Disclaimer: Avatar la Leyenda de Aang/El último maestro aire pertenece a Mike y Bryan, Nick y VIACOM. No recibo beneficios con esta historia.
Capítulo 3: Planificaciones.
Los ojos de Zuko se abrieron al sentir el frío contacto de unos dedos sobre su mano. Se sobresaltó de un susto. Su tío se encontraba de pie, con los brazos cruzados observando la escena. El joven soberano se puso de pie rápidamente y se quitó el polvo de sus ropas. Volvió su mirada hacia el lugar en donde se había quedado dormido.
Katara se refregaba los ojos con cansancio. Al distinguir la figura de Iroh se paralizó al instante. Se habían quedado dormidos e incluso pasado la noche en uno de los jardines. El rostro de la muchacha se ruborizó por completo. Zuko se rascó la cabeza al reparar en el ceño fruncido de su tío.
- Tío, yo solo… me quedé dormido. Nada más.- El hombre lo observó por unos instantes y soltó una risita.
- Claro… Déjame ayudarte.- Le respondió mientras le tendía su mano a Katara que yacía estupefacta en el suelo.
- Creo que debo irme. Ya sabes… Aang. Debe estar buscándome.- Le dijo la maestra agua a Zuko mientras desaparecía por los corredores sin darle tiempo a responder.
Zuko se sonrojó y se aclaró la garganta para romper el silencio sepulcral. Sintió los ojos de su tío sobre él. Se volvió hacia el viejo con nerviosismo.
- QUE?- Vociferó mientras observaba a Iroh reír desconsoladamente.
- Oh, nada. Es solo que me llamó la atención la alteración de ambos.- Zuko suspiró y se apretó el puente de la nariz.
- Tío deja de imaginarte cosas!
Katara llegó disparada hasta la entrada de su habitación. Su corazón latía alocadamente, no sabía si a causa del suceso ocurrido o a causa del extenso trote desde los jardines hasta allí. No quería ni imaginarse las cosas que Iroh pensaría de ella y las cosas que le estaría reprochando a Zuko. Rió entre dientes y justo antes de abrir la puerta de su recámara una mano en su hombro izquierdo la detuvo.
- Katara! Al fin te encuentro. Te estuve buscando por todas partes!- Se volvió para observar a Aang mientras respiraba con dificultad, exhausto.
- Aang, dime que sucedió?-
- Oh, nada importante de veras. Solo quería saber si tenías tiempo como para que visitemos la capital. Me han dicho que es realmente bonita!
Katara hizo un gesto de agotamiento con la cabeza. Se sentía realmente cansada luego de la incómoda noche que había pasado durmiendo sobre el césped. Pero observó el rostro del joven con tanto entusiasmo que no podía negarse.
- Está bien.-
Zuko llegó a su oficina con un dolor de espalda colosal. Se acomodó en su silla y comenzó a leer las notas enviadas por Iroh y Katara hacia Omashu y Kento. Su actividad no duró demasiado, ya que la interrupción se creó cuando las puertas de la recámara se abrieron. Mai se adentró con cautela a la habitación. Y se detuvo delante de él con los brazos cruzados.
- Jamás tocas?-
-Tenemos que hablar.- Le respondió tajantemente.
La empalidecida joven se aclaró la garganta con educación y alisó las arrugas inexistentes de su vestido.
– Hablé con mi padre. Me dijo que estará dispuesto a olvidar lo ocurrido en aquella tonta discusión, siempre y cuando vuelvas a darle el puesto de gobernador en Kento al general Isao.- Explicó tajantemente ella.
Los ojos de Zuko se abrieron como platos ante tal pedido.
- Tu padre está dispuesto a olvidar la discusión siempre y cuando yo le entregue Kento a su camarada? Mai asintió.
- Oh pero que hombre tan generoso! Realmente cree que me porté como un cretino en su celebración. No le entregaré las tierras de Omashu luego de aquella discusión. Ninguno de ellos se merece ni una mísera parte de todo esto.-
Mai se quedó estupefacta observando a Zuko.
- Oh Zuko, por favor! No te has puesto a pensar en que esto podría afectar nuestro futuro matrimonio? Son solo aldeanos, a quien le importa lo que pase con ellos!-
- Son parte de esta nación y creo que tampoco estás comprendiendo esto.- Le respondió mientras se acariciaba el cabello exasperado. Mai se puso de pie apartándose de la mesa.
- Lo único que comprendo es que todo esto afectará a nuestro futuro matrimonio. Acaso no te importa?-
Zuko guardó silencio y se puso de pié. Recorrió lentamente los jardines con la vista. Mai lo observaba impacientada de brazos cruzados.
- No sé si esté listo aún para contraer matrimonio Mai… -
Los ojos de Mai se abrieron excesivamente. Su reinado se vino abajo al oír esas palabras. Se quedó estupefacta al recibir aquella respuesta. Volvió en sí y envió a volar la taza de té que llevaba en la mano.
- De que estás hablando Zuko? Acaso ya no quieres casarte?- Vociferó ella con furia.
- No lo sé. Creo que si vas a ser la futura Señora del Fuego deberías interesarte más en tu nación y menos en tus caprichos de niña malcriada Mai y no veo que estés avanzando.- Las palabras del muchacho resonaron una y otra vez en sus oídos. Apretó los dientes con furia y respiró hondo conteniendo el enojo. Se acercó a Zuko y plantó un dedo índice en su pecho.
–Eres un hipócrita, farsante e insensato, tratas de sobrellevar todo esto haciéndote el invulnerable, pero ambos sabemos que no es así.- Mai se alejó del Señor del Fuego con el rostro lleno de rabia. Zuko contuvo las ganas de maldecir cada palabra emitida por ella.
