Disclaimer: Avatar: the last airbender y sus personajes no me pertenecen ni recibo beneficios con esta historia.
Capítulo 6:
Las palabras se grabaron en su mente una y otra vez "te extraño. Mai" Apretó los dientes con fuerza. Acaso Zuko iba a dejar de lado a sus ideales por dignidad ante aquellas personas? Ella negó rotundamente con la cabeza y luego volvió a recapacitarlo. Tal vez solo era una confusión o tal vez se había arreglado con su novia y el asunto de la boda seguía en pie.
Se sumergió en la tina una vez más y quitó los cabellos que se le venían encima. Todo su cuerpo se estremeció. La manera en que Mai repudiaba todo aquello que se cruzara delante de sus ojos la hizo enfurecer aún más. Zuko no se merecía aún más maltrato y dolor del que había recibido en toda su vida.
El solía ser muy arrogante y despreciable en varias ocasiones, claro. Pero había estado en los momentos más cruciales para contenerla, había encontrado al asesino de su madre, e incluso, dado la vida por ella. Katara sabía muy bien que si Mai permanecía a su lado, dejaría de ver al fuerte, sabio y libre Zuko que había vuelto a ver en aquellos últimos días.
Respiró hondo.
- Voy a extrañar todo eso.- Se dijo a sí misma con una triste mueca en su rostro.
Hizo memoria y recordó sus charlas, sus chistes de mal gusto que no siempre resultaban, sus batallas de práctica juntos, incluso su arrogancia. Extrañaría volver a verlo reír, volver a ver su rostro. Volver a sentir sus efusivos abrazos. Una opresión el pecho la retuvo inmóvil, con la voluntad de la indignación y su corazón latiendo alocadamente.
- Como desearía que Mai simplemente… desapareciera.-
Katara abrió sus ojos desmesuradamente. De pronto, cayó de las nubes. Las mejillas le ardieron y su rostro se ruborizó por completo, reflexionando aquella frase y buscándole un sentido doble a sus sentimientos. Salió del baño y se vistió.
- En que demonios estoy pensando? Zuko y yo solo somos amigos.- Se repitió una y otra vez para sí misma. – Buenos amigos.-
Su corazón palpitaba atolondradamente cada vez que intentaba afirmar sus palabras. Se desplomó sobre su almohada y se aferró a sus brazos con tristeza.
Zuko se paseaba de un lado a otro por los corredores del palacio. Llamó una vez más a la puerta y guardó silencio. – Por qué se tarda tanto?- Levantó la vista y vociferó:
- Date prisa Katara! No tenemos toda la noche.- Pero antes de que pudiera volver a emitir una queja la puerta de la habitación se abrió delante de él.
Katara se encontraba allí con una sonrisa algo forzada y el cabello suelto. Sus labios y mejillas muy maquillados parecían los de una muñeca. Se había puesto un vestido de fino encaje y unas sandalias que apenas podían verse por el largo de la prenda.
Un ruido muy agudo devolvió al joven soberano al presente de golpe.
- Está bien, sé que no es mucho, pero no quería pedirle ayuda a las criadas.- Se quejó Katara de brazos cruzados al observar a Zuko.
- Creo que... te ves muy bella.- Le dijo mientras la escoltaba por los corredores. La joven enrojeció y como un acto reflejo, se aferró al brazo del ex príncipe.
El gran banquete se extendía a lo largo de la mesa de roble del salón principal. El gobernador se encontraba en un extremo con los brazos abiertos y una sonrisa implacable en su rostro.
- Creí que llegarían mañana! Por favor, tomen asiento.- Les indicó el hombre con algo de ironía en su frase. Ambos asintieron y se depositaron de llenos en sus sillas. – Y bien… que les pareció Kento? Supongo que es la primera vez que lo visitan.- Agregó mientras se acomodaba en su lugar.
Zuko tomó una bocanada de aire en cuanto pudo. – Imponente, es una ciudad bellísima. Lamento mucho este acontecimiento. Ver a sus pobladores en estas condiciones me hizo reflexionar sobre muchas cosas.- finalizó con un aire de tristeza. El gobernador guardó silencio y Katara lo observó sin decir una palabra.
- Nuestro estado es crítico. Jamás quise aceptarlo. Hemos revisado cada entrada y salida, alrededores, e incluso las ciudades limítrofes sin rastro alguno de los atacantes. Es como si se hubiesen esfumado.- Las palabras del monarca hicieron trabajar a mil por hora la mente de Zuko.
