Disclaimer: Avatar: The last Airbender y sus personajes no me pertenecen. No recibo beneficios con esta historia.
Capítulo 16: El final.
El sol se filtraba a través de la rendija oxidada del ventanal, dándole paso a la madrugada y recubriendo con su haz de luz todo a su paso. Katara trató de abrir los ojos, le pesaban tanto los párpados que le costaba mantenerlos abiertos. Pero entonces dejó que sus orbes azulinas recorrieran el lugar. Era una recámara diminuta, con un clóset y un pequeño ventanal que le resultaron muy familiares. Se puso de pie y observó la vista desde la ventana, y cayó en la cuenta de su ubicación.
Desesperada corrió hacia la entrada de su hogar, aferrándose a los marcos de las puertas. Aang la observaba desde lejos aliviado mientras que Sokka corría en su ayuda para abrazarla con desesperación.
Creí que nunca despertarías, estuviste inconsciente durante casi tres horas.- Le dijo el muchacho aferrándose a sus hombros.
De qué estas hablando? Qué sucedió con Zuko?- Su voz se había vuelto más aguda, como si le costara emitir sus palabras y tuviera que pronunciarlas con fuerza y entusiasmo. Su hermano bajó la vista, incapaz de responder a su pregunta.
Sokka, que sucedió con Zuko?- Volvió a repetirle ella mientras dejaba escapar varias lágrimas por su mejilla. Aang se puso de pie y caminó hacia ella.
- Tú estuviste allí Katara, lo viste con tus propios ojos.- La voz de su hermano se silenció por unos momentos. - Zuko está muy malherido, a pesar de lograr redireccionar el relámpago de Azula... las cargas era superiores a las de un relámpago normal y el pasaje para desviarlo no resultó del todo correcto.-
Ella dió un paso hacia atrás, tratando de contenerse y apretándose el pecho con ambas manos. Su corazón había dado un vuelco en ese instante y sintió como su memoria recobraba los recuerdos del día anterior.
Flash back:
Zuko!- Katara corrió desesperadamente y subió las escalinatas al mismo tiempo en que las lágrimas se saltaban de sus ojos con violencia. Aquel combate se habría librado a muerte sin duda alguna. Temió por la vida de Zuko, sabía perfectamente que Azula se aferraría a cualquier tipo de posibilidad para jugar sucio y esta no sería la excepción.
El joven soberano permanecía tendido en el suelo, inconsciente, mientras que el cuerpo sin vida de su hermana yacía en la misma superficie con rastros de múltiples descargas a su alrededor. Zuko agonizaba, no reconocía su presencia ni podía oír su voz, simplemente clamaba ayuda a gritos. La muchacha tendió las manos hacia su pecho, en donde contenía la herida más profunda. Mientras que Aang y Iroh ascendían con varias enfermeras, ella utilizaba sus poderes curativos para devolverlo a la realidad. Las lágrimas corrían con violencia por su rostro mientras que su vista se volvía difusa y sus sentidos se adormecían en aquel instante.
Fin flash back
En dónde está él ahora? Por qué yo estoy aquí?-
Zuko está siendo tratado en la enfermería del palacio, los médicos están haciendo todo por su recuperación. Iroh decidió que te trajeramos por tu bienestar y el de tu bebé. No quería que permanecieras en aquel ambiente tan lúgubre y tenso.- Le respondió el joven Avatar a la muchacha.
Y creyeron que estando aquí me quedaría más tranquila? Debo ir con él, debo cuidar de él.-
Olvídalo Katara, te encuentras en un estado muy delicado, piensa en tu bebé.- Le repitió su hermano.
Y que hay de Zuko? Acaso no debo pensar en él?- apretó sus puños con fuerza y desapareció de la habitación, observando como el rostro de su hermano y los demás daba un giro inesperado.
El cielo se teñía de tonos violáceos y anaranjados, mientras caía la noche la preocupación en ella se hacía cada vez más grande y por su mente solo pasaban malos pensamientos. El jardín trasero siempre había sido un lugar perfecto para reflexionar y descansar un poco. Por esa razón, siempre que se sentía tensa o intranquila, Katara se sentaba allí y descansaba su mente.
Aang se sentó a su lado con tranquilidad y observó el paisaje delante de él.
Si haz venido a tratar de convencerme de que lo que hiciste está bien, entonces puedes marcharte.- Le dijo casi en un susurro ella.
No, no he venido por eso. Me preocupa más tu bienestar.- Katara se limpió las lágrimas con la manga de su vestido.
