Disclameir: Harry Potter no es mio, pertenece a la gran JK Rowling.
Capítulo 6
A pesar de que la luz y aire fluían con más facilidad fuera de las mazmorras, Harry no logró despejarse. Las imágenes robadas en la mente de Snape y el odio grabado en los ojos del profesor lo perseguían. Su instinto le indicaba que había más secretos y razones allí de lo que parecía, y Tom siempre alababa sus percepciones. Necesitaba saber la identidad de la mujer pelirroja y la causa de ese odio. El comentario de Draco mientras entraban al Gran Comedor tampoco ayudo demasiado.
- ¿Se puede saber que le has hecho a Snape? Nunca lo había visto odiar tanto alguien desde el principio, ni siquiera a un Gryffindor…
Apretando los labios, Harry eligió no responder. Dio media vuelta y sin aclarar nada, regreso a la entrada de las mazmorras, en dirección a su Sala Común. La comida no le hubiera hecho provecho de todos modos. Y tenía que hablar urgentemente con Tom.
¿Qué se obtiene al añadir polvo de raíces de asfódelo a una infusión de ajenjo?
Fue lo primero que escribió, ahorrándose el saludo.
~ ¿Harry? ¿A qué viene esa pregunta?~
Dimelo, por favor.
~ Se obtiene una poción muy poderosa conocida como Filtro de Muertos en Vida, ingrediente principal para crear inferis. ~
Vaya…
~ ¿Me dirás ahora de dónde viene tu apremiante curiosidad? Todavía eres un poco joven para crear un ejercito de muertos vivientes… ~
Lo siento.
Harry se disculpó, sonrojado, y a continuación paso a explicarle lo ocurrido durante la clase de pociones.
~ Así que tu problema se llama Severus Snape… Él fue uno de mis mortifagos, aunque tras mi caída se cobijó bajo el ala de Dumbledore, y muchos sospecharon de él que era un traidor. ~
Draco parece conocerlo de antes. Creo que Snape y su padre son amigos…
~ Lucius no tiene amigos. Aunque si de verdad confraternizan, es todavía más extraño su comportamiento hacía ti. ~
Yo creo que es personal. Y que tiene que ver con esa chica pelirroja. Te juro que nunca la había visto, pero me pareció tan familiar… Necesito saber quien es.
~ Si es tan importante, pregúntaselo. ~
¿Estás loco? Sería capaz de matarme, Tom. Y nunca me daría una respuesta.
~ No sería necesario. Probablemente la respuesta se reflejaría en su mente y sería fácil para ti robársela. Ya has vencido una vez en vuestro duelo de Legilimens. ~
Harry meditó la sugerencia, pero hubo de aparcarla para más tarde. El eco de unos pasos cercanos lo alertó y la voz de Draco lo obligó a cerrar el Diario rápidamente, y a ocultarlo bajo la almohada antes de que él descorriera las cortinas.
- Harry, ¿estás bien? Mira, le ordenado a Crabbe que te traiga algo del comedor. Tarta de melaza, tu favorita.
El muchacho sintió que su enfado por la interrupción se disipaba, y la ira por el encontronazo con Snape ya se había diluido tras hablarlo con Tom. Separó los doseles, y le dedicó a su amigo una sonrisa agradecida. También recogió el plato de comida que le entregó Crabbe, acompañado de una mirada malhumorada. Suponía que no le gustaba servirle a él, o quizá simplemente estaba enfadado porque no había podido recolectar comida para sí mismo debido a ello. No le dio más importancia.
- ¡Ala! Ya puedes irte - Draco despidió a Crabbe con muy pocos modales, y después se sentó a su lado en la cama sin esperar invitación. Al menos fue lo bastante prudente para no volver a tocar el tema de pociones -. ¿Has acabado ya los deberes de Historia? - preguntó, picando una galleta de chocolate de las que le había traído.
- No - contestó Harry -. Y no pienso hacerlo. Mientras no nos pongan un profesor decente no pienso mover un dedo por esa asignatura.
- ¿Y si te suspenden? - Draco no parecía escandalizado, sólo curioso.
- Soy famoso en el mundo entero - explicó, sin ínfulas de grandeza -. A ellos no les conviene suspender a su héroe. Y si lo hacen, solicitaré una revisión del contenido al consejo escolar. La simple amenaza bastará para que se replanteen mi nota.
El rubio suspiro sin maldad.
- Te envidio. Grabbe y Goyle son tan inútiles que ni siquiera puedo ordenarles que lo hagan por mi. Me toca tragar y estudiar.
Harry se encogió de hombros, conmiserándose con su amigo. Pero no se le ocurría nada que pudieran hacer. Estaban atados a Binss. Al menos, de momento.
- Oye, Draco, ¿cuánto falta para Defensa? - inquirió no sólo por cambiar de tema, sino porque realmente tenía ganas de recibir esa clase.
- ¡Mierda! Menos de quince minutos… Supongo que habrá que ir yendo.
