¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento! Aunque la verdad, os aseguro que lo he pasado yo peor que vosotros. Cuando me llegó el error type2 al intentar actualizar, me volví loca, y mil y una extrañas teorias pasaron por mi cabeza (qué si mi cuenta iba a ser eliminada, que si había infringido el copyrigt de los autores, que si algún idiota me había denunciado de plagio siendo mentira...), y cuando al fin vi que era un error general, tampoco me tranquilice mucho (¿Qué pasa si cierran la página? ¡Me moriré del susto! ¡De la pena!). Lo peor de todo fue cuando vi que había autores que sí podían actualizar... (¿Por qué?) ¡Era tan desesperante!
Ahora, no penséis que el error se ha solucionado (al menos para mi). Si he conseguido publicar al fin este nuevo capítulo ha sido gracias a mi DIOS del Nuevo Mundo. Si, gracias a un grandioso usuario y al truco que dejo en su foro, al final he conseguido quitarme está angustia de encima (angustia, si, no exágero; de los nervios ni siquiera he sido capaz de continuar escribiendo) y os traigo un nuevo capítulo.
Está tal cual pensaba publicarlo la semana pasada, sin variar nada, ni las notas de autora, porque de verdad, le daba una vuelta más y me volvía loca. Espero que podáis entender la situación, y que a pesar de la espera disfrutéis mucho de este nuevo capítulo.
Con cariño, Anzu.
PD: Si alguien le interesa conocer dicho truco, podéis encontrar el enlace en mi perfil.
JKW es la propietaria de Harry Potter. Yo solo me dedico a alimentar su historia con esta pequeña contribución.
CAPÍTULO 6
Harry tuvo sueños extraños esa noche. Soñó con la serpiente de Slytherin, que cobraba vida y lo atrapaba en su mirada hipnotizante, enroscándose alrededor de su cuerpo, hasta que Tom, materializado fuera del Diario, lo libraba, sólo para ser abatido inmediatamente por Albus Dumbledore. Harry gritaba, pero el mago de la luz se volvía hacía él y lo amenazaba, diciendo que su lugar estaba entre los leones, no en Slytherin. Entonces Dumbledore se rompía en un risa fría y aguda, y él era golpeado por un estallido de luz verde.
En ese punto, el muchacho despertó con un hilo de sudor frío cubriendo su cuerpo. Respiró varias veces y se repitió mentalmente que había sido una pesadilla. "Estas en tu dormitorio. Perteneces a la casa Slytherin. Draco duerme placidamente en una cama frente a la tuya. Estás a salvo. Nada le ha ocurrido a Tom."
Sólo para asegurarse, escurrió las manos bajo la almohada y palpó con ella el Diario. No percibía nada extraño. Harry sintió deseos de escribir en él, únicamente para tranquilizarse, pero no quería que Tom lo considerara débil. Debía volverse a dormir. Conciliar el sueño le costó por los menos media hora, pero a mañana siguiente, cuando se despertó, el único sueño que recordaba era uno en el que Draco era perseguido por elfos domésticos enloquecidos, todos pelirrojos y con pecas, con asombroso parecido a Ronald Weasley.
A las siete punto, el escurridizo y marcial himno de Slytherin se coló por sus oídos arrebatando a Harry de los brazos de Morfeo. El muchacho se despertó de muy buen humor y con una sonrisa en los labios. Por el contrario, cuando abrió los doseles de su cama para saludar a Draco y, tal vez, comentarle algo acerca de su cómico sueño, lo encontró totalmente irreconocible: despeinado, ojeroso, y con expresión hosca.
- Ni me hables - fue el fluido saludo del rubio.
Harry se encogió de hombros, suponiendo que su compañero era de mal despertar, y no permitió que aquello menguara su humor. Pidió turno para el baño, pasó al aseo, se duchó rápidamente, se secó el pelo con la toalla (tras decidir que intentar peinarlo no tenía ningún sentido), se lavó los dientes, se quitó el pijama, se colocó la túnica del colegio, admiró en el espejo el bonito nuevo escudo de colores verdes y plateados, y sufrió mil y un problemas para atarse correctamente la corbata.
En otro momento tal vez hubiera pedido ayuda a Draco, pero en aquellos instantes, mientras el muchacho maldecía, escupía insultos entre dientes, y se esforzaba por colocarse correctamente la poción fijadora en el pelo, consideró que aquella acción no era muy prudente. Lo mejor sería olvidar hechizos más complicados, y aprender rápidamente aquellos referentes al aseo y la higiene personal. Así ahorraría tiempo.
Sin cruzar más palabras, cuando, finalmente, ambos concluyeron de asearse y vestirse, los dos muchachos cogieron sus bolsas con los libros y las plumas (la de Draco un maletín de cuero, y la de Harry una mochila verde cruzada al hombro), y abandonaron el dormitorio camino a la Sala Común.
No fueron los primeros en llegar. Los tres estudiantes de "segunda categoría" ya estaban allí, uno de ellos con expresión soñolienta y enfurruñada, otro indiferente, y el tercero, el que Harry identificó como Blaise Zabini, mirándolos con arrogancia y casi despreciativamente. Primero a Draco, y después, deteniéndose mucho más rato, a él, Harry.
El muchacho recordó que Blaise también lo había mirado mal durante la selección la noche anterior, y endureció en seguida su rostro.
- ¿Tendremos que esperar mucho más rato? - preguntó el chico de aspecto malhumorado.
A Harry le dio la impresión de que él gustosamente se ofrecería a acompañar al resto de alumnos que todavía dormían, y que sí se encontraba allí tan temprano, era únicamente porque Zabini le había obligado. Eso explicaría las miradas furiosas que lanzaba en su dirección cuando pensaba que el moreno no lo observaba.
