oOo Recomendación Musical: Say you don't want it de One Night Only


Recuerdo que aquella noche no dormí demasiado bien. Volví a nuestra casa, en el número 12 de Grimmauld Place, y subí directo a mi cuarto. No tenía humor para nada y tan pronto entré en mi habitación, tiré el libro de Rosie al escritorio. Cayó de cualquier forma y así se quedó. Me revolví el pelo por los nervios y me dispuse a quitarme la ropa. Tiré todo encima de la cama y solo me coloqué unos pantalones cortos deportivos que tenía tirados encima de la cama. En casa hacía calor y no habituaba a dormir vestido completamente. Abrí la cama de mala gana y me tiré boca abajo en ella, con la cabeza mirando hacia un lado. Era mi postura favorita para dormir.

Como dije, no dormí bien. El recuerdo de Rose mostrándose fría y distante conmigo me atormentaba, porque seguía sin saber a qué se debía ese comportamiento suyo. Es decir, yo no le había hecho nada malo, llevaba tratándola de la misma forma todos estos años y que viniese ahora con ese distanciamiento…no me gustaba. Nadie solía dejarme de lado de esa forma nunca, y que Rose lo hiciera me dolía especialmente. La quería, quería a mi prima, a la persona que menos pensaba, pero me gustaba la sensación. Quería hacerla feliz y ser el motivo de su risa, pero por alguna extraña razón que escapaba a mi razón, ella intentaba ignorarme. Hasta la fecha, ninguna chica se había resistido a mis encantos. En Hogwarts tenía a muchas detrás de mí, podía verlas seguirme por los pasillos o ver cómo iban a los entrenamientos solo para verme. Ya estaba acostumbrado. Si quería tener a una chica con la que pasar el rato solo tenía que girarme. Pero ahora la única chica que me interesaba era mi propia prima, y casualmente la única que no parecía notar mi existencia. Para alguien como yo era muy frustrante.

Seguí dándole vueltas al tema un buen rato, hasta que sin saber cómo ni cuándo me quedé dormido. Fue un alivio, no me gustaba pensar demasiadas veces las cosas, con eso solo conseguía liarme más y en el caso de Rose, creo que ya todo era los suficientemente lioso como para hacerlo más. De tan cansado que estaba, no me desperté ni escuché a los demás llegar. Pero sí me desperté varias veces de noche. Claro que me daba media vuelta y volvía a sumirme en mis sueños.

Por la mañana mi madre me levantó temprano, alegando que tenía que preparar todas las cosas. Vale, no había metido absolutamente nada en el baúl. Todos los libros estaban tirados por la habitación: debajo de la cama, en el escritorio, dentro del armario… Tenía las túnicas encima de la silla, mamá había sido sensata y no me las había llevado hasta el propio día de marchar al colegio. Menos mal. Sino andarían tiradas por todo el cuarto.

Me dejó la persiana levantada, dejando que toda la luz del nuevo día penetrase en la habitación. Me molestó en los ojos y los froté para empezar a desperezarme, pero no tenía ganas de levantarme. Solo en pensar todo lo que tenía que hacer…me daban ganas de volver a meterme entre las mantas. Mucha pereza me daba colocarlo todo. Pero si me quedaba en la cama, equivaldría a que mi madre volviese a subir y esa vez sí que me haría levantar. Había aprendido de la abuela Molly métodos muy efectivos, mejor no probarlo, creedme.

Así que con una cara de sueño tremenda me levanté y fui descalzo hasta el baño. Me daría una ducha para despejar mis neuronas y luego colocaría todo con un poquito de ayuda mágica. Eso era lo que más me gustaba, ya tenía los 17 y podía hacer magia fuera de Hogwarts. Era muy divertido poder hacer magia delante de mis primos cuando estos aún no podían, me encantaba chincharlos de esa manera.