Siempre estas tratando de hacer lo correcto, pero realmente crees que hiciste lo correcto esta vez? Separandome de Zuko?-
Acaso crees que a Zuko le gustaría ver como te preocupas por él y te haces un mal innecesario a tí misma? Acaso crees que eso sería bueno para su salud y bienestar?- Ella guardó sus palabras ante el comentario del monje. Abrió la boca para objetar, pero no se le ocurrió ninguna clase de pretexto.
Se que estas sintiendo un dolor y una rabia increíbles por no poder ir junto a Zuko, pero el que tú vayas no ayudará en nada. También nosotros pensamos en que era una idea absurda al principio, pero desde aquel punto de vista Iroh tenía razon. Zuko sabe que lo estaremos apoyando, no importa que tan lejos esté.-
Flash back
El cuerpo de Zuko colisionó contra la rígida superficie con violencia, estremeciéndose a causa de las descargas, mientras que una desesperada Katara corría en su auxilio sollozando y suplicando la atención de algún médico. Sokka sostenía con fuerza a su hermana antes de que se derrumbara al suelo desfallecida y la quitaba de allí para darle paso a los especialistas.
Los enfermeros y médicos a cargo asistían al muchacho con rapidez y desesperación, tratando de detener las severas hemorragias y múltiples lastimaduras producidas por las descargas del relámpago.
Iroh se paseaba de un lado a otro por los corredores, aguardando la respuesta de los enfermeros, pero Zuko permaneció inconsciente aquel día y sus mejorías no parecían salir a flote. El Dragón del Oeste se dirigió hacia una de las habitaciones principales en donde habían recostado a Katara para que logre recobrar el conocimiento. A su alrededor, Sokka y Aang esperaban su recuperación.
- Cómo está Zuko? Ya ha despertado? En la enfermería no nos dejaron pasar!- Se adelantó el joven monje con un tono de preocupación severo en sus palabras. Pero Iroh no respondió a su pregunta, él tampoco sabía como se encontraba su sobrino. Volvió su vista hacia la maestra agua con preocupación.
- Creo que será mejor que se lleven a Katara antes de que despierte y su preocupación sea aún mayor. Eso no ayudará en nada y solo complicará las cosas.- Fue la respuesta que recibieron del viejo.
- Eso no tiene sentido, cuando despierte Katara se pondrá furiosa. Es obvio que ella querrá quedarse aquí!-
- No Aang, Iroh tiene razón. El que Katara se quede aquí solo empeorará las cosas y dificultará el trabajo de los especialistas. Nos iremos cuanto antes.- Le respondió el moreno de la tribu agua para depositar su mirada de aprobación en sus compañeros y en el Dragón del Oeste.
Fin flash back
En aquel lapso de casi cuatro días, Iroh y Ursa habían permanecido al tanto de la salud de Zuko. Día y noche aguardando a su recuperación, a que la suerte le diera una oportunidad. Pero el ex príncipe permanecía desfallecido, sumido en sus fantasías y tal vez, en algún sueño momentáneo en donde podía moverse libremente. Su madre no dejaba de sollozar a su lado, rogándole a los santos y espíritus que su preciado hijo lograra despertar de una vez por todas.
- Por qué no descansas un poco? Vamos, me encargaré de supervisarlo.- Le dijo a Ursa tratando de tranquilizarla. Ella asintió con la cabeza, depositó un beso en la mano de su hijo y se retiró de la recámara.
Luego de haber aguardado durante unas horas más, Iroh pudo apreciar como los ojos del joven soberano se desplegaban con dificultad.
- T-tío, eres tú? En donde está Katara?- Los ojos llorosos del muchacho se mezclaban con el estado de ánimo de su tío, quien asentía con felicidad mientras que se aproximaba a él.
- Tranquilo, todo está bien. Ella está a salvo ahora.-
- Tío necesito que me digas que es lo que sucedió con todos, en donde está mi madre y los demás. Quiero saber que ocurrió con Azula.- La mente de Zuko se encontraba llena de pensamientos desordenados que le impedían reorganizarse para hacer memoria. Su desesperación por saber que era lo que había ocurrido exactamente era algo que lo desnivelaba.
A medida que los días transcurrían, la preocupación en ella se acrecentaba cada vez más. Cada tanto, un halcón mensajero llegaba desde el palacio con noticias de Zuko, pero las mejoras no parecían verse en el muchacho. Frecuentemente, una enfermera se encargaba de los cuidados de Katara y su bebé, y a pesar de que el embrión evolucionaba adecuadamente, su estado de ánimo no ayudaba en el proceso de crecimiento. Los días se hacían cada vez más largos y las cosas no parecían estar ascendiendo, llegado al cierto punto en que dejaron de recibir noticias con los halcones mensajeros.
