Cruel Realidad.

Serena sintió temblar de miedo al ver a Diamante con mirada rabiosa acercarse a ella, las lágrimas salían de sus ojos y asustada siguió avanzando hacia atrás y no se dio cuenta en que momento tropezó con el sofá y cayó al piso, sintiéndose vulnerable y pequeña al ver a Diamante frente a ella; más sin embargo, antes de que él pudiera acercarse escuchó la voz de Lita:

-¿Qué te sucede imbécil?- Escuchó la voz de su amiga.- ¿Acaso quieres culpar a Serena de tus frustraciones con la zorra de Minako?

Diamante clavó sus ojos en los orbes esmeraldas de su pequeña hermana, ella con sus palabras había dado justo en la llaga en lo que en su corazón dolía y esbozó una sonrisa irónica.

-¿Mis frustraciones?... No estoy frustrado Lita, sólo quiero a esta maldita zorra fuera de mi casa.

Serena miró a Lita agacharse a su altura y tomó la mano que ella le ofrecía para ayudarla a levantarse y como un animalito asustado se refugió en los brazos de su amiga llorando asustada y desconsolada.

-Tranquila Serena… este idiota esta borracho.

La puerta se escuchó abrirse en ese momento y escucharon la voz de Sapphire que había llegado después de haber dejado a su novia en casa.

-Lita… ¿Qué sucedió aquí?

-Sucedió que el imbécil de tu hermano se portó como un patán con Serena.

Sapphire se abrió paso, pasando de largo por donde estaba su hermana, tratando de tranquilizar a Serena y miró molesto a su hermano.

-Eres un gran imbécil, primero un altercado en un bar, después vas detenido y ahora te comportas como un patán con Serena… ¿Qué es lo que te falta Diamante?... Deja de comportarte como un cobarde y sufrir por la estúpida de Minako, vamos al cuarto que no voy a permitir que mis padres te vean así.

-0-0-0-

Algunos minutos después de que Sapphire se llevara a Diamante a su habitación, Serena se encontraba en la habitación de Lita, acompañada de ella, ambas sentadas al borde de la cama, mientras Lita se dedicaba a escuchar y tranquilizar a Serena.

-No digas que te irás Serena.- Dijo Lita.- No tienes a donde ir… mi hermano es un grandísimo imbécil… mira creo que sería mejor que te platique porque reaccionó asií, aunque no tiene justificación su mal trato para contigo.

-No entiendo nada.

Lita tomó una bocanada de aire y comenzó a relatar:

-Mira, hace algún tiempo, algunos meses para ser precisa, Diamante tenía por novia a una chica, él estaba muy enamorado de ella y todos aquí en casa lo mirábamos feliz y estábamos encantados con esa chica que se miraba tan dulce y angelical… aunque pasados algunos meses yo comencé a ver detalles en ella que no me gustaban, lo mismo Sapphire y mi madre… pero bueno, ya sabes que a veces uno cuando está enamorado no acepta que se le quieran ver los errores al ser amado… y bueno, esa chica se portó muy mal con Diamante.

Serena se quedó boquiabierta, sin saber que decir, ella sabía lo difícil que era sufrir una decepción amorosa, pero no entendía que tenía todo eso que ver con ella.

-Discúlpame Lita, pero no entiendo que tiene que ver todo esto con que yo no le agrade a Diamante.

-Sí, sé que no lo entiendes… pero curiosamente esa chica y tú son muy parecidas físicamente. Ambas so rubias, ambas tienen ojos azules, ambas son de piel muy blanca y… bueno tú eres una chica linda, dulce e inocente… son esas las cualidades que mi hermano erróneamente quiso ver en su ex novio y digamos que de alguna manera sin temor a equivocarme creo que tú le recuerdas a ella.

Serena se quedó en silencio un momento, entendiendo al fin porque Diamante a veces la miraba tan detenidamente, por largos silencios, para después tratarla con el peor de sus desprecios.

-Entiendo… entonces, quizá será mejor que me valla de aquí, no creo que le haga bien estarme viendo.

