota he sido yo en confiar en ti, es mas, pobre del imbécil de Weasley que todavía confía en ti…
Hermione hizo caso omiso a lo que pretendía ser un comentario insultante. No iba a dejarse amilanar por los mordiscos de una serpiente herida. Parte del juego con Draco era dejarlo hablar, desahogarse, para que sacase todo el veneno dentro de si y volviese a ser una persona racional…o medianamente racional. La contradicción hecha hombre, Draco era frío como el hielo cuando lo ameritaba y cuando se enfurecía prácticamente ardía en combustión espontánea, aunque por lo que sabia esa faceta solo se la mostraba a ella…y a su propio hijo.
-No estoy dispuesta a que me sigas insultando – dijo Hermione clavándole los ojos con furia- Si no puedes respetarme porque fui algún día tu esposa al menos hazlo porque soy una dama.
Draco gruñó disgustado con si mismo por su falta de todo y asintió con la cabeza. El punto de Hermione lo había puesto en su sitio, apelando a una condición que estaba más que clara para él. Era cierto, ella era una dama, le debía respeto aunque él estuviese molesto y evidentemente, ella había sido su mujer, Hermione alguna vez había sido la señora de Draco Malfoy, escogida por él para ser su esposa encima de las demás, enaltecida y honrada. Y los Malfoy's , por muy hijos de puta que fuesen, jamás, nunca ofendían a sus mujeres…ni siquiera a las ex – mujeres que los abandonaban por ser precisamente eso…unos verdaderos hijos de puta.
-En fin…señora, la he citado porque tengo que decirte dos cosas- todavía estaba furioso, ella podía sentirlo.
-Te escucho- contestó Hermione.
-Primero que todo- esta vez Draco se acercó hasta ella y se inclinó hasta situar sus rostros cerca, Hermione no le rehúyo la mirada, los ojos de él estaba mas gélidos que nunca, intentaba intimidarla y ella no le daría el gusto- Se que tú hija es un Walpurgis, vi su marca ¿Por qué diablos no me lo dijiste cuando nació?
Hermione abrió los ojos como platos, enseguida sus manos empezaron a temblar. De todas las cosas que se habría imaginado que le diría, esa no la había visto venir ni en sueños. Ella le había mentido con toda la razón del mundo, quería proteger a Rose, quería protegerse a si misma, quería alejar a su familia de la influencia de Draco Malfoy y sobre todo ocultarla de algo que ella no entendía a cabalidad todavía, el asunto de los caballeros de Walpurgis, esa orden secreta que siempre pareció ser lo mas importante en la vida de Draco Malfoy.
-Ya veo el transfondo de todo esta peroata tuya sobre las mentiras…después de todo no era tu supuesto orgullo herido lo que te indignaba…era lo otro. Debí haberlo sabido desde el principio- exclamó Hermione disgustada, Draco hizo una mueca.
-Yo no tengo orgullo desde hace veinte años Hermione, tú acabaste con él, lo has pisoteado tantas veces que he perdido la cuenta. Eso fue lo que único que gane enamorándome de ti- respondió él.
Eso sin duda, había sido la frase de la noche. Ella suspiró y él rió amargamente.
-Siempre tienes una palabra para todo- dijo ella con tristeza- casi siempre utilizas la que mas pueda herirme.
-Si…ese siempre fue el problema- dijo Draco resignado ante la verdad absoluta- tú y yo nunca encontramos otra forma de querernos sino hiriéndonos uno al otro. Trágico…pero cierto.
- Pues si…Draco…te mentí….si…lo hice…a consciencia y no estoy nada arrepentida por ello. Es mi hija- dijo Hermione con vehemencia
-¿Por qué me la ocultaste?- volvió a preguntar Draco. Él no era insensible, la entendía de alguna forma, Draco era de los que estaba dispuesto a matar por proteger a su propio hizo, pero también se le hacia inadmisible que ella le hubiese mentido sobre un asunto de vital importancia para él.
-Creo que debes entender que para mi fue lo mas lógico- dijo Hermione- no te quería cerca de mi familia y no quería exponer a Rose a eso….
-Aquello que llamas despectivamente "eso" es la orden de Walpurgis… el arca del conocimiento mágico en este mundo, el legado, la razón por la cual somos lo que somos- dijo Draco con impaciencia. Ella nunca lo entendería, eso era un hecho- es un honor, que los dioses hayan escogido a tu hija.
-No voy a escuchar todo tu discurso pseudoreligioso de nuevo- esta vez Hermione lo atravesó con la mirada- Draco estamos en pleno siglo XXI, no en la Edad Media. Tus Walpurgis y tu religión son simplemente un mito, historia pasada y pisada.
-No somos un mito y la historia se escribe con el presente…tampoco somos una religión o algo así- Draco se levantó y se alejó de ella- jamás pensé que me veías como un fanático, pensé que me creías que habías visto lo que ese poder puede hacer.
-Respeto tus creencias, estoy consciente de que, por razones que desconozco, eres uno de los magos más talentosos en todas las clases de magia, incluyendo las artes oscuras- concedió Hermione- pero no estoy dispuesta a sacrificar a mi hija en aras de esa maldita leyenda que tú te empeñas en mantener viva. Además en todos mis años de estudio en la universidad, no encontré jamás una mención, alguna referencia, un libro que me asegurara que era cierto, que de verdad existieron y no fue la invención de un montón de magos lunáticos.
-No somos un invento, existimos, desde hace siglos, lo sabes, yo te lo conté cuando nos casamos, honré mi matrimonio contigo y te dije quien era, sin faltar a mi palabra contigo y a mis deberes como Caballero de Walpurgis. Son otros los verdaderos lunáticos en este asunto, pretenden actuar en nuestro nombre, corromper nuestra misión, poner en peligro el orden natural en este mundo – dijo Draco- pero es cierto lo que dices, no te juzgo, para una persona tan analítica y racional como tú debe ser difícil aceptarlo, jamás encontraste nada porque no había nada que encontrar.
-Jamás me mostraste algún documento, alguna cosa, algo para que yo pudiese convencerme, creerte- dijo Hermione.
-No debía hacerlo, está prohibido- dijo Draco- ni siquiera el amor o el hecho de que fueras mi mujer era razón suficiente para rebelarte todas esas cosas. No quería romper las reglas. Nuestro saber es antiguo y secreto. Se transmite de generación en generación entre unos pocos elegidos. Tú hija es un ser humano especial.
