Avatar: The last airbender y sus personajes no me pertenece ni recibo beneficios con esta historia.
Capítulo 9: La desaparición
"… Confío finalmente en que podrán encargarse del prisionero y rescatar la información necesaria para encontrar a Azula. Me he comunicado con Sokka, en el palacio no hay inconveniente alguno. No duden en dirigirse hacia la Roca hirviente, podrían encontrar datos fundamentales. Deposito toda mi confianza en ti querido sobrino. Nos reuniremos en cuanto regresen de la prisión.
Iroh"
Luego de releer la última frase, el Señor del Fuego depositó la carta en uno de sus bolsillos. Dentro de unos minutos llegarían a su destino, en donde interrogarían a cada uno de los oficiales al mando y guardias de la celda. Algo había salido mal, pensó que aquellos acontecimientos como el escape de Azula o la inútil derrota de toda una organización armada como lo era la de la prisión solo podía referirse a una cosa: Traición.
- Mi Señor, hemos llegado a la Roca Hirviente.- Le informó uno de los soldados.
Antes de que pudiese dar un paso, Katara colocó una mano sobre su hombro y se volvió sobre sus talones.
- A mí tampoco me queda del todo claro este asunto, algo de todo esto anda mal. No dudes en interrogar a nadie Zuko.-
El muchacho asintió con la cabeza y caminó escalinatas abajo. Allí lo esperaban un grupo de hombres reunidos junto con el General Yang, el estratega oficial y jefe de todas las tropas del ejército real. El hombre se presentó haciendo una ligera reverencia al mismo tiempo que depositaba su casco por debajo de su hombro izquierdo.
- Señor, lamento que mis esfuerzos no hayan sido suficientes por mantener a la Princesa Azula encerrada. Hicimos todo lo que estuvo al alcance de nuestras manos.- Se disculpó con una mueca de aflicción poco forzada.
- Necesito interrogar a algunos hombres.- Asentó Zuko sin tomar en cuenta el alegato del hombre.
Avanzaron por los corredores, ahora destrozados y con hendiduras de armas en sus muros. Los prisioneros observaban desde el interior de las celdas abarrotadas y la expresión de Zuko se volvía cada vez más intensa. Se detuvieron en una pequeña habitación con una única silla, inmediatamente, el primer oficial se adentró en ella para ser interrogado. Era un hombre de mediana edad, algo encorvado y con alguna que otra canicie brotando de su cabello. Se tomaron el tiempo necesario hasta llegar a la conclusión de que aquel guardia no había estado presente en el momento en que se llevaba a cabo el escape.
El interrogatorio duró varias horas más y nadie parecía saber nada acerca de lo ocurrido. El asunto no parecía salir a flote. Zuko se apretó el puente de la nariz. Acaso existía la probabilidad de que alguien se atreviera a traicionarlo? De eso no había duda.
El joven soberano se dejó reposar sobre el barandal de una de las galerías que daban al centro de la prisión. Su mente necesitaba un descanso.
- Qué sucedió? Se acabaron las preguntas?- Se burló la maestra agua mientras lo observaba de brazos cruzados. Él solo hizo un gesto de desaprobación con la cabeza.
- Vamos, solo trataba de despejarte un poco. Anímate, lo encontraremos.-
- Eso es lo único que sabes decir? "Anímate" Acaso crees que esto es un juego? No podemos tomarnos todo esto a la ligera. Es un asunto de vida o muerte, debemos encontrar a Azula antes de que ocurra lo peor y tú lo único que haces es decir que todo saldrá bien?-
Katara se quedó inactiva y sin palabras, observando como Zuko se alejaba delante de sus ojos. Profirió un grito de rabia y caminó en sentido contrario.
- Un niño, aún es un niño. Así es.- Se repetía a si misma a medida que daba grandes zancadas. Llegó a un ala del reformatorio totalmente desconocida para ella. Caminó durante varios minutos hasta llegar a una celda cubierta por cajas de madera y artículos desconocidos.
En ese instante escuchó a un grupo de personas que discutían dentro de ella y con cautela se acercó para agudizar su oído.
