Amor.
Serena se encontraba en una cafetería cercana al campus universitario donde estudiaba ingles esperando a que Diamante hiciera su aparición para después irse juntos a Atlantic City a pasar la tarde. Cuatro meses habían pasado ya desde que Serena llegara a Nueva York, esta vez no con el propósito de buscar a un Motoki inexistente, sino a estudiar Ingles y prepararse cada día.
Desde hace cuatro meses, muchas cosas habían cambiado en su vida. Ya no era la chiquilla tonta y asustadiza que no podía comunicarse ni pedir auxilio como la primera vez que había llegado a Nueva York, pues había puesto mucho empeño en sus clases alcanzando en poco tiempo un buen nivel de ingles. En cuanto a su manera de ver a Andrew, poco a poco se había ido haciendo a la idea de que nada tenia que ver con él falso Motoki que había conocido a través de Internet, pues aunque Andrew le parecía un buen hombre, nada tenia que ver con aquella persona inexistente, por el contrario, le daba gusto ver que tanto él como Lita eran felices, amándose cada día mas.
¿Las razones por las cuales se había olvidado de los sentimientos que tenia por Motoki-Andrew y el dolor de saber que él no le correspondía?... ¿Cómo habían ido pasando?
No sabia explicárselo así misma. Tal vez había sido el darse cuenta que él amaba a Lita, tal vez que aunque fuera el chico de las fotografías que la había "enamorado" por Internet en realidad no tenia nada que ver con esa persona o quizá lo que era mas creíble: que Diamante la hubiera enamorado.
¿Enamorada?
Sí eso era. Estaba enamorada de Diamante Black.
¿Desde cuando?
Ni ella misma lo sabia, mas lo único que sabia era que en algún momento ese sentimiento por Diamante había aflorado haciéndola sentir algo mucho mas hermoso y sublime que lo que antes hubiera podido sentir, pues ni su ex novio en Japón ni el falso Motoki le habían hecho sentir lo que Diamante le hacia sentir. Sí, quizá pudieran ser muy diferentes, Diamante no era precisamente el chico convencional con él que ella hubiera soñado, en vez de ser romántico y expresivo era un tanto de modales brutos, gruñón e inexpresivo, pero Serena sabia percibir los momentos en que él le hacia sentir querida y amada aunque él se empeñara en nunca decirlo con palabras.
En cuanto a su relación, aun ninguno de los dos había definido que eran ni ella se había atrevido preguntarle "¿Qué somos?". No es que tuviera miedo de la respuesta que él pudiera darle, pues dentro de su ser se sentía amada por él, pero sencillamente comprendía que Diamante jamás seria del tipo de hombre que expresara con palabras sus sentimientos.
¿Qué seria de la relación de ellos a futuro?
No lo sabía. No sabía si se casarían, no sabía si en algún momento vivirían en unión libre, lo único que dentro de si sabia era que él la amaba y que ambos estaban disfrutando al máximo de su presente, del amor que se brindaban él uno al otro. En cuanto a la familia de Diamante, en realidad nadie sabía sobre la relación. Los señores Black se la pasaban viajando constantemente a Washington donde tenían planes de abrir otro restaurante, Sapphire y Rei, quienes estaban a la espera de su primer hijo, acudían de vez en cuando a visitar a la familia y en cuanto a Lita, ella estaba demasiado ocupada entre atender el restaurante, asistir a sus clases en la Universidad y en sobrellevar su relación con Andrew lo cual a veces la llevaba a dormir fuera de casa y entonces, en esos momentos en que no había nadie, Diamante aprovechaba para entrar al cuarto que ocupaba Serena y hacerla suya.
"Mi vida por tus pensamientos." Escuchó Serena la varonil voz de Diamante y entonces volteó y se puso de pie encontrándose con la mirada de Diamante, quien en su mano llevaba una rosa blanca y un libro titulado "Rosas en el mar".
