Capítulo 3

Tras su primera visita al Callejón Diagon, el resto del verano se sucedió rápidamente; quizá debido a las ansias de Harry por que llegara septiembre. El muchacho no perdió el tiempo. A pesar de estar incapacitado para hacer magia, cosa que odiaba profundamente, estudió exhaustivamente la teoría de los libros de la escuela, consultando con Tom cualquier duda, y para el final del verano Harry estaba convencido de que no tendría ningún problema con tres cuartos de la práctica de todo el año.

Conforme el uno de septiembre se acercaba en el calendario, el muchacho también hubo de plantearse el mejor modo de llegar a King Cross. Le disgustaba la idea de compartir un viaje tan importante con su tío, pero la única opción que quedaba si no era el tren. Y su lechuza y su baúl destacarían un poco entre los demás equipajes. Al final Tom terminó por convencerlo de usar a Vernon, pues como él decía "mejor mal muggle controlado, que varios muggles por controlar".

Aunque el rostro de su tío se desdibujó con disgusto, éste no se atrevió a replicar. Y Harry leyó también en su mente un marcado alivio por escapar de su presencia unos cuantos meses. No era sólo entusiasmo, era miedo. Con dulce emoción, Harry comprendió que su tío le temía. Las cosas no podían ir mejor.

La noche del treinta y uno de agosto, Harry se fue a dormir mucho antes de que oscureciera, pues planeaba llegar a la estación varias horas antes que los demás alumnos; necesitaba tiempo a solas para practicar magia y poner a prueba lo aprendido. Sus cosas ya estaban preparadas para su partida. El armario desierto, el escritorio vacío, el calendario despegado y la papelera llena de chismes sueltos, apuntes que había tomado esos días y que ya no tenían ningún sentido. Aunque los Dursley no se atrevían a entrar en su habitación, Harry dudaba que su influencia durara todo el año, y si esto ocurría, significaba que cualquier cosa que quedara suya podría convertirse fácilmente en comida para la basura, aún cuando más tarde él les hiciera pagar por ello.

Debido a esto, el baul que descansaba a los pies de su cama rebosaba. Harry se felicitó a sí mismo por haber pedido a Madam Malkin que cuando acabara sus túnicas especiales, las enviara directamente al colegio, y no a Prive Drivet, porque de otro modo no estaba seguro de que hubieran cabido. Los libros y utensilios, y las túnicas del colegio tenían prioridad.

En la única silla de la habitación, descansaba la ropa muggle que debería emplear mañana, antes de cambiarse en el Hogwarts Express y vestir por fin algo apropiado a su estatus de mago. Junto a ella, su varita y, aún más importante, el Diario de Riddle, elementos que a partir de mañana llevaría consigo siempre ocultos en el bolsillo interior de su túnica del colegio.

El despertador de la pequeña mesilla marcaba las cinco y cuarto, y aquella sería su última noche en Privet Drive, al menos hasta dentro de mucho tiempo.

….

Harry levantó la vista del libro que examinaba con atención instantes antes y frunció el ceño. Había llegado a la estación de King Cross a las seis y media de la mañana. Despedirse de su tío y cruzar el andén no supuso ningún problema. A la siete en punto el expreso de Hogwarts abrió sus puertas, y él se apresuro a levitar su baúl con un sencillo hechizo que había estado practicando en ese tiempo y guiarlo hasta un compartimento bien alejado de la cabina, casi al final, donde fuera más improbable que otros estudiantes lo molestaran cuando comenzaran a ocupar el tren.

Sin perder el tiempo, había garabateado a Tom que todo iba bien y que ya había llegado, y había empezado a practicar hechizos. Pasadas tres horas, ya había definido sus puntos fuertes: Encantamientos no suponía problema, Transformaciones le resultaba relativamente difícil, y los hechizos de Defensa parecían tan naturales en él como una extensión de su propio cuerpo. Sería uno de los mejores en Hogwarts.

Harry repasaba las instrucciones para realizar un complicado hechizo de metamorfosis selectiva, que sería muy conveniente aplicar sobre el Diario para que si otro estudiante lo leyera aparentase ser un aburridísimo libro sobre Astronomía, cuando unas risas lo distrajeron, e inmediatamente la puerta del compartimento se abrió. Cuatro niñas tontas, que debían ser un año más mayores que él, todas vestidas aún con ropa muggle, entraron hablando a gritos entre ellas y tomaron asiento en banco de enfrente, ignorándolo totalmente.

Harry frunció el ceño, molesto. Ni siquiera habían pedido permiso.

- Está ocupado - apuntó, en un esfuerzo por parecer educado.