- Que haremos ahora Señor?- dictaminó la voz de un hombre totalmente desconocida para ella. - Creo que lo mejor será huir sin que nadie se dé cuenta.- Agregó otro con un tono de desesperación bastante notorio.
- Idiotas! Cometer una imprudencia como esa es algo que no podemos permitirnos en este momento. Debemos continuar con esto hasta que el Señor del Fuego se marche con su ejército. El depositó su confianza en mí y no hay de qué preocuparse ahora.-
Katara sintió como si su corazón hubiese dejado de palpitar al observar la figura del General Yang mientras se dirigía hacia dos de sus caudillos. - Todo este tiempo… Zuko había sido traicionado por él.- Reflexionó para sí misma con alteración.
- Tengo que decirle a Zuko antes de que sea tarde.- Se dijo mientras se disponía a ponerse de pie. Pero en ese instante unos brazos la retuvieron para que no pueda moverse. La habían descubierto antes de lo esperado y ahora, el General Yang la observaba con desprecio.
- Acaso creíste que te dejaríamos escapar para que arruines nuestro procedimiento?-
Katara lo observó enfurecida y le asestó un látigo de agua a uno de los soldados que la retenía. Brincó por encima de él y dirigió un puñetazo de agua-control que fue evaporizado al instante. Uno de ellos desenvainó su espada y antes de que pudiera esquivarlo sintió como el roce entre su cuello y el filo del arma le arrancaba el collar de su madre y lo dejaba caer al suelo. El General Yang le asestó un golpe con su fuego-control y cayó de llena en el piso.
- Es hora de deshacerse de la basura.-
- No está aquí señor. Seguiremos buscando en las celdas, no pudo haber ido muy lejos.-
Zuko asintió con la cabeza y caminó en dirección opuesta al hombre. Se cubrió el rostro con ambas manos y reposó su cuerpo en el suelo con nerviosismo. Habían revisado en cada parte de la prisión, en cada recoveco conocido por los guardias y en ninguno habían podido hallar a Katara.
- Sólo por curiosidad, acaso ustedes dos habían peleado o algo por el estilo?- Le preguntó uno de sus caudillos.
- Por supuesto que no.- Respondió él fríamente. El hombre asintió con la cabeza y continuó con su labor.
"debemosencontraraAzulaantesdequeocurralopeorytúloúnicoquehacesesdecirquetodosaldrábien?" El ex príncipe sacudió la cabeza. No era una razón coherente para que ella se enojase con esa estupidez.
- Y si así fuera… sé que Katara no se iría sin mí.-
Los brazos le dolían, tenía el cuerpo entumecido a causa de las lastimaduras y el maltrato. No sabía en donde se encontraba. Sus tobillos y muñecas estaban atados y al parecer, el caballo- avestruz sobre el que se hallaba había comenzado a moverse. Perdió la conciencia en ese instante y para cuando volvió a abrir los ojos, un soldado la cargaba por un sendero desconocido recubierto por montañas áridas.
El guardia descendió siguiendo el camino, el lugar se le hacía muy familiar a Katara. Llegaron a una pequeña abertura que desembocaba a extensos túneles iluminados con varias celdas. Dejó caer a Katara en una de ellas. Hizo un ademán para buscar su cantimplora, pero ante su sorpresa, no la llevaba consigo.
– No dejaré que utilices tu agua-control para huir.- El hombre que se encontraba de pie al otro lado de los barrotes sostenía en sus brazos su cantimplora.
Katara se quedó atónita, observando como el hombre desaparecía por donde vino.
- Señor, hemos encontrado algo!- Uno de los hombres se acercó a toda prisa hacia donde se hallaba Zuko, trayendo consigo un objeto azulado con una piedra preciosa en el centro finamente tallada. El joven soberano abrió los ojos con desesperación.
- Señor, el General Yang ha desaparecido y se llevó consigo a sus hombres!- Zuko se puso de pie inmediatamente y tragó saliva desesperado.
- Suban a los buques, no dejaremos que se escape!- No le importo en lo absoluto si conseguían o no información. La vida de Katara corría peligro y seguramente su secuestro estaba vinculado con Azula.
