Él y Ella.
Diamante se quedó mirando detenidamente a Serena, y definitivamente la imagen que le recordaba era la de un animalito asustado, de una niña que ha sido sorprendida haciendo una travesura y teme del castigo. Notó como sus mejillas se sonrojaban y no pudo evitar llevarse la mano a la boca evitando soltar una carcajada.
-Sabes perfectamente de qué estoy hablando, Serena.- La haló Diamante del brazo.- Salgamos de aquí que lo que pase entre Andrew y mi hermana no es de tu incumbencia y entiéndelo, él está enamorado de Lita.
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Dentro de la cocina Andrew y Lita seguían perdidos en aquel beso que poco a poco se tornó apasionado; él, dejándose llevar por sus instintos de hombre, por la pasión que sentía por ella, enredó sus brazos alrededor la cintura femenina, mientras ella enredaba sus brazos en el cuello masculino, haciendo presión en la cabeza de su amigo para profundizar aquel beso, disfrutando de su sabor.
De un momento a otro él la levantó en vilo, la sentó arriba de la barra de la cocina y ella, perdida en las deliciosas sensaciones que los besos y las caricias de él le provocaban, se pegó más a su cuerpo, enredando sus piernas alrededor de su compañero, sintiendo como él al igual que ella ardía de deseo; mas sin embargo, de pronto el sonido de un cristal rompiéndose en el piso hizo que ambos salieran de su ensoñamiento, separándose él uno del otro.
-Lita.- Balbuceó él con voz lujuriosa.
-Perdón, Andrew.- Respondió ella, sintiéndose apenada y bajando de la barra de la mesa.- Perdón por lo que a pasado, yo…
Andrew la tomó del brazo y con su otra mano la tomó de la barbilla, buscando su mirada que ella estaba enfocando en un punto perdido dentro de la cocina.
-Lita, mírame a los ojos, por favor.- Pidió él obligándola a mirarlo.- Esto que ha sucedido no es un accidente. Sabes que siento algo más por ti y sé que no te soy indiferente.
Lita se soltó de su agarre, sintiendo sus mejillas ruborizadas, su corazón golpeando violentamente contra su pecho y negó con la cabeza. No sabía por qué había accedido a sucumbir ante aquel beso. Pero habérselo permitido le asustaba. No podía besar a otro cuando su corazón amaba a otro, cuando dentro dolía aún la muerte de Darien.
-¡Cállate Andrew, por favor, haz como que esto nunca sucedió!.- Exclamó ella, mirándolo con temor, como si tuviera miedo de que él siguiera hablando.
Andrew se acercó a ella, acariciando suavemente una de sus mejillas.
-Sé que te duele aún la muerte de Darien, que lo amaste desde que lo conociste, que tenían una relación sólida, Lita, pero no me vas a negar que te has dado cuenta de que yo siento algo más por ti que amistad.
-No sé de qué estás hablado.- Respondió ella, sobresaltada.
-Sí lo sabes, Lita.
-¡Andrew, por favor, no quiero que sigas hablando!.- Exclamó ella.- Te quiero como amigo. Yo amo a Darien, lo amo y lo voy a amar hoy y siempre… ¿Entiendes?... Nadie va sustituir a Darien.
Ambos se quedaron mirándose por un segundo. Él quiso disculparse, pero ella no le dio tiempo y de un momento a otro él notó sus ojos cristalizados y la vio salir de ahí, siempre cuando ella lloraba solía ser quien la consolara, quien la abrazara y le diera palabras de aliento, pero en ese momento sintió que debía dejarla sóla, que quizás su sóla presencia la turbaría más de lo que pudiera estar.
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Serena caminaba rápidamente tras Diamante quien la halaba del brazo llevándola fuera de la cabaña, sintiendo así el crudo frío a pesar del grueso abrigo en color rosa que Lita le había prestado.
-Suéltame… ¿Qué es lo que pretendes?.- Se quejó ella.- ¿Por qué me halas de esa manera?... ¡No soy tu juguete, Black!
