Lagrima congelada

Summary: Luego del accidente, perdí mi memoria, Rose y Alice siempre me han ocultado cosas, pero no me intereso hasta que aparecieron ellos-¡Edward Masen!-¿Masen? De donde salió eso, de pronto la realidad me llego de golpe... Engaños, Secretos, Odio, Amor NEW SUMMMY

Disclaimer: Los personajes no son míos, son de la maravillosa S.M. solamente la locura es mía… por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.

Tres manchitas

Capitulo dieciocho

Amar no es cuestión de lo que pasa en la vida, es un asunto de lo que está pasando en tu corazón.
Ken Keyes

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Edward apretó mi mano y sus ojos salieron de sus orbitas en el momento en el que Carlisle se detuvo y volteo a verlo, unas lagrimas se desbordaron de los ojos de Edward.

-ves esas tres machitas- yo asentí cuando él las señalaba.

-¿y cuál de las tres es?- el dirigió una mirada hacia mí como si estuviese preguntando lo obvio, ¿tres?

-son las tres manchas Bella, esperas trillizos- mi boca se formo en una perfecta "O".

-Bella- no podía quitar la vista de mis pequeños hijos hasta que unos labios se posaron sobre los míos, Edward me besaba tiernamente mientras nuestras lágrimas se mesclaban –gracias- dijo embozando una perfecta sonrisa –eres lo mejor que me pudo parar en la vida, me has dado tantas felicidades comparadas a las que un hombre como yo merece, gracias-repitió; En ese momento recordé que Carlisle se encontraba en la habitación, me sonroje por que el fuera un espectador, de reojo lo observe… no nos miraba … sus ojos viajaban por las fotografías que serian las primeras de nuestros hijos; Edward me ayudo a sentarme y limpio mi panza plana provocándome cosquillas. Cuando termino beso mi abdomen.

-tengas las fotografías, espero que no les moleste que me quede con una copia, Esme insistirá en una- negué con la cabeza mientras otra sonrisa se posaba en mis labios, no podía dejar de sonreír, seguro las mejillas me dolerían de tanto hacerlo, pero no esperaba detenerme, no cuando había recibido la mejor noticia de mi vida. Al salir de allí Edward me llevaba con una mano posada en mi cintura, caminaba lentamente como si tuviese miedo de que me fuese a tropezar.

-sabes- me dijo mientras salíamos–no te mostré la sorpresa, ¿Quién diría que solamente necesitabas un pequeño susto para recordarlo todo?- yo le pegue en las costillas mientras él me abría la puesta del copiloto, le oí musquitar un leve "auch" -¿te gustaría que te lo mostrara hoy?-

-Edward ¿y Tony?- el cerro la puerta, rodeo el carro y subió a su lugar –somos padres Edward, de un niño maravilloso… debemos al menos ir a traerlo de la guardería- el asintió.

-tenemos dos horas todavía, suficiente tiempo como para que te muestre la sorpresa- ¿Qué sorpresa seria?, la ultima vez me había llevado al hermoso prado pero no había tedio suficiente tiempo para saberla; quizás fuese que no me encontraba totalmente concentrada, seguro había pasado frente mis ojos, debía ser algo que Edward pudiese llevar al campo o quizás necesitase estar allí para mostrarlo, ¡un picnic! Pensé, lo descarte de inmediato, era demasiado común y soso, sabía que mi Edward no haría algo tan común siendo tan especial, ¿me compro algo? No, no creo… no me habría llevado a un lugar tan hermoso, ¡iba por los papeles del divorcio! No, eso también era imposible, él ya había dicho que le amaba; mi cabeza no daba para más… sabia que me gustaría la sorpresa, no sabía porque pero era mi propio instinto –Bella- me dijo Edward, volteé a verlo con duda y me pude dar cuenta de que nos encontrábamos en el mismo lugar de aquel día, el hermoso prado, sonreí por inercia… me abrió la puerta del carro y me dio su mano para ayudarme a salir, fruncí el seño al ver que el sacaba el paño rojo destinado a tapar mis ojos y a pesar de mis berrinches lo coloco.

-¿y si me caigo?- dije como ultima escapatoria.