Las niñas lo ignoraron.

Frustrado, Harry sintió como se le inflamaban las paletas de la nariz y lucho por controlarse a sí mismo. Necesitaba mantener la calma. No podía delatarse a sí mismo el primer día de colegio. Pero tampoco podía tolerar que permaneciesen allí impunemente. Sus gritos ya le estaban provocando dolor de cabeza y era evidente que con ellas jamás lograría realizar ningún hechizo coherente.

- ¡Disculpad! - repitió en un tono algo más elevado -. Os he dicho que el vagón está ocupado. Deberías buscar otro compartimento.

Esta vez si le escucharon. Algunas se callaron y se giraron para mirarlo despectivamente. Una de ellas, la parecía la líder, rubia de pelo rizado y con muchas pecas, se encaró contra él.

- ¿Y tú quién eres para ordenarnos nada? Ni siquiera debes de haber empezado primero todavía…

Harry contrajo los labios. ¡Niña idiota! Seguro que era de sangre muggle. ¿Qué quién era él? Pretendía mostrárselo. Pero antes de que pudiera actuar, una voz se le adelantó.

- Él es Harry Potter, estúpida. Así que ya podéis largaros de aquí antes de que os pateé el culo como en su día hizo con el Señor Tenebroso.

Las niñas miraron al niño que se había entremetido con evidente incredulidad, pero entonces una de ellas reparó en la cicatriz de la frente de Harry, chilló, chillaron, y tras una grave conmoción general, escaparon de allí disculpándose. Harry sonrió divertido, mientras giraba la vista hacía la puerta. Efectivamente, allí, en todo su esplendor, el joven Malfoy le devolvía la mirada.

- Veo que por fin has averiguado mi nombre.

- Seguí tu consejo y me golpeé la cabeza por no haberlo adivinado antes - respondió el muchacho rubio con soltura, mientras se introducía en el compartimento - Aunque a mi favor añadiré que tú no eras exactamente lo que esperaba. ¿Te importa? - señaló el asiento al frente de Harry.

- Adelanté - lo invitó el muchacho con un movimiento de cabeza. Después lo examinó curioso -. Lo cierto es que ahora juegas con ventaja. Yo aún no se cómo te llamas.

- Supiste que era un Malfoy - recordó el otro.

- Si, pero no conozco tu nombre.

- En tal caso me presentaré. Draco Malfoy. Un placer encontrarte de nuevo, Harry Potter.

Harry sonrió ante su formalidad, tan propia de las familias sangre pura, y estrechó la mano que le tendía.

- Igualmente, Draco. Agradezco que me hayas librado de esas idiotas. Y dado que has sido tú quien ha venido a buscarme… ¿doy por hecho que te agrada el que no sea lo cómo esperabas?

Draco abrió la boca y después volvió a cerrarla, y Harry vio como sus orejas se coloreaban. Curioso. En su encuentro de Madam Malkin también había sucedido. Siempre que se ponía nervioso. Harry sospechó que Draco había escuchado alguna conversación entre sus padres y, sin querer, había hablado de más.

- Bueno… no imaginaba que el famoso niño-que-vivió crecería criado por muggles. Es todo.

Harry se encogió de hombros.

- A Dumbledore le convenía tenerme controlado. Ser él el primero en decirme quien soy y así obtener mi lealtad - explicó despreocupadamente.

Su compañero de compartimento parpadeó varias veces, sin creer lo que escuchaba.

- ¿¡Dumbledore fue quien te dejó con los muggles! Entonces… ¿él no te gusta?

- ¿Gustarme? - el rostro de Harry se torció en una mueca y, por primera, vez sus ojos verdes adquirieron un matiz peligroso - Lo odio. Lo detesto. Y cuento con que él no se entere hasta que sea demasiado tarde. ¿Me entiendes?

- No diré ni una palabra - aseguró el rubio inmediatamente.

- Bien - tras su promesa, Harry se relajó al instante, volviendo a ser un normal niño de once años -. Y mejor cambiemos de tema. Estaba investigando un hechizo de conmutación selectiva antes de que esas idiotas llegaran. ¿No lo habrás intentado tú alguna vez? La verdad, es tan difícil que no consigo que me salga.

El resto del viaje lo pasaron practicando magia y hablando sobre temas diversos. Harry se mostró muy curioso con todo lo que contaba Draco referente a su familia y a las tradiciones sangre pura, y apenas cupo en sí de alegría cuando el rubio prometió prestarle un libro heredado por los Black durante generaciones: Costumbres y ritos mágicos ancestrales: desde Salazar, hasta nuestros días. Seguro que Tom lo aprobaba.