- Todo esto es demasiado extraño, no sabemos la razón por la cual atacaron, tampoco sabemos de dónde vendrán, pero estamos seguros de que regresarán.- Acotó el joven soberano apretándose el puente de la nariz.
- Creo que lo único que nos queda por hacer en estos momentos es limitarnos a investigar. Es nuestra única opción.- Afirmó el gobernador colérico.
Luego de almorzar, el gobernador de Kento se dedicó a continuar con su extenuante búsqueda y los dos jóvenes aposentaron en sus recámaras. Zuko se sobresaltó al tropezarse con Katara mientras abandonaba su habitación.
El joven soberano abolló el papel que conservaba en sus manos y lo escondió dentro de sus ropas como un acto reflejo. Katara arqueó una ceja y se mantuvo en silencio.
- Que era eso?- Le preguntó la joven maestra señalando el bulto de papel entre sus ropas. El Señor del Fuego revoleó los ojos y se rascó la cabeza.
- Solo basura. A donde vas?- Se atajó con una mueca de falsedad en su rostro.
- A la ciudad. Quiero ayudar en algo a los habitantes. Es lo menos que podría hacer.- Respondió ella tajantemente.
El ex príncipe asintió en silencio y luego de unos instantes la siguió por los corredores.
- Es una buena idea. También iré a ayudar.-
La ciudad se encontraba devastada, muchas de las viviendas estaban destruidas, los mercados saqueados y las familias expuestas a la intemperie. Las tropas de refuerzos para ayudar no dejaban de llegar y los curanderos, a pesar de ser escasos, mantenían a las personas en buen estado.
Katara se volvió hacia un niño que jalaba de su falda insistentemente. Tenía el rostro lleno de lágrimas y una expresión afligida en sus ojos. La tomó del brazo y la condujo hacia una especie de camilla algo maltratada. Se arrodilló al lado de una mujer de cabellos cobrizos y se volvió hacia la maestra agua.
- Te conozco. Tú luchaste para salvarnos, por favor, salva a mi madre.- Le dijo el pequeño con los ojos llorosos. Katara lo observó afligida y asintió con la cabeza. La mujer de mediana edad tenía contusiones en el pecho y la frente. Tomó un poco de agua de su cantimplora y la introdujo en sus manos. Realizó múltiples movimientos con la yema de sus dedos y con esfuerzo cerró las herid as que se encontraban en su cuerpo.
- Se pondrá bien, solo tienes que dejarla descansar.- Le dijo al pequeño con una sonrisa en sus labios. El niño le hizo una reverencia y la morena de ojos azules continuó con su rutina por otros sectores.
Se pasaron el resto de la tarde curando heridas, reconstruyendo viviendas y buscando alguna que otra pista que los llevara a los atacantes.
- Creo que ya es hora de marcharnos, debes estar exhausta luego de tantas sanaciones.- Le dijo el Señor del Fuego a Katara mientras se deshacía del sudor en su frente. La joven asintió con la cabeza y recogió sus cosas. En ese instante, un dolor agudo recorrió su cuerpo y la hizo estremecerse y su mirada se volvió ligeramente borrosa.
- Te encuentras bien?- La interrogó Zuko con algo de preocupación. Ella asintió rápidamente y continuaron su camino silenciosamente.
El ambiente era tan sombrío como su estado de ánimo. Katara sentía todo moviéndose a su alrededor. Temió por que su cabeza llegase a estallar de tanto dolor y sin decir una palabra alargó su ruta dando grandes zancadas.
- Sabes… últimamente te he notado ausente. Me refiero a que me ignoras la mayor parte del tiempo y creo…- La frase del ex príncipe quedó inconclusa al observar a la maestra agua tambalearse.
Las imágenes se tornaron más borrosas y su vista se nubló. El peso de su cuerpo recayó sobre sus talones y Katara perdió el equilibrio, justo en el mismo instante en que perdía el conocimiento.
Abrió los ojos lentamente, adaptándose a la luz de sol que se filtraba por la rendija del ventanal. Se frotó el rostro y observó al adormecido Zuko sobre una silla a su lado. La maestra agua se incorporó de un salto en el suelo y recorrió el lugar con la vista. Justo en ese momento, una mujer de mediana edad se presentaba en la habitación.
