Disclaimer: Avatar la Leyenda de Aang/El último maestro aire pertenece a Mike y Bryan, Nick y VIACOM. No recibo beneficios con esta historia.

Capítulo 3: La fiesta.

La mañana se había tornado intensa para el Señor del Fuego. Papeleos sin firmar, autorizaciones sin delegar y tratados que certificar. Pasó horas ordenando varios expedientes en sus cajones.

Tanteando entre las cientos de cosas encontró una pintura enmarcada con algo de polvillo en su exterior. Una joven y bella mujer con las sienes pálidas y los ojos entristecidos yacía al lado de un hombre de mediana edad con un temeroso aspecto. A su lado, arrodillados en el suelo, dos niños jóvenes. Zuko contempló una vez más el retrato y acarició con la yema de sus dedos el vidrio.

- Las cosas han cambiado tanto mamá…- Le dijo a la figura de la empalidecida mujer que parecía observarlo desde adentro.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por un golpe seco en la puerta y la aparición de Mai en la sala.

- Te atreviste a enviarle una nota a mi padre diciendo que no podrás asistir a su fiesta de cumpleaños?- El rostro de la joven llameaba como nunca.

Las facciones de la muchacha no habían cambiado en lo absoluto, solo que el paso de los años la hacía verse aún mayor. Zuko hizo un gesto de desaprobación con la cabeza.

- Todos los políticos y diplomáticos más importantes estarán allí. No puedes faltar y no será bien visto que sea escoltada de alguien que no sea mi prometido.

- Me hubiera gustado asistir, créeme pero no puedo hacerlo. Tengo mucho trabajo Mai.- Le respondió él con cansancio.

La muchacha apretó sus puños con fuerza y se tragó sus palabras.

- Ingéniatelas para asistir Zuko!

Desapareció de la habitación dando grandes zancadas y chocó con Katara al salir. Sin derramar una sola gota del té que llevaba consigo, la maestra agua se adentró en la oficina.

- Te traje té. Calma los nervios.- Le dijo mientras le proporcionaba una sonrisa.

Zuko hizo un gesto de desdén con la cabeza y se apretó el puente de la nariz. La joven se mordió el labio inferior intranquila.

- Sabes… tal vez con la ayuda de Iroh yo pueda cubrirte mientras estás en la fiesta.- Le dijo ella con introversión. Zuko abrió sus ojos.

- Acaso estabas escuchando nuestra discusión?

- No, yo solo iba de camino hacia aquí y escuché a Mai decir unas palabras.- Zuko suspiró con una leve sonrisa dibujada en sus labios.

- Continúa, quiero escuchar tu propuesta.- El rostro de Katara emitió una leve sonrisa.

- Creo que Iroh y yo podemos cubrirte durante la noche.- Le dijo mientras se rascaba la cabeza.

- Sería pedir mucho Katara, no sé en qué momento regresaré y además…-

- Oh por favor Zuko, no te preocupes de nada. TODO estará bajo control! Le dijo mientras posaba sus manos sobre sus hombros.

El ex príncipe reflexionó sobe la idea durante unos segundos. Se llevó una mano a la barbilla y suspiró.

-Prometo no llegar tarde.-


Luego de su extensa discusión con Mai, los arreglos con Katara y su tío, y su preparación para la fiesta, Zuko llegó justo antes de que el ex gobernador de Omashu le diera comienzo a la celebración. En aquellos momentos se encontraba escoltando a su novia del brazo. Llevaba una extensa túnica hasta el piso de color rojiza, el cabello recogido y la pequeña corona con el símbolo de la nación. Se irguió de hombros y caminó con nerviosismo desde los corredores del palacio hasta el centro de la reunión. Recorrió el lugar con la vista en busca de algún conocido, algún pariente lejano, gobernador de alguna de las naciones limítrofes, o incluso a algún viejo amigo de su padre. Nada. Zuko no pudo reconocer a ninguna de esas personas. Sabía que la primera impresión era lo más importante para la mayor parte de los invitados, lo que lo dejó aún más perturbado. Se aclaró la garganta y observó a Mai por unos instantes. Su rostro permanecía inexpresivo. Llegaron a un conjunto de escaleras inmensas. El Señor del Fuego bajó por ellas escoltando a su prometida. Sintió cientos de ojos posándose sobre él.

