Disclaimer: Avatar: The last airbender y sus personajes no me pertenecen. No recibo beneficios con esta historia.
Capítulo 1O: El Rescate.
El cielo se teñía de tonos violáceos y anaranjados mientras que los últimos rayos de sol se alzaban sobre sus cabezas. El combate cuerpo a cuerpo entre soberano y general se hacía cada vez más intenso. En ciertas ocasiones, Zuko tomaba una bocanada de aire para poder continuar. El cansancio parecía estar ganándole y el General Yang tomó esa oportunidad para arremeter contra él, justo cuando caía de lleno al piso. – Olvida a tu novia.- exclamó esbozando una sonrisa con menosprecio. El muchacho cerró los ojos, aguardando su destino cuando una voz resonó en sus oídos.
"El fuego está vivo. Respira" Abrió sus ojos centellantes ypudo sentir como el fuego-control dentro de él crecía cada vez más a medida que inspiraba. Una sonrisa radiante lo envolvió y pudo apreciar como las llamaradas de fuego brotaban de sus puños una vez más.
Envolvió a general Yang en un círculo de fuego que se extendía desde sus pies hasta su cabeza, generando un ataque cada vez más intenso. El joven soberano lo sostuvo del cuello y comenzó a hacer presión. Abatido e imposibilitado ante su cansancio clamó de rodillas por su vida.
- Te diré en donde está la maestra agua, por favor. Mi vida tendía de un hilo ante Azula. No tenía más opción.- La mirada de Zuko no había cambiado, seguía teniendo aquella rabia dentro y esas ganas de aniquilarlo por haberlo traicionado. Pero aún así, lo dejó en libertad y de alguna manera, desacopló sus manos del cuello del general quien tomaba grandes bocanadas de aire para poder recuperarse.
- No tendrás otra oportunidad. Indícame el camino.- Le aseveró el ex príncipe produciéndole un ligero estremecimiento al condenado con el roce del filo de su espada. El General Yang tragó saliva y asintió con nerviosismo. Se puso de pie y lo condujo hacia una especie de cueva subterránea mal iluminada. El camino parecía eterno y cada paso que daban resonaba en las profundidades de la caverna. Llegaron a una hilera de celdas que parecía no tener fin, todas y cada una de ellas tenía un aspecto lúgubre y tenebroso. El hombre se detuvo delante de la última celda, en donde se podía diferenciar una silueta que desprendía débiles lágrimas de su rostro.
Antes de que pudiese adelantarse, el general Yang lo detuvo para entregarle un objeto que colgaba de su brazo.
- Es… la cantimplora de Katara. Se la quitaste para que no hiciera agua-control.- el hombre asintió con culpabilidad y Zuko se la arrebató de las manos. Corrió hacia el interior de la celda y distinguió su figura.
Katara abrió los ojos con brusquedad mientras que observaba al muchacho. Las lágrimas brotaban con fuerza de su rostro mientras se aferraba más al pecho de Zuko. El acarició sus cabellos y la contuvo más cerca. Besó su congelada frente y acarició su mejilla.
- Perdóname dulzura. Prometo estar aquí siempre. No te dejaré sola jamás. Lo prometo.-
Le repitió mientras se acercaba a ella para plantar un beso en sus dulces y fríos labios.
Ella simplemente reía, sus risas se mezclaban con sus lágrimas y cada parte de su cuerpo permanecía inmóvil y serena ante tal reencuentro.
Zuko abandonó al General Yang en una de las celdas, prometiéndole enviar tropas para encarcelarlo en la capital de la nación y cuando estuvieron listos, partieron hacia el palacio.
Pero las horas transcurrían y los refuerzos parecían haberlos abandonado de tal manera que se vieron obligados a continuar caminando.
