CAPITULO 2

Serena se encontraba internada en el Hospital Central. A su lado estaba Darien, quien tomaba fuertemente su mano izquierda. Él no se había separado ni un instante de ella.

Al llegar al hospital Rei fue atendida en la enfermería ya que tenía sangre en la parte delantera, cerca de su pecho. Al atenderla, las enfermeras constataron que tenía un cuerpo extraño, lo sacaron y lo dejaron sobre una mesita. Al terminar de ser curada se dirigió a la sala de espera donde se encontraban los padres de Serena, y las demás chicas esperando algún informe médico sobre el estado de su amiga.

Cuando de pronto un doctor se hizo presente, abrió la puerta rápidamente y la cerro tras de sí.

Los minutos pasaban, pero parecían horas. Hasta que el doctor salió al fin del cuarto.

—Doctor ¿Cómo esta mi hija? —preguntó Ikuko.

—Lamento decirles que la señorita Serena, —hizo una pausa —se encuentra en estado de coma. Sus signos vitales se han normalizado. Pero lamentablemente su cerebro fue el que sufrió mayor daño. No sabemos aún que grado de daño ha sufrido. Es muy pronto para saberlo, lo bueno es que todo el resto del cuerpo parece funcionar bien a pesar de haber pasado varios minutos sin recibir oxigeno —dijo el médico.

— ¡Mi niña! —dice acongojada Ikuko, abrazando a su esposo.

— ¿Cree usted que puede haber daño cerebral agudo? — comentó Amy.

— Es solo cuestión de tiempo para saber eso. Como ya lo he dicho, por ahora no queda otra cosa que esperar.

—Gracias doctor— dijeron todos.

En ese momento aquel cuerpo extraño sacado del cuerpo de Rei, comenzó a elevarse por los aires, como buscando un objetivo. Exactamente como lo había hecho antes; nadie parecía verlo.

Estuvo algunos minutos de un extremo al otro del hospital, hasta que se adentro en la habitación de Serena. Súbitamente se introdujo en el pecho de Serena, que sangró pero nadie le dio mayor importancia al hecho, aunque parecía bastante raro.

Todos estaban sumidos en un profundo dolor. Así pasaron semanas y meses.

En tanto Darien había dejado de lado su trabajo. Solo se la pasaba al lado de ella. Iba a su departamento a cambiarse y se dirigía nuevamente al hospital. Todo esto ya era rutinario.

Los padres de Serena también la cuidaban, habían insistido en que él descansara pero se negaba. Al final les había dicho que no se preocuparan que estaría al lado de su princesa a sol y sombra. Que cualquier cosa les informaría de inmediato.

Un día las chicas se reunieron y decidieron que no era bueno para el novio de su amiga, que permaneciera todo el tiempo al lado de ella. Ya que lo estaba consumiendo. Había perdido peso, tenía los ojos como hoyos y además de una notoria barba.

Fue así que decidieron informarle de su decisión; se turnarían para que no se quedase sola. Él debía de continuar con su vida, ella lo hubiera querido así.

Por fin se dirigieron al hospital, y como siempre el joven de pelo azul se encontraba tomado de la mano de su prometida.

— ¡Hola Darien!— le saludaron todas.

El tenía la mano sobrante en su rostro, denotando cansancio.

— ¡Chicas, hola!

—Darien, no crees que deberías descansar, se ve de lejos que estas exhausto— dijo Rei

— No, estoy bien, yo debo estar al lado de Serena.

—Pero Darien. No estás solo, cuentas con nuestro apoyo— dijo Amy

—Claro Darien. Ve a tu departamento, descansa. Nosotras estaremos con Serena— comentó Mina.

El susodicho negó con la cabeza.

—Nos turnaremos para acompañar la. No puedes seguir así— acotó Lita.

— Ustedes no entienden. Yo tengo que estar con ella, como debí de estar ese día del accidente. Si yo hubiera estado con ella… esto no habría pasado.

— En tal caso, es culpa mía también. No debí de dejarla solo— habló Rei.

— Chicos. No ganaremos nada echándonos la culpa todos— dijo Lita.

— Es verdad— concordó Mina.

— Darien ven vamos a tomar un café— propuso Rei.

El chico asintió y ambos se dirigieron hacia la cafetería. Se sentaron; pidieron café, que luego les fue servido.

