Disclaimer: Avatar: the last airbender y sus personajes no me pertenece y no saco beneficios con su historia.

Capítulo 5: Pesadillas y Fantasías.

Katara despertó con un ligero dolor de cabeza. Se incorporó de un salto y salió de su cama. Emitió un agudo bostezo y se despojó de su pijama. Luego de un baño y un cambio de ropas se dirigió con todas sus pertenencias hasta el salón de entrada, en donde se encontraban su hermano, Aang y Toph.

- Por fin despertaste. Estábamos a punto de enviar a Aang a buscarte.- Le dijo Sokka mientras tomaba su bolso y lo colocaba dentro de uno de los carruajes reales. Katara se frotó los ojos y asintió con la cabeza.

- En donde están los demás?- Le preguntó la maestra agua a su hermano.
- Iroh y Zuko están recogiendo las cosas que faltan y Suki fue a ver como estaba Sora. Dime… Eso es todo lo que vas a llevar?- Le dijo Sokka mientras señalaba su bolso con desprecio.
- También lamento haber dejado toda mi ropa en casa Sokka.- Lo fulminó con la mirada y se cruzó de brazos desconforme.

- Ese aroma mañanero de discusiones que tienen es muy célebre en ustedes dos.- Dijo Iroh mientras se acercaba a ella con una amplia sonrisa. – Buenos días Katara.- Agregó el Dragón del Oeste.

- Buenos días.- Le contestó soltando una risita.

Volvió su vista hacia Zuko, que se encontraba parado justo delante de ella. Cuando el joven soberano la saludó no pudo evitar sonrojarse. Iroh los observó con intriga.

- Estas mejor?- Le preguntó mientras se rascaba la cabeza. Ella asintió.
- Si. Gracias Zuko.- Le dijo mientras sonreía.

Katara se alejó al oír el llamado de su hermano desde los carruajes. Iroh observó a Zuko con una sonrisa.

- Veo que últimamente están muy unidos, no es así querido sobrino?- Le preguntó mientras le daba pequeños golpecillos en el brazo. Zuko se sobresaltó y observó a su tió con menosprecio.

- Ya basta.- Le respondió el joven disgustado.

- Tu no negación a mi planteo me da la respuesta querido sobrino.-

Antes de que pueda contestarle, Iroh se encontraba ayudando al resto a empacar las cosas y luego de haberse despedido de todos, partieron hacia el puerto de la capital de la nación.

- Bien, no lo olviden, cada vez que tengan información nueva envíen un halcón mensajero. Por favor cuídate mucho Katara.- Le dijo Aang mientras le daba un efusivo abrazo. La maestra agua asintió con la cabeza y se desprendió de él.

- Buena suerte princesita. No cometas ninguna tontería que para eso estoy yo.- Le dijo Toph mientras se despedía.

- Créeme, no lo haré.- Le respondió con una sonrisa en su rostro.

Iroh tomo a su sobrino por los hombros y se acercó a él.

- Buena suerte sobrino. Recuerda la información vital y mantente en contacto con nosotros. Por cierto, cuida bien de la señorita Katara.- Le dijo guiñándole un ojo con su último pedido. Zuko se ruborizó por completo.
- Lo haré tío.- Le dijo mientras lo abrazaba.

Los dos jóvenes se despidieron por última vez y subieron a la embarcación. Cuando la nave hubo zarpado, Zuko se dirigió hacia el pequeño corredor en donde se encontraban sus habitaciones. Como de costumbre, todo allí instruía ser rojo.

- Bien, se que no es como en el palacio pero… aquí tienes. Tu momentánea habitación.- Le dijo el ex príncipe mientras señalaba con su mano una pequeña recámara con una cama, un par de sillas y un escritorio.

- Estaré bien, no te preocupes.- Le contestó mientras se adentraba en su alcoba.

Iroh: Ya han pasado dos días desde que zarpamos y las horas se hacen interminables. Al ver a varios guardias jugar en un tablero de Pai sho recordé que debía escribirte. El capitán dice que mañana llegaremos a Kento. Zuko está algo disperso, creo que ha pasado una mala noche, aún así nos mantenemos al tanto de información importante.
Katara.

La muchacha enrolló el papel y lo colocó sobre un tubo alargado en la espalda del halcón mensajero. El ave salió despedida hacia el aire y desapareció entre la espesura de la noche.

