oOo Recomendación Musical: Thunder de Boys Like Girls
Asombro, estupefacción y después miedo. Fueron las tres cosas que Rose me mostró nada más decirle que había ido a citarla. ¿Qué era lo que se esperaba? ¿O es que acaso pensaba que iba a ir otra persona?
─ ¿Tú eres el anónimo?
─Sí.
Pareció titubear unos segundos, sin duda estaba poniendo su mente en orden. Parecía extrañamente confusa, como si no se terminase de creer que yo estaba allí, con ella. Seguro que menos se iba a imaginar lo que le diría después. Lo que importaba era que Rose no pensaba que era yo el que la había mandado acudir allí.
─ ¿Por qué? ─acertó preguntar, mirándome con recelo. Estaría pensando que era una de mis bromas. Pero el caso es que yo, por una vez, no bromeaba. Intenté ponerme serio (algo demasiado difícil) y la miré bien. Hasta ese momento no caí en que estaba preciosa, y otras muchas cosas más que se me pasaron por la cabeza pero eran… ¿cómo decirlo? Poco apropiadas en ese momento. Esa noche llevaba un vestido violeta oscuro, o eso hacía ver la luz nocturna. A sus oídos también había llegado la "moda" de llevar ropa de gala a la cena. Volviendo al vestido…decir que le quedaba demasiado bien es quedarse corto. No podía quitarle la vista de encima. También me di cuenta de que tenía los hombros al descubierto. ¿No sabía que de noche hacía más frío o qué? Me quité la capa y me acerqué a ella, que me miraba con cara de acércate y te pego, o eso me pareció a mí. Decidí ignorarlo y seguir andando hacia a ella.
─No me has contestado ─protestó intentando entretenerme para que no me acercarse más de lo debido, lo que no hacía otra cosa que provocarme para que yo quisiese acercarme más a ella.
─Tienes frío, ¿cómo se te ocurre venir aquí sin nada para taparte? ─terminé de acortar la distancia que nos separaba, ignorando en todo momento sus muecas de disgusto y sus miradas interrogantes. No parecía saber qué se pasaba por mi mente, aunque no era legeremante para poder saberlo. En sus ojos distinguí un matiz calcular, como si estuviese tomando distintas posibilidades de qué hacer en caso de que me pasase de la raya─. Te dejaré mi capa hasta que volvamos.
─ ¿Por qué hemos venido aquí? O mejor, ¿para qué me has citado?
No parecía darse por vencida. Igual que su madre, siempre queriendo saber.
─Para hablar, charlar, darte tu regalo… y ah sí, para hablar ─le enumeré mientras le echaba la capa por los hombros llenos de pecas (al más puro estilo Weasley, algún día se las contaría), y se la ponía de forma que la cubriese bien. Ella la agarró con ambas manos y se apretujó en ella para guardar el calor. Me limité a sonreír de lado, por mucho que intentase negarlo era obvio que tenía frío. Yo había ganado.
─Gracias ─contestó, alzando la cabeza. Al ver que yo no decía nada y que no hacía otra cosa que mirarla, se movió incómoda e incluso percibí que se ponía un poco roja. Aunque con tan poca luz era algo difícil de decir.
Sonreí interiormente, estaba logrando ponerla nerviosa. Decidí que este sería un buen momento para hablar o darle el regalo. Dependía de cómo se comportase ella a continuación.
Avancé un par de pasos, no podía avanzar mucho más o terminaría chocando con ella. Y ella seguro que me apartaba de un golpe o eso imaginaba. Como toda respuesta, Rose caminó hacia atrás unos pasos, más colorada aún.
─ ¿No querías…hablar? ─musitó, apartando la vista.
─Prefiero darte tu regalo ─introduje la mano en el bolsillo y saqué el paquete que era su pulsera. De todos los regalos que había comprado era el que mejor había guardado para que no se estropease. Se lo tendí y lo recogió.
─No tengo el tuyo aquí, James.
─No importa.
Con dedos temblorosos comenzó a abrir el paquete. Primero desató el lazo que lo cubría, luego quitó el celo mágico de los laterales y, por fin quitó el papel que lo recubría. Abrió la caja con el mayor de los cuidados, mientras yo no paraba de contemplar cada unos de sus movimientos. Me obligué a no sonreír, quería reservarlo para cuando me mirase. Rose se limitó a mirar la pulsera con ojos muy abiertos. ¿Es que acaso no le gustaba? Los lobos eran su animal favorito… Esperé expectante una respuesta, gesto, ¡algo! De repente alzó la cabeza y me miró con ojos brillantes. Sonriendo.
─Es preciosa ─paró un segundo, mirando otra vez con confusión mi cara. Me había quedado pasmado y con sonrisa de bobo─. ¿Qué pasa? ¿Por qué sonríes así? ─otra vez su lado escéptico.