-¿Cómo lo supiste?- preguntó Hermione- ¿Cómo supiste que era Rose?
-Tenemos manera de saberlo- dijo Draco- pero no te preocupes…no pretendo hacer de tu hija un Walpurgis, no por ahora al menos. Ella estará segura a tu lado.
-Gracias, se lo que significa para ti…sabia que no podía ocultártelo para siempre, estaba ganando algo de tiempo para cuando Rose fuese mayor- Hermione bajó la cara y dio un suspiro de alivio.
-Tu hija es una mujer…es joven, cierto…pero ya no es ninguna niña. He decidido que ella sea entrenada de una manera diferente- dijo Draco-. No será la manera usual, ni siquiera se si funcionará pero creo que eso nos acomoda a las dos. Mi maestra seria la opción mas lógica, pero para mi no es la indicada. No la quiero cerca, no quiero agraviarte más de lo que lo he hecho….existe demasiado rencor entre nosotras
-Entiendo entonces que no la entrenaras personalmente- contestó Hermione aliviada. Él lo notó enseguida y eso le indujo a pensar que estaba actuando correctamente.
-No lo haré…ni ahora…ni nunca- dijo Draco- si tú…si tú me hubieses informado desde el mismo momento que nació…hubiésemos llegado a un acuerdo.
-No te iba a dar a mi hija siendo un bebé para que la educaras lejos de su familia- dijo Hermione- eso es inaceptable. Y por favor no te hagas el ofendido ¿Porque diablos siempre tuerces todo de tal forma que siempre siento que te debo algo?
-¿Me debes algo Hermione?- Draco la fulminó con la mirada.
-De ninguna forma te iba a ofrecer a Rose en bandeja- dijo Hermione evitando meterse en mas aguas turbulentas con Draco. Era cierto, ella aun le debía algo a Draco Malfoy, una verdad que jamás le diría, la existencia de un niño que nunca llegó a nacer, el hijo de ambos.
-Las cosas no suceden así como piensas, yo mismo fui iniciado a los quince años, y no sufrí ningún daño…por lo menos ningún daño permanente. Como te digo, tú y yo hubiésemos alcanzado un acuerdo- dijo Draco- Jamás se me hubiese pasado por la cabeza alejarla de ti, nunca, es tu hija, es tu sangre, pero es un Walpurgis y yo soy su maestro, también tengo derecho sobre ella. Si te tranquiliza para algo, esa chica ha sido ofrecida a mí para que vele por ella, para protegerla, no para dañarla como tú piensas.
-Rose…Rose es especial de una manera que nunca entenderías Draco, ella es muy inteligente, también es tranquila, paciente, es una niña cariñosa, dulce- dijo Hermione, a Draco lo conmovió la mirada de ella, preocupación por su hija, cariño, amor- ella…ella no es la clase de persona que podría superar esa especie de entrenamiento suicida que tú sufriste. No tiene ese carácter, Rose tiene fortaleza interior, es cierto, pero al mismo tiempo es delicada, frágil, está destinada a otras cosas, heredó mi amor por los libros, ella quiere ser escritora…sabes….yo quería que fuese abogada, pero ella odia los enfrentamientos, quiere ser escritora, estoy segura de no quiere ser una maldita heroína y es demasiado racional para meterse en una secta.
-Nosotros no somos ninguna secta- dijo Draco impaciente- y ser un Walpurgis conlleva entrega y sacrificio, pero nosotros también tenemos trabajos, ocupaciones, familia. No le estoy coartando llevar una vida medianamente normal.
-Ella no es Harry, no es Ron…no soy yo….y ciertamente no es como tú- dijo Hermione- y no quiero que lo sea. Fue difícil todo eso lo que enfrentamos…todos nosotros en esa maldita guerra. Yo quiero que Rose viva una vida tranquila.
-Quizás sea cierto lo que dices, después de todo quien mejor que tú que eres su madre para conocerla- concedió Draco- pero ningún Walpurgis es igual a otro, quizás su inteligencia o su paciencia sea lo que la orden requiera en estos momentos…en algún momento. No lo se. No apostaría nada. Convertirte en un Walpurgis también cambia cosas dentro de ti, pero nunca para mal. Yo era un imbécil declarado, lo sabes, me conoces desde que tenia once años, pero la orden me transformó en otra persona y sin dudarlo un segundo, pienso que me hizo menos imbécil.
-No estoy segura de que seas menos imbécil, de hecho en estos momentos parece todo lo contrario, lo que si es cierto es que te has convertido en un hombre duro Draco- ella levantó su mirada y de nuevo la confronto con él- radical…mas de lo que eras cuando te conocí.
-Mucho agua ha corrido por ese río Hermione y no…no ha sido fácil- dijo Draco meneando la cabeza de un lado a otro, entre el montón de problemas que tenia, la guerra, los nuevos Walpurgis, la hija de Hermione y el asunto de Scorpius, sentía que su cabeza iba a estallar, si era duro, inflexible e implacable, estaba totalmente justificado, ahora menos que nunca debía ser débil o dejarse arrastrar por sentimentalismos- ciertamente no ha sido nada fácil, pero no estamos hablando de mi, ni de ti…estamos hablando de tu hija.
-Estoy preocupada por ti- dijo Hermione en un susurro- muy ….preocupada.
-Hermione, yo se que estas preocupada por mi, se te nota a leguas, no somos esposos, no somos amantes, pero somos algo parecido a amigos…unos amigos disfuncionales- Hermione asintió-esta vez estoy arriesgándolo todo- dijo Draco mirando una ventana encantada en donde se apreciaba la luna llena brillando en todo su esplendor en lo alto del cielo, visión imposible desde todo punto de vista ya que el ministerio estaba ubicado debajo de Londres- pero es lo que corresponde, es mi deber.
-Últimamente eres muy consciente de tus responsabilidades- dijo Hermione.
-Siempre he sido consciente de mis responsabilidades- dijo Draco- pero siempre pase la mitad de mi vida huyendo de ellas. Pero no importa, no tiene caso correr, ellas siempre te encuentran.
-¿Qué significa para ti ser un Walpurgis?- preguntó Hermione.
-Es todo…es lo único que me queda…es lo que da significado a mi existencia- dijo Draco girándose y mirándola fijamente.
-Nunca te lo dije, pero siempre me ha parecido que eres uno de los hombres más valientes que he conocido- dijo ella con convicción. Era la verdad, la más pura verdad, Draco podía tener mil y uno defectos, pero ser un cobarde no era uno de ellos. Y ella admiraba eso de él. .
