Disclaimer: Avatar: The last airbender y sus personajes no me pertenecen. No recibo beneficios con esta historia.

Capítulo 15: Sublime amor.

Zuko respiró hondo una vez más, conteniendo su equilibrio y su energía para luego devolverla en una llamarada de Fuego, sorprendido, el moreno de la tribu agua logró evadirla para evitar ser calcinado y se detuvo en seco.

- Debiste avisar que comenzaríamos.-

- Un enemigo no te avisará el momento de su ataque.- Le respondió el muchacho de cabellos azabaches lanzando más Fuego por sus brazos, y haciendo que Sokka respire con dificultad ante la rapidez de su oponente.

Pero entonces recobró el aire y su cuerpo se movió rápidamente entre los arbustos. El ex príncipe corrió detrás de él rozándole el cuello con las palmas de sus manos, cuando una caña de bambú le golpeó la frente.

- Utiliza los elementos que te rodean.- Se recordó para sí mismo Sokka.

Zuko se reincorporó de un salto en el suelo y observó como el filo de la espada de su contrincante le rozaba los cabellos y para evitarlo, rodó sobre la superficie. Respiró su Fuego-Control una vez más y lo exhaló hacia adelante, en dirección a su espada. El joven de la tribu agua la soltó rápidamente ante el contacto. Su cuerpo colisionó contra el suelo y el ex príncipe se acercó hacia él.

- Claro, el metal es un conductor por excelencia del Fuego y tus instintos te hicieron soltar tu espada. Pero deberías controlarlos, si este combate fuese real ya estarías muerto.- Le informó él con un aire de victoria en su voz. Le tendió su mano y observó como Sokka se ponía de pie por sí mismo y se alejaba con rabia.

Luego del entrenamiento, ninguno de ellos quiso saber más nada acerca de combates. Estaban sedientos y muertos de hambre, y a pesar de que había sido una dura instrucción, Zuko continuaba despabilado y activo.
Arrastró los pies hasta su recámara con indignación, hubiera batallado contra Sokka toda la noche si se lo permitiese, quería verlo derrotado ante él. Sus actitudes habían sido más que altaneras últimamente. Abrió la puerta con cuidado y desplegó sus ojos como platos.

- Acaso te permitieron quedarte aquí?-

- No creo haber pedido ninguna autorización, la necesito?- Le respondió Katara con el ceño fruncido. Para luego soltar una diminuta carcajada. – No te preocupes, solo he venido por algo.- Le agregó a su frase.

- En donde estuviste hoy? No te vi en todo el día.- Le respondió él algo extrañado.

- Estuve platicando unos momentos con Suki y luego informando a algunos empleados sobre el "plan de evacuación" de Iroh.-

- Ya veo, también oí que Suki se movilizaría lejos junto a Sora y mi madre para estar a salvo, creo que se resguardarán en su hogar.-

- Lo sé, también iré con ellas.- Zuko se volvió para verla mejor.

- De qué hablas? Te necesitamos aquí, tú no estás imposibilitada.-

- De hecho yo…- Tragó saliva, no se atrevía a decir nada en circunstancias como esa, pero no era momento de cobardías, era ahora o nunca. Estudió el rostro de Zuko que la observaba impaciente, esperando una respuesta, una buena justificación a su falta. Cerró los ojos y respiró hondo esperando encontrar la verdad.

- Estoy embarazada Zuko. Lamento no poder quedarme.- Se disculpó ella casualmente, como si nada ocurriese, como si fuese de lo más natural.

Zuko abrió los ojos inmensamente y soltó una risita, esperando a que ella le respondiera algo como "es broma tonto, por supuesto que me quedaré". Pero no lo hizo, y su corazón le dio un vuelco en ese instante y millones de pensamientos se atravesaron por su mente, cientos, pero ninguno referido a aquello. La había amado locamente y ahora, delante de sus ojos disponía del resultado de su amor. El remordimiento, la ira hacia Azula, los fastidiosos recuerdos de su padre, la tristeza que conllevó su infancia, todo se había desvanecido en ese instante.

- Por qué nunca me lo dijiste? Por qué esperaste hasta el último momento?- Le dijo totalmente aturdido, estupefacto ante la noticia.

- Yo… tenía miedo. Tenía miedo de que no te agradara Zuko. Yo creí, llegué a pensar que…-

Pero se detuvo y no dijo una palabra más. El rostro del Señor del Fuego se llenó de lágrimas. Estaba alegre y lleno de vida, más que nunca. Abrazó a Katara con todas sus fuerzas y dejó que las gotas corrieran con más impulso, y se río. Una y otra vez. Y besó sus labios con ímpetu y cariño.