-Recibimos a su alteza, el Señor del Fuego Zuko.- Anunció un general haciendo una reverencia mientras el joven aceleraba el paso nervioso.
Un hombre de no muy avanzada edad con una barba grisácea se encontraba de pie junto a las escalinatas con una sonrisa en su rostro.
- Zuko! Me alegra saber que pudiste venir.- Acotó el padre de Mai mientras le brindaba un saludo al joven soberano.
- Hice todo lo posible por asistir.- Confesó.

El ex gobernador de Omashu soltó una risa y depositó una mano en su hombro.
- Quiero presentarte a alguien.- Continuó caminando atravesando a las personas en su recorrido.
-Este es el general Isao, mi más fiel camarada de toda la vida.- Delante de él se encontraba un hombre robusto de mediana edad con un aire de grandeza en su rostro. El hombre hizo una reverencia y se presentó ante el Señor del Fuego.

Luego de varias horas, el padre de Mai, le había presentado a casi todos los políticos y diplomáticos que habían asistido.
A la hora de la cena se dirigieron hacia el salón principal, en donde los esperaba una extensa mesa servida con una cantidad formidable de banquetes.

-Dime, como te tiene esto del "Señor del Fuego" muchacho?- Lo interrogó Isao.
- Debo admitir que es un trabajo agotador, pero haré lo necesario para mantener a flote la nación.-
- Ya veo… has hecho un gran trabajo hasta ahora. El pueblo te considera un héroe. Ya sabes, "el libertador que enfrentó al tirano de su padre y los liberó de la guerra".

Zuko frunció el ceño.

-Bueno, no sé si sea así exactamente. Creo que casi todo el crédito lo merecen el Avatar y sus amigos. Ellos hicieron casi todo el trabajo.- Le confesó mientras se llevaba un bocado de carne a las fauces.
- Lo importante es que tu pueblo te entrega todo el crédito. Los tienes comiendo de su mano. Además, el Avatar no deja de ser un simple niño, al igual que sus compañeros.-

Zuko lo fulminó con la mirada.

-Creo que se equivoca refiriéndose de esa manera hacia ellos. Personalmente creo que si no fuera por ellos no estaríamos aquí. Opino que deberían tratar al Avatar y a sus valientes compañeros como tales.- El general ladeó la cabeza y se quedó pensativo.

-La igualdad ante todo. Me gusta tu manera de hacer las cosas chico. El carisma es elemental para gobernar a una nación.-

El Señor del Fuego contuvo la rabia al oír la última frase. Todos aquellos comentarios le caían como un balde de agua fría en el rostro. Hizo un gesto de desaprobación con la cabeza y se volvió hacia Isao.

-Yo no soy esa clase de personas que utilizan su carisma para ganarse al pueblo. No los envuelvo en mentiras, créame.- Aseveró.
El joven soberano sintió cientos de ojos posándose sobre él. El general y el padre de Mai soltaron una risita al unísono.

- Por supuesto. Lo entenderás cuando seas mayor chico.- Le contestó con un tono divertido.

Zuko apretó los puños y se llenó de rabia.

-Claro, creo que hay una cosa que me diferencia de todos ustedes. La gente como ustedes solo le miente a su pueblo y se dedica a enmascarar la verdad utilizando una sarta de mentiras como sustento. Mientras hay personas muriéndose de hambre allá afuera ustedes están de celebración en celebración. Supongo que eso es algo que aprendes con el tiempo cuando estás rodeado de esa clase de gente.-

Los ojos de cada uno de los invitados se abrieron desmesuradamente. Mai se quedó atónita ante tal respuesta de parte de su novio. Se llevó una mano a la frente en señal de vergüenza.