Caminé por el largo pasillo hasta el baño. Mi habitación era la primera al subir las escaleras, fácilmente reconocible por los posters de quidditch y de grupos muggles. Y de acuerdo… por el desorden que siempre había allí. Después estaba la de Albus, que siempre estaba perfectamente colocada. Nadie diría que éramos hermanos sino no nos conociesen de antes. Éramos polos opuestos.

Y la última habitación del pasillo era la de mi hermana pequeña, Lily. Toda de color rosa. Como para pensar que allí podía habitar un chico. Já.

Escondido en un lado estaba el baño, lo suficientemente grande para ser usado por tres personas.

Me rasqué la nuca, descolocándome más el pelo de lo que estaba antes de sujetar el pomo de la puerta.

Pero claro, ¿cómo una mañana iba a ser tranquila en la vida de James Potter? En el baño ya había alguien. Y Albus no era, lo había visto en su cuarto al pasar. Así que era Lily, porque nosotros tres teníamos nuestras habitaciones en el tercer piso y usábamos el baño de esa planta. Mamá y papá dormían en la segunda planta y ellos no subían a esta planta salvo para hablar con nosotros o algo así.

─ ¡Lils! ¡Sal del baño! –dije para que me escuchase bien. Conociendo a esta niña estaría peinándose o vete a saber qué. Se pasaba todo el día mirándose a un espejo, ¡le iba a comprar uno por navidad! A ver si así se cansaba de su reflejo. Siempre se metía en el baño cuando yo quería pasar, debía de tener una alarma o algo que le indicase eso. No tenía otra explicación.

Nadie me respondió y esperé un poco más.

─Venga, que quiero darme una ducha…

Y otra vez, nadie contestaba. ¿Pero qué demonios hacía ahí dentro? Ni que se estuviese arreglando para recibir al mismo Ministro de Magia. ¡Sólo volvíamos al colegio! Decidí acercarme a su habitación a mirar si estaba allí. Por supuesto, no estaba. La cama ya estaba hecha y el baúl estaba abierto en el suelo, así que estaba arreglándose. Lo hacía, para "decidir la ropa que iba a ponerse para no escoger algo parecido para llevar a Hogwarts". Estaba obsesionada con la moda. Bufando volví al baño, y esta vez no paré a llamar. Abrí la puerta y entré. ¿Quién me iba a decir a mí que me iba a encontrar a mi hermana medio desnuda en medio del baño? ¡Que hubiese avisado cuando llamé la primera vez! Solamente me recibió un buen "¡Ahhhhh!" y un golpe de una zapatilla en la cabeza. ¡Demonios y más demonios! ¿Cómo era tan rápida para recoger algo que estaba en el suelo?

─ ¡Oye! –protesté alejándome de ella, por si acaso decidía lanzar otro proyectil más.

Me agaché a recoger la zapatilla para dársela, como buen chico que soy, pero no pude. Un grito me recibió.

─ ¡JAMES POTTER SAL DE AQUÍ YA! –dijo como si se le fuese la vida en ello. ¡Cómo se parecía a mamá cuando se enfadaba! Se puso completamente roja, haciendo que las pocas pecas que tenía le desapareciesen. Tapándose con la toalla se acercó a mí con cara de pocos amigos. ¡Qué miedo! Era igual a mi madre cuando me descubría haciendo algo que no debía…

Viendo que de un momento a otro le iba a dar un colapso, decidí salir de allí y una vez del otro lado de la puerta me pegué para hablar.

─Joder hermanita, ¡podías avisar!

Como escuché pasos de ella dentro del baño (seguro que venía a quejarse otra vez), decidí emprender otra huida. Lo menos que necesitaba era a una niña enfadada persiguiéndome por casa.

Cuando casi estaba en mi habitación escuché unas carcajadas a mis espaldas. Albus. ¿Quién iba a ser sino?

─ ¿Y a ti qué te pasa? –contesté de mal humor.

Siempre se aliaban ellos dos para hacerme algo, cosas de hermanos pequeños supongo, aunque a mí no me hacían ninguna gracia.