Diamante se detuvo cuando se alejaron lo suficiente de la cabaña y se sentó en el grueso tronco de un árbol que se encontraba tirado en medio de la blanca y espesa nieve de aquel invierno.
-Siéntante.- Le habló más como si le diera una orden que como si fuera una invitación a sentarse a su lado.
Serena se le quedó mirando con extrañeza, temor, rabia y vergüenza.
¿Cómo se atrevía a sacarla de casa así de esa manera cuando antes la había tratado mal y ni siquiera se había tomado la molestia de pedirle una disculpa?
-¿Qué te crees para ordenarme algo así?- Se quejó Serena.- No me da la gana de sentarme contigo, ni de conversar, ni de darte explicaciones de mi vida, y voy a regresar a la cabaña porque aquí afuera hace mucho frío.
Serena se dio media vuelta a punto de regresar y dejarlo ahí sentado, hasta que de nuevo escuchó la voz de Diamante que le hizo detenerse, al recordarle que posiblemente sabía sino es que todo su secreto si gran parte de él.
-Nunca conociste a Motoki… ¿Verdad?... Te aventuraste a conocer seguramente a un hombre que no conocías… eso te lo puedo asegurar.
Serena se dio media vuelta, perdiéndose en los orbes azules y fríos de Diamante, tragando saliva al sentir un nudo en su garganta y sus mejillas enrojecidas.
-Creo que eso no es de tu incumbencia.- Habló Serena queriendo lucir enérgica, como si no temiera, pero de su garganta sólo salió un hilo de voz.
-Sé que me he portado un tanto grosero contigo.- Habló Diamante con seriedad.- ¿Sabes?... Quería disculparme por tratarte de manera tan hostil desde que te conocí, por haberte tratado de esa manera tan estúpida el otro día que me emborrache. Tú no tienes la culpa de los problemas que yo pueda tener.
Serena sintió como si sus deseos de golpearlo desaparecieran cuando escuchó a él disculpándose. Jamás se hubiera imaginado que el altivo y arrogante Diamante Black se tomara la molestia de pedir disculpas, mucho menos a ella que tan sólo sentirse cerca de él temblaba de miedo.
-¿Sabes?... He notado cómo tiemblas de miedo cada que paso frente a ti, luces como un conejo asustado.
Serena esbozó una sonrisa nostálgica al escuchar las palabras de él.
-Mi mamá decía que yo era como un conejo.- Respondió Serena.
-Así luces cada vez que te asustas y con ese peinado también.
Serena se quedo en silencio, olvidándose de su ficticio Motoki, de lo mal que pudiera llevarse con Diamante, del frío que pudiera sentir fuera de la cabaña con ese frío crudo que se filtraba aún bajo su abrigo, rememorando los recuerdos de su madre, hasta que sintió un par de lágrimas bajar por sus mejillas y entonces se dejo caer en el tronco del árbol.
Diamante al darse cuenta de que Serena lloraba se quedo en silencio, nunca había sido bueno para dar palabras de aliento ni consolar a una persona en momentos tan difíciles, eso mismo lo había vivido con su hermana cuando como loca lloró al ver el cuerpo inherte de Darien al ser trasladado de Irak para recibir sepultura, y entonces llevó una mano al hombro de Serena.
-Lo siento mucho.
-Extraño mucho a mamá, a Shingo, a papá, a Michiru, a Amy.
-Me imagino… hace pocos meses me tocó estar cerca de alguien que perdió a un ser muy querido… y creeme que a mi también me dolió… así que creo imaginarme cómo te sientes.
-Es horrible.- Dijo Serena entre lágrimas.- A veces sonrío y trato de mantener una conversación… pero a veces los recuerdos… el saber que esos momentos no volverán nunca más…
Serena dejó escapar un sollozo y Diamante la estrechó entre sus brazos en un impulso de querer consolarla y protegerla.
-Esos momentos no volverán pero debes guardarlos como un tesoro en tu alma y en tu corazón.- Habló Diamante.- Y darle gracias a los mil kamis de que te hayan puesto en tu vida aunque sea por breves momentos a tu madre y a tu hermano.