-No es cierto, si yo fuese un hombre valiente, tú serias mi mujer en este momento- dijo Draco- no de Weasley, no de nadie, sino mía.
-Lo pasado en el pasado quedó Draco- dijo Hermione- Yo también fui una cobarde, debí luchar contra todo, incluso contra ti mismo para que funcionase y no lo hice por orgullo y por miedo.
-Tú lo has dicho, ya no existe- contestó Draco, extrañamente estaba aliviado, sentía que había superado una etapa en su vida. La seguiría queriendo…pero sin ninguna expectativa. Era liberador de alguna forma.
-¿Qué es lo que quieres con Rose?- preguntó Hermione.
-Cuando yo muera, ella será la heredera del legado de los Walpurgis- dijo Draco- todo el conocimiento llegará a ella, confío en que haya heredado tu genialidad Hermione, porque va a hacerle falta, no la entrenaré, pero ella sabrá todo lo que debe saber. Tiene que hacerlo. Se enterará de quien es a su debido momento, antes de ninguna manera, tu hija sabrá que es un Walpurgis en el momento en que yo deje de respirar. Requerirá de años de estudio y autodisciplina, pero es la única forma en que va a suceder. Mientras tanto, se irá contigo cuando esta guerra estalle, confío en que estará protegida a tu lado, al lado de su padre, de su familia, yo te daré un sobre sellado con un encantamiento que lo hará abrirse develándole su contenido exclusivamente a ella en el caso de que yo muera.
-¿Qué pasa si ella no quiere?- preguntó Hermione. No quiso adentrarse en la posibilidad que él muriese pronto. Draco tenía que estar hablando de un futuro muy lejano…lejano en el tiempo. Aunque ciertamente, la guerra que se avecinaba colocaba la guadaña sobre sus cabezas de nuevo, pero no, ella se negaba a contemplar la posibilidad de que él muriese, de que todos aquellos que ella quería desaparecieran.
-No tiene elección, es inevitable- dijo Draco sin aclarar nada mas, Rose Weasley no tendría elección, su propia naturaleza Walpurgis, esa que estaba aflorando en ella con sus sueños, la empujaría finalmente a tomar la decisión. Tarde o temprano.
-Aceptaré tu propuesta- dijo Hermione-pero solo si….estás dispuesto a que yo comparta la información. Quiero ser testigo de primera mano en lo que mi hija va a meterse.
-Eso fue lo que pensé que dirías, de hecho estaba previsto. Esta vez, si voy a saltarme las reglas y lo estoy haciendo por ti - contestó Draco- te estoy concediendo un honor Hermione Granger, conocerás cosas que pocos magos llegan a saber en su vida. Y lo estoy haciendo mas allá de cualquier implicación romántica entre tú y yo, lo estoy haciendo porque se lo que vales, quien eres, tus capacidades, eres una de las mujeres mas inteligentes que he conocido y una bruja con un talento sin igual. Quien mejor para guiarla que tú, aunque no seas una Walpurgis. Eres la única que confío para eso…para que ese poder no la agobie, para que aprenda a ser buen uso de este, solo tú y en todo caso Potter, quien se enterará por mi boca de todo lo necesario sobre ese asunto pronto. Solo que te pido por favor, no vuelvas a mentirme en nada de lo que concierte a la chica. El vinculo entre el maestro y el discípulo es fuerte, ten en cuenta de que lo que me ocultes yo lo sabré de todas formas.
-¿Cómo puede ser eso posible?- preguntó Hermione al mismo tiempo que intrigada, alarmada por la afirmación.
-Como te dije tengo mis formas- contestó Draco evasivo. Jamás le diría lo de la conexión mental, aun para él era difícil digerir ese detalle.
-Me preocupa su reacción al saberlo, sus preguntas…mis razones para ocultarla de ti, me inquieta que ella llegue a saber alguna vez que tú y yo…- Hermione se interrumpió.
-Tu hija nos vio besándonos esa vez hace unos meses en el callejón Diagon- soltó Draco de improviso.
-¡¿Quee?- Hermione se levantó- ¿Por qué no me lo dijiste?- ella empezó a caminar de un lado a otro por la habitación, ahora si estaba alarmada. Rose…Rose la había visto. A ella besando a Draco. ¡Oh dioses! …Hermione empezó a conectar detalles, gestos, palabras o falta de estas, ahora lo entendía todo, comprendía porque su hija estaba rara desde hacia unos meses, porque ya no iba a casa en los fines de semana libres y porque sus cartas, anteriormente llena de detalles de su vida escolar, ahora eran escuetas, con las frases justas y necesarias, mas bien formales. Hermione había pensado que quizás Rose estaba contrariada porque ella no estaba de acuerdo con la elección de carrera en la universidad, pero al parecer lo que sucedía, era que Rose la había visto engañando a su padre con otro hombre.
Hermione se apoyó con ambas manos en el escritorio de Harry y bajó la cabeza, estaba a punto de llorar. Le dolía el pecho horriblemente, estaba consternada ¿Por qué diablos fue tan débil y se atrevió a besarlo? ¿Por qué?
-Ella me odia- fue la conclusión de Hermione para si misma, luego se dirigió a Draco- ¿Cómo sabes eso?
-Me la encontré en la fiesta de Hallowen que se hizo en Hogwarts, antes de que me lo preguntes, mi presencia allí se debió a una casualidad- dijo Draco- digamos que estaba pasando una situación embarazosa y la saque del atolladero. Empezamos hablar y de pronto, ella me lo lanzó en la cara…
-La conociste….te atreviste a buscarla ¿con que derecho? – preguntó Hermione.
-El derecho que tengo es incuestionable, pero no, ¡NO fui a buscarla Hermione! Yo acompañaba a Felicia Zabinni , la madre de Blaise, que era la chaperona a esa fiesta, tu hija nos recibió en la entrada- dijo Draco.
Hermione estaba frenética caminando de un lado a otro. Jamás en su vida había estado tan asustada o tan arrepentida de lo que había hecho. ¡Por Merlín! Había estado a punto de destruir su familia.
-Yo lo negué…por supuesto, no te conviene a ti, no me conviene a ti, pero creo que no me creyó, efectivamente heredó tu inteligencia Hermione.
-¡Dios mío!- Hermione todavía estaba sorprendida y consternada- ella no me ha dicho nada.
