Disclameir: ¿de verdad es necesario en cada capítulo? No, evidentemente Harry no es mío. No, por desgracia Voldemort tampoco. Todo pertenece a JKR, aunque ella descuide tanto al pobrecito Señor Oscuro.


Capítulo II

Con la llegada del verano las escuelas cerraron sus puertas y los termómetros comenzaron a marcar temperaturas sofocantes, pero pocos cambios más se sucedieron en el número cuatro de Privet Drive. Vernon Dursley continuó levantándose temprano para hacerse cargo de su empresa de taladros y Petunia, como una buena y abnegada esposa, no permanecía en la cama más tiempo que él. Arreglaba la habitación mientras éste se vestía, preparaba el desayuno para ambos, y se despedía de su marido con un beso. A continuación, la señora Dursley se encargaba de lavar y planchar la ropa, limpiar el polvo, y regar las plantas del jardín.

Dadas las once, correctamente vestida y maquillada, concluía los últimos retoques de su peinado, escribía la nota para su hijo Dudley (indicando la posición exacta de su desayuno y las instrucciones para calentarlo), y abandonaba la casa. Su vecina, la señora Van Dradren la esperaba en la entradita del jardín para dirigirse juntas al almuerzo de la Asociación de Vecinas, Madres y Amas de Casa Conservadoras de Little Whinging, grupo del que ambas eran grandes acérrimas. Su hijo Dudley, que permanecía hasta bien entrada la madrugada pegado a la tele, haría uso de la nota varias horas más tarde.

Ninguno de los Dursley gastaba un solo pensamiento en el otro niño de la casa, Harry, que a fin de cuentas había conseguido permiso para prepararse el desayuno por sí mismo y apenas contactaba con ellos de no ser por casualidad. Ninguno de los Dursley fue testigo, por tanto, de cómo el niño se levantaba, se vestía, desayunaba, daba cuenta del correo y, en consecuencia, pasaba a revolverse inquieto por su habitación, prisionero de un extraño nerviosismo que no era nada común en él. Porque lo que Harry más había esperado y temido a la vez, había sucedido esa misma mañana. Ahora, la carta de Hogwarts ya era una más entre sus cosas.

A la atención del Señor H. Potter

Habitación Más Pequeña

Privet Drive, 4

Little Whinging

Surrey

Harry revisó su alrededor por enésima vez, asegurándose de que todo estuviera correctamente dispuesto. El salón, el televisor, la entrada, la cómoda, las fotografías… Sus dos tíos entrelazaban las manos en el sofá y parecían aún más nerviosos que él mismo, si acaso era posible. El primo Dudley no se encontraba presente; por orden de Petunia, había ido a pasar la semana en casa de March.

Toda aquella tensión que desbordaba el ambiente tenía una razón muy simple. Un nuevo mago cruzaría la entrada por primera vez desde la llegada del hijo de Lily, y su aparición había puesto la casa en guardia, si bien por diferentes motivos.

Tom ya había avisado a Harry que, dada su estancia entre muggles, un asistente del colegio aparecería pronto para conducirlo al callejón Diagon y guiarlo con sus compras. La carta recibida la semana anterior confirmaba aquello, y además establecía la fecha y la hora de dicho encuentro. Hoy. Dentro de pocos minutos.

En el fondo Harry se moría de ganas por conocer a un verdadero mago formado y en plena capacidad de su poderes, si bien esto no disipaba el miedo a que éste descubriera algo sospechoso en su mente o recelara del comportamiento programado de sus tíos. Pero cuando un sonoro alboroto anunció la llegada del mago a Privet Drive, Harry vio la totalidad de sus miedos y todas sus ilusiones desvanecerse rápidamente.

Él no era para nada como había esperado. Con cuerpo de gigante, debía inclinarse pronunciadamente para atravesar los marcos de las puertas. Su rostro estaba prácticamente oculto por una larga maraña de pelo y una barba desaliñada, a través de la cual podían verse sus ojos, que brillaban como escarabajos negros bajo aquella pelambrera. Lo cubría un abrigo enorme y sucio, de piel desconocida, y era evidente para Harry que, o de pequeño se había atragantado con una poción crecehuesos, o tenía sangre híbrida de gigante en las venas.