Serena se separó un poco de Diamante, dejando que él le limpiara las lágrimas con el dorso de su mano y ella sonrió.
-Gracias… veo que no eres del todo un ogro.- Sonrió Serena.- Cuando quieres puedes ser agradable.
-Nunca soy agradable.- Respondió Diamante.- Acostúmbrate a eso. Y siéntete bienvenida en casa y en Nueva York… ¿Sabes?... Me gustaría hablarte sobre los motivos de mi comportamiento hostil y grosero hacia ti, se que no son razones que lo justifiquen, pero igual me gustaría que lo supieras.
Serena ya estaba enterada por boca de Lita de los motivos de Diamante para tratarla de esa manera. Su triste historia con aquella novia que lo había engañado, pero no iba a ir a decirle que ya lo sabía y pestañeo dándole a entender que podía hablar y él, sin mas, comenzó a narrarle cómo había conocido a Minako, la impresión que le había dado, cómo había sido su noviazgo, hasta el momento en que la había encontrado en la cama de su mejor amigo.
-¿No te sorprendes por lo que te cuento?.- Preguntó Diamante una vez que ella terminara de narrar, ciertamente Serena cuando Lita le había narrado le había parecido increíble que al alivo y arrogante Diamante Black le rompieran el corazón, pero ahora que ya lo sabia no le había caído de sorpresa.
-Supongo que a todos puede pasarnos.
-Puedo apostar a que te lo contó Lita…esa Lita.- Movió Diamante la cabeza de un lado a otro.- ¿Verdad que ella te lo dijo?
-No… este… yo…
-No te preocupes, Serena. Está bien que no te gusten los chismes.- Dijo Diamante.- Eso habla bien de ti y no te preocupes que no le voy a reclamar nada a esa hermana mía, se que lo hizo en parte para tratar de justificar mi comportamiento, que le apenó que te tratara de esa manera. Mi hermana es una mujer sensata, pruente, tierna y la admiro mucho. También es una chica muy fuerte.
-Es cierto.- Respondió Serena.- Es una chica muy agradable.
Ambos se quedaron en silencio un momento, hasta que él lo interrumpió.
-Bien, ahora yo te confié lo de Minako.- Dijo Diamante.- Es algo de lo que no me gusta hablar mucho. Ahora… ¿Te gustaría hablarme de Motoki?... Te prometo que no diré nada.
Serena al principio si bien se había sentido apenada, después de que él le confiara por su voluntad sus secretos, de que la consolara en un momento que había tenido de debilidad, fue entonces que se sintió en confianza y comenzó a hablar:
-Cuando llegue a Nueva York tenía ocho meses de haber conocido a Motoki por internet, por una red social; un chico apuesto, rubio que me dijo ser de ascendencia japonesa.- Hablaba Serena.- Él se mostraba muy lindo y agradable conmigo. Comenzó a llamarle por teléfono y chateabamos casi todas las noches…
Diamante escuchó atento, desde cómo Serena había conocido a Motoki, cómo se había enamorado de él por sus charlas en internet, al escuchar un par de veces su voz por teléfono hasta el momento en que había llegado a Nueva York y había estado a punto de ser secuestrada por alguien que decía ser el hermano mayor de Motoki.
-¿Nunca lo viste por la web cam?.- Preguntó Diamante sorprendido.
-No.
-¿Tampoco le pediste su número telefónico o su dirección?
-Sí.- Respondió Serena.- Pero me decía que no tenía teléfono y… sí me dio su dirección pero días antes de que yo llegara se cambió de casa.
Diamante agachó la mirada, se quedó pensativo un momento, debía reconocer para sus adentros que la actitud que había tomado Serena le parecía muy tonta, propio de una chica que pecaba de inocente e ingenua. No quería burlarse, pero no pudo evitar que al menos una risilla escapara de su garganta.
-Ya sé que fui muy tonta.- Dijo Serena.- ¿Sabes?... Cuando conocí a Andrew tuve la esperanza de que fuera Motoki, a pesar de que al llegar aquí nunca lo mire conectado… a pesar de darme cuenta de que Andrew a pesar de ser idéntico dista de ser la persona que yo conocí.- Serena esbozó una sonrisa amarga.- O más bien, la persona que me engañó.