-Probablemente porque duda….no sabe si lo que vio es verdad o si lo sabe pero no quiere meterse en esa camisa de once varas- dijo Draco-Yo lo negué, aun después de todo Hermione, sigo protegiéndote, aun cuando yo no te intereso en lo mas mínimo. A veces me sorprenden las cosas que hago por ti.
-No seas imbécil Draco- dijo Hermione- por supuesto que me preocupo por ti, siempre he tratado de ser tu amiga. Fuimos un desastre como marido y mujer, es cierto, separarnos fue la mejor decisión que tomamos en nuestras vidas, para bien o para mal, pero yo siempre te he tenido afecto…te he querido, te he respetado.
-Y yo he apreciado tu amistad- dijo Draco- pero siempre desee otra cosa. Lo bueno es que al parecer estoy aceptando que nunca va a suceder.
Hermione iba a protestar pero él la calló
- Perdóname todo lo que te dicho, no ha sido la manera, pero lograste enfurecerme…como siempre. No te preocupes es la ultima vez que tocamos ese tema.
- Eso espero-contestó Hermione.
- Yo puedo apreciar mucho a una mujer pero sobre todas las cosas, detesto que me mientan y tú Hermione, no vas a ser la excepción a esa regla, me has mentido de todas las maneras posibles…puedo perdonarte…pero no olvidarlo. En cuanto a mi, lo que tuvimos, queda en el pasado, muerto y enterrado definitivamente. Creo que tú estarás mas tranquila con eso…no volveré a buscarte de esa forma…te lo juro.
Hermione no le quitó los ojos de encima. Oírlo finalmente la llenaba de alivio, era cierto, pero en el fondo, ella sentía rabia, mucha rabia, por el destino que les había tocado vivir. Ella amaba a Ron, pero alguna parte de su corazón siempre estaría en manos de Draco Malfoy, y era esa parte, la que estaba sufriendo con esa declaración
-Espero que sepas manejar con cuidado el asunto con tu hija- dijo Draco- No deseo que me odie o me rechace, aun cuando no voy a entrenarla personalmente, reconcomios entre alumno y maestro pueden ser un verdadero dolor de cabeza.
-¿Que diablos voy a decirle a Rose?- se dijo Hermione mas para ella que para él- como voy a explicarle que tú y yo.
-Para variar cuéntale la verdad- dijo Draco abriendo la puerta para retirarse- eso siempre es un buen comienzo.
Dicho esto cerró la puerta con un portazo. No se despidió, por lo cual Hermione dedujo que eso…no era el adiós definitivo.
0o0
Eran las tres de la mañana cuando Scorpius decidió volver al departamento, estuvo tentado a ir a la comisaría de policía, ya sea mágica o muggle, para reportar la desaparición de Rose, hasta que se dio cuenta de que técnicamente ella no había desaparecido sino que mas bien lo había abandonado…literalmente.
Al entrar en la sala, vio que Walter estaba cómodamente sentado en el sofá con el control del televisor en su mano, haciendo zapping. Ambos se miraron por un instante, Scorpius caminó hasta el sofá y se sentó.
-Antes que nada, Rose está durmiendo en mi habitación- dijo Walter mientras seguía pasando los canales a ritmo frenético. Ni siquiera lo miró, lo dijo rápidamente antes de cualquier cosa, olía las feromonas que despedía Scorpius y sabia que estaba preocupado.
-Y porque diablos no me llamaste, me he vuelto loco buscándola, fui hasta la oficina de trasladores internacionales siguiéndola….ella me dijo que se iba a Hogwarts- contestó Scorpius furioso pero al mismo tiempo aliviado
-¿Y no se te ocurrió pensar que a esta hora de la noche es imposible tomar un traslador a Escocia porque el departamento de asuntos exteriores está cerrado?- exclamó Walter-No se que fue lo que pasó ni estoy tan seguro de querer saberlo, pero sea lo que sea, metiste la pata hasta el fondo Malfoy.
-No me lo recuerdes- Scorpius gruñó de frustración- he sido el peor idiota de todos…de toda la historia. ¿Cómo está?
-Dormida o eso creo…es tarde ya- dijo Walter encogiéndose de hombros- ella llegó, abrió el refrigerador, se tomó un vaso con leche como cena, fue al baño, se duchó, luego entró a tu habitación, salió con una maleta, miró el reloj y luego de pensarlo un rato me pidió el favor de dormir en mi habitación por esta noche…..No pregunté nada, se veía llorosa y cansada. ¿Que le dijeron en el hospital? ¿Está enferma?
-Apartando el hecho de que esta resfriada, de paso está embarazada- soltó de pronto Scorpius.
Walter apretó el botón de off del control y la pantalla se apagó dejándolos en la oscuridad.
Los ojos de Walter resplandecían en la penumbra, tal cual como los de los animales.
-Supongo que fue accidental…que tú conscientemente no cometerías…eso ..eso…es un total desatino. Tú no pudiste hacerlo…no es lo correcto- Walter se interrumpió.
-No me vengas con esa- dijo Scorpius- se que no es lo correcto, pero tú y yo sabemos que yo podía engendrar un hijo en cualquier momento antes de la transformación.
-Pero también ambos sabíamos que eso seria de lo más detestable- contestó Walter- engendrar a un niño para después tener que abandonarlo.
-No lo planee…de eso puedes estar seguro- dijo Scorpius sintiéndose culpable- no lo hice a propósito Walter, tienes que creerme, yo jamás conscientemente le haría algo así a Rose, no mientras no sepa que va a ser de mi.
-Te creo, ni siquiera tú puedes ser tan jodidamente insensible ¿Qué piensas hacer? – preguntó Walter- es delicado Scorpius….muy delicado…es una situación donde yo no querría estar. No te envidio para nada.
-No se que voy a hacer- dijo Scorpius inclinándose escondiendo la cabeza entre las piernas, respirando por la boca, tratando de despejarse- y por ahora la única persona en quien confío eres tú…si todo sale mal….quiero que tú…que tú hables con ella y le expliques….le hagas entender.
-Eso deberías hacerlo tú- dijo Walter- confíasete de una buena vez por todas y acaba con tu predicamento.
-¡No!…ahora menos que nunca…quiero evitarle la impresión- dijo Scorpius con apremio- si llega a perder el bebé por una noticia así, no me lo voy a perdonar . Si todo sale mal…yo quiero que ella….