¿Y esto era un mago? Que decepción. Harry se burló de sí mismo por haber estado tan asustado. Una cosa tan burda como aquella jamás traspasaría sus defensas mentales. ¿Serían así todos los profesores de Hogwarts? Tal vez no debería haberse hecho ilusiones tan pronto. Aunque Tom parecía guardar cierto respeto para el personal del colegio. ¿Tanto habrían cambiado las cosas en cincuenta años?

Harry cerró los ojos un instante y se obligó a sí mismo a desterrar tales pensamientos. A fin de cuentas tal vez no fuera malo que su primera prueba fuera con alguien tan… indescriptible. Superaría el examen sin riesgos y adquiría practica para tratar con los peces más gordos. Cuando volvió levantar los párpados sus pupilas brillaban y sus iris verde esmeralda trasmitían intensos dejes de esperanza y emoción. Miró a gigante y esperó, dejando que él fuera el primero en hablar.

- ¡Ah! ¡Estás aquí, Harry! La última vez que te vi eras sólo una criatura. Te pareces mucho a tu padre, aunque tienes los ojos de tu madre.

Los ojos del gigante chispearon con aprecio y era evidente que se sentía complacido de verlo de nuevo. Harry se obligó a sí mismo a sonreír y fingir interés, resistiendo la tentación de fruncir los labios. ¿Por qué unos magos poderos como sus padres tendrían contacto con una cosa como… él?

- ¿De verdad? ¿Conociste a mis padres? Yo no he oído casi hablar de ellos…

- ¡Claro que los conocí! - afirmó inmediatamente el gigante, dedicándoles una amenazadora mirada a sus tíos, sin duda molesto por su último comentario -. Lily Evans y James Potter, los magos más talentosos de su generación. Debes sentirte muy orgulloso de ellos, Harry.

Le gustó creer que decía la verdad, aún cuando él fuera por sí mismo un inútil. Al fin y al cabo no había mentido: sus tíos jamás hablaron sino mentiras sobre ellos, y Tom sabía tan poco. Le gustaba creer que fueron los mejores, y que tenía motivos para sentirse orgulloso.

- A propósito, me llamo Hagrid - se presentó el gigante, extendiendo la mano hacía él -. Rubeus Hagrid, Guardián de las Llaves y Terrenos de Hogwarts.

Harry se congeló al escuchar su nombre, y tardó demasiado en corresponder el saludo.

Hagrid… Ese nombre lo había escuchado antes. ¡Por supuesto! Hagrid, la coartada de Tom, aquel que fue expulsado por guardar arañas asesinas en el armario.

¿Acaso estaban locos en la escuela? ¿Cómo se les ocurría mandar alguien así a buscarlo? Su corazón se congeló de repente. ¿Y si ese no era verdadero el motivo? ¿Y si Hagrid había oído hablar del diario de Tom mientras estaba en el colegio y todo era una tapadera para llevárselo?

No. Harry contempló un momento más al gigante, que continuaba hablando con entusiasmo sin reparar en que él ya no escuchaba. Se estaba comportando como un paranoico. Era obvió que Hagrid no sabía nada. Únicamente debía relajarse y continuar con su papel, y tal vez consultarlo con Tom más tarde. De ese modo todo saldría bien.

- En fin, Harry, se está haciendo tarde. Creo que deberíamos irnos ya. ¿Estás preparado?

- Claro - asintió, y después les dedicó una mirada a sus tíos, quienes no respondieron -. Volveré esta noche.

...

El viaje en tren hasta Londres tuvo matices contradictorios. Por un lado, Hagrid (y su evidente desconocimiento del mundo muggle), llamaba demasiado la atención para pasar desapercibido, y en consecuencia Harry tuvo que aguantar a montones de gente durante el trayecto no que apartaban la vista de él. ¡Odiaba que lo miraran! Por otra parte, a fin de distraerse, había pedido al gigante que le contara cosas sobres sus padres y su vida en Hogwats, y por muy estúpido que éste fuera, estaba claro que los conocía bastante bien. Realidad no del todo extraña considerando su posición de guardabosques.