- Si - Harry se puso en pie -. Y ve rezando porque esta clase si tenga un profesor decente - sugirió, con pocas expectativas.
Pocas expectativas que no se cumplieron.
El profesor Quirrell era un chalado pálido y debilucho, o al menos lo aparentaba, con un turbante morado cubriendo su cráneo, y una tartamudeo crónico al hablar. No era tan insoportable como Binns, pero las dos horas de clase las dedico a la presentación y la teoría, y dejo claro que su interés y el temario de el curso girarían entorno a un mismo espécimen: vampiro. Aunque para muchos éste fuera una criatura fascinante, Harry continuaba prefiriendo la formación practica y las Artes Oscuras sobre cualquier otro tema, así que se vio de nuevo altamente decepcionado.
Sin embargo, había algo en Quirrell que hacía sospechar a Harry que el profesor era mucho más de lo que aparentaba. No era físico, más bien una lejana percepción. Tal vez ese tirón que sentía cada vez que el hombre se le acercaba, como si su magia anhelara entrar en contacto con él, o quizá las sensaciones que le trasmitía su aura, pues no era un aura poderosa, aún menos que McGonagall, y sin embargo tenía algo oscuro, oculto, infinito, aterrador… algo que lo hacia sentirse inmensamente atraído.
Quirrell no parecía darse cuenta. Su trato hacía él era normal, el mismo que le dirigía a los demás estudiantes. Y Harry se cuestionaba si su comportamiento habitual y torpe era sólo una representación, o si de verdad el hombre era tal cual aparentaba.
Draco no había reparado en ninguna de aquellas facetas. Tras la primera media hora, su opinión sobre él había quedado sentenciada: un nuevo profesor inútil y despreciable, sin nada que enseñar, con olor a ajo, y tartamudo. A partir de ahí, no había desperdiciado oportunidad para burlarse de él. Harry comprendió que Draco sólo tenía una forma de juzgar a la gente: los que merecían su respeto y los que no, y que era tremendamente difícil entrar en el primer grupo, pero no tanto como dejar de calificar para el segundo. Había tenido suerte de encajar entre los primeros, o el rubio hubiera podido hacer su vida realmente difícil.
Acabadas las dos horas de Defensa, Harry no tuvo más remedio que encararse con la tarea de Pociones. Draco hizo otro tanto. Por suerte Quirrell les había dado fiesta por ser el primer día, y Harry encontró tiempo que pasar con Tom, mientras el rubio concluía su pergamino de Historia.
El miércoles Harry enfrentó las dos únicas nuevas clases que quedaban: Herbología y Astronomía. Ninguna de las dos le propició el mayor interés, pero tanto la profesora Sprout como la profesora Sinistra demostraron mayor nivel y conocimiento de la materia que muchos de sus otros colegas. Desesperante.
Para el último día de clases, el viernes, Harry había conseguido presentar a tiempo todas sus tareas (excepto las de Historia), llevaba al día el material de las clases, y había sufrido grandes progresos en Transformaciones (la transfiguración de las cerillas en agujas estaba dominada, y el lapicero había dado grandes pasos en su camino por convertirse en cuchara). A la hora de la comida, fue la primer vez en toda la semana que Hedwig se posó ante él con una carta en la pata.
O bueno, pensó Harry tras ver el tamaño de la susodicha, más bien una nota.
- ¡Mierda!
- ¿Qué pasa? - Draco se volvió hacía él preocupado, mientras asaltaba la caja de deliciosos bombones que le había enviado su madre.
- Hagrid quiere quedar conmigo está tarde.
- ¿El gigante?
- ¿Conoces a otro Hagrid?
Draco compuso una mueca de asco.
- Es un idiota. Mejor mándalo a la mierda.
- De la misma manera que tu padre manda a la mierda al idiota del ministro, ¿no? - se burló -. Contactos, Draco. Contactos. Y apariencia. Hagrid está demasiado cerca de Dumbledore para ser desagradecido con él. Por suerte - sonrió al rubio, mientras éste ponía los ojos en blanco -. Tengo una excusa prefecta para no ir. Estoy castigado con Snape.
Le pareció escuchar que Draco replicaba algo como: siendo tú, no se que es peor…Pero no le prestó atención. Snape lo había ignorado totalmente en la clase doble que había vuelto a tener esa misma mañana. Con excepción de un comentario burlesco y despectivo, casi fabricado por obligación cuando el color de su poción se acercó más al azul que al violeta exigido, no había dado prueba alguna de reparar en su presencia. Y al burlase ni siquiera lo había mirado a la cara, al contrario; había rehuido su mirada. Una explicación coherente a dicho comportamiento sería el recuerdo de su último enfrentamiento mental, pero Harry estaba casi seguro de que había algo más envuelto. Y pensaba averiguarlo.
- Bueno - la alegre voz de Draco lo distrajo de sus meditaciones -. Tengo algo para ti que seguro que te anima. Toma: les he hablado a mis padre de ti y mi madre te envía esto. Pruébalos. ¡Están buenísimos!
