Disclaimer: Harry Potter no me pertenece. Pertenece a su escritora. JK ROWLING.


Capítulo 4

A pesar de las extensas descripciones de Tom, la imaginación de Harry no alcanzaba a dibujar un lugar tan absulotamente expléndido. El inmenso salón se encontraba iluminado por miles y miles de velas, que flotaban en el aire sobre cuatro grandes mesas, donde los demás estudiantes ya estaban sentados. En las mesas había platos, cubiertos y copas de oro. En una tarima, en la cabecera del comedor, había otra gran mesa, donde se sentaban los profesores. Situados entre los estudiantes, los fantasmas tenían un neblinoso brillo plateado.

Pero aquello no fue lo más impactante. Inmediatamente, tras entrar en el Gran Comedor, una inmensa concentración de poder lo sacudió. Y, de nuevo, como la vez que se había encontrado con Lucius Malfoy, Harry se sintió inflamado… además de otra sensación que no supo identificar. Una que se debatía entre el extasis y la repulsión más absoluta. Pero al contrario que con Malfoy, éste poder era menos oscuro, y sin embargo más dañino para su propio cuerpo. Le trasmitía connotaciones negativas y dolorosas.

Harry supo en seguida de quien se trataba. Sólo una persona en toda Inglaterra sería capaz de hacerlo sentir de aquella manera. Dumbledore. Y con todas sus fuerzas, se esforzó por continuar con la vista clavada en el suelo y no desviarla hacía el director, pues desconocía totalmente lo que podrían mostrar sus ojos en ese momento, y no se sentía capaz de controlarlos.

Necesitaba relajarse y que su corazón se calmara. Harry respiró profundamente y trató de distraerse mirando a su alrededor. A su lado, Draco hacía señas a Crabbe y Goyle para que avanzaran mientras se burlaba de Weasley dedicándole muecas. Al frente, la profesora McGonagall continuaba avanzando hacía el sombrero raído que realizaría al selección. A Harry le costó creer que en su día aquella cosa hubiera pertenecido al gran Godric Gryffindor, pero supuso que su aspecto estrambótico era culpa del tiempo. A su otro lado, un chica de pelo alborotado y dientes de ratón miraba el techo y murmuraba entre dientes a nadie en especial: "Es un hechizo para que parezca el cielo de fuera. Lo leí en Historia… de Hogwarts".

Dado su aspecto nervioso y su expresión, Harry supuso que era hija de muggles. También pensó que era vergonzante que una muggleborn supiera más de la magia de Hogwarts que muchos hijos de magos que se paseaban por allí con la boca abierta, como el tal Weasley. Pero no tuvo tiempo de pensar nada más. Finamente la procesión se detuvo, y el Sombrero separó las rajas que hacían de labios y comenzó a recitar.

Oh, podrás pensar que no soy bonito,
pero no juzgues por lo que ves.
Me comeré a mí mismo si puedes encontrar
un sombrero más inteligente que yo.
Puedes tener bombines negros,
sombreros altos y elegantes.
Pero yo soy el Sombrero Seleccionador de Hogwarts
y puedo superar a todos.
No hay nada escondido en tu cabeza
que el Sombrero Seleccionador no pueda ver.
Así que pruébame y te diré
dónde debes estar.
Puedes pertenecer a Gryffindor,
donde habitan los valientes.
Su osadía, temple y caballerosidad
ponen aparte a los de Gryffindor.
Puedes pertenecer a Hufflepuff
donde son justos y leales.
Esos perseverantes Hufflepuff
de verdad no temen el trabajo pesado.
O tal vez a la antigua sabiduría de Ravenclaw,
Si tienes una mente dispuesta,
porque los de inteligencia y erudición
siempre encontrarán allí a sus semejantes.
O tal vez en Slytherin
harás tus verdaderos amigos.
Esa gente astuta utiliza cualquier medio
para lograr sus fines.
¡Así que pruébame! ¡No tengas miedo!
¡Y no recibirás una bofetada!
Estás en buenas manos (aunque yo no las tenga).
Porque soy el Sombrero Pensante.

El comedor entero estalló en aplausos, aunque a Harry le pareció una canción bastante arrímica y absurda. Al menos, había relatado bien las cualidades de cada casa.

A continuación la profesora McGonagall sacó un pergamino y comenzó a llamar a los alumnos por orden alfabético, para que fueran designados a su casa. Hannah Abott fue a Hufflepuff. Susan Bones a Ravenclaw. Justin Finch-Fletchley de nuevo a Huflepuff. Hermione Granger a Gryffindor. Y así sucesivamente.

Cuando le tocó el turno a Draco éste le dio unas palmaditas de despedida en la espalda disimuladamente, antes de dirigirse a la tarima.

- Te veo en un momento.