"Dante." Se le echó Serena a los brazos, llamándolo como ella solía llamarlo cuando estaban a solas. "Te eche de menos."
"Pues aquí estoy ya." Dijo Diamante. "Justo había entrado a una librería buscando un libro que me encargó Lita y encontré este libro para ti. Es de una escritora japonesa y supuse que te gustaría."
Serena tomó él libro entre sus manos y sonrió al darse cuenta una vez mas de que Diamante a pesar de ser poco expresivo siempre tenia detalles para con ella, pues alguna vez hablando sobre libros, Serena le había dicho ser fan de una escritora llamada Hotaru No Hikaru.
"Muchas gracias." Dijo Serena. "Tenia ganas de comprar este libro. Todos los libros de Hotaru No Hikaru son geniales. Los tengo casi todos."
"¿Nos vamos?" Le preguntó Diamante. "He alquilado un hotel para que pasemos todo el día en Atlantic City. Cuando estemos allá te llevare a un restaurante de comida salvadoreña que es delicioso, te llevare al Patty's Restaurante. Seguro te va a gustar."
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Largas horas habían pasado desde que Serena y Diamante llegaran a Atlantic City, horas en las cuales habían ido a comer a un restaurante lujoso de comida salvadoreña, después habían dado un paseo en barco y al final habían terminado en la habitación de un hotel donde habían terminado dándole rienda suelta a la pasión hasta explotar de placer una y otra vez.
"Ya es tarde." Dijo Serena que se encontraba con la cabeza recostada en el pecho de Diamante, sintiendo como él acariciaba su espalda desnuda. "¿No crees que deberíamos avisar?"
"¿Para que?" Le preguntó Diamante. "Mis padres andan en Washington y Lita está en Carolina del Norte con Andrew. No le veo caso."
"Tienes razón. Lo había olvidado."
"Yo mejor sugiero que salgamos a pasear. La noche aun es larga y apenas serán las 9 de la noche. Podríamos bañarnos, vestirnos y después nos vamos al casino…¿Qué te parece?"
Serena asintió y enseguida se puso de pie. No paso mucho tiempo cuando finalmente ya los dos estaban listos, él vestido con un pantalón de mezclilla, camisa azul y gabardina negra mientras que ella llevaba puesto un sencillo vestido ceñido a su cuerpo, con escote de corazón en color rosa pálido y por supuesto la cadena con el dije en forma de media luna que Diamante le había regalado meses atrás.
"Te vez preciosa." Susurró él abrazándola por detrás y después salieron de la habitación.
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Serena y Diamante se encontraban comiendo en el área de restaurante del lujoso casino donde habían acudido, en una mesa alejada de las demás, demasiado cerca al balcón lo cual les permitía sentir la suave brisa y tener un momento de privacidad para conversar sin sentir que fueran escuchados por los demás.
"¿Qué sucede?... ¿Por qué me vez así?" Preguntó Serena, sonrojándose al sentir como Diamante clavaba sus ojos en ella.
"Sucede que tienes unos ojos preciosos." Le dijo Diamante. "Y muero de ganar por regresar al hotel y hacerte el amor en esta noche de luna llena."
Serena se sonrojó ante el comentario de Diamante, pues aun aunque ya habían pasado muchos meses desde que iniciaran su vida sexual, aun los comentarios de Diamante tenían el poder de hacerla sonrojar.
"No tiene mucho que acabamos de llegar."
"Y eso que." Le dijo Diamante. "Prefiero un lugar donde estemos tú y yo solos. Tenerte bajo mi cuerpo y sentirte retorcer de placer… ¿Tú no?"
Serena asintió, pues aunque la estaba pasando bien, no había nada que le gustara más que sentir el cuerpo de Diamante sobre el suyo, aspirar el olor de su fragancia masculina y sentir su piel rozando la suya.
"Entonces vayámonos." Dijo Serena poniéndose de pie. "Sólo permíteme ir al tocador y nos vamos."