-No creo que nada pueda salir peor en todo caso- contestó Walter- bien lobo, ya hiciste de las tuyas, ya tienes lo que querías, a tu mujer y ahora a un hijo. Tengo meses escuchando tus lamentos todo el tiempo, lloriqueando sobre que estarías solo para la eternidad o algo así, que ella era la mujer de tu vida y que te ibas a volver loco si no la tenías a tu lado. No creí de ninguna forma que fuese a suceder, que un crío molesto y malcriado como tú, un indolente prospecto de bestia salvaje llegase a enamorarse en serio, pero al parecer eres una cajita de sorpresas.
-No empieces con el sermón Walter por favor- reclamó Scorpius.
-Es que te digo que no lo hagas, que no te enamores, que vas a sufrir como un perro, en tu caso, como un lobo, que harás sufrir a tu pareja y entonces te lanzas de cabeza al precipicio sin importarte un comino nada de lo que te digo. Como tú mentor te digo que eres el alumno más frustrante que he tenido en cien años. Tienes una habilidad para saltarte las reglas, para torcer tu propio destino que sinceramente me deja abismado, ese egoísmo impulsado por lo que sientes, lo considero tu gran defecto…pero al mismo tiempo es tu gran virtud, sentir como lo haces, profundamente. Amas a tus amigos, amas a tu familia, eres incapaz de darle la espalda a nadie que te importe, ayudas al desvalido y eres el defensor de las causas perdidas. Luces como un bastardo sin corazón pero eres el sujeto más noble que he conocido.
-En serio piensas todo eso de mi- dijo Scorpius meneando la cabeza de un lado a otro incrédulo. Por un momento pensó que Walter le estaba tomando el pelo, pero al ver la solemnidad de su rostro supo lo que decía enserio- si siempre me dices que estoy loco de remate.
-Scorpius, tú aparentas estar loco de remate, pero en el fondo estas mas cuerdo que todos nosotros. La verdad absoluta es que si uno no lo hace por amor…porque más rayos vas a hacerlo. Aunque no deberías sentir amor…lo sientes. Ese don que tienes para rebelarte ante tu destino puede ser tu salvación, ahora te toca resolver todo este enredo. Vas a controlarte, vas lograr salvar tu humanidad, aunque el animal en ti quiera poseerte, yo te ayudare a seguir siendo lo que eres, un jodido estúpido enamorado y la mejor persona que he conocido. Vas a lograrlo, ser como yo, como Bill, como Grayback, bueno mejor no como Grayback, pero por allí va la idea. Antes tenías buenas razones, ahora tienes las mejores.
-Tienes una manera un poco particular de decir algunas cosas. Me insultas pero al mismo tiempo te solidarizas conmigo. - contestó Scorpius, pero una sonrisa tímida afloró en su rostro. De alguna forma Walter lo estaba animando.
-Sabes Scorpius, nunca voy a entender porque no quieres ser un warg- dijo Walter- es incomprensible para mi, no deja de tener sus inconvenientes es cierto, pero yo no puedo concebir vivir otra existencia que no sea la que me corresponde por derecho. Cierto, no deje perder mi esencia humana, pero si me preguntas como me siento mas cómodo, te diré que realmente me gusta ser un cuervo. Ya sabes el asunto ese de volar y esas cosas.
Ambos jóvenes rieron un poco.
-Mi problema no es ser un warg- contestó Scorpius- no es eso, es que no quiero dejar de ser humano. Quiero en todo caso ser ambas cosas…como tú. Gracias por todo lo que estas haciendo por mi Walter.
-Los amigos estamos juntos en las buenas y en las malas- contestó Walter dándole una palmada en la espalda- Y que conste en acta que para mi está es una situación de las verdaderamente malas.
-A ti no te gusta que Rose esté conmigo, lo se - dijo Scorpius con resentimiento- De hecho a veces creo que Rose no te simpatiza.
-Me gusta Rose- dijo Walter sonriendo- me cae bien, ella es especial, el asunto es que no me gustas tú para Rose….por lo obvio.
-Estoy preocupado- dijo Scorpius- de solo pensar…que ese niño nazca y yo…yo no sea capaz de verlo como mi hijo…que sea un monstruo sin sentimientos…que vaya a olvidarla a ella y al niño.
-Un problema a la vez…un problema a la vez. No puedo asegurarte nada, tus miedos están fundamentados, pero lo intentaremos- dijo Walter y Scorpius asintió.
-¿Porque no duermes un rato?- ofreció Walter- vete a tu habitación, yo me quedara en el sofá….mañana saldré temprano y dejare que tú y ella resuelvan el problema a solas.
-He estado pensando, mientras caminaba hacia acá- dijo Scorpius- que debo arreglar algunos papeles respecto a mi dinero.
-¿Qué dinero?- preguntó Walter un poco descolocado. Sabia que los padres de Scorpius eran millonarios, pero Scorpius todavía dependía de su mesada. O al menos eso creia.
-Mi fidecomiso…la herencia de mis abuelos maternos- dijo Scorpius- no tengo control sobre la herencia Malfoy pero desde que cumplí 18 manejo la parte de la herencia Greengrass que me corresponde. Quizás te resulte difícil creerlo amigo, pero estoy forrado de dinero-Walter resopló.
-Desde que te conozco nadas en dinero- contestó Walter- aunque no sea el tuyo.
- Ese era el dinero que mi padre me daba, ahora yo tengo el mío. Esta noche, con lo del bebé y todo eso, he estado pensando que debería ponerlo todo a nombre de Rose y el niño.
-Ella no es tu esposa- dijo Walter- ningún tribunal mágico aceptaría eso…y tú no puedes casarte con ella.
-NO debo casarme con ella….pero de que puedo…puedo- dijo Scorpius con rebeldía.
-Vas a violar todos los tratados con los magos con eso- dijo Walter- no lo hagas, los wargs perderemos todos los privilegios que nos ha costado tanto obtener a través de los siglos. No te cases con ella.
-Quiero casarme con ella- dijo Scorpius –antes no sabia que pensar respecto a eso, ni siquiera me importaba. Pero me entere de lo del niño y quiero casarme con ella.
-Scorpius- dijo Walter- escúchame por Merlín, no sabes en lo que te estas metiendo.
-De todas formas, aun no se lo he preguntado- dijo Scorpius- y solo me casaré con ella si logró transformarme exitosamente en la clase de warg que eres tú.
-Eso sin duda seria un atenuante, no hay precedentes, pero si logras demostrar al consejo que sigues siendo humano, no creo que haya problema, yo te ayudaré también con eso, si realmente casarte con ella es lo que quieres- dijo Walter con alivio- háblame de ese dinero.