Harry sonrió satisfecho de que el muchacho tuviera ya tan claro que él lo acompañaría a Slytherin. Y efectivamente, nada más rozar su cabeza, el sombrero lo envió a la casa de las serpientes. Si. Se verían allí pronto. ¡Y Tom se sentiría tan orgulloso de él cuando se lo contara!

Después de que la profesora McGonagall pronunciara su nombre, Harry sintió un nuevo rebullo de nervios conocidos volver a instalarse en su estómago. Avanzó. No se sentía inseguro, pero nunca le había gustado ser observado y, en aquel momento, era el blanco de todas las miradas, incluida la de un poderoso mago que si leía su mente sería capaz de matarlo.

Tal vez su rehuismo social tuviera que ver con el hecho de haber crecido en un armario y haber pasado días enteros hablando únicamente con un Diario, pensó Harry divertido. Después sonrió ante su propio sarcasmo. Decidido está vez a mostrar seguridad, alcanzó el taburete sin ningún contratiempo. Se sentó, e inmediatamente sintió un peso extraño en su cabeza. La profesora McGonagall le había colocado el sombrero.

- Mm - susurró una vocecita en su oreja -. Difícil. Muy difícil. Astuto. Lleno de valor, lo veo. Tampoco la mente es mala. Hay talento, oh vaya, sí, y una buena disposición para probarse a sí mismo, esto es muy interesante... Entonces, ¿dónde te pongo?

Harry gruño. Que acabara de una vez y lo mandara a Slytherin.

- Slytherin ¿eh? Desde luego, es la casa que te pertenece por derecho y ya has comenzado a confraternizar con ella. Podrías ser muy grande, lo tienes todo en tu cabeza y Slytherin te ayudaría en tu camino a la grandeza… Pero, ¿es tu elección, o es otra persona quien te induce a ella?

Lo sabe, adivinó Harry alarmado. Pero el sombrero no parecía dispuesto a mencionar a Tom directamente.

No me importa, pensó. Slytherin es mi elección. Es lo que soy. ¡Envíame a Slytherin! ¡Slytherin! ¡Slytherin! ¡Slytherin!

- Está bien - cedió la voz que sonaban su oído -. Si es lo que deseas, Slytherin será. Tienes un destino interesante, Harry Potter. Y tu mente esta plagada conflictos y emociones que tú todavía ignoras y que no estás preparado para afrontar. Pero el momento llegará, y entonces sólo tú podrás decidir tu camino. No olvides que no son nuestras características lo que nos define, sino nuestras decisiones. Por ahora, mejor que seas…

- ¡SLYTHERIN!

La última palabra resonó para todo el comedor. Harry suspiró tremendamente aliviado; sonrió profundamente y entregó el sombrero a McGonagall. Después se dirigió hacía su casa.

Su mente todavía estaba embotada tras la última advertencia del sombrero, descifrando los posibles significados, y, tal vez por ello, mientras caminaba hacía la mesa del fondo, apenas fue consciente de los cientos de ojos que se clavaban en él asombrados, como aquellos azules que escanearon su espalda con atención y sospecha, u aquellos otros negros que lo taladraron con una mezcla de confusión, ilusión y desagrado. Tampoco se percató de cómo su propia casa, demasiado impactada, guardaba el más absoluto silencio tras su selección, hasta que, harto, Draco se ponía en pie y comenzaba a aplaudir y a vitorearlo, siendo imitado a coro primero por Crabbe y Goyle, y casi inmediatamente, por el resto de los miembros.

De esa forma, ignorante de aquello, Harry continuó andando, arrinconó las palabras del sombrero para analizarlas más tarde, y se dejó caer al lado de Draco en el banco, feliz y aliviado de pertenecer por fin a la casa Slytherin. Su casa.

- Has tardado tanto que estuve a punto de creer de verdad que te enviaban a Gryffindor - le susurró el muchacho rubio, una vez los aplausos cesaron y la profesora McGonagall continuó llamando gente.

- ¡Bah! - desechó Harry. Ahora que el momento había pasado, incluso se sentía capaz de bromear sobre ello -. ¡Ni lo sueñes, Draco! Lo que pasa es que mi cabeza es demasiado interesante para ser desechada tan rápidamente. Creo que el Sombrero Seleccionador ha estado a punto de pedirme un autógrafo.

Draco se tomó a bien la broma.

- Pues que no se entere Weasley, o dentro de nada lo tendrás contando que la fama del gran Harry Potter es tal, que hasta está siendo acosado por sombreros.

Harry se sonrojó por la alusión y golpeó con su puño el hombro de Draco juguetonamente. Continuaron escuchando en silencio. Algo más tarde, la selección concluyó y el director se puso en pie, dando la bienvenida a todos y pronunciando cuatro palabras sin sentido.

- ¡Papanatas! ¡Llorones! ¡Baratijas! ¡Pellizco!... ¡Muchas gracias!