De esta forma, Harry descubrió que su padre había jugado al quidditch con su casa del colegio desde su segundo año; primero como cazador, y a partir de cuarto año, en el papel de buscador. Y que a pesar de sus excelente notas, también había sido uno de los alborotadores más aclamados del colegio. Su madre, por el contrario, había sido Prefecta y Premio Anual, y en quinto curso había recibido el Premio Profeta a la mejor creadora de pociones femenina.

En algún punto, Hagrid se había emocionado y Harry temió que fuera a echarse a llorar.

- Lo siento, Harry, pero es que es tan triste… Pensar que unos magos como Lily y James, las mejores personas que podrían encontrar… Y todo por culpa de Quien-Tú-Sabes…

El buen humor de Harry se disipó al instante. Aparcó el tema de sus padres en algún lejano rincón de su mente y distrajo a Hagrid con preguntas estúpidas sobre Hogwarts que ya conocía, o cuyas respuestas no le importaban. ¡No quería oír hablar de Tom!

Para colmo, el paso por El Caldero Chorreante fue todavía peor. Un montón de magos débiles y estrafalarios tratando de acercarse a él y darle la mano, aplaudiéndole por un suceso que no recordaba, que había costado la vida a sus padres, y del que además no se sentía para nada orgulloso.

Irritado, Harry comprendió que era mucho más fácil fingir que aquella noche nunca había tenido lugar en la soledad de su dormitorio, donde Tom jamás lo mencionaba, que rodeado de magos empeñados en recordárselo. Él no era tonto. Sabía con exactitud cual era el verdadero nombre de Quien-Tu-Sabes. Entendía quien había asesinado a sus padres, y sabía que gracias a él mismo ahora un pedazo del alma de Voldemort vagaba sin rumbo, pues él había destruido su cuerpo cuando intentó matarlo.

Lo sabía, pero era mucho más fácil ignorarlo. No tenía sentido torturarse por ello. El pasado, pasado era, y el futuro aún estaba por llegar. ¿Por qué debería planteárselo? Él no iba a deshacerse de Tom, de ninguna de las maneras. Pero parecía que todos aquellos magos permanecían anclados en el tiempo, añorando gente muerta y temiendo un nombre que ya no significaba nada. Por el momento.

Para alivio de Harry, que no creía poder soportar más malas noticias, el Callejón Diagon fue el primer contacto con los magos que no lo decepciono. Al contrario, deseó tener diez ojos para poder abarcarlo todo. Cientos de tiendas multitudinarias, rótulos fluorescentes, cachivaches mágicos que brillaban, escaparates con escobas, calderos, pociones, túnicas, libros…

La primera parada fue Gringotts, el banco de los magos, propiedad de los gnomos. Harry recordó todo lo que Tom había mencionado sobre ellos, y se aseguró de permanecer siempre a buen recaudo con Hadgrid, sin fiarse un pelo de las taimadas criaturas. Después de recoger suficiente dinero en su cámara, acompañó al gigante a recoger otro pedido en la cámara setecientos trece.

Una vez fuera, fue momento de empezar a comprar.

Harry se proveyó de la mayoría de los materiales que indicaba la carta de Hogwats. Le hubiera gustado además conseguir algunos libros más serios de magia oscura, o tal vez alguno relacionado con la historia de las familia puras (tenía mucha curiosidad por las costumbres y rituales propios del clan Potter) o del linaje Slytherin (¿Su habilidad con la lengua pársel se debería a los antecesores de su padre o de su madre? ¿Podría la magia de algún squib descendiente de Salazar haberse manifestado varias generaciones después en Lily? Y si era así, ¿habría sido ésta también una hablante?). Pero por estúpido que fuera Hagrid, no iba a arriesgarse con él de aquel modo. Su curiosidad debería esperar al año siguiente.

Pese a todo, no quedó del totalmente insatisfecho con sus compras.