Mientras que la vida de los demás parecía acoplarse a la realidad otra vez, su vida se había vuelto una rutina incansable que parecía no tener fin. Su alimentación era pésima, por lo tanto, sus defensas habían bajado y su peso disminuía en varias ocasiones. El sueño no era algo que podía conciliar durante las noches y las mejorías no parecían llegar nunca.
La noche caía bajo el diminuto hogar que tenían en las afueras de Ba Sing Se y el cielo cubierto de nubes hizo que el paisaje se transformara en un diluvio. Toph y Suki se encargaban de hacer dormir a Sora, quien no dejaba de lloriquear por culpa de las tronadas, mientras que Sokka y Aang aguardaban impacientes la respuesta de la enfermera. Dentro de la recámara, la mujer finalizaba con un análisis de presión en la sangre de la maestra agua.
Katara, tus defensas están muy bajas y tu hermano me dijo que estas llevando una mala alimentación y no concilias el sueño por las noches. Necesitas descansar y alimentarte bien, es por tu propio bien, y sobre todo... por el bien de tu futuro hijo.-
Para usted es muy fácil decirlo. Pero yo he tenido que lidiar con el dolor durante todo este tiempo.-
Tienes razón, tal vez no pueda comprender el dolor que sientes en estos momentos, pero no estás sola. No lleves la carga en tu espalda innecesariamente. Toda tu familia está apoyándote y están preocupados por tí Katara. Se que debe ser difícil, pero por favor reincorpórate a la vida. Estoy segura de que Zuko lo querría así.-
La mujer se marchó dejando a la muchacha completamente aturdida con aquella última frase: "Por favor reincorpórate a la vida. Estoy segura de que Zuko lo querría así" Sintió como si se estuviese refiriendo a Zuko de una manera espiritual, como si no se tratase de alguien que continuara con vida. Sacudió la cabeza y trató de interpretarlo de otra manera. Aquella noche, luego de tanto tiempo, había logrado conciliar el sueño y por primera vez, luego de tanto tiempo soñó con él.
Las hojas de los cipreses se mecían con el arrullador sonido del viento mañanero, el joven soberano observaba el paisaje a través del extenso ventanal. Su sonrisa se había borrado hacía varios días y lo que pareció ser una pronta recuperación se convirtió en el despertar de varias cicatrices dolorosas. Su tío le había relatado todo con lujo de detalles, cada uno de los acontecimientos. Trató de que su mente hiciera memoria pero aquellas acciones habían sido fallidas. Iroh lo observaba adolorido mientras que él se cubría la nuca con ambas manos.
- No debí dejarla allí. Si tan solo hubiera sacado a Mai de allí a tiempo..-
- Ya no debes lamentarte, hiciste lo que pudiste sobrino. El padre de Mai vino en persona para ver como te hallabas de salud. Él estaba muy preocupado por ti y orgulloso por lo que hiciste.- Le respondió con una débil sonrisa a su sobrino. El muchacho recorrió con su vista el paisaje y respiró hondo satisfecho, aquel viento agradable le recordaba los buenos momentos y sintió un dejo de alegría.
- Como está Katara?.-
- En los últimos días habíamos dejado de enviarles halcones mensajeros con tu estado de salud porque temíamos que empeores y no queríamos preocuparla.- Le dijo acariciándose la barba.
- Como se encuentra mi hijo?- Quiso saber estudiando el rostro del Dragon del Oeste.
- Hijo? El bebé está bien. Pero Katara y su estado de ánimo han decaído notoriamente y los doctores creen que eso influirá mucho en la salud de la criatura.-
- Será niño, estoy muy seguro de eso.- Le respondió él con tristeza al oír aquellas palabras.
- Sabes que tu trono aún está en juego, los magistrados están elaborando una respuesta ya que no se sabe si aprobarán a una muchacha de la tribu agua como señora del fuego.- El ex príncipe sacudió la cabeza.
-Entonces que comience la sesión.-
Suki la ayudaba extendiendo varias prendas de ropa, mientras que ella le daba la última remojada y la tendía al sol. La guerrera Kyoshi se jactaba de su apariencia esta vez. Se veía mas sana, descansada y fuerte que nunca, el paso de los días había ayudado de mucho en la salud de Katara y se preguntó si tal vez habría olvidado a Zuko. Sacudió la cabeza y trató de no pensar en ello, por supuesto que no, ninguno de ellos podría olvidarse de Zuko jamás, pase lo que pase. Su rostro se llenó de felicidad y regocijo. Al finalizar se depositaron sobre una de las galerías de la residencia exhaustas.
