Disclameir: ¿De verdad es necesario en cada capítulo? Como cada persón en cada rincón del planeta sabe, Harry Potter no me pertenece. JKR es su dueña, y sin lugar a dudas, le saca mayor provecho que yo. Mi única recompensa por este escrito es el placer de escribirlo y vuestros comentarios. Tampoco es que necesite más.
Capítulo 8.
...
¡Di algo!
...
Ya te he dicho que lo siento.
...
Tom, por favor…
...
Háblame.
...
¡Por lo menos enfádate!
~ ¿Enfadarme? ~
La palabra fue como la chispa que prende el combustible retenido, amenazando con provocar un incendio.
~ ¡Ya estoy enfadado, Harry! ¡Muy enfadado!~
~ ¿Y qué quieres que diga? ¿Qué arriesgaste tu vida tontamente sólo por salvar a esa insignificante niña? ¿Qué ni siquiera supiste controlar tus sentimientos fríamente para sobrevivir a la situación? ¿Qué me has decepcionado? Pues es cierto, Harry. Me has decepcionado. ~
Probablemente, si hacía unos días el troll hubiera alcanzado a golpearlo con su bastón, no habría dolido tanto. O al menos, Harry no se habría sentido tan mal como al leer esas palabras. Un doloroso nudo de culpa avasalló su pecho. Tom nunca le había hablado así antes. Nunca antes lo había decepcionado.
El muchacho trató de explicarse.
Pero es que Hermione no es como los demás sangre sucia…
~ ¡Ni aunque por sus venas corriera la sangre más pura de Gran Bretaña! Tu vida no es comparable a otra, Harry. Tú vida es infinitamente superior a la de cualquiera. ~
Lo siento…
~ Está bien. ~
Cedió su amigo y mentor, tras varios minutos de silencio. Harry respiró con alivio. La indiferencia y el enfado de Tom dolían tanto como un sufrimiento físico. No volvería a defraudarlo.
~ No tiene sentido que continúe disgustado contigo. Pero promete que no volverás a poner tu vida en peligro sin una causa justificada. ~
Lo prometo.
Garantizó el niño, sin dudar un instante.
~ Mentira. ~
~ Lo harás de nuevo porque buscar el peligro va inmerso en tu naturaleza. Y yo volveré a enfadarme contigo, y tú te disculparás y formularás inútilmente la misma promesa. Pero no me pidas que no me preocupe por ti, pequeño. Eso también va inmerso ya en mi naturaleza. ~
Harry sonrió con deshago. Depositó la pluma sobre la mesilla y se permitió a sí mismo un suspiró de felicidad. Las tres horas de argumentos y esfuerzo habían merecido la pena. Al final, Tom lo había perdonado. Ahora ya podía permitirse recordar.
…
El tiempo que siguió al incidente del troll transcurrió velozmente. Tras la valiosa interpretación de Hermione, McGongall había creído su historia y había mirado a Harry y a Draco como si los viera por primera vez, con una pizca de admiración y cariño, especialmente dirigido al primero, que podía tener muchos significados. Aún así, la mujer había sido parca con los halagos y los puntos: quince puntos para Slytherin por cada uno. Lo que sumaban treinta. Esa era la misma suma que Harry había conseguido por salvar a Neville, y, por mucho que ahora hubiera desarrollado algo de aprecio por el muchacho, cualquiera hubiera coincidido que derrotar aun troll gigante de tres metros conllevaba más merito.
Pero Harry no se quejaba. Principalmente porque se había librado del castigo y porque además, en su opinión, los treinta puntos deberían haber sido sólo para Draco. Por mucho que el rubio hubiera preferido volver tranquilamente a la Sala Común, y que su única razón para ayudar a Hermione había sido fidelidad hacia Harry, a la hora de la verdad había demostrado gran temple, astucia, inteligencia y habilidad. No como él, que al fracasar sus hechizos, se había quedado paralizado ante la idea de perder a sus amigos.
Cuando finalmente McGonagall les permitió marcharse, también recibieron orden de dirigirse inmediatamente a sus respectivas Salas Comunes, por lo que, sin deseos de tentar a la suerte, Harry se vio de nuevo imposibilitado para hablar con Hermione. Dirigió a la muchacha una mirada anhelante, y al menos, se consoló al ver que ésta le correspondía con una clara y discreta sonrisa.