-Lo sabía.
-¿Cómo lo sabías?.- Preguntó Serena sorprendida, volteando a ver a Diamante a los ojos.
-Hace tres semanas, cuando te enteraste de lo sucedido con tu madre y tu hermano, precisamente ese día fui a casa al medio día y quise entrar al cuarto de Lita para pedirte disculpas… te miré con la toalla enredad alrededor del cuerpo y…
-¿Me miraste desnuda?.- Preguntó Serena avergonzada.- ¿Te atreviste?
Diamante sonrió de que ella se ruborizara y que le diera tanta importancia al hecho de que hubiera podido verla.
-No te miré desnuda.- Dijo él y llevó una de sus manos a la cabeza de ella, despeinándole cariñosamente el rubio cabello.- Pero volviendo al tema… miré que abriste una de tus páginas de redes sociales… y fotos de Andrew y te escuché llamándolo Motoki.
-Así es.- Respondió Serena.- El chico de las fotos es Andrew… a menos que tuviera un hermano gemelo.
-No lo tiene. Es hijo único.
Serena esbozó una sonrisa.
-Fui engañada tontamente.
-Piensa que al menos puedes aprender de tus errores.- Respondió él.- Para la otra que conozcas a alguien por Internet, ten cuidado y cuando viajes a un país cuyo idioma no hablas, al menos asegúrate de saber decir: Help me.
-¿Qué significa eso?.- Preguntó Serena.
Diamante movió la cabeza negativamente.
-Debes aplicarte con el inglés, eso significa "ayúdenme".- Respondió él.- Hubiese sido importante para cuando Jedite te quería atacar.
-Lo sé.- Sonrió Serena.- Pero nunca he sido buena para los idiomas.
Ambos se quedaron en silencio un momento, silencio que se vio interrumpido por los gruñidos del estomago de Diamante.
-¿Sabes?.- Se puso de pie.- Tengo hambre y Lita estaba preparando un delicioso pastel de carne… ¿Vamos adentro?... Seguro ya terminé de cocinar.- Dijo Diamante ofreciéndole su mano a Serena para ayudarla a levantarse y ella sin dudarlo aceptó.
-¿Podría pedirte un favor?.- Preguntó ella.
-No te preocupes no comentare lo de Andrew-Motoki con nadie.
-Él ama a Lita… ¿Verdad?.- Preguntó Serena con seriedad.
-Para serte honesto, no he tratado mucho a Andrew, aunque sé que es un buen tipo, un buen amigo de Sapphire y sobretodo de Lita.- Dijo Diamante.- No me ha pasado desapercibido que se lleva muy bien con ella y, disntinto de otros amigos hombres que se acercan sólo con otras intenciones, él la respeta y la cuida mucho… Tanto como que la ame, no lo sé… pero sí me doy cuenta de que le atrae y que si no la ama, al menos le tiene cariño. Él ha sido un apoyo para ella desde que… bueno es una historia larga de contar. Lita tenía un novio que se fue a Irak, ella sufrió cuando él se fue y sufrió con su muerte, pero Andrew ha sido un gran apoyo. Me gustaría que se volviera a enamorar y que fuera de él.
Serena agachó la mirada, sintiéndose dolida de que Andrew pudiera sentir algo por Lita. Pero, entonces, Diamante le tomó la barbilla y la hizo levantar el rostro hasta encontrarse con las pupilas de él.
-Tú eres una chica muy linda Serena y estoy seguro de que algún día encontrarás a un hombre que te ame como te mereces.- Dijo él.- ¿Vamos adentro?
Serena asintió y tomada del brazo de él caminaron hacia la caballa.
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Dentro de la cabaña, sentados en el comedor rústico de mesa redonda, Andrew y Sapphire jugaban cartas, mientras en la cocina Rei entraba y salía acomodando las mesas.