Viejo inútil, pensó Harry. Pero no lo dijo. Los platos dorados se habían llenado repentinamente de deliciosa comida, que recordó a Harry lo hambriento que estaba. ¡No había tiempo que perder!

A pesar de que Petunia tenía un don para la cocina, y de que en los dos últimos años Harry no se había privado de nada que su tía cocinara, las recetas de los elfos de Hogwarts no tenían comparación. Pudín de hígado, suflé de ternera, chuletas de cerdo, patatas fritas y asadas, guisantes tostados, salchichas en salsa, legumbres, pasta, ensalada… Por mencionar sólo unas pocas. Lo único malo de aquella cena, pensó Harry al final, con el estómago lleno, es que todo estaba tan delicioso que para el momento del postre apenas le quedaba hueco. Aun así, dio cabida a la tarta de melaza, las natillas, las fresas con nata, el bizcocho borracho, los relámpagos de chocolate (que propiciaron alguna que otra burla de parte de Draco), la jalea, y el arroz con leche.

Cuando finalmente los postres también desaparecieron, el director se puso en pie y dio inicio al discurso de comienzo de año. En ese momento, a Harry se le hizo particularmente difícil ignorar a Dumbledore, por lo que decidió fingir vergüenza y no despegar la vista de su plato vacío. Sabía que tarde o temprano tendría que superar ese miedo a mirar al director, o al menos ser capaz de manejarlo, pero el día había sido demasiado intenso, la conmoción derivada del poder de su aura demasiado reciente, y el propio Harry se sentía demasiado cansado para intentarlo esa misma noche. Mañana tendría otra oportunidad.

Pensó en Tom y en la cantidad de cosas que deseaba contarle, en el castillo y en sus ansías porque empezaran las clases, en Draco y en que por fin tenía un amigo, en su casa y en que había sido destinado a Slytherin… Tan abstraído, ni siquiera reparó en el momento en que Dumbledore dejaba de hablar y el Comedor entero estallaba en aplausos. El rubio tuvo que darle un codazo para que se levantara.

- Venga - le susurró -. Tenemos que seguir a los prefectos.

A diferencia de las otras casas donde reinaba el alboroto, Slytherin procedió siempre en exquisito silencio y ordenadamente. Los prefectos de quinto año, Alexander Nott y Helena Dux, pidieron por favor a los nuevos alumnos que los siguieran y los guiaron a través del vestíbulo hacía las mazmorras. Harry sintió como el corazón se le ensanchaba cuando se detuvieron ante un lienzo con el escudo de Slytherin.

- Morgana La Fey.

El lienzo se abrió por la mitad dando paso a un estrecho pasadizo de piedra. Los alumnos se introdujeron por él y, finalmente, Harry desembocó en la sala común. Se trataba de una habitación enorme, y muy elegante. Las paredes oscuras se encontraban decoradas por enormes cortinas y cuadros. No había ventanas. Los sofás eran de cuero negro y los muebles hechos de ébano oscuro. Había estanterías llenas de libros en las esquinas y varias chimeneas. Lo más espectacular era la cristalera del fondo, que parecía abrirse directamente al lago, aunque el agua no entrara. Harry contempló su alrededor maravillado.

Los prefectos dieron un paso al frente.

- Ésta será vuestra sala común. La única entrada a ella es la que ya habéis utilizado. Las contraseñas cambiaran cada veintiún días. Este año, costaran siempre de nombres de brujas y magos famosos repudiados por el Ministerio debido a su política reclusiva contra la rama más oscura de la magia. En pocos instantes - continuaron tras una pequeña pausa -, procederemos con la ceremonia de selección. Si sois tan amables, formad una fila, por favor.

El grupo de primer año se apresuró a cumplir las indicaciones. Harry reparó en que el resto de alumnos había formado un amplio circulo a su alrededor, y los observaba fijamente.

- ¿Qué es lo que pasa? - preguntó a Draco en un susurró, totalmente desconcertado.

El rubio sonrió prepotente.

- Los Slytherin realizamos nuestra propia selección a principio de año, mucho mejor que la del sombrero. Fíjate.

Harry lo hizo. El primero de la fila, un muchacho de piel oscura y sonrisa arrogante que se identificó como Blaise Zabini, avanzó unos pasos hasta quedar frente aun extraño cuadro que parecía realmente viejo, y que estaba enmarcado por unas cintas de plata, no de oro. En su interior podía verse la figura de un joven caballero con el cabello azabache recogido en una cola, y los ojos de color verde esmeralda, sorprendentemente similares a los de Harry. Su porte y sus ropas se asemejaban a las de un noble antiguo, pero alrededor de sus hombros se deslizaba una cobra real de escamas negras y plateadas. Harry se sintió inmediatamente atraído hacía él, y hubiera jurado que las pupilas de ambos se movían hasta encontrarse de frente con las suyas, y que sus labios se deslizaban en un susurró serpentino que lo hechizaba completamente.