Mi hermano negó con la cabeza y se metió en la habitación, dejándome allí plantado.

Todos locos, me dije. Hoy todos los Potter estaban en mi contra o algo similar, seguro. Estaba deseando largarme al colegio y perderlos un poco de vista. Con Albus sería fácil, él estaba en Slytherin y nos veíamos poco, pero con Lily…a ella la tenía en Gryffindor conmigo, al igual que Rose. Y ahí estaba ella otra vez. Los recuerdos de la noche anterior regresaron, pero no iba a preocuparme por ello ahora. Ya me rayaría cuando la viese.

Avancé hasta mi habitación para preparar el baúl y buscar la escoba. Eso sí que sería un verdadero reto. Poder colocar eso tendría mucho mérito.

He de decir a mi favor que tengo demasiadas cosas en mi habitación. Y lo que pasa al tener muchas cosas, es que no tienes sitio para ponerlas. Por eso la mayoría de mis pertenencias están tiradas por el suelo. En mi caos siempre tengo un orden, al menos la mayoría de las veces.

Y ese fue el panorama que me recibió al entrar a mi cuarto. Caos por todos lados.

La ropa que había dejado encima de la cama a la noche estaba tirada por el suelo. Un montón de libros tirados por todos lados. La jaula de la lechuza estaba en una esquina, abierta y sucia. El baúl de pie en otra. Unos CDs de los Rolling Stones estaban tirados debajo del escritorio.

Esto tenía una solución muy fácil.

Sonriendo con suficiencia me acerqué a la mesilla de noche, donde tenía mi varita. La saqué, miré alrededor e hice una floritura con ella.

─ ¡Bauleo! –todas las cosas que necesitaba para el colegio comenzaron a meterse de forma ordenada dentro de mi baúl. Primero los libros, que dejaron un hueco para las plumas, tinta y pergaminos. Luego fueron los zapatos y la ropa. Por último entraron los objetos que más quería y los que iba a usar durante el viaje: el Mapa del Merodeador (mi padre me lo había dado cuando aprobé con buenas notas los TIMO), todo el dinero que tenía, unos cuantos objetos de broma que tío George me había regalado, las golosinas y el libro de Rosie, que casi se me olvida encima del escritorio. Tenía que devolvérselo cuanto antes, igual se pensaba que me lo iba a quedar, nada más lejos de la realidad, pues leer no entra dentro de mis hobbies.

El baúl ya estaba hecho. Lo dejé donde estaba y me centré en lanzarle un fregotego a la jaula de Parker, mi lechuza parda.

El hechizo la limpió al instante, dejándola tal cual cuando la compramos. Lo último que tenía que hacer era recoger el cuarto un poco, hacer la cama y buscar la escoba.

Hice todo eso, que me llevó un buen rato, y luego empecé a coger la ropa que iba a llevar puesta ese día. Me asomé para ver el tiempo que hacía en el exterior. Era un día nublado, así que me cogí unos vaqueros de esos rasgados muggles, con unas deportivas azul marino. También cogí una camiseta de manga corta azul y por encima llevaría una sudadera blanca. Recogí la ropa y me dirigí con cuidado, por si mi hermana andaba por allí, al baño. No me apetecía verla desnuda, y mucho menos que me tirase cualquier cosa a la cabeza. ¡Seguro que era capaz de lanzarme un bote de champú! ¿Y si luego me estropeaba mi preciosa cara? No podía permitir eso.

Por suerte la puerta estaba abierta y ella no estaba allí. ¡Gracias a Merlín!

Me aseguré de cerrar la puerta con pestillo y me di una ducha rápida, para salir cuanto antes, porque me estaba muriendo de hambre.


Salimos de casa a las diez de la mañana y llegamos al andén segundos después, gracias al hechizo de aparición. Era muy temprano, el tren no salía hasta las once. Pero mis padres habían quedado con los Scamander y la mayoría de mis tíos. A mí no me apetecía estar rodeado de familiares, ya los había visto el día anterior. Además seguro que era demasiado aburrido, y yo era capaz de dormirme allí mismo si empezaban a hablar de esas tonterías de decretos ministeriales, o de no sé qué de los elfos domésticos, o de que tal mago fue ascendido. Bla, bla, bla. Tonterías para mí.

