Disclaimer: Avatar: The last airbender y sus personajes no me pertenecen. No recibo beneficios con esta historia.
Capítulo 14: El regreso a casa.
Sokka contuvo la respiración y dejó caer al hombre uniformado delante de él, mientras que Aang se apresuraba a abrir la celda. El tiempo era un objeto valioso del que no podían abusar, cualquier error que cometieran podría costarles la vida. El joven soberano se encontraba tumbado en uno de los rincones del calabozo. Iroh se acercó hacia él y lo levantó con cuidado, atravesando un brazo sobre su hombro y sosteniéndolo de la cintura para ayudarlo a sostenerse.
- Tío, estas aquí. Qué sucedió con mi madre y Katara?- Lo interrogó el ex príncipe mientras que daba pisadas irregulares con ayuda del Dragón del Oeste.
- Ellas están en el palacio, no te preocupes sobrino. Ya han sido asistidas como se debe.-
- Pero Katara… ella tenía varias heridas, se encuentran bien?-
- Oh, descuida. Se encuentra mejor de lo que te imaginas.- Intervino Sokka en un tono irónico con el ceño fruncido, recordando la advertencia que le había hecho su hermana sobre manifestarle la verdad.
Aang le hizo un gesto de desaprobación con la cabeza y luego de asegurarse de que todos estén fuera, encerró al hombre uniformado dentro del calabozo y junto con Iroh ayudó a Zuko a sostenerse. El recorrido de vuelta hacia el exterior se les hizo eterno, cada tanto debían detenerse para que el ex príncipe respirara y se llenara de grande bocanadas de aire.
- Vamos, no podemos estar perdiendo el tiempo constantemente.- Aseveró el muchacho de la tribu agua, con el rostro impasible y la mirada cansada.
- Dale unos segundos más para que respire Sokka, no podemos permitir que pierda el conocimiento o de lo contrario sería más difícil para todos.- El moreno bufó impaciente ante la respuesta de Aang.
La discusión fue interrumpida por un conjunto de soldados que se aproximaba, muchos de ellos preparados con su Fuego-Control y el resto prevenidos con sus armas de doble filo, que amenazaban tajantemente a sus contrincantes. Sokka desenfundó su espada y comenzó a derribar uno por uno a los integrantes del escuadrón mientras que Iroh le cubría la espalda con sus llamaradas de Fuego.
- No podemos perder más tiempo, son demasiados. Debemos escapar!- Vociferó el joven Avatar mientras que cargaba a Zuko en su espalda y salía despedido hacia adelante. Ambos lo siguieron, derribando a tantos soldados como sus instintos se los permitían. La salida estaba cerca, Sokka podía ver a lo lejos el haz de luz proveniente del exterior.
- Ya falta poco, solo un poco más.-
Pero al hallar el exterior también se encontraron con el rostro lleno de ira de Azula, que había estado observando cómo caían uno por uno sus hombres.
Se acomodó uno de los mechones de cabello detrás de su oreja y sonrió plácidamente ante el encuentro.
- Supuse que ellos vendrían, pero me diste una gran sorpresa tío. Supongo que te quedarás para presenciar cómo me convierto en el nuevo Señor del Fuego.- Le dirigió a Iroh con una mirada llena de desdén y menosprecio. El Dragón del Oeste se volvió hacia los muchachos y endureció su mirada.
- Continúen, yo los alcanzaré luego.-
- No permitiré que se lleven a mi prisionero!-
Azula dio dos grandes zancadas para equilibrar su cuerpo y desenvolver el Fuego que retenía en sus brazos. Aang la contuvo para luego devolvérsela con más impulso.
Iroh se adelantó antes de que la muchacha diera otro ataque y emitió varias llamaradas que ella logró eludir fácilmente dando grandes saltos. Pero antes de que pudiese poner un pie en la tierra nuevamente, el Dragón del Oeste respiró hondó y dejó que el Fuego-Control contenido salga al exterior, haciendo desfallecer a su sobrina y dejándola caer de llena al piso. Más adelante, en las afueras del bosque lo esperaba Aang, observando en silencio la discusión entre Sokka y el ex príncipe, que ésta vez permanecía de pie junto a ellos.