-Te gané de nuevo.- Dijo Sapphire.- ¿Te sucede algo Andrew?... Casi nunca te gano en el juego.
-¿Perdón?.- Preguntó Andrew saliendo de su ensoñamiento, pues desde que había visto alejarse a Lita no había podido dejar de pensar en aquel beso que se dieron y en aquel otro beso que se habían dado muchos meses atrás y que él había fingido olvidar para no molestarla.
Desde que conoció a Lita, dos años atrás, no le había sido difícil enamorarse de ella; de su trato dulce y amable, de su gentileza, de su ternura, y encandilado también por su grácil belleza mezcla de rasgos anglosajones y orientales. Antes, cuando la había conocido, había tratado en vano de reprimir sus sentimientos por respeto a que ella tenía novio (aunque alguna vez se hubieran besado impulsivamente). Después había guardado silencio ante la muerte de Darien. Mas sin embargo, sentía que cada día le era más difícil acallar lo que su corazón sentía por ella.
-No Sapphire, simplemente creo que este no es mi día de suerte.- Respondió Andrew.
-Si tú lo dices.- Respondió Sapphire.- ¿Sabes qué sucedió con mi hermana?... Desde hace un rato se encerró en su cuarto.
-No lo sé.- Respondió Andrew.
La puerta de la cabaña de pronto se abrió, y Diamante y Serena entraron conversando, riendo el uno con el otro lo cual dejó sorprendido a Sapphire quien sabía sobre los sentimientos que ella provocaba en su hermano.
-¿Está lista la comida?.- Preguntó Diamante.- La verdad aquí odango muere de hambre.
-¡Óyeme!.- Hizo Serena un puchero.- ¿Cómo que odango?
-Pues el apodo va bien contigo.
Rei salió con algunas bebidas poniéndolas sobre la mesa.
-¿Gustas ayudarme a servir la comida Serena?- Preguntó Rei.- Escuché que tienes hambre y Lita se lució haciendo la comida: un delicioso pastel de carne, pure de patatas, espárragos con mantequilla, y de postre, una tarta de calabaza sólo que soy un poco torpe en la cocina.
Serena la siguió y entre las dos rápidamente sirvieron cuatro platos en la mesa, dejando dos espacios libres: el de Lita, quien al parecer estaba indispuesta y el de Serena quien, preocupada por Lita y recordando las muchas atenciones que había tenido con ella desde su llegada, acudió a su habitación para cerciorarse de que estuviera bien.
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Dentro de una de las recámaras de la cabaña en la cual había una amplia cama queen size, Lita se encontraba recostada, limpiando las últimas lágrimas que salían de sus ojos color esmeralda causa de la confusión de sentimientos que ocupaban su corazón, mientras que en una de sus manos apretujaba la cadena con el dije de corazón hecho con un poco de las cenizas de Darien.
-¿Te moriste por mi culpa Darien?.- Preguntó Lita.- ¿Sabes?... Aunque en el pasado cometí un error, nunca deje de amarte… Nunca te fui infiel, eres tú al único que ame siempre, Darien.
Lita escuchó que alguien tocaba a su puerta. No deseaba hablar con nadie. No deseaba salir y ver a Andrew, recordar aquel beso que tanta culpa le había hecho sentir, pero al que no había podido resistirse. Quiso fingir que dormía, pero los toquidos no cesarón.
-¿Quién?
-Lita… soy Serena… Me comentó Rei que estabas indispuesta… ¿Te sientes mejor?
-Me siento un poco mal Serena, disculpa que no baje a cenar con ustedes.- Dijo Lita.- Pero disfruta de la comida.
-Disculpa que insista pero… ¿Puedo pasar?
-Claro.
La puerta se abrió y Lita miró entrar a Serena quien tras de sí cerró la puerta y caminó a la cama, sentándose en el borde.
-¿Qué te sucede, Lita?.- Preguntó Serena cariñosamente.- ¿Te sucede algo?... ¿Estás bien?
-Sí, Serena.- Sonrió Lita forzadamente.- En verdad, si gustas, baja a cenar. No tengo nada grave.