Katara estaba exhausta. Habían recorrido cientos de negocios y tiendas de baratijas. Habían visitado el muelle y nadado en el río. Le habían comprado cientos de regalías a Sora y ropas nuevas a Toph.
Llegaron al palacio con cientos de bolsas. Aang no hizo a tiempo de depositar sus regalías cuando Sora se abalanzó hacia él. La sostuvo en sus brazos y vislumbró la figura de Sokka delante de él.
- En donde estuvieron toda la tarde? Iroh y yo los estuvimos buscando porque tenemos noticias importantes que decirles!- Los regañó el joven de la tribu agua con su dedo índice levantado. Suki revoleó los ojos.
- Fuimos de compras!- Anunció Aang mientras levantaba las bolsas con aire control.
Depositó a Sora en el suelo y abrió los regalos. Cientos de juguetes de toda clase se encontraban desparramados por el suelo.
- Bien, al fin los encontramos pies ligeros!- La voz de Toph resonó en la habitación mientras se acercaba a ellos. Aang le entregó su regalo a la maestra tierra y ella lo abrazó efusivamente.
- Bueno, me encantaría seguir platicando y abriendo regalías pero he venido porque Iroh está como loco buscándolos. Nos quiere a todos en su oficina ahora.-
Llegaron a la espaciosa oficina del Dragón del Oeste. Al igual que todas las recámaras del palacio, las paredes de un rojo vivo tenían banderas de la nación del fuego tendiendo de ellas. Iroh estaba sentado firmemente con una tetera y varias tazas de té a su alrededor.
- Oh, creí que venían con Zuko. De igual manera tomen asiento por favor.- Les indicó con una sonrisa.
Los jóvenes hicieron caso a sus palabras y se colocaron alrededor de la acogedora mesita de té. Sokka recorrió el lugar con la vista y tomó un sorbo de té de Gingsen.
- Me pregunto por qué todo es tan… rojo.- Dijo mientras se rascaba la nuca. Katara suspiró.
- Será porque nos encontramos en la nación del fuego?-
La discusión fue interrumpida por la aparición de Zuko. Katara lo observó con atención.
Su rostro contenía una amargura incalculable. Sus ojos se veían cansados y sus hombros permanecían encorvados a causa de vaya a saber que dolor. Se acomodó en un extremo de la mesa sin decir una palabra ni dar una explicación. Katara y Sokka guardaron silencio y Iroh se aclaró la garganta.
-Perdón por llegar tarde. Tenía unos asuntos que atender.- Explicó tajantemente el ex príncipe.
-Bueno, ahora que estamos todos podré darle comienzo a este asunto.- Afirmó sin darle importancia a su sobrino.
- Luego de la notificación que enviamos con Katara hacia las ciudades de Kento y Omashu, y de las provisiones que cargamos a los barcos de guerra, lo último que nos queda por hacer es disponerlos en grupos para facilitar la misión. Si no llegaran a estar de acuerdo con la división de los grupos solo avísenme.- Explicó el Dragón del Oeste mientras se acariciaba la barbilla. Todos asintieron.
- Sokka, Katara, Suki y Zuko irán en el barco que zarpará hacia Kento. Aang, Toph y yo iremos hacia Omashu, me parece justo que Aang vuelva a reencontrarse con Bumi luego de tanto tiempo.-
- Yo estoy de acuerdo con la idea! Creo que mientras tengamos comida suficiente en el barco estaremos bien.- Contestó Sokka con entusiasmo. Suki revoleó los ojos.
- Por mí está bien.- Dijo Katara.
Zuko estaba pensativo y apenas había logrado darse cuenta de que todos esperaban su aprobación.
- Oh, claro. Como sea.- Contestó mientras se refregaba los ojos. Iroh hizo un gesto de reprobación con la cabeza y se volvió hacia la maestra tierra.
- Bien. Me agrada la idea de ir a Omashu, después de todo es un reino tierra! Y supongo que a pies ligeros también le agradará la idea de reencontrarse con su viejo amigo.- Participó ella con emoción.
- Por supuesto! Yo digo que cerremos la encuesta.- Intervino Aang. Iroh asintió con la cabeza satisfecho y acomodó unos papeles que se encontraban a su lado.
- Perfecto. Lo único que nos queda por hacer es organizarnos con el último y más importante objetivo: la información sobre los invasores del oeste.-
La reunión se prolongó durante unas horas más y luego del último debate, Iroh los dejó en libertad.
Katara abrió las puertas de la oficina y exhaló profundamente. Tenía una terrible cefalea y el encontrarse encerrada en aquella habitación solamente prolongaba más el dolor.
Transitó por los pórticos del palacio, esta vez algo apagados, y volvió a recordar la expresión de Zuko anteriormente. La angustia la inundó por completo.
Se inquietó al oír una voz lejana del otro lado del corredor que se acercaba maldiciendo en voz baja. El Señor del fuego rondaba con inquietud por las galerías.
- Zuko… te encuentras bien?- Lo interrogó ella con preocupación.
- Oh de maravilla! Acaso no se nota?- Ironizó el joven soberano con el ceño fruncido. Katara lo fulminó con la mirada y se cruzó de brazos.
-Yo solamente quería saber si…-
- Claro, dime que se te ofrece? Últimamente lo único que he recibido de los demás son peticiones.- Se adelantó él con arrogancia.
El rostro de Katara se crispó con furia. Incluso era más arrogante, descortés y fanfarrón que muchas otras ocasiones. Apretó sus puños con fuerza y se volteó continuando su trayecto.
- Olvídalo.-
Que pasará con la discusión entre ellos dos? Y que pasará con la discusión con Mai? Lo dejo en suspenso para el próximo capítulo :D
