Disclaimer: Avatar: The last airbender y sus personajes no me pertenecen. No recibo beneficios con esta historia.

Capítulo 11: El Golpe.

Katara exhaló desesperada buscando las palabras adecuadas. Se volvió hacia el joven soberano, esta vez no podía predecir cómo se sentía. Sus ojos reflejaban una rabia incontenible, un deseo de destrucción que parecía hacerse cada vez más creciente. Pero también reflejaban tristeza y alegría. Haber perdido durante tantos años a un ser tan preciado como ella lo había destruido, y volver a encontrarla, aunque fuere bajo esas circunstancias, lo reconfortaba.
Sus ojos se llenaron de lágrimas y el peso con el que había cargado todos estos años por fin se hacía presente. Su madre estaba con vida.

- ¿Q-Qué vamos a hacer ahora?- Se atrevió a decir Katara mientras que trataba de encontrar la mirada de Zuko.

- Pasé muchos años de mi vida buscándola, y no pienso dejarla ir ahora.- Sus palabras, por más predecibles que fueran, resonaron de una manera seca y estridente en los oídos de la maestra agua, como si se tratase de un regaño.

- Pero necesito saber si estas dispuesta a acompañarme, no me rehusaré si te niegas.- Agregó como si tratase de suavizar la frase con un toque de dulzura. Una tenue sonrisa se formó en la comisura de los labios de Katara y tomó su mano segura de sí misma.

- Te apoyaré en todo lo que creas correcto. Jamás lo dudes.- Entonces el Señor del Fuego plantó un dulce beso en sus labios y se pusieron de pie rápidamente.

Ambos achicaron la vista para observar el edificio que se alzaba a lo lejos. Tenía el tamaño de una fábrica, pero no parecía estar en las condiciones adecuadas como para serlo. Varios vehículos con soldados se encontraban estacionados en la entrada, que se encontraba cuidadosamente custodiada.

-Parece… una especie de establecimiento de detención clandestino.- Katara asintió levemente con la cabeza, estupefacta.

- ¿Entonces... por qué no simplemente vamos a frenarlos? Después de todo, eres el Señor del Fuego.-

- Porque no tengo tropas por si ellos llegaran a resistirse, y estoy seguro de que Azula está detrás de todo esto. Esos soldados simplemente se volvieron de su lado y están llevándose a las personas que se resisten al cambio.- Y como si volviera a reflexionar acerca de sus palabras, el cuerpo de Zuko sufrió un brusco estremecimiento.

- Están… tratando de generar un golpe de estado.- Agregó fríamente sin poder creer sus propias palabras. Katara sacudió la cabeza y se enjuagó los ojos, estaba aterrorizada pero simplemente optó por la positividad.

- ¿Entonces que estamos esperando? ¡Tenemos planificaciones por llevar a cabo!- El joven soberano la observó con inocencia y asintió con la cabeza.


A medida que las horas transcurrían los jóvenes discutían una y otra vez, Zuko garabateaba siluetas con una vara sobre la tierra, las borraba y volvía a comenzar. Cada tanto, ambos se asomaban por los arbustos para examinar la zona, su custodia y entrada.

-Bien, creo que ya estamos listos. Repasemos todo desde la entrada.- Katara asintió con la cabeza y volvió a observar una vez más el "plano" que habían garabateado en la tierra.

- La entrada tiene demasiada protección y si nos adentramos por ahí tendremos varias dificultades así que tendremos que escabullirnos por el mural en donde se encuentra el patio principal. Saltaremos y utilizaras tu Fuego-Control para desmoronar las alarmas antes de que suenen. Intentaré llamar la atención paara despejarte la zona mientras que logras adentrarte en la recámara de los oficiales al mando. Mientras que yo huyo tomas el manojo de llaves y liberas a tu madre.- La muchacha tomó una bocanada de aire.

- Y luego nos largamos.- Agregó el ex príncipe con algo de nerviosismo. Katara sonrió y tomó ambas manos del muchacho.

- Todo saldrá bien.-

Zuko asintió con la cabeza y con la yema de sus dedos acarició las mejillas de la sumida y frágil Katara. Posó sus labios sobre los de ella y le proporcionó un cálido beso.

