Disclaimer: Avatar la leyenda de Aang no me pertenece ni recibo beneficios con esta historia.
Capítulo 4: La reconciliación.
El día siguiente se había tornado terroríficamente fatigoso. Katara había pasado una mala noche, su cabeza no había descansado lo suficiente a causa de los gritos de Sora y las quejas de Suki que se prolongaron hasta la mañana.
Le dio un mordisco a su tostada de mala gana y emitió un bufido.
- Que le sucede a la pequeña escandalosa?- Se quejó Toph mientras cubría sus oídos con sus manos.
- No lo sabemos. Ha estado gimoteando toda la noche.- Se inquietó Suki.
- Tal vez esté enferma.-
La acotación de Aang sobre la posible enfermedad de Sora solo alarmó más a Suki Sokka se llevó la palma a la frente y fulminó a Aang con la mirada.
- Se pondrá bien. Es cuestión de tiempo.- Trató de tranquilizarla el joven moreno.
Luego del desayuno Iroh se dedicó a corroborar cada parte de las planificaciones junto a Toph, mientras que Aang alimentaba a Appa y a Momo. Sokka y Suki trataban de hacer dormir a Sora y medían su temperatura y Zuko había estado encerrado en su oficina desde la mañana.
Katara se dispuso a practicar agua control en los jardines. Junto a una laguna artificial que fluía por debajo de un puente. Aquella parte del jardín estaba coronada por una extensa arboleda de cipreses gigantescos. El aire allí era distinto.
El viento le traía consigo una oleada de armonía y cientos de recuerdos de su niñez. Se sintió concentrada y a la vez ausente.
Comenzó a mecer suavemente el agua del estanque y elevó una fracción de ella. La alzó delante de sus ojos y comenzó a virarla de un lado a otro. Los movimientos se entrelazaron una y otra vez.
La pequeña fracción ahora eran varias que giraban a su alrededor, danzantes. Katara parecía estar sobrellevada por una fuerza desconocida. Formó varios latigos de agua que se alzaban a su alrededor. Se sintió liberada por unos instantes. Agitada y embelezada por el danzar del agua.
El crujir de unas hojas la devolvió al presente de golpe.
- Veo que no has perdido el entusiasmo por el agua-control.- Acotó el señor del fuego con una triste sonrisa en su rostro.
Se volvió hacia atrás y el agua cayó sobre la laguna. Zuko se encontraba parado justo detrás de ella observando el espectáculo. Hizo un gesto de desaprobación con la cabeza y se limitó a callar.
El ex príncipe se acercó hacia ella sin titubear y su rostro entristeció.
- Sé que a veces tomo malas decisiones y que no valoro demasiadas cosas. Y lamento haber actuado como un idiota. Es solo que estoy tratando de sobrellevar todo esto y…-
- Sé que te esfuerzas mucho por el bienestar de todos Zuko. Nunca es malo recibir ayuda de los demás y debes saber que estoy dispuesta a ayudarte en todo.- Lo interrumpió ella mientras volvía su vista al joven soberano.
El sonrió con tristeza, reprimiendo sentimiento alguno en su rostro.
- Te vi tan triste y desatento en la reunión que me preocupé.- Confesó Katara con algo de timidez. Más allá de las circunstancias, Zuko dibujó una leve sonrisa en su rostro.
- Es sobre el matrimonio con Mai. Le dije que no estaba listo.- Katara abrió los ojos y trató de imaginar la expresión de la muchacha ante tal manifestación.
- Supongo que lo entenderá. Digo, las parejas deberían estar listas para este tipo de cosas. Si realmente te ama ella esp…-
- Le dije que no estaría listo… ni ahora ni nunca. No me casaré con ella.-
Las palabras resonaron una y otra vez en sus oídos. Acaso se había vuelto loco? Hacía una semana atrás eran una pareja radiante y contenta de prometidos.
- Pero que?…-
- A veces las personas no son lo que realmente creías, pero en mi caso era exactamente lo contrario. No hubiera podido soportar esa actitud tan demandante y molesta por el resto de mi vida.- Le respondió él mientras se rascaba la nuca.