Zuko ya había enviado tres cartas diferentes a su tío. A medida que esperaba la respuesta y transcurrían las horas, su preocupación se acrecentaba. La necesidad de saber en donde se encontraba Katara, si tendría miedo. Si estuviese con vida. Sacudió la cabeza. No era momento de pensar ese tipo de cosas. El sabía perfectamente que Katara no se dejaría vencer en tan poco tiempo.
En ese instante, un halcón mensajero sin ninguna insignia llegó a la pequeña rendija de su ventana. El ex príncipe retiró el papel maltratado que se encontraba en su lomo y entendió la nota para examinarla.
"Busca en el Reino de los Guerreros del Sol. No queremos compañía."
Zuko dejó caer el papel con nerviosismo.
- No puedo esperar a que mi tío responda mis cartas. La vida de Katara corre peligro.-
Aquella madrugada, antes de que alguien pudiese notarlo, el joven soberano redactó una última carta a su tío y partió en una pequeña barca hacia el Reino del Sol.
"Estoy seguro de que esta no es la manera correcta de hacer las cosas, pero déjame decirte antes que la vida de Katara corre peligro. Fui por ella al Reino de los Guerreros del Sol, estoy seguro de que es una trampa, pero ella estará ahí. Por favor, no te molestes en ir por mí. Estaré bien. Debes regresar lo más rápido posible al palacio. Prometo que regresaré con Katara." Iroh arrugó el papel con amargura y golpeó su frente con la palma de su mano.
- Es un tonto, le dije que no cometiera ninguna imprudencia! Jamás piensa antes de actuar!-
- Debemos ir por ellos! - Se adelantó Aang poniéndose de pie.
- No joven avatar, nuestra obligación es regresar a la capital de la Nación del Fuego. Sería demasiado arriesgado dejar a Sokka y Sukki a la intemperie sabiendo que Azula está cautiva.- Acotó Iroh aclarándose la garganta.
El rostro del joven se crispó con furia, se puso de pie y le asestó un puñetazo a la pared con cólera.
- Katara está en peligro ahora y yo debería estar ayudándola. Todos nosotros deberíamos estar tratando de rescatarla!-
El Dragón del Oeste plantó su mano sobre el hombro del muchacho para tranquilizarlo e hizo un gesto de negación con la cabeza.
- Estoy seguro de que mi sobrino podrá hacerlo, él remendará sus errores. Confía. Además, podemos estar casi seguros de que Azula no se encontrará allí.- Reflexionó acariciando su barba. La mirada de Aang pareció serenarse. Toph se cruzó de brazos y frunció el ceño.
- A que te refieres con que no estará allí viejo?-
- Azula solo está generándole una distracción a Zuko. Su verdadero objetivo se encuentra en la Nación del Fuego.-
Las edificaciones que se alzaban sobre aquella isla eran tal y como las recordaba. A lo lejos, por encima de las montañas podía observar el monumento que le rendía el culto al Sol y a su lado, en las gigantescas puertas de la entrada, las esculturas con la técnica de Fuego-control conocida como La danza del Dragón.
Ahora, las puertas estaban completamente abiertas y a medida que avanzaba observaba como se había deteriorado cada rincón de aquel magnífico lugar. Subió por un pequeño conjunto de escalinatas hasta llegar a una especie de cúpula sostenida por cuatro columnas, en donde alguna vez se mantuvo el fuego sagrado.
- Pero que sorpresa, no imaginé que llegarías tan pronto. Vaya… las cosas que hace uno por amor.- El General Yang descansaba sobre una de las columnas, observando al joven soberano con una sonrisa.
- Silencio. No eres más que un sucio traidor, dime en donde está Katara!- El hombre sonrió al mismo tiempo en que desenvainaba su espada. - Por supuesto, siempre y cuando logres derribarme.-
El joven soberano lo contempló con cólera y desprecio al mismo tiempo. Se desprendió de su túnica y la hizo a un lado. Ninguno de los dos supo quién fue el primero en asestar el golpe inicial. Zuko daba azotes rápidos y exactos con sus látigos de fuego mientras que el General Yang dirigía incisiones con su espada. Ahora estaban ambos peleando cuerpo a cuerpo, luchando por su vida. Las llamaradas de fuego salían con fuerza de los puños del General Yang.