-No digas eso, Serena.- Dijo Lita.- Diamante tiene que dejar de ser un cobarde y enfrentar su realidad, enfrentar su duelo y entender que Mina no era lo que él creía, no puede pasarse la vida escondiéndose de lo que le trae malos recuerdos para no sentir que en su corazón aun duele la pérdida del ser amado.- Continuó diciendo Lita y entonces Serena notó en su voz un dejo de tristeza y recordó lo que Rei, la novia de Sapphire le había contado sobre el fallecido novio de Lita, mas Serena tuvo que guardar su curiosidad, pues no quería meter el dedo en la llaga, en ese corazón de su nueva amiga en Nueva York que si bien hasta el momento había sido amable con ella al parecer tenía cosas que ocultar y tristezas que llorar. Más entonces, recordó a Andrew, la manera en que él la miraba y curiosa por saber de él, comenzó a indagar.

-Cambiando de tema, Lita.- Sonrió Serena.- Gracias por todo, tus padres, tú y Sapphire han sido muy amables conmigo y el día de hoy me dio mucho gusto conocer a Rei y Andrew.

Lita se puso de pie y caminó al guardarropa, sacando su pijama, que era una blusa y un short de algodón en color verde.

-Sí, ambos son muy lindas personas. Rei es una amiga que conozco desde hace tiempo y ahora la novia de Sapphire y Andrew es un muy querido amigo, lo conozco desde hace dos años, pero él es de esas personas que llegan, marcan tu vida y que sabes que siempre se quedaran en tu corazón, él ha estado conmigo desde entonces en los buenos momentos y también en los más tristes de mi vida.

Serena esbozó una sonrisa, sin duda para ella Andrew era importante, pero no de la misma manera en que Andrew parecía verla a ella.

-Ya veo… Motoki sin duda ha sido un gran amigo para ti, se nota que te quiere mucho.

Lita volteó a ver Serena y arqueó una de sus cejas, le parecía extraño que de nuevo Serena llamara Motoki a Andrew y se sentó de nuevo a su lado.

-¿Por qué insistes en llamar Motoki a Andrew?

Serena tragó saliva, sintió que se ponía nerviosa con las preguntas y la mirada de Lita en ese momento, de nuevo su subconsciente la había traicionado y ello amenazaba con revelar a la luz su triste secreto en torno a ese amor ficticio que nunca fue real.

-¿Dije Motoki?

-Sí.

-Perdón… de nuevo me confundí.

Lita le tomó una de sus manos y sonrió.

-Serena… ¿Por qué no me enseñas alguna fotografía en su red social?... Quizá mirándolo pudiera ayudarte a encontrarlo o quizá hasta pudiera existir al menos la remota casualidad de que lo conociera.

Serena titubeó ante la pregunta de Lita y esbozó una sonrisa nerviosa, pensando que podría decir para evitarlo:

-Pues… Motoki no es mucho de subir fotografías a sus redes sociales… eh… pero…

-Está bien Serena, cuando puedas me las muestras.- Dijo Lita.- ¿Nos dormimos?

-Claro.

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Diamante se dejó caer en la cama, agarrándose la cabeza, pues la resaca ya comenzaba a hacer efecto y las palabras de su hermano mayor no hacían mas que molestarlo más.

-¿Podrías callarte Saphire?... ¿Por qué no te largas y me dejas dormir?

-Porque no voy a permitir que acabes con tu vida de ese modo imbécil.- Respondió Sapphire.- Estoy harto de que te la vivas lamentándote sin darte cuenta de que porque Mina te dejó el mundo no se acaba… ¿No vez ahí a nuestra hermana?... Ella sí que ha pasado por cosas duras y ha sabido salir adelante… pero en cambio tú.

Diamante miró a su hermano parado frente a él, pero sin que se lo esperara Sapphire lo obligó a levantarse y é no opuso mucha resistencia, pues las copas de licor demás hacían que sus reflejos no fueran buenos y que sus fuerzas se perdieran, fue entonces que quiso hacerse un lado cuando miró que Sapphire a la fuerza lo conducía al grifo y lo empujaba dentro de la bañera donde el sentir el agua fría salpicando su cuerpo lo hizo sentir como si volviera a la vida.

-¿Qué te pasa imbécil?

-Pasa que vas a reflexionar sobre lo que le hiciste a Serena, me vas a pagar la fianza que pagué para sacarte del centro de detención donde ibas a permanecer 48 horas y mañana vas a disculparte con Serena.

-¿Algo más?.- Preguntó Diamante saliendo molestó del grifo.

-Eso es todo… sólo quiero que reflexiones y te digas a ti mismo si es justo o no lo que hiciste con Serena ahora.