Sin embargo, lo más sorprendente, sucedió cuando la serpiente, inmóvil hasta entonces, cobró vida y materializo su cabeza fuera del cuadro. Por el rabillo del ojo, Harry vio a Zabini tensarse, pero estaba demasiado absorto en la imagen para reparar en el otro muchacho. La cobra se acercó a su cuello y, con un susurró hipnotizante, hincó los colmillos hundiéndolos en su piel. Zabini gruñó, y Harry sintió un profundo calor surgir en alguna parte de su cuerpo y ascender hasta sus mejillas. El corazón le latía rápidamente.

- Siguiente - la voz de los prefectos parecía venir de muy lejos.

Cuando llegó el turno de Draco, el muchacho lucía pálido y tenso, pese sus intentos por mantenerse sereno. Era evidente que, por muy orgulloso que se sintiera de las costumbres de su casa, no le agradaba la idea de ser mordido en el cuello por una cobra de aspecto venenoso. Después le tocó a Harry.

Avanzó hacía el cuadro lentamente, a pesar de que el miedo o la inquietud no formaban parte de sus emociones en ese instante. Pero no quería despegar la vista de la serpiente. La cobra también se movió hacía él, y sus ojos parecían proyectarse hacía el interior de su propia mente. Permaneció inmóvil unos instantes frente a frente, y después se deslizo hacía su cuello.

El primer roce de sus escamas fue helado y, sin embargo, a Harry le resultó tan abrasador como una caricia de fuego. Su respiración ya estaba acelerada. Por alguna razón, se fijó de nuevo en el joven del cuadro. Su rostro era hermoso, mucho más hermoso de lo que había juzgado en un primer momento. El cabello poseía el color aterciopelado del cielo en sus noches más oscuras, y su piel estaba desposeída de cualquier rastro de impureza. Sus facciones eran finas y elegantes, y su nariz recta y totalmente simétrica. Pero lo que más destacaban era sus ojos, que parecían tener vida propia. Completamente verdes, licuosos, el resultado de una esmeralda fundida. Y se clavaban en él, fijos en él, mientras la serpiente abría sus fauces y sus colmillos rasgaban la piel de su cuello, hundiéndose en su carne.

No hubo dolor. Al contrario, bajo la mirada de aquellos profundos ojos verdes el calor que antes lo había inundado aumentó increíblemente, y Harry sintió como su cuerpo se inflamaba, aún sin entender bien la razón.

Fue una sensación intensa, muy intensa… que acabó tan rápido como había llegado. La serpiente se retiró de su cuello y, mareado, Harry percibió como la mordedura cicatrizaba mágicamente. Los prefectos pronunciaron el siguiente nombre y Harry se retiró de allí, colocándose junto a Draco, que lo miró preocupado.

- Estás rojo - observó.

Harry se encogió de hombros. Por alguna razón, no le apetecía comentar a nadie lo que había sentido mientras veía el cuadro y la serpiente le mordía. A nadie. Ni siquiera a Tom.

- Bien - aprobaron los prefectos cuando la extraña selección concluyó -. Si sois tan amables de seguirnos ahora, por favor.

Cruzaron la sala común y los guiaron a través de un estrecho pasadizo de piedra, hasta dar con una pequeña sala circular, cuya cúpula era imposible de ver, y cuyas paredes se encontraban cubiertas de pergaminos, algunos de ellos de aspectos reciente, y más y más viejos conforme iban tomando altura.

- Está es la sala de los registros. Aquí aparecen registrados los nombres de todos los que asistieron a Slytherin desde que la escuela fue fundada. Vuestros nombres ahora también están inscritos aquí.

Efectivamente, Harry se fijo en un nuevo pergamino, justo a ras de suelo, en el que su propio nombre, inscrito en tinta verdosa, encabezaba la lista, seguido del de Draco, Blaise, y Nott. Se preguntó porque el suyo aparecía primero, sí Zabini había sido mordido antes que él. Tal vez tuviera que ver con la selección que había mencionado Draco.

Los prefectos no tardaron en dar una explicación.

- Salazar Slytherin creía que el talento de los grandes magos debía incentivarse desde la niñez, dotándolos siempre de las mayores facilidades e impulsando su interacción con otros jóvenes de igual calibre. Debido a ello, estableció un orden para su casa. Hechizó su propio retrato y otorgó a su serpiente el poder para materializarse y juzgar las aptitudes de cualquier mago a través del simple análisis de su sangre. Ahora vosotros, al igual que todos los Slytherin anteriores, habéis sido clasificados en función a vuestra descendencia, capacidad mágica, y afinidad a la casa. Los dos miembros con mejores resultados, situados a la cabeza de la lista, compartirán su propia habitación. Lo mismo ocurrirá con los tres nombre siguientes. El resto será asignado a un dormitorio común, y se esperará que cooperen entre ellos para no dejar en mal lugar a la casa.

