Sufrimiento y Tragedia.
Serena se encontraba sumergida dentro de la espaciosa tina dándose un baño relajante con agua caliente, pues el frio comenzaba a sentirse en octubre en la ciudad de Nueva York, así como esencias de rosas y espuma que Lita había agregado al prepararle la tina para que tuviera un baño que la relajara.
Después de que Diamante la llevara a su casa y que comiera en compañía de los integrantes de la familia Black, había visto desaparecer a Diamante, encerrándose en su cuarto, como si la detestara, algo que no comprendía. Ciertamente entendía que por causa de ella, él no había llegado a su trabajo o a cumplir los deberes que tuviera, pero su mirada era dura y fría, la miraba con algo que ella creía adivinar era rencor y sarcasmo, muy a diferencia de los demás miembros de la familia que la habían acogido cálidamente en su hogar, pero era el quien le incomodaba, esperaba encontrar pronto a Motoki y aclarar las cosas para no estar más tiempo con los Black, pues se había dado cuenta que al menos por parte de uno de los miembros de la familia no era bien recibida y eso no era nada grato.
"¿Qué extraño?... ¿Porque nadie contestara en casa?" Pensó para sí misma.
20 minutos atrás, justo antes de meterse a bañar había llamado a Tokio, según sus cálculos si en Nueva York eran las 5:00 de la tarde en Japón debían ser 6:00 de la mañana, ciertamente era muy temprano, pero estaba segura que sus padres estarían angustiados desde su partida, buscando maneras de encontrarla, levantando denuncias ante las autoridades y que seguro su madre y Shingo su hermano menor estarían cuidando el teléfono, esperando su llamada, esperando saber de ella. En cuanto a sus dos mejores amigas: Hotaru y Michiru, era extraño que ninguna de las dos le hubiera dejado ni siquiera un mensaje en su cuenta de correo electrónico. Aun recordaba como Hotaru le decía que tuviera cuidado, que no se arriesgara a ir sola a conocer a un desconocido, pero por otro lado, Michiru la apoyaba, aconsejándole asumir el riesgo por reunirse con su amor verdadero… Estaba segura ya ambas estaban enteradas de su desaparición y obvio ellas sabían a donde había acudido, era extraño que no le dejaran algún mensaje ya fuera Hotaru para darle un "sermón" por su insensatez o un mensaje de Michiru preguntándole como se encontraba.
-¿Está todo bien?- Escuchó la dulce voz femenina de Lita Kino del otro lado de la puerta que la sacó de su ensoñamiento.
-Ehh… claro.- Respondió Serena.- Ya voy a salir.
-No hay problema, tomate tú tiempo.
Serena se puso de pie dentro de la tina y salió de esta enredándose una bata de baño en color rosa que Lita le había prestado; sin duda debía reconocer el baño le había hecho sentirse fresa, con vitalidad y llena de energía, pero por alguna razón se encontraba intranquila, por una razón que iba más allá de no saber de Andrew, de la mirada dura de Diamante, de saberse sola y sin documentos en un país que para ella era extraño y en el cual no quería estar ni un momento más a pesar de al mismo tiempo querer estar cerca de Motoki.
Abrió la puerta del baño y salió al cuarto de Lita (pues el baño en el que había tomado su ducha estaba dentro del cuarto de la hija de los Black) el cual tenía hermosas paredes pintadas de blanco y en una de ellas un hermoso paisaje de un jardín al estilo asiático, un escritorio donde estaba la lap top color rosa de la joven, un pequeño estante de libros románticos y la hermosa cama alta de respaldo color negro, de colcha color rosa en la cual se encontraba recostada Lita bocabajo escribiendo algo que parecía una especie de diario.
-Ya Salí.- Dijo Serena, atrayendo la mirada de Lita que le regaló una sonrisa y cerró el cuadernillo de pasta dura en color verde guardándolo dentro de uno de los cajones de la cómoda que estaba a un lado de su cama.- ¿Te sientes mejor?
-Un poco.- Respondió Serena.- ¿Crees que me podrían prestar el teléfono una vez más?
Lita se puso de pie y le prestó su celular y una tarjeta prepago.