Serena se puso de pie y se fue al tocador, dejando sólo a Diamante quien se quedó pensativo en la inmensa felicidad que le daba Serena, una felicidad y plenitud que nunca había sentido, ni siquiera con Minako. Sabia que faltaban dos semanas para que comenzaran las vacaciones de verano, vacaciones de casi tres largos meses en los cuales Serena se iría a Japón para pasar las vacaciones al lado de sus padres y su hermano.
No podía negarlo. Tenía miedo de imaginarse a Serena tan lejos de él, tenia miedo de que en esos tres largos meses ella conociera a otro, que lo olvidara o que sencillamente estando allá decidiera que no quería volver a Nueva York.
¿Qué sucedería si ella decidiera eso?
No quería ni pensarlo, no quería perder a su Serena, a quien había considerado al principio una chica que le recordaba a Mina, una chica tonta, pero que al final era solamente su inocente y dulce Serena.
¿Qué era lo que tenía que hacer?
¿Confesarle sus sentimientos?
Sí eso era lo que tenia que hacer. Sabia que Serena era del tipo de chica que espera porque el hombre amado le pida ser su novia, que la llene de detalles y de palabras cariñosas, algo que no era parte de su naturaleza.
¿Pero podría hacer un esfuerzo?
Por supuesto que podría hacer un esfuerzo por su Serena. Lo había decidido, cuando saliera del tocador se la llevaría al hotel, le confesaría sus sentimientos y después le haría el amor tierna y pasionalmente, una y otra vez. Después de todo, si de algo estaba seguro era de que ella correspondía su amor y de que atrás había quedado su obsesión por Andrew.
Estaba tan sumido en sus pensamientos, tratando de hilar las palabras que utilizaría para confesarle su amor, pedirle que fuera su novia, cuando entonces frente a él apareció una hermosa mujer rubia vestida en un corto vestido en color rojo, la mujer que un año atrás creía amar: Mina Aino.
"Diamante."
"¿Mina?" Se puso de pie, pronunciando el nombre de aquella hermosa dama con un dejo de sorpresa en su voz. "¿Qué haces aquí?... ¿Dónde está Tamahome?"
Diamante la miró esbozar una media sonrisa, él ver a Mina ahí, sin Tamahome, le había hecho recordar la relación que había tenido con ella y entonces sentimientos encontrados inundaban su alma, su corazón.
"He terminado con Tamahome." Respondió Minako. "Mira que sorpresa encontrarte aquí. Había venido sola, a tomar una copa, justo estaba pensando en ti y mira donde fui a encontrarte." Dijo Minako con un dejo de tristeza en su voz. "¿Sabes?... Últimamente pienso en ti, me he arrepentido de haberte engañado con Tamahome."
Diamante esbozó una sonrisa, por extraño que pareciera, el rencor que al principio sentía por Mina había quedado atrás.
"No te preocupes Mina." Respondió él. "Te he perdonado."
"¿Me invitas una copa?"
Diamante esbozó una sonrisa, hubiera querido decir que sí, no porque aun la amara, sino porque le daba pena tener que decirle "No" a una dama, pero iba con Serena y por Serena tenia que dar una negativa, aun cuando sintiera que fuera una actitud poco caballerosa.
"Vengo con mi novia."
"¿Novia?... ¿Tienes novia?"
Diamante asintió, no sabia en que momento lo había pronunciado, en que momento para él Serena se había convertido en su novia, pero entonces, al ver unas lagrimas que se asomaban por los ojos azules de Mina se sintió como él pero de los hombros.
"Mina… ¿Estas bien?... Yo no quería…
"No te preocupes Diamante." Dijo Mina, quien salió hacia el balcón.
Diamante no supo en ese momento que sentir, que pensar, y guiado por un impulso salió al balcón, donde se encontraba Mina, llorando bajo la luz de la luna llena que se cernía sobre ella.
"Mina." Se acercó Diamante poniendo una mano sobre su hombro.