Así que era eso. No le sorprendía haber quedado primero. Harry sí se alegró de compartir dormitorio con Draco. Probablemente, acostumbrado a la soledad, se hubiera vuelto loco tras unos meses conviviendo con tanta gente, especialmente si eran chicos tan tontos y ruidosos como Crabbe y Goyle. Además, fue una curiosa manera de comprobar que no se había equivocado al elegir a Draco como amigo. El chico tenía potencial. El tiempo se encargaría de que lo desarrollase.

Los prefectos comenzaron a leer las listas formadas por el pergamino, primero la de los hombres y a continuación la de las mujeres, que ese año eran realmente pocas. El resto de la casa, que continuaba observando, brindaba una ovación después de cada nombre clasificado. Harry no pudo dejar de notar que la euforia y la duración de dicho aplauso menguaba significativamente conforme la lista bajaba, hasta convertirse sólo en un leve y cortés palmoteo. Slytherin no era tonto. Con la astucia de una serpiente y la inteligencia de un águila, reunía valor suficiente para desarrollar sus propios métodos. Y siempre había ambicionado alumnos ambiciosos.

Cuando, finalmente, la lectura acabó, los prefectos dieron permiso a los nuevos alumnos para retirarse a sus dormitorios, advirtiendo que el himno de Slytherin sonaría mañana una hora antes de que empezaran las clases, para dar tiempo a los alumnos de asearse, vestirse y dirigirse al Gran Comedor.

Harry y Draco se encaminaron juntos hacía su nuevo dormitorio, cuya puerta, de madera de roble, ya tenía un rótulo plateado con sus nombres grabados. Harry James Potter y Draco Lucius Malfoy, respectivamente. Pero nada de lo que había visto hasta ahora, impidió a Harry que se quedara totalmente impactado, con la boca abierta y expresión de idiota, contemplando su nuevo cuarto durante, al menos, dos minutos enteros.

- ¿Todas las habitaciones son así? - preguntó a Draco, cuando al fin se vio capaz de volver a articular palabra.

- No creo - respondió el muchacho, igualmente impactado -. Mi padre dice que los dos primeros son quienes reciben la mejor habitación, como una especie de primera clase. Los tres siguientes comparten un dormitorio espacioso pero sin tanto lujo, y los demás serían como una clase baja.

Harry asintió, y continuó analizando todo el espacio. La inmensa habitación, casi del mismo tamaño que la sala común, tenía forma cuadrangular y estaba dividida en dos partes simétricas. Cada una de ellas, espejo de la otra, disponía de una cama tamaño reina, con doseles de terciopelo verde, colchas de espuma, almohadas de plumas y amplias cabeceras del color de sus ojos, decoradas con distintas piedras grisáceas, que ascendían hasta el techo.

A la derecha de la cama había una mesilla cuadrada con tres cajones, un lugar para la varita, y un candelabro dorado que se activaba mágicamente. A la izquierda un espejo enmarcado de, al menos, dos metros de alto y más de medio de ancho. A los pies de la cama un elegantísimo banco esculpido. En el mismo color verde, una cómoda butaca, con dos cojines tejidos en hilo de plata, se localizaba a poca distancia del espejo. Y haciendo esquina con la pared de la entrada, un enorme armario tallado en madera de ébano, que disponía de cuatro puertas y varios cajones. Harry pensó que no podría llenarlo ni aunque comprase todas las túnicas de Madam Malkin.

En lado contrario de la habitación, más enfocado a los estudios, destacaban dos largos escritorios con varios ficheros y cajones en el lugar de las patas, emparejados ambos con dos comodísimas sillas, que recordaron a Harry a los sillones que usaban algunos ejecutivos en las series muggles. Sobre ambos escritorios, se localizaban también varias estanterías cubiertas de libros gruesos y aspecto viejísimo. Debía de haber, al menos, cien de ellos, y Harry ya se sentía desesperado por leerlos todos.

Lo más espectacular era el techo, iluminado por dos enormes candelabros de plata, con más de cien velas cada uno, y decorado con dibujos e ilustraciones de magos y brujas en continuo movimiento, relatando pasajes que Harry desconocía y estaba deseando aprender.

- Será mejor que nos acostemos pronto - la voz de Draco lo distrajo y lo obligó a despegar la vista del techo -. No quiero imaginar la expresión de los prefectos si somos nosotros lo que llegamos tarde mañana.

A regañadientes, Harry se mostró de acuerdo. Abrió el baúl, y lo revolvió hasta encontrar el pijama de seda que se había comprado. Se despojó de la túnica y los calcetines y se vistió de nuevo con ropa de cama. A continuación miró a Draco, que estaba realizando el mismo trabajo, y ya casi había terminado. Su pijama era también de seda, pero en color plateado, no verde, y en un tono más claro.

- Voy un momento al lavabo - se disculpó.