Miró una vez más por la pequeña rendija de su habitación y se frotó los ojos con cansancio. Se sentía completamente abatida luego de una extenuante práctica de agua-control que había realizado en la mañana.

Se desplomó sobre su almohada y cerró los ojos para concebir el sueño.

Sus ojos se abrieron con fastidio al sentir el contacto de sus hombros sacudiéndose.

- Mamá?- La figura de una mujer no muy mayor se hallaba sentada sobre su cama sosteniéndolo por los hombros.

- Zuko debo hablarte. Por favor hijo amado escúchame.- El rostro de su madre tenía las facciones completamente abatidas y las lágrimas corrían con violencia por sus mejillas.

-Todo lo que he hecho ah sido para protegerte. Recuerda esto Zuko, no importa cuanto cambien las cosas, bien? Nunca olvides quien eres.- La silueta de la mujer se desvaneció en el aire.

- Mamá?, Mamá a donde vas?- Repetía mientras recorría su habitación con la vista.

- Mamá, mamá no te vallas!- Zuko se despertó con los ojos llorosos vociferando en su alcoba. Se llevó una mano a la frente y se asentó sobre su cama agitado. Katara irrumpió en su habitación con nerviosismo y con la respiración algo agitada se acercó hacia él.

- Zuko, te encuentras bien? Que sucedió?-

La luz de la luna se reflejaba tenuemente sobre el mar. Zuko se frotaba los ojos con ambas manos. El joven soberano se mantenía sentado sobre la cubierta con las piernas flexionadas hacia el agua. Katara, permanecía a su lado, sin saber que decir o como actuar.

Temerosa, volvió su vista hacia él. Tenía el rostro lleno de lágrimas. Quiso abrir la boca para objetar, pero al final, optó por el silencio. Se encogió de hombros sin encontrar una reacción mas sincera.

- Mi madre y yo teníamos un lazo muy fuerte. Solíamos hacer muchas cosas juntos sabes?- hizo una pausa conteniendo los recuerdos y formó una sonrisa de nostalgia en sus labios.- Ella se marchó cuando yo era tan solo un niño.-

Katara depositó una mano sobre su hombro. Sintió un nudo en la garganta y un profundo pesar.

- Zuko… se lo difícil que es perder a un ser querido. Y tal vez...-
- Sé que está viva Katara. No creo haberla perdido del todo, aún tengo la esperanza. En alguna parte de este mundo.- Sus palabras se oían tan firmes como nunca y su voz entristeció en el mismo momento.

- He tenido este sueño incontables veces. El momento justo en el que mi madre se despide de mí. Jamás la volvía a ver.- Katara volvió su vista hacia él y le sonrió.

- Tú lo has dicho. Nunca debemos perder la esperanza Zuko.-

- Te prometo que encontraremos a tu madre.-

Zuko envolvió con sus brazos a Katara y la abrazó con efusividad. El rostro de la muchacha enrojeció por completo. El joven soberano se volvió hacia ella y le otorgó una sonrisa sincera, como si hubieran pasado por lo mismo. Katara observó cada facción de su rostro. Estaba sonriente.

Una sonrisa que alejaba los miedos, los remordimientos y las tragedias.

Los rayos de sol iluminaban desde el este, todo a su paso, dándole comienzo a un nuevo día. Katara despertó con el graznar de un ave sobre su ventana. Abrió con cuidado la rendija y dejó entrar al halcón mensajero.

Me alegra saber que se encuentren bien, envíen cartas cuando lleguen a Kento. No le saques los ojos de encima a Zuko por favor y envíale mis saludos al gobernador. Iroh

La maestra agua exhaló profundamente y volvió a enrollar el papel con cuidado. Dentro de un par de horas llegarían a Kento y Zuko seguía dormido.

Caminó con cuidado por el corredor contiguo a su habitación y se asomó por la puerta entreabierta.

- Zuko?- Al no recibir respuesta alguna, Katara se adentró en la recámara. Sus espaciosas longitudes eran casi idénticas a las de la habitación de la muchacha. Las paredes de un rojo intenso se resaltaban aún más con las banderas colgadas de la nación del fuego. Sin señales de Zuko se encaminó hacia la salida justo cuando el repiqueteo de algo la hizo volverse.