-Mi dinero está en moneda muggle, hace dos semanas lo deposité en un banco en Suiza, no preví esto con Rose, mas bien estaba asegurándome de que mi padre no lo rastreara. Ya sabes como es él de controlador, de seguro iba a imponerme un albacea o algo así hasta que terminase la universidad temiendo que lo gastase de fiesta en fiesta o en alguna estupidez- dijo Scorpius.
-Es obvio que tu padre no te conoce para nada- afirmó Walter con expresión pensativa- tú eres el sujeto mas ahorrador que he visto en mi vida. Tienes olfato para las inversiones. Recuerdo que en Dumstrang inventaste una especie de banca paralela, prestándole dinero a la gente urgida de billetes y luego cobrando los intereses. Eso mas que tu bello rostro, era lo que te hacia popular amigo, eras la caja fuerte mas cercana que teníamos.
- Eso es lo único bueno de ser un Malfoy, se instintivamente que hacer con el dinero y como ponerlo a producir- respondió Scorpius- Ya he hecho algunos negocios por allí, contrate a un agente de bolsa en Suiza, de seguro darán muchos dividendos en algunos años. Según las leyes muggles no tengo que estar casado con ella para dejarle mi herencia, más si firmo un papel notariado diciendo que el niño es mío.
-No ha nacido todavía- dijo Walter.
-No pero no puedo esperar…no se si esto va a funcionar, si lo lograré- dijo Scorpius- Y si no estoy, por lo menos quiero dejarle a Rose suficiente dinero para que no tenga que preocuparse nunca en su vida, es lo menos que puedo hacer.
-No aceptara, es orgullosa, lo malinterpretará, cualquier mujer en su sano juicio lo haría….cuéntale la verdad- dijo Walter.
-No puedo…se horrorizaría, temería por su seguridad, por la del niño en camino….no antes de saber si lo logró o no – dijo tajantemente Scorpius.
-Estas subestimándola, ella te quiere….podría aceptarlo- dijo Walter- por otro lado…te lo dije mil veces…te lo advertí.
-No- respondió Scorpius- todavía no.
-Un embarazo no va a ser fácil de ocultar- dijo Walter- Bill se dará cuenta, todos lo harán, de alguna forma ella lo sabrá, su tío se lo contará, ah y por supuesto, sin contar que él te matará con sus propias manos por haber embarazado a Rose.
-Hablare con Bill, vamos a acelerar esto, mi transformación, veremos si puedo dominarlo- dijo Scorpius- antes de que se note, tendré mi respuesta, la respuesta a mi futuro.
-¿Qué le dirás?- dijo Walter.
-Le pediré que esperemos un mes- dijo Scorpius- en un mes ella tendrá tres meses, no se notara todavía o eso creo. Si todo sale bien, entonces hablaré con mis padres y con los suyos, si lo aceptan bien, sino…..que se vayan al demonio, independencia económica tendremos, no nos faltara nada, nos casaremos, viviré con ella y criaremos a nuestro hijo, lo de la longevidad, lo veré en su momento. Si no lo logró…en fin…es mejor no pensar ni siquiera en ello. Un problema a la vez….Walter….un problema a la vez.
-Una pregunta ¿Estas contento?- Walter lo miró con intensidad.
-Es extraño- confesó Scorpius- estoy aterrado, preocupado, indeciso…pero al mismo tiempo, si estoy contento por el niño…feliz.
-Díselo- dijo Walter.
-¿Qué?- preguntó Scorpius.
-Díselo, dile lo que sientes por ella…por el niño…díselo todo…si quieres que ella te perdone tu idiotez y falta de tacto- dijo Walter.
-Para ser un pajarraco conoces muy bien los sentimientos humanos- dijo Scorpius.
-Soy un warg de los especiales- dijo Walter- así como si todo sale bien, tú lo serás.
-¿Hay alguna posibilidad de que el niño sea un warg?- preguntó Scorpius, había estado dándole vueltas a ese asunto desde hacia horas, con temor.
-Tiene tantas posibilidades como cualquier otro humano- dijo Walter- no hay muchos antecedentes, pero sabemos al menos que no se transmite por herencia. Lo más probable es que ese bebé sea humano como su madre
-Eso es un alivio- dijo Scorpius.
-Vete a dormir…lo necesitas-dijo Walter.
-Lo que necesito justo ahora es otra cosa- dijo Scorpius levantándose del sofá, .cuando entró a su habitación, dudó un instante, luego se dio la vuelta y fue directo hacia donde estaba Rose. Walter meneó la cabeza de un lado a otro con una sonrisa de circunstancias. A veces era imposible que Scorpius aceptase un consejo.
Rose lejos de dormir, estaba sentada frente a la ventana. Le era imposible conciliar el sueño, después de todo, esa noche su vida había cambiado de todas las maneras posibles.
Iba a ser madre…ella iba a tener un hijo, un bebé del hombre que amaba.
Ser madre tan joven, nunca había estado en sus planes, eso era seguro, ¿Qué chica de dieciocho años quería ser madre? ninguna que ella conociese, incluyéndose. Tenia planes, proyectos, quería estudiar, ir a la universidad, graduarse, especializarse en literatura. Posteriormente quizás formar una familia, en unos años, con alguien que la amase.
Scorpius la amaba, de eso estaba segura, no tenia ninguna duda de sus sentimientos. Pero estaba inquieta, su reacción viéndolo en frío, era justificable, él simplemente estaba tan aterrorizado como ella. Y esa actitud errática había sido su forma de demostrarlo. Scorpius era un chico con un carácter bien definido, pero Rose había notado desde hacia meses que evitaba los enfrentamientos con ella como la peste, rara vez peleaban, él era muy controlado, ella también. De hecho, esa había sido su primera pelea seria desde que estaban juntos. Pero ella había sentido algo proveniente de Scorpius que no le había gustado nada, una sensación de desasosiego mas allá del hecho de recibir de pronto la noticia de que iba a ser padre, de seguro pensaba que no estaba preparado para ello, de hecho ella tampoco lo estaba, pero igual no lograba sacarse de encima esa sensación tan extraña de que algo no iba bien, apartando lo obvio. Era como si Scorpius estuviese ocultando algo, como si le preocupase mucho alguna cosa, además del hecho de que estaba embarazada.