Mina se giró y entonces él limpió con el dorso de su mano las lágrimas que salían de aquellos orbes azules y estrechó a Mina entre sus brazos.
"Durante un tiempo te tuve rencor por haberme engañado con Tamahome. La verdad me dolió mucho y…
Diamante no pudo seguir hablando, pues antes de que pudiera decir algo mas, Mina levantó su rostro y le echó los brazos al cuello, robándole un beso; un beso al que Diamante a principio se quiso resistir, pero al que después se fue entregando, embriagado por el delicioso sabor de los labios de su exnovia y excitado al recordar la manera picara de Mina para seducirlo en la cama, pues contrario a Serena que era inocencia y dulzura, Mina era fogosidad y picardía.
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Serena iba saliendo del tocador, después de cerciorarse de que su tenue maquillaje estuviera perfecto y de ponerse bajo el vestido un negligee en color negro con rosa que había comprado para estrenar con Diamante. Ciertamente, antes de que Diamante la hiciera su mujer, ella había sido hasta entonces una chica tierna e inocente, pero Diamante se había robado esa inocencia para convertirla en una mujer que desbordaba pasión y esa noche estaba dispuesta a demostrárselo, estaba dispuesta a demostrárselo antes de tener que partir a Tokio, donde estaría por casi tres meses antes de regresar de nuevo a Nueva York.
¿La amaba realmente Diamante?
Estaba segura de que si, de que él la amaba tanto como él a ella y estaba dispuesta a confesarle su amor y arriesgarse a pedirle algo mas antes de ir a Tokio.
Iba saliendo, feliz y radiante, sintiéndose hermosa, cuando al llegar a la mesa donde habían estado comiendo se dio cuenta de que Diamante no estaba.
¿En donde se había metido?
No lo sabía. Volteó hacia donde estaba la caja, y no se encontraba ahí pagando. Mas entonces, llevada por un impulso, caminó hacia el balcón, pensando en lo hermosa que se miraba esa noche iluminada por la luz de la luna llena, mas entonces, se encontró con Diamante, quien besaba a una hermosa y atractiva joven rubia vestida con un sensual vestido rojo y la felicidad que hasta hace unos segundos había sentido pareció esfumarse para dejar un sentimiento de tristeza, dolor y rabia al ver a Diamante con otra.
"Te amo tanto Diamante." Escuchó la voz de la joven hablando entrecortadamente una vez que se hubiera separado sus labios, pero entonces Diamante la volvió a besar de nuevo.
Serena sabía quien era ella, sabia que era Mina y entonces, cuando menos se dio cuenta, las lagrimas comenzaron a salir de sus orbes azules.
¿Cómo era posible que Diamante la hubiera engañado así?
¿Qué la hubiera echo creer que la amaba?
Tenia ganas de gritarle, de cachetearlo, pero entonces se puso a pensar y no recordaba que él le hubiera dicho alguna vez que la amara. Sí, tenia que reconocer que la culpable era ella, que ella tenia la culpa de haber sido de nuevo tan tonta para vivir en una inocente ilusión en la que se sentía amada por Diamante cuando lo único que él buscaba era sexo o ver en ella a su amada Mina, mas el echo de que el no tuviera la culpa no hacia que le doliera menos, que dejara de sentir como el alma se le desgarraba por dentro y entonces caminó hacia la salida del restaurante donde tomó un taxi que la llevara a Nueva York.
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Diamante recorría Atlantic City en su auto en busca de Serena. Le marcaba a su teléfono celular una y otra vez, sin obtener respuesta.
¿Dónde estaba?
No lo sabía. Después de que aclarara con Mina que ya no sentía nada por ella, había estado esperando a que Serena apareciera pero nunca había llegado. En el hotel tampoco estaba y al llamarla no le había contestado al celular.
¿Dónde estaba?