En años posteriores, Harry siempre diría que su primera visión real de un verdadero mago tuvo lugar en el interior de la tienda de Madam Malkin, mientras se proveía de túnicas para el colegio. Aprovechando la ausencia de Hagrid, había decido encargar también unas cuantas túnicas formales de mago y una de gala, siempre en tonos verdes, oscuros y plateados. Según Tom, un armario apropiado daba prestigio al nombre de mago, y además su diario le había asegurado que haría uso de ellas antes de que acabara el curso. Harry se fiaba de él. Tom nunca daba malos consejos.

La primera imagen que tuvo de él fue a través de los cristales de la ventana. El mago era alto, de espalda recta y hombros fornidos; aunque lo que más llamaba la atención en él era su cabello largo y rubio, completamente natural. Trasmitía una autoridad que muy pocos hombros sería capaces de igualar. Sin entender bien por qué, Harry se sintió irremediablemente atraído hacía él. Entonces comprendió. Poder. Aquel brujo lo irradiaba. Y apostaría su alma a que no se trataba de un mago luminoso.

Tan rápido como llegó a esa conclusión, el hombre se giró y sus ojos grises congelaron los suyos, atrapándolo en su mirada de hielo. Casi al instante, sus párpados se estrecharon y su rostro adquirió un matiz de sorpresa, casi de miedo. Era imposible que hubiera adivinado lo que pensaba, pero aun así la inquietud no se desvanecía su semblante.

Nervioso, Harry apartó la vista y le dio la espalda, concentrándose en el trabajo que Madam Malkin realizaba sobre la tela. Aún después de girarse, todavía fue capaz de sentir su mirada de hielo unos segundos más… hasta que la sensación desapareció de repente.

Harry respiró profundamente, tratando de relajarse. ¿Quién sería? Tenía sus sospechas, pero…

- ¿Hogwarst, no?

Aquella voz suave y susurrante, originada desde derecha, lo distrajo del dilema. Harry giró el rostro.

Ante él se encontraba un muchacho de aproximadamente su edad, con rostro, cabello y ojos exactamente iguales a los del sujeto de la ventana. Bueno, no exactamente iguales. Su cabello brillaba en el mismo color platino y su piel era igualmente pálida, la misma nariz recta y aristócrata; pero sus pópulos y la forma de su barbilla poseían, si cabe, un estilo más dulce armonioso que su progenitor (pues evidentemente, sólo podía ser su padre), menos agresivo.

Para Harry, la mayor diferencia de todas radicaba en los ojos. Aunque grises, mantenían el reflejo de una visión inocente y casi infantil de la vida, chispeantes, sin rastro del hielo perlado que momentos antes había conquistado y repelido a Harry a partes iguales. Era fácil preveer que algún día se convertiría un joven tremendamente atractivo, propietario de una belleza clásica que él mismo nunca alcanzaría.

- Si - respondió, sin perderse en aquel rápido análisis -. Primer año. ¿Y tú?

- Lo mismo - asintió rápidamente -. Estoy como loco desde que me llegó la carta; penas puedo contener las ganas de que llegue septiembre. Pero es una mierda que a los de primero no nos dejen llevar escobas propias, ¿no crees?

Harry se encogió de hombros. Aunque el vuelo despertaba cierta curiosidad en él, más que nada debido su padre, tampoco le interesaba especialmente. Tenía cosas mejores qué hacer con su tiempo. Como convencer a Tom para que le revelara la ubicación de la Cámara de los Secretos.

- Volar no está dentro de mis prioridades - reconoció con simpleza.

El otro muchacho frunció el ceño y volvió a examinarlo, como si estuviera reconsiderando su opinión sobre él.

- ¿Pero tú eres de los nuestros, no? - preguntó con recelo.

- Hijo de padres magos, si es a eso a lo que te refieres; aunque mis abuelos maternos eran muggles. De todos modos - se adelantó antes de que el otro pudiera decir algo ofensivo -, tanto mi padre y madre están muertos. Así que yo he tenido que criarme con muggles. Un asistente de la escuela me ha traído hoy hasta aquí.