- No sé que sería de mi vida sin tí.- Le recitó el joven soberano al oído. Katara sonrió por unos instantes y luego sintió un dolor punzante que la hizo estremecer.

- Te encuentras bien? Qué sucedió?-

- Descuida, debió haber sido el delicioso desayuno que preparaste hoy.- Le respondió manteniendose en pie.

- Pero yo no preparé...-

- Hm, puede ser por eso.- Zuko la observó con desdén y se echó a reír irónicamente.

Se desearon suerte una vez más y partieron hacia sus destinos. El edificio era aún mas gigantesco de cerca, la parte superior estaba coronada por un tejado volado en posiciòn rectangular y los portones caían hacia afuera como en la antigûedad. Se movilizaron entre la maleza y los arbustos hasta llegar al extenso mural que separaba al patio principal del exterior.
Zuko se arrodilló en el suelo e impulsó a Katara con sus brazos para que ascienda y lo ayude a subir. Antes de aterrizar en el suelo del otro lado, el joven soberano se encargó de los dos guardias que supervisaban ese sector y caer en el patio sin un solo razguño.

- Bien, ahora es cuando nos separamos.- Le asestó ella con cautela.

-No me agrada ese término.- Se burló él mientras plantaba un beso en la frente de la Maestra Agua y desaparecía entre los oscuros corredores. Se detuvo detrás de la recámara de los oficiales al mando y aguardó al momento adecuado.

- Ya viene, la tormenta se avecina! Nos tragarán vivos!- Zuko observaba impresionado como Katara se movía extrañamente a medida que recitaba esa frase una y otra vez. Pensó que tal vez el papel de actriz desquiciada no le vendría nada mal.

Sacudió la cabeza, no era momento para pensar en estupideces como aquella. Volvió su vista hacia Katara, esperando oír alguna señal, gesto o sonido de su escape, pero ante su sorpresa tres guardias la tenían de brazos y piernas y la llevaban directamente hacia las celdas en el piso superior.

-Demonios!- Se dijo a sí mismo mientras que se escabullía dentro de la recámara. Las paredes estaban cubiertas de manchas de humedad y lo que parecía ser la bóveda se encontraba en un estado deplorable. Tomó el manojo de llaves más grande y salió rápidamente.


La llevaron a rastras por el suelo durante mucho tiempo, tenía los brazos entumecidos a causa del dolor, y sentía que la cabeza le iba a estallar. Katara alzó la vista una vez más antes de ser encerrada y notó con horror que no se encontraba en el piso de las celdas, tampoco estaba en la planta baja, ni en la oficina de los oficiales a cargo. Era una habitación mal iluminada, con un pésimo y grotesco estado. Tomó asiento por la fuerza en una única silla que veía hacia la ventana opuesta a la puerta de entrada y se encontraba en el centro de la recámara. Su rostro empalideció de un instante al otro y sintió un mareo constante. Oyò las voces cercanas de los hombres que la traían a la fuerza discutir con otra algo familiar.

-Sí, estamos seguros de que es ella su majestad. Al principio se resistió pero pudimos con ella. Solamente tuvimos una dificultad en el camino...-

-Una dificultad dices?-

-Ella... devolvió líquido mientras que la llevábamos.- Respondió el hombre sumido en sus palabras.

-Debió haber sido la comida, acaso crees que me importa? No pedí que la traigan hasta aquí para revisar su historial médico. Ahora desaparezcan de mi vista y encuentrn a Zuko.-

-S-sí su majestad.- Le respondió el hombre al mismo tiempo que dejaba la habitación.

Katara apretó sus ojos con fuerza, tratando de despertar de la cruel realidad, sabiendo perfectamente con quién se estaba enfrentando, en que lugar había caído y en que trampa tan estúpida estaban siendo involucrados ambos. Pero al abrir los ojos una vez más supo que ya no habría escapatoria alguna. Allí estaba Azula, con aquella mirada tan reconocible en ella, con sus ojos llenos de ira y malicia, con el cambio de los años en su apariencia y tono de voz tan peculiar.

– Nos volvemos a encontrar sucia campesina.-


Subió a toda prisa por las escalinatas, dando grandes zancadas y algún que otro traspié en el camino. Estaba desesperado, ahora perderían más tiempo. No solo necesitaba encontrar la celda en donde se encontraba su madre, sino que también debía encontrar la celda en donde se hallaba Katara.