El sol se había ocultado por completo y la luz de la luna ahora era el único medio que tenían de iluminación. Los pasos firmes de Zuko quedaban bien diferenciados entre el recorrido por el bosque. Katara parecía estar agotada, sus pies estaban entumecidos a causa del dolor y sus ojos comenzaban a cerrarse. Ahora, el recorrido se había dejado de lado para concentrarse en la búsqueda de un lugar para pasar la noche. Luego de un par de horas de una ardua caminata, llegaron a un sitio desconocido, totalmente aislado de cualquier intento de civilización.
Se instalaron en un rincón cercano a los arbustos, en donde un arroyo fluía libremente a su lado. El joven soberano colocó uno de los enormes abrigos que traía consigo en el suelo y con un par de rocas encendió una fogata.
- Trataré de buscar algo para la cena en el arroyo, supervisa el fuego.- Katara asintió con la cabeza y extendió los brazos para calentar sus palmas en las llamaradas. A pesar de estar perdidos, de no encontrar refuerzos que los amparasen y de no tener la menor idea de cómo regresar a casa la maestra agua se sintió segura y a salvo con Zuko a su lado. Pero eso era algo bastante predecible, luego que aquella odisea vivida, ¿Quién no se sentiría a salvo después del rescate? Fue entonces cuando los recuerdos de Aang envolvieron su memoria, haciéndola sentir culpable por la espera del muchacho, que sin saberlo, regresaría a casa con las manos vacías, con un amor erróneo y no correspondido, sabiendo que su amada Katara ahora le correspondía a alguien más.
La llegada de Zuko junto con un extraño animal que parecía ser comestible la quitaron de sus pensamientos. El muchacho lo colocó junto a la fogata con una mirada algo desalentadora, mientras que ella observaba con desprecio y repudio a lo que se convertiría en su cena.
- Creo reconocer a este intento de especie.- emitió ella con algo de desprecio.
- No sé exactamente su nombre, pero al parecer es un pez de dos cabezas.- Katara frunció el ceño en señal de ironía.
- No comeré eso. Olvídalo, perdí el apetito.- Agregó finalmente disgustada. Zuko solo se tomó una bocanada de aire para luego deshacerse del difunto animalejo. Se sentó a su lado e intentó recobrar su sentido del humor.
- Lo siento, creo que eso fue muy desagradecido de mi parte.-
- Esta bien, de todas maneras no ibas a comerlo.- Le respondió el ex príncipe asestando una pequeña risita que no se prolongó por mucho tiempo más.
Volvió su vista hacia Katara, en sus ojos no había ni un rastro de regocijo o alegría. Se veía triste y derrotada. A pesar de sus sentimientos puros y sinceros, había algo que no los dejaba continuar, y él supo inmediatamente cuál era la causa. En ese instante, Zuko solamente rezó por utilizar las palabras adecuadas. Pero ella llegó antes.
- Estoy intentándolo sabes, de verdad me esfuerzo por mantener esto. Pero… no puedo evitar sentirme culpable. No sabiendo que Aang volverá a verme con la ilusión de mantener nuestra relación.- El no emitió sonido alguno y contempló como Katara se rendía ante sus ojos. Hubo una pausa durante unos segundos y el espacio se hizo cada vez más incómodo.
- Puede que la realidad que desenvuelvas sea cierta, y sabemos que tanto el pasado como el futuro nos perseguirán sin descanso. Sabes que será difícil y que aquellas personas a las que no quieres lastimar tarde o temprano resultarán heridas. ¿Pero no es un sacrificio que nos permitimos tener desde el principio? ¿Acaso prefieres corresponderle a una persona que te ha amado toda su vida, solo por lástima? Si continúas pensando en aquello, solo te perjudicarás a ti misma. La elección es únicamente tuya Katara. Siempre ha sido tuya.- La joven se quedó atónita, analizando cada una de sus palabras mientras que secaba sus lágrimas con la manga de su vestido. Y antes de que pudiera emitir respuesta alguna, el joven soberano se le adelantó.
- Sea cual sea tu decisión, podré comprenderla. Pero no creas que por esa razón me daré por vencido. Jamás lo haría.- Ahora, simplemente observaba como Zuko desaparecía en la espesura del bosque, seguramente buscando un lugar en donde dormir sin interrupciones.