─Bueno, ¿por qué no iba a poner esta cara? ─agarré con rapidez su muñeca derecha y con la otra la pulsera─. ¿Por qué no iba a sonreír así?
Con la mayor delicadeza que pude, le pasé la pulsera por la piel y se la abroché. Destacaba mucho en su blanca piel, y eso me gustaba.
─No lo entiendo.
─Es muy fácil ─subí la vista a su cara, sin soltarle la mano, y me puse un poco serio. Ella seguía sin comprender─. Me acabas de regalar una sonrisa, pensé que se te habían agotado para mí.
─ ¿Cómo no iba a sonreírte? ─preguntó, intentando en vano que pareciese normal. Como sie no lo hubiese hecho a propósito.
─No lo hiciste ─pausé y la contemplé, esperando que ella dijese algo, que contradijese de alguna manera lo que yo acababa de decir─. Tampoco me hablabas, ni mirabas. Has llegado a evitarme.
Otro silencio sepulcral. Apreté los dientes. ¿No tenía que decir nada? ¿Ni una disculpa? ¡Sabía que me quería! ¡Tenía que hacer algo! Había dejado escapar ese pequeño detalle y no me había pasado desapercibido, así que ahora no se hiciese la sueca.
─ ¿No vas a decir nada?
Rose decidió moverse hacia la barandilla, sin decir nada. Me estaba poniendo nervioso y no era bueno. Estaba empezando a dudar de que todo lo que había pensado era una tontería. Lentamente y casi obligándome, me acerqué a ella. Me apoyé de igual forma que ella en el frío metal y me quedé observando la oscura noche. Cada vez que respiraba salía el aliento congelado, lo que me recordaba a un dragón y al tío Charlie.
─Pensé que si no te hablaba todo pasaría.
¿Cómo? ¿Pasaría lo qué? Tenía miles de preguntas pululando por la mente acerca del tema. Iba a soltarlas todas de golpe. Pero recordé que a veces era mejor callar. Las respuestas venían solas. Así que decidí concederle ese beneficio a Rose. Ella continuaría.
─Pero no pasó ─dijo. Y se giró para mirarme. La pulsera emitió un ruido al chocar entre si las piezas que la formaban.
Ahora no sabía que debía hacer o decir. Me moría de ganas besarla y dejarla sin respiración. Y también tenía ganas de seguir preguntándole cosas, algo que no había llegado a hacer. O también de abrazarla.
─ ¿No dices nada? ─me imitó. Cuando me giré para ver su expresión, me sorprendí, también estaba sonriendo.
─Oh, claro que tengo mucho que decir…y hacer ─le guiñé un ojo aprovechando su aparente buen humor. Estaba empezando a eliminar las ilusiones de que todo era una farsa de mi mente. Me moví de la barandilla porque hacía frío.
─ ¿Un ejemplo? No todos compartimos tu gran inteligencia…
No me lo creía. Rose estaba entrando en mi terreno y eso podía resultar peligroso. La cosa no podía ir mejor.
─Pues veamos…podríamos seguir hablando ─paré para ponerme detrás suyo. Ella se enderezó─, o podría abrazarte ─me acerqué a su oído, con una sonrisa pícara en los labios, aunque ella no podía percibirla─. Aunque mi opción preferida sería besarte… ¿qué opinas?
La escuchaba respirar, no era una respiración normal, era más acelerada. Con cuidado me separé de ella y me quedé observándole la espalda, que estaba cubierta con mi capa. No creía que se fuese a dar la vuelta, pero sí lo hizo. Ya no estaba roja. Tampoco parecía nerviosa ni indecisa.
─ ¿Y tú, James, qué quieres hacer?
─Mejor te lo muestro.
No le di tiempo a rebatirme nada. Ni a quejarse. Con la experiencia que daba liarse con un montón de chicas, pasé con rapidez una de mis manos por detrás de su espalda para agarrarla por la cadera. Con la otra le acaricié una mejilla. El resto es fácil de imaginar, ¿no? Es lo típico que se hace cuando participas en un beso. Al principio fue un simple y casto roce de labios. Obvio que no iba a ser así durante mucho más tiempo. Ella no tardó en responder al compás de mis labios. Hasta que me decidí a dejar total libertad a mi lengua. Ella hizo lo mismo, algo que también me sorprendió. Pasamos segundos o minutos besándonos, no supe cuanto tiempo. De un momento a otro allí hacía mucho calor. Nos separamos un poco, lo justo para respirar. Incliné la cabeza, hasta que mi frente topó con la suya,
─ ¿Conforme? ─pregunté sonriendo de lado. Era definitivo, Rose me quería, ¿por qué sino iba a responder así a uno de mis besos? Nadie podría resistirse. Aunque debería comentar algo. Había besado a más de la mitad de las chicas de Hogwarts. Pero nunca ningún beso había sido como este. Y tenía intención de repetir.