-Por supuesto.- Respondió.- Mientras te bañabas fui al seven eleven a comprarte una tarjeta con la que puedes hacer llamadas a bajo costo a cualquier lugar de Asia, incluido Japón.
-Gracias.- Respondió Serena.
Una vez más Serena marcó a su casa en Tokio, mas sin embargo nadie respondía, lo mismo sucedió al marcarles a sus padres y a su hermano a sus respectivos celulares, ninguno le contestaba, asi como tampoco sus amigas.
-Siguen sin responder.- Dijo Serena dejándose caer pesadamente en la cama.
-Tranquila.- Respondió Lita sentándose junto a ella.- Seguro debe ser que andan buscándote… ¿Qué te parece si revisas tu correo electrónico?... Quizá tengas algún e-mail o alguno de tus amigos te haya dejado un mensaje mientras no estabas conectada, aunque según mis cálculos allá apenas deben ser un poco más de las 6:00 de la mañana.
Serena sonrió al recordar que esa era la hora en que solía ponerse de pie para comenzar con su ritual de arregló personal antes de partir a la universidad donde estudiaba diseño gráfico.
-Justo la hora en que papá, mamá y Shingo se levantan para cumplir con las labores del día.- Dijo Serena.- Supongo que Hotaru y Michiru también deben estar despiertas. Es raro que no contesten. En verdad dudo que estén conectadas, pero te tomare la palabra de revisar mi mail.- Serena hizo una pausa y retomó la conversación.- Discúlpenme por quitarles el tiempo… Ni siquiera me he preguntado si tú pasas todo el día aquí.
-En realidad no.- Dijo Lita.- Soy muy hiperactiva… voy a la universidad en las mañanas pero los viernes como hoy no tengo clases, paso gran parte de la tarde en el restaurante porque me encanta cocinar, a veces voy a correr al parque que está aquí cerca como a estas horas y por las noches a veces suelo estar en msn... pero a veces es bueno salir de la rutina.
Serena sonrió y caminó hacia el escritorio, sentándose frente a el y abriendo la computadora portátil para iniciar sesión en su cuenta personal de correo electrónico…
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Diamante detuvo su trote en el parque y se dejó caer en el área de pasto. Había salido a correr desde hacía poco más de dos horas, vistiéndose rápidamente con un pantalón deportivo en color negro a juego con camisa ceñida a su cuerpo del mismo color, llevándose su botella de agua a la cual le dio un gran sorbo, limpiándose el sudor con una toalla blanca que llevaba en una de las bolsas del pantalón.
"Mina… ¿Por qué tuviste que ser tan…".- Apretó los puños lleno de ira.
Hacia justo un año y 7 meses que corriendo en ese mismo parque había conocido a Minako Aino, una hermosa chica de cabellos rubios y ojos color celeste… ¿Cómo olvidar cuando sus miradas se cruzaron?... Él no era precisamente el tipo de hombres que creyeran en el amor a primera vista, pero Minako Aino le había robado el corazón.
Flash Back…
Era marzo y con ello el inicio de primavera, el aire fresco y agradable en la ciudad de Nueva York se hacía sentir, mostrando las flores que se veían esplendorosas en aquella estación del año en la que se presume, el amor y las fechas de cupido andan a la orden del día.
Mas sin embargo, para Diamante Black era un día más, un día más en el que después de sus deberes, a la hora en que no es de día pero aun no es de noche, cuando el sol ha desaparecido en el horizonte pero aun el cielo no ha obscurecido trayendo consigo la luz de la luna. Siguió corriendo, concentrado solo en la música instrumental que venía escuchando en su ipod cuando miró que una jovencita que venía corriendo en sentido contrario al suyo, de hermosos cabellos rubios y preciosa figura enfundada en ropa deportiva (pans y top) en color rosa caía al piso tras haberse doblado un tobillo.
Se quitó los auriculares y caminó a ella.
-Señorita… ¿Se encuentra bien?
Escuchó que la hermosa señorita se quejaba y se agachó a su lado.
-¿Duele mucho?
-Un poco.
La miró hacer un esfuerzo por ponerse de pie pero enseguida ella volvió a sentarse, parecía que no podía levantarse por sí misma.