Sapphire salió molesto de la habitación y una vez que Diamante se quedara soló se quedó sentado en el piso, aun mojado por el agua, titiritando de frío, pero por primera vez desde que Serena había llegado a casa se había puesto a reflexionar sobre la forma en que la había tratado, en como injustamente la había tratado ese día, en el tono de ironía con que siempre le hablaba y entonces al recordar su situación y cómo él la había tratado ese día entonces al fin se había sentido mal consigo mismo.

"Pobre chica, creo que se me paso la mano" Pensó para sí mismo.

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Serena acababa de salir de la ducha, con la toalla color rosada alrededor de su cuerpo, a esas horas del día no había nadie en la casa de los Black pues cada uno de ellos salían a cumplir con sus labores, mas antes de salirse, Lita siempre le decía a Serena que podía usar su computadora portátil si así lo deseaba, así como el teléfono de la casa para tratar de comunicarse a Japón o con Motoki.

Parte del día Serena se la pasaba mirando los noticieros, esperado saber algo sobre su país, desesperada con revisar su correo electrónico día y noche, esperando alguna noticia de los suyos tener y así, saliendo de la ducha, olvidándose de que aún no se había cambiado, se sentó frente al escritorio donde Lita tenía su computadora portátil y poco le importo que la cayera sobre sus piernas, dejando al desnudo su blanca espalda y sus dos senos redondeados.

Abrió su correo electrónico, nada sabía aun de los suyos y entonces entró a la página donde solía publicar sus dibujos, releyendo los comentarios de Motoki y al fin entró a una de las redes sociales de él, y miró cada una de las fotografías del que hasta hace poco había sido falsamente su hombre amado.

Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas, recordando las palabras de amor que le dedicara ese falso Motoki, contrastante con la amabilidad indiferente de Andrew

-Motoki.- Susurró entre lágrimas mientras miraba aquella fotografía, sin saber que alguien había llegado a casa y que ese alguien la miraba a través de la puerta entreabierta.

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Diamante entrecerró la puerta de la habitación de Lita, donde a esa hora del día sólo se encontraba Serena en la casa, él había regresado, pues era su horario de comida del trabajo, no solía ir a esa hora a casa, pero no quería ir al restaurante donde seguro se encontraría con la mirada dura de Lita o la de Sapphire por lo que había optado por ir a comer a casa y claro, con el pretexto de encontrarse con Serena, pues después de todo, de reflexionar toda la noche había llegado a la conclusión de que le debía una disculpa. Mas sin embargo, al llegar a casa y dirigirse a la habitación de Lita, había querido tocar, pero la puerta estaba entreabierta, al principio se había atragantado al ver a la rubia envuelta sólo en una toalla rosada de baño que marcaba sus suaves curvas, su mente lujuriosa había maquinado muchas cosas: él y ella solos en la casa, ella tan rubia y preciosa como la mujer que él aun amaba.

Fue entonces que la miró sentarse frente al escritorio, embelesado sólo en mirarla mientras ella buscaba información en internet, checaba su correo electrónico, hasta que abrió una página de redes sociales con fotos de… ¿Andrew?...¿Por qué lloraba al verlo y lo llamaba Motoki?

No quiso pensar más, su mente estaba trabajando en muchas cosas, pero diciéndose que eso no era de su incumbencia abrió el refrigerador y saco los ingredientes necesarios para hacerse un emparedado de atún pero entonces escuchó que alguien tarareaba una triste canción, era ella, era la angelical voz de Serena, jamás había pensado que tuviera tan linda voz y entonces volteó hacia donde estaba ella, con el cabello húmedo y la toalla enredada en su cuerpo y al encontrarse con sus ojos azules notó como ella lo miraba entre avergonzada y temerosa.

-Serena.- Susurró él.

Serena tan sólo mirarlo ahí frente a ella sintió como si un cumulo de sentimientos encontrados se dispararan dentro de ella: miedo al recordar como la noche anterior él le había gritado, rabia al saber que sin ser culpable de nada la había humillado, pena por él al saber su triste historia de amor con aquella chica que de su amor se había burlado y vergüenza, sobre todo vergüenza por estar ahí frente a él, prácticamente desnuda.