- No seas pesado, Izar. Todavía es temprano, y los prefectos ni siquiera han llegado - intervino el tercer afectado, el de aspecto indiferente, frenando a tiempo cualquier discordia; Harry recordó que se apellidaba Nott, pero no conocía su nombre.
Por desgracia, sus palabras no bastaron para acallar la siguiente réplica.
- ¡Pues vale! Simplemente pensé que ya que hay quien disfruta levantado al resto con dos horas de adelanto, al menos podríamos emplear el tiempo en algo útil: el desayuno, por ejemplo.
Su provocación causó que Zabini le lanzara una mirada envenenada, pero otro se adelantó antes de que él respondiera..
- ¡Aggg! ¡Cállate! Mejor dicho, ¡callaos todos! ¡Me dais dolor de cabeza!
Draco no había sabido controlar por más tiempo su genio. Desde luego, el muchacho tenía un mal despertar. Harry se alegró de haber sido prudente y no haber sido él el catalizador de su estallido. Pero sus palabras lograron un efecto milagroso. Nadie más, ni siquiera Zabini (aunque a Harry le pareció que se quedaba con ganas de ello), se atrevió a interrumpir su preciado silencio, tal era el poder del apellido Malfoy. Harry sonrió, mientras Draco se arrojaba poco elegantemente sobre un sillón a esperar. A él tampoco le gustaban los gritos.
Un par de minutos más tarde, aparecieron las chicas. Venían en un mismo grupo, y excepto la que Harry identificó como Pansy Parkinson (una chica de piel blanca y ojos muy oscuros, almendrados, con el cabello extremadamente liso), mostraban el mismo aspecto soñoliento. A Harry no le extrañó que sólo fueran cuatro, después de todo su generación era una de las más dañadas por la guerra; muchos bebés que deberían haber nacido no lo hicieron, y muchos padres que deberían haberlo sido, habían muerto antes de serlo. Sin embargo, tras repasar mentalmente la selección de la noche anterior, reparó en que todavía faltaba una de ellas. Creyendo que aún dormía, se sorprendió al encontrar a la quinta muchacha oculta en uno de los sillones del fondo, con la vista clavada en un libro grueso de tapas grises, muy parecido a los que él mismo había encontrado en su dormitorio. La chica no reparó en su mirada.
Los últimos en llegar a la Sala Común fueron Crabbe y Goyle, y sus dos compañeros de habitación, cuyos nombres Harry desconocía y no tenía interés en aprender. Para ese momento, la sala común estaba prácticamente desierta porque todos los alumnos habían partido ya hacía el Gran Comedor, y los prefectos encargados de guiarlos chasqueaban la lengua y lucían expresiones irritadas.
- A partir de mañana realizares éste recorrido solos, y si no sois capaces de levantaros a tiempo, sugeriremos al profesor Snape que suspenda vuestros desayunos, para que no lleguéis tarde a las clases - fueron sus primeras palabras para los rezagados -. Ahora, por favor, tomad esto. Son vuestros horarios. Hoy, por ser el primer día, hemos recibido una dispensa especial para guiaros a vuestras clases, pero a partir de mañana deberéis recordar el camino por vuestra cuenta. Si sois tan amables de seguirnos, quizá aún nos quede algo de tiempo para el desayuno.
Quedó tiempo. Quizá no demasiado, pero veinte minutos bastaron a Harry para aprovisionarse correctamente. Bebió una gran cantidad de zumo de melocotón y untó varias tostadas de mantequilla y mermelada en su baso de leche con cacao. Para terminar, incluso se permitió el lujo de saborear un delicioso bollito relleno de chocolate.
Mientras daba cuenta de este último, se percató de que Zabini volvía a mirarlo con expresión nada amigable. Aunque no le preocupaba, le resultaba extraño. Él nunca había echo nada a ese muchacho. ¿Sentiría hacía él un odio irracional, como el de los Dursley? Si era así, no podía permitir que se saliera con la suya.
- No es por eso - Draco, que parecía haber recuperado el buen humor después de contentar a su estómago, lo sobresaltó al hablarle al odio; Harry no había sido consciente de expresar sus pensamientos en voz alta -. Lo que pasa es que Zabini confiaba en compartir el primer dormitorio conmigo, y tú has interpuesto.
- ¿Y qué? A ti no parece odiarte…
- Ya. Pero yo soy un Malfoy. Toda mi familia es Slytherin. En cambio tú… - Draco parecía sufrir problemas para encontrar las palabras correctas -. Quiero decir, tú padre fue un Gryffindor y tú madre una muggleborn… Incluso yo tenía mis dudas antes de que me enseñaras… eso - Harry adivinó que se refería a la lengua pársel -. Zabini probablemente pensará que has recibido el primer puesto por tu apellido y tu fama, no porque realmente lo merezcas.
- Eso sería un razonamiento estúpido - replicó Harry -. La magia de Slytherin no tiene forma de saber que soy famoso, o porque soy famoso, y aun si la hubiera, dudo que le interesara. Son nuestras cualidades lo que ambiciona, no nuestros recuerdos.
Draco se encogió de hombros y Harry trató de contenerse. Al fin y al cabo, su ira no iba contra él.
- Pues díselo a él…
Si, eso sería lo mejor. Al menos ahora entendía la razón de la enemistad de Zabini, pero no iba a darse prisa por solucionarla. Zabini no era tan importante. Instintivamente, sus ojos se clavaron de nuevo en el muchacho, que ahora revisaba con interés su horario, y lo observaron con frialdad. Él debió sentir algo, porque se revolvió incomodo en el banco, pero sus ojos oscuros continuaron bajos y no se encontraron con los suyos. Definitivamente, aquel chico no era importante.
Un poco más tarde, los prefectos los instaron a todos a dejar sus bancos y los guiaron fuera del Gran Comedor, a través de varios pasillos, escaleras y corredores hasta un aula pequeña, recubierta de madera. Los instaron a entrar y aseguraron que los estarían esperando al concluir la hora para acompañarlos a su siguiente clase.