Por eso saludé a todos, besos y abrazos incluidos por mucho que no quisiese, y me largué cuanto antes. Caminé con mis cosas por todo King's Cross; Albus se había empeñado en venir conmigo, porque según le habían dicho, todos nuestros primos estaban en el andén 9 y ¾.

Atravesamos la barrera tras asegurarnos de que ningún muggle mirase y llegamos al otro lado. Allí estaba la gran locomotora escarlata, rodeada de alumnos por doquier, acompañados la mayoría por padres. A pesar de ser temprano ya había bastante gente por allí. Como pude llevé todo al tren, subiendo primero a Parker y la escoba y después el pesado baúl. Me dirigí a uno de los últimos vagones, y escogí un compartimento al azar, total, estaban todos vacíos. A nadie le iba a importar. Allí conmigo irían Thalia, Alexander Macmillan, Leanne Lawrence y Michael Sharper. Todos formábamos una pandilla, y la mayoría éramos de Gryffindor, a excepción de Michael y Thalia.

Y ahora voy a hablaros un poco de ellos. Alexander y Leanne venían conmigo a Gryffindor, a mi mismo curso. Al primero lo conocí en el vagón del tren el primer día de colegio, y desde ese momento somos inseparables. Físicamente no podíamos ser más distintos: él rubio con el pelo corto y yo moreno y con él alborotado, Alex tiene los ojos grises y yo casi negros, él es delgado y un más bajo que yo, lo que más me sorprendía de él era que sus padres le habían permitido hacerse un tatuaje. Los míos ya ni lo permitirían. Leanne por el contrario tenía el pelo castaño, era un poco más baja que yo, y tenía los ojos azules. En carácter éramos parecidos: bromistas, no callábamos ni debajo del agua, un poco insufribles…Michael era un chico de mi curso de Hufflepuff, y este año había sido Premio Anual. No se lo esperaba y de hecho estaba acojonado ante la mera idea de tener que representar a todo el colegio por su cargo. Él era el que tenía cabeza en el grupo. En cambio Thalia…bueno, ella estaba allí porque estaba obsesionada conmigo. Como podéis suponer, los viajes en tren eran muy moviditos.

Al contrario que los demás miembros de mi familia, yo prefería ir con mis amigos en el tren y no rodeado de primos; a ellos ya los había visto en el verano, mientras que a los otros no los había visto desde que terminaran las clases. Echaba de menos las bromas de Alex y de Mike, también las chorradas que decía Leanne para animarte. Y por qué no…también echaba de menos besarme con Thalia alguna que otra vez. Ahora el inconveniente sería saber cómo iba a reaccionar ante ella, había asumido lo de Rose y no sabía si sería capaz de seguir de rollo con ella, ni con otras. Lo comprobaría más tarde.

Una vez todos los bártulos estaban en su correspondiente lugar, salí al pasillo y caminé hasta dar con la salida. Observé quién andaba por allí y vi a Albus con toda la manada Weasley por allí, aunque enseguida caí en la cuenta de que faltaban Rose y Hugo. Estarían por llegar, seguro.

Intentando no darle demasiadas vueltas, bajé del tren y caminé hasta donde estaban ellos para saludar a todos.

─ ¡Primo James! –gritó Louis, uno de los más pequeños, tenía 12 años e iba a Slytherin, como Albus─. ¿Vendrás con nosotros este año en el tren?

Negué con la cabeza y pareció entristecerse un poco, siempre me pedían lo mismo y la situación se volvía un poco incómoda. Le sonreí para que se animase. No era porque no quisiese estar con ellos, entre nosotros nos queríamos todos y estábamos acostumbrados a estar juntos todo el rato. Y ahí estaba el problema. Todo el rato. Yo quería estar con mis amigos. Le revolví el pelo y luego me fui a donde Molly y Lucy. Estaban con otras chicas, de las cuales no conocía el nombre.