— Mira Darien, sé que esto te fue difícil, pero—hizo una pausa— entiende, para todos es igual. Piensa que si Serena te viera en este estado se pondría mal. ¿Qué pasaría si despertara y te encontrara tan abandonado como te tienes?, no le haría bien a su recuperación.

Él lo sabía perfectamente. Pero eso no les quitaba nada del peso de la culpa que llevaba hace meses en su corazón.

¿Qué hubiese pasado si él estaba con ella el día del accidente? Tal vez, no hubiese pasado lo que pasó.

— Si lo sé Rei, pero es que no puedo perdonarme no haber estado en ese momento con ella, era mí deber estar allí, protegiéndola—comentó. Mientras se llevaba las manos a la cabeza.

—Pero no fue tú culpa. Debes de superarlo. Todas estamos aquí junto a ti y junto a ella. Somos una familia— le alentó Rei.

— Si lo sé, y les doy las gracias por estar siempre con nosotros.

— ¿Vas a ir a tu departamento a descansar? —comentó al ver que se levantaba.

— Si. Voy a cambiarme y a descansar unas horas.

— No te preocupes. Cualquier cosa te llamaremos.

— Está bien. Sólo me voy a despedir de mi princesa y me voy.

— OK.

En la habitación ciento setenta y seis, una joven rubia abría sus ojos muy lentamente.

— ¡Chicas!— dijo pero parecía más un susurro.

— ¡Serena!— exclamaron las chicas.

Las jóvenes estaban emocionadas por el despertar de su amiga. Sin embargo había algo con que no contaban. Ella no recordaba como ocurrió el accidente que la llevo a estar allí.

La muchacha se siente confundida. ¿Qué se supone que debe recordar? Ella se queda pensando, varias imágenes pasan por su mente. Pero nada parece habérsele escapado.

Sin embargo sentía cierto deja bú, ¿había algo importante que debía hacer? ¿Se olvidó hacer alguna cosa?

En ese momento entra Darien seguida de Rei. Ella corre al lado de su amiga y la abraza. En tanto él queda parado en estado de shock. No puede creer que al fin su princesa haya despertado.

— ¡Serena tonta al fin despiertas! ¡Nos tuviste preocupados todo este tiempo!

Minutos más tarde la joven desmemoriada, se entera de que estuvo siete meses en coma. Ella escuchaba atenta el relato de sus amigas. Sin embargo sus ojos viajan hasta la mirada penetrante de un chico, que más bien parecía un hombre mayor con su barba crecida, cabellos color azul, al igual que sus ojos.

— Que descortesía de tu parte Rei, ¿no vas a presentarme a tu novio?—comenta jocosa, codeando a su amiga.

— ¿Novio? ¿A quién te refieres?—hizo una pausa, seguida de una carcajada— ¿Te refieres a Darien?

Todas las chicas reían, pero callaron luego de unos segundos; al ver lo seria que estaba la rubia.

— ¿Que es tan gracioso si se puede saber? — Pregunta, pero nadie le responde—Es un gusto conocerte— dice extendiendo su mano amistosamente hacia el joven— Soy Serena Tsukino. Rei veo que mientras yo estaba aquí en el hospital, no perdiste tiempo en buscarte novio.

Ante estas palabras todos pusieron el grito en el cielo.

Darien no puede creerlo Serena, su princesa no lo recuerda.

Tantos momentos justos que compartieron. Paseos, bailes, batallas. Todo es la nada misma para ella.

— Serena, acaso ¿no sabes quién es Darien? —pregunta Rei.

— Si es tu novio. No lo ocultes, ya lo sé me di cuenta.

— Darien no es mi novio— aclara — él es…

En ese instante el interpelado decide probarla para comprobar si realmente se olvido de él o solo es una broma. Una de muy mal gusto por cierto.

— ¡Soy un hombre libre! —proclama. Pero para su sorpresa no parece haber cambio en la femenina.

Tal parece que si tiene amnesia.

El saberse olvidado le provoca una enorme tristeza. El amor de su vida lo ha olvidado. ¿Cómo puede un accidente cambiar la vida de una persona?, en este caso la de dos.

Nadie podía créelo. Finalmente la más alegre del grupo, había despertado del coma en que se encontraba, y no reconocía para nada a Darien. El médico les explico había perdido todo recuerdo referente a él, en algunos casos ocurría. Ella lo que necesitaba era tiempo para que su mente se recuperase. Iría recuperando recuerdos poco a poco, pero no tenían que recordarle nada. Ella debía de recordar por si sola o podría sufrir por ello.