Los horarios estaban distribuidos de la siguiente manera: cada día recibirían cinco horas de educación, tres por la mañana y dos por la tarde. Transformaciones, Pociones, Encantamientos y Defensa Contra Las Artes Oscuras se impartían en clases dobles, dos días a la semana. Historia de la Magia y Herbología estaban distribuidas en tres días, pero cada día con sólo una hora. Astronomía la estudiarían en una clase doble el miércoles por la noche, por lo que la última hora de la tarde del miércoles y la primera de la mañana del jueves les eran perdonas. Los viernes por la tarde no había clase.
La primera clase que iba a recibir en Hogwarts era una que a Harry inspiraba mucha curiosidad, y por la cual se sentía muy interesado: Historia de la Magia. Sin embargo, descubrir que el profesor encargado era un fantasma no fue un buen augurio. Para desgracia de Harry, la realidad fue todavía peor.
Sin siquiera molestarse en presentar la asignatura, el profesor Binns se enzarzó en una perorata sobre los duendes, las guerras de los duendes, y el tratamiento de los magos a los duendes ignorando por completo a sus alumnos. Aunque ya sabía que las lecciones de Historia que recibiera en Hogwarts estarían ampliamente censuradas, Harry no había esperado una desfachatez tan flagrante y evidente. Sin embargo, notando que la furia amenazaba con dominarlo, respiró profundamente y decidió tomárselo con filosofía. Ya llegaría el momento de encarar a Dumbledore y castigarlo por semejante ultraje. Por ahora, era mejor aprovechar el tiempo en cosas útiles.
Diez minutos después de haber comenzado, no había ni una sola alma en la clase que continuara prestando atención. Crabbe y Goyle se entretenían intercambiando comida a escondidas que, con toda seguridad, habían hurtado del Gran Comedor. Draco, a su lado, se reía divertido mientras les lanzaba hechizos punzantes, que hacía que ambos se tensaran y saltaran cómicamente de la silla al recibirlo. Zabini escribía distraídamente en un pergamino. Theodore Nott (Harry había averiguado su nombre durante el desayuno) parecía ausente mirando las nubes; y a su derecha, Izar bostezaba y escondía la cabeza entre los brazos.
Las chicas se comportaban de forma parecida. Las dos afortunadas de la fila del fondo (una niña bastante bonita de piel clara y cabello rubio, con largos tirabuzones, y otra morena de corta melena castaña y rasgos orientales, con sonrisa simpática) Daphe Greengrass y Diana Venatrix respectivamente, se coloreaban las uñas la una a otra con un pintauñas mágico que cambiaba de color cada pocos minutos. Algo más adelante y a la izquierda, Pansy Parkinson mantenía la espalda erguida mientras deslizaba la varita por algunos mechones de su cabello de ardiente color vino, reforzando su alisado; algo en su expresión confiada o su postura elegante la hacía parecer mayor a las demás muchachas. Sentada junto a ella, Millicent Bulstrode parecía a punto de golpear algo. Y aun más allá, en un pupitre ocupado únicamente por ella, la chica que antes lo había sorprendido leyendo en uno de los sillones de la Sala Común (Harry todavía no había averiguado su nombre), continuaba con la vista clavada en el mismo libro y el cabello completamente negro echado sobre la cara, tapando sus rasgos.
Harry decidió seguir su ejemplo. Sería una clase bien aprovechada si, al menos, conseguía realizar correctamente algunos de los hechizos que tenía pendientes. Uno que le permitiera secarse el cuerpo y el cabello con rapidez sería particularmente útil para ahorrar tiempo por las mañanas. Afirmó la varita con fuerza y pronunció en voz baja el hechizo: "Aeris Cálidum", tratando de formar una ráfaga de aire caliente. No ocurrió nada. Lo intentó de nuevo, y el muchacho juró que el aire se calentaba levemente a su alrededor, pero no era suficiente. Necesitaba concentrarse. Recordó lo que Tom le había explicado.
"Las palabras no son lo que otorga poder a un conjuro, Harry, somos nosotros. Por eso un muggle jamás podrá realizar magia, aún sabiendo los hechizos. Las varitas son canalizadotes de nuestro poder, y las palabras lo catalizan, pero somos nosotros quienes guardamos la magia en nuestra sangre, y es allí desde donde fluye y se manifiesta."
El muchacho respiró profundamente, y mantuvo vivo el mensaje de Tom en su mente. La varita sólo era un instrumento, al igual que las palabras. Él era quien tenía el poder. Él quien poseía la magia. Y debía emplear esa magia para calentar el ambiente. Deseaba producir calor, y sus deseos podían hacerse realidad.
- Aeris Calidum - pronunció claramente, con seguridad.
Una ráfaga de aire ardiendo emergió disparada de su varita y se estrelló contra el mapa que colgaba en la pared del frente, que comenzó a arder. Harry abrió muchos los ojos y se apresuró a esconder la varita bajo el cajón pupitre, con la punta todavía humeante. Ahora que recordaba, Tom también había mencionado algo sobre la palabra control, y sobre regular la cantidad de magia expulsada en cada momento. Con el fuego, el aula se convirtió en un caos; aunque Harry, más tarde, se preguntó si no habría sido todo una sobreactuación de las serpientes a fin de librarse de esa mortífera y aburridísima clase.