- Como no podría agradarme? No hay nada que me haga más feliz en el mundo en estos momentos.- Le dijo al mismo tiempo en que acariciaba su cabello con delicadeza.

Ella sonrió retraídamente y acarició su mejilla para secar las lágrimas. Embarró su rostro en el pecho de Zuko y él la refugió en sus brazos, deshaciendo toda la inseguridad en ella, dándole a entender que jamás estaría sola. Besó sus labios una vez más con entusiasmo, para quedar atrapado en sus hebras sedosas. Katara río entre dientes, un escalofrío recorrió todo su cuerpo erizándole los pelos de la nuca. Sentir su aliento y sus delicadas caricias era algo que la desnivelaba. Pero no se detuvieron un instante. Colisionó hacia atrás contra la cama de Zuko y lo sostuvo con fuerza de la prenda superior de sus ropas. El joven soberano depositó múltiples besos sobre sus labios, mientras que ella se aferraba más a su cuello. Era como una batalla sin tregua, ninguno de los dos sabía cuando detenerse, mientras que sus esencias se mezclaban entre las finas sábanas. El joven soberano se separó de Katara con lentitud para recobrar el aire que le hacía falta y la observó sonriente, pero no satisfecho.

- Aún quieres que me vaya?- Le preguntó ella tomando grandes bocanadas de aire.

- Yo jamás diría eso.-

Él se desprendió de la parte superior de sus ropas, mientras que Katara lo imitaba y soltaba minúsculas risas, Zuko fue creando un recorrido de besos húmedos desde su abdomen hasta el inicio de sus labios, para luego deshacerse de las prendas inferiores. Su visión comenzó a nublarse y enterró sus labios contra los de ella una vez más. Ambos se habían conectado en uno solo. Mientras que ella dejaba escapar gemidos y jadeos, Zuko comenzó a pensar que perdería el control. Katara se aferró a él una y otra vez, estremeciéndose y delineando formas irregulares en su dorso. La había extrañado, había echado de menos ese momento, en el que podía sentir su aliento sobre el de ella y sus labios colapsar como uno solo.

- Te amo. Jamás dejaré de hacerlo.- Le susurró al oído mientras que se aferraba más a ella.

Ambos se separaron exhaustos y rápidamente el cansancio los sumió en un sueño de plomo.


La muchedumbre y el conjunto de voces provenientes del patio principal avisparon a Zuko. El joven abrió los ojos con debilidad y abatimiento. A su lado se encontraba Katara descansando plácidamente, quien se había tomado la molestia de arroparse en su pecho. Trató de moverse con sumo cuidado para no despertarla, pero en un santiamén había abierto sus orbes azulinas.

- Cierra esos ojos, vas a dejarme ciego.- Se burló él cubriéndose los ojos con ambas manos. La maestra agua rio entre dientes y besó sus labios. Se puso de pie y comenzó a vestirse.

- A dónde vas?-

- También he oído a la muchedumbre alborotada.- Le respondió ella colocándose una de sus sandalias.

Zuko se vistió apresuradamente y bajó junto a ella con los cabellos alborotados y sus sandalias a medias poner. Sokka, Iroh, Aang y Ursa se trasladaban de un lado a otro sin dejar de moverse. Parecían estar trasladando a las personas fuera del palacio, como si fuese un simulacro, pero real.

- Linda apariencia hijo, nada mal para recibir a estas personas.-

- Pero es más curioso que se hayan despertado al mismo tiempo, no es así?- Replicaban Sokka y su madre observando como el rostro de Katara se volvía de un color más rojizo.

- Qué es lo que están haciendo? Es demasiado temprano y el alboroto no despertó.- Inquirió él sin darles importancia.

- Bien eso aclara mis dudas y me da justificaciones para dejarte en el suelo esta vez.- Le respondió Sokka empuñando su espada.

- Ya basta de tonterías! No tenemos tiempo para juegos. Debemos evacuar a todas las personas que podamos en dos horas.- Los interrumpió Aang molesto.

- De qué hablan? Qué sucedió?-

- Varias personas han visto al ejército de Azula acercarse a los límites del palacio. Estiman que llegarán dentro de unas horas. Los planes han sido modificados, ella simplemente nos hizo creer lo contrario.- Le explicó Ursa con un tono serio de preocupación.