-La llevare a su casa.- Dijo el levantándola en brazos, pasando una mano por debajo de las rodillas de ella y otra por su espalda, encontrándose entonces por un momento con la mirada azulada de la joven, con esa mirada que irradiaba dulzura e inocencia que hizo que su "duro corazón" como solían decir las chicas se enterneciera.- ¿Cuál es su nombre linda señorita?
-Minako Aino… pero puedes llamarme Mina.
-Mina.- Balbuceó el.- Suena muy dulce.
Fin del Flash Back.
"Maldita… ¿Por qué tuviste que fallarme así?".- Pensó para sí mismo.
Diamante se sentó en una de las bancas, en la banca donde siempre se sentaba con Minako Aino después de correr por largas horas, conversando, besándose una y otra vez… Si, algún día lo amó... Algún momento llegó a creer que los sentimientos de ella hacia el eran sinceros, pero al final ella terminó engañándola con Tamahome, el que se decía su mejor amigo. Hacía cinco meses que lo había descubierto, cuando al ir a casa de Minako y encontrar la puerta abierta los había encontrado teniendo sexo, había golpeado a Tamahome, había mirado con odio a Mina, le había llorado en la soledad de su cuarto, había blasfemado contra ella, pero cuando creía que su corazón lo estaba superando entonces tenía que aparecer ella, Serena Tsukino.
Recordaba como cuando la había atropellado había bajado del auto asustado, sabía que había atropellado a alguien pero no tenía la certeza si era un niño, una mujer, un hombre o un anciano, pero entonces cuando la miró a los ojos, por un momento su corazón endurecido quiso ablandarse al ver la mirada azulada que reflejaba inocencia, ternura y temor y sintió la maldita necesidad de protegerla…
Flash Back…
Diamante apagó el automóvil del auto una vez que se dio cuenta de que había arrollado a alguien, no había nadie en medio de la carretera, bien podría huir y si la persona accidentada moría o estaba de gravedad era poco probable que lo encontrarían, pero no, eso no era la correcto, no estaba en su naturaleza y haciendo uso de lo correcto bajo del auto hasta acercarse al cuerpo de quien descubrió era una hermosa chica de piel blanca, rubios cabellos y facciones asiáticas.
-¡Señorita!- Se agachó a su lado hablando en ingles.- ¿Esta bien?... ¿Se encuentra bien?
-La miró entreabrir sus ojos azules, miró una lagrima rodar de aquello ojos, mezcla de inocencia y temor, como implorando ayuda y dentro de sí deseo ayudarla, deseó protegerla más por una necesidad naciente dentro de él que por el deber de haberle causado el accidente.
Fin del Flash Back.
"Maldita Minako… ¿Cómo pudiste…".- Pensó para sí mismo.
Se levantó del parque y comenzó a trotar nuevamente, estaba seguro de que Serena se iría, se iría pronto y no tendría que ver de nuevo esos ojos color azul que tanto le recordaban a Mina, a su "Venus" como el la llamaba, jamás ninguna mujer volvería a derretir su duro corazón.
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Serena cerró su correo electrónico, le parecía extraño que nadie le hubiera dejado mensajes aun cuando ella no se hubiera conectado, le parecía raro que nadie le constara el teléfono. Estaba a punto de cerrar la página principal que tenía abierta, pero entonces en la sección de noticias leyó un encabezado que le helo el cuerpo y hizo que el corazón le comenzara a latir desesperadamente:
"Terremoto y Tsunami en Japon de 9.0 Mw"
¿Era cierto aquello o una mala jugada que le estaba ocasionando la falta de sueño?... Entrecerró los ojos y al abrirlos ahí estaba de nuevo la noticia como anunciándole como un trágico augurio que le hizo pensar de pronto en sus seres queridos: Sus padres, su hermano, sus amigas.
Con manos temblores dio click y comenzó a leer la noticia: un terremoto había sacudido la ciudad de Tokio y ciudades vecinas hacia dos horas, arrasando con casas, edificios, dejando a familias separadas, personas desaparecidas.
Sintió un dolor en su pecho sofocarla, como si el aire le faltara, ganas de gritar, llorar, pero parecía como si las lágrimas se hubieran quedado atoradas antes de salir de sus ojos y la garganta se le hubiera secado dejándola sin hablar, no podía ser cierto, eso no podía ser cierto.