El profesor Binns detuvo su monótono parloteo con un sobresaltó, y salió huyendo a través del suelo, probablemente olvidando que él, como fantasma, ya estaba muerto y el fuego no podía afectarle. Las dos chicas del fondo gritaron y escaparon huyendo del aula; Bulstrode las siguió sin gritar, pero derribando algunas banquetas intencionalmente a su paso. Grabbe y Goyle también huyeron, llevando consigo toda la comida que pudieron salvar. Draco los veía dar saltos y botes riendo a carcajada limpia, mientras intentaban esquivar el fuego. Izar también sonreía feliz de que la clase hubiera acabado. Zabini lo miraba a él sospechoso y fruncía el ceño, mientras Harry elaboraba una expresión inocente. Pansy se levanta con elegancia, sacudía su cabello, y caminaba fuera del aula indiferente y sin ninguna prisa, mientras murmuraba alguna queja sobre el humo y el contacto de éste con su piel y su cabello. La otra chica cerraba su libro y lo cubría entre sus brazos, pasando a contemplar fijamente el fuego.
Theodore fue el único en reaccionar con un poco de cabeza. Cogió su maletín y se acercó a la chica, instándola a salir de la clase.
- Anne, vamos - Harry prestó atención: Anne, así que ese era su nombre -. Coge tus cosas; hay que salir de aquí antes de que se propague el incendio. Chicos, por favor… - volvió su atención hacia ellos -.
Harry se percató de que a pesar de su indiscutible tono de súplica, y lo apremiante de su expresión, en ningún momento sus ojos reflejaron verdadero pánico o miedo. Con un simple ruego y un gesto amable, logró lo que horas de ordenes y debate no hubieran logrado, que todos abandonaran el aula.
Al contrario de lo que creían, Daphe y Diana no había huido en busca de ayuda, sino que se habían sentado cómodamente al final del pasillo y continuaban su sesión de manicura, escoltadas por Millicent. Grabbe y Goyle seguían comiendo, y Pansy había desaparecido.
- ¿Qué hacemos ahora?
Draco parecía tan indiferente como el resto.
- Disfrutar de la hora libre - respondió con naturalidad -. ¡Ah! Y decir a los profesores cuando vengan lo asustados que estamos, y que nos quedamos aquí porque Binns prometió traer ayuda.
Harry lo consideró un buen plan. Theodore y Anne se alejaron unos pasos del aula y luego se sentaron en el suelo, recostando la espalda contra la pared. La primera volvió a abrir su libro y Nott hizo lo propio con el volumen de Encantamientos, su siguiente clase. Draco sacó un tablero plegable de la túnica y retó a Harry a una partida de ajedrez. A pesar de que los dos eran rematadamente malos, fueron unos momentos divertidos. Ni siquiera las miradas de desprecio que Zabini le lanzaba de cuando en cuando consiguieron mitigar su humor.
La profesora McGonagall llegó corriendo con el sombrero caído y el moño despeinado unos diez minutos más tarde. Al parece Binns había huido olvidándose de pedir ayuda, y fue otro fantasma quien le advirtió de las llamas. Con un movimiento de varita apago el fuego que aún humeaba y reparó la pizarra y el asiento de Binns, que habían ardido; del mapa sólo quedaban cenizas. La bruja se mostró completamente indignada por el comportamiento cobarde de su maestro, y ni siquiera se acordó de averiguar cómo se había iniciado el fuego. Las cosas para Harry no pudieron resultar mejor.
La siguiente clase, Encantamientos, no llegó a ser tan divertida, pero el muchacho intuyó pronto que se convertiría en una de sus favoritas. El profesor Flitwick, sin duda con sangre duende en las venas, saltó al pasar lista y llegar a su nombre, pero aun así Harry lo juzgo como un brujo bastante talentoso e imparcial en los conflictos entre casas. Lo peor de la clase fue que la compartían con los Gryffindor. Lo mejor, la entrada de Pansy Parkinson: justo a tiempo, y con túnica y peinado nuevo, cambiados tras incendio.
Por la tarde tuvieron Transformaciones, de nuevo con los Gryffindor, pero esta vez McGongall sí les permitió realizar un ejercicio práctico. La bruja dejó claro lo que exigiría de su clase desde el principio. "Transformaciones es una de las magias más complejas y peligrosas que aprenderéis en Hogwarts. Cualquiera que pierda el tiempo en mi clase tendrá que irse y no podrá volver. Ya estáis prevenidos."Después hizo una demostración, convirtiendo en un cerdo a su escritorio, y entonces repartió unas agujas, dio instrucciones, y ordenó a todos que las convirtieran en alfileres.
Para desgracia de Harry, el muchacho comprobó su teoría de que las Transformaciones eran, precisamente, su punto más flaco. Le costó mucho más tiempo y esfuerzo colorear su palillo de plata y afilarlo, del que le había costado producir ese fuego. No entendía por qué. Tal vez porque la transfiguración de un objeto requería más lógica y ciencia que el instinto simple de producir o controlar algo.
Al final de la clase, su palillo sólo había sufrido unas pocas transformaciones. Pero no era el único, de hecho, era de los mejores. Draco se había cansado de probarlo a los dos intentos y continuaba instigando a Crabbe y a Goyle. Pansy tampoco parecía interesada. El resto de la clase lo intentaba con ahínco, pero sin resultados. Zabini si logró un pequeñísimo cambio y Harry hubiera jurado que el palillo de Nott brillaba, pero el muchacho se mantuvo silencio. Únicamente una persona, transcurridas las dos horas, había logrado una transfiguración perfecta. La chica del pelo alborotado y dientes de ratón, que ya había contestado correctamente a todas las preguntas de Flitwick, y ahora se ganaba el aplauso de McGonagall. A Harry le sorprendió que una muggleborn demostrara tanto talento para la magia, y se fijo en que sus compañeros de casa no parecían guardarle mucha estima. Lástima. Hubiera estado mejor en Ravenclaw.
Después de la cena, los prefectos de sexto año se aceraron y les ofrecieron su ayuda para terminar sus deberes. Sin embargo, a excepción de Crabbe y Goyle, el resto había completado ya los suyos. Tras de varios intentos frustrados y algún consejo por parte de Tom, Harry consiguió su alfiler, y también logró dominar a la perfección el Aeris Calidum (este último con bastante menos esfuerzo). Draco se puso con el suyo poco antes de cena, y para envidia de Harry, obtuvo su cerilla trasmutada al cabo de diez intentos.