Harry cogió el paquete dorado que Draco le tendía sintiendo, primero sorpresa, y a continuación una extraña emoción que no era capaz de explicar. En letras oscuras y resplandecientes, decoradas por un margen negro, se leía: Chocolates Suizos: la delicia que sólo unos pocos magos pueden permitirse. Una caja exactamente igual brillaba en las manos de Draco. Sus padres habían enviado una para él y otra para Harry. La suya adjuntaba una pequeña nota:
Por convertirte en tan buen amigo de nuestro hijo,
N&L Malfoy
Aquella era una hábil maniobra política de los Malfoy, muy acorde a todo lo que Tom le había contado sobre ellos. Sin embargo, Harry se encontró extrañamente conmovido. Tal vez porque el nombre de Narcissa firmaba delante, confiriéndole la autoridad sobre la idea, o porque él mismo jamás dispondría de una madre que le enviara chocolates, o que disfrutara consintiendo a sus amigos. Fuere cual fuese la razón, se prometió a sí mismo que escribiría una carta de agradecimiento a los Malfoy, y pediría a Draco que la enviara junto a su propia correspondencia.
Desenvolvió el paquete y seccionó una porción de la primera tableta, para descubrir maravillado que nunca antes había saboreado su paladar algo tan delicado y delicioso. Dio las gracias a Draco con abierta efusividad, y decidió tomar sólo un pedazo más y guardar el resto para otras ocasiones. El chocolate era un potente estimulante, y si las clases continuaban con el ritmo marcado hasta ahora, le haría mucha falta en el futuro.
- ¿A qué hora tienes el castigo con Snape?
- En menos de veinte minutos - respondió Harry de mala gana, tras comprobar el reloj.
- ¡Pues que mierda! - bufó el rubio -. Como te entretenga mucho rato, no sé lo que voy a hacer toda la tarde.
Harry se encogió de hombros. Él también esperaba (sin demasiadas ilusiones) que Snape se conformara con darle una hora o dos de castigo, pero por diferentes motivos a los de Draco. Necesitaba concluir los deberes de Herbología y Defensa que le habían mandado ese mismo día, y perfeccionar la redacción de Transformaciones de la tarde pasada. De lo contrario la tarea comenzaría a acumularse y no le dejaría tiempo para la lectura que quería iniciar ese mismo fin de semana.
- Será mejor que vaya yendo ya - se despidió de Draco incorporándose -. ¡Nos vemos!
Le pareció escuchar que el rubio se giraba hacía él y le enviaba un suerte, seguido de un "¡no te aburras demasiado!", pero no se volvió para contestarle. La mochila pesaba y todavía tenía que pasar por su dormitorio para descargar los libros. Y no quería imaginar la cara de Snape si llegaba tarde.
La Sala Común estaba prácticamente vacía al ser la hora de la comida, y Harry llegó a su habitación sin accidentes. Dejó la mochila sobre su escritorio y se acercó a la pequeña serpiente, que dormitaba sobre la colcha verde encantada por Draco.
- ¿Cómo va todo, Sky?
- Bien, amo Harry. Sky ha cazado muchas ratas… ratas saltarinas… ratas deliciosas… ratas sabrosas…
El muchacho torció el rostro en un gesto de asco y se alejó de la serpiente con una leve mueca despedida. Lo cierto es que Sky había supuesto más una decepción que otra cosa. La cobra se pasaba las noches cazando y los días durmiendo, y era totalmente incapaz de mantener una conversación mínimamente inteligente. Aun así, Harry se resistía a deshacerse de ella.
El camino desde la Sala Común a la clase de pociones era breve, y tras volver a comprobar el reloj, Harry descubrió con alivio que todavía faltaban dos minutos para la hora fijada.
- ¿Tan ansioso está por comenzar su castigo, señor Potter? - fue el sarcástico saludo de Snape; Harry apretó los labios para contener una réplica -. En su pupitre tiene un bote de escarabajos peloteros, los quiero todos limpios y con las patas cortadas. Y cuando acabe búsqueme, le diré el orden de sus demás tareas.
Hijo de puta, fue su reacción instantánea a la orden. Por suerte mantuvo el suficiente control de sí mismo para sólo pensarlo, y no pronunciarlo en voz alta. Limpiar escarabajos era un trabajo tedioso y muy sucio. Había que cortar todas sus patas y antenas, eliminar la cáscara, y dejar al descubierto sus tripas y cerebro manualmente, uno por uno. Realmente asqueroso. Y por las palabras de Snape, aquello era sólo el principio.
Resignado, el joven fue a tomar asiento en el pupitre asignado; abrió el bote de los escarabajos, comprobó el filo de las pinzas y del cuchillo (Snape era capaz de darle unos melladas adrede), se maldijo a sí mismo por no haber caído en traer unos guantes, y empezó con el trabajo.
Media hora y cinco escarabajos más tarde, el nulo entusiasmo que antes cargaba se había reducido aún más, y el muchacho no podía dejar de preguntarse qué hacía allí, sufriendo ese castigo injusto como un idiota, cuando tenía cosas muchísimo más importantes en las que trabajar. De seguro Tom se sentiría decepcionado.