La habitación disponía también de baño propio, al que se accedía a través de una pequeña puerta situado entre ambos escritorios. Estando el suelo, los grifos y la bañera tallados en mármol blanco, constituía un espacio elegante y bastante amplio, aunque un poco desmerecido en comparación con el lujo anterior.

Harry se acercó el lavabo y contempló su rostro en el espejo que se superponía. El cansancio acumulado a lo largo del día se evidenciaba a través de unas marcadas ojeras, pero su rostro resplandecía y sus ojos brillaban con entusiasmo, cual reflejo de su estado anímico.

Mientras abría el pequeño armario situado a la derecha del espejo, y depositaba en él un pequeño vaso, un tubo de pasta y su cepillo de dientes, se le ocurrió que quizá Slytherin hubiera diseñado unos baños más modestos para fomentar la competitividad de los alumnos y sus ansias de convertirse en prefectos. Era un plan inteligente, pero sinceramente, a él con esto le bastaba. El lavabo debía tener tres veces el tamaño del de los Dursley, y la bañera era fácilmente confundible con una pequeña piscina. No necesitaba más.

Terminó de asearse y decidió que estaba demasiado cansado para una ducha rápida; esperaría a mañana. Abandonó el lavabo dejando espacio a Draco para que entrara. Caminó hasta su cama, separó las sábanas, encendió las velas, tomó consigo el Diario de Riddle y se acurrucó entre las mantas. Sus ojos se detuvieron unos instantes en el desordenado baúl, y decidió que eso también tendría que esperar mañana.

Se entretuvo contemplando las imágenes del techo hasta que Draco regresó del lavabo, para darle las buenas noches. Le pareció que el muchacho se decepcionaba un poco cuando, con un movimiento de varita, cerraba los doseles de su cama e imposibilitaba así cualquier indicio de conversación. Pero aunque le hubiese gustado charlar un rato con Draco y comentar las emociones del día, Harry ya había pasado demasiado tiempo sin escribir en su Diario, y se moría de ganas por hablar con Tom. Su nuevo amigo debería esperar a la mañana siguiente.

¿Tom?

~ ¡Pequeño! Te echaba de menos. ¿Has llegado ya a Hogwarts? ~

Si, el banquete de bienvenida ya ha terminado. Te estoy escribiendo desde mi cama, en mi nuevo dormitorio de Slytherin.

~ Bueno, eso no es un sorpresa. Slytherin es tu casa. ¡Me siento muy orgulloso de ti! ¿Y cómo ha ido tu gran día?~

Ha sido fantástico. Me he encontrado con Malfoy en el tren, y ha espantado a unas chicas idiotas que se habían colado en mi departamento. Después he compartido con él resto del trayecto. También hemos practicado algunos hechizos. ¡Draco me ha enseñado uno que sirve para hinchar a la gente como un globo! Dice que él lo aprendió de pequeño para usarlo con sus elfos domésticos. Tiene tres, aunque, según él, uno está un poco loco y su familia no consigue venderlo.

~ ¿En serio? Pobre Lucius… ~

¡Ya lo creo! Y luego, cuando el tren ha parado, he tenido que disimular con Hagrid y pedirle que se sentase conmigo en el bote. Pero entonces nos ha recibido una bruja, la profesora McGonagall, que enseña Transformaciones. Ella sí parece una excelente profesora, aunque probablemente siga siendo una coballa de Dumbledore.

~ Profesora McGonall… creo que la recuerdo. Evidentemente, todavía no enseñaba en Hogwarts en mi época, pero sí dio a muchos de mis mortifagos. Todos la describían como una bruja talentosa, inteligente y severa. Bastante imparcial, pero sí, por desgracia, leal a Dumbledore hasta la muerte. Es un mal que aqueja a la mayoría de los profesores de Hogwarts.~

No he sido capaz de mirarlo. A Dumbledore. Nada más entrar en el Gran Comedor su aura me ha golpeado; era muy fuerte, más fuerte aún que la de Lucius. Pero se sentía mal. Casi como si me pusiera enfermo. ¡Odio sentirme tan débil!

~ Harry, debes comprender que tú eres un mago inusualmente perceptivo, incluso al margen de la edad. Has desarrollado tus habilidades de Legilimens hasta tal punto, que cuando te encuentras con una mente poderosa ya no necesitas mantener contacto visual para percibir su esencia en un estado más puro, no sus emociones o sus recuerdos, sino su espíritu, su inclinación a la luz o a la oscuridad, su alma. Con el tiempo, si sigues desarrollando ese don, serás capaz de permanecer en una enorme habitación llena de personas y saber si una de ellas tiene intención de causarte algún mal, o por el contrario, sí está dispuesta serte leal. Es una habilidad realmente útil, sólo al alcance de muy pocos magos.~

El muchacho meditó en sus palabras. Detectar a tiempo cualquier impulso de amenaza y asegurarse de que la lealtad de sus seguidores continuaba estando donde debía estar. Aquello abría un mundo de posibilidades. ¿Tal vez incluso lograr el efecto contrario, y proyectar sus propios deseos a la mente de otras personas? Tendría que analizarlo más tarde, quizá mañana.