Sintió sus mejillas calientes, odiaba sonrojarse pero sin embargo sabía que estaba sonrojada mezcla por la ira y la vergüenza, quiso musitar algunas palabras para romper el hielo, aquella incomodidad que la estaba invadiendo pero entonces sintió que el timbre del teléfono le había salvado de aquel momento al sonar insistentemente, mas sin embargo, el uno al otro se quedaron mirándose a los ojos, perdidos en el mirar del otro hasta que el se atrevió a romper ese silencio:

-Yo contesto.

-Claro.

Serena se dio media vuelta, dispuesta a regresar a su habitación y vestirse, quedarse ahí encerrada y no salir de ser posible hasta que Lita o la señora Sonomi llegaran a casa pero entonces escuchó que a los pocos segundos de que Diamante contestara el teléfono este la llamara:

-Serena… te hablan por teléfono.

Serena se giró sorprendida de saber que alguien le llamara, dudando por un momento en acercarse a tomar el teléfono pero entonces miró a Diamante acercarse a ella con el teléfono inalámbrico en mano.

-Te hablan desde Japón… al parecer dice ser tu padre quien te habla.

-¿Mi padre?- Preguntó extrañada mientras tomaba el teléfono para después con cierta alegría, esperanza pero un extraño temor contestar el teléfono, no quería pensar que algo le hubiera ocurrido en el tsunami a alguien de su familia.- ¿Otou-San?... ¿Cómo estás?... ¿Qué?... Otou-san… ¡Por favor no me digas eso, tiene que ser mentira!

Diamante se alarmó al ver a Serena llorar desconsoladamente, aquello le hizo suponer que posiblemente algo le hubiera sucedido a su madre o a su hermano pequeño pero antes de que otra cosa sucediera miró como el teléfono resbalaba de la mano de Serena y como ella parecía perder el equilibrio dejando que la toalla cayera de su cuerpo dejándola completamente desnuda, a punto de golpearse al caer al piso, pero antes de que eso sucediera él la tomó en brazos.

-Serena… serena… ¿Estás bien?

Serena sólo repetía palabras inentendibles, mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas, su rostro antes vivaz de mejillas sonrosadas ahora estaba pálido y él, así desnuda como estaba la tomó entre sus brazos, llevándola rápidamente a la habitación, después regresó por el teléfono, tranquilizando al padre de Serena diciéndole que se comunicaría inmediatamente cuando su hija estuviera mejor y ahí estuvo al lado de Serena, sentado al borde de la cama, cubriéndola con una manta hasta que ella volvió en sí.

-Diamante.- Susurró ella sentándose al borde de la cama, mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas, quería pensar que todo había sido una pesadilla.- ¡Dime que no es cierto, dime que okka-san y mi hermanito no están muertos!

Si bien Diamante ya la había visto llorar alguna vez, dos veces, pero en esta ocasión, al saber que su madre y su hermanito habían muerto, tan lejos de su familia, con esa extraña relación con su supuesto novio, sintió como si aquella hermosa joven rubia le inspirara pena, se sintió arrepentido de haber descargado el día anterior en ella su frustración y sin decir más nada la estrechó entre sus brazos, permitiendo que ella llorara en su pecho, acariciando su cabello dorado, queriendo borrar su dolor.

-Cuánto lo siento Serena.

Serena se apartó de él de golpe, poniéndose rápidamente un vestido blanco, queriendo salir de la casa, pero ella estaba histeria, fuera de sí y él la detuvo.

-Serena… espera… ¿Qué tratas de hacer?

-Regresar a Japón, tengo que estar allá, tengo que buscar a Okka-san y mi hermanito.

-¡Serena, no puedes!

Serena al sentir que él quería detenerla, fuera de sí lo empujo de su lado, metiéndole una sonora bofetada.

-¡Déjame, a ti no te importa, es lo que siempre has querido, que me largue, no me toques!

Diamante se llevó la mano a la mejilla, nunca había pensado que aquella frágil y temerosa niña rubia de rostro angelical golpeara fuerte, pero no pensaba dejar que se pusiera en peligro, su instinto de protegerla de todo peligro y dolor se hizo presente y aunque ella trataba de zafarse de él la tomó entre sus brazos, pues ella estaba enloquecida, gritando, pataleando y entonces la tumbó sobre la cama.

-¡No dejare que hagas locuras, así me odies, no puedes irte a Japón ahorita, no hay vuelos, entiende!