Ya en su dormitorio, su amigo se enfrascó en escribir una larga carta para sus casa (según él, su madre lo atosigaría a cartas si no escribía más de un pergamino entero, y además, pensaba quejarse a su padre sobre el incidente de la clase de Historia y la evidente incompetencia del profesor Binns), y Harry aprovechó el silencio para encerrarse tras los doseles de su cama y pasar un rato con Tom.
Sacó el Diario del bolsillo interior de su túnica, donde había estado guardado todo el día, lo abrió, y pronunció el hechizo que activaba la pluma mágicamente, sin necesidad de recargarla de tinta. Sin perder tiempo, saludó a Tom, y paso a hablarle sobre los eventos más significativos del día.
¿Puedes creerlo? ¡El profesor Binns es un completo inepto! No sé como le permiten dar clases en el supuestamente "mejor colegio de magia de Gran Bretaña".
~ A Dumbledore le conviene. Con un profesor así, ni siquiera debe molestarse en censurar los temas que le molestan. Y, desde luego, desmotiva cualquier intento de los alumnos de interesarse o investigar más sobre nuestra Historia.. ~
¡Lo odio!
Al menos, las demás clases parecen más decentes. ¡Aunque Transformaciones es un poco frustrante! Draco lo consiguió casi a la primera, y yo tuve que intentarlo durante más de una hora.
~ Pequeño, Draco no tiene ni la mitad del poder que tú posees. ~
Fue la inmediata respuesta de Tom. Harry se sintió consolado.
Entonces, ¿por qué me cuesta tanto?
~ Harry, Trasformaciones es una de las ramas más difíciles de la magia. Tardar una hora en tu primer intentó no es vergonzoso. De hecho, es un buen resultado. ~
Pero ya he conseguido realizar encantamientos más complicados en menos tiempo…
~ Eso tiene que ver con tu afinidad. Por un lado, tu carácter no se presta demasiado a la asignatura. La transfiguración es una habilidad afín a las mentes lógicas y calmadas. Tú eres impulsivo e impaciente. ~
¡Draco es más impaciente que yo!
Protestó, sintiéndose un poco ofendido.
~ No te estoy criticando, Harry. Al contrario. Esas dos son unas de tus mejores cualidades, no en el sentido de pataleta infantil que intentas darle, sino en relación al instinto. Tú eres instinto puro, y además contienes un increíble nivel mágico en tu sangre. Por eso siempre destacaras más en Encantamientos que en Transformaciones, y, sobre todo, en Artes Oscuras. ~
Harry recordó la sensación que había sentido al provocar el fuego. Como si una llama prendiera en su pecho y, de repente, tuviera el poder para doblegar el mundo entero a sus deseos. Había sido un instinto muy débil, casi imperceptible, pero bastó para comprender lo que Tom describía. En ese momentos no necesitaba instrucciones, ni lógica, se bastaba con sí mismo.
~ Además, cada rama de la magia va estrechamente relacionada con los elemento. Aunque no puedo estar seguro, juraría que los tuyos son el fuego y el viento, mientras que Transformaciones está asociada a la Tierra. ~
¿Cuáles son los tuyos?
~ Lo primero que debes entender es que cada mago desarrolla uno o dos elementos en función a su personalidad; pero con el tiempo, sí sigue ejercitándose el carácter, puede llegar a conectar con el resto. Cuando diseñé este Diario mi afinidad era con la tierra, el agua y el fuego.
¿Así que tú punto débil eran las pociones?
~ Y lo siguen siendo. Poseía el instinto y pude desarrollar la paciencia, pero me sigue fallando la parte metódica. ~
Bueno, a mi no creo que me interesen mucho. Realizar una poción poderosa puede llevar meses, es más fácil comprarla en un boticario de categoría.
~ Eso es cierto. Pero siempre es útil reconocer venenos y prevenirlos. No juzgues la clase antes de recibirla. ~
No lo haré. Además, Draco me contado que Snape es el único profesor slytherin del colegio y que nos favorece siempre. Supongo que el cambio será interesante. ¡Y le sacaré más provecho que a la Astronomía!
Continuó hablando con Tom al menos una hora más, hasta que la voz de Draco atravesó las cortinas. ¡Harry! Ya he terminado. ¿Hacemos algo? Con fastidio el muchacho se despidió de Tom y cerró el Diario. Éste último le animo a no enfadarse y a divertirse un rato con su compañero.
- ¿Qué hacías?
- Practicar un hechizo de Encantamientos - mintió fácilmente -. ¿Qué te apetece?
- No lo sé - Draco se tiró de espaldas sobre la cama con los brazos cruzados -. Pero me aburró.
Harry se fijó en los baúles, ambos abiertos y bastante desordenados.
- Tal vez deberíamos colocar las cosas en el armario - sugirió, sin mucho entusiasmo.
- ¡Bah! - desechó el rubio, con una mueca -. Yo pienso dejar una nota con instrucciones a los elfos domésticos está noche. ¡Qué se encarguen ellos!
Harry, que estaba poco acostumbrado a tener a alguien que se encargara de sus tareas, asintió encantado.
- ¿Funcionara?
- Mi madre dice que ella lo hacía siempre.
- De acuerdo.
El muchacho buscó otra idea para entretenerse.
- Entonces… ¿echamos una partida al ajedrez mágico?
- Ya hemos jugado esta mañana... ¡Oye! - se incorporó de repente, entusiasmado -. ¿Y si vamos a explorar las mazmorras?
Harry sacudió la cabeza. Por más interesante que sonara la idea no iba a arriesgarse a que lo pillaran.