- Criarse con muggles… - por la mueca de espanto del otro muchacho, éste pareció incapaz imaginar algo más espantoso. Aun así no tardó en retomar el tema -. Entonces, ¿cuál es tu apellido?

Entretenido por la conversación, Harry obvió su pregunta para formular la suya propia. Inmediatamente vio como el rostro del rubio se contraía y adquiría una posición defensiva.

- Tú eres un Malfoy, ¿no?

- ¿Cómo lo sabes?

- Echémosle la culpa a un amigo en común - sonrió de lado -. "Rubios, atractivos, prepotentes, y con capacidad e inteligencia suficiente para cumplir todas sus pretensiones." Así es cómo él describe siempre a los Malfoy. Tú encajas bien en el perfil.

Las orejas del muchacho adquirieron tintes rosados tras sus palabras, aunque no parecía realmente ofendido.

- ¿Qué amigo es ese?

- Si te lo dijera no me creerías. Aunque tal vez en Hogwarts, si cumples la tradición de tu familia y no acabas entre leones, un día me arriesgue y te lo cuente.

Por la expresión de su rostro, era evidente que esta vez Malfoy si se sintió ofendido. Por suerte, Madam Malkin llegó en aquel mismo momento y le ofreció a Harry su paquete. El chico sonrió amablemente, dio las gracias a la bruja y se acercó hasta la puerta, girando el rostro hacía niño justo antes de salir por la puerta.

- Espero verte en el expreso de Hogwarts, Malfoy - se despidió -. Me has caído bien. Y tal vez para ese entonces ya sepas mi apellido. O quizá deberías preguntárselo a tu padre. Estoy seguro de que él sí lo conoce. ¡Nos vemos!

Divertido con su expresión de confusión y sorpresa, comúnmente tan arrogante, Harry le dedicó un última sonrisa burlona, cerró la puerta tras de sí, y se perdió entre la gente del Callejon, que cada vez parecía más inundado de futuros estudiantes. A pesar de su prepotencia infantil, Malfoy realmente le había gustado, y esperaba con ansias volver a verlo en Hogwarts.

Pero por ahora, ¡prioridades! Debía encontrar a Hadgrid pronto, e ir a comprar juntos su varita. ¡Y sí! ¡Entonces, por fin, ya nada le impediría realizar magia!

...

La lechuza ululó suavemente mientras Harry posaba la jaula sobre la mesilla de su dormitorio. A pesar de su preferencia por los colores oscuros, debía reconocer que el animal realmente hermoso y muy inteligente, un buen regalo de parte del gigante. Aquello casi le había hecho olvidar su mención sobre Tom y el odio que había despertado hacía él por ello. Casi.

De todos modos, ahora no tenía tiempo de ocuparse de su lechuza. Había regresado de Londres bastante tarde y había encontrado a sus tíos más ansiosos de lo normal y, por tanto, más difíciles de controlar. Se había despedido de Hagrid con falso cariño, había degustado su cena rápidamente, y ahora por fin tenía tiempo para hablar extendidamente con Tom. A pesar de que el cuaderno no se había separado de él en ningún momento, había sido imposible para Harry arriesgarse a escribir en él rodeado de magos y a plena luz del día, y en consecuencia el muchacho apenas podía disimular ya su ansiedad. ¡Lo necesitaba tanto!

...

¿Tom?

~ ¡Harry! Empezaba a preocuparme… ¿Cómo te han ido tus compras? ~

¡Ha sido alucinante! Aunque te he echado mucho de menos. Pero creo que estaba equivocado… ¡Me encanta el mundo de los magos! Y eso, a pesar de que mandaron a un medio gigante para acompañarme… ¿Adivinas quién? ¡El idiota de Rubeus Hagrid! Me ha hablado de mis padres y me ha comprado una lechuza, pero aun así sigue siendo un imbecil.

¡Ah! ¡Y también me he encontrado con Malfoy en la tienda de túnicas! ¡Y a su hijo! Tenías razón. ¡Un mago alucinante! Y un niño muy guapo. Aunque no hemos hablado… Quiero decir, con su hijo sí, con él no.