- Como que por la tarde? Se supone que tardarían dos días en llegar.-

- Al parecer ella marchó rumbo hacia el palacio cuando nosotros huimos.-

- Es posible, pero el lado positivo es que no provee de ninguna de sus provisiones.- Le respondió Iroh a su sobrino.

- Al igual que nosotros.- Intervino Sokka con indignación.

- No es momento para estar discutiendo, solamente asegurémonos de evacuar este palacio cuanto antes!- Todos asintieron con la cabeza y continuaron con sus labores lo más rápido posible. Trasladando a criados, encargados de la cocina y limpieza hacia afuera del edificio.

- Iré a despertar a Toph y Suki cuanto antes!-

- Descuida Chispitas, fui una de las primeras en levantarse al oír todas esas vibraciones y vociferadas. Nos llevó trabajo despertar a Sora.- Se adelantó la maestra tierra acompañada de Suki y la pequeña Sora.

Cuando el palacio estuvo completamente vacío, todos se instalaron en el salón principal para poner en práctica sus jugadas. A pesar de estar atrasados, las tenían arregladas con anticipación.

- Antes de continuar quiero agradecerles a todos por haberme ocultado una noticia tan insignificante como lo era mi futuro hijo. Y agradecerle a Sokka el no haberme aniquilado cuando tuvo la oportunidad. - Ironizó el Señor del Fuego a sus amigos mientras que observaba al joven de la tribu agua.

- Y sé que varios de ustedes quisieron aniquilarme cuando se enteraron, pero también es nuevo para mí y la verdad es que… estoy muchísimo más sorprendido y feliz de lo que se imaginan. Esto es un gran cambio para ambos y agradecería que estuvieran a nuestro lado a pesar de todo. Porque ustedes son la familia que siempre he deseado tener.-

Con estas últimas palabras su madre corrió a abrazarlo enérgicamente, con todo el afecto y felicidad que tenía dentro, derramando cientos de lágrimas a medida que se aferraba más a su hijo.

- Estoy tan contenta por ti hijo. He querido hacer esto desde que llegaste al palacio y creí… que no podría contenerme. Estoy muy orgullosa de ambos.-

- Gracias, de verdad te lo agradezco mamá- le dijo con una sonrisa el muchacho.

La guerrera Kyoshi y Toph se colgaron de su cuello emocionadas y lo abrazaron, mientras que Sokka se acercó sin decir una palabra.

- Creo que nunca seré lo suficientemente bueno para ella pero…-

- Lo sé. Pero descuida... sé que lo intentarás. Y estaré vigilándote de cerca su alteza.- Lo interrumpió él con una sonrisa en sus labios mientras que le daba un cálido abrazo de reconciliación.

Aang dio unos pasos al frente y lo observó con el rostro lleno de felicidad.

- Solo hazla feliz.- Le dijo en un susurro débil. El joven soberano le sonrió. Su tío finalmente se detuvo frente a él, parecía concentrado y a la vez ausente.

- Tío, te encuentras bien?- Un golpe en seco se oyó a lo lejos y el Dragón del Oeste abrió los ojos desmesuradamente.

- Ya están aquí! Suki, llévate a Ursa, Sora Y Katara, rápido!- Vociferó el viejo mientras que los demás corrían detrás de él en dirección opuesta. La guerrera Kyoshi asintió con la cabeza y corrió junto a ellas hacia los pisos superiores.

Un numeroso grupo de hombres uniformados avanzaba delante de ellos con el emblema de la Nación del Fuego. Para evitar su marcha, Sokka los derribaba con múltiples estocadas de su espada. Gracias a la agilidad y percepción que había logrado batallando con Zuko, no le era muy difícil deshacerse de ellos.

Aang se deshizo de varias maquinarias de guerra, buscando sus puntos débiles y mandándolas a volar con su Aire-Control, o realizando desprendimientos de varias rocas junto a Toph, mientras que Iroh trataba de cubrir a Suki para que lograse escapar junto con el resto. Zuko recorrió el lugar con la vista desesperado, tratando de hallar a su hermana entre la multitud o comandando al ejército (como debía ser) pero no estaba allí.


Katara corrió detrás de Suki lo más rápido que pudo, asegurándose de que Ursa viniera con ellas en cada momento. Sora sollozaba en los brazos de su madre y el alboroto era cada vez más intenso. Pero la guerrera Kyoshi cayó al suelo y justo antes de que Sora se haga daño, Ursa la retuvo en sus brazos.