Lita seguía hablando tras de ella, sobre vestidos, sobre la cena que prepararían esa noche, pero entonces escuchó pasos en el pasillo y la voz gruesa del hijo mayor de los Black: Zafiro.
-¡Lita...
-¿Qué ocurre Sapphire?... ¿Por qué no tocas antes de entrar?... Pude haber estado desnuda.
- ¿No has visto las noticias?... Hace un par de horas hubo un tsunami en Japón, después un terremoto… No entran las llamadas y…
Serena tan solo escuchar la voz de Sapphire sintió que el aire le faltara y la vista se le nublara. Sintió la vista de Lita y Sapphire sobre ella, pero el equilibrio de su cuerpo trastabilló y sintió como Sapphire la tomaba en brazos recostándola en la cama.
-¡Lita, rápido trae alcohol y algodón!- Escuchó la voz varonil tan lejana, a pesar de que dentro de sí sabía que Sapphire estaba a su lado.
-Debiste haber tenido más tacto.- Escuchó la voz de Lita.
Sintió el alcohol sobre su nariz, su vista nublada, no sabía cuánto tiempo había pasado, pero al abrir los ojos y sentir el aire le volvía al cuerpo miró a los señores Black dentro de la habitación, a Sapphire, a Lita, y de pie en el marco de la puerta a Diamante.
-¿Qué ha sucedido?- Preguntó preocupada.- ¿Qué ha pasado?
Sonomi Black se sentó al borde de la cama y pasó un brazo por los hombros de Serena.
-Tranquilízate Serena… confiemos en el gran Kami que nuestros seres queridos están bien.- Dijo la mujer controlando la preocupación que en su voz sentía.- No debemos perder la calma… recuerda que ante las adversidades estar intranquilo no ayuda de nada.
Serena comenzó a sollozar entonces, las lágrimas comenzaron a salir copiosamente de sus ojos. Aquello que estaba viviendo parecía ser la pesadilla más horrible que hubiera tenido, pero lo peor es que no era pesadilla, era la cruda realidad que la estaba golpeando una y otra vez en poco tiempo.
¿No era suficiente con que el día anterior Andrew no hubiera llegado, que la hubieran querido dañar, que le hubieran robado, que la hayan atropellado, tener que soportar el no sentirse bienvenida en esa casa?... ¿Por qué la vida se estaba ensañando así con ella?... ¿Qué mal había hecho?
Tan solo pensar que sus padres, su hermano, sus amigos hubieran perecido en esa horrible tragedia le hacía sentir que su corazón se desangrara por dentro, haciéndola sentirse sola en el vasto mundo, desprotegida.
-Quiero estar con mi familia.- Dijo entre lágrimas, llorando copiosamente.- Quiero estar con ella, quiero verlos… ya no quiero estar aquí.
-Lita, rápido hija, ve y prepara un te.- Escuchó la voz de Sonomi hablándole a su hija.- Tranquilízate Serena, no podemos perder la calma, tenemos que pensar que nuestros seres queridos en Japón están bien, poniéndonos así no logramos nada. Mira, estaremos intentando llamar una y otra vez y en caso de que tus padres no puedan mandarte dinero para el avión de regreso a Tokio, nosotros tenemos ahorros en el banco y podemos pagar por tu regreso… Aunque como están las cosas allá no creo que sea conveniente.
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Una semana después…
Era de mañana en la ciudad de Nueva York. Serena se encontraba aspirando la sala, a solas dentro de la casa de los Black, pues de mañana todos solían salir directo a sus ocupaciones: Sonomi y Demian en el restaurante, Zafiro tenía entendido trabajaba dando en un despacho arquitectónico, Lita en la universidad y por supuesto Diamante en su trabajo, del cual aun desconocía que era exactamente a lo que se dedicaba.
Después de aspirar, guardo la aspiradora en el cuarto de herramientas de limpieza. Sonomi le había dicho que no era necesario, pero ella había insistido en que era lo menos que podía hacer ante la hospitalidad y el trato tan amable dado por los miembros de la familia, además de cierta manera le servía de distracción para ya su agitada alma.