¿Y sabes lo mejor? Es imposible que lo imagines… ¡Mi varita! ¡Es como la tuya! Compartimos núcleos gemelos. Aunque seguro que si Dumbledore se entera pensará que eso es porque estoy destinado a matarte o alguna estupidez por el estilo. ¡Pero Tom! ¡Nuestras varitas son iguales! ¿Puedes creerlo? ¿A qué es genial?

El muchacho liberó al fin la pluma y la depositó sobre su escritorio. Le dolía la muñeca, y sabía que debería haber escrito todo más despacio. ¡Pero es que se sentía tan impaciente! La desconfianza y el miedo que antes sentía ante la perspectiva de enfrentarse a otros magos ahora se había desvanecido. El mundo mágico le parecía maravillo, y necesitaba compartir esas emociones con Tom. ¡Especialmente lo de su varita!

~ Paso por paso, Harry. Me gusta verte tan entusiasmado, pero no puedo responder a todo a la vez. Primero explícame eso de nuestras varitas. ~

Harry sonrió. Era obvió que aquello era también lo que más interesaba a Tom. Cogió la pluma de nuevo y comenzó a escribir.

Está bien. Aunque tampoco hay mucho que explicar. El hombre, Olivader, dijo que la pluma de mi varita proviene de la cola de un fenix que dio sólo otra pluma más, y que esa otra pluma se había empleado para fabricar el núcleo de la varita de Quien-Tu-Sabes. Así que nuestras dos varitas son hermanas gemelas. ¿Qué crees que significa?

~ Mmm… Desde luego, esto confirma mi teoría de que tú y yo tenemos mucho más en común de lo que parece. Ambos hablamos parsel, ambos descendemos de Slytherin, ambos somos inusualmente poderosos… Incluso, a pesar del tiempo, nuestras vidas se parecen: ambos mestizos, huérfanos y criados por sucios muggles. Y ahora, además, varitas gemelas. ~

~ Tú y yo estamos unidos por el destino, Harry. Es importante que no lo olvides. ~

Harry sintió como su corazón palpitaba. ¡Unido con Tom! Siempre lo había sospechado, pero temía que fuera simplemente un deseo y no una realidad. Al fin y al cabo nunca había conocido a Tom cuando tenía cuerpo y se relacionaba con otras personas. Tal vez con ellas mantuviera el mismo trato que con él.

¡Pero no! Ahora Tom lo había reconocido. ¡Estaba unidos! Harry pensó que de todos los acontecimientos de aquel maravilloso día, ese era sin duda el mejor de todos.

~ Y cuéntame… ¿Qué es eso de Rubeus Hagrid? ~

La conversación se extendió hasta bien entrada la madrugada, cuando por fin el sueño amenazaba con vencerlo. Harry cerró el cuaderno, se acostó, apagó la luz de la mesilla, cerró los ojos y cayó dormido inmediatamente. A lo largo de toda la noche, sus labios permanecieron curvados en una sonrisa; y entre sus manos, abrazado, se distinguía el diario de Tom Riddle.


Agradecimientos:

A Himeno Sakura Hamasak, Shanon Lils (ambas sois conscientes de que tenéis la opción de recibir MensajesPrivados desactiviada? Os aviso por sí acaso es un error, o por si queréis activarla para que me sea posible responder vuestros reviews), Alexander Malfoy Black, Rubinegro, Princesa Vampirica, septimaluna, yami takeido, Maryaminx, Luna, Black, ValeriusCullen, AnaBrest15, Martelx, Johan Kira Expelliarmus y nina. Todos vosotros con vuestros comentarios me ayudásteis para que la historia prosperara, así que espero de corazón que hayáis disfrutado de este nuevo capítulo.


Aclaraciones sobre el capítulo.

Bien me interesa explicar este capítulo por partes. A lo largo de todo él, especialmente en sus referencias hacia Hagrid y en su forma de juzgar el mundo, vemos la fuerte influencia de Tom en Harry. Hasta ahora Riddle ha sido el único que le ha ofrecido la verdad y le ha enseñado el lado positivo del mundo, y sus opiniones tienen gran efecto sobre Harry. Aun así, el muchacho guarda una parte infantil todavía inocente, sin corromper (citando la palabra de un reviews)… Habrá que ver cuanto dura de esa manera, y hacía dónde evoluciona.