Serena acarició los cabellos castaños de su amiga y se tiró en la cama de espaldas a un lado de ella.
-Me da la impresión de que no te sientes bien.- Dijo Serena.- Tú has sido una gran amiga y a pesar de que te conozco desde hace poco tiempo, eres de esas personas que se ganaron ya para siempre un lugar en mi corazón… ¿Qué es lo que te sucede?... ¿No confías en mi?
Lita se sentó en la cama, recargando su espalda contra el respaldo y Serena hizo lo mismo.
-Yo también te quiero mucho, Serena.- Respondió Lita.- Te has convertido en una amiga especial para mi, junto con Rei, y por tanto, te voy a confiar algo que me sucedió hace un par de meses.
-Tú dirás.
-¿Recuerdas que hace rato te enseñe en casa unas fotografías de mi novio Darien?
-Sí.- Contestó Serena.
-¿Sabes?.- Habló Lita con voz entrecortada, dejando escapar unas lágrimas de sus orbes esmeraldas.- Darien no volverá de la guerra de Irak porque está muerto.
Lita rompió a llorar y Serena, sin más que decir, le estrechó una mano. Le parecía extraño ver a la alegre Lita, quien siempre sonreía, llorando desconsoladamente. Le parecía increíble cómo a pocos meses de la muerte de su novio siempre se mostraba tan alegre y optimista.
-Teníamos un año y medio de novios cuando él se fue a la maldita guerra en Irak, hace poco más de un año y medio decidio irse a la guerra y hace poco más de ocho meses que está muerto.
Serena tomó un pañuelo y se lo ofreció a su amiga, quien entre lágrimas le comenzó a contar sobre cómo había conocido a Darien gracias a su amistad con Rei, quien la había invitado a formar parte de la comunidad de japoneses, cómo se habían sentido atraídos desde el principio al grado de hacerse novios a poco menos de una semana de conocerse y cómo había sufrido por su ausencia cuando había partido a Irak.
-Yo no quería que fuera.- Decía Lita entre lágrimas.- Le supliqué que se quedara. Que desistiera de formar parte del USA Army. Que mejor estudiara alguna carrera. Le dije que me moriría de dolor si a él algo le sucediese, pero no le importó y se fue… se fue y me dejó sola.
-Lo siento mucho, Lita.
Lita siguió hablando, hasta que poco a poco fue tranquilizándose, sintiéndose mejor tras haber compartido su dolor con alguien.
-Yo te entiendo, Lita.- Dijo Serena sinceramente.- Hace poco he perdido a dos de mis seres queridos, pero imagino que perder a esa persona que eliges para amar, a tu otra mitad debe ser mucho más doloroso… No me parece que valga la pena pensar en lo que hubiera podido suceder si él no hubiera sido militar de guerra… Todos somos parte del gran Kami y a él tarde o temprano regresamos. Tú misma me lo has dicho… ¿Y sabes?... Te aseguro que Darien donde quiera que esté desea que tú seas feliz… y que vuelvas a enamorarte.
Serena esbozó una sonrisa y se colgó de nuevo su medalla.
-Nunca voy a volver a enamorarme, Serena.- Sonrió Lita.- Darien es el hombre más especial que he conocido. Él siempre va a ser el amor de mi vida. Siempre será mi Darien y eso nunca nadie lo va cambiar… ¿Sabes?.- Habló Lita apretando en una de sus manos el dije en forma de corazón.- Este dije está hecho con un poco de sus cenizas y los petalos de rosa que tiene dentro son de la primera rosa que él me regalo.
-Ya veo.- Dijo Serena incómoda de no saber qué decir.- ¿No has pensado en ir con algún psicólogo, Lita?... Te podría ayudar… al menos así lo veo yo.
-Sí.- Respondió Lita.- Pero no me gusta hablar de esto con nadie… ¿Sabes?... No me gusta que hablen de Darien como si estuviera muerto, prefiero pensar que está en Irak y que un día va regresar… Todos los días tengo la esperanza de que él regrese de nuevo y que todo haya sido un error.