- ¿Ha acabado ya, señor Potter? - Snape lo taladró con su típica mirada de murciélago asesino, cargada además de un evidente escepticismo, cuando él lo interceptó en su despacho.
- En realidad, no - reconoció Harry si amedrentarse.
- Entonces le aseguró que no entiendo qué está usted haciendo aquí
- Lo siento - lo apaciguó adoptando una imagen sumisa-. Yo tenía una duda, profesor.
- Ya. Con el nulo cerebro que ha demostrado hasta ahora eso no es una sorpresa - se burló; Harry mantuvo la compostura -. ¿Qué es lo que no entiende?
- La mujer del cabello rojo. Quiero saber quien era.
El cambio en el aspecto sereno y casi aburrido del profesor fue instantáneo. Sus mejillas se hincharon con ira, sus labios desaparecieron hasta convertirse en una imperceptible línea, sus puños se contrajeron, e incluso unas gotas de sudor invadieron en su frente. Pero lo más sorprendente fueron sus ojos, que si antes relampagueaban negros como dos pozos de odio y sarcasmo, ahora brillaban con rabia, pero también con otras emociones que a Harry le costó descifrar: pena, culpa, nostalgia, anhelo, ¿amor?
- No tengo ni idea de a quien está usted refiriéndose, señor Potter - mintió.
Harry lo sabía, y también sabía que Snape sabía que él lo sabía. Por eso no se rindió.
- La chica pelirroja que está en todos sus recuerdos. Aquellos que se reflejaron en mi mente mientras usted intentaba practicar ilegalmente legilimancia con un alumno - acusó.
Snape se mantuvo en sus trece.
- Le repito que no tengo ni idea de qué está hablando, Potter. Y ahora, por su propio bien, será mejor que se calle.
Harry comenzó a impacientarse.
- ¡Usted sabe de quien estoy hablando! ¿Quién era ella?
- ¡SILENCIO, POTTER! - tronó Snape. Cualquier atisbo de disimulo había desaparecido de sus ojos, que ahora lo miraban destilando relámpagos de odio -. ¡Te lo advierto! Un palabra más y…
- ¡TENGO DERECHO A SABERLO! - lo interrumpió Harry, que también había perdido el control de sí mismo. Pero estaba tan cerca, tan cerca… -. ¡Usted la conocía! ¡Eran amigos! ¡ Y ella tiene algo que ver conmigo! ¡Tiene mis ojos!
- ¡POTTER…!
- Ella era mi madre, ¿verdad? ¿Por eso me odia? ¿Por qué ella no lo eligió a usted para ser mi…?
- ¡FUERA! - Harry se vio expulsado contra su voluntad del despacho. Snape lo había atacado. Un hechizo lo había golpeado en el pecho y lo había arrojado contra el suelo varios metros más allá. El profesor lo miraba ahora desde arriba, con la varita en alto y las mejillas inhabitualmente sonrojadas por el esfuerzo -. No vuelva a dirigirme una palabra, señor Potter - amenazó con la voz susurrante y contraída a causa de la rabia -. Y lárguese de aquí ahora mismo si no quiere que lo mate.
Harry no insistió. Veía en sus ojos que era cierto. Snape era capaz de matarlo en ese momento, aunque luego tuviera que cargar el peso de su muerte. Debía haberse acercado mucho a la verdad para que su profesor reaccionara de esa manera.
Con el corazón desbocado y la respiración sofocada, el muchacho se incorporó lentamente, le dio la espalda tratando de disimular su miedo, y caminó hasta la puerta del aula. Una vez fuera empezó a correr. Corrió sin detenerse y sin prestar atención al dolor acuciante de su estómago ni a la pequeña brecha que se había abierto en el brazo al caer, hasta que hubo, al menos, cinco plantas separándolo de Snape. Sólo entonces se detuvo. El corazón continuaba latiéndole desbocado. Que recordara, nunca antes había visto a la muerte tan cerca. Había sido escalofriante.
Le llevó, como poco, diez minutos y varios chorros de agua fría en el rostro y en la nuca relajar sus sentidos y apaciguar su miedo. Pero cuando salió del lavabo Harry se sentía tranquilo, casi satisfecho. Al fin y al cabo, la reacción de Snape había sido la mayor confirmación de su teoría que hubiera podido esperar. La muchacha del cabello rojo había sido su madre. Y si Snape lo odiaba a él era porque, evidentemente, le recordaba a su padre. Celos. ¡Apenas podía esperar para contárselo a Tom!
Harry torció la mirada a su alrededor, buscando el camino que le llevara de vuelta a las mazmorras, pero no reconoció el pasillo. En su huida debía haberse alejado más de lo previsto. Resignado, Harry comenzó a caminar hacía el frente, en busca de algún recodo conocido, cuando el sonido de una voz familiar lo detuvo. Provenía de una habitación próxima, a pocos pasos distancia de donde él se encontraba.