Es importante también tener presente que Harry es todavía un niño. A pesar de la seguridad que le ha imbuido Tom, y del fuerte poder que bulle en su interior y ya empieza a controlar, continua teniendo sólo diez años. Once para la conclusión del capítulo (disculpar que no lo mencionara, pero no quiero aburríos centrándome en sucesos que ya aparece mejor relatos en los libros). Esto tiene un gran relevancia a la hora de juzgar su comportamiento con Tom. Ha muchos os interesa saber la reacción de Harry cuando descubra lo de sus padres, pues bien, como queda claro en este capítulo, Harry lo sabe (ya dije que Tom nunca se lo había negado, simplemente evito centrarse en el tema), pero saber, sobre todo a la edad de once años, no es lo mismo que aceptar.

Los niños tienen la capacidad de obviar las cosas que les incomodan o les hacen daño, es un don que se pierde con la edad y la madurez, y Harry sin ser consciente está haciendo uso de él. Por eso odia que le mencionen la noche de Hallowen. Por un lado Tom/Voldemort mató a sus padres e intentó matarlo, por otro él mismo casi lo mata a él. Ello genera un conflicto de sentimientos (dolor, ira, confusión, culpa…) que Harry no está dispuesto a aceptar, así que simplemente evita pensar en el tema. ¡Importante! Por ahora. Por supuesto, Harry crecerá y llegará el día en que se encuentre con el tema de golpe, y entonces se verá obligado a hacerle frente. Pero paso a paso. En estos momentos Harry acaba de cumplir once años, quiere y necesita a Tom más que a ninguna otra personas, y sus padres para él son un eco lejano. Aunque le guste oir hablar de ellos, jamás podrían alcanzar la influencia que tiene Tom en su vida.

¡A otro tema! Harry, Hagrid y los Dursley. Para quien no haya quedado claro, Harry controla a los Dursley (al menos parcialmente), así no hay razón para que estos le impidan ver su correo o se lo lleven a una isla desierta donde ningún mago pueda contactarle. Así mismo, Harry ya conoce el mundo de los magos (por boca de Tom), de modo que opta por hacer creer a Hagrid que los Dursley se lo explicaron todo tal como decía la carta de Tom. De otra forma sería perder el tiempo.

Y por último, y no menos importante… ¡el encuentro con los Malfoy! Mi parte favorita y la que más me ha costado de escribir. ¡La quería tan perfecta que ha sido podidamente difícil quedar satisfecha con el resultado! He debido modificarla más de diez veces… ¿Vosotros qué opináis? ¿Estás satisfechos?

Lo cierto es que yo siempre he creído que JKR hace basing de los Malfoy, y pienso compensar haciendo todo lo contrario. ¡Harry en su modo infantil piensa que Draco es atractivo! Y eso que todavía no sabe ni su nombre… ¡Jeje! Y Lucius… sin duda es el quien más ha impactado a Harry. Y no me extraña. Lo pinten como lo pinten de cobarde en los libros y las pelis, a mi me parece un mago oscuro poderoso y sumamente inteligente.

La conversación con Draco genial. Demuestra toda la seguridad que Harry ha adquirido tras dos años con Tom. ¡Si hasta se atreve a jugar con él y todo! Pero en el fondo le ha caído bien. Si hasta está deseando volver a verlo… Bueno no sólo a él, al mundo mágico en sí mismo, pero dejad que me haga mis ilusiones (I love you, Draco! XD)

En fin amigos, supongo que está es toda explicación que necesita el capítulo. Espero de verdad que os haya gustado e intentaré subir el otro rápidamente. Sobre todo si me seguís animando como hasta ahora. Leo vuestros reviews y soe incapaz de resistirme: me pongo a escribir como una moto, aunque para eso tenga que hacer pellas en la universidad (XD).

Un saludo a todos y nos leemos de nuevo pronto. Cariñosamente, Anzu.