- Pero que hay con eso de los herederos y etcétera?- Zuko suspiró.- Encontraré a la persona indicada algún día.- El joven soberano no pareció preocuparse por nada.
Katara sonrió a falta de emociones que expresar.
- Creo que hiciste lo correcto siguiendo a tus sentimientos. No podrías engañar por mucho más tiempo a nadie.- Zuko asintió con la cabeza.
Se quedaron en silencio durante unos segundos. El joven soberano se volvió hacia Katara con una sonrisa.
- Creo que me haría bien algo de Fuego Control. Me pregunto si hay algún valiente dispuesto a enfrentarme.- Katara se echó a reír mientras salía en su persecución.
Suki volvió a posar sus suaves dedos sobre la frente de su hija. La mueca de desesperación en su rostro no cesaba. Tomó a Sora en sus brazos y se dirigió hacia la enfermería acompañada de Sokka.
- Se trata de un leve resfrío. Pero esto puede deberse a sus defensas bajas. No debe estar en contacto con el exterior por unos días y debe mantenerse en reposo durante un par de semanas. Proporcionar una buena alimentación y beber mucha agua.-
La enfermera era una mujer de avanzada edad y disponía de un carisma inigualable. Le recetó a Suki la dieta a base de proteínas, líquidos y vitaminas que debía llevar Sora y le recordó el reposo antes de despedirse.
- Bien, ahora solo tenemos que decirles a Iroh y a los demás que no cuenten con nosotros para sus planificaciones.- Bufó Sokka mientras cargaba a Sora en brazos.
- Aún quedas tú Sokka. Yo puedo encargarme de Sora, no te preocupes.-
- Olvídalo. No pienso dejarlas aquí. Iroh tendrá que entender.- Le contestó el joven de la tribu agua.
En la cena nadie pareció abrir la boca para objetar algo. Sokka tenía la mirada intranquila. Pensó en lo que Iroh podría decirle con la decisión que habían tomado. Suki le dio un codazo en el brazo izquierdo y él profirió un grito. Aclaró su garganta y se decidió por hablar.
- Hmm, si me dan su atención, hay unas cosas que debemos decirles. Es muy importante.- Acotó finalmente.
Aang se rascó la barbilla y entusiasmado se adelantó. – Acaso Sora tendrá un hermanito?-
- Por supuesto que no!- Inquirió Suki con cólera.
- Entonces es niña?-
- Ya cállate Aang!- lo interrumpió Sokka.
- Lo que queremos decirles es que no iremos con ustedes a Kento.- Le dijo Suki a sus acompañantes.
- Pero, que sucedió, porque?-
- Sora se ha pescado un resfrío, pero los médicos no descartan algo más. No podemos tenerla en contacto con el exterior con sus defensas tan bajas.- Le explicó la guerrera Kyoshi a Katara.
- Bien, entonces que Suki se quede con la bebé. Nosotros nos llevamos a Sokka.- Intervino Zuko.
- No voy a dejarlas solas. De ninguna manera. Sora se encuentra en un estado muy delicado y quiero estar ahí cuando sane.- Le respondió él.
La cena se había convertido en un campo de batalla. Iroh los observaba sin decir una palabra.
- Lo siento chicos, pero tendrán que ir sin nosotros a Kento.- Zuko observó el rostro de Sokka con disgusto, como si se tratase de un vil traidor.
- Yo creo que deberían dejar que Sokka y Suki se queden. Después de todo Katara y Zuko podrán arreglárselas. No debe ser tan difícil, no es así?. Y además no nos vendría nada mal que alguien se quede resguardando los muros del palacio.- Objetó Toph desde una punta de la mesa.
Todos guardaron silencio. El dragón del Oeste sonrió levemente y se llevó una mano a la barbilla.
- Creo que es una excelente idea. Sokka, te quedas a cargo de tu familia y del palacio. Mañana partiremos y que no se diga más!-
El rostro de Suki se iluminó al oír las palabras de Iroh y la maestra tierra sonrió satisfecha. Aunque no todos parecían estar de acuerdo con este arreglo, no se volvió a discutir sobre el tema.