Había pasado ya una semana desde su llegada a Nueva York, una semana que a su alma dolorida y preocupada le parecía como si fueran siglos los que hubieran pasado. En primera instancia había querido comunicarse con sus padres, pero nada sabía de ellos, en los noticieros sabía que había millones de muertos y que aún no se sabía con exactitud cuál era el saldo que el tsunami había dejado. Los Black habían podido comunicarse al fin con sus familiares en Japon, aunque afectados al perder su casa y sus pertenencias estaban a salvo e inclusive ya habían mandado traerlos a Nueva York para que estuvieran ahí al menos hasta que las cosas se normalizaran. Mas sin embargo, en el caso de los familiares de Serena, nada se había sabido de ellos. Ciertamente no había numero al cual se pudieran comunicar para decirle a Serena que estaban bien, pues Serena no les había dado jamás número telefónico de Motoki, en cuanto a su correo electrónico, tampoco había recibido mensaje alguno de Shingo su hermano, solamente un mensaje electrónico de Amy, una de sus amigas donde le decía que ella estaba bien pero que en el desastre sobrenatural había muerto su padre. Serena había llorado por días desconsoladamente, le dolía no estar con Amy apoyándola, no saber del paradero de Michiru, no saber de sus padres, lo que le hacía pensar que algunos de sus seres queridos abrían muerto trágicamente siendo arrasadas por la crueldad de la naturaleza que de un momento a otro pudiera haber acabado con sus vidas.
La sola idea de recordar que quizá no escucharía más los regaños de su madre, que no comería más los hot cakes de ella por la mañana, que no escucharía los mimos de su consentidor padre o el sarcasmo de su hermano Shingo le hizo sentir que nuevamente el corazón se le oprimía y se dejó caer pesadamente en uno de los sofás de la sala llorando descansadamente, aprovechando ese momento de soledad para darle rienda suelta a la tristeza que llevaba por dentro, a la agonía de su alma.
"Papá, mamá, hermano, quiero estar con ustedes" Pensó para sí misma, sintiendo que el llanto la ahogaba.
Estaba tan sumida en su dolor, renegando porque no tenía los medios necesarios para regresar a Japón, por que las aerolíneas hubieran cancelado los viajes a su amado país que no escucho cuando la puerta se abrió y unos pasos resonaron dentro de la casa.
"Espero no se haya perdido el maldito archivo" Pensó Diamante para sí mismo tras entrar en su casa.
Le había llevado casi toda la noche escribir el artículo que tenía que presentar a su jefe en las oficinas del diario local donde trabajaba, pero había olvidado llevarse la USB donde se encontraba.
Apenas había dado unos pasos dentro de su casa cuando escuchó a alguien sollozar amargamente, conocía muy bien los sollozos de Lita, supo que no era ella y tan solo entrar en la sala miró a Serena sentada en el piso y con su cara hundida en el acolchonado sofá llorando desgarradoramente. Ciertamente Serena no era santo de su devoción, pero el también había vivido días atrás la angustia de saber muertos a sus familiares en Japón, había visto a su madre sufrir en silencio a pesar de mostrarse fuerte y estoica, pero sin perder a familiares lejanos le había resultado doloroso, el solo imaginarse que el pudiera perder a sus padres y a sus hermanos le hizo sentir que por primera vez en dos semanas comprendía un poco a Serena Tsukino.
Lentamente, se acercó a la joven y se agachó a su lado, posando una mano en su hombro.
-Serena… ¿Estas bien?- Le preguntó.
Serena volteó a verlo y no pudo evitar echársele a llorar en brazos, en verdad sentía que necesitaba el abrazo de alguien querido, aunque Diamante no era precisamente un ser querido, valla, ni siquiera él podía demostrar lo mucho que le desagradaba.
Diamante, al principio se desconcertó, pero sintió estremecerse ante la pena de Serena y como con cierto temor la rodeó en un abrazo, acariciándole el cabello, sintiéndose como pocas veces inseguro pues consolar a alguien en un momento difícil no era algo que se le diera; hacia ocho meses atrás, cuando Makoto había sufrido la pérdida de su ex novio, aun siendo su querida hermana se había sentido incomodado al sentir que no tenía las palabras apropiadas para remediar su dolor, pero la había abrazado largamente dejándola llorar en su hombro, pero con Serena algo distinto pasaba, el solo hecho de tenerla entre sus brazos le hacía sentir sensaciones que hace mucho no había sentido, que no deseaba sentir y que tan solo sentirlas le daban ganas de poder repudiarla.