También tuve un encontronazo con un tal Ronald Weasley. El muy idiota hablaba de mi sin conocerme y presumía de que iría a Gryffindor.

~ No me sorprende. Los Weasley siempre han sido una de las familia más bajas de traidores a la sangre. De todos modos, no te conviene llamar la atención sobre esos temas, Harry. Deberías evitar problemas. ~

Lo sé. Simplemente me desquició al compararme con Dumbledore.

Tom, ¿por qué no me contaste lo de la selección privada de Slytherin.

~ Bueno, en parte, porque sabía que serías elegido primero y no tenía sentido preocuparte. (Al fin y al cabo la sangre de Salazar corre por tus venas, igual que por las mías). Además, ¿qué gracia tendría Hogwarts si te desvelase de ante mano todos sus secretos? ~

¿Por eso no me quieres decir dónde se esconde la Cámara de los Secretos?

~ Eso es distinto, Harry. Es peligroso. Yo no descubrí su ubicación hasta mi quinto año. ~

Pues aunque no me lo digas yo pienso encontrarla mucho antes.

Harry respondió cabezudo. Luego se arrepintió de contestar así a Tom. Al fin y al cabo, él sólo preocupaba por su seguridad. Aunque Harry se creía perfectamente capaz de cuidarse solo. La encontraría y se lo demostraría a Tom, y entonces él se sentiría tremendamente orgulloso. Pero, por ahora, sería mejor elegir otro tema.

Así que tu también fuiste elegido primero por la serpiente de Slytherin…

~ Si. Lo cierto es que al principio eso me causo muchos problemas con mis compañeros de casa. ~

¿Por qué?

~ ¡Vamos, Harry! Algunos de ellos provenían de las más celebres y viejas familias del mundo mágico; confiaban en recibir la mejor posición. Sin embargo, su supuesto lugar fue expropiado por un niño huérfano, vestido con túnicas de segunda mano y, por si fuera poco, de apellido muggle. Fue un golpe que no le sentó nada bien, y trataron de cobrárselo caro. ~

¿Y qué hiciste?

~ Los ignoré. Ellos no eran nada, al fin y al cabo. Pero guardé sus nombres en mi memoria y más tarde me aseguré de recordarlos. Con el tiempo, descubrieron mi linaje y no tuvieron más opción que inclinarse ante mi poder. Pero nunca hay que olvidar a aquellos que nos desprecian Harry, como tampoco a aquellos que nos brindan su ayuda. ~

¿Alguien te ayudo?

~ Abraxas Malfoy era prefecto de la escuela en esa época. El me defendió, diciendo que la magia de Slytherin no se equivocaba nunca, y que ella me había elegido. Los obligó, al menos, a que me dejaran en paz. ~

¿Por qué no los obligasteis tú mismo a hacerlo?

~ Porque la imagen de chico huérfano, tímido, y talentoso es especialmente efectiva a la hora de conquistar a profesores. Sumándole a ello que casi todos mis compañeros de casa me despreciaban, la mayoría de ellos me tomaron bajo su protección. ~

Un plan perfecto.

~ Por supuesto. De esa forma no sólo logré convertirme en su alumno favorito, logré que me quisieran. Algunos hasta casi me consideraban como un hijo. Y cuando sucedieron incidentes como en el de la Cámara de los Secretos… Digamos que ninguno, jamás, dudó al considerarme inocente. ~

Excepto Dumbledore.

Apuntó Harry, no con mala intención, sino porque se sentía fascinado. La mente de Tom era un laberinto de ideas y planes espectaculares, algunos de ellos llevados a cabo con años de anticipación y paciencia. Harry sabía que él nunca lograría ese nivel de astucia y claridad, pero aun así le fascinaba escucharlo, e ir aprendiendo.

~ Dumbledore siempre fue más difícil de engañar que el resto. Nuestro primero encuentro y sus extraordinarias habilidades en Legilimens complicaban las cosas. Aun así, él tenía una defensa de la que los demás profesores carecían: sus emociones. Nunca fue capaz de jugar con ellas o manipularlas. Él habla del amor pero sólo de cabeza. Nunca lo vi furioso, ni enfadado, ni emocionado. A veces me preguntó si realmente siente, o más bien, si existe una formula mágica sirva a un mago para eliminar sus emociones. ~

Harry reflexionó un instantes sobre sus palabras, pero las desechó en seguida. Se sentía demasiado feliz y a gusto para preocuparse de Dumbledore en esos momentos. De repente, se le ocurrió una idea.

Entonces, esa es la razón por la que Lucius fue uno de tus dos mortifagos más importantes, y el motivo por el que te agrada que yo me haga amigo de Draco. ¡En agradecimiento a su abuelo!