─ ¡Bu! –les dije por la espalda. Ellas saltaron y yo solté una carcajada. Como reprimenda recibí un golpe en el hombro, cortesía de Molly por supuesto-. ¡Eh! ¡Guárdate la fuerza para el campo de quiddicth!

Molly venía a Gryffindor conmigo, y jugaba como bateadora. Había entrado en mi quinto curso, cuando me nombraron capitán. Desde que ella había entrado, el equipo tenía menos bajas, ya que los anteriores bateadores no sabían librarnos de las malditas bludgers. Recuerdo que a un cazador le habían roto una pierna con una bludger, porque Anthony Casidee no había visto la bludger. Menos mal que ya se había ido del colegio, qué desastre de tío.

Iba a irme directo hacia Fred, el único que compartía mi estilo bromista. De todos mis primos era el único que me comprendía a la hora de hacer bromas. Pero alguien me agarró por un brazo y me abrazó por la espalda.

Reconocería ese olor en cualquier lugar. Era fresa. Y no podía ser otra que Thalia.

─ ¡Jamie! –me gritó al oído. Me giré poco a poco y me encontré con su cara sonriente. Le devolví una sonrisa rápida para que no se pusiese pesada con que me pasaba algo, se ponía insoportable si no le sonreía o le demostraba un poco de atención─. ¡No sabes cuánto te he echado de menos!

Y volvió a abrazarme. Parecía mentira que alguien tan delgado tuviese tanta fuerza, porque estaba empezando a hacerme daño.

─Hey Thalia, hola… ─la saludé, aún un poco conmocionado por su interés. Y antes de que pudiese decirle nada más me plantó un beso en medio del andén. ¿A esta qué le pasaba? ¡Por Merlín! ¿Y si esto lo veía Rose? No, no, no y no. No podía ser. Como pude, me separé de su lengua (con la que poca más no me ahoga) y le sonreí de lado. Aquel no era un buen sitio para andarnos besando.

Sabiendo que todos mis primos estarían mirando, le di un abrazo rápido para susurrarle al oído que nos fuésemos a un sitio más privado. No era que no me gustase morrearme con todo el mundo mirando, era lo que hacía habitualmente, pero en el andén era distinto: estaba mi familia por ahí, demasiada gente mirando, podía venir Rose…demasiados impedimentos, vamos.

La Ravenclaw, feliz, me agarró de la mano y tiró de mí. Repito, tenía demasiada fuerza. ¡Casi me tira hacia delante! Yo sin oponer resistencia (tampoco podía), la seguí, sin saber a dónde iríamos…Yo no conocía muy bien la estación, nunca salía de donde estaba el tren. Esperaba al menos que fuese decente.

─ ¿A dónde me llevas Thalia? –inquirí, viendo que íbamos caminando hacia donde se suponía que estaban los baños.

─A un sito privado, como pediste.

Y en cuanto miré al frente, me encontré con los servicios de la estación.

Si ella llama al baño sitio privado se equivoca. Ahí puede entrar cualquiera. No me importaba ir ahí. Pero estar besuqueándome con ella cuando había otra persona al lado haciendo cualquier "cosa fisiológica" no es agradable. Pero bueno, demasiado tarde para cambiar el rumbo.

Finalmente llegamos a los baños y yo tiré de ella hacia el masculino, el cual supuse sería el menos visitado. Pero no, ella tiró de mí hacia el femenino. Viendo que ponía caras raras por mi insistencia de ir al de hombres, suspiré rindiéndome y me puse a su lado para entrar al otro. Pasó ella primero para ver que no había nadie dentro y una vez lo hubo confirmado pasé yo. Tan pronto se cerró la puerta tras de nosotros, Alersen se tiró encima de mí y empezó a besuquearme y a revolverme el pelo. ¡Madre de todos los magos! Sí que me echaba de menos, ¡vaya!