- Acaso estás loco? Dejar a mi tío solo luchando contra Azula?-
- Yo no fui el que tomó la decisión su alteza, tenía órdenes estrictas de rescatarte a cualquier precio!-
- Ya veo, por eso decidiste dejarlo. Solo porque él te lo pidió, que idea más maravillosa!- Vociferó Zuko irónicamente mientras extendía sus brazos.
- Déjame decirte que tú tuviste la misma idea en el momento en que mi hermana estuvo en peligro.-
- La situación era otra, no sabes de qué estás hablando!- Sokka se aproximó más a él y sus miradas llenas de ira se entrelazaron por un instante.
- Oh claro, la situación era otra! Ahora también vas a decirme que la situación es otra? Ahora que Katara está…-
-Creo que esta discusión no tiene sentido. Por qué no esperamos a aclarar nuestros problemas una vez que lleguemos?- Intervino el Dragón del Oeste mientras que separaba a ambos muchachos.
- Tío, estás bien! Qué sucedió con Azula?-
- Ella está algo desmayada todavía, o eso creo. Será mejor que nos demos prisa.- El joven soberano asintió con la cabeza y observó a Sokka una vez más, al mismo tiempo que subía en Appa.
Katara sacudió una vez más la tierra de su vestido, mientras que Ursa recogía los últimos lirios del Jardín principal. Su ser permanecía impasible y distante, pero se propuso a ocultarlo. No quería preocupar a la madre de Zuko por ningún motivo.
- Estás segura de qué quitar estas flores está permitido?- Quiso saber la maestra agua mientras que colocaba los capullos dentro de una diminuta cesta.
- Tranquila, nadie notará su ausencia. Hay cientos de ellas! Además le hace falta un poco de decoración al salón principal.- Le respondió ella justificando sus acciones. Katara soltó una pequeña carcajada y continuó con su labor.
Un ruido muy agudo la devolvió a la realidad y recordó a Zuko. La inquietud regresó en esencia pura y sus deseos por verlo de regreso una vez más eran cada vez más constantes. El sonido se hizo menos estridente y oyó voces provenientes de las galerías. Ursa la contempló durante unos segundos y Katara corrió en dirección a los sonidos sin pensarlo dos veces.
El rostro de Zuko se iluminó al verla, la abrazó con fuerza y la sostuvo entre sus brazos. El corazón le latía alocadamente y una sonrisa invadió su rostro. La muchacha sonrió con amargura y plantó un beso en sus labios.
- No vuelvas a dejarme, idiota.- Le dijo mientras se aferraba más a él.
- Jamás.- Le respondió él con aquella compasiva mueca de afecto.
- Zuko.. hay algo que quiero decirte.- Pero Iroh se acercó hacia ellos junto con una de las criadas y Katara guardó silencio.
- Lamento interrumpirlos, pero debemos asistirlo cuanto antes Señor. Algunas de sus heridas podrían empeorar si no son tratadas.- Le remarcó la mujer con un tono de inquietud notorio.
El Señor del Fuego asintió con la cabeza y se despidió de Katara durante unos momentos para ser tratado en la enfermería. Los médicos realizaron su trabajo arduamente y colocaron varios vendajes alrededor de sus brazos y piernas. Zuko perdió el conocimiento en diversas ocasiones, y reposó durante varias horas más hasta volver a despertase. Mientras que se disponía a ponerse de pie, podía oír la voz de Katara platicando con una de las enfermeras a cargo. Se adentró en la recámara y se decidió a ayudarlo.
- Tranquila, puedo hacerlo solo. No estoy tan viejo.- Se burló él mientras que tomaba asiento en uno de los extensos sillones. Katara sonrió y se acomodó a su lado, reposando su frente contra el hombro del muchacho. El acarició su cabello con delicadeza y exhaló profundamente.
- Cómo te sientes?-
- He estado peor. Créeme.- Le respondió tratando de suavizar las cosas.
- Por supuesto, pero sólo quiero saber cómo te sientes ahora.- Intervino ella algo irritable.
