Disclaimer: Avatar: The last airbender y sus personajes no me pertenecen, no recibo beneficios con esta historia.

Capítulo 13: La Noticia.

El ambiente era más tenso de lo normal, ella no dejaba de pasearse de un lado a otro por la sala de estar mientras que entrelazaba sus dedos una y otra vez. Sokka la observaba impaciente, mientras que trataba de silenciar a Sora que no dejaba de llorar. Su rostro había tomado una expresión extraña y confusa.

- No quiero apresurarte Katara pero.. Sora está algo molesta. Por qué no nos dices de una vez lo que sucedió?-

- Lo siento, es solo que.. es algo difícil de explicar.- Katara recobró el sentido, se puso firme y tomó una bocanada de aire para continuar.

- Esta tarde la enfermera me dio los resultados de las evaluaciones que me realizaron, y determinaron que no contraje enfermedad alguna.- El rostro de su hermano se suavizó, pero ella solo estaba haciendo una pausa. Iroh se puso de pie y aclaró "voy en busca de té" para luego esfumarse del recinto.

- Pero sí determinaron que los mareos constantes y decaídas eran a causa de… un posible embarazo que me dieron a confirmar hoy por la tarde.-

Pero esta vez ninguno de ellos emitió sonido alguno, incluso Suki creyó que se trataba de algún chiste de mal gusto. Las lágrimas recorrieron el rostro de la muchacha con delicadeza y respiró hondo para tranquilizarse.

- Sé que no he hecho lo correcto y tal vez… no logren adaptarse a esto. Pero estoy dispuesta a seguir adelante y lo amaré con toda mi vida. No sé si es lo que hubiera hecho alguno de ustedes o si es lo que habría hecho mamá… pero esto es lo que haré yo.-

Ursa abrió los ojos como platos, en el mismo momento en que su rostro se llenaba de lágrimas de felicidad. Su hermano se puso de pie y estudió cada facción de su rostro. En qué momento habría crecido? Recordó como si fuese el día de ayer cuando daban extensos y aburridos paseos con su madre, que siempre terminaban en alguna que otra pelea en la nieve. Pero ahora la tenía delante suyo, con la firme idea de formar una familia a como dé lugar. Valiente y decidida como nunca. La estrechó en sus brazos, como si se tratase de un reencuentro de cientos de años, y dejó caer sus lágrimas una y otra vez, y secó las de su hermana que estaban llenas de alegría, y rió para sí mismo.

- Jamás estaría en contra de esto, pase lo que pase. Estaré contigo.-


Mai sostenía en su mano un papel algo amarillento y arrugado. La única prueba que el poseía para no ser culpado en un futuro juicio.

- Tú… no serías capas.- Azula sonrió profundamente para luego desaparecer de la habitación.

Mai observaba al muchacho con resentimiento y melancolía, sosteniendo con furia aquella hoja de papel que podría costarle la vida. La ira contenida dentro parecía emerger hacia la superficie, el simplemente tomó una bocanada de aire y trató de mantener la calma.

- Sabes… comprendo cómo te sientes y entiendo que luego de haber alimentado tantas ilusiones en ti yo…-

- En eso te equivocas Zuko. Siempre he sabido lo que alimentabas en mí. Sé que en estos últimos dos años yo solo he sido un estorbo para ti, pero.. eso no me importó. A pesar de ser un pretexto, una distracción decidí permanecer a tu lado.- Mai borraba cada indicio de sentimiento, reprimía expresión alguna, tratando de verse más fuerte, de contenerlo todo. Pero sus palabras la delataban, junto con su tristeza por el amor no correspondido.

- Tú misma lo dijiste. Decidiste permanecer a mi lado por cuenta propia, pero realmente creíste que con eso lograrías que te corresponda? El amor… no solo se trata de estar en el momento justo Mai.-

Sus ojos se abrieron por completo y una lágrima brotó del rostro de la muchacha justo en ese instante mientras que observaba al muchacho, que mantenía su mirada furtiva. Las heridas abiertas hacía ya varios años salían a la luz.

- Esto no debería ser así. Nosotros deberíamos estar riendo juntos ahora, discutiendo sobre cosas absurdas. Por qué lo hiciste Zuko? Por qué la elegiste a ella? Que fue… lo que hizo que cautivara tu corazón.-

El joven soberano hizo una pausa para preguntarse eso a sí mismo, ya que tampoco hubiera sabido que responder.