- Hablaremos mañana - se despidió.
Harrry no tuvo más remedio que asentir, y pronto se vio arrastrado por Draco, quien lo remolcaba con fuerza hacía las mazmorras, como si tuviera miedo de que volviera a escaparse, sin dejar de parlotear al ritmo que caminaban. Al parecer, todo su temor se había desvanecido después de vencer al troll y ya ni se acordaba de que alguna vez hubiera existido.
- ¡Ya verás cuando se lo cuente a mis padres! - exclamaba entusiasmado -. O bueno, mejor a mi madre no… Es capaz de cerrar Hogwarts si se entera de que he estado en peligro. Pero, Harry, ¡ha sido alucinante! ¿Has visto la cara que ha puesto cuando le he golpeado con el bastón? ¿Y el ruido que ha hecho al caer al suelo? ¡Esa mole de huesos no sabía a lo que se enfrentaba cuando eligió como victimas a dos slytherin!
Harry sonrió e hizo un esfuerzo por corresponder su ánimo, pero su mente se hallaba demasiado plagada de dudas y teorías para prestar su atención al cien por cien. En primer lugar, el troll: era evidente que no había entrado sólo; alguien le había despejado el camino. Pero, ¿quién y por qué? Existían varias teorías. Podría tratarse de una simple broma de Halloween, de una jugarreta de algún alumno mayor, o de una venganza contra la escuela. Pero todas cojeaban un poco. Sin embargo, ¿qué otros motivos podrían darse?
Luego estaba Snape. No es que Harry sospechara de él, incluso aunque lo hubiese visto aprovechar la confusión para escabullirse a quién sabe que sitio, que no era las mazmorras. Pero sí había algo extraño con el profesor. Harry hubiera jurado que Snape no había creído su historia del troll, perfectamente consciente de que él se había permanecido en el Gran Comedor hasta el momento de la confusión y de que, por ende, había mentido a McGonagall. Pero, aún así, el profesor no había pronunciado una palabra, cubriéndolo con su silencio.
El muchacho se preguntaba si lo habría hecho por Draco. Desde la primera clase, se podía ver que existía cierta debilidad del profesor hacía él, seguramente incrementada porque ya se conocían de antemano, y según Draco, como favor a su padre, Snape le había dado algunas clases particulares durante el verano, antes de ingresar en Hogwarts. O quizá había callado para proteger los puntos de su casa. El jefe de Slytherin poseía claros favoritismos y nunca, jamás, lo había visto Harry descontar puntos a su propia casa, ni siquiera por él; en su caso, optaba por los castigos. Pero, ¿era su cariño por Draco y por Slytherin más fuerte que el odio (si es que era odio, o celos, u otra emoción incapaz de catalogar) que sentía hacia Harry? Debía de serlo, porque si no, el muchacho no encontraba otra explicación.
Por último, al fondo de su mente, y quizá sin comprender del todo la razón, se localizaba Quirrell. Desde el principio había percibido algo extraño por parte del profesor, algo que no iba más allá de una sensación, y ahora su perfecta actuación resultaba demasiado creíble para que, en opinión de Harry, resultara del todo real.
Existían varios planteamientos necesarios. Primero: ¿qué hacía Quirrell en las mazmorras cuando todos los profesores se habían reunido para el banquete? Su despacho y cuarteles como profesor de Defensa se localizaba en el primer piso, no en los sótanos. Y si de verdad se encontró allí al troll por casualidad, ¿cómo es que había logrado escapar y dar la alarma, para justo después caer desmayado y ser olvidado en el suelo? Demasiada coincidencia. Y por último, él había se había encontrado con el troll en laz mazmorras, pero apenas unos minutos después (los que tardo Quirrel en escapar y llegar corriendo), el monstruo había dado con Hermione en el segundo piso. ¿Una hábil maniobra de distracción? Posiblemente. Pero, ¿con qué fin? En ese punto Harry se quedaba sin ideas.
Tampoco tuvo mucho más tiempo para reflexionar cuando llegaron a las mazmorras y el tapiz de su Sala Común se abrió, dando paso a un centenar de rostros serios y acusadores. Harry tuvo el desagradable presentimiento de que era culpa suya. Incluso Draco había dejado de hablar y parecía algo intimidado.