Yo me dejé hacer al principio, la besé y todo eso, dejando que ella marcase el ritmo. Pero luego me cansé y empecé a imponerme yo. No me gustaba que solo una persona dominara la acción, éramos dos, ¿no? Pues en eso consistía, había que "repartirse" el trabajo. Pasé mis manos de su nuca a su cadera, agarrándola con fuerza para pegarla más a mí, a la vez que caminaba hacia atrás para meternos en un lavabo individual. No era buena idea que nos pillasen allí de aquella forma. Cerré la puerta con el pie como pude y me olvidé de dónde estábamos, solo para pensar en lo que estaba haciendo. Rose seguía navegando por mi mente, pero ahora era como un recuerdo lejano. Tenía un calentón encima y eso no me permitía pensar con toda la claridad posible.

Thalia estaba demasiado necesitada por lo visto, porque enseguida pasó sus manos por debajo de mi sudadera, intentando quitármela. Yo no me hice de rogar y levanté las manos para ayudarla. Sentí caer la prenda al suelo, haciendo un ruido pesado. Con rapidez me moví para agarrar de nuevo a Thalia, esta vez por los muslos para levantarla del suelo. A tientas casi la llevé hasta la pared del lavabo, no veía nada, entre mi pelo y el suyo era casi imposible.

La besé con más intensidad, quizás más de la debida pero es que ella me lo devolvía de la misma manera y qué demonios… ¡sólo se vive una vez! Ya me arrepentiría luego.

Pasé de besarle la boca para bajar a su cuello, fui poco a poco dando pequeños mordiscos. Algunos dejaron marcas, que luego tendría que ocultar. Ella levantó el mentón, dejándome vía libre. Me entretuve un buen rato en el cuello hasta que me cansé y volví a besarle la boca. Ella respondió al momento, enredando su lengua en la mía, como si fuera una especie de lucha. Así era Thalia. Como ya se me estaban cansando los brazos de sujetarla la posé con suavidad en el suelo, pero manteniéndola apoyada contra la pared. Me separé un poco para coger aire, y la miré a los ojos, estaba sonriendo y se mordía el labio inferior. Eso me pareció tremendamente sexy y volví a besarla. Me apoyé con las manos en donde ella estaba recostada y así seguí, hasta que noté que Thalia cogía mis manos entre las suyas y las llevaba hasta distintos puntos de su anatomía. La derecha la colocó en uno de sus pechos y la izquierda la bajó peligrosamente por sus muslos. Mientras la besaba sonreí, ya sabía a qué punto quería llegar. Pero me parecía un poco fuerte en un baño. ¿Y si entraba una madre con sus hijos? Seguramente nos escuchase y se armaría una buena. Pero estaba demasiado excitado como para parar ahora. Al fin y al cabo, soy solo un tío. La carne es débil. Y ahora no podía pensar de la forma correcta.

Me separé lo suficiente de ella para ver lo que estaba haciendo. ¡Y joder cómo costaba! Entre toda la maraña de pelos no veía nada. ¿Por qué demonios no se recogía el pelo? Solté un sonoro bufido y con la mano que tenía en su pecho le coloqué el pelo en la espalda. Bien, así podía ver. Me ayudé con las dos manos para subirle un poco la falda, eso me permitiría maniobrar mejor. Una vez tuve el terreno despejado, volví a besarla, a la vez que introducía mi mano entre sus piernas. Tan pronto rocé con uno de mis dedos sus bragas, un gemido ahogado por mis labios inundó el sitio donde estábamos. Si seguía así nos iban a escuchar en todo el andén. Qué poco discreta era. La besé con más profundidad, ojalá así se callase. Con la mano seguí avanzando, hasta que la introduje completamente en sus bragas. Ella, tan poco cuidadosa como siempre, volvió a gemir, esta vez más alto. Me separé de ella y con la vista le indiqué que se callase. Puso una expresión que no supe descifrar. Hasta segundos después.