- Acaso vas a enviarme a una misión encubierta? O hay algo importante que discutir? Hablas como si fuese a ocurrir algo importante.- Katara soltó una insignificante carcajada y estuvo a punto de decirle la verdad, a un instante de darle la gran noticia. Pero guardó silencio y decidió dejarlo para la ocasión apropiada.
- Cuando estuve en la prisión me encontré con Mai.- Katara se quedó atónita y guardó silencio. No sabía cómo interpretar aquella confesión, tampoco sabía si se trataba de algún tipo de confesión o simplemente un comentario.
- Discutí con Azula sobre el derecho al trono, hablamos acerca de Mai. Dijo que yo no tenía el derecho de asumir por haber roto mi compromiso con ella sin aviso previo. Pero entonces le mencioné sobre mi carta y Mai se apareció de repente con la única prueba sobre sus manos.- Zuko se apretó el puente de la nariz.
- Qué sucedió entonces?-
- Creo que le abrí ojos de una manera no muy sutil pero realista. Ella acabó entregándome la carta, supongo que logró entenderlo.- Les respondió con un profundo pesar dentro suyo.
El rostro de Katara entristeció, jamás había tenido una buena imagen de Mai e imaginarla con el corazón roto en esos instantes solo empeoraba su situación, al igual que Zuko relatándoselo.
- Descansa un poco más.- Le dijo mientras introducía un beso en sus labios y salía de la habitación.
Afuera, los demás la esperaban en el salón principal en donde Iroh les relató acerca de lo ocurrido, el estado delicado en que se encontraban las cosas, la posible emboscada que estaría preparando Azula y sus ideas de defensa.
- Lo primero que debemos hacer es desalojar el palacio y reunir a todos los hombres que nos hayan quedado. La presencia de personas que no puedan batallar sería peligrosa aquí.- Intervino Aang como advertencia principal.
- Por supuesto, Suki se encargará de llevarse a Sora, Katara y Ursa lejos de aquí. Podrían refugiarse en nuestro mismo hogar, en donde sea con tal de estar fuera de peligro.- Acotó Sokka mientras que se ponía de pie.
- Es una perfecta idea, las llevaré a casa. Estaremos más que seguras allí.-
Katara solo se disponía a oír la conversación. La idea de irse tan lejos del palacio y separarse de su hermano y los demás, y por sobretodo separarse de Zuko, no le gustaba en lo absoluto. Pero sabía perfectamente que era un simple estorbo y una preocupación más en la mente de Zuko en ese estado.
- Bien, que no se diga más. Mañana comenzaremos los preparativos entonces!- Finalizó Iroh con algo de tranquilidad.
Zuko se despertó con el graznar de un ave, los ojos le pesaban como plomo pero logró despegarlos. Luego de haber descansado durante casi dos días se puso de pie con facilidad y caminó hacia la entrada de la habitación. En el recinto principal su tío y los demás disfrutaban del desayuno cuando lo observaron de pie.
- Buenos días.-
- Vaya, pero si es la bella durmiente.- Se burló Toph soltando una carcajada.
- Como te sientes? Veo que caminaste solo hasta aquí.-
- Estoy bien, de hecho me siento mucho mejor de lo que creí. Creo que mis heridas sanaron por completo.- Le respondió a su tío mientras que observaba sus múltiples vendajes.
- Pero antes de precipitarnos será mejor que esperemos a que te vea la enfermera. Sólo para estar seguros.- Agregó su madre con un tono de preocupación notorio y tan sobreprotectora como siempre.
- Descuida, iré por la tarde.- Suavizó su hijo tratando de tranquilizarla.
Por la tarde, Iroh, Sokka y Aang se encargaron de las planificaciones y trataron de organizarse para estar prevenidos ante todo. Estimaron que Azula tardaría dos días en llegar aproximadamente, ya que su ejército se manejaba con máquinas pesadas y se trasladaban por tierra, sin contar el tiempo que les llevaría preparar su ataque y provisiones. Ambos hicieron múltiples bosquejos y esquemas sobre el equipamiento de las naves, sus puntos débiles y el lugar en donde posiblemente almacenarían el armamento. Todo estaba fríamente calculado, cada jugada estaba organizada para ellos y si sus instintos no fallaban, saldría todo a la perfección.