Trataba de entenderlo, comprendía su reacción, pero eso no dejaba de dolerle. Y ella se hacia preguntas ¿Querría Scorpius tener el bebé? Porque ella si quería tenerlo, iba a ser difícil, quizás lo pasarían mal al principio, ninguno de los dos había terminado la escuela y no sabia como rayos iban a sobrevivir sin dinero. De seguro el padre de Scorpius lo desheredaría. Rose tenia miedo de la reacción de su familia, pero igual se las arreglaría para sobrellevarlo. Ella poco a poco, acostumbrándose a la idea, se estaba dando cuenta que si, realmente estaba contenta con lo que había pasado, quería al niño y quería a Scorpius.
¡Dios mío! Vamos a ser padres…vamos a ser padres…es increíble.
Rose colocó sus manos sobre su vientre y lo acarició, mientras sonreía. No se sentía particularmente distinta, ni siquiera se le notaba el embarazo, pero estar consciente de que una vida crecía dentro de ella la conmovía, le originaba muchas sensaciones hermosas que jamás pensó que podía sentir. Cariño, protección, un amor inmediato e incuestionable hacia la criatura que estaba dentro de ella, instantáneo, la cosa más rara que había sentido en su vida.
-¿Qué vamos a hacer ahora?- Rose bajó el rostro y le habló a su vientre- Al parecer viniste un poco pronto a mi vida, sabes. Pero creo que ya te quiero…te quiero mucho.
Rose soltó una risa y apoyó su cabeza contra el marco de la ventana, cerrando los ojos. De pronto sentía muchas ganas de llorar. ¿Era normal que las madres conversaran con sus hijos mientras estos estaban en su vientre? O era cosa de ella, que era una sentimental insufrible. No lo sabia, tampoco le importaba mucho. Ella quería hacerlo, sentía que debía hacerlo, que le debía una explicación a su niño por haberse comportado como una histérica.
-Tú padre debe estar tan confundido como yo sobre esto- siguió hablando ella en voz alta- creo ahora me toca calmarlo un poco. Esta noche los dos nos hemos comportado como un par de descerebrados. Él no dice nada y yo lo insulto….esto no sucederá siempre bebé, que él y yo peleemos, pero es que estamos un poco estresados con la noticia de tu llegada. Nos tomaste totalmente desprevenidos. Pero serás bienvenido, te lo puedo asegurar.
Ella estuvo un rato así, hablando con el niño, Rose una vez había escuchado comentar a sus tías que cuando la madre estaba alterada, el niño lo sentía. Ella estaba tratando de calmarse para no hacerle daño al bebé.
Cuando escuchó la puerta abrirse, no tuvo que girarse para saber de quien se trataba. Era inexplicable, pero sentía su presencia, su aroma, toda su aura alrededor, ella lo sentía allí como si la estuviese tocando. Realmente ellos dos estaban conectados.
-Perdóname- la voz de Scorpius sonó totalmente contrita. La observaba frente a la ventana, de espaldas a él, vestida con una bata de seda y con el cabello suelto cayéndole sobre la espalda. Aunque no podía verle la cara, para él estaba hermosa, resplandeciente.
-Cometí una estupidez huyendo del hospital- dijo ella mirando las luces de la ciudad, la voz de Scorpius acarició sus oídos, ella cerró los ojos hundiéndose en la sensación de estar cerca de él, de escucharlo- he debido quedarme en cama, después de todo, el bebe no tiene la culpa.
-¿Te sientes mal?- preguntó Scorpius alarmado- si quieres podemos volver.
-Estoy bien- dijo ella-pero el punto es que fui irresponsable.
-Rose…debes entender que una noticia así…fue un poco difícil para mi…procesarla- dijo Scorpius.
-Creo que debo estar de acuerdo con eso porque es lo mismo que yo siento- respondió ella.
Un incomodo silencio se atravesó entre los dos. Ella se giró y ambos quedaron frente a frente, ofreciéndose incandescentes miradas uno al otro. Scorpius en ese momento solo pensó que la amaba tanto que dolía y que aun no se lo había dicho.
-Quiero que tengamos al bebé- dijo Scorpius de pronto- no se que piensas al respecto, ni que quieres hacer, pero es importante que lo sepas….deseo tener a este bebé.
Ella de pronto respiro aliviada y aunque lo evitó, se echo a llorar de la emoción. Scorpius bajó la cabeza, odiaba verla llorando por su culpa. Rose se acercó a él, todavía con lagrimas en los ojos.
-Yo…yo temía que tú…que tú dijeras que no lo querías…que era una equivocación- dijo Rose hipando- me dijiste que nunca debió haber pasado…yo te oí.
-Dije una sarta de estupideces- dijo él mientras la envolvía en sus brazos, apoyó su barbilla en la cabeza de ella- no es un error Rose, nos queremos, eso lo sabemos desde hace tiempo, estábamos planeando irnos juntos al terminar el colegio, quizás…vivir juntos…formar una familia obviamente no estaba en nuestros planes inmediatos, ni en los tuyos ni en los míos. Somos muy jóvenes aun, cuando dije que no debió haber sucedido, era cierto, no debió haber sucedido ahora…mientras estamos en el colegio…ahora que ..- Scorpius trago grueso, quería decírselo, confesarse con ella pero no podía, maldita sea, no podía y eso le estaba abriendo un hueco en el corazón- pero no por eso es algo horrible o un terrible error. De hecho mientras mas lo pienso, más me doy cuenta de que es como una especie de milagro. Es como si el destino quisiese decirnos algo a ti y a mi…es como si …lo siento como si fuese lo correcto ….aunque no sea el mejor momento.
-¿Qué vamos a hacer?- gimió ella- mi familia va a matarme, me señalaran, y no solo porque eres un Malfoy, es que voy a decepcionar a todos, a todos aquellos que tienen grandes expectativas sobre mi. En el fondo me duele pero mas que por mi, es por el niño, no quiero que lo señalen, no quiero que se avergüencen de él, quiero que lo quieran, que lo mimen, eso quiero, que lo acepten como parte de mi familia, ¿estoy deseando mucho Scorpius?, estoy loca por querer que la gente comparta mi felicidad.
-¿Estas feliz?- preguntó él mientras la apretaba contra su cuerpo y le besaba los cabellos- porque no lo parece.
-Es raro- dijo ella secándose las lagrimas de la cara con las manos- estoy preocupada…confusa…pero estoy feliz….en el fondo soy feliz…me gusta la idea….rayos…me encanta
Scorpius se sentó con ella en la cama, aun abrazados.