~ En parte. No negaré que fue en favor a Abraxas que Lucius entrara en mis filas con una posición elevada. Pero el resto del merito es suyo. Aun así, Harry; nunca olvides que la familia Malfoy es la personificación Slytherin por excelencia. Y ningún Slytherin dudaría en entregar a su compañero sin con ello consigue salvarse a sí mismo. ~

Lo recordaré.

Prometió, aunque le parecía una perspectiva algo oscura del asunto. La conversación se extendió hasta casi pasadas las doce, cuando Harry ya no fue capaz de contener sus bostezos.

~ Estás muy cansado, Harry. No debí entretenerte hasta tan tarde. ~

¡No! Sabes que me encanta hablar contigo. No se que haría sin tu compañía, Tom.

~ Aun así. Es más de media noche y mañana no puedes dormirte en tus clases. Acuéstate ya. ~

Está bien. Supongo que tienes razón. Buenas noches, Tom. Te echaré de menos.

~ Descansa, pequeño. Hablaremos mañana. ~

Obendiente, Harry cerró las tapas negras del Diario y lo ocultó bajo la tela del almahadon. Murmuró un suave nox, con el que se apagaron las velas, cerró los ojos y se arropó bien con las mantas. Mañana sería su primer día en Hogwarts y estaba deseando que comenzara.


¡Ahora sí! Al final he terminado antes de lo que esperaba y puedo poner un NA en condiciones. En primer lugar, quiero dar mil gracias (gracies, esker, grazie, arigatou, thanks, danks y bastantes idiomas más que desconozco), a la gran cantidad de lectores que me dejaron su apoyo en el capítulo anterior: euu, Shanon Lils, Alexander Malfoy Black, Princesa Vampírica, Alcatraces, caariiciiaazs, Johan Kira Expelliaurmus, Martel, AnaBrets15, Maryaminx, luna, Randa1, orion kuroi, Lil, Himeno Sakura Hamasaki, satorichiva, Yue, Cassiopea, Luna Lovegood83, septimaluna.

A todos vosotros, muchas gracias. He respondido personalmente vuestros comentarios, y me duele un montón no poder hacer lo mismo con los anónimos. Así que os repitó, por favor, ya que las reglas de la página no me permiten responder en las NA, añadid vuestro correo entre espacios al comentario para que pueda responderos desde allí (tipo anzu brief "arroba" yahoo "punto" es).

Ahora, sobre el capítulo, ¡Harry quedó en Slytherin! Espero que después de todas las amenazas que recibí (hay quien incluso dijo que me enviaría a Voldy y a Nagini si se me ocurría mandarlo a Gryffindor XXD ), esteis satisfechos. ¡Harry pertenece a la casa de la serpientes! Y hablando de serpientes... ¿qué os pareció la selección personal que me inventé para su casa? Bueno, sé que es totalmente fuera de canon, pero me pareció un método muy Slytherin. ¿No se dice que Salazar ambicionaba alumnos ambiciosos? ¿Qué mejor forma de formentar esa ambición? Otorgar a los dos mejores ciertos privilegios que tendrán que luchar pormantener, mientras que los tres siguientes se esfuerzan por arrebatarselo. Y al resto, los del montón, se los quita de encima. En fin, sé que tengo una imaginación muy loca, pero ya me diráis que os parece.

Y la verdad es que tenía más cosas por decir, pero estoy viendo una serie y de pronto todas se me han ido de la cabeza. ¡Ah si! Si os interesa ver el aspecto de la habitación de Harry y Draco, he encontrado una foto que se asemeja bastante a lo que yo había imaginado, adaptando el color, claro. Si os interesa puedo subir en link a mi perfil para que le echéis un vistazo, ¿vale?

En próximo episodios ahondáremos más las relaciones de Harry con otros Slytherin y con el resto de compañeros. También veremos su opinión sobre las clases y su interacción con los profesores. ¡Sobre todo Snape! Pero para eso hay que esperar. Todavía no he empezado a escribir el nuevo capítulo, pero prometo que si recibo tantos reviews como en el capi anterior me pondré las pilas y, aunque tenga que quedare hasta la madrugada, lo subo antes del sábado. Os lo merecéis.

Y sobre mi pregunta a cómo preferís los capítulos, parece claro que todos preferís que públique más rápido, aunque sean un poquito más cortos. ¡Voluntad del pueblo! ¡Decididó! XD

No digo nada más, tomodachis; me despido con un fuerte sáludo y esperó volver a veros para el capi que viene.

Atentamente, Anzu.


PD: Unas palabras de apoyo y conmiseración para nuestros camaradas humanos de Tokyo y Japón. Confiemos en que el desastre se controle y la fusión nuclear no se produzca. Y, al mismo tiempo, concienciemonos de que hay cosas que no se pueden tolerar, y que es hora de ponernos en pie ante los gobiernos y decir: ¡BASTA!