Serena al fin se quedó en silencio, perdiéndose en la mirada azulada de Diamante y de nuevo comenzó a sollozar y él se levantó de encima de su cuerpo, dejándola que llorara, quería abrazarla, decirle que él la protegería pero entonces se escuchó que la puerta se abría y los gritos de Lita irrumpían el silencio:

-¡Diamante!... ¿Qué haces en mi habitación?... ¡No te hayas atrevido a lastimar a Serena o…

Lita no pudo terminar de hablar, pues Serena se levantó de la cama y rápidamente corrió hacia donde estaba a su amiga, necesitada del consuelo de la que a pesar de tener la misma edad le parecía como si fuera una hermana mayor y así, sin equivocarse Lita la recibió en un fuerte abrazo.

-Serena… ¿Qué sucede?... Tranquilízate.

-Mi Okka-san y mi hermanito murieron… murieron en el tsunami, Lita.

-Serena… ¿Por qué lo dices?... ¿Cómo te enteraste?

Serena le explicó cómo había recibido una llamada de su padre, contándole lo sucedido, y entonces Lita la estrechó fuertemente en un abrazo, diciéndole cuento lo lamentaba, prometiéndola ayudarla a que en cuanto se pudiera ella regresara a Japón al lado de su padre y Diamante, sintiéndose un inútil, sintiendo como si fuera un lastre que sólo ahí estorbara y perjudicara más a Serena salió de la habitación arrepentido por como la había tratado el día anterior.

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Tres semanas después…

Habían pasado ya tres semanas desde que Serena se enterara de que su madre y su hermano pequeño murieran en aquel tsunami, le entristecía no haberle dicho a su mamá un último "te quiero" no haber vuelto a escuchar a su pequeño hermano llamándola "Serena tonta", imaginarse la preocupación que había vivido su mamá al no saberla en casa cuando como si se escapara había tomado el vuelo a Estados Unidos sin siquiera avisarle de su partida, y el que sus padres no hubieran podido tener al menos una decente ceremonia bajo las creencias budistas-sintoísta que eran las que ellos profesaban.

Los vuelos de Tokio a Estados Unidos de nuevo estaban disponibles, aunque regularmente los vuelos de Japón eran para salir del país en caso de la gente que tenía familiares fuera o en caso de ir para reunirse con la familia o más que nada para buscar a personas desaparecidas; mas sin embargo, ella sin sus documentos de identidad que estaban en trámite, sin dinero que su padre le enviara para regresar y ante la negativa de su padre de tenerla de regreso en Japón no le había quedado de otra más que seguir en casa de los Kino, llorando en silencio durante el día y la noche por la ausencia de su familia.

"Te quedarás en Nueva York hasta que te lo ordene, aun en el país se corre peligro a causa de los reactores nucleares" Le había ordenado su padre enérgicamente aunque ella llorara implorándole permitirle estar a su lado.

Mas sin embargo, se había tenido que conformar con estar lejos y dentro de todo le alegraba haber tenido contacto con sus dos mejores amigas en Japón: Amy y Michiru, en cuanto a la primera ella y su familia afortunadamente estaban bien, no en el caso de la segunda de quienes sus padres habían desaparecido en medio de la tragedia y ella aún seguía en un albergue siendo atendida pues como le había comentado Amy en un mail al parecer Michiru había tenido en ese momento un accidente que la había dejado ciega.

En cuanto a su vida en Nueva York, si meses atrás había anhelado haber estado en ese lugar de ensueño para ella al lado de su amado Motoki, ahora los días le parecían eternos en aquel lugar que no le ilusionaba. Sabía que no podía ser ingrata, los Black se portaban muy bien con ella, la habían apoyado en su dolor e incluso Diamante se limitaba a verla desde lejos, como si la compadeciera, como si a veces quisiera decir algo y al final se detuviera, pero Diamante era lo que menos le importaba; en cuanto al resto de personas, debía reconocer que había ganado dos grandes amigas que siempre ocuparían un lugar en su corazón a pesar del poco tiempo de conocerlas: Rei, quien al parecer a pesar de estar lejos de Japón había sido entrenada como una Miko por su madre y se había ofrecido a realizar una ceremonia sintoísta con todos los miembros de la comunidad japonesa en memoria de su madre y su hermano; y la otra, por supuesto Makoto, quien desde el principio le había ofrecido su amistad y cariño incondicional, tratando de alegrarla en medio de aquella tragedia.

Recordaba como un mes había pasado desde entonces, justo ese día se cumplía un mes en que llena de ilusiones había llegado a Nueva York, sin saber que tras su llegada una tragedia tras otra la acecharía.