No lo sabía. Tenia miedo de que lo hubiera visto besarse con Mina y que se hubiera ido molesta, tenia miedo de que alguien le hubiera hecho daño y entonces, con la idea de que quizá lo hubiera visto con Mina y se hubiera enojado, partió de regreso a Nueva York, con la esperanza de encontrarla, pero cuando entró al departamento entonces encontró un recado escrito del puño y letra de Serena sobre la mesita de centro de la sala.
"Queridos señores Black y querida Lita:
Sé que en este momento todos están fuera de la ciudad, que quizá es una grosería que me valla sin despedirme personalmente, pero ha surgido algo que requiere que yo deje Nueva York cuanto antes. No se preocupen por mi, no es nada grave, yo y mi familia estamos muy bien. Cuando llegue a Tokio me comunico con ustedes.
Los quiero.
Atte:
Serena."
Diamante arrugó el papel entre sus manos. Se tranquilizó al saber que Serena estaba bien, pero a la vez también se sintió molesto con ella por haberse ido así sin avisar.
¿Por qué se había largado de Atlantic City sin despedirse?
No sabia si quizá lo hubiera visto besarse con Mina y se hubiera ido molesta, pero como sea esa no era razón suficiente para dejarlo así.
¿Cómo era capaz de dejar un recado dirigido a sus padres y a Lita pero no para él?
¿Acaso no lo tomaba en cuenta o seria que él nunca fue importante para ella?
No sabia que decir, sólo sabia que tenía que detenerla, al menos para reclamarle pero entonces no miró las llaves en la mesita justo donde recordaba haberlas puesto cuando entró al auto.
"¿Dónde demonios están las llaves?" Se preguntó buscando las llaves por todos lados, gruñendo y rabiando.
"Ayúdame con esas maletas mi amor." Escuchó la voz de su hermana, que al parecer acababa de llegar de Carolina del Norte.
"Hiciste demasiadas compras Lita." Escuchó la voz de Andrew y entonces los miró entrando por la ventana. "Hola cuñado… ¿Estas de mal humor o porque esa cara?" Preguntó Andrew.
"¡No encuentro las llaves de mi auto!" Gruñó Diamante. "¡Y la tonta de Serena se largó, se largó sin siquiera tener la delicadeza de despedirse, me dejo solo en Atlantic City mientras yo la buscaba por idiota por todos lados!"
"¿Qué?" Le preguntó Lita. "¿Qué estas diciendo Diamante?... ¿Qué le hiciste a Serena?" Preguntó Lita.
Diamante se sintió intimidado por la mirada de su hermana menor. No había querido hablar con nadie de sus sentimientos para con Serena, pero su hermana, con tan sólo mirarlo le exigía saber la verdad y entonces, de un momento a otro le comenzó a contar todo lo que había vivido con Serena en los últimos meses, sobre su romance secreto para al final de su relato darse cuenta de que su hermana en ningún momento había mostrado sorpresa.
"Ya estaba esperando que lo confesaran." Dijo Lita.
"¿Qué?"
"Que ya lo sabia." Dijo Lita. "Desde hace tiempo me había dado cuenta de que ustedes tenían un romance. Diamante, quizá Serena no hizo bien en irse asi, pero si algo es cierto es que ella…
"Ella es una tonta, una distraída, una…
"Es una buena chica que con sus virtudes y defectos te ama." Dijo Lita. "Anda, ve tras ella y no te arrepientas de no haber ido tras ella. Si te dejas vencer por tu orgullo, entonces un día te puedes arrepentir."
Diamante se quedó pensativo, se dio cuenta de que su hermana tenía razón.
"Tienes razón Lita. No quiero perder a Serena y no voy a perderla." Después posó sus ojos en Andrew. "Cuñado, llévame al aeropuerto."
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Serena se encontraba sentada en la sala de espera del aeropuerto cuando escuchó que se mencionaba que el vuelo en el que se iría de Nueva York despegaría en 5 minutos y que los pasajeros tenían que abordarlo. Se puso de pie, mirando hacia la salida, despidiéndose a su manera de Nueva York y los buenos momentos que había pasado mientras una lagrima corría por sus mejillas.