- ¡Y qué nos cacen! Seguro que los prefectos nos matan si la casa pierde puntos por nuestra culpa - dijo, pensando en lo cerca que había estado de ello con el fuego de esa mañana. Si sólo McGonagall hubiera investigado…
- Cierto… - Draco suspiró; se levantó de la cama, y cruzó la habitación para sentarse en la suya, cruzando las piernas -. ¿Sabes? Deberíamos aprender el hechizo desilusionador. Eso sí sería realmente útil.
La idea los entusiasmo a ambos. Harry se sentó a su lado en la cama y practicaron juntos. Al cabo de treinta minutos quedó claro que no lo lograrían, pero entonces comenzaron a desviarse a otro tipo de hechizos, y para la media noche, cuando finalmente decidieron acostarse, Harry sabía realizar correctamente un encantamiento cosquillas, otro para cambiar el color de la ropa (a Draco le sentaban fatal los colores Gryffindor), y el más increíble, un conjuro para invocar serpientes. El rubio se murió de envidia cuando él no fue capaz de realizarlo, pero a su favor, Harry reconocía que a él le paso lo mismo cuando tampoco fue capaz de transformar un cojín en una pequeña alfombra para la víbora. Después de jurar y perjurar mil veces que la serpiente no los mordería, la habían adoptado y ahora Sky dormía placidamente en un rincón de su habitación.
A la mañana siguiente la rutina quedó ya establecida. Draco volvió a despertar de mal humor pero Harry lo ignoró totalmente. Pidió turno, se aseó en el lavabo, se valió del hechizo calorífico aprendido la tarde interior, mantuvo una pequeña conversación con la serpiente (que había salido a cazar ratones por las mazmorras mientras dormían, pero nadie la había visto), cogió su maletín y aguardó a Draco para dirigirse juntos al Gran Comedor. Esta vez no tuvieron que esperar a los prefectos ni a nadie, y el humor del rubio volvió a mejorar después de dar gusto al bacon y a las tostadas.
La clase de Historia de la Magía, de nuevo a primera hora, paso sin incidentes y fue tan horrible o peor que el día anterior, pero Harry ya lo esperaba. Se sentó junto a Draco y pasaron la hora hablando de la noche pasada, y reprimiendo las ganas de usar los hechizos aprendidos en Crabbe o Goyle. Para lo que no estaba preparado, fue para la clase de pociones.
Siendo justos, debía reconocer que el profesor Snape no era mal profesor. O, bueno, en realidad era un profesor horrible; pero sabía de qué hablaba, y como McGongall, tenía el don de inspirar respeto, y mantener a la clase callada sin esfuerzo. Hasta ahí llegaba todo. Snape también era injusto, agresivo, impaciente y parcial. Y lo peor de todo es que lo odiaba.
Entró a la clase vestido con una túnica negra, que se sacudía a sus pasos dándole andares de murciélago. Al igual que Flitwick, dejo de pasar lista cuando llegó a su nombre, pero por motivos muy diferentes. Se acercó hasta su pupitre (Harry maldijo que Draco lo hubiera convencido de sentarse en primera fila), y lo examino de arriba a abajo con desprecio.
- Harry Potter. Nuestra nueva… celebridad.
Por el rabillo del ojo, Harry vio como Ronald Weasly sonreía sarcásticamente, complacido y también aliviado. Sin duda había acudido a la clase pensando que Snape se echaría encima de los Gryffindor, y en cambio éste te había lanzado sobre Harry. Su compañero de pupitre, un muchacho moreno con el pelo rizado, de la selección, Harry recordaba que se llamaba Fineran o Fingigan, también sonreía, pero no parecía tan satisfecho. Para Weasly era algo personal.
La expresión de Harry se endureció de inmediato, y sus ojos martillearon fríamente con odio al profesor, aunque éste, atrapado a mitad del discurso de presentación, fingió no percatarse. A Harry no lo engañó. Una vez finalizó sus palabras, volvió a acerarse a él.
- ¡Señor Potter! ¿Qué obtendré si añado polvo de raíces de asfódelo a una infusión de ajenjo?
¿Polvo de qué a una raíz de qué? Harry no lo sabía. Se había estudiado el libro de pociones con mediano interés antes de acudir a Hogwarts, pero de esa pregunta o no se acordaba o no aparecía. Aun así se mantuvo en terco silencio, sin ceder la mirada. Snape entrecerró los ojos.
- Vaya, vaya, Potter… Se ve que la fama no lo es todo. ¡Intentémoslo de nuevo! ¿Dónde buscarías si te digo que me encuentres un bezoar?
Harry sonrió por dentro, sin dejar de lado su expresión fría. Esa sí la sabía. Tom le había hablado de los bezoar mucho antes de empezar Hogwarts, e incluso había insistido para que se comprara uno en la boticaria del Callejón Diagon, uno que Harry llevaba colgado del cuello en ese momento. El muchacho dudaba que alguien tratara de envenenarlo tan pronto, estando aún en el colegio, pero lo había comprado para tranquilizar a Tom.
- Un bezoar es una piedra sacada del estómago de una cabra y sirve para salvarte de la mayor parte de los venenos - respondió con la seguridad ante el asombro de la clase y del propio profesor.
A su lado, Draco parecía curioso por la respuesta, a pesar de sus habilidades en pociones, él habría fallado; pero una mesas más allá, Hermione Granger lucía decepcionada; ella si lo había sabido. Interesante. Su atención se centró únicamente en Snape.
- Correcto esta vez, Potter - reconoció obligado profesor; por su expresión, pareció que las palabras se atragantaban dolorosamente en su garganta-. ¿A qué estáis esperando? - lo ignoró a él y se dirigió al resto la clase -. ¡Copiadlo todo el mundo! Y añadid también que la raiz…
Las cosas no iban a quedar así.