Con la sensación de invadir territorio ajeno, pero incapaz de resistir la curiosidad, Harry avanzó hasta la puerta y la abrió. Lo que encontró fue toda una sorpresa: Hermione Granger, la Gryffindor inteligente de su mismo año, escribía furiosamente en un pergamino (a juzgar por el ruido de la pluma al rasgar), mientras murmuraba en voz baja varios hechizos de prueba, recitándolos de memoria.
Pero el ruido de la puerta pareció alertar a la muchacha, porque abandonó la pluma y giró el cuerpo hacía él con el entrecejo fruncido. Harry pudo apreciar el momento exacto en que lo reconocía a partir de las rápidas emociones que conmutaron su rostro: sorpresa, incomprensión, miedo, e indeferencia.
- ¡Tú! ¿Qué es lo que quieres? - exigió ella sin alterarse.
Harry no contestó de inmediato, sino que la examino con detalle. Ella era inteligente. Sin duda, la más inteligente de su grupo de leones; tal vez incluso más inteligente que él mismo. Y además era hábil en la magia. Poderosa. Pero también era sangre sucia. Lo cual era una lástima. Una verdadera lastima.
- Nada - respondió, girándose para irse.
Quizá fue su voz, varios tonos más aguda de los normal, lo que lo detuvo.
- Por supuesto. En Hogwarts sois todos iguales, ¿sabías? - lo acusó sin poder contenerse; Harry giró el rostro hacía ella, interesado. ¿A qué se refería? -. Vosotros me odias por ser hija de muggles, y ellos me odian por intentar demostraros que puedo ser mejor bruja que cualquiera.
Así que era eso. No se sorprendía. Supuso que con "vosotros" se refería a los Slytherin, y con "ellos" a los de su propia casa. Bueno, era normal que las serpientes la despreciaran, ¿pero no se suponía que los Gryffindor existían para hacer exactamente lo contrario? ¿ O es que eran tan hipócritas y obtusos que no sabía apreciar un diamante en bruto donde se encontraba? Probablemente.
Harry se acercó unos pasos más a la chica que desde el principio le había inspirado algo de curiosidad. No era agraciada, podía tener unos ojos rasgados de bonito color chocolate y un delicado rostro con forma de corazón, pero sus paletas sobresalían como los dientes de una coballa y su cabello parecía la parte inferior de una fregona vieja. Sin embargo, no había que cometer el error de juzgarla por su aspecto. Ella era inteligente, extremadamente inteligente. Y por eso también era despreciada.
El propio Harry sabía muy bien lo que era ser despreciado. Esforzarse día a día por ser el mejor en busca de unas míseras migajas de reconocimiento o aprecio, sin que nadie lo distinguiera. Continuar intentándolo y recibir sólo desprecio a cambio. Con el tiempo se hacía difícil, muy difícil seguir sosteniéndose, y cada vez era más tentador rendirse. Pero ella también era sangre sucia. A Tom no le gustaría que intimara con ella.
- Yo no te odio - le aclaró, no obstante.
Ella elevó las cejas con evidente escepticismo.
- ¿De verdad?
Harry sonrió levemente. No sólo era inteligente, sino que el orgullo y el sarcasmo figuraban entre sus cualidades. Fascinado, se acercó unos pasos más, hasta quedar a su lado.
- Mi madre también era hija de muggles - explicó sin saber por qué -. Es posible que odie a los muggles, pero mis sentimientos son algo distintos para los muggleborn. Después de todo, pese a tus padres, tú sigues siendo una bruja.
Aquello no fue una mentira. O al menos, no una mentira completa. A diferencia de Tom, él nunca había considerado completa escoria a los nacidos muggles. Es cierto que estaba contaminados con demasiada influencia no mágica, pero eso no los hacía insalvables. El propio Harry se había criado entre muggles sin saber de la magia hasta que Tom lo encontró, y eso no había impedido que se adaptara perfectamente a sus enseñanzas. En su opinión, lo que había que hacer con los muggleborn era reeducarlos, no incitarlos de forma indirecta con desprecio y mal comportamiento a cobijarse entre apestosos muggles y traidores. O bueno, al menos con aquellos que merecieran la pena. Como Hermione. Ella valía por diez Ronald Weasley.
Se fijo en que la chica lo estaba mirando fijamente, sin duda alguna sorprendida por su explicación, quizá dilucidando si él mismo se merecía su credibilidad. Harry permitió que lo examinara; no tenía nada que ocultar. Finalmente ella pareció tomar una decisión. Infló su pecho con una respiración profunda e inclino la cabeza levemente hacía él, a modo de saludo.
- En ese caso - se disculpó -, lamentó haberte juzgado demasiado rápido. No suelo hacerlo. Supongo que estoy algo ansiosa… histérica - se recogió -, por todo ese rollo de las casas. Ron Weasley no para de decirnos a los hijos de muggles que nos mantengamos alejados de ti. Que eres un mago oscuro, y que no dudarás en atacarnos si nos piíllas a solas en algún pasillo con Malfoy.