Unos días más tarde fue dada de alta volviendo así a su vida normal. Las chicas no insistieron más con el tema del joven médico, ya que no querían que sufriera por no recordarlo. Sin embargo era él quien que terminaba sufriendo.

Tres meses habían pasado desde que había salido del hospital. Como siempre luego de dirigirse a la universidad, descansaba en el parque unas horas.

Iba distraída viendo a la gente pasar, a los chicos jugando a la pelota, observando a las personas paseando sus perros, etc. Respiró profundamente el aire puro, estiro sus brazos. Cuando de repente le pareció ver un chico sentado en una banca con la cabeza cabizbaja. Al acercarse más pudo divisarlo. Era aquel chico del hospital, aunque lo había visto una sola vez, ya que no lo había vuelto a ver desde el día que había despertado del coma. Se acerco más a él. Parecía ¿triste? ¿Por qué? Sintió curiosidad por saber la causa de su abatimiento. Lo saludo amablemente mientras se sentaba a su lado.

Al verla el chico se sorprendió. No pensaba verla allí. Aunque él si lo hacía a escondidas, como si de un espía se tratase. Manteniendo una distancia prudencial para no ser visto. No quería presionarla, tenía la esperanza que lo recordara y corriera a sus brazos con gran fuerza, como siempre lo hacía.

— ¿Que estás haciendo aquí solo? — le preguntó.

— Nada,—suspiro— solo estaba pensando.

— ¿Alguna chica es la causante de ese semblante y de esos suspiros? — Trató de adivinar— vamos cuéntame; soy todo oídos. ¿Acaso no eres el amigo de Rei?

— Si, pero— trató en vano de objetar.

— Entonces puedes confiar en mí. No soy ninguna extraña. Yo también soy amiga de Rei lo que me hace tu amiga también. Como yo digo: "los amigos de mis amigos son mis amigos".

— Por lo menos te saque una sonrisa— murmuró al ver que sonrió—Cuéntame.

— Pues no se por donde comenzar.

— Por el principio— pero al ver que no hablaba. Se le ocurrió una idea— ¡vamos! dime ¿o quieres que te lo adiviné?

— ¿Adivinar?

— Si. Rei sabe adivinar cosas ¿sabías?

— Si lo sabía. ¿Pero eso que tiene que ver?

— Pues, de algo me habrá servido verla tantas veces hacerlo ¿quieres probar?

— Bueno.

— Dame tus manos— le ordenó.

Él obedeció. Al instante sintió el calor que desprendía ella. Ese sentimiento tan puro que hace días no sentía, y que comenzaba a extrañar.

— A ver. Tú estás así por una chica.

— Si es verdad.

— Esa chica ya no está contigo y eso te pone triste.

—Sí estas en lo cierto.

— Tú la quisiste mucho. Y todavía la sigues queriendo a pesar de todo.

Darien se sorprendía cada vez más no sabía que su princesa tuviera ese don.

— ¿Es verdad lo que digo? — preguntó la joven.

— Si.

— ¿Qué fue lo que paso con esa chica? —preguntó soltando sus manos.

— ¿No me lo ibas a adivinar?

— Oye, he adivinado tres cosas seguidas. Dame un respiro esto cuesta mucho—mintió.

— Esta bien te cuento—suspiro—yo estaba de novio con esta chica. Pero debido a determinadas circunstancias ella…

— ¿Te dejo? — Se adelantó— perdón pero si soy indiscreta es que lo que me parece.

— No te preocupes. Lo que paso fue que nos distanciamos.

— ¿Fue decisión mutua?

— No. Yo no quería alejarme de ella, todavía no quiero. Pero he decidido dejarla ser libre, es lo mejor.

Como forzar a alguien que quiera a otra persona si ni siquiera recuerda su nombre. Como contarle que dos personas están destinadas a estar juntas si no recuerda aquellos sentimientos de amor.

— Mmm. Eres muy amable al dejarla volar libre sin ataduras.

— ¿Hace cuanto fue esto?

— Hace poco, unos tres meses.

— Sabes si me permites una recomendación.

— Claro adelante.

— Yo pienso que no deberías sufrir por ella. Si te dejo y todavía no volvió, es porque no te amaba realmente

— ¡ESO NO ES VERDAD! —gritó lo más que los pulmones le permitieron.

— Lo siento. No debí decírtelo.

— No discúlpame tú a mí, pero es que todavía me duele su partida.