-Serena… tranquila por favor.- Dijo el sintiendo que hablaba por hablar, improvisando de la manera más ridícula.- Veras que tus padres estarán bien… No debes perder las esperanzas.
Serena levantó su rostro, mirando a través de sus ojos azules empañados por las lágrimas el rostro de Diamante Black que la miraba con extrañeza.
-Quiero estar en Japón, quiero volver con mi familia.- Dijo Serena entre sollozos.- No quiero que estén muertos, no quiero, me arrepiento si no les preste atención, si no fui la mejor de las hermanas, la mejor de las hijas o la mejor amiga… sin ellos, sin Motoki no quiero esta vida te juro que no la quiero, no la quiero…
Diamante la ayudo a levantarse y tomar asiento en el sofá, sacó un pañuelo blanco de una de las bolsas de su pantalón y suavemente limpió las lágrimas de la hermosa joven rubia.
-No llores más Serena.- Le dijo.- Mira… se que no hay palabras para remediar lo que estas sintiendo… yo no imagino la vida sin Lita, sin Sapphire, sin mis padres… pero tenemos que mantener la esperanza de que están con vida, no puedes perder la esperanza Serena… Mira, sé que aquí en Nueva York te debes sentir fuera de tu entorno, pero dentro de todo quizá si estás aquí es por algo… quizá fue la manera de que el gran Kami te puso a salvo… pero si te sirve de consuelo te ayudare a dar con Motoki, tu novio… aquí en la ciudad hay algunos barrios japoneses así que podemos buscarlo.
Serena esbozó una media sonrisa y tomó la mano con que Diamante limpiaba sus lágrimas, el por toda respuesta le soltó el pañuelo.
-Muchas gracias.- Le respondió ella rodeándolo con sus brazos y regalándole un beso en la mejilla.- Gracias por escucharme… creí que yo no era de tu agrado pero… a veces uno necesita ser escuchado…¡Qué lindo!
Diamante se quedó un momento mirándola a los ojos, embelesado por la dulzura e ingenuidad de Serena, sintiendo que su corazón después de muchos meses de nuevo palpitaba, pero al estarse reflejando en las pupilas color Zafiro recordó de pronto que así de dulce era la mirada de ella, así de dulce era la mirada con que lo había cautivado su querida "Venus" o "su musa", de su adorada Minako Aino, pero entonces y sin más un día aquella musa de largos cabellos que parecía tan adorable había encajado una filosa daga en su corazón haciéndolo prometerse así mismo jamás en la vida volver a enamorarse.
Rápidamente y como si lo que sintiera al estar cerca de Serena le asustara, se separó bruscamente de ella y se puso de pie.
-Perdón por haber ensuciado tu pañuelo…- Titubeó Serena.- Te juro que…
-No hay problema.- Respondió el ignorándola, volteando hacia otro lado.- Cuando lo laves me lo devuelves… o sabes que… ni siquiera es tan importante si gustas tirado.
Serena lo miró alejarse y en su cara se esbozó una mueca que parecía una media sonrisa. Cierto era que le dolía no saber del paradero de sus padres, no saber de Motoki, pero a pesar de la mirada dura que siempre Diamante le dedicaba no podía evitar el haberse sentido un poco más desahogada al haber hablado sobre su pena, al haber sentido aquellos brazos rozándola cálidamente. Desde que había conocido a Diamante le había parecido un ser frio y mal humorado, pero con ese abrazó había logrado sentir que bajo ese manto de frialdad había un ser humano con sentimientos, pero no lograba descifrar porque ante ella se mostraba como un cubo de hielo, porque después de mirarla como si la comprendiese de nuevo la había mirado con dureza, con desprecio en sus ojos.