Harry bufó. Menuda tanda de patrañas.
- Ronald Weasley es un estúpido - arguyó sin alterarse.
- Tampoco es que yo lo tomara en serio… - se disculpó ella.
Sin ganas de hablar sobre Weasley, Harry se sentó sobre una de las sillas que sobraban y examinó con curiosidad los pergaminos que la chica había extendido sobre la mesa.
- ¿Qué hacías?
- Bueno - las mejillas de Hermione se hincharon con orgullo -. Después de recibir la carta este verano, me entretuve leyendo varios libros de todas las materias. Como me pareció muy interesante, efectué también una recopilación de los hechizos más útiles que encontré en cada asignatura. Ahora estoy tratando de ampliar las listas con información dada en las clases y en la biblioteca.
La muchacha pronunció todo el párrafo muy rápidamente, como si lo hubiera recitado en su mente varias veces de memoria o como si tuviera miedo de que él se cansara de escucharla a la mitad. Probablemente él fuera la primera persona interesada a la que ella lograra explicar aquello. Harry no se cansó de escucharla.. Al contrario. Se pateó mentalmente porque la idea no se le hubiera ocurrido a sí mismo.
- ¿Puedo? - pidió permiso para examinar de cerca uno de los pergaminos.
- Claro - ella se lo otorgó ansiosa.
El pergamino rezaba en la cabecera: DCAO, y a continuación detallaba una larga lista de hechizos clasificados según su dificultad, sus efectos, y entre paréntesis, la forma correcta de ejecutarlos. Harry conocía la mayoría de oídas porque Tom le había hablado en alguna momento acerca de ellos, aunque había un par que no le sonaban de nada. Por lo que pudo juzgar, la mayoría podían resultar hechizos extremadamente útiles.
- ¡Vaya! Esto es un trabajo estupendo - la alabó con sinceridad-. ¿Tienes uno para cada materia?
Hermione asintió.
- Una de cada para Defensa, Transformaciones y Encantamientos. Y uno más con hechizos prácticos que llamaron mi atención, pero que no supe clasificar.
- ¡Joder! - no pudo contener la palabrota de asombro. Sería tan útil conseguir esas listas…
La muchacha se encogió de hombros, azorada. Probablemente no estuviera acostumbrada a recibir halagos.
- Tampoco es para tanto. He tratado de realizar algunos, pero aún tengo bastantes problemas, especialmente con los de Defensa.
Harry asintió. Aquello encajaba con lo que sabía de ella.
- Supongo que con Transformaciones no tendrás problemas…
- A veces me cuesta, pero suelo conseguirlo - confirmó la muchacha.
- Entonces hagamos un trato: yo te ayudo con Defensa y tú me devuelves el favor con Transformaciones. ¿Qué te parece? - la tentó con una amplia sonrisa.
Sería perfecto. Mataría tres pájaros de un tiro: obtendría las listas, mejoraría en las clases, y además obtendría vía libre para influenciar sobre Hermione.
- ¿En serio quieres que te ayude? - la niña parecía no terminar de creerlo -. Te he visto en clase y eres muy bueno.
- No tan bueno como quisiera - reconoció, sin darle mucha importancia -. Las Transformaciones se me escapan. Es una rama demasiado lógica para mi. Y le pediría ayuda a Draco pero sería tan inútil como pedírsela al calamar gigante. Seguro que tú eres mucho mejor profesora - la alabó, Hermione volvió a sonrojarse -. Además, ayudarte con DCAO me servirá mucho mí mismo para mejorar; algo totalmente necesario teniendo en cuenta el desastroso nivel de las clases.
Inmediatamente el rostro de Hermione adquirió una expresión seria y desaprobatoria.
- ¿Tú también lo has notado? Bueno… quiero decir - tartamudeó azorada por su súbito arranque -. Sé que hay profesores realmente competentes como McGonagall, pero me esperaba mucho más del colegio que es descrito en los libros como el mejor colegio de magia de Gran Bretaña.
Harry se cuestiono mentalmente si sería propicio hacer un apunte sobre la incompetencia del director en el asunto, o si todavía era demasiado pronto. Por desgracia, no tuvo tiempo de escoger ninguna opción. Alguien lo interrumpió antes de que lo hiciera.
- ¡Esto si es una sorpresa! - rió una voz -. El favorito de Salazar confraternizando con una muggleborn a escondidas del mundo... ¿Retornas a tus origines, Potter?
Su espalda se tensó al instante. Y no tuvo que girar el cuello para saber quien lo enfrentaba. Reconoció la voz desde el principio.
- Zabini - escupió su nombre como su fuera un insulto -. Métete en tus asuntos.
- Mis asuntos te incumben, Potter, desde el mismo momento que ocupaste el puesto que debía ser mío.
- Que yo sepa - respondió Harry astutamente, sin perder el control -. Fue Draco quien usurpó tu puesto. Yo me limité a tomar el suyo: el primero.
El moreno lo taladró con odio.