- Sin embargo - Harry se atrevió a interrumpirlo -. Me pregunto porque un profesor tan versado como usted hace preguntas a un alumno de primero sobre temas que no se cursan hasta un año antes de los EXTASIS.
Si acertar la pregunta de Snape había provocado asombro, ahora la clase entera se quedó estupefacta ante su atrevimiento. El profesor agrió el rostro con odio, camino hasta su lado, y se inclino en su pupitre para queda cara a cara con él.
- ¿Cómo se atreve, señor Potter?
Pero Harry no prestó atención a sus palabras. Eran sus ojos quienes lo preocupaban. Sus ojos negros, fijos en los suyos por primera vez desde que empezara la clase, presionando en su mente, tratando de descubrir sus secretos. Prácticamente podía sentirlos caminando por su cerebro, entrometiéndose en sus secretos, atacando las defensas que él mismo había construido, escurriéndose por las grietas más débiles. Y era muy hábil. Mucho. Demasiado.
Su primo Dudley pellizcándole la nariz cuando era un bebé. Vernon arrastrándolo de la oreja hasta alacena. Petunia hablando del accidente de coche donde murieron sus padres. Él castigando a un niño en el colegio; para entonces ya sabía que era un mago. Y un cuaderno de cuero con tapas negras…
¡NO! ¡FUERA!
La mente de Harry estalló con toda su furia, y de algún lugar cercano a su pecho brotó una explosión de poder. Snape había estado cerca de descubrir a Tom. Muy cerca. Pero Harry no podía permitirlo. Las tornas cambiaron. Ahora él quien tenía control sobre la mente del otro. Varias imágenes se sucedieron y no eran parte de sus propios recuerdos.
Un niño con el cabello negro y grasiento acurrucado en un rincón, mientras sus padres gritaban. Él mismo niño, vestido con una bata vieja, oculto entre los arbustos espiando a dos niñas; una era pelirroja y con pecas, de la otra apenas podía distinguirse el rostro. Snape, de la edad de Harry, sentado en un vagón del expreso de Hogwart; curiosamente, la misma niña pelirroja estaba sentado junto a él. De alguna manera extraña, ella resultaba familiar a Harry. De nuevo Snape, algunos años mayor; sentado en un banco y hablando muy cerca con una adolescente de cabello rojo. Los ojos de ella eran de un verde intenso, y Snape parecía hipnotizado por ellos; una amplia sonrisa iluminaba su rostro y lo hacía parecer totalmente distinto al Snape que Harry conocía. Ahora las cosas cambiaban. Snape era ya un adulto y observaba a una familia a los lejos. Una hermosa mujer pelirroja acompañada de un hombre, vuelto de espadas, con cabello negro revolviéndose al viento; la mujer llevaba un bebé en brazos. Ira. Rabia. Furia. Odio. Anhelo. Un intenso anhelo.
Las imágenes cesaron de golpe. Y Harry sintió un tirón que lo sacaba fuera y lo dejaba mareado, casi sin fuerzas, con la bilis revolviéndose en su estómago.
- ¡CASTIGADO, POTTER! El viernes por la tarde, en mi despacho. ¡Y AHORA TODO EL MUNDO! ¡HACED LA POCIÓN!
La clase entera sufrió un sobresaltó y se asustó con la furia de Snape, pero no Harry. Su mente se encontraba difusa y dispersa, y por alguna razón, no podía dejar de pensar en la chica del cabello rojo. La quería de vuelta. Verla de nuevo.
Snape no volvió a acercarse a él y tampoco habló más en toda la clase, ni siquiera para dar instrucciones. El pobre estúpido que se atrevió a alzar la mano y hacerle una pregunta recibió un cero. Harry estaba distraído. Draco tuvo que darle un codazo un par de veces para evitar que echara un ingrediente y correcto que destrozase la poción. Pero, a decir verdad, a Harry ya no le importaba su nota en pociones, ni la burla de Weasley, ni los intentos frustrado de su amigo por ayudarlo. Ni siquiera el castigo del viernes. Todo cuanto deseaba, era la identidad de esa muchacha pelirroja de ojos verdes, tan parecidos a los suyos.
Konichiwa! Espero que hayáis disfrutado del capítulo. Ha sido más largo de lo que esperaba. ¡Doce páginas word! Si es que no puedo evitarlo… me engancho, me extiendo y no paro. Pero bueno, mejor para vosotros. Aunque hayas tenido que esperar unos días más para leerlo (tampoco muchos, ¿eh? Han pasado sólo cuatro días desde el último episodio).
Sobre el capítulo. La verdad es que disfrutado mucho escribiéndolo, especialmente las últimas líneas. Supongo que para vosotros leer sobre las clases resultará algo más aburrido (¿o quizá no?), pero a mi me ha encantado desarrollar las opiniones de Harry sobre cada materia y profesor (un poco distintas a las del libro), el incidente de Historia, las breves pero importantes menciones a Hermione, y sobre todo, la personalidad de los Slytherin, quizá porque en los libros los desarrollan poco (o nada) y tengo más libertad a la hora de hacerlo.
Bien, respecto a esto último, quiero aclarar algunas cosas. El de hoy ha sido un capítulo de presentación para ellos, después no tendrán tanta importancia (que la tendrán) pero quería ofreceros un boceto de cómo son y qué piensas para que más tarde con unas pocas líneas comprendáis su comportamiento.
Zabini es el más ambicioso, espera recibir su lugar tras Draco y le ofende que Harry lo haya conseguido porque lo considera indigno. Esto lleva a desarrollar una relación competitiva entre ellos (que la habrá), y es evidente que por ahora no le tiene mucho aprecio. Harry, que es capaz de cambiar de personalidad en un instante (en gran parte, debido a sus tíos, porque está decidido a impedir que nadie lo maltrate de nuevo), tampoco le tiene mucho aprecio. Todo esto por ahora. No voy a encasillar a los personajes como sucede en los libros. Es sólo por ahora.