-Pero tienes que aprender a aceptar la realidad por más dura que esta sea, Lita.- Dijo Serena.- ¿No has hablado de esto con tus papás o con tus hermanos?
-Pocas veces tocan el tema. Saben que no me gusta hablarlo.- Dijo Lita.- Aunque a veces me permito hablarlo con Andrew.
Serena tan sólo escuchar que ella mencionaba a Andrew no pudo evitar recordar el beso que había visto entre ellos. Aunque sabía al final que su Motoki sólo había sido una falsa ilusión que se había desvanecido, no podía evitar sentir que le latiera el corazón al estar cerca de Andrew y ansiosa por saber si Lita sentía algo por él, le preguntó cosas acerca de su relación amistosa con sutileza.
-Andrew y tú son muy buenos amigos… ¿Verdad?
Lita asintió y esbozó una sonrisa.
-Lo es.- Respondió.- Es un gran amigo y yo lo quiero mucho. Le tengo mucho aprecio a mi querido Andrew.
-¿Sabes?... Cuando me lo presentaste… antes de saber lo de Darien, por un momento pensé que había algo más entre tú y él.
Lita la miró sorprendida al escuchar sus palabras.
-Pensé que quizás se gustaban o que sentían atracción el uno por el otro.
-Andrew es muy atractivo.- Sonrió Makoto.- Además, es un buen chico, amable, lindo y gentil… el hombre ideal de cualquier chica, pero para mi él sólo es un amigo que quiero mucho.
Serena se sintió rebosante de alegría al escuchar de la propia voz de Lita decir que Andrew no le interesaba como algo más que un amigo. Quiso gritar de felicidad, pero se limitó a esbozar una sonrisa.
-¿Entonces si el día de mañana Andrew tuviera novia no te molestaría?
Lita esbozó una sonrisa ante la pregunta de Serena.
-¡Qué cosas dices! ¡Por supuesto que no!- Exclamó Lita.- A mi en lo personal me daría mucho gusto que mi querido amigo encontrara una chica que pudiera amarlo como se merece. Es un chico muy lindo y cualquier chica sería feliz de ser su novia.
-¿Bajamos, entonces, a comer?.- Preguntó Serena.
Lita se quedó pensativa unos momentos, pero al final asintió. Después de todo, no estaría a sólas con Andrew, puesto que ahí estarían también sus hermanos y sus dos amigas.
-Vamos.
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Un día después…
Serena se despertó muy de mañana a pesar de que la noche anterior se había desvelado cenando en compañía de sus nuevos amigos. A pesar de la noche anterior haber cenado más de la cuenta y de que hubieran pasado pocas horas de que se fuera a dormir, el hambre la despertó y enfundada aún en su pijama, que consistía en un pantalón y una blusa de lana en color rojo, caminó a la cocina en donde miró a Andrew sentado en la barra tomando un poco de café, sólo y pensativo.
-Buenos días, Andrew.- Saludó Serena cuando los ojos de él se posaron sobre ella. Hubiera querido estar más presentable y que él no la viera en esas fachas, pero ya era demasiado tarde.
-Buenos días, Serena… ¿Qué haces despierta tan temprano?
-Aunque no lo creas me dio un poco de hambre.- Respondió Serena abriendo el refrigerador y sacando lo que quedaba aún de la tarta de calabaza.- ¿Gustas un poco de tarta?
Andrew se quedó pensativo y al final aceptó, sirviéndose otra taza de café y poniendo un lugar para Serena junto a él.
-¿Y tú?.- Preguntó Serena.
-¿Yo que?
-¿Qué haces tan temprano y despierto?
-En realidad, no tenía sueño.- Respondió Andrew.- No he podido dormir bien.
-¿Tienes algún problema?.- Preguntó Serena, esperando que él tocara el tema de Lita.
-No.
Cuando Andrew al fin terminó de comer se acomidió a lavar los trastes y entonces volteó a ver a Serena.
-¿Sabes esquiar?
Serena se sorprendió de la pregunta.
-Sí.