Junto a la ventana del ex príncipe, se encontraba un ave de plumas cobrizas y pico dorado llevando consigo un tubo largo con el símbolo de la nación del fuego. La maestra agua hizo una mueca de mal gusto y se acerco hacia la pequeña abertura.

Quitó el amarillento papel que estaba en el tubo y se deshizo del cordel que lo sujetaba. Al parecer ella no era la única con correspondencia en el barco. El papel fue arrebatado de sus manos justo antes de que pudiera leer. Zuko se encontraba de pie junto a ella, con un gesto de amargura en sus labios. Katara se sintió terriblemente incomoda ante aquella situación.

- Lo siento, fue algo descortés de mi parte. Solo quería saber si se trataba de algo importante.-
- No te preocupes. Me encargaré de estos asuntos.- Le contestó el joven soberano mientras la escoltaba fuera de la habitación.
- Voy a cambiarme, el capitán dijo que dentro de un par de horas llegaremos a Kento. Espero que hagas lo mismo.-

Ella asintió en silencio desconcertada y caminó hacia el lado opuesto a las habitaciones. Apretó sus puños con fuerza y contuvo una rabia imponente. Realmente no habia llegado a leer toda la nota, pero si una pequeña frase y un remitente: "te extraño. Mai"

La nave desembarcó en el puerto de Kento con éxito. Zuko bajó acompañado de Katara con una multitud recibiéndolos. Un hombre de mediana edad con una extraña facción en su rostro se acercó hacia ellos haciendo una reverencia.

- Su majestad. Mi nombre es Fong, soy el comandante de las fuerzas armadas de la ciudad de Kento. Me da gusto verlo. El gobernador me pidió que lo escoltara hasta el palacio, si no le molesta, claro.- El hombre depositó su vista en Katara con extrañeza.

- Es un honor conocerlo general. Con gusto aceptaré su petición.- Le respondió el joven soberano mientras seguía al hombre por un camino sinuoso que conducía hacia el carruaje gubernamental. Katara caminó detrás de él dando zancadas grandes. Los jóvenes se adentraron en el vehículo, mientras que el general seguía al carro montado en un caballo-avestruz.

Zuko volvió su vista hacia Katara. Se encontraba erguida de hombros, a su lado y con una frialdad incomparable en su rostro. Parecía estar molesta y a la vez ausente, como absorta en sus pensamientos.

- Katara, te sucede algo?- Pero sin darle tiempo a contestar, la pequeña puerta del carruaje se abrió y el general Fong los esperaba con los brazos abiertos fuera de él.

Llegaron a los inmensos edificios. Los pesados tejados volados estaban sostenidos por robustas vigas de madera.

Caminaron por unos corredores perfectamente iluminados y al doblar a la izquierda se toparon con una extensa habitación. El gobernador de Kento se encontraba sentado sobre una mesita de té en el centro y se puso de pie para recibirlos.

- Su majestad, finalmente llegó! Y con una acompañante.- Dijo el hombre con una sonrisa en sus labios. Katara lo saludó con gentileza y el le correspondió con una reverencia. – Ya veo, pero si se trata nada mas y nada menos que de la maestra agua-control mas poderosa de todas. Es un honor conocerte jovencita.- Agregó.

El hombre tenía un peculiar aspecto para Katara, le recordó mucho al rey de Ba sing se. Enrojeció por completo y se volvió hacia el hombre.

- Bueno, es un placer conocerlo a usted también, muchas gracias. Los ayudé en todo lo que pueda.- Zuko la observaba por encima del hombro.

- Nos da mucho gusto estar aquí, créame, Katara es una eficaz guerrera y una de las mejores curanderas de toda su tribu.- Aclaró el joven.

El gobernador se sintió maravillado. Volvió en sí y aplaudió dos veces con sus manos al aire, por lo que llegaron inmediatamente dos criados tomando las pertenencias de los jóvenes.

- Por favor, quiero escuchar más sobre ustedes en la cena. Pero antes les asignaré sus recámaras.- Posó su vista en los críados y les hizo un gesto con la cabeza. – Lee, Jin, lleven al Señor del Fuego y a la maestra agua a sus habitaciones, y lleven su equipaje también.-

Los criados asintieron con la cabeza y desaparecieron del salón seguidos por Zuko y Katara. La maestra agua caminaba firmemente sin decir una palabra. El joven soberano la observaba con intranquilidad.