Zuko permanecía recostado sobre una camilla, algo inquieto e irritable ante la incomodidad de su posición. La enfermera lo había recostado para quitarle los vendajes.
- Está pegado a mi piel, acaso podría tener más cuidado?- Protestó el muchacho quejumbroso, acusándola de que lo hacía de manera muy brusca.
- Si no se queda quieto tendré que eliminar los residuos de vendaje con alcohol medicinal, y créame, eso le dolerá aún más.- Aseveró la mujer con el ceño fruncido. El guardó silencio y la enfermera continuó con su trabajo.
Cuando la mujer hubo acabado con su labor, él le dio las gracias y se retiró de la habitación. Se sintió renovado, realmente impresionado de su pronta recuperación. Caminó hasta la oficina con algo de inquietud y como lo predijo, halló a su tío haciendo programaciones junto a Sokka y Aang.
- Me alegra que me hayan esperado.- Ironizó el Señor del Fuego mientras que cerraba la puerta.
- No teníamos tiempo para esperas mientras dormías.- Le respondió el joven de la tribu agua con molestia. Aang observó las miradas de ambos y trató de suavizar la conversación.
- Bueno... hemos adelantado bastante, ya tenemos todo planeado.-
- Azula llegará en dos días aproximadamente con su ejército, para entonces debemos desalojar el palacio y quedarnos a batallar. Los que no estén en posición de pelear se mantendrán a salvo junto a Suki, Ursa y Sora. Ya avisamos a todos los criados, encargados de limpieza y cocina. Los encargados de enfermería se quedarán por si se necesita ayuda extra. Haremos lo posible por mantenerlos a salvo.- Le explicó Iroh con sumo cuidado de no olvidar ningún detalle.
- Perfecto, de todas maneras los poderes curativos de Katara nos ayudarán de mucho.- Pero ninguno de ellos emitió una palabra acerca del tema, lo que le resulto algo extraño al joven soberano. Hubo un silencio inquietante durante unos segundos y luego el joven Avatar se puso de pie.
- Qué tal si entrenamos un poco ahora para despejarnos?-
Suki mecía a Sora una y otra vez en sus brazos con un profundo pesar, no había dejado de sollozar durante un buen rato y había comenzado a preocuparse por el sueño que no lograría conciliar los demás con tantos gritos.
- Espero que no hagas este escándalo durante la noche. No queremos tener quejas de Ursa porque no pudo dormir.- Le susurró a la pequeña con una sonrisa mientras que la balanceaba en sus brazos.
- Descuida, Zuko solía ser muy escandaloso de niño. Jamás me dejaba dormir por las noches, supongo que es costumbre.- Se burló la mujer mientras que observaba a la prematura madre con su hija.
- Vaya, entonces es un problema que ha tenido desde pequeño.- Agregó la guerrera kyoshi entre risas.
- Aún así... siempre ha sido un buen niño.-
- Y será un gran padre.- El rostro de Ursa se iluminó ante tal respuesta y recordó que Zuko no estaba enterado de aquella gran noticia. Se moría de ganas de abrazar a su hijo y felicitarlo cientos de veces, pero debía tener paciencia.
- Creo que Katara es una joven especial. Jamás había visto a Zuko tan preocupado por alguien, tan pendiente y alarmado y por sobretodo tan cautivado ante una persona.- Le aclaró su madre con el rostro irradiado.
- Es cierto, a pesar de ser alguien muy testarudo y obstinado tengo que admitir que he notado un gran cambio al estar junto a Katara. Me pregunto… si él era así cuando estaba junto a Mai.-
Volví! Al fin volví de mis vacaciones y déjenme decirles que escribí muchisimo. La verdad también espero que estén listas porque estos son los últimos capítulos así que agarrense que dentro de poco llega el final! Gracias por haber esperado tanto, acá les dejé el cap. Nos vemos la semana que viene :)