- nunca te dejare caer- me sentí totalmente protegida cuando escuche sus palabras; Edward llevaba una mano firmemente apretada a mi costado y otra que sostenía mi mano derecha, los pasos que debía dar era pequeños, tanto que dudaba algún día caminar al menos un metro , supuse que ya habíamos llegado cuando sentí el olor a humedad y madera en el ambiente, se había incrementado… no lo había notado pero siempre había estado allí –agárrate duro y no te muevas- mordí mi labio al momento en el que él me elevo del suelo y me poso sobre algo extraño, mis pies aun colgaban y el lugar era encorvado, escuche como que dos metales se moviesen y donde me encontraba sentada se movía había le derecha, Edward continuaba presionando mi mano firmemente, tomo mi pierna derecha y la paso en alto hasta llegar al otro lado, en ese momento un foco dentro de mi cabeza se ilumino ¡un caballo!, ¿Cómo no había podido identificarlo?, adoraba montar, el destapo mis ojos, supongo que sabía que ya había adivinado, nos encontrábamos en un establo rojo, habían aproximadamente siete caballo y todos se alimentaban, el caballo donde estábamos montados era de color canela, con una pequeña raya blanca en todo el lomo, empezó a cabalgar al momento en el que yo jalaba las riendas y pateaba ligeramente su costado derecho para que diese la vuelta hacia la izquierda, íbamos lento y supuse que mi esposo se molestaría si aceleraba el paso, no era un descubrimiento que las embarazadas podían salir lastimadas montando a caballo pero este era uno bastante manso y dudaba que nos hiciese daño; él comenzó a jugar con mi cabello, para mi desgracia ya que se encontraba enredado gracias al viento, el sol terminaba de salir, era hermoso… las aves cantaban como si quisieran demostrarme que su voz era mucho más hermosa que la mía, algo de lo que yo ya era consciente.

-bésame- pidió Edward, su tono era tan suave, un pequeño susurro en mi oído pero a la vez era tan sensual y ronca, un petición de la cual yo era incapaz de negar, y así lo hice, tomando la iniciativa de topar mis labios sobre los suyos, jugando, nunca había besado a nadie sobre un caballo… era extraño ya que sabia montar desde que tenía los siete años… lo amaba era algo de familia, de mi verdadera familia, Edward me rodeo con su mano e hizo que mi cabeza callera sobre su hombro, luego comenzó a dejar pequeños besos a los largo de mi cuello, que causaban risas y a la vez gemidos que salían de mi boca –renovemos nuestro votos- eso bastó para que mi fuego interior creciera mas, suponía que serian las hormonas pero me admiraba a mi misma… hacia horas que se me revolvía el estomago y en este momento quería comerme a Edward sobre un caballo, pero debíamos ir a traer a Tony, quizás llevábamos media hora cabalgando y no quería que nuestro pequeño fuera el último en salir, es mas quería contarle que tendría un hermanito.

-Tony- murmure, ya que Edward comenzaba a meter sus manos debajo de mi vestido, y acariciaba mis muslos, él lanzo un suspiro y regresamos al establo -¿Dónde has conseguido el caballo?- le pregunte cuando me ayudaba a bajar, no era como que yo lo necesitase, pero el insistía en cuidarme. Edward me llevo cargada hasta el carro diciendo que yo necesitaba descansar y que esto había sido demasiado ejercicio para mí.

-tendrás los brazos de goma- le reproche, el rio.

-lo dudo amore mio, tu pesas igual que un pétalo de rosa- me sonroje y el beso mis mejillas -no puedo creer como soporte tanto tiempo sin ti- lo escuche decir mientras subía nuevamente al auto, dude que estuviese hablando como migo, eran más bien sus pensamientos y esperaba escuchar mas, pero ello no ocurrió.

El viaje fue en un agradable silencio, él llevaba nuestras manos unidas sobre la palanca de cambios. Al encontrarnos ambos frente a la guardería una señora regordeta nos abrió la puerta.

-ustedes deben de ser los padres e Anthony ¡se parecen tanto!- dijo entusiasmada, nos abrió paso para que entráramos, éramos los primeros padres allí, como yo quería, Tony llego corriendo frente nuestra con pequeñas gotas de sudor en su frente.

-mami- me dijo dándome un abrazo, yo me agache para cogerlo.

-mi pequeño retoño- el sonrió dejándome ver lo que ahora eran dos dientes faltantes -¿Cómo te ha ido?-

-bien, hemos aprendido que significa "amor"- yo enarque una ceja.