También charlaron sobre el colegio, los profesores, el castillo… En algún momento, Draco se vengó de su comentario en Madam Malkin, diciendo que era el propio Harry quien más posibilidades tenía de terminar entre leones.

- Al fin y al cabo tus padres fueron Gryffindor - argumentó -. Y toda mi ha estado en Slytherin.

Harry inmediatamente se sintió ofendido. ¿Él? ¿En la casa de un idiota como Hagrid? ¡Ja! Tom se burlaría de él durante semanas si ocurriera… Draco merecía una lección por sugerirlo. Harry curvó los labios y permitió que su lengua se deslizara hábilmente entre ellos, dando lugar a una serie de silbidos. Con sano placer, observó como los ojos del otro se ampliaban y un escalofrío recorría su cuerpo.

- ¿Eso es… lo que creo que es? - preguntó con voz tomada; la sonrisa de Harry se hizo más pronunciada -. ¿Qué significa?

- Significa que mi lugar está entre las serpientes, Draco. No lo dudes.

Algunas horas más tarde, cuando el carrito de la comida se detuvo frente a su compartimento, tanto Harry como Draco se gastaron varios galeones en adquirir provisiones. A continuación, el rubio se extendió en una larga diatriba sobre las distintas golosinas propias del mundo mágico, todavía incapaz de creer que él nunca hubiera probado las ranas de chocolate.

- Si que debió ser horrible crecer entre muggles…

Harry pensó que el hecho de no tener acceso a ese tipo de golosinas había sido el menor de sus problemas cuando los Dursley decidían dejarlo sin comer días enteros, pero no se lo dijo a Draco. Aquel tipo de pensamientos tan íntimos sólo se sentía cómodo expresándoselos a Tom. En su lugar, prefirió seguir escuchando al muchacho, que ahora divagaba sobre el potencial peligro de las Grageas Bertie Bott de todos los sabores.

Sobre la mitad del trayecto, la puerta de su compartimente volvió a abrirse y, en está ocasión, entraron por ella dos niños de su misma edad, aunque ambos bastantes más corpulentos. Malfoy se los presentó como Crabbe y Goyle.

- ¡Crabbe! ¡Goyle! ¿Qué estáis haciendo aquí? Os dije que buscarais otro compartimento.

Ambos muchachos, que en opinión de Harry carecían de muchas luces, se encogieron de hombros y aguantaron la reprimenda en silencio, pero parecían perdidos sobre qué hacer a continuación. Draco suspiró teatralmente y miró a Harry.

- ¿Te importa si se quedan?

Tras examinarlos unos instantes, asegurándose de que no representaban peligro alguno, el propio Harry se encogió de hombros con indiferencia, dando su aprobación.

Más tarde, Draco explicaría a Harry, que ambos, Grabbe y Goyle, se hallaban ligados con él por una deuda de sangre contraída varias generaciones atrás, cuando un bisabuelo suyo salvo la vida a dos de sus antepasados. Ahora las familias de Vicent y Gregory servían a la familia Malfoy hasta que lograran salvar al deuda. La lastima que pudo sentir Harry por dos niños obligados desde pequeños a servir a un tercero, sin jamás traicionarlo, fue socavada por la intensa fascinación que le producían las intrínsecas y viejas formas que tenía la magia de manifestarse; la naturalidad con que, si se la escuchaba, influía sobre la vida de los hombres.

Cuando finalmente el tren se detuvo en la estación de Hogsmeade, ya había anochecido. Diversos nubarrones se agalopaban en el cielo, pero la luna sobresalía por encima de ellos, llena e imponente, con un alo plateado que bañaba el planeta con un efecto mágico. Harry descendió del vagón seguido de Draco, y trató de divisar las cabañas del pueblo a lo lejos, pero todo cuanto vio fueron sombras y formas, y una maraña de estudiantes que abandonaban el tren y luchaban por alcanzar los carruajes. Una voz grave y potente resonó desde las orillas del lago.

- ¡Primer año! ¡Primer año por aquí, por favor! ¡Cruzaréis el lago y llegareis al colegio en bote! ¡Vamos! ¡Los de primer año…!

Harry frunció el ceño. Reconocía esa voz, aunque hubiera preferido no volver a escucharla. El idiota de Hagrid. Inmediatamente su mente entró en conflicto. Deseaba ignorar al gigante y escoger un bote con Draco, pero aquel no era el comportamiento que se esperaba de Harry Potter. Y había insistido mucho en no llamar la atención. El muchacho maldijo entre dientes.