─Conforme.
─Vamos ─la agarré por la mano, entrelazando los dedos y caminé hasta la puerta.
Era mejor irse, iban a notar que no estábamos.
─Debemos volver, van a ver que no estamos.
Ella no dijo nada, es limitó a caminar a mi lado. No habló nada hasta que bajamos al séptimo piso. Parecía que le había desaparecido la lengua. Incluso me habría atrevido a jurarlo de no ser porque habló.
─ ¿James?
─ ¿Hum?
─ Ahora… ¿ahora qué va a pasar? ─parecía temerosa, desde luego no estaba nada segura de lo que iba a ocurrir a partir de ahora.
─Estamos juntos, ¿no? ─contesté yo, alegremente, mientras cruzábamos los pasillo desiertos. No se escuchaba otra nada. Solo nuestros pasos─. ¿Quieres eso?
Me parecía lo más lógico. Ella me quería, yo la quería. Teníamos que estar juntos. Punto y final.
Pero ella no parecía pensar igual, porque no decía nada. Me paré, estábamos casi debajo de todo, cerca de la enfermería. Con la mano que tenía libre le agarré la suya y la miré.
─ ¿Qué es lo que piensas?
─Esto no está bien, James. Somos primos.
─ ¿Y…?
─No está bien, no, no podem… ─pero no siguió porque yo la callé con otro beso. Ahora que la tenía no iba a dejarla escapar─. James… ─empezó, cuando nos separamos─. Si me besas cada vez que voy a hablar…
─Está bien ─refunfuñé. Seguro que me iba a hablar sobre que era incesto, sobre la familia y esas cosas que la preocupaban─. Te escucho.
─No…no sé si esto va a funcionar ─empezó con la indecisión patente en la voz─. No puede enterarse nadie, tendríamos que estar escondiéndonos todo el tiempo. No va a ir bien.
Me crucé de brazos, muy mosqueado. ¿Si no lo intentábamos cómo íbamos a saber si funcionaba o no? Había luchado demasiado para llegar a donde estaba ahora, con demasiados dolores de cabeza por este tema. A mí también me habían echado para atrás los prejuicios, al principio. Y me costó lo mío decidirme a tener algo con Rose. Pero me había decidido y ahora no iba a tirarlo todo a la basura.
─Claro que va a ir bien, te lo digo yo ─lo dije totalmente convencido. A mí las cosas me solían ir bien y esta sobre todo iba a ir mejor. Como Rose no parecía decir nada, me dediqué a mirar los cuadros del pasillo. Todos estaban fijos en nosotros dos, les debíamos resultar muy interesantes. Me acerqué a Rose para hablar sobre la cena y de que era muy tarde.
─Vamos a cenar ─le quité la capa con cuidado y comencé a ponérmelo. Sería sospechoso que la viesen llegar con ella puesta─. Te piensas todo esto y luego me dices una respuesta.
─Está bien ─empezó a bajar las escaleras y la seguí con la vista. Esperaba que su respuesta fuese positiva. No sabía qué iba a hacer si fuese lo contrario. Tendría que joderme y aguantarme, aunque dudaba que fuese a quedarme de brazos cruzados. No después de haberla besado.
Le di un margen de tiempo para que llegase al comedor y empezase a comer. Que nos viesen llegar juntos tampoco era buena idea. Emitiendo un pesado suspiro me dispuse a bajar al comedor. Seguro que era el último en llegar. Cuando vi la puerta del lugar, metí una mano en el bolsillo y con la otra me despeiné el pelo. Entré sonriente y me di cuenta de que todos tenían la cena medio acabada. Me senté al lado de Hugo, que en vez de comer, engullía. Se parecía a tío Ron. Incluso ponían las mismas muecas al masticar, como si no hubiese mañana.
─ ¡James! Nos han dicho que luego habrá baile ─lo dijo con tal efusividad que un pedazo de patata se le cayó al plato. Puag, no quería patatas. Intenté quitar la cara de asco y me centré en servirme.
Cogí un poco de todo: carne, arroz, algo que parecía tarta, más carne…al final no sabía qué estaba comiendo. Hugo siguió parloteando mientras terminaba yo de comer, que junto con un Slytherin de mi curso, éramos los que faltaban. Por suerte terminé antes que él y me dispuse a limpiarme con la finura propia de James Potter. Osea, ninguna. Me restregué la servilleta por la cara y la tiré en el plato.