-¿y qué significa Tony?- pregunte

-ustedes, mis papis significan amor- una pequeña lagrima se escapo de mi ojo izquierdo y lo abrasé mas fuerte, Edward nos rodeo con sus brazos; era feliz, tenía mi familia completa, salvo por Reneesme que de seguro nos observaba arriba, eleve mi viste como si pudiese verla, una hermosa nueve en forma de corazón estaba allí, y supe que ella realmente nos miraba y un día podría verla yo a ella, mi esposo siguió mi mirada y sonrió, adivinando mis pensamientos.

Salimos juntos mientras Tony nos contaba más de lo que había echo el día de hoy, Edward lo subió en la parte trasera y luego me abrió la puerta del auto.

-¿Qué quieres comer Anthony?- pregunte al ver que ya se hacía muy tarde y el necesitaba almorzar.

-¡pizza!- exclamo.

-¿pizza de nuevo?- pregunto Edward, sabía que era su comida favorita, pero temía que siempre quisiera comer de ella.

-con una condición- levante mi dedo tocando su pequeña nariz –come una ensalada primero-

-bueno- dijo. Edward sonrió mientras Tony tomaba su asiento y parecía continuar considerándolo. Durante el trayecto me limite a observar a mi esposo, su fuerte barbilla, su perfecta nariz, sus hermosos ojos con largas pestañas y por ultimo sus deliciosos labios, él sonreía al recibir tanta atención de mi parte pero yo no podía quitar mis ojos sobre él, supongo que mis ojos brillaban como una tonta enamorada.

Bajamos y Tony nos guio hacia una mesa, la misma mesa donde nos aviamos sentado la ultima vez, el mesero que se me hacia reconocido se acerco para tomarnos la orden.

-¿qué va a querer nuestra clienta preferencial?- dijo acercándose y colocando una mano sobre la mesa, Edward me jalo más a su lado.

-de hecho, una pizza de jamón y piña, dos ensaladas, dos coca colas y un vaso de agua pura para mi esposa- dijo Edward recalcando el "mi", el mesero entrecoro los ojos, apunto la orden en su libreta y se marcho con el ceño fruncido.

-mi amor- comencé colocando mis codos sobre la mesa y acercándome a mi hijo. -¿te gustaría tener más hermanitos?- los ojos de Anthony se abrieron enormemente y me observaron alegres.

-más hermanitos- repitió – ¡claro que sí!- ambos reímos ante su entusiasmo – ¿cuándo llegaran?- pregunto botando en su asiento.

-más pronto de lo que crees- dijo Edward –tus hermanitos llegaran más pronto de lo que crees- repitió mientras daba un beso en mi cuello que me hacia estremecer, el mesero llego pero ya no pude prestar atención a su actuar, solamente tenía concentración para las caricias que Edward repartía bajo la mesa por mis piernas.

..

.

Desperté sintiéndome agarrotada, me había quedado dormida de camino a casa; pose mi mano donde ahora se encontraban mis pequeños, era tan perfecto, tan hermoso sentir que tenias otras tres personitas dentro tuyo, que no eras solo tú, que ellas dependían de ti y era necesario anteponerlas siempre, lance un suspiro de satisfacción y continúe pasando contantemente mi mano sobre ellos, como una caricia, "me muero por tenerlos" pensé, y era cierto, moría por tenerlos, por sostener su pequeño cuerpo, cambiarles de ropita, bañarles y velar su sueño…

Era tarde, quizás las cuatro, la habitación era totalmente caliente, salí de ella buscando a mi esposo e hijo pero me encontré con Alice, ella dirigía a varios hombres que entraban al cuarto principal con muebles, telas de todos los colores, papeles y limpiadores.

-Alice ¿Qué haces?- pregunte acercándome a la habitación.

-no es obvio- respondió señalándole otra puerta a un señor –decoro la habitación y no me he olvidado la de los bebes…

-¿co como?-tartamudeé.

-soy Alice, nada se me pasa- respondió con simpleza. Asentí mientras se acercaba a mí con varios papeles de colores. –como lo quieres mitad Rosa y mitad celeste, melón, blanco…

-tiempo, ni siquiera se el sexo de los bebes-

-pero yo si- eleve mi ceja por primera vez dudando de las palabras de Alice -¿quieres saber?-

-¡no!- exclama apresurada –esperare, decóralo de blanco- ella se encogió de hombros y entro a la habitación; baje las escaleras.