¿Volvería?
Sí de algo estaba segura era de que volvería algún día, pero no pronto, quizá volvería dentro de muchos años, cuando su corazón sanara y se recuperara de la desilusión de Diamante. Se limpió las lágrimas y entonces avanzó hacia la puerta por donde abordaría el avión pero antes de que pudiera hacerlo escuchó que alguien gritaba su nombre:
"Serena."
¿Era Diamante?
Sí. Era su amado Diamante. Quiso apresurar el paso, pero entonces él la tomó del brazo.
"¿A dónde crees que vas?" La hizo girarse y entonces se encontró con los ojos color zafiro de Diamante.
"¿No viste acaso mi recado?" Preguntó Serena con burla. "Regreso a Tokio, a mi hogar, al lugar de donde nunca debí haber salido."
"No puedes irte." Dijo Diamante con voz suplicante.
"¿Por qué no?"
"Porque yo no quiero. Porque eres mía y te exijo que te quedes."
Serena se soltó de su brazo y le metió una sonora bofetada.
"No soy de tu propiedad y no me quedare. Me largo y no quiero volver a verte nunca Diamante."
"Escúchame bien Serena." Le gritó Diamante. "Si te largas no vuelvas nunca. Si te largas te odiare por el resto de mi vida."
"Yo ya te odio a ti." Respondió Serena, dando una vuelta y entrando a la puerta que la conducía al avión.
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Diamante se encontraba acostado en su cama, mirando unas fotografías de Serena, unas que le había tomado en sus ultimas salidas, recordando los momentos en que habían estado juntos, sus salidas o las noches que la había tenido bajo su cuerpo dándole placer.
¿La extrañaría siempre?... ¿Le dolería siempre?
Por supuesto. Serena seria alguien que nunca olvidaría, era la mujer de su vida y sufriría por su ausencia como no había sufrido ni siquiera por Mina, pero al mismo tiempo, mientras sentía amarla y tanto dolor por su ausencia, también sentía rabia contra ella, una rabia por haberse negado a escucharlo, por haberse negado a amarlo.
Escuchó de pronto que alguien tocaba la puerta de su habitación. Sabía que era Lita, seguro enfadando de nuevo para que cenara, para que comiera algo.
"Ya te dije que no quiero cenar Lita… ¿Qué no entiendes?"
La puerta se abrió y Diamante miró entrar a su hermana que tenia los ojos humedecidos por las lagrimas.
¿Tendría algo?
¿La habría hecho llorar Andrew?
"¿Qué sucede Lita?" Preguntó Diamante. "¿Estas bien?... ¿Peleaste con Andrew?"
Lita se abrazó fuertemente a Diamante y entonces confesó:
"Hermano. Tienes que se fuerte… Serena murió… el avión donde viajaba se estrelló."
"¿Qué?"
Aquella noticia fue para Diamante lo peor que hubiera escuchado. No supo en que momento, pero de pronto sintió las lagrimas saliendo de sus ojos, él saber que Serena estuviera muerta entra algo que no quería aceptar y entonces salió de la habitación, dispuesto a ir a no se donde, pero entonces en la televisión miró las noticias en las cuales se hablaba sobre que todos los pasajeros habían muerto.
"Serena." Pronunció el nombre de su amada. "Mi Serena… ¡Serena!" Gritó una y otra vez, mientras sentía como dolía su alma y como cada segundo sin su amada dolería, pues si antes pensaba que dolería estar lejos de Serena, el saber que ahora no estaría mas su amada en ese mundo mortal era un dolor que desgarraría su alma y lo haría vivir una vida sin sentido, pues sin ella, su vida no tenia el menor sentido.
"¡Serena!" Gritaba una y otra vez, mientras recordaba lo que habían vivido juntos y se arrepentía de no haberle dicho "Te amo."
N/A: Chicas… ¿Qué les parece?... Espero les guste el capitulo Paty y Anita y a todas las que me leen.