"Faltan diez días para navidad" Pensó para si misma, mientras en el cuarto de Lita, sentada en el sofá frente a la venta desde la que se miraba la fría ciudad cubierta de nieve, adornada a la vez de luces de colores e imágenes navideñas pensaba en su familia, en sus amigos, en lo que su inocente ilusión le había traido a su vida.

Ese día Lita le había comentado que saldría a comer con Andrew, Sapphire, Rei y al parecer también iría Diamante más sin embargo pocos ánimos eran los que tenía de divertirse, lo único que quería era pasar las horas encerrada en el silencio de esa habitación llorando por su desgracia a pesar de que Rei ya había hablado con ella diciéndole "Todos somos parte del Kami y a él un día volvemos, la vida no existe, la muerte no existe, tu madre y tu hermano sólo han vuelto al inicio, desde donde comenzó todo y ellos quisieran que rehagas tu vida" o los comentarios de Lita diciéndole "Mientras tú los recuerdes ellos vivirán en tu corazón, a ellos no les gustaría verte triste".

Recordó cuando Rei le había contado en una segunda ocasión sobre la pérdida de su hermano, como le había dolido en el alma saber que su hermano mayor había muerto en la guerra, lo devastados que habían quedado sus padres y sobretodo lo devastada que había quedado Lita, pero como poco a poco todos habían sabido sobreponerse y salir adelante, porque eso era lo que Darien hubiera querido y diciéndose a sí misma que no podía ser egoísta se puso de pie, pues había decidido que iría, que saldría con sus nuevos amigos y se acercó al guardarropa de Lita, tomando unas mallas en color negro y un vestido de manga larga con hombros descubiertos y suelto de abajo en color morado el cual venía a juego con una boina, pues Lita le había dicho "toma el vestido que gustes" y ese que a ella le encantaba poco parecía gustarle a Lita.

Puso el conjunto de ropa en la cama y caminó hacia el cajón donde Lita le dijo guardaba sus accesorios, diciéndole que podía tomar el que quisiera, pero entonces al tratar de abrir el cajón se dio cuenta de que era difícil y al jalarlo con todas sus fuerzas este se le vino encima junto con los collares, aretes y pulseras que se regaron por todo el piso; renegó para sus adentros, pero entonces le llamó la atención ver un cuadernillo de pasta dura con un hermoso jardín japonés el cual se abrió y parecía tener escrito cartas de amor que no quiso leer, pero lo que le llamó la atención fue una fotografía de Lita abrazada de un apuesto joven de cabello azabache y ojos azules que vestía uniforme militar.

Rápidamente guardó los accesorios en el cajón, incluido el cuaderno que no leyó pues le parecía de mal gusto indagar en algo que era privado, pero entonces al ver aquella fotografía, notó que aunque Lita siempre sonreía, su sonrisa en la fotografía era radiante, sus ojos brillaban denotando la mejor expresión de la felicidad y sintió pena al saber que dentro de ella llevaba el recuerdo del amor que no volvería a ver.

Estaba tan sumida en sus pensamientos, imaginándose lo que habría sufrido su amiga que no se dio cuenta de que Lita había salido del baño enredada en una toalla verde hasta que escuchó su voz:

-¿Qué sucede Serena?

Serena levantó su vista, encontrándose con los ojos verdes de Lita y temerosa de molestarla le entregó la fotografía mientras trataba de excusarse:

-Este… yo… me dijiste que podía tomar algo de tu cajón pero todo se me vino encima y esta foto salió.

Notó como Lita se quedaba seria por un momento, perdida en aquella fotografía que se imaginó le traía hermosos recuerdos.

-¿Quién es él?- Preguntó tratando de romper el silencio y después se arrepintió de su pregunta, quizá no era bueno indagar en algo que seguro le dolía y por lo cual no hablaba, pero contrario a lo que esperaba la miró sonreír.

-Él es Darien, mi novio.- Respondió Lita.

-¿Tu novio?- Dijo Serena más como si lo preguntara que como si lo afirmara.

-Sí.- Respondió Lita.- Tenemos juntos de novios ya más de tres años.