-¿Quieres ir conmigo?.- La invitó Andrew.- Me gustaría salir un poco.
Serena esbozó una sonrisa. No podía creer que Andrew la estuviera invitando a salir. Sentía como si su corazón latiera con fuerza dentro de su pecho y pensó que si Lita no lo amaba y él era soltero, quizás fuera su oportunidad. Quizás, de alguna manera, sus caminos estaban cruzados.
-Sí.- Respondió Serena, con alegría.- Sólo permíteme ir a ponerme ropa más apropiada y nos vamos… ¿De acuerdo?
Andrew asintió.
-Sólo no tardes mucho, me gusta aprovechar que a esta hora casi no hay gente.
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Diamante abrió los ojos a pesar de que era muy temprano. Aún se sentía adolorido de la cabeza, pues la noche anterior había bebido alcóhol un poco más de la cuenta; pero no pudo evitar sonreir al recordar a Serena y todo lo que era ella: dulzura, inocencia, ingenuidad. Podía pecar de ingenua, pero a la vez debía reconocer que eso era parte de su encanto angelical.
Decidió levantarse temprano, preparar postre de limón que había escuchado era el preferido de Serena y que era de lo poco que él casualmente sabía cocinar. Quería agradarla, darle un poco de felicidad dentro de tanto dolor y tener un presente para ella cuando se despertara. Pero al ponerse de pie, entonces, se sorprendió al verla salir peinada con sus típicas coletas vistiendo pantalón blanco de lana y una gruesa chamarra en color rojo, además de llevar sus aparatos de esquiar.
-Serena… buenos días
Serena, al ver a Diamante, le sonrió y corrió a su lado dándole un beso en la mejilla. Ciertamente días atrás tenía un concepto de un Diamante malvado, pero desde el día anterior, lo que pensaba de él había cambiado y hasta podía decir que un poco de cariño hacia él había nacido en su corazón.
-Buenos días, Diamante.
-¿Qué haces tan temprano arreglada así, coneja?.- Preguntó él.- ¿No me digas que vas a esquiar?
-¡Sí!
A Diamante le extrañó que quisiera ir sola. Le pareció que era el momento perfecto para salir junto con ella. Pero antes de que pudiera autoinvitarse, miró a Andrew saliendo enfundado en un pantalón negro y gruesa chamarra apropiada para la época en color azul.
Serena, ya estoy listo… Diamante, buenos días… no sabía que estabas despierto.
-Buenos días, Andrew.- Respondió Diamante, tratando de asimilar lo que sucedía.- Serena y yo iremos a esquiar… ¿Quieres ir?
Diamante no pensaba aceptar, pero antes de siquiera poder negarse Serena se adelantó a hablar.
-Diamante no tiene humor de ir y menos a estas horas, Andrew.- Dijo Serena posando sus ojos en Diamante.- ¿Verdad?... Se despertó sólo porque hice ruidos al salir a la sala.
-Bueno.- Respondió Andrew.- Si es así, entonces nos vemos al rato Diamante. Sigue descansando.
Serena y Andrew salieron de la cabaña y Diamante, como guiado por un impulso, caminó hacia la ventana desde donde se podía ver cómo Andrew y Serena se perdían caminando entre la nieve y, entonces, no pudo evitar sentir molestia dentro de sí mismo. Sentir rabia de que fuera Andrew quien estuviera a su lado y no él; rabia de que Serena se hubiera adelantado a decir que él no quería ir tan sólo para estar cerca de Andrew.
"Tan sólo es una estúpida chiquilla tonta, que se valla al demonio" Pensó para sí mismo y se fue molesto al sofá donde seguiría durmiendo.
N/A: Mis queridas Ana y Paty, aquí esta un capitulo mas de esta historia que escribo por y para ustedes, espero les agrade el capitulo y lamento no verlas, pero me han cortado el internet y no se hasta cuando tenga reconexión, pero las extraño y no las olvido.
Jovidess, a ti amiga, gracias por tu ayuda con la edición y espero te gusten las escenas de Makotita nuestra sailor preferida.
Atte:
Mademoiselle Rousseau.