— Debe ser doloroso. Creo que no soportaría estar lejos de la persona al cual amo. Si tuviera una—

— ¿Nunca te enamoraste?

— Si, tuve varios enamoramientos, de mi profesor del kínder llamado Kindo, de un chico llamado Fred unos años mayor que yo en la primaria.

De la boca del médico no salía palabra alguna. Ella nunca le había contado nada de sus "enamorados".

Apretó sus puños, la sangre hervía en su interior. Seguramente no se lo había contado porque se pondría celoso, como lo estaba ahora.

— Ya sabes, "enamoramientos de niño" o "admiración extrema" como les digo yo—acotó la chica de ojos celestes.

— ¿Me estás diciendo que nunca te enamoraste de verdad?

— No. Todavía espero que aparezca mi príncipe azul. Un muchacho que sea capaz de hacer todo por mí, sin importar que, cuando, ni donde.

El corazón del muchacho con cada bocanada crujía de dolor. Un dolor tan grande que parecía que en la siguiente bocanada de aire se partiría, estallando en miles de pedazos.

Como le hubiera gustado decirle que él era aquel chico que tanto esperaba. Contarle toda la verdad. Que saltara a sus brazos, y le dijera que lo recordaba, que lo amaba, que nada lo volvería a separar nunca más. Sería tan feliz si ocurriera, si tan solo ocurriera. Pero no podía, ella podría angustiarse si no recorvaba. No quería hacerla sufrir. Prefería sufrir él sólo y evitarle todo mal.

Estaba tan hundido en sus pensamientos, cuando una mano paso llamando su atención.

— Darien, ¿me estas escuchando?

— Lo siento, ¿Qué decías?

— ¿Quieres que te adivine una última cosa?

— Está bien.

— Pero primero prométeme que harás lo que diga, sin objeciones.

— De acuerdo.

— Sígueme.

Darien acato sus órdenes, se detuvieron frente a un puesto de helados ambulante. La chica pidió un helado de banana Split y él de frutas del bosque.

— Aquí va mi predicción. Adivino, mmm—hacia que pensaba—que tú vas a pagar los helados.

— ¡Ja, ja, ja! — reía él como no lo había hecho hace mucho.

— ¡Oye! Ya van tres predicciones contra cero tuyas. Es mucho para mí— comento melodramáticamente.

Sin objeción muchacho pagó sus helados.

— ¡Mmm rico! ¿Quieres probar? — ofreció.

El susodicho tomó una cucharada del helado de la chica.

— Si esta delicioso, quieres prob—fue interrumpido por la hermosa joven, quien rápidamente le sacó un poco del helado su helado.

— ¡Oye! ¡Ese es mi helado! — refunfuño.

— ¡Yo te convide del mío!

Entre risas pasaron la tarde. El de cabellos azules, se ofreció a acompañarla hasta su casa. Cosa que ella aceptó.

A ella le pareció raro el hecho de que no tuviera que indicarle donde vivía. Como si ya conociera el camino. Cuando se detuvieron frente a la puerta no pudo más con la intriga.

— ¿Cómo sabes dónde queda mi casa?

— Pues—se coloco una mano detrás de la nuca—es que yo vine un día con Rei para buscar unas cosas que necesitaba la clínica. Cosas tuyas— mintió. A medias; cierto día tuvo que hacer eso con la morocha.

— Quería disculparme por lo que te dije en el parque. No soy quien para haberte dicho lo que te dije.

— Ya te dije que no te preocupes. Sólo me estabas dando un consejo.

— ¿Puedo darte otro?

— Claro.

— Deberías arreglarte. ¡Mira como estas! pareces un viejo. Sal, diviértete. No en exceso, claro ¡ja, ja, ja! Si alguna vez tu chica vuelve; te aseguro que no le gustaría verte así.

— Es que no puedo salir a divertirme, ¿Qué tal si cuando vuelva me ve radiante de felicidad? va a pensar que no la necesito. Cuando en realidad no es así.

— Bueno tienes razón. Pero no le gustaría verte tan abatido como estas, te lo aseguro.

— Está bien. Voy a tomar tu consejo. Bueno nos vemos princesa—se despidió.

— Adiós— respondió ella. — pobre chico. Se veía realmente triste— suspiró— un momento, ¿me dijo "princesa"?—estuvo pensando unos minutos, más ningún recuerdo venia a su mente— ¡va! debe ser que a todas le pone apodos.