- Que el mimado de Malfoy te haya aceptado ni significa que los demás lo hayamos hecho - le advirtió, con la cabeza en alto -. Ser el gobernante de Slytherin requiere algo más que fama. Y aunque ignoro totalmente la razón por la que la serpiente te escogió a ti, para mi tu seguirás siendo escoria hasta el día en que demuestres lo contrario. Si es que puedes - añadió, despectivamente -. Porque mientras sigas codeándote con sangre sucias, me temo que no vas a ser capaz ello.
Después de escucharlo, Harry lo miró por primera vez tomándolo en serio. Zabini no lo asustaba, y mucho menos le inspiraba miedo. Pero ahora comprendía sus motivos. No lo estaba retando porque lo odiara o a causa de una rabieta infantil por haber sido superado. Él realmente respetaba a la casa y sus tradiciones. Realmente deseaba que Harry demostraba ser digno, que se ganara su respeto. Pero aunque al fin lo entendía, e incluso valoraba sus razones, eso no le daba derecho a entrometerse en su vida. Nadie tenía ese derecho. Excepto Tom, tal vez.
- Me ha gustado tu discurso Zabini - reconoció sinceramente -. Y lo respeto. Pero no por eso voy a esforzarme en probarte nada. Y en cuanto a compañías, seguiré fraternizando con quien yo más lo crea oportuno. Especialmente, si la sangre sucia en cuestión tiene más cerebro que toda la casa de Slytherin junta.
Se oyó el ruido de una pluma caer. Mierda. Harry giró el rostro hacía la mesa, ignorando la mueca de ira que le dirigía Zabini. Evidentemente, Hermione había escuchado sus palabras. Y parecía que la última parte no le había gustado. Mierda. Se había olvidado que ella estaba escuchando. Estúpido Zabini.
Harry abrió la boca para explicarse, pero la volvió a cerrarla sin llegar a pronunciar nada, atrapado en la mirada dolida que Hermione le dirigía.
- Hermione, no…
- Olvídalo - le ordenó ella mientras terminaba de recoger apresuradamente sus libros -. Tú y yo no tenemos nada más que hablar, Potter. Eres igual a como dicen todos.
El muchacho la hubiera seguido, dispuesto a explicarse y disculparse, pero Hermione no había esculpido sus palabras con ira, ni siquiera con odio. Únicamente con profunda tristeza y decepción. Aquello lo marcó más de lo esperado. Ella le gustaba de verdad, pero aun así él había tratado de llevarla a su terreno, convencerla. Entonces, ¿sería verdad? ¿Sería tan malo como lo pintaba Weasley?
- Potter…
- ¡Déjame en paz!
Ignorando completamente a Zabini y el hecho de que esta vez su voz no sonaba enfadada, sino tal vez, incluso remordida, Harry se alejó de la habitación, rumiando las últimas palabras que Hermione le había dirigido y cuestionando su propio comportamiento.
Cuando llegó a la Sala Común, ni siquiera tenía ganas de hablar con Draco. Murmuró una mala excusa y dejó que el muchacho creyera que su mal humor se debía al castigo de Snape. Escapó a su dormitorio a la primera oportunidad, cerró los doseles de su cama, se quitó la capa, y sacó de su bolsillo interior el Dario de Tom. Probablemente, hablar con él sería la única cosa que lograría animarlo.
…
~ Repítemelo otra vez. ~
No tiene mayor misterio, Tom. Simplemente me lanzó un repulso, y me dijo que me largará de allí antes de que me matara.
~ Entonces, es cierto. Ese… ser inferior se atrevió a hacerte daño. ¡Te atacó! ~
A Harry le resultó gracioso su modo de denominar a Snape, como si estuviera demasiado enfadado para buscar otro apelativo más desagradable.
Bueno, si. Pero ya te he dicho que no me ha pasado nada. A excepción de un pequeño dolor de estómago y un corte en el brazo, he sobrevivido intacto.
~ No es una cuestión que tomarse a broma, Harry. Snape pagará lo que te ha hecho. Te lo juro. ~
Te repito que no me ha pasado nada. Y conseguí la información que quería.
~ Pero él amenazó con matarte. Y tú le creíste capaz… Tal vez deberías acudir Dumbledore y contárselo. Es evidente que no puedes dar más clase con él. ~
¿Qué? ¿A Dumbledore? ¡Te has vuelto loco, Tom! ¡No pienso pedir ayuda a ese vejestorio! Además, si voy con el cuento es posible que Snape le cuente parte de los recuerdos que vio en mi mente. Sé que hasta ahora no lo ha hecho. Y eso nos metería en problemas.
~ De acuerdo. ¡Tienes razón! No pensaba claramente. Pero no puedes permitir que un incidente como el de hoy se repita. ~
No te preocupes tanto. Soy perfectamente capaz de cuidarme. Y Snape no supondrá un problema. Sé como manejarlo. Te lo prometo.