- Ella simplemente… volvió a mi vida.-

Mai se quedó atónita, y entonces su corazón lo comprendió todo. Sabía que aquel momento llegaría tarde o temprano, a pesar de que ella atendiera sus necesidades sin cansancio, a pesar de estar para todo lo que necesite. Sabría que en algún momento la verdad saldría a la luz, y entonces, tendría que dejarlo ir. El verdadero amor podía diferenciarse a simple vista, y con un simple reencuentro bastaba. Él mismo lo había dicho. Su corazón le perteneció a Katara justo en el mismo momento en que volvieron a encontrarse.

La muchacha secó sus lágrimas y guardó silencio para esfumarse de la recámara. Dos guardias lo escoltaron al joven soberano a la rastra hasta la celda nuevamente.


Si alguien hubiese preguntado a Katara que querría hacer luego de que todos empacaran sus pertenencias, seguramente las cosas hubieran sido menos difíciles. Ahora, ella se encontraba de brazos cruzados, delante de Toph, observando cómo su hermano, Aang y Iroh cargaban lo necesario en Appa para ir en busca de Zuko.

- A pesar de no poder verte, tengo más que seguro que tienes una expresión molesta en tu rostro. Así que por favor, no me reproches esto a mí.- Le advirtió la bandida ciega con el ceño fruncido. Ella estuvo a punto de emitir una queja contradictoria, un gruñido, lo que fuera para demostrar su estado de ánimo. Pero simplemente guardó silencio y se ahorró las palabras innecesarias. Corrió a toda prisa hacia donde estaba su hermano, con la incontenible rabia y el manojo de nervios que tenía en ese entonces, para generar una discusión que se prolongaría durante un largo tiempo.

- Acaso te has vuelto loca? Por qué no piensas un poco en el bienestar de tu futuro hijo. No puedes exponerte a tanto peligro Katara.-

- Necesito volver con Zuko, no lo entiendes? Yo lo dejé en ese lugar y es mi deber traerlo de vuelta.- Le aseveró ella confiada de sus propias palabras, sosteniendo su propio orgullo en aquella frase. Su hermano simplemente tendió las manos sobre sus hombros.

- Ya no debes llevar esa carga contigo, ahora debes preocuparte en tu bienestar y en el bienestar de tu hijo. Te prometo que traeré a Zuko de regreso.- Su rostro se aclaró y ella asintió con la cabeza un poco más aliviada.

- Sokka… no vayas a contarle a Zuko sobre esto. Yo me encargaré de decírselo.-

El muchacho asintió con la cabeza y se alejó por los corredores. Aang reposaba sobre una de las columnas en dirección a los jardines mientras que oía los resoplidos del viento. El no había dicho una palabra desde que ella mencionó el embarazo. Ni le dio su apoyo, ni vociferó alguna barbaridad, ni siquiera le dirigió la mirada. La vista de Katara se prolongó en dirección hacia él.

- Lo siento.- El monje se volvió en sí.

- A qué te refieres?-

- Lamento todo esto, sé cuanto pudo haber herido tus sentimientos Aang, y aún así… te pedí que oyeras la noticia.-

Hubo unos instantes de silencio, la arrulladora voz del viento era algo insoportable en una situación como aquella.

- No, yo lo siento Katara. Tuve una pésima actitud, de verdad lo lamento, solo… dame tiempo para procesar tantas cosas.- Le respondió con una leve sonrisa que brotaba de la comisura de sus labios. Ella asintió ligeramente con la cabeza y le proporcionó un acogedor saludo. En el palacio habían quedado únicamente Ursa, Katara y Suki junto a la pequeña Sora. Lo último que desearon fue que llegaran triunfantes con la victoria.


La puertilla de la celda rechinó una vez más generando un estruendoso sonido, pero esta vez no era Azula quien se encontraba frente al ex príncipe. Mai le extendió su brazo y le entregó un papel arrugado en forma de arrepentimiento.