-hola amor- me dijo Edward mientras bajaba -¿Cómo te sientes?-

-bien, gracias- respondí -¿y Tony?-

-con Rosalie en la cocina- yo lo mire con duda.

-¿Rosalie?-

-sí, viene a proponerte algo- eso despertó mi curiosidad y me encamine rápidamente a la cocina ¿Qué podría proponerme Rose?

-hola- me saludo al entrar, se levanto del banquillo donde se encontraba, camino hasta mi y me dio un caluroso abrazo –deja esa cara de preocupación, vine a preguntarte si quieres ser, tu y Edward nuestros padrinos en la boda- mis ojos se llenaron de lagrimas y me abalance sobre ella.

-¡claro!- exclame emocionada. Ella sonrió como si esperara a que yo le diera la negativa, la tención se fuera de sus hombros y saco la imagen de su vestido de novia, para mostrármelo, era precioso sin duda.

Tres meses después

Me levante rápidamente tapando mi boca con la palma de mi mano directamente al baño, tropezando en el camino, y vomite en el inodoro, Edward comenzó a pasar su mano por mi espalda lentamente, como todas las mañanas; mi espalda comenzaba a doler a causa de mi panza que comenzaba a aparecer, no recordaba haberla tenido así en el embarazo anterior… era normal pero aun así no dejaba de asombrarme, me levante del suelo con ayuda de mi esposo y me dirija al lavábamos para enjuagarme la boca y cepillarme los dientes, una vez terminada mi tarea no pude evitar verme al espejo, me encontraba de perfil, igual a Edward el tenia sus manos sobre mi vientre y sus brazos me rodeaban, me hacía sentir extraña verlo a él tan guapo y a mí como una vaca, me parecía injusto que las mujeres debiésemos de pasar por esto, es decir… tener un bebe era precioso pero aun así no podía evitar quejarme por mi tamaño, agua salada se acumulo en mis ojos y pronto se desbordo, Edward me observo preocupado.

-¿Qué ocurre amor?-

-parezco vaca- dije enojada, el comenzó a reírse –es por tu culpa- le reproche.

-acepto que por mi culpa es que te mires tan hermosa pero de feo no tienes nada- hice un puchero sabiendo que Edward mentía, lo ignore y salí del baño, tome mi bata y el la suya; no trabajaba… no mientras estaba embarazada, aparte que Edward decía que yo no necesitaba trabajar… era cierto ya que teníamos toda la herencia de nuestros primeros padres millonarios, pero yo no planeaba vivir de ello, quería ser independiente, para mi desgracia el ginecólogo insistió en mi cuidado ya que un embarazo de trillizos podría traer demasiadas complicaciones, me picaba de curiosidad saber que sexo serian pero me reusaba a que Alice lo revelase; ella se había encargado de establecer las habitaciones, la primera continuaba siendo de Reneesme, la habitación de al lado de Tony, frente a estas la habitación de invitados que yo había insistido en decorar y la de los bebes, todavía quedaban las cuatro habitaciones de la tercera planta las cuales esperaba utilizarlas por lo que suponía Tony estaría arriba y otro de los mellizos también, ya que por muy egoísta que pareciese no pensaba mover las cosas de Nesssi, Alice rodaba los ojos y mosquita un "mjm" cada vez que yo tocaba el tema, cosa que me molestaba.

Ambos salimos y nos asomamos a la habitación de Tony, el dormía con los brazos extendidas en toda la cama, Edward tomo las pantuflas y yo me situé a su lado.

-Tony- hable revolviendo su cabello –despierta corazón-

-cinco minutos mas- yo rodé los ojos, le destape completamente comenzando a repartirle besos y cosquillas en los pies cosa que hiso que se retorciera en la cama hasta que estuvo despierto completamente, me hiso un puchero enternecedor pero aun así no pudo escaparse de salir de la cama, Edward lo tomo como caballito y lo llevo en su espalda corriendo, yo por mi parte baje las escaleras cuidadosamente, el desayuno estaba listo y como yo lo había pedido solo había zumo de naranja para mi, las nauseas aun no me permitían desayunar.

Hoy acompañaría a Rose a ver su vestido, igual iríamos a elegir el mío junto a Alice y Tanya, tome lo que restaba de la bebida y me dirigí a cambiar a mi hijo.