- Tú ve con Crabbe y Goyle - indicó a Draco -. Tengo algo que hacer.

No se quedó para ver la expresión descontenta que se formó en el rostro del rubio. Cruzó al otro lado del andén y espero a que la multitud se fuera dispersando. Después se acercó al gigante.

- ¡Hola, Hagrid! - sonrió al híbrido.

- ¡Harry! ¡Estaba deseando volver a verte! ¿Qué tal el viaje?

- No ha estado mal.

- Me alegro. ¿Me acompañas a los botes?

El muchacho asintió y hubo de apresurarse para seguir el paso al gigante. Imbécil. Pero cuando el bote que compartía con Hagrid se introdujo en el lago y doblo el primer recoveco, todos sus demás pensamientos quedaron en el olvido.

En algún lugar de su mente hicieron eco las palabras de Tom. "La primera vez que mis ojos se posaron en Hogwats, lo confundí con un espejismo demasiado perfecto para ser real. El Castillo se alzaba sobre el peñasco de una colina y brillaba con luz propia. Las inmensas paredes de piedra ascendían imponentes y traspasaban las nubes. Un aura dorada rodeaba su esqueleto. Sentí que Hogwats llegaría a ser mi hogar porque Hogwarts es mucho más que un castillo. Es magia pura ."

Harry comprendió finamente lo que Tom había querido expresar, y deseó que, con el tiempo, el castillo llegara a significar tanto para él como para su más intimo amigo.

Cuando los botes alcanzaron tierra, Hagrid tomó el mando de nuevo y condujo a los alumnos por estrechos pasillos y pasadizos, hasta desembocar en un inmenso vestíbulo donde los recibió una bruja de aspecto severo, vestida con una túnica verde esmeralda y un sombrero bombacho. Harry se mantuvo rezagado en todo momento, observando a su alrededor y grabando las impresiones que recibía.

- Los de primer año, profesora McGonagall - ofreció el gigante.

- Muchas gracias Hagrid, yo los llevaré desde allí.

Siguieron a la profesora McGonagall a través de un camino señalado en el suelo de piedra. Harry podía oír el ruido de cientos de voces, que salían de un portal situado a la derecha (el resto del colegio debía de estar allí), pero la bruja llevó a los de primer año a una pequeña habitación vacía, fuera del vestíbulo. Se reunieron allí, más cerca unos de otros de lo que estaban acostumbrados, mirando con nerviosismo a su alrededor.

A continuación, procedió a dar el discurso de bienvenida que Harry esperaba, y después rogó a los alumnos que esperan allí unos instantes hasta que diera inicio la Ceremonia de Selección.

Harry examinó su alrededor con detenimiento. Amplias antorchas de cobre, iguales a las de Gringots, otorgaban luz a una sala cuyas paredes cuadrángulares se hallaban cubiertas de inmensos cuadros y retratos animados. Las baldosas estaban hecas de mármol blanco, y una pequeña estantería de libros condecoraba el centro de la sala. No había más adornos.

Sin sentirse atraido por nada en especial, Harry paso a examinar al resto de los alumnos, algunos de los cuales se convertirían pronto en compañeros suyos durante los cursos que permanecieran en Hogwats. Excepto por uno o dos rezagados, la mayoría se había concentrado en un solo punto, y parecía absorta en la discuión que se desarollaba frente a ellos. A Harry no le extraño que Draco fuera uno de los protagonistas de la misma, pero al otro, un pelirrojo con pecas, no lo conocía de nada.

Sólo por sus gestos se hacía evidente que la conversación entre ambos no era amigable, pero Harry tardó algo más en descubrir que él era el punto de la discusión.

- ¿Y en qué te basas para afirmar eso, Weasly?

- Bueno, Malfoy. Es obvió que si ninguno de nosotros a visto a Harry Potter en el tren, es porque llegará a Hogwarts por otros métodos. Después de todo, él es El-Niño-Que-Vivió. ¿O me as a decir que tú si te lo has encontrado?

Los ojos de Draco resplandecieron de un modo extraño, y su boca se torció en una sonrisa prepotente.

- ¿Y qué si así fuera? - contraatacó.

- ¡Ja! ¿Nos tomas el pelo? ¿Qué iba a hacer él con un Malfoy? Todo el mundo sabe que en tú familia sólo ha habido Slytherin.

Se escuchó un coro de voces de apoyo y el pelirrojo sonrió confiado.

- ¿Y eso es un impedimento? - por su tono de voz, Harry juzgó que Draco comenzaba a enfurecerse de verdad -. Ah! ¡Espera! ¡Que tu amado San Potter se pudriría antes de tener contacto con un Slytherin! Es eso, ¿no?