Los profesores movieron la mesa a un lado, dejándonos espacio suficiente para nuestro improvisado baile. Algún alumno había llevado una radio mágica, a la que habían lanzado un hechizo amplificador. Rápidamente comenzó a sonar música muggle, de esa que hacía que te moviese, tanto si quieres como si no. En un golpe de tontería, agarré a mi hermano por la mano y tiré de él, caminando de forma tonta. Era algo que solíamos hacer en las fiestas familiares. En el centro de la pista empezamos a bailar aún de forma más tonta. Hicimos todos los movimientos visto en la televisión muggle Cuando nos dimos cuenta la mayoría del comedor se estaba riendo. Incluida Rose. Pero nadie se animaba a bailar. Así que dejé a Albus haciendo su baile de la nube (un poco patético por cierto, incluso para él). Caminé hasta Hugo y con un suave empujón lo mandé hacia las Hufflepuff amigas de Lily. Eso pareció animar a los demás a bailar. Así que volví al centro a bailar con una Ravenclaw que había por allí. Luego cambié a Lily, que bailó también conmigo de forma tonta. Seguí con un Hugo un rato después y el royo se me cortó cuando me topé con una Slytherin con cara de basilisco, así que me entraron ganas de beber. ¡Menuda coincidencia! Ironía, ironía.
La maldita capa me estaba dando un calor horrible, así que me la quité y la tiré al banco donde me había sentado. Me acerqué a la mesa y cogí una cerveza de mantequilla que había allí. Di un trago y miré a mi hermana bailar. Con un chico de Ravenclaw. Entrecerré los ojos mirándolos mal. No sabía quién era ese chico, pero me caía mal. Había entrado en la lista gris. Sí, aquella reservada a los moscardones que rodeaban a Lily. Era un nombre ridículo, pero la lista negra estaba reservada a los miembros de Slytherin. Excluyendo a Louis y a veces a Albus.
─Sí ─dijo una voz detrás de mí.
Me giré sin entender a qué venía eso. Hasta que vi a Rose, pero decidí hacerme el tonto.
─ ¿Sí lo qué? ─pregunté fingiéndome confundido.
─Que quiero intentarlo ─dijo ella, sonriendo ampliamente mirando a la pista donde todos estaban bailando─. Creo que ha sido tu baile lo que me convenció.
De un salto me incorporé y le tendí la mano. Dejé la botella en la mesa y cuando ella agarró mi mano, comenzamos a caminar hacia la pista.
─Me tomaré eso como que quieres bailar conmigo.
Buscamos un sitio en el medio y empezamos a bailar. Intenté no hacer el payaso y bailar de forma decente. Algo que no sabía, no sabía bailar normal. Al principio Rose me guió con las manos, hasta que le fui pillando el truco. No sin antes conseguir que Rose se riese de mis patéticos movimientos.
Conseguí cogerle el truco y bailamos un par de canciones. Hasta que Rose se acercó a mí y me susurró al oído.
─Ven a la Sala de los Menesteres.
Si no supiese que no había tocado ni gota de alcohol, pensaría que estaba borracha. Pero no lo estaba. Asentí y vi como se alejaba del Gran Comedor. Le dijo algo a Lily y yo seguí bailando para disimular.
A los pocos minutos decidí seguirla. Estaba saliendo ya por la puerta cuando un brazo me agarró.
─ ¿A dónde te vas?
─A la cama, Alex, tengo sueño.
─Ya.
Desconfiaba. No podía dejarme descubrir.
─Sí, tengo sueño, me voy a la cama.
Alzó una ceja y se volvió al comedor. Cuando me iba a marchar escuché su voz de lejos.
─Bueno, al menos algunos se divertirán esta noche…
No pude evitar sonreír y subí las escaleras con rapidez. Metiéndome por todos los atajos posibles. No paré hasta llegar al séptimo piso y hasta que me situé delante la pared de la Sala de los Menesteres. Cerré los ojos y formulé mi petición. Quiero ver a Rose Weasley.
La puerta no tardó en materializarse delante de mí. Y con una sonrisa triunfal y con la previsión de una buena noche por delante, giré el pomo y entré dentro.
¡Hooooola!
¡Y aquí está el final! Espero que os guste, lo llevaba pensando demasiado tiempo y por fin he podido plasmarlo n.n
Creo que no hay nada para comentar, a excepción de que Alex siempre supo lo que le pasaba a James, de una forma u otra. Lo podía haber explotado más, pero me gusta cómo queda así. Y el final...lo dejo abierto para quien lo lea, así le buscáis imaginación ;)
Y a ti Rose, espero que te haya gustado un poco, al menos. Era el primer James S/Rose que escribo y el primer incesto también, así que perdón por los fallos :S
Gracias a todos por los reviews, los contestaré hoy :)
¡Nos leemos, Garaella!
P.D: Para que ver a James bailar de forma tonta, ¡deja un review! :)