Tony pronto cumpliría los cinco así que como una buena madre me encontraba sentada en su cama esperando a que él mostrara como decidiría salir hoy, había elegido una camisa de rayas roja, unos zapatos verde musgo y un pantalón azul eléctrico, me levante de la cama conteniendo la risa que amenazaba escapar de mis labios, y le ayude a cambiarse.

Cuando mi pequeño estuvo listo bajamos juntos y Edward se despidió con un beso al igual que mi pequeño.

-¿seguro que quieres ir corazón?- le pregunte como decima vez.

-si mamá; allí están mis amigos- volvió a repetir -te extrañare y a mis hermanitos también- dijo lanzándonos un beso antes de subirse al carro de su papá, el cual yo había insistido que cambiase, ya que pronto seriamos una familia bastante grande y no podíamos andar en un deportivo con tres bebes.

Así se fueron dejándome sola, bueno no tan sola; con el mayor cuidado ya que comenzaba a cansarme subí lentamente las gradas, y llegue a nuestra recamara, la principal; le daba gracias a Alice que lo hubiese arreglado, yo no me atrevía a hacerlo; me vestí lo más rápido que pude colocándome la ropa mas abrigada y espere a que Rosalie, Alice y Tanya vinieran. Las puertas no tardaron en abrirse dejando ver a mis amigas con una sonrisa extremadamente grande en el rostro.

-¡Bella!- exclamo Rosalie –si no estuvieras aquí no te reconozco- mis ojos se llenaron de lagrimas ¿tan gorda me veía?, había creído un poco de las palabras de mi esposo esta mañana y ahora me daba cuenta de que era mentira, Alice tomo asiento a mi lado a mi lado y Tanya con una mirada de reproche entro al baño para traer algo con que secar mis lagrimas.

-mira lo que haces- hablo saliendo del sanitario y pasándome el papel por las mejillas.

-déjala, solo esta envidiosa- dijo Alice, Rose frunció el ceño.

-así, y ¿Por qué?- cruzo los brazos como si fuera niña chiquita.

-porque siempre has querido tener un bebe, y como Bella lo tiene antes que tú- explico Tanya. Alice la miro con ojos picaros y la sonrisa de Rosalie apareció y la miramos confundida.

-ya no necesito estarlo, ya tengo a mi bebe- dijo pasando la mano por su plano abdomen ¿iba a ser tía?, mire nuevamente su pansa.

-seré tía- susurre todavía conmocionada por la noticia.

-ya lo sabía- dijo Alice arruinando el momento.

-¿Qué? ¿Cuándo?- demando Rose.

-antes de la concepción- hablo mi pelinegra amiga riéndose de Rosalie. Me levante con cuidado y luego de que Tanya hubiese felicitado a mi hermana yo me abalance sobre ella, sin olvidar tener cuidado con mi gran pansa.

-felicidades Rosalie, seré la mejor tía del mundo ya lo veras- sus ojos se llenaron de lagrimas y me devolvió el abrazo.

-ahora con mayor razón debemos de ir a comprar- ambas rodamos los ojos y nos encaminamos…

..

.

Tanya iba junto a Alice comprando mil cosas como fuese el fin del mundo, mientras Rose caminaba junto mi viendo los almacenes sin realmente interesarnos en algo, de hecho me sentía completa al lado de mi hermana… aunque la pequeña preocupación que hacía que mi corazón se apretara no desaparecía, decidí ignorarla.

-falta solo un mes para la boda- comente mientras ella me entregaba un choco banano.

-lo sé, es una suerte que no tenga pancita para esa fecha- le dimos la primera mordida y mi blusa se mancho un poco, ella se rio de mí y me paso una servilleta.

-¿Cuándo lo has descubierto?- ella mordió nuevamente y trago antes de responderme.

-Emmett me acompaño ayer, fue muy hermoso- yo asentí corroborando.

-lo sé, las manos te sudan y te sientes muy nerviosa- ella sonrió.

-muero por tenerla-

-¿Cómo sabes que será niña?- pregunte mientras posaba mi mano sobre su pansa.

-instinto de madre, supongo – se encogió de hombros y observamos la fuente.

-¿qué nombre te gustaría?- ella rio.