- Vaya, pero si es mi campesina favorita. Quien lo diría.- La princesa de cabellos azabaches la observaba con aquella mirada inexorable en su rostro.

La apariencia de Azula había cambiado, tenía un aspecto más lúgubre y tenebroso de lo normal y Katara asoció aquello como una mala impresión, de que algo malo ocurriría. Y no podía permitirse bajo ningún costo que se saliera con la suya.

- Esta vez no te dejaré huir.- Finalizó la perturbada ex soberana, dejando escapar varias flamas de fuego azul de sus brazos.

- Corran escaleras abajo, rápido!- Las apresuró la maestra agua, desesperada.

Suki se reincorporó del un salto en el suelo rápidamente, mientras que Ursa corría escaleras abajo con sora en brazos.

- No te dejaré aquí.- Le aseguró la guerrera Kyoshi poniéndose en posición de ataque.

- No te preocupes, ve en busca de Zuko y no dejes sola a Ursa por ningún motivo.- Le respondió para tranquilizarla.

La muchacha asintió con la cabeza y bajó las escaleras rápidamente. Katara elevó un flujo de agua-control con energía que había logrado recoger de varias plantas y jarrones con flores. Múltiples látigo de agua se formaron alrededor de la princesa tratando de aprisionarla y fueron transformados rápidamente en vapor. Pero Katara sabía que el agua se encontraba incluso en el aire.

Recogió varias gotas para transformarlas en pequeñas lanzas de hielo filosas y puntiagudas y arrojárselas una vez más. Pero Azula reconocía sus trucos y nada eso iba a funcionar con ella. Se deshizo de sus lanzas y la acorraló contra una de las columnas más cercanas. Elevó sus brazos en posición vertical y con la yema de sus dedos hacia arriba comenzó a generar un trayecto, desprendiendo chispas en varias ocasiones.

Estaba arrinconada, sin una sola posibilidad de ganar y Azula estaba a punto de redirigirle uno de sus rayos. Cerró los ojos y los apretó con fuerza, no podía dejarse perder esta vez. Debía luchar por Zuko, por su futuro y por lo que más amaba. Las palabras de Hamma resonaron en su mente una y otra vez "Donde sea que hay vida, hay agua" Alzó sus brazos hacia adelante y los colocó en una posición extraña, controlando el agua del otro cuerpo e imponiendo su voluntad ante él, como si controlase a una marioneta y observó como Azula se sacudía al compás de sus brazos.

Re direccionó su rayo y colisionó contra una de las columnas lejanas. Pero la Sangre-Control requería de numerosa energía y en aquellas circunstancias Katara no estaba preparada para utilizarla. Su cuerpo se tambaleó una y otra vez, y antes de caer extenuada al suelo los brazos de Zuko la atraparon.

- Te encuentras bien?- Le dijo mientras que la ayudaba a ponerse de pie. Ella asintió con la cabeza.

- Quédate con Suki y mi madre, allí estarás a salvo. En cuanto pueda, mi tío las llevará con Appa.- Le susurró al oído el joven soberano plantando un beso en su frente. La maestra agua se alejó de ellos y Azula soltó una carcajada.

- Acaso piensas que tienes esperanzas querido hermano? Recuerda lo que te mencioné hace algunos días.- Le aseveró ella endureciendo su mirada, imponiendo su miedo, como era de esperarse.

- Tal vez creas que tengas a más aliados de tu parte, pero yo tengo algo fundamental.- El ex príncipe elevó la carta en su mano y la sonrisa de su hermana desapareció en ese instante, pero de rostro floreció una mueca de agudeza e hipocresía y observó a Katara desde lejos.

- Realmente crees que podrás salvarla Zuzu? Que serás el héroe esta vez? Sería muy trágico que su destino acabe como el de Mai.- Zuko sintió un nudo en la garganta y un escalofrío recorrió todo su cuerpo, haciéndolo estremecerse.

- Tuve que deshacerme de ella por haberme traicionado, acaso no es lo justo?- Ironizó disfrutando a pleno de su discusión. Observando como el rostro de Zuko se crispaba de furia, guardándose todo el rencor dentro. Cerrando los ojos para contener las lágrimas.

- Alégrate Zuzu, al menos sabes que pereció con tu perdón.-

- Estás totalmente desquiciada, como pudiste?- Su mirada desequilibrada y su risa constante le provocaban una cólera incontenible a Zuko, había acabado con Mai y él no había tenido oportunidad de salvarla. Apretó los puños con fuerza y sintió como la amargura se acrecentaba una y otra vez.