-Entonces somos dos locos- dijo él sonriendo levemente- porque yo también estoy feliz de que vayamos a tener un hijo, pero también tengo miedo. Sabes Rose, es una gran responsabilidad…yo no quiero ser como mi padre…ni como mi abuelo, quiero ser un buen padre para mi hijo y no se si estaré a la altura.
-Yo tampoco se si voy a estar a la altura- contestó Rose- me inquieta pensar y saber las mil y unas maneras en la que se que voy a meter la pata. Somos demasiado jóvenes, casi unos niños.
-No somos tan niños…créelo- dijo Scorpius- y se que si estamos juntos podemos vencer cualquier obstáculo.
-¿Tú estás bien Scorpius?- preguntó ella – es que siento que estás raro conmigo, como tenso.
-Solo estoy preocupado por ti- dijo Scorpius- por nosotros, por la situación, eso es todo, nada mas. Dame unas horas y estaré saltando de alegría, te lo aseguro.
La abrazó con fuerza, como si no quisiese que ella abandonase sus brazos jamás. Sentir su cuerpo caliente era un alivio, después de todo, él pensó en algún momento que ella jamás perdonaría sus palabras. Ella era su oasis de quietud y calma. Rose era especial, lo entendía, de alguna forma lo entendía, aunque no supiese exactamente que pasaba con él. ¡Dios mío! Tengo que decírselo, tengo que decírselo.
-Este hijo nuestro va a crecer mientras nosotros lo hacemos, maduraremos con él de seguro, va a ser terrorífico, pero también va a ser divertido…nos vamos a equivocar, quizás poco, quizás mucho, a lo mejor un día lo dejaremos olvidado abandonado en la guardería por estar comprando discos en una tienda y esas cosas- Rose río cuando Scorpius le dirigió una mirada consternada, sin embargo siguió hablando- No es broma…puede suceder…créelo…somos despistados y somos jóvenes e irresponsables, pero también estoy seguro de que aprenderemos, de que vamos a quererlo, de que vamos a criarlo y sobreviremos en el intento, de pronto, hasta nuestro hijo nos de una lección o dos…pero aprenderemos a ser padres. Yo confío en ti
-Y yo en ti- dijo Scorpius tratando de soñar en el futuro, en un buen futuro- pero lo importante es que lo haremos juntos, se que lo lograremos, si tú y yo hemos sido capaces de crear una maravilla como esta, engendrar un ser humano, somos capaces de todo, tienes razón Rose…lo haremos…juntos tú y yo….lo haremos.
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-Siempre tienes que llamarme a estas horas tan tardías ¡Por Merlín Draco! son las cinco de la madrugada- Felicia estaba molesta, quizás a él no le importase un comino, pero para ella si era necesario su reparador sueño de belleza.
-Esto es importante Felicia- Draco caminaba en los corredores de la gran fortaleza que era el Castillo de Duhm, el sitio donde estaban las reliquias de los Walpurgis, ubicado en Irlanda, era el lugar donde se concentraba todo el saber de la orden, por así decirlo, su cuartel general.
-¿A dónde vamos?- preguntó Felicia mientras se adentraban a unas escaleras que se dirigían a las mazmorras del castillo. Draco tenía una antorcha en su mano para iluminarles el camino.
-Esto lo vi en un sueño- dijo Draco sin agregar mas. Lo había visto en un sueño que le había enviado Rose, no había dejado de pensar en ese asunto por días, cuando salió del Ministerio, fue a su casa y trató de dormir, entonces de nuevo soñó con ella y el extraño lugar a donde siempre le llevaba, pero esta vez vio el camino completo y lo reconoció. Increíblemente sabia donde encontrarlo.
Llegaron a lo que parecía el muro en donde terminaban las mazmorras y Felicio miró intrigada como Draco apretaba uno de los ladrillos hundiéndolo, entonces estos empezaron a moverse apartándose, debelando un corredor detrás.
-¿Cómo rayos lo sabias? Esto no está en los planos del Castillo- exclamó Felicia asombrada.
-Te dije que lo soñé- dijo Draco parcamente, no iba agregar que había sido Rose quien le había revelado la existencia de ese lugar.
Finalmente llegaron a la gran estancia que era como una especie de biblioteca. Felicia estaba eufórica, tocaba los libros, revisaba los títulos. Miró a Draco con ojos brillantes.
-Estamos la gran biblioteca secreta de Duhm…se suponía perdida desde hace mas de quinientos años- dijo ella.
-Oculta…pero no perdida- dijo Draco mirando el pedestal donde descansaba el Ouroboros, no lo tocó, algo le dijo que no era para él.
-El Gran Ouroboros- dijo Felicia admirando el objeto, de pronto enfrentó a Draco- Conoces la leyenda del Guerrero y la Hechicera.
-En tiempos de dificultad, cuando lo oscuro amenaza la magia- recitó Draco de memoria- entre los caballeros Walpurgis surgirá el Guerrero y la Hechicera….es solo un mito…incluso para nosotros los Walpurgis. ¿Qué tontería es esa de la Hechicera? Los Walpurgis somos magos.
-La Hechicera es poseedora de una especie de magia muy diferente a la usual- contestó Felicia- Puede ser la maestra o la alumna, no importa, lo cierto es que su poder surge ante un gran peligro.
-Como te dije….es una leyenda- respondió Draco
-No …no lo es- dijo Felicia- yo mismo asumí la función de la Hechicera en la primera guerra con Voldemort y el Guerrero era Fabián. Sabíamos que no éramos los elegidos, no teníamos el conocimiento necesario, porque supuestamente estaba perdido, estábamos desesperados por el peligro, hicimos lo que pudimos y él murió…años después Potter derrotó a la maldad de Lord Voldemort sin necesidad de los Walpurgis, pero estaba destinado que fuera de esa forma. El conocimiento lo creíamos perdido para siempre, sin embargo aquí esta…."En tiempos de dificultad….la Hechicera y el Guerrero aparecerán"
-¿Qué quieres decir?- preguntó Draco.
-No soy tonta…se bien quien te envió hasta aquí, quien te reveló la ubicación de este lugar- dijo Felicia- Esa niña tiene poder, mas de él que alguna vez yo tuve o tendré….La oscuridad se cierne sobre nosotros y el mal amenaza la magia…la conexión entre ustedes existe y es fuerte. Rose Weasley sabe inconscientemente quien es y quien eres tú….Ella es la Hechicera y tú Draco…tú eres el Guerrero.
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