-me recuerdas a mi pequeña hermana que no paraba de preguntar- me sonroje, ella coloco un brazo alrededor de mis hombros –gracias por todo Bells- una lagrima se deslizo por su mejilla –me gusta Lillian Roxaneé-

-es muy hermoso, parece de princesa-

-sí, será mi princesita- inconscientemente pasaba una mano por su estomago -¿te arrepientes de algo?-

-no- conteste, y era cierto, volvería a pasar esta vida solo pare tener la felicidad y a mis seres queridos al lado. Un grito nos hiso salir de nuestro trance, ambas volteemos para ver que sucedía, Alice peleaba con una señora tirando de un hermoso vestido color arándano, ella se encontraba dentro de la tienda mientras la pelirroja afuera; Tanya intentaba calmarla.

-¡no queda bien con su cabello!- le grito Alice tirando nuevamente –se verá mejor en mi amiga- las personas que pasaban las observaban asustadas.

-suelte mi vestido duende de pelos parados-le grito la señora, no era muy hermosa que digamos, su cuerpo era bastante relleno así que podía descifrarse fácilmente que le ganaría a mi amiga, para mi sorpresa no resulto ser así; la molestia que le provoco su nuevo apodo fue suficiente como para jalase y la entrara al almacén para luego abalanzarse.

-no sabe quien soy- gritaba; finalmente los de seguridad se hicieron presente dejando libre a la señora y tomando como rehén a mi amiga, no sabía si eran por las hormonas del embarazo porque en este momento me acercaba a los policías con intención de sobornarlos; saque el primer fajo de mil dólares esperando que fuese suficiente, ya quería irme y no iba a pasar más tiempo acá por algo tan loco.

-espero que nos entendamos- dije extendiéndoles el dinero, sus ojos brillaron como si fueran la luz y se olvidaron de Alice dejándola libre, caminaron de lo más normal.

-yo sabía que era mala idea venir a comprar algo tan importante a un centro comercial, llamare a Zafrina para que nos atienda inmediatamente- saco su teléfono y marco un numero que sabía de memoria –nunca volveré a hacerte caso Tanya- dijo antes de que le contestaran, Tanya rodo los ojos y empezó a caminar llevando el montón de bolsas, Rosalie fue a ayudarle y yo hubiese querido pero con las tres personitas que llevaba extra hacia un esfuerzo sobre humano para no tropezarme.

Al salir de allí Alice condujo como una loca a pesar de que le gritamos como mil veces que llevaba embarazadas a bordo.

-¡ALICE!- le grite por última vez negándome a abrir los ojos y quitar las manos de mi vientre.

-ya llegamos- canto, abrió la puerta del carro y nosotros le seguimos un poco apartadas.

-Alice, está cerrado- hablo Tanya.

-si- la miramos interrogante –para nosotras no- la mire como si tuviese tres cabezas pero aun así le seguí, una señora morena de cuerpo escultural nos abrió la puerta.

-querida, tanto tiempo sin verte- dijo depositando dos besos en su mejilla y dejándonos pasar –Rosalie, tu debes de ser la novia- dijo saludándola; luego se acerco a nosotros y nos saludo igualmente –así que tu eres Isabella, la esposa de Edward, un gusto conocerte; y respecto a ti, Tanya quiero ayudarte a elegir tu vestido de novia-

-o no Zafrina, Tanya todavía no se casara- explico Rose, ella elevo una ceja y Tanya se sonrojo.

-a no- tomo su mano y pudimos ver un pequeño y hermoso anillo en su dedo medio –yo veo todo lo contrario-

-¡ni siquiera le conozco!- exclame tomando su mano y viendo el anillo de cerca, era sencillo… bastante pero aun así era clásico y elegante –me muero por conocerlo y espero que no sea en la boda-

-o claro que no pero pasen, pasen que tengo miles de vestidos que enseñarles- Zafrina nos empujo a una gran sala donde todo era decorado de tonos rosa y blanco con caoba, al ver un sillón no pude resistirme en sentarme allí –te queda un mes ¿no?- pregunto.

-emm, no tal vez unos tres meses y medio; son trillizos- su boca se formo en una perfecta "O".

-¿y qué son?-

-no lo sé- ella me sonrió y luego se dirijo hacia Rosalie para comenzar a pasarle vestidos mientras Alice los aprobaba o desaprobaba. Tanya se ubico a mi lado.