- Lo siento, jamás creí que llegarías a hacerme reaccionar con palabras tan profundas Zuko. Sé que no tengo el poder para sacarte de este lugar pero… al menos puedo ayudarte con algo.- Se disculpó ella con un ademán de tristeza. El joven de cabellos azabaches abrió los ojos como platos y se puso de pie junto a ella para poder tomar la carta.

- Gracias. No quise ser tan duro.-

- Está bien. Era la única forma de hacerme reaccionar, y funcionó.- Se despidió de él con el sumo cuidado para que nadie logre darse cuenta de su presencia y se acercó hacia la portilla abarrotada una vez más.

- Eh oído que el Avatar y sus amigos vienen a rescatarte, los generales de Azula los interceptaron. No tardarán en llegar. Hasta entonces… no cometas ninguna estupidez.- Sus orbes ambarinas se abrieron aún más, asintió con la cabeza y le entregó una especie de sonrisa.


Los gritos de desesperación de los hombres uniformados eran cada vez más constantes y aterradores. El muchacho de la tribu agua no dejaba de asestar estocadas con su espada una y otra vez, derribando a cualquier hombre que se interponga en su camino. Aang permanecía a su lado, resguardándolo de cualquier ataque lejano con Fuego-Control, mientras que El Dragón del Oeste transitaba delante de ellos, tratando de hallar el camino correcto.

- Y bien? Hacia dónde vamos?-

- Según lo que nos dijo uno de los soldados, Zuko se encuentra por debajo de esta prisión. Debemos hallar la entrada a los túneles subterráneos y lo encontraremos.- Interfirió Aang con seguridad y algo de destemplo en su rostro.

Corrieron en dirección a las afueras, en el exterior del establecimiento, tratando de determinar en donde podrían hallarse aquellos túneles. Cuando el joven Avatar se detuvo en seco delante de la nada.

- Aang, no tenemos tiempo para descansar!- Lo apresuró el moreno de la tribu agua.

- No Sokka, acabo de encontrar un atajo que nos llevará a los túneles.-

- Perfecto, yo no veo ningún atajo.-

- Se encuentra por debajo.- El joven concentró todos sus sentidos y con algo de Tierra-Control se deshizo de la capa de suelo que ahora dejaba al descubierto los oscuros pasadizos. Avanzaron con cuidado y a tientas en la oscuridad. El dragón del Oeste encendió una llamarada de Fuego que les sirvió como guía y continuaron su marcha hacia adelante, siempre hacia adelante.


Katara permanecía sentada cercana a las puertas de entrada, observando cómo varios criados, encargados de cocina y personas de la enfermería entraban y salían cada cierto rato, intercambiando sus puestos de trabajo. Estar allí resultaba placentero, el aire discurría sutilmente haciendo que sus cabellos interfirieran en su vista. Pero también resultaba aburrido y a la vez molesto. La impaciencia por saber en donde se encontraban su hermano junto a Aang y Iroh y la vida de Zuko eran algo que la tenían intranquila. Sokka tenía razón, ella solo habría sido una molestia yendo en ese estado a buscarlo, pero quedándose allí solo se generaba pensamientos malos acerca del futuro. Suki se acercó hacia ella y se arrodilló a su lado buscando su mirada.

- Que tal si hacemos algo? Estar ocupada en alguna actividad te mantendrá más tranquila.- Le ofreció con intenciones de levantar su ánimo. La maestra agua asintió con la cabeza y se puso de pie y juntas se adentraron hacia el edificio.


Luego de tantos trayectos, un último túnel los condujo hacia un desfiladero de celdas custodiado por dos hombres uniformados que yacían de pie discutiendo sobre posibles ataques futuros. Sokka empuñó su boomerang con fuerza y le atinó a uno de ellos, que cayó de lleno al piso. Corrió detrás del otro y lo arrinconó en una de las paredes.

- Sabes por qué hemos venido amigo.- El hombre asintió con nerviosismo y el entregó un manojo de llaves al muchacho.

- La última celda a la izquierda.- Le respondió con inquietud.


Bueno, primero que nada, perdón por hacer el cap tan corto, pero es que me voy de viaje por unos días y tenía que subir el cap hoy así que llegué a escribir hasta acá ! Por otra parte, bienvenida nicolcita16, que bueno que te haya gustado Espero sepan entender mi apuro por subir el cap aunque sea tan corto xd hasta la semana que viene ! :)