Miró el pañuelo una vez más y lo posó sobre sus nariz, aspirando el olor, olía a la fragancia masculina de su dueño; mas sin embargo él había dicho "tíralo"… ¿Lo habría dicho porque odiaba que estuviera impregnado con las lágrimas de ella?... Si al principio le incomodaba sentir el desprecio en los ojos de Diamante, después de ese momento en que le hubiera consolado, ahora no solo le incomodaba, también le hacía sentir un fuerte dolor en su pecho, una opresión en su alma.
Estaba tan sumida en sus pensamientos, con los ojos entrecerrados y el pañuelo sobre su nariz que se sobresaltó al escuchar de nuevo pasos en la casa de los Black.
-¡Serena!- Exclamó Lita con su siempre singular alegría.- ¿De quién es ese pañuelo?.- Preguntó mirándola pícaramente.- ¿Es de tu Motoki?
Serena bajó el pañuelo y sintiéndose sonrojada asintió.
-Querida.- La tomo Lita de la mano.- No perdamos las esperanzas… ¡Hoy saldremos a buscar a tu Motoki!
-¿Tienes idea de dónde?.- Preguntó Serena sobresaltada.
- Iremos a la embajada japonesa a preguntar por la lista de nuevos sobrevivientes que ha habido en Japón Serena, vas a ver que tus padres estarán bien… después entre la comunidad de japoneses para averiguar todo sobre Motoki.
Serena esbozó una sonrisa y dejó caer el pañuelo en el sofá, olvidándose de lo acontecido entre ella y Diamante.
Una vez que Lita y Serena se hubieran retirado, Diamante salió del pasillo, donde después de separarse de Serena había estado observándola con detenimiento.
Se acercó lentamente al sofá y tomó el pañuelo que Serena había dejado ahí y lo empuñó llevándolo a su pecho, cerca del corazón, aspirando el olor de la fragancia a dulces de quien el secretamente había bautizado como "criatura de cabellos dorados y ojos de cielo"
"Basta Diamante. Todas son iguales, ella es igual que la zorra de Minako, es tal cual Minako"
Diamante salió de su casa llevando consigo el pañuelo y la USB donde tenía los artículos para el diario en el que trabajaba, tenía que apurarse o de lo contrario su jefe inmediato lo reprendería.
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Serena y Lita llegaron a las afueras del estacionamiento de la casa de la familia, donde la moto Harley Davis en color negro de Lita estaba ya lista para que ambas subieran.
-Vamos.- Dijo Lita.- ¿Por qué me vez con miedo?... ¿Nunca te has subido a una moto?
Serena se quedó mirando detenidamente a Lita, preguntándose como con esa falda a media pierna en color café, suéter color azul turquesa, botas del mismo color de la falda y boina a juego que llevaba en la cabeza dejando sus cabellos castaños sueltos podía manejar moto.
-¿Qué sucede?- Preguntó Lita.- Me ves asi por la falda… ¿Verdad?... Estoy acostumbrada a conducir así.- Rió Lita.
-En verdad nunca me he subido a una moto.- Dijo Serena quien estaba vestida con un vestido negro de lana en cuadros rojos y amarillos, debajo del vestido mallas negras y en los pies un par de zapatos de piso en color café obscuro.- Me dan un poco de pánico y…
-No tengo auto Sere.- Dijo Lita.- Además no pasa nada, dijo Lita sacando de su bolsa en color camello una cajita redonda en color dorado la cual abrió a la vista de Serena.- Pero antes dime que tal están estas galletas… son de naranja con cubierta de chocolate.
Serena tomó una galleta y la saboreó lentamente, en verdad que en las dos semanas que llevaba ahí había probado más de uno de los platillos y postres preparados por Sonomi y Lita, y tanto madre e hija parecían tener magia en las manos al preparar la comida, notándoseles en el rostro el amor que ponían en cada receta, en cada platillo.
-¡Sabe delicioso!- Dijo Serena con una enorme sonrisa en su rostro.
-Gracias, tenía miedo de que no tuvieran buen sabor, es un experimento nuevo que acabo de hacer el día de hoy en la universidad, ya sabes, estudio gastronomía.- Dijo ella.- Son un regalo para un amigo… y quiero que le agrade, es su cumpleaños y tenemos pensado salir yo, él y otros amigos a comer a un restaurante en Atlantic City.