Llegó al piso superior, en donde un desenfiladero de celdas maltratadas y oxidadas se alzaba sobre sus ojos, uno de los oficiales descansaba plácidamente sobre un banco de metal. Zuko tomó una bocanada de aire y de un golpe en seco con su Fuego-Control lo dejó caer en el suelo inconsciente. Examinó una por una las celdas sin encontrar menor rastro de Katara o su madre, sintió pánico por su ausencia y volvió a revisar, hasta se había tomado la libertad de abrir cada una de ellas por si acaso. Pero ninguna de ellas estaba ahí.

Caminaron a tientas en la oscuridad durante mucho tiempo, Azula iba a la cabeza del clan mientras que dos soldados llevaban a la rastra a Katara junto con el poco conocimiento que le quedaba. Ahora se encontraban en un conjunto de túneles subterráneos conectados entre sí, que según ella lo suponía, estaban por debajo del centro de detención.

La habían encerrado en una pequeña y oscura celda abarrotada, en donde el aire no era un recurso permanente. Alzó la vista y miró a su alrededor, no estaba sola. La silueta de una mujer algo familiar se encontraba resguardada sobre el suelo con los ojos llorosos y la vista borrosa. Katara abrió los ojos desmesuradamente y se acercó cuidadosamente hacia ella. La mujer se echó hacia atrás pero ella no se detuvo.

– Descuide, no le haré daño. Hemos venido a salvarla.-


– Libérenme de inmediato!, es una orden!- Vociferaba una y otra vez Zuko mientras que forcejeaba en falso contra los soldados que lo habían capturado.

– Tranquilo, dentro de poco tiempo estarás junto con tu novia. Alégrate.- Ironizó uno de ellos soltando una risita. El rostro de Zuko se crispó con furia.

– Katara! Que le han hecho a Katara? En donde está?-

– Era de suponerse, sabía que Zuko me estaría buscando todos estos años.- Le respondió Ursa a Katara, quien estuvo interrogándola durante todo ese período de tiempo.

– Entonces... Usted estuvo oculta en el período de tiempo desde que se fue de su hogar hasta que Ozai fue derrotado?-

– Así es, sabía que si volvía allí no solo pondría en peligro mi vida, sino también y principalmente la vida de Zuko y cuando supe que derrotaron a Ozai y el asumió como nuevo Señor del Fuego decidí volver. Pero fue enconces cuando un grupo de personas me secuestró.- El rostro impasible de Katara parecía ser cada vez más notorio.

– Quiere decir que estuvo prisionera durante dos años enteros?- Ella asintió con la cabeza.

– Venían planeando este golpe durante un largo rato.- Hubo un silencio sepulcral durante un instante. Ursa simplemente se quedó observándo a la muchacha extrañada.

– Y dime... que relación tienes con Zuko señorita? Por cierto, no sé tu nombre aún.- Al oír aquella frase Katara se quedó perpleja y su rostro enrojeció por completo.

– D-disculpe olvidé decirle mi nombre. Soy Katara.- Respondió ella entre risitas algo incómodas. Ursa se quedó esperando respuesta alguna a la pregunta principal que le había formulado, pero no recibió respuesta.

– Entonces, tengo la fortuna de conocer a la próxima Señora del Fuego en persona. No puedo creerlo!- La maestra agua sonrió al mismo tiempo que soltaba una risita y sus mejillas se sonrojaban.

– Es algo irónico hablar de un futuro cercano estando encerradas en una celda y.. no sé que sucederá en el futuro, yo...-

– Todo saldrá bien, no te preocupes. Reclamarás el trono a como dé lugar!- Le respondió con una sonrisa.

Justo en ese momento la celda se abrió y se oyó un golpe en seco. La figura de Zuko yacía en el suelo, tratándo de incorporarse de pie con dificultad.


Jojo, por finnnnnnnn pude subir! Me había ido de viaje y prácticamente no me servía el Internet -.-
Bueno, las dejo con este cap y me voy a estudiar que tengo que rendir dos exámenes dentro de dos semanas! espero que lo disfruten, el que viene es muchísimo más largo :D Hasta la semana que viene !