- A veces hay que hacer algunos sacrificios para llegar a la grandeza.- Le respondió con desdén e indiferencia.

- Zuko alzó su rostro y decidió equilibrarse, debía mantener su mente en blanco y no dejarse llevar. A pesar de estar enloquecida, Azula era una perfecta manipuladora y el ex príncipe supo de inmediato que ella estaba poniendo en práctica su misión para desconcertarlo.

- Lamento que esto deba terminar así hermano.-

- No es verdad.- Le respondió con el rostro lleno de frialdad e impotencia.

Ella sonrió ridículamente y desprendió una inmensa llamarada de fuego Azulado de su brazo derecho. Zuko dio un salto en el aire y con ambas manos enfrentó su ataque, ambas energías colisionaron en una sola, deshaciéndose en el aire. Azula dio un impulso ágilmente y con varias patadas desprendiendo más Fuego-Control, como si se tratase de una danza.
Con ímpetu y violencia su hermano esquivaba cada uno de sus pasos y como un recuerdo que le llegó a la memoria, comenzó a ejecutar la Danza del Dragón. Dando irregulares, pero consecutivas zancadas en el suelo, Zuko embestía a su hermana con cada uno de los fogonazos de se desprendían de sus brazos y piernas.

Azula se inclinó con rapidez dándole un puntapié y se deshizo del equilibro de muchacho, pero antes de estrellarse contra el suelo, Zuko dio un brinco y giró en la superficie, creando un circulo de fuego, generando que ella se aleje para resguardarse. El poder que Azula emanaba de su interior era gigantesco, y por unos instantes él creyó que no podría contenerlo por mucho más tiempo, pero en el momento de reunir energías disolvió con ambos brazos su pujanza, haciendo que todo el fuego azul desapareciera. La princesa se arrodilló en el suelo para dar grandes bocanadas de aire y llenarse los pulmones con dificultad, su respiración se había vuelto más agitada.

- Toda tu vida has utilizado el miedo para controlar a las personas, pero esta vez le pondré fin a tu soberanía.-

- Te equivocas Zuko, el miedo es la única forma confiable y la manera de conseguir las cosas adecuadamente.-

Tragó saliva y apretó los dientes para recibir las llamaradas de fuego de su hermano, que se entrelazaban danzantes y se transformaban en una enorme esfera de energía. Ella dio un salto desesperado para evitarla, observando como su embestida le rozaba los cabellos.
Se impulsó hacia adelante y arremetió contra su hermano con varias llamas que logró deshacer al mismo tiempo en que se alzaba sobre ella y la azotaba contra una de las gigantescas columnas, haciendo que su cuerpo rodara por las galerías.

- Qué sucedió con tu dinamismo y fortaleza? Acaso no eras el orgullo de la familia?- La ridiculizó su hermano mientras que la observaba tendida en el suelo.

- Silencio, te demostraré quien de los dos es el más fuerte aquí!-

Azula respiró agitada y comenzó a generar varias chispas con la cima de sus dedos. Sus brazos se movían con agilidad y simetría, dando trazados irregulares y haciendo cada vez más grandes los centelleos.

- Lamentarás el momento en el que me desafiaste, esta vez no podrás re direccionarlo!-

El cuerpo de Zuko se estremeció, el relámpago que Azula había generado esta vez era superior, contenía más energía y hasta pudo jurar que estaba comprendido con más descargas. El muchacho estaba aterrorizado, acaso su hermana tendría razón y no tendría oportunidad con aquel relámpago? Cerró los ojos y respiró profundo, "El relámpago es una expresión pura del poder del fuego. El Fuego-Control no solo es destrucción y muerte... Es vida."

Un gigantesco resplandor se pudo diferenciar a lo lejos de aquel lugar. Aang y Sokka, que se encontraban cercanos a las extensas escalinatas observaron a lo lejos el choque de energías.

- Zuko!- Katara corrió desesperadamente y subió las escalinatas al mismo tiempo en que las lágrimas se saltaban de sus ojos. Aquel combate se habría librado a muerte sin duda alguna. Temió por la vida de Zuko, sabía perfectamente que Azula se aferraría a cualquier tipo de posibilidad para jugar sucio y esta no sería la excepción.


Bueno, acá les dejo el capítulo quince. Se viene el último la próxima semana! Espero me acompañen en el final de esta historia :)