~ Sé de lo que eres capaz, pequeño. Pero no me pidas que no me preocupe por ti. ~
Harry sintió como algo en su pecho se hinchaba y sus mejillas se coloreaban tímidamente. Cualquier malestar pasado se había desvanecido por completo. Se sentía inexplicablemente feliz. Pero también algo azorado. Por eso prefirió cambiar de tema.
¿Sabes? Hoy he estado hablando con una chica. Es muy inteligente, suele ser siempre de lo mejore de clase, y ha hecho ella sola una recopilación de hechizos avanzados de cada materia; la mayoría ni siquiera los han mencionado aún en clases.
~ ¿De verdad? ¿Cómo se llama? ~
Hermione Granger.
~ Hermione… Es un buen nombre. Proviene de la Grecia Clásica. ~
Es una sangre sucia…
Confesó Harry con remordimientos. Esta vez Tom tardó más en contestar.
~ Ya sabes lo que opino al respecto, Harry. ~
Lo sé. Pero es que de verdad es muy inteligente. Y también posee mucho talento mágico…
~ ¡Sigue siendo una muggleborn! Sus padres son muggles. Sus raíces están lejos de nuestro mundo y lo contamina. Si hubiera que escoger, nunca nos escogería a nosotros. ~
A pesar de que odiaba contradecir a su mejor amigo y mentor, Harry se mantuvo en sus trece.
Si la despreciamos e insultamos, no. Pero si se le enseña correctamente, tal vez llegue a ver la verdad.
~ No lo creo. ~
A Harry casi le pareció escuchar con Tom suspiraba.
~ Pero confío en ti, Harry. Demuéstrame que estoy equivocado en este asunto. Eso sí, que no te duela demasiado si después te abandona. ~
Lo prometo. De todos modos, ahora no me habla. Discutí con Zabini y ella me oyó llamarla sangre sucia. Creo que me odia.
~ Tal vez sea mejor así. ~
Tom no se mostró muy compasivo, pero Harry se juró a sí mismo que, por lo menos, conseguiría demostrarle a Hermione que no era tan mala persona. Se lo debía.
Aparcando el asunto, continuó hablando con Tom el resto de la tarde, hasta que le entró hambre y tuvo que ir a cenar. Draco lo encontró a la entrada del Gran Comedor, y aunque parecía algo molesto por haber sido ignorado antes, en seguida recuperó su buen carácter. Cenaron y después se retiraron a la Sala Común, donde los viernes por la noche se celebraba un campeonato de ajedrez. Mientras caminaban de regreso, entro los cuatro bancos y la gente, Harry casi pudo jurar que había unos ojos castaños que lo buscaban y otros negros que repelían su mirada. Sonrió. Mañana sería otro día.
¡Hasta aquí llega! ¿Os ha gustado el capítulo, tomodachis? ¡Espero que si! Confieso que lo tenía acabado pero no pensaba subirlo hasta el sábado, sin embargo empecé a releer vuestros reviews, me entraron ganas, y no pude aguantarme. ¡Así que es por vuestra culpa! XD Por se siempre tan simpáticos y apoyarme tanto.
¿Sabéis que el número de gente que tiene en favoritos este fic supera ya los cincuenta? De verdad no me lo esperaba. Creía que al estar localizado en primer año sería un fic que apenas interesara. ¡Pero estoy muy feliz, ¿eh? Que conste. Aunque también me siento en posición para chantajearos (XD), así que si queréis el nuevo capi del fic antes de que termine el fin de semana ya me podéis alegrar el día con muchos comentarios. Sino, os tocara esperar a la semana siguiente n_n
Y bueno, sobre el capi, supongo que no hay mucho más que explicar. Harry interroga a Snape y se lleva un susto de cojon/s, aunque también logra la confirmación que quería, las clases de DCAO son un fraude, aunque está visto que en Quirrell hay algo raro (XD), Zabini y Harry siguen enemistados, pero el chico ya tiene más claras las razones de su compañero, y se produce un primer acercamiento a Hermione que concluye no muy positivamente. Lo mejor del capi, en mi opinión: ¡Tom sobre protector con Harry! "Sé de lo que eres capaz, pequeño. Pero no me pidas que no me preocupe por ti" ¡KYAAAAAAA! Me encanta! ¡Lo amo!
Otra cosa. Espero que no os haya incomodado el uso de mayúsculas en el enfrentamiento con Snape. No soy fan de usarlas, pero como JK las incluye de vez en cuando, me tome la libertad de hacer lo mismo para ese momento.
Fuera de tema, me tomo la libertad de auto-promocionarme. Acabo de añadir un pequeño One-Shot en mi perfil que nos ayuda a entender mejor el carácter y el comportamiento de Snape. Reza así: 31 de octubre de 1981. Snape sabe que Lily va a morir, extinguida por un relámpago verde del mismo color que sus ojos. Y también sabe que es culpa suya. A aquellos que os guste el personaje, ojala os paseis y os guste. Es muy breve, pero aun así intenso. Bueno, espero vuestras opiniones.
Y ahora ya sí os dejo tomodachis. Un saludo a todos, Anzu.