- Evidentemente, Malfoy - Weasly no captó el sarcásmo, sino que asintió arrogante -. Después de todo fue él quien mato al Que-No-Debe-Ser-Nombrado. Es obvió que acabará en Gryffindor. No por nada es la casa de Dumbledore.

Harry pensó que con aquello ya era suficiente. Antes de que Draco terminara de abrir la boca para replicar, él mismo dio un paso al frente.

- Pues yo no creo que Harry Potter termine en Gryffindor - afirmó con rotundidad frente a todos, sin que nada en su voz y su postura reflejara el tremendo enfado que sentía.

Un imbecil como ese Weasly no tenía derecho a hablar y presuponer cosas sobre él. ¡Y muchísimo menos a denigrar el nombre de Tom con sus labios!

El pelirrojo le lanzó una mirada despectiva.

- ¿Y tú quien eres? Por si no te has dado cuenta, aquí nadie te ha llamado.

- Bueno, dado que yo soy Harry Potter y la discusión trata de mí, me he sentido con derecho a intervenir. Pero tal vez la próxima vez deba pedirte antes permiso - concluyó con sacasmo, ignorándo el murmullo de voces y susurrós que se había alzado a su alrededor.

- ¿Tú…? ¿Tú eres Harry Potter?

- Si - Harry apartó el pelo que cubría su frente y mostró su cicatriz a todos -. Yo soy Harry Potter. Y sinceramente, me trae sin cuidado la casa en que me pongan - mintió -. Pero si tú vas a ir a Gryffindor, me aseguraré de quedar muy lejos de los leones.

El rostro de Weasly adquirió el mismo color que su pelo. Abrió y cerró la boca varias veces, tratándo argumentar cualquier cosa, pero sus ideas debieron esfumarse con el susto porque no fue capaz de pronunciar nada. Harry sintió que las levísimas, pero levísimas, cosquillas que había sentido en la punta del estómago tras tomar protagonismo de aquella manera, desaparecían con un regusto dulce por la victoria. A su lado, Draco también sonrió victorioso.

La profesora McGonagall apareció en aquel mismo instante, y nadie fue capaz de añadir nada más. Con su seriedad habitual, la bruja pidió que la siguieran y los condujo a todos hasta las puertas del Gran Comedor, que no tardaron en abrirse para ellos. Por segunda vez en aquel día, Harry contuvo el aliento.


Lo dejo ahí. Lo cierto es que yo habìa planeado añadir también la selección al capítulo, pero la largura del mismo se me fue de las manos, me alargaba, me alargaba... y nunca acababa. Así que una pregunta a los lectores para capítulos posteriores: ¿Qué preferís? ¿Capítulos muy largos, pero más esparcidos en el tiempo? ¿O capítulos algo más breves, como los que he ido subiendo, pero con actualizaciones más frecuentes? Me vendría muy bien saberlo, así que, por favor, responded con vuestras preferencias.

Ahora, centrándonos en el capítulo, espero que lo hayáis disfrutado. Como veis ha habido mucha interacción Harry/Draco, que me encanta. Y respecto a Ron... espero que ninguna fan se haya sentido ofendida. A mi la verdad es un personajes que me gusta bastante en los dos primeros libros, luego ya comienza a decaer progresivamente. Lo muestran demasiado rencoroso, egoista, envidioso, infantil... y en fin, que deja de gustarme. Aunque si por algo le guardo rencor a Ron es porque creo que sino fuera por él y sus cuentos sobre magos oscuros, Harry hubiera acabado en Slytherin, aceptando sin prejuicios la decisión del sombrero. De todos modos, que conste, no le estoy haciendo ni le haré basing al personaje. Ni tampoco voy a crear un comportamiento OCC para él. En mi opinión sus acciones y palabras del capítulo van bastante acorde a los libros, aunque desde la pespectiva opuesta (no es él el amigo de Harry, sino al revés.) Si alguien no está de acuerdo, por favor, que lo diga. E intentaré modificar su conducta.

Y para quienes quderías saber a que casa va Harry, me temo que a pesar de lo dicho tendréis que esperar a un nuevo capítulo. Aunque él parece decidido a ir a Slytherin, quizña os llevéis una sorpresa. Si recibo muchos reviews en estos días, prometo que tendréis el nuevo capi antes de que llegué el miércoles. (Chantaje, si. Chantaje del bueno. ¿Pero qué el voy a hacer? Me encantan vuestros comentarios XF).

Un saludo muy fuerte tomodachis, con cariño slytherin, Anzu.