-Si me permiten… gracias por la invitación.- Zuko se puso de pié y desapareció del salón seguido de Mai, que trataba de alcanzarlo como podía.

Llegó a los jardines de la entrada cuando fue detenido por su novia.

-Que crees que estas haciendo? Acaso te has vuelto loco Zuko?- Le vociferó ella con amargura.

- Creo que fue una mala idea venir.-

-Creo que mejor deberías escuchar a estos hombres. Tus tontas contestaciones no beneficiaran en nada a tu reputación y te conviene que estas personas sean tus aliadas en un futuro.-

Ella se cruzó de brazos indignada. El Señor del Fuego profirió un profundo suspiro y se acarició el cabello. Ella realmente estaba en su contra. Se volvió hacia Mai con desdén y la observó.

-No me interesa mi estúpida reputación, no me interesa en lo más mínimo lo que piensen ellos! Soy el Señor del Fuego. Yo se lo que le conviene a mi nación y no permitiré que los envuelvan con mentiras de un mundo perfecto mientras otras naciones están siendo atacadas. Es hora de que decidas de qué lado estás Mai.-

El joven se alejó escoltado de dos guardias y subió a su carruaje. Mai lo observó desaparecer con indignación.


El palacio parecía aún más inmenso desde afuera. Las puertas de la entrada principal se abrieron de un golpe y la figura del Señor del Fuego se hizo presente en la sala. Caminó por los corredores perfectamente iluminados. Al llegar a su habitación se deshizo de sus ropas festivas y se incorporó en la cama, con la ligera ilusión de poder conciliar el sueño.
Se acomodó incontables veces dentro de las sábanas. Le era imposible dormirse.

-Perfecto.- Maldijo él mientras se apretaba el puente de la nariz. Los pensamientos inundaban su mente. Se puso de pié, se calzó sus ropas una vez más y abandonó la habitación.
Dio vueltas por las galerías y por fin decidió instalarse en uno de los jardines cercanos a su recámara. Se recostó en la hierba con un profundo pesar. No podía conciliar el sueño y lo único que pasaba por su mente en aquellos momentos eran los sucesos ocurridos hacía unas pocas horas.

- Malditos diplomáticos. Maldita fiesta. Maldita ideología. Farsantes.- Se repitió a sí mismo aligerando su rabia. Se sostuvo la cabeza con sus manos.

Volvió su vista hacia el estanque cercano en donde nadaba una familia de patos-tortuga. Los cinco bebés seguían el paso de su madre mientras emergían del agua. Uno de ellos se acercó al joven soberano y lo observó con curiosidad.

- Para ti todo es muy fácil no es así? Vives tu vida en el agua y solo te preocupas por ti y tus hermanos. Pero qué hay de mí? Yo tengo que encargarme de una nación entera!- Le vociferó al pequeño animalito que fisgoneaba entre los arbustos continuos a él.

- Creo que estoy volviéndome loco.- Se cubrió la cara con sus brazos y flexionó sus piernas resguardándose de todo. Ahora tenía más insomnio que nunca.

- Tienes toda la razón.-

Zuko alzó la vista para observar a una adormecida y entumecida Katara que se encontraba de pié junto a él. Llevaba unas extensas batas color celeste y unas sandalias algo incómodas para su gusto. La muchacha lo contempló durante unos instantes. Las facciones de su rostro se veían desveladas y su mirada simbolizaba una rabia monumental.

- Que haces despierto a esta hora?- Lo interrogó la maestra agua mientras se acomodaba un mechón de pelo de su extensa cabellera.

- Lo mismo me gustaría preguntarte.- Aseveró él de mala gana.