-¿y cuando te lo propuso?-

-justa mente esta mañana- soltó un suspiro soñador -de hecho desperté y mi habitación estaba exageradamente decorada, al salir él se encontraba de rodillas y Alice y Rosalie detrás- yo solté unas risitas acompañándola –como adivinaras no compartimos mucho tiempo juntos como yo hubiese querido- de repente se sonrojo y yo no quise averiguar a qué más se referían sus pensamientos.

-¿y qué le contestaste?- ella se sonrojo aun mas.

-te he dicho que no compartimos mucho tiempo porque me desmaye- inmediatamente de mi boca salió una carcajada, mis pensamientos habían sido de lo más sucios y no tenían nada que ver.

-¿Qué pensaste?- me dijo apartándose y colocándose blanca como la cal.

-no me digas que no hay nada- su rubor apareció que por un momento considere que hubiese llegado hasta sus pies.

-eso, eso no importa- yo sonreí negando y dirigí mi vista hacia el vestido que Rosalie lucia. Se pegaba en todo su cuerpo y después de la pierna media caía en diferentes volados, llevaba un montón de pedrería pequeñísima y era estrapless.

-es de nuestra nueva colección de Alfredo Angelo inspirado en las princesas de Disney, como este en Ariel- Rosalie se mira en el espejo como maravillada de sí misma y no era para menos el vestido le lucia perfecto –de hecho creo que a ti te quedaría perfecto el vestido de Blanca Nieves- dijo tomándolo y entregándoselo a Tanya –pruébatelo- y así lo hizo, no cabe más que decir que el vestido se le veía hermoso, era sencillo y elegante, perfecto tal y como su anillo, línea B pomposo pero no extravagante, llevaba una pequeña tela transparente que lo cubría en la falda y arriba era estrapless, con un escote en forma de corazón y aplicación en forma de copos de nieve y flores.

-es hermoso- dijo viéndose en el espejo contiguo a Rosalie, a diferencia de ella no se movía solo observaba su figura reflejada, Zafrina sonrió sabiendo que había encontrado a la indicada para lucirlo –pero no puedo usarlo, es demasiado costoso- la sonrisa se borro de sus rostros, la mía no desapareció.

-yo te lo comprare; se que siempre quisiste lucir como una princesa el día de tu boda y así será- ella me miro con lagrimas en los ojos.

-no tienes que hacerlo-

- no tengo, pero quiero hacerlo- dije dándole un abrazo –ahora ve a cambiare para que pueda pagarlo- ella asintió y se dirigió al vestidor junto con Rosalie.

Al terminar de comprar les insistí para que me dejaran en casa, moría por dormir un poco, ellas que por primera vez me hicieron caso y no tardaron demasiado en dejarme en casa, al entrar la señora Coppel se me acerco.

-buenos tardes, una señora se presento al medio día e insiste hablar con usted; dice tener lazos familiares con su esposo, sin embargo no le hemos permitido la entrada; ella ha permanecido así hasta ahora- fruncí el seño ¿lazos familiares con Edward?

-¿Qué edad aparenta?- pregunte.

-quizás unos cuarenta y algo- respondió, mordí mi labio dudosa.

-déjala entrar- ella asintió y se marcho para permitirle el paso, me apoye en la mesita a esperar a la señora, no sabía porque pero yo quería recibirla, luego de unos minutos el timbre sonó, y abrí la puerta, frente a mi había una señora de cabello acaramelado y ojos verdes, unos ojos que se me hacían familiar, tenia pequeñas arugas y se notaba cansada, aun así se podía ver que era muy hermosa, le permití el paso inmediatamente sintiéndome un poco culpable por toda las espera.

-pase adelante- le dije cuando cerré la puerta –Bella Cullen ¿en que puede ayudarle? – dije extendiéndole mi mano.

-mucho gusto, soy la madre de su esposo, su suegra-

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Chicas sé que he tardado un montón, discúlpenme, pero en mi familia ocurrió una gran pérdida.

No es el final… simplemente no podía meterlo en uno solo, aparte que realmente me da como nostalgia terminarla ya que es la primera que lo hace, he eliminado en el capitulo anterior la parte donde explicaba que este sería el último, para que no hayan confusiones; espero que les haya gustado, déjenme sus comentarios y como les gustaría que fuese la suegra de Bella.

Gracias por sus reviews anteriores todas han sido muy lindas.

Roxii Cullen