-Si gustas puedo quedarme…- Habló Serena temerosa, pensando que quizá se sentiría incomodada estando entre el círculo de amigos de Lita, donde muy seguramente todos hablaban inglés, idioma que ella no dominaba.- Digo, quizá sea más cómodo para ti…
-Si lo que te preocupa es el idioma no te preocupes.- Respondió Lita.- No es precisamente con mis amigos de la universidad con quien saldré. Veras… aquí en Nueva York hay una asociación de Japoneses radicando en este país en el cual solemos reunirnos los japoneses que aquí radicamos o bien los hijos de japoneses que queremos mantener el lazo con nuestras costumbres. Regularmente Diamante va e incluso hasta Sapphire acude a veces.
-¿Por qué no debería acudir Sapphire?
Lita esbozó una sonrisa mientras terminaba de limpiar su moto.
-Veras, no sé si te has dado cuenta que solo yo y Diamante tenemos rasgos japoneses.- Dijo Lita.- Sapphire es hijo de la primera esposa que tuvo mi padre, pero la madre de Sapphire murió cuando dio a luz… dos años después mi padre conoció a mi madre y se enamoraron, pero mamá nunca ha hecho diferencias, ella adora a Sapphire tanto como a mí y a Diamante. Pero ahora narrar la historia familiar no es lo importante, a lo que quiero llegar es que con los amigos que saldré son japoneses o hijos de japoneses así que a veces entre nosotros solemos hablar no solo ingles sino también japonés o japonglish… pero cuando en el círculo social esta alguien que no habla uno u otro idioma no tenemos problema en hablar de manera que todos entiendan. Lo importante es que en estos días hemos estado haciendo actividades para enviar víveres a Japón y en vista de que Motoki es hijo de japoneses muy posiblemente alguien lo conozca… de hecho conozco a dos chicos que se llaman Motoki dentro de la sociedad, pero ninguno es Motoki Furuhata, uno es Motoki Maeda y el otro es Motoki Hasegawa pero no podemos perder la esperanza de que alguien lo conozca dentro del círculo.
Serena sonrió esperanzada, por alguna razón tenía la esperanza de que al menos entre la neblina que parecía caer sobre ella Motoki apareciera y le explicara porque no le había mandado un mail; mas sin embargo, dentro de si sabía que era estúpido querer buscar a Motoki… ¿Por qué habría llegado aquel hombre hermano de Motoki al aeropuerto queriéndola dañar?... ¿En verdad era hermano de Motoki?... ¿Sería acaso que Motoki estaba de acuerdo en que la dañaran?
"No" Se dijo asi misma en silencio.- "Motoki no puede ser esa clase de hombres. Sé que Amaterasu Omikami no puede dejar que sobre mi vida se cierna tanta oscuridad.
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Diamante se encontraba sentado frente a su computadora dentro de la oficina del diario local donde trabajaba y tras él estaba de pie el jefe del diario, después de haber leído el artículo para la nota roja que Diamate había escrito.
-Felicidades muchacho. Esta más que perfecto. Ahora vengo, tomate un descanso.
Una vez que el señor Shields se retirar, Diamante sacó la pequeña libreta que siempre llevaba en su portafolios, donde solía escribir lo que venía a su mente en el momento justo de inspiración, mirando el poema que la noche anterior había escrito:
Ese cabello dorado
tus ojos celeste cielo
son causa de mi desvelo
de este sentir obstinado
Porque te llevo en el alma
también en el corazón
eres mi gran ilusión
la que turbaste mi calma
Quebraste mi indiferencia
ese tranquilo pasar
sólo en ti puedo pensar
y lo pongo en evidencia
Siempre estoy donde tu estás
es casi un rito sagrado
soy un tonto enamorado
sólo dilo y me tendrás.
N/A: El poema aquí utilizado no me pertenece, es del autor Ningo y sus obras pueden encontrarlas en el siguiente link:
./Amor/cabello_
Anita y Patty, Patty y Anita, aquí tengo un capitulo más de este su historia, porque es suya dedicada y escrita pensando en ustedes, espero les guste.
A Perla también gracias por su review.
Nos vemos en dos semanas.
Mademoiselle Rousseau.