Alguien venía. Mierda, nos habían cogido. ¿Tanto se había escuchado?

Como pude me separé de ella, y cogí mi sudadera para ponérmela de nuevo. En el momento en que me estaba colocando las mangas alguien entró en el baño.

─… no me creo que no te guste nadie, a mi no me engañas –dijo la voz de alguien conocido. Demasiado.

─Que no Rox, de verdad, no seas plasta–replicó una segunda persona.

¡Era Rose!

Se escucharon pasos, como si ellas se estuviesen moviendo por el baño. Yo tenía el corazón a mil por hora, se me iba a salir por la boca. Me había olvidado completamente de Thalia y del calentón que teníamos encima los dos ahora mismo. Solo me preocupaba que Rose no me pillase allí.

─Bueno, lo que tú digas… ─contestó mi prima Roxanne, no parecía muy convencida con lo que decía─ Pero a mi si me gusta alguien.

¿A Roxanne gustándole alguien? ¡Qué fuerte! Si tenía un año menos que Rose, ¡era de la misma edad de Lily! ¿A Lily también le gustaría alguien? Me parecía una opción posible. Mi hermana era un poco alocada, pero eso tendría poco que ver. Aunque tenía una cosa clara: como alguno se le acercase, y aún por encima le hiciese daño de nuevo como aquel chaval…bueno, mejor no pensarlo…

─ ¿Y… quién? –preguntó Rosie. Se veía una gran curiosidad en sus palabras. Y para qué mentir, a mí también me interesaba saberlo.

Roxanne parecía dudar, como si fuese reacia a decir el nombre del afortunado. Miré unos segundos a Thalia que estaba en tensión como yo. Tenía todo el pelo alborotado y estaba colorada. Parecía no estar escuchando nada que no fueran los movimientos de mis primas. Tampoco querían que la pillasen.

─Uno de los amigos de James –contestó al final Roxy, como si tal cosa. Pero de repente soltó una risita─. ¡Te has puesto roja! ¡A ti también te gusta alguien! ¡Ya te dije que no me podías mentir!

Alguna de las dos pegó un salto, lo que indicaba que se habían sentado en donde estaba lo de lavarse las manos. Sentí como unos pies se acercaban peligrosamente a dónde estábamos nosotros metidos.

─ Yo no he dicho eso.

─No, no lo has dicho, cierto –comentó Roxanne, en tono suspicaz, como si dominase el tema del que estaba hablando─ ¡Pero te has puesto roja!

Conociendo a Roxanne y lo cotilla que podía llegar a ser, no iba a parar. Iba a acabar sabiendo quién era el afortunado.

─ ¡Roxanne deja de mirarme así!

Los pasos cada vez se acercaban más, hasta que ¡PUM! El cuerpo golpeó con la puerta, dándome a mí en todo el hombro. ¡Qué dolor!

─ ¡Ay! –me quejé apartándome como pude, y quedando expuesto a las miradas. Genial.

─ ¡James! –gritaron ambas Weasley a la vez. Mierda, mierda y más mierda.

Como toda respuesta yo les hice un gesto con la mano. ¿Qué iba a hacer? ¿Escapar corriendo? Seguro que si alguien ajeno a la acción me veía se partiría de risa.

De repente sentí a Thalia moverse y vi como pasaba por encima de mí para irse de allí, ya eran pocos los problemas para añadirle otro. A saber qué iban a pensar de mí…¡por Godric!

Una risotada invadió todo el cuarto de baño. Provenía de Roxanne por supuesto, Rose estaba como medio conmocionada, toda colorada y mirando hacia la puerta.

─ ¡Te hemos cortado el rollo Jamie! –volvió a reírse y yo negué con la cabeza. Tenía que tratar de salvarme de alguna forma─. ¡Si que lo hemos hecho! ¡Vaya!