Los prefectos dieron un paso al frente, tomando la delantera, antes de enfrentarlos a ambos. El estómago de Harry se contrajo. La situación cada vez se asemejaba más aun juicio. ¿Iban a condenarlos por mal comportamiento?
- Harry Potter y Draco Malfoy - comenzaron -. La mitad de la casa os andaba buscando desperada. Se ha producido una situación de emergencia, y desoyendo todas las ordenes ambos habéis desaparecido. ¿Ese es el ejemplo que queréis dar a vuestros compañeros de curso? ¿Ignorar mandatos coherentes y arriesgaros a perder puntos? ¿Acaso tenéis alguna excusa?
Harry imaginó que, aunque no lo pareciera, aquella era la invitación para defenderse. A su lado, Draco se mordió el labio y permaneció en silencio. Probablemente estaría pensando. ¿Qué puedo decir? ¿Qué lo mande todo a la mierda por ir a salvar a una sangre sucia? Suspirando, y tratando de reunir animo para explicarse el mismo, el muchacho se fijó en que sólo los alumnos más mayores parecían indignados. Los de su propio curso aparentaban más indiferencia que otra cosa. Incluso Zabini lo observaba con más intriga que reprobación, aunque esta última emoción también se figurara en sus ojos.
- Fui en busca de una amiga - reconoció -. Ella no estaba en el Gran Comedor cuando se dio el anuncio y tuve que ir a avisarla - Harry sintió como el nudo de su garganta se deshacía lentamente, una vez tomaba practica en hablar -. Draco trato de impedírmelo, pero cuando no lo consiguió eligió venir conmigo para asegurar de que volvía pronto.
Aquella última parte no era del todo cierta, pero se la debía a su amigo. Después de todo, por honrar su amistad se había visto arrastrado a una situación que no lo implicaba; sin olvidar que los había salvado del troll. Los prefectos fruncieron el ceño e intercambiaron miradas entre ellos.
- ¿Una amiga? ¿Qué amiga?
Harry se mordió el labio. No quedaba más remedio. Confiaba en que aquello no volviera las tornas en su contra. Si es que no estaban ya completamente vueltas.
- Hermione Granger. Una Gryffindor.
Probablemente la mayoría de los presentes ni siquiera fueran conscientes de que la niña en cuestión era hija de muggles, pero la palabra Gryffindor causo de por sí suficiente revuelo. Incluso Pansy lo miró con la ceja alzada. Sorprendentemente, Zabini era el único que no parecía extraño.
- Nosotros somos Slytherin, Potter. No Gryffindor - advirtieron los prefectos fríamente -. Nosotros no arriesgamos nuestro prestigio ni el de nuestra casa en actos heroicos y estúpidos.
Desde luego, Tom habría estado de acuerdo con esa afirmación. Pero Hermione era su amiga, y los Slytherin permanecían leales a la gente que amaban. ¿Cual era la mejor forma de que explicar aquello? Si no lo conseguía, las cosas pintaban muy feas para su futuro.
Cuando ya había perdido las esperanzas de salir bien librado, una voz surgió de entre la multitud para acudir en su ayuda.
- Yo he notado que el reloj de arena de nuestra casa ha vuelto a subir treinta puntos. Dado que todos los demás estábamos aquí, ¿tenéis algo que ver vosotros con eso?
Harry sintió una profunda explosión de agradecimiento hacía Theodore. Ningún otro alumno de primer año se habría atrevido a decir algo a su favor (y probablemente, tampoco en su contra) en esa situación. Pero Theo lo había hecho, ganándose así la mirada disgustada de los prefectos. Ahora éstos los obseraban a ellos, en busca de una respuesta. La cuestión era cómo explicar todo lo ocurrido en el baño de las chicas, con el troll, con los hechizos que fallaban, con la heroicidad de Draco, con la llegada de los profesores y con la entrega de puntos de un modo que pudiera entenderse.
- McGonagall nos otorgó quince puntos a cada uno porque nos cargarnos al troll; en total, hacen esos treinta.
Bueno, esa era una forma simple de decirlo. Quedaba claro que Draco no había querido complicarse la cabeza pensando. Todos los Slytherin abrieron mucho los ojos, y varios murmullos de asombro e incredulidad invadieron la multitud.
- ¿Cargarse al troll? ¿A qué te refieres con eso, Malfoy?