Serena se quedó estupefacta al escuchar que Lita hablaba de su novio como si estuviera vivo, un tema que nunca tocaba y jamás le hubiera pasado por la mente que tuviera novio (pues nunca había mencionado tenerlo ni la había visto con otro que no fuera Andrew quien decía sólo era un amigo) de no ser por que Rei le dijera que fuera novia de su difunto hermano pero entonces… ¿Quién es la que estaba mintiendo?... ¿Rei o Lita?

-Nunca me habías hablado de él.

Miró como Lita esbozaba una sonrisa.

-No suelo mucho hablar de mi misma si te has dado cuenta.- Sonrió Lita.- Además, con los problemas que has tenido pues… bueno no quise importunarte.

-¿Tu novio irá esta noche con nosotros?

Lita tomó aquel extraño collar con dije de corazón en color plata que de unas semanas a la fecha siempre llevaba al cuello.

-Siempre lo llevo conmigo.

Serena arqueó una de sus cejas.

-Me refiero a que el está en mi corazón siempre.- Respondió Lita.- Bueno… él ahora está en Irak, es militar, pero yo siempre pienso en él y pronto lo mandaran de regreso a Estados Unidos, espero sea pronto porque en verdad lo extraño.

Serena no supo más que decir, pero para su suerte escuchó que alguien llamaba a la puerta.

-Chicas… ¿Ya están listas?- Escuchó la voz de Rei.- Sólo esperamos por ustedes.

-Ya vamos cuñada.- Respondió Lita.- Denos 10 minutos y estaremos listas.

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Dos horas después…

Serena se encontraba sentada en la alfombra conversando con Rei frente a la chimenea de la acogedora cabaña que habían rentado. Habían decidido al final ir a pasar el día a las montañas Castkill y habían rentado una acogedora cabaña con chimenea, cocina, comedor y dos habitaciones: una que compartirían Saphire y Rei y otra que al parecer era más amplia y era la que compartirían Lita y Serena siendo Andrew y Diamante quienes seguramente tendrían que conformarse con dormir en el piso tirados en una manta.

Los ánimos parecían haber regresado poco a poco en Serena, por el amplio ventanal se podía ver el crudo invierno, la nieve extenderse en el horizonte y las pistas de esquí que estaban relativamente cercanas.

Mas sin embargo, a pesar de estar conversando con Rei quien animadamente hablaba sobre sus planes de matrimonio con Sapphire, no podía evitar voltear hacia la cocina, donde tan sólo llegar Lita había entrado para preparar alitas con bbq, puré de patatas, bisquetes con mantequilla y de postre su tan alababa tarda de calabaza y claro estaba, Andrew no había perdido el tiempo y como siempre había ido tras ella, prestándole todas sus atenciones, tratando de su amor ganarse, una sonrisa en su rostro hacer que se dibujara.

No podía evitar dentro de todo sentirse celosa de que fuera Lita quien tuviera las atenciones de él y no las suyas, se sintió celosa de no ser tan buena en la cocina como ella, tan carismática y entonces sus pensamientos se vieron interrumpidos por la voz de Rei.

-¿Serena?

-¿Perdón?

-Creo que no me estabas poniendo atención… ¿Verdad?

Serena no supo qué decir y esbozó una risita nerviosa.

-No te preocupes yo entiendo que…

Rei no terminó de hablar, pues en eso Sapphire se acercó a donde estaban ellas y sorprendió a su novia con un cariñoso beso en la mejilla.

-Mi amor.- Susurró Rei.

-¿Me prestarías a esta linda señorita un momento Serena?- Preguntó Sapphire y Serena entendió que naturalmente él quería su momento a solas con su novia.

-Por supuesto.

-¡Eres un grosero Sapphire, estábamos platicando cosas de chicas!

-Tengo algo que decirte hermosa, no te enojes.

Serena los miró ponerse de pie, le dio envidia verlos tan enamorados, pero envidia de la buena, pues dentro de todo le daba gusto que Rei, una mujer que se había ganado su cariño tuviera amor y felicidad. Fue entonces que mirando a la nada percibió como Diamante la miraba con insistencia logrando hacerla incomodar y entonces se puso de pie, para así librarse de él y de paso ir a la cocina con el pretexto de estar cerca de Lita aunque en realidad quisiera estar cerca de…Andrew, sí, ese era su nombre aunque le costara asociarlo con su verdadero nombre, pues para ella, en su corazón seguía siendo Motoki.

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Dentro de la cocina Lita finalmente sacó del horno la tarta de calabazas que olía deliciosamente y la puso dentro de la barra mientras seguía charlando con Andrew animadamente.