- Bueno, como mi habitación da a los jardines imperiales, los gritos de una persona algo efusiva me despertaron.- Se defendió ella cruzada de brazos. Zuko exhaló un suspiro y bajó la cabeza.

- Pasé una desagradable velada y mi mente no me deja descansar.- Admitió él con abatimiento. Katara se sentó a su lado y se acomodó el cabello una vez más. Le dirigió una mirada a Zuko, dispuesta a escuchar cada palabra que él dijera.

- Todos los ministros y embajadores, incluso el padre de Mai, son unos farsantes.- Repitió con cólera. Katara abrió desmesuradamente los ojos.

- De que estás hablando?

- A ellos no les interesa el beneficio para la nación, solo se ocupan de sus intereses y su aspecto hacia las demás personas de su índole. Se encargan de ocultarles la verdad a los aldeanos mientras en las regiones limítrofes las ciudades están cayendo.- Hizo una pausa exasperado.

- Pretendían que sea como ellos, pero los mandé al demonio y me retiré en ese mismo instante. No soportaba escuchar una palabra más de aquellas estúpidas ideologías sobre como gobernar.- Finalizó él desahogándose de todas sus molestias.

Katara se quedó estupefacta examinando a Zuko, que ahora arrancaba la hierba con sus dedos. Ni ella hubiera imaginado una reacción así del padre de Mai, ni siquiera de los demás diplomáticos.

- Creo que estuviste perfecto deliberando aquellas ideas Zuko, pero no creo que mandarlos al demonio sea la opción más adecuada.- Le contestó con el ceño fruncido.

- No lo entiendes. Los insultaron, insultaron a mi nación, me insultaron a mí.-

- Creo que simplemente deberías demostrar la educación que a ellos les falta.- Katara depositó una mano sobre su hombro para tranquilizarlo.

- Estoy solo ahora Katara. No tengo aliados ni personas con quien vincularme.-

El rostro del joven soberano se tornó afligido. Llevaba un gran peso en sus hombros, se consideraba culpable por sus hechos, pero a la vez jactancioso por resguardar sus principios. Haría lo imposible por defender a su nación, pero con la mayoría de los diplomáticos en su contra, no lograría absolutamente nada. Ansió cerrar los ojos y fingir que todo era un mal sueño. Tomó una bocanada de aire y se recostó sobre el césped una vez más.

- Te equivocas Zuko. Tienes a tu tío, que siempre te apoyó en todo. A Sokka, Aang y Toph, que jamás te dejarían y me tienes a mí por sobre todas las cosas.- Le afirmó ella con una sonrisa esbozada en su rostro. Zuko alzó la mirada y le confeccionó un gesto de tranquilidad. Ambos hicieron una pausa y se quedaron en silencio, contemplando únicamente el cielo estrellado. Katara se incorporó en el césped y recordó algo de gran importancia.

- Casi lo olvido, recibimos la notificación aprobando el embarque hacia Omashu y Kento. También los gobernadores están al tanto de nuestra movilización hacia allí. Lo único que nos falta es organizar los grupos y dentro de dos días partiremos.- Le informó ella.

- Perfecto. Veo que ambos se encargaron de un gran trabajo en mi ausencia. Creí que cuando volvería el palacio estaría de cabeza.-

Ambos soltaron una carcajada y se echaron a reír. Katara se volvió hacia él. Esta vez estaba sonriendo. Era una sonrisa sincera y apacible, de esas que no veía hace mucho en el rostro de Zuko. Estaba alegre, luego de tanto tiempo de amargura. Sus miradas se vincularon por unos instantes.

- Katara.- La llamó él.

- Si?

- Perdón por llegar tan tarde hoy.- Le respondió mientras depositaba sus manos debajo de su cabeza. Ella lo observó con serenidad y volvió su vista al cielo.

- Está bien Zuko.-


Aquí concluye el segundo capítulo. Espero que haya sido algo mejor que el otro y que les sea interesante el fic. (?)
Saludos !