- Por fin despertaste! Te ves mucho mejor.- Le dijo con una sonrisa en su rostro mientras ponía una mano sobre su frente. Katara arqueó una ceja y apretó los dientes avergonzada.
-Disculpe. Puede decirme en dónde estoy?-
- Este jovencito te cargó hasta aquí, evidentemente tus sanaciones debilitaron tus fuerzas y sufriste una recaída. Nada grave, pero necesitarás reposo. Estamos en el palacio, solo que en una sala especial para tratar enfermedades.- Le informó la mujer a la sumida Katara que simplemente asentía con la cabeza.
Se volvió hacia Zuko, que ya había despertado y tenía su vista en ella. La enfermera había abandonado la recámara para entonces. Katara revoleó los ojos sin saber como reaccionar.
- Hm, gracias. Supongo.- Le dijo mientras doblaba y desdoblaba el borde de sus mangas. Se sintió incómoda durante ese lapso de tiempo. El Señor del Fuego se puso de pie y se acercó hacia ella.
- Me gustaría que no trates de evadir mi pregunta.- Le respondió tajantemente. Ella lo observó confundida y recordó sus palabras. "últimamente te he notado ausente. Me refiero a que me ignoras la mayor parte del tiempo" su mirada se crispó con furia. – No puedes ocultármelo, te conozco lo suficiente como para saber que no estás diciéndome algo.- Agregó finalmente el joven.
Katara apretó sus puños con fuerza y respiró hondo. – Te equivocas, si hay alguien que está ocultando algo, ese eres tú Zuko.- Se defendió ella mientras observaba la mirada del pálido joven. – Te ocultas cada vez que llega tu correspondencia, no me dejas entrar a tu recámara ni aunque sea una emergencia y tus bolsillos siempre están llenos de papeles. A quién crees que engañas Zuko?-
La joven se cruzó de brazos y lo observó con desdén. Zuko tomó na bocanada de aire y emitió un extenso suspiro. – Yo… he estado recibiendo correspondencia de Mai. No sé porque no te lo dije realmente. Ella y yo nos reconciliamos. Creo que todo irá bien.- Sus palabras salieron despedidas de sus labios como espadas. Katara contuvo la respiración en ese momento. Zuko no parecía decirlo con mucho entusiasmo, pero aún así, estaba diciendo la verdad.
- Lo siento, no debí entrometerme. Es solo que creí…-
- Lo sé. Te entiendo, estás en todo tu derecho de reclamarme. Somos un equipo, y si se llegase a tratar de algo verdaderamente importante deberías saberlo.-
Ella asintió con la cabeza y desvió su mirada. Se sintió insignificante y adolorida. Pero no se trataba de un dolor físico, no. Era mucho más que eso.
- Quiero saber qué piensas… acerca de nuestra reconciliación.- Se quedó estática, observando el rostro de Zuko. Su mirada siempre le había proporcionado la armonía que tantas veces le hacía falta. Trató de buscar la respuesta en él.
- Creo… que debes hacer lo que te dicte tu corazón. Siempre es lo más importante.- Le respondió con una triste sonrisa dibujada en la comisura de sus labios. – Iré a descansar un poco, aún no me recupero del todo.- Fingió llevándose una mano a la frente.
Zuko asintió y ella desapareció por los corredores. Corrió. Lo más rápido que pudo hasta su habitación. Sintió como su corazón se partía en mil pedazos y la voz de Zuko repitiendo una y otra vez la frase "Ella y yo nos reconciliamos".
Se encerró en su recámara y se recostó sobre la cama. Sintió un gran vacío que no podría llenarse con ninguna otra cosa más que con él. Las lágrimas inundaron su rostro en ese instante y los sollozos se hicieron cada vez más constantes.
- Tuve tanta facilidad en enamorarme de la persona equivocada.- Se dijo mientras recubría su rostro con ambas manos. Sonrió con amargura al reconocerlo. Nadie más que Zuko la hacía sentirse tan segura de sí misma, tan fuerte y libre. Respiró hondo y enjuagó su rostro.
WOw, como las dejé! Perdón por la tardanza pero estoy teniendo problemas para subir mis notas en el colegio. Prometo hacer más largo el próximo capítulo para que lo disfruten más ! Un beso y las dejo con esto ! :D