Y se quedó consigo misma, recopilando una y otra vez las dos partes de la historia, y a pesar de compartir tantos momentos con Aang, no podía continuar haciéndose daño a ella misma. Tenía que liberarse, dejar de escuchar a la voz de su conciencia y seguir al instinto de su corazón, y justo cuando se dijo eso recordó que en algún momento, también se lo dijo a Zuko. Y sonrió, sonrió esplendorosamente y esta vez, había algo de lo que ella estaba segura, el destino era impredecible para todos y estaba dispuesta a arriesgarse a cualquier cosa con tal de que su amor floreciera.
El suelo estaba áspero y desabrido, al parecer en ese sector del bosque la hierba no crecía como las demás. Y aunque tuvo que admitir que fue un pensamiento muy estúpido, comenzó a extrañar su extensa y reconfortante alcoba en la Nación del Fuego. Lentamente comenzó a oír pasos que se hacían cada vez más cercanos y se puso de pie, con llamaradas de Fuego en sus manos. Justo cuando apareció la figura de Katara delante suyo, que esta vez se encontraba firme y segura.
- Tal vez mis pensamientos sean erróneos y estúpidos, y tengas razón. Tal vez simplemente tendría que dejar de hacerme daño a mí misma o tal vez solo seamos dos estúpidos enamorados. Pero créeme, nada de eso me importa. No seguiré a mi conciencia otra vez, porque no quiero desperdiciar otro segundo de mi vida con alguien más que no seas tú Zuko.- Sus palabras se fueron atenuando justo cuando sintió el brusco contacto de su rostro con el pecho del muchacho y una vez más brotaron lágrimas de su rostro. Pero a diferencia de la mayoría, estas eran lágrimas de felicidad y contento.
Zuko acarició sus mejillas y la contuvo cerca. No emitió sonido alguno y besó sus dulces labios una y otra vez. Envolvió sus caderas con ambas manos mientras que ella se aferraba su cuello, y cayeron en el suelo. Solo se permitieron unas risitas para continuar prolongando el contacto entre sus labios, las caricias y los roces que se hacían cada vez más frecuentes. Aquella noche, bajo la luz de la luna y las estrellas, ambos consumaron su amor.
Katara trató de abrir los ojos, le pesaban tanto los párpados que le costaba mantenerlos abiertos. Notó el aliento del joven soberano sobre su rostro, luego sus dedos entrelazarse en su cabello y un cosquilleo familiar. Le apartó uno de los mechones y acarició su mejilla. La maestra agua sonrió y plantó un beso en sus labios.
- Debemos continuar, no tardaremos mucho más en llegar a la Nación del Fuego.- Le anunció Zuko mientras que se vestía. Ella asintió con la cabeza e imitó sus acciones.
Entonces un repiqueteo constante se oyó a lo lejos. Ambos se asomaron por los arbustos para poder descifrar de donde provenía. Era un ruido de grilletes y cadenas, que parecían arrastrar cada vez más. A lo lejos, colina abajo, varios grupos de prisioneros caminaban detrás de diversos soldados con la insignia de la Nación del Fuego. Delante del último grupo avanzaba un prisionero dando traspiés, al igual que todos, llevaba las muñecas y los tobillos encadenados. Pero había algo familiar en aquella persona. Zuko achicó la vista y trató de descifrar de quién se trataba. En ese instante, un escalofrío recorrió su cuerpo.
- Qué ocurre, que sucedió?- Lo interrogó Katara al notar la expresión de su rostro.
- El prisionero. La persona a la que están trasladando…- El joven soberano tragó saliva e hizo una pausa.
- Qué? Qué ocurre con él Zuko?-
- Es mi madre.-
Wow, no puedo creer que pude subir el capítulo ! Tuve 23284324 problemas. Primero me costó terminarlo y segundo no podía entrar a internet, a cada rato tenía que recetear el modem -.- Mil disculpas a todos y espero que hayan disfrutado el cap ! Hasta la próxima semana !