Nott carece de la ambición de Zabini (y la de Harry y Draco, quizá más fuerte, pero aún por desarrollar debido a sus vidas), pero sin embargo tal vez sea más astuto que todos ellos. Se limita a observar desde fuera y no intenta llamar la atención sobre sus habilidades, al contrario, la esconde. Tiene una personalidad algo retraída, pero posee un gran control sobre sí mismo y sus emociones. Es un personaje interesante, que también tendrá sus roces con Harry y quizá con alguien más (lo tengo todo planeado pero no pienso deciros nada, XD).
Grabbe y Goyle siguen el ritmo de los libros, dos personajes de relleno y algo cómicos. Lo siento si alguien le gustan, pero de por sí nunca he sido capaz de trabajar y extender con ellos, y después de su revuelta contra Draco en el séptimo me caen realmente mal.
Daphe Greengrass será la niña típica, cabello rubio con tirabuzones, piel pálida, y ojos azules, muy guapa, como una muñequita de porcelana, algo soberbia y ambiciosa, pero niña por el momento. Y Milliccent será un poco chicazo, por seguir el esquema de los libros.
Pansy Parkinson será la voz cantante de las chicas, por supuesto. Espero que me perdonéis que halla variado un poco su personalidad y su aspecto del de los libros, pero es que lo que le hacen a ella en un basing completo. No me creo que una mujer capaz de conquistar a Draco (se ven juntos en el sexto libro), sea tan estúpida y corta de entendederas. Además, ¿os dais cuenta de que todos los Slytherin son pintados por JK como feos en los libros? Luego en las pelis le sale el tiro mal con Draco. Así que yo a ella la voy a describir con una palabra: única. Mucho más preocupada por mantener su cabello liso que por las clases, capaz de salir de un incendio e ir a cambiar su túnica y su peinado porque han adquirido un leve olor a humo, inteligente, ambiciosa y sobre todo astuta, aunque todavía tendrá que desarrollar estas cualidades. Aunque, al final, tal vez sea su corazón lo que venza. También tengo planes para ella (XD), pero no pienso desvelaros nada.
Por último, también hay algunos chicos y chicas más inventados, o al menos que no aparecen en los libros. Tranquilos, no tengo intención de trabajar mucho con ellos, ni de crear ningún Gary/Mary-Sue, aunque desde luego, tendrán su carácter y su breve historia. Al fin y al cabo, son compañeros de Harry. Disculpad a quien no le gusten los originales, pero es que en un colegio al que se suponen que asisten unos mil aprendices de mago, es imposible asignar un puñado de ocho chicos por casa, que hacen veinticuatro por curso, que hacen unos ciento cincuenta. Las cifras no coinciden. (Incluso con mi excusa de que debido a la guerra las generaciones próximas a Harry se resienten). Además, podrían haber asistido. Daphe, por ejemplo, no es mencionada en los libros (creo, corregidme si me equivoco), y sin embargo Rowling dice que acompaño a Draco en su curso y que es la hermana pequeña de Astoria.
Y ahora un tema diferente. Espero también que no os hayáis sentido decepcionados de que Harry no sobresalga o sea el mejor en todas las asignaturas, o de que Draco no se esfuerce en ser el número uno. Pero es que son unos niños. Más que más, soy incapaz de ofrecer una imagen realista de este hecho colocándolo a ambos, o al menos a Harry, como el alumno superdotado que encabeza la clase siempre. Se que hay muchos autores que lo hacen, y realmente los admiró porque (algunos) lo escriben de forma totalmente verídica y creíble, pero yo no puedo hacerlo. Tal vez tenga algo que ver mi propia personalidad, mi forma de ver la vida, o el que no quiera alejarme del Harry que nos ofrecen los libros. A pesar de cambiar sus circunstancias, y con ello sus acciones, actitudes y pensamientos, no quiero crear un OCC. Me parece que no sería capaz de lograrlo de forma creíble, así que me mantengo en lo que sé que soy capaz de conseguir.
Por supuesto Harry es muy inteligente, y aquí ya está haciendo uso de esa inteligencia más que en los libros. Y como dice Tom, también es mucho más poderoso que Draco. De echo su potencial es superior con creces al de todos sus compañeros, probablemente al de todos los alumnos de Hogwarts y profesores. Pero debido a ello, si lo aplicaba desde el principio, corría el riego o, al menos, me encontraba peligrosamente cerca de crear un Gary-sue. Y no es esa mi intención. Harry tiene el potencial, pero necesitara crecer, aprender, experimentar y evolucionar mucho ante de darle todo su uso. Mientras tanto deberá trabajar sus defectos y sus puntos débiles, que los tiene. Ojala no os suponga un problema.
Tampoco penséis que van a ser siempre así, un Harry que se dedica a hablar con Draco en las clases, o un Draco que se la pasa divirtiéndose con Harry y molestando a Crabbe y Goyle. Pero por ahora tienen once años. Para Harry Hogwarts es su primera oportunidad de conocer gente y de tener un amigo. Y Draco es un niño rico consentido y sobreprotegido por sus padres (no sólo su madre), slytherin, sí, porque es astuto a la hora de analizar a la gente, consciente de su posición, y sabio a la hora de manejarla, pero también está habituado a conseguir todo por el mínimo esfuerzo y no tiene mucha idea del mundo "real". Esto cambiará, con el tiempo, pero precisamente hace falta tiempo (y experiencias) para que cambie.
Pero bueno, creo que ya he escrito suficientes explicaciones. Pasan de las diez y aún no he colgado el capítulo. Ojala lo disfrutéis mucho y sabed que estoy esperando vuestros comentarios. ¡Siempre me animan!
Un abrazo a todos los lectores. Con cariño se despide de ellos, Anzu.