-Eso huele delicioso.

-Claro.- Respondió Lita.- Todo lo hago delicioso… ¿O no Andrew?

Andrew la miró detenidamente y sonrió.

-Al menos sí todo lo que he probado.

-Y lo que no has probado también.- Respondió Lita mientras tomaba una cuchara que metió dentro de la crema batida con que decoraría la tarta y después se la llevaba a la boca, saboreando la crema, sin apartar sus ojos de su querido amigo.

Lita aventó la cuchara al final en el lavatrastes y se lamió labios, saboreando aún el sabor dulce de su boca, no sabía que la llevaba a actuar de esa manera, pero no podía negar que le estaba resultando emocionante, placentero y entonces tragó saliva al mirar a Andrew ponerse de pie y acercarse a ella, tomándole una de sus manos que estaba sobre la barra, estremeciéndose cuando sintió los ojos azules de él clavarse en sus orbes esmeraldas.

El silenció se hizo presente, los dos perdidos en la mirada del otro, ninguno dijo nada pero ella instintivamente llevó sus manos al pecho masculino, como buscando el refugió que tanto necesitaba en sus brazos, su amigo era atractivo, sí que lo era, no era ciega, pero lo había pasado por alto hasta entonces y en medio del sepulcral silencio en la cocina, sólo con el murmullo de las voces de los demás que estaban en la sala, no supieron ni cómo ni cuándo, sus labios se encontraron entonces en un beso suave y tierno, apenas una suave caricia, como si estuvieran descubriendo lo que no conocían el uno del otro sin sospechar siquiera que afuera de la cocina, escondida tras la puerta alguien los observaba.

Serena no podía creer lo que sus ojos estaban mirando, había notado que Andrew tenía cierta atracción por Lita pero… ¿ella?... Ella juraba estar enamorada de un hombre que según algunos decían que estaba muerto y, sin embargo, ahora respondía ante los besos del que pregonaba sólo quería como su mejor amigo y su actitud no era precisamente la de una chica a la que se le había robado un beso a la fuerza.

Sintió rabia contra su destino, de que la vida le estuviera jugando una mala pasada, fueron muchas veces las que ella soñó con estar así, entre los brazos de Motoki, siendo besada por él, ser a ella a quien mirara con amor y no a otra… pero valla, después de todo… ¿A quién reclamarle?... ¿A ese joven llamado Andrew que no respondía al nombre de Motoki?

Llevó una de sus manos a su boca para contener un sollozo, dejando que las lágrimas cayeran copiosamente por sus mejillas y entonces se sobresaltó al sentir que alguien tocaba su hombro, pero mayor fue su espantó al escuchar tras de sí la voz de Diamante:

-¿Acaso no entenderás que él no es tu Motoki?... ¿Cuándo comprenderás eso Serena?

Serena se giró, temblando al ver imponente a Diamante frente a ella, mirándola de manera… ¿indiferente?... ¿Extraña?... No sabía cómo llamar a la manera en que la miraba, pero le espantó que él le preguntara: "¿Acaso no entenderás que él no es tu Motoki?".

¿Sería acaso que Diamante había descubierto su secreto?

No entendía por qué le decía eso, pero se limitó a negar con la cabeza, a negar hasta las últimas consecuencias.

-No sé de qué estás hablando.

N/A: Hola mis chicas queridas, mis serenitas, mis gemelitas… ¿O ahora será que somos trillizas?... Amigas, tarde el capítulo pero espero que les guste.

Patita me dio gusto conocerte por la web cam y sé que faltan días para tu cumpleaños pero en este capítulo las mañanitas son para ti, cantemos Ana:

¡Feliz cumpleaños Patty!

¡Feliz cumpleaños patita!

¡Feliz cumpleaños señorita de las letras!

¡Feliz cumpleaños a ti!

Amiga pata espero tengas un cumpleaños precioso en compañía de tu familia allá en el Salvador, y que disfrutes de este tu pequeño regalito que aún no termino pero te aseguro que terminare.

Ana, sabes que este regalo también es para ti, que es en igual parte para las dos con mucho cariño pero sigue el cumpleaños de Patito y tenía que felicitarla, pero a ti también te deseo un lindo día y año.

Jovidess, pues bueno, a ti gracias por ayudarme con la edición.

Atte:

Mademoiselle Rousseau.