Luego de la cena, Katara se dispuso a preparar su bolso con las cosas que necesitaría para el viaje. Cargó agua en su cantimplora y colocó las pocas prendas de ropa que había reunido. Luego de su extenuante recolección, se desplomó sobre su cama y cerró sus ojos justo cuando llamaron a la puerta.
- Adelante.- dijo ella mientras se ponía de pie rápidamente. Zuko apareció asomando la cabeza hasta quedar finalmente al descubierto.
- De quien te escondes?- Quiso saber ella soltando una risita.
- Es solo que quería corroborar de que estuvieses sola.- Le contestó con entusiasmo. Katara arqueó una ceja y se cruzó de brazos.
- Bien, ahora si me asustas. Que tienes de privado?-
- Ya verás.- Le respondió él mientras jalaba del brazo de la muchacha y la sacaba de la habitación.
Zuko comenzó a trotar por los corredores vacíos llevándola hacia un ala completamente desconocida para ella.
- Que estas haciendo? A donde vamos?- Pero el no le respondió y continuó su ruta.
Subieron por unas angostas escaleras hasta llegar a una especie de balcón monumental. Los ojos de Katara se abrieron como platos mientras percibía la magnífica vista. Podía observar toda la nación desde aquel ángulo.
- Este es mi lugar favorito en todo el palacio.- Le dijo mientras se apoyaba sobre el barandal de aquel extraño mirador.
Katara sonrió ampliamente y achicó los ojos, como intentando descifrar su hogar entre los cientos de casas y edificios que se alzaban sobre la tierra.
- Es magnífico.- Le dijo estupefacta.
- Desde aquí doy mis discursos. Pero por la noche, cuando no hay ninguna multitud esperando oírme, me gusta observar esta vista y recordar porqué motivo me mantengo defendiendo mis ideales.-
El rostro de Zuko se había llenado de nostalgia y armonía. Era una expresión que no había visto hacía demasiado tiempo en él.
- Espero poder con todo esto.- Le dijo mientras resguardaba su mejilla en su puño.
- Eres un excelente gobernante Zuko… y un gran amigo.- Zuko se volvió hacia ella con tranquilidad y le dedicó una sonrisa. En ese instante recordó sobre su reencuentro luego de varios años, su cambio, y la pregunta que había querido hacerle desde entonces.
Guardó silencio por un instante y se decidió por hablar.
- Katara... Cuando te vi por primera vez luego de varios años… te vi distinta. Estabas triste.- Hizo una pausa.- Estabas completamente cambiada para mí. Yo quise preguntarte, pero…- La maestra agua sonrió con amargura.
- Sé a lo que te refieres. Lo entiendo. He cambiado bastante esto años Zuko. No voy a mentirte.- Ella se quedó en silencio tratando de contener su llanto. – Las cosas cambiaron mucho con Aang sabes? Nuestra relación ya no es la misma y me afectó mucho todo esto. A veces las personas no acaban como uno cree.-
Zuko la observo confuso, tratando de comprender sus palabras. Bajó la vista y asintió con la cabeza.
- Aún lo amo pero… como a un hermano. Todo esto ah sido mucho mas difícil de lo que crees, y no he tenido las agallas para decírselo Zuko. No quiero romper su corazón. El ah pasado por mucho sufrimiento. No quiero…- Se le entrecortó la voz y se echó a llorar.
Zuko La contuvo en sus brazos y sonrió con tristeza. Las lágrimas brotaban con fuerza de su rostro mientras se aferraba más al pecho del joven soberano.
- Todo estará bien. No llores más por favor. Te prometo que todo se arreglará.- El acarició sus cabellos y la retuvo más cerca. Sonrió mientras observaba a la sumida y débil Katara en sus brazos. Sin saber porqué, Zuko se sintió alegre de contenerla. De querer protegerla sin importar lo que pase. Aunque sea por unos minutos, se sentía resguardado de todo y comprendido cada vez que pasaba un momento junto a ella.
Haaaaaaaaay pero que lindura. Parece que algo está naciendo de ahí. Esperemos que tanto Zuko como Katara sepan lo que se está desencadenando. Hasta la semana que viene lectoras ! Espero les haya gustado !
Camila.