- Pues a ver - superada la primera impresión, Draco volvía a encontrarse en su salsa y condimentaba la explicación con dejes de ironía -. Cuando llegamos a los lavabos resultó que el troll ya había encontrado a la sabelotodo, es decir, a Granger. Y como Harry no quiso abandonarla allí y largarse, no tuvimos más remedio que enfrentarnos al troll. Él le lanzó unos cuantos hechizos, y yo hice que se golpeara a sí mismo con su bastón. Supongo que esa mole de huesos inútiles sigue inconsciente donde quiera que lo hayan encerrado.
- ¿Estáis diciendo que vosotros solos sin ayuda vencisteis al troll? - pese a la detallada explicación, los mayores parecían incapaces de creerlo.
- Bueno - el rubio se encogió de hombros -. La sabelo… Granger, también prestó algo de ayuda. Pero más de palabra que de otra cosa, ¿verdad, Harry?
Harry asintió, corroborando la historia. Finalmente, los prefectos no tuvieron más remedio que aceptar la verdad.
- De acuerdo. El asunto queda aclarado pues. Pero aseguraos de que no se vuelve a repetir. El que por un poco de suerte hayan premiado vuestro mal comportamiento, no significada que debáis apalancaros en esté errado proceder, ¿queda claro?
...
- ¡Panda de gárrulos, energúmenos sin talento! - una vez la Sala Común quedó desierta y ellos se acogieron a la intimidad de su dormitorio, Draco no se cansó de maldecir - No tuvimos bastante con la Urraca - nuevo nombre para McGonagall -, que ahora vienen ellos a juzgarnos. ¡Deberían habernos dado una fiesta! Cretinos miserables, envidiosos mentecatos…
Harry permitió que se explayara a sus anchas. En el fondo estaba a de acuerdo con él, al menos parcialmente, pero no podía apartar la inquietud de que cuando contara a Tom lo sucedido, la reacción de McGonagall y de sus compañeros de casa quedaría como un chiste comparada con la suya.
Efectivamente, aquella noche, tras escuchar el relato de lo ocurrido, Tom se negó a hablarle. Harry hubiera preferido que se enfadara, gritara y lo criticara, pero en vez de eso, por más que Harry escribiera, él no volvió a contestarle. Como si el Diario hubiera perdido su magia, y ya no hubiera nadie oculto detrás de sus páginas. Roto. Solitario. Doloroso.
Rendido a causa del sueño cuando ya pasaban las tres de la mañana, Harry lo cerró y lo ocultó bajo las sabanas del almohadón, para después arroparse él mismo entre las mantas. Sabía de antemano que no descansaría bien. La noche estuvo plagada de pesadillas y sueños amorfos y sin sentido, que al despertar dieron la impresión al Harry de no haber descansado nada. Al menos, el día de después de Halloween era festivo, y su falta de reposo no afectaría a las clases.
Draco se despertó poco después que él, cosa que en situaciones normales nunca ocurría, (él madrugaba y Draco disfrutaba de la cama hasta bien entrado el medio día), y después de darse una larga ducha que lo despejara, ambos se había dirigido al Gran Comedor con afán de satisfacer sus estómagos. Harry se sentó en su sitio habitual, donde generalmente el rubio quedaba a su derecha y Theo a su izquierda; Crabbe y Goyle se repantigaban junto a Draco, y Zabini al otro lado del Theo. El grupo de las chicas quedaba frente a ellos.
Sin embargo, aquel día las meses se hallaban prácticamente vacías, y a excepción de Crabbe y Goyle, no había nadie más de su curso ocupando los bancos. Harry supuso que llegaría más tarde; considerando que, probablemente, ellos hubieran sido los únicos en saltarse el desayuno, todavía era muy pronto para tener hambre. Bueno, no importaba. Pero el muchacho se hizo una nota mental para agradecer mas tarde a Theo su intervención de la noche anterior. Les había salvado el pellejo.
No fue hasta que se hubieron servido el postre que Harry escuchó como alguien lo llamaba, y como comenzaba a ser habitual, al elevar la vista del plato se encontró con una túnica de colores Gryffindor resplandeciendo demasiado cerca del verde y el plata de su propia casa.
- ¡Hermione! - la saludo con una mezcla de asombro y alegría; debía estar verdaderamente cansado para olvidar que tenía una charla pendiente con ella.
La niña le dedicó una tímida sonrisa y tomo aire antes de hablar, para recitar muy rápidamente, como si hubiera estado practicando el discurso tantas veces que ahora lo recordara de memoria:
- Harry, Malfoy. Quiero daros las gracias a los dos. No se que me hubiera pasado anoche si no llegáis a aparecer vosotros… Fuisteis muy valientes. Me salvasteis. Así que muchas gracias - concluyó algo nerviosa, a la espera de un veredicto.
Harry comprendió el gran esfuerzo que había supuesto para ella acudir allí para agradecérselo públicamente, arriesgando al desprecio y al rechazo por su parte. Le sonrió con cariño.
- A mi no tienes que agradecerme nada, Hermione. Como se suele decir, cualquier cosa por un amigo, ¿no?
Ella lo miró algo impactada por el uso de la palabra a "amigo", pero finalmente asintió. Después giró la atención hacía el rubio. Draco parecía realmente sorprendido de que se dirigiera a él también para agradecerle, y en un primer momento la observó sin saber que decir. Luego, lentamente, compuso una mueca despectiva.
- Bueno, a mi tampoco tienes que darme las gracias, sabelotodo. Yo no lo hice por ti. Simplemente tuve que seguir a este idiota para salvarlo de los líos en los que se mete. Lo demás me da igual.
Tratándose de Draco, Harry hubiera podido esperar algo peor. Sabelotodo no era demasiado ofensivo, esencialmente porque Hermione si era un poco marisabidilla. La niña ni se inmutó por el apodo, sino que inclino ligeramente la cabeza de él con elegancia y luego se despidió de Harry, haciendo ademán de retirarse a su propia mesa.
- ¡Oye, Hermione! ¡Espera! - la detuvo el moreno, ocurriéndosele una idea -. ¿Has acabado ya el trabajo para Astronomía?
La profesora Sinistra se había enfado mucho al descubrir a un par de alumnos dormidos en su clase anterior, y como castigo (injusto) les había mandado a todos una redacción de dos pergaminos y medio sobre las características de los planetas del Sistema Solar, y sus distintas capacidades para albergar vida extraterrestre no inteligente.
Hermione frunció el ceño tras reflexionar un momento y sacudió la cabeza.
- Todavía me falta recopilar información.
Harry no desaprovechó la oportunidad.
- Pues si quieres, podríamos investigar juntos en la biblioteca.
- ¿En serio? - la voz de la muchacha cargaba un tono de sorpresa, casi incredulidad; pero el recién surgido entusiasmo de sus ojos no paso desapercibido.
- ¡Claro! Sinistra advirtió que contaba para la nota final, así que tendremos que tendremos que esforzarnos bastante. ¿Quieres que vayamos ahora?
La profunda e inmensa sonrisa que iluminó el rostro de la niña, más brillante que cualquiera que le hubiera dedicado antes a Harry, fue respuesta suficiente. El muchacho también sonrió. Por fin tendría la oportunidad de arreglar las cosas.
- ¡Eh! ¡Un momento! - los interrumpió Draco, con el ceño fruncido y para nada contento -. Dijiste que pasarías la tarde conmigo divirtiéndonos. ¡No puedes cambiar ahora e irte con ella!
- Dije que nos divertiríamos después de que yo acabara el trabajo - corrigió Harry sin alterarse. De antemano había sabido que esa relación a tres puntas sería difícil; perder la calma sólo lo haría peor -. ¿Por qué no vienes a la biblioteca con nosotros? Tú también tienes que entregar el trabajo.
- No gracias - Draco se había puesto de pie y lo miraba ofendido -. Tengo que mejores cosas que hacer que pasar mi tiempo con una sabelotodo y un traidor. ¡Olvídame!
Harry lo observó marcharse a grandes pasos con el entrecejo fruncido y un sentimiento opuesto de enfadado y culpa. ¿Por qué tenia que actuar siempre como un niño mimado? (Obvió el hecho de que, generalmente, aquel defecto formaba parte de los encantos de Draco) ¡Ya era hora de que madurara!
- ¿Se ha enfadado?
La voz de Hermione lo distrajo y Harry centró su atención en la niña, que lo miraba preocupada.
- No te preocupes - la consoló -. Draco es… Draco. Se le pasara.
...
La señora Pince les dirigió a ambos una rara mirada de aprobación cuando entraron en la biblioteca, complacida de ver juntos a los dos únicos alumnos de primero que, en su opinión, trataban a los libros con el suficiente respeto y religiosidad. Un pequeño grupo de alumnos mayores, que probablemente estudiaran para los TIMOS, se localizaba al fondo de la sala, cerca de los ventanales, pero todas las demás mesas se hallaban vacias.
Harry y Hermione buscaron un banco que estuviera próximo a la sección de libros de Astronomía y dejaron allí los pergaminos y las plumas. Después se sumergieron en los volúmenes de las estanterías.
El trabajo de investigación no duró mucho. Harry había reunido ya sus propias notas, y tras ponerlas en común con las de Hermione, únicamente hubieron de perfilar los pequeños detalles antes de comenzar a escribir. El muchacho observaba divertido como la niña, totalmente imbuida en su redacción, despeinaba su cabello de forma mecánica con la mano izquierda y deslizaba la punta de su lengua entre los labios, imitando el ritmo de la pluma, mientras trataba de reunir el coraje para decir lo que tenía que decir.
- Lo siento.
Hermione elevó la vista de su escrito con los ojos totalmente confusos; ni siquiera lo había escuchado.
- Perdona… ¿Has dicho algo?
- Lo siento - repitió Harry, sin que la segunda vez se hiciera más fácil que la segunda. Exponer sus sentimientos siempre lo hacía sentir vulnerable -. Siento haberte llamado sangre sucia aquel día - especifico, para que no hubiera duda.
- ¡Oh! Bueno… yo ya te he perdona por eso, Harry - lo excusó la niña sinceramente -. Aunque hay algo que no comprendo... ¿Por qué quieres ser mi amigo?
Harry frunció el entrecejo. Esa era la pregunta más directa y extraña que le habían formulado.
- Ya te dije que no me importaba que fueras hija de muggles…
- Si. Pero no me refería a eso - vio como la niña se mordía el labio y desviaba la vista hacía el suelo, como avergonzada -. Es que tú eres Harry Potter; y además Malfoy ya es tú amigo… Y yo…
- Draco es genial - la interrumpió Harry, sin deducir para nada lo que ella quería expresar -. Pero tú eres brillante. Y supongo que vosotros no os lleváis demasiado muy bien, pero eso no tiene porque impedir que yo sea amigo de ambos, ¿no crees?
Finalmente, Hermione pareció quedarse sin argumentos, lo cual era toda una proeza. Suspiró rendida, miró al suelo, y luego clavó sus ojos castaños en él. Sonrió. Sus pupilas brillaron. Después de todo, en el fondo, aquello no era un mal resultado.
- Está bien, Harry. Seamos amigos.
Y lo fueron. Se estrecharon las manos y, desde aquel momento, Hermione Granger se convirtió en su segunda mejor amiga.
...
- Lo siento... Draco, venga... Ya me he disculpado mil veces. Lo siento - parecía que aquel era el día de las disculpas, aunque confiaba en obtener mejores resultados con su primer mejor amigo que con Tom -. ¡Hagamos algo juntos! ¡Divirtámonos!
- Yo ya me he divertido antes, ahora tengo que hacer los deberes.
El rubio, que hasta ese momentos estaba tumbado en su cama creando chipas y pequeños fuegos artificiales con su varita, se levantó de repente, se dirigió a él voz fría y mal humorada, y se sentó frente a su escritorio, ignorándolo totalmente. Harry suspiró con paciencia. Con lo fácil que había sido lograr que Hermione aceptara sus disculpas. El sombrero seleccionador debería añadir el adjetivo rencorosos a su larga lista de cualidades slytherins.
- Draco, por favor… - abrió paso a las súplicas.
- ¿Si tantas ganas tienes de divertirte por qué no vas a buscar a la sabelotodo? - replicó el otro con enfado - ¿O es que ella sólo sirve tener la cara metida en un libro? Porque, si es así, no es mi problema.
Harry comenzó a sospechar que más que molestó porque ella fuera una Gryffindor, y además, hija de muggles, Draco estaba celoso.
- Hermione me gusta y es mi amiga, pero tú eres mi mejor amigo - lo lisonjeó.
Draco bufó. Pero Harry vio que el cambio de táctica funcionaba. Sus hombros se habían relajado un tanto, y ya no parecían tan enfadado.
- Además, ella es una chica, no puede ser ni la mitad de divertida. ¡Venga! ¡Hagamos algo juntos! Te dejaré mi redacción de Astronomía y mis notas para que puedas hacer la tuya. Había pensado ir al campo de Quidditch… - dejó caer como tal cosa -. Así me puedes enseñar a volar.
La oferta era demasiado tentadora para dejarla pasar. Durante semanas, desde la fallida clase de vuelo con la señora Hooch, Draco había tratado de arrastrar a Harry al capo de vuelo, a fin de mostrarle el maravilloso deporte que constituía el Quidditch. Pero el muchacho siempre presentaba una excusa en el ultimo momento y hasta ahora Draco nunca había tenido éxito en su intento.
En realidad, Harry no entendía ese rechazo que le producía la idea de volar. Quizá tuviera algo que ver con haber sido testigo de cómo un compañero, subido a una escoba, perdía el control de la misma, caía por el vacío, y a punto estaba de estrellarse contra el suelo. Pero no lo creía. En un profundo nivel de su cerebro, tan ocultas que apenas podía rozarlas con la consciencia, se repetían las palabras de Hagrid sobre su padre y el Quidditch. ¿Volar lo haría sentir más cercano a su progenitor? Más importante, ¿deseaba él que eso ocurriera? Pero si volar era el único medio de conseguir el perdón de Draco, afrontaría sus miedos y volaría.
Efectivamente, el rubio no supo resistirse a la oferta de oro. Primero a regañadientes y remoloneando, pero en seguida el entusiasmo fue ganando terreno. Cuando llegaron al campo de Quidditch arrastrando las viejas escobas que la señora Hooch había tenido a bien prestarles, Draco había olvidado completamente su enfado, y presumía alegremente sobre su Cometa 260, y sobre la Nimbus que su padre había prometido comprarle para el año que viene, cuando entrara en el equipo.
- Ya verás cuando la pruebes. Las escobas del colegio son unas antiguallas de museo, ¡no tienen comparación! Quizá incluso lo convezca para que compre una Ninbus a cada miembro del equipo. ¡Seguro que nos hacíamos con la copa! El año pasado fue nuestra, pero he escuchado que este curso nuestro buscador se retira del equipo por los EXTASIS, y como no encontremos pronto un buen remplazo… No sé - se encogió de hombros -. A lo mejor presento para puesto… Aunque creo que me gusta más la posición de cazador. ¿Tú que opinas?
Harry se encogió de hombros con inseguridad. Si aún no estaba convencido de que le gustara volar, mucho menos de que le interesara el Quidditch. Ni siquiera había visto nunca un partido para poder opinar. Pero todo cambio cuando su cuerpo se amoldó a la escoba y sus pies se alzaron al cielo, dejando la solidez del suelo atrás.
Fue una sensación única y maravillosa. Fue como si todas sus dudas, miedos y pesares quedarán atrás, abajo, sobre la superficie, y volando, perdido entre las nubes y el cielo abierto, sólo quedara él, Harry, en su esencia más primaria y absoluta. La escoba vibraba bajo sus manos de forma natural y obedecía todos sus deseos sin necesidad de darles forma. Se sentía pletórico. Dio una pequeña vuelta al estadio para reunir velocidad y ascendió en verticalmente con una fuerza asombrosa. Las corrientes de aire golpeaban su rostro y evaporaban rápidamente las pequeñas lagrimillas que escapaban de sus ojos, pero no importaba. Nada importaba.
No detuvo su escoba hasta que ésta quedó muy por encima de las montañas que rodeaban Hogwarts, varios kilómetros sobre la superficie. El muchacho se encontró entonces suspendido en medio de un solitario mar añil, cuyo termino era incapaz de apreciarse a la vista, pues parecía abarcar el infinito. Se respiraba paz, soledad. Tampoco se escuchaba murmullo alguno. Y una maraña de nubes blancas y esponjosas quedaban bajo sus pies, impolutamente blancas y esponjosas, como una superficie construida únicamente de algodón.
Harry permaneció allí varios minutos, sin pensar en nada, sólo observando. Cuando, más tarde, aterrizó sobre la hierba verde del campo de Quidditch, su corazón aún temblaba alborozado. Aunque lo hubiese intentado, no hubiera podido describir ese momento, ni las emociones que había acarreado. Pero si hubiese de elegir sólo una palabra, sería mágico. Extraordinariamente mágico.
- ¿Dónde te habías metido?
La voz de Draco forzó al muchacho de vuelta a la realidad. Su amigo lo observaba suspendido unos metros por arriba del suelo, y aunque no parecía enfadado, su rostro si reflejaba algún recelo.
- Manejas demasiado bien la escoba. ¿Seguro que no habías volado antes?
Harry se encogió de hombros.
- He vivido entre muggles - dijo -. La única forma que tienen ellos de volar es avión, y mis tíos nunca me hubieran llevado con ellos.
El rubio permaneció con el entrecejo fruncido unos instantes más, pero finalmente se encogió de hombros y lo dejo pasar. La mención del Quidditch había renovado su entusiasmo y el tema ya no le interesaba.
- Entonces, - lo tentó lanzándole la quaffle -. ¿Quieres echar unos pases?
El muchacho accedió, más por contentar a Draco y porque le apetecía seguir volando que por verdadero interés, pero cuando dos horas más tarde la oscuridad del cielo hacía imposible divisar la quaffle y ambos dieron por terminado el juego, reconoció que se había divertido; aunque su puntería para encestar en los aros fuera prácticamente nula, y los pocos tantos que había conseguido fueran consecuencia directa de su increíble vuelo, y no de su talento como cazador.
...
Regresaron al castillo a tiempo para la cena, con un Harry bastante satisfecho, y un Draco totalmente pletórico por su victoria, treinta anotaciones a doce. Pero el muchacho no se lo tomó en cuenta. A Draco simplemente le encantaba ganar, fuera a quien fuese. Y como aún se sentía un poco culpable por haberlo plantado antes para irse con Hermione, Harry lo felicito y contribuyó a que su animo creciese más allá de las nubes, algo no del todo complicado.
Sin embargo, Draco detuvo se exposición de repente cuando atravesaron las puertas del Gran Comedor y Harry no tuvo que indagar mucho para imaginar el porque. Desde la mesa de Gryffindor, Hermione Granger se incorporó y le envió un saludo, acompañado de un sonrisa. Bien, la niña había tomado en serio su propuesta de amistad. El muchacho sonrió contento y correspondió su saludo con entusiasmo, algo no muy propio de él. A su lado, Draco bufó y se alejó con mala cara.
Por primera vez, Harry se sintió divido. Una parte de él quería seguir a Draco hasta su propia mesa, pero la otra prefería quedarse con Hermione, con la que había compartido menos tiempo, en la mesa de los leones. Aún no era tan optimista para invitar a la niña a acompañarlo al banco Slytherin, sin suponer consecuencias. Lo peor, era la sensación de aquella seria sólo la primera vez de muchas con el mismo dilema.
Incapaz de decidir, Harry observó a Hermione con una mirada suplicante en los ojos, que ella supo corresponder con compresión. Se encogió de hombros y elaboró una pequeña sonrisa de disculpa, como diciendo: "Ve con él está vez. Lo entiendo, no pasa nada; seguimos siendo amigos". ¿Por qué Draco no podía demostrar la misma madurez?
El muchacho le sonrió agradecido y le dedicó un último gesto de despedida, antes de copiar el camino que había tomado Draco hacía la mesa de las serpientes. La mesa de las serpientes. Su mesa. Su opción. El lugar al que pertenecía por descendencia y decisión. Y sin embargo, Harry no pudo matar la sensación de que una pequeña parte de su conciencia ya no venía con él. No, esa parte se quedaba atrás. Concretamente, en una mesa adornada con leones escarlatas y dorados, al lado de una niña con paletas de ratón y cabello con la pinta de fregona vieja. Y con inteligentes ojos de color chocolate.
Draco lo recibió feliz y con los ojos chispeantes de triunfo, probablemente porque ésta vez su amigo lo había elegido a él y no a la sabelotodo. Le costaría mucho tiempo entender que Harry no pensaba elegir entre los dos, que pensaba quedarse con ambos.
Pero aquella noche Harry y él conversaron divertidos, y más tarde se unió a ellos Theo, quien después de que Harry le agradeciera, se mostró muy interesado en el altercado del troll, y pidió que le contaran todos los detalles. Por el rabillo del ojo, se podía ver a Blaise Zabini y Pansy Parkinson escuchando disimuladamente, mientras el primero añadía salsa a sus salchichas, y la segunda comprobaba el brillo y la textura de sus uñas.
Más tarde, cuando todos los alumnos se habían retirado ya a sus