- Sabes... siempre pienso en tu gran cambio Katara y jamás me he atrevido a preguntarte cómo fue que lo lograste. -
- Jamás he dejado de pensar en Zuko, ni por un momento. Lo que me impulsó a seguir fue la fuerza de voluntad, criar a mi futuro hijo es lo único que me interesa ahora y haría lo que fuera por él . Por eso trato de no ver más allá de los magníficos recuerdos que viví junto a él.-
Suki la observó atónita, contemplando su rostro en silencio. La guerrera Kyoshi le sonrió sutilmente y se puso de pie para adentrarse en la vivienda mientras que una lágrima discurría por su mejilla.
Los meses habían transcurrido rápidamente y Zuko había pasado por varios juzgados de por medio, luchando sin cansancio, discutiendo con los magistrados y autoridades acerca del derecho al trono. Imponiendo su respeto hacia su hijo, Katara y su mismo orgullo. Por fin se acercaba el último juzgado y el ex príncipe necesitaba tomar un respiro antes de adentrarse en él. Las galerías del palacio se encontraban desoladas, con la única figura del muchacho de pie, observando los inmensos jardines.
- Nervioso?- Zuko se volvió hacia su tío y negó con la cabeza.
- Estoy muy seguro y decidido, necesito hacer esto por mí mismo.-
El Dragón del Oeste lo observó adentrarse en la sala con nerviosismo, sabía perfectamente que su cuerpo se estremecía de pies a cabeza y eso no podía ocultárselo. Iroh recargó su cuerpo en una de las columnas y aguardó allí durante un largo rato a que su sobrino volviera a aparecer.
Las puertas de la sala se abrieron de par en par y finalmente la figura del muchacho se hacía presente en las galerías. Tenía los ojos hinchados y enrojecidos y el rostro más pálido de lo normal.
La mente de Katara se atiborraba de recuerdos y aunque no quisiese aceptarlo, sabía que el olvido estaba repleto de memoria y no había manera alguna de reprimirlos. Sonrió con amargura al notarlo y observó como las hojas de los árboles danzaban con el viento. Entonces pudo apreciar como el verano se hacía presente en el caluroso paisaje y se dio cuenta de lo mucho que había añorado su hogar. El sendero se había llenado de arboledas, incontables filas de ellas.
Detrás de la última hilera distinguió a un individuo completamente reconocible para su vista. Vestía con unas prendas algo extrañas en tonos rojizos y dorados. Sus cabellos azabaches se mecían con la reconfortante brisa y sus orbes doradas se iluminaban con la intensidad del día. Katara colocó una mano sobre su frente para asegurarse de que no se tratase de delirios suyos. Pero la imagen era muy real, al igual que el momento que estaba viviendo. Aquella sonrisa tan descarada y altanera era inconfundible. Sus sienes le ardían y sus ojos estaban brillantes y tristes.
El joven se volvió hacia ella y la observó con una sonrisa sincera, como si hubiesen pasado por lo mismo. Aquella era una sonrisa que alejaba los miedos, las aflicciones y las tragedias. Ambos se detuvieron frente al otro, estudiándose. Katara sintió ganas de enfrentarlo, de reclamarle su ausencia, pero el remordimiento en su corazón había desaparecido hacía mucho tiempo. Se echó en sus brazos llorando como una niña desconsolada, pero eran lágrimas de felicidad, de angustia reprimida. Aferrada al cuerpo de Zuko, todas sus fantasías e ilusiones se le aparecieron de pronto.
Por qué no respondiste las cartas que te enviamos? Por qué?- Le reprochó una y otra vez dándole leves empujones en su pecho.
Lo siento dulzura, te prometo que jamás nos volveremos a separar. Te lo prometo.- Le repitió una y otra vez con los ojos llenos de lágrimas y una sonrisa radiante en su rostro.
Besó sus labios con energía y recordó las palabras de su tío en aquella ocasión: "llegaste a la encrucijada de tu destino, ahora tienes que elegir" y se río una y otra vez, y estuvo contento y satisfecho de haber elegido ese camino, de haber optado por el bien, la felicidad y el amor. Se alegró de tener las armas para decidir su propio destino y de que éste se entrelazara con el de Katara.
Bueno, llegué al final de esta historia con este capítulo y la verdad espero que hayan disfrutado de este fic. Me alegra mucho notar que varias personas se interesaron y siguieron siempre la lectura. Espero poder progresar, ya que este es mi primer fic publicado y tuve muchas fallas, pero supongo que por algo se empieza. Muchísimas gracias a todas y espero verlas pronto y recibir más comentarios suyos :)