Roxanne agarró a Rose de la mano, que por fin me miró, con una cara de decepción y vergüenza y tiró de ella para irse de allí. Genial. Como pude la miré pidiendo perdón. Aunque eso no iba a arreglar nada.

Luego salí del lavabo individual, me lavé las manos y me peiné. Menuda suerte estaba teniendo, joder.

Me largué lo más rápido que pude y caminé hasta la locomotora. Según el reloj del andén faltaban diez minutos para partir. Iría a despedirme de todos y me metería en mi compartimento.

Busqué con la mirada a toda la familia y los encontré enfrente al primer vagón. ¡Se me había olvidado que Albus era prefecto por Slytherin! Me despedí de todos y busqué con la mirada a Rose (ella era prefecta de Gryffindor), que estaba al lado de tío Ron, pero ella la rehuyó y miró hacia su madre. En cambio Roxanne no me quitaba el ojo y no paraba de reírse a mis espaldas. Como dijese algo…ya me vengaría de ella.

Intentando aparentar normalidad, subí al tren lo más rápido posible y me dirigí a mi compartimento. Casi corriendo por los pasillos. Entré al compartimento y me senté en el hueco más próximo. Allí estaban todos, excepto una persona. Thalia Alersen no había aparecido. Alexander me dijo que la había visto en los vagones del medio, con los de su casa. Y cuando me dijo eso volvió a la partida de gobstones que mantenía con Michael. No era mi día de suerte, definitivamente. Aunque volví a sacar algo en claro: a Rose le gustaba alguien, y parecía ser de mi círculo de amigos. ¿Sería Alexander? ¿Michael? No tenía a otros amigos de fiar, eran los únicos que le restaban importancia al apellido Potter y a todo lo que significaba provenir de una familia marcada por la guerra. Aunque podía ser otro, un compañero de clase. Pero dudaba seriamente que fuese posible, no solía andar con nadie más que con Alex y Mike. Una voz lejana en mi mente empezaba a susurrarme cosas sin sentido. Pero no podían ser ciertas, ¿cómo iban a serlo?

No paraban de repetir lo mismo: ¿y si ese chico fueras tú? No era una posibilidad demasiado descabellada, yo me había pillado por mi prima. Podía ser recíproco. Pero me parecía tan poco probable...ella tenía principios morales muy definidos, y el incesto le parecería lo más inmoral del mundo.

Tendría que buscar respuesta, yRose era una de los pocas personas que me resultaban transparentes, con algunas palabras y actos era capaz de obtener respuestas que ella no era capaz de decirme. Y llegados a este punto, era el momento de poner a prueba a la buena de Rosie. Y quién sabe, podría sacar varias cosas en claro.


¡Hoooooola!

Aquí traigo el segundo capítulo, editado al igual que el primero. A este no le he añadido gran cosa, caractericé a unos personajes y poco más.

Y bien, ahora el comentario del capítulo. Este me capi me ha gustado mucho escribirlo, para mí tiene escenas muy divertidas y deja ver mucho como es James. He mostrado cómo es la relación entre los hermanos, pero de forma breve. También he puesto más información sobre todos los primos, ¡me encantaría poder usarlos a todos! Pero no creo que pueda ser, algunos tendrán más importancia que otros, pero todos no creo que salgan.

En este capítulo se puede ver que James es un poco más independiente que todos los primos: al contrario que ellos, prefiere ir en el tren con sus amigos. No es que los aborrezca, pero tampoco quiere estar siempre pegado a ellos. Le gusta tener libertad.

También di una novedad al final de todo, y es que James por fin se ha dado cuenta de lo que le pasa a Rose: le gusta alguien. Y en el fondo de la mente de James, algo le dice que puede ser él, y ahora quiere comprobarlo. De momento la posibilidad de ser él ha quedado un poco desechada, de hecho piensa que puede ser uno de sus amigos.

Y creo que ya os voy dejando, hasta el próximo capítulo, Garaella.

P.D: Ppara que James os empotre contra la pared de un baño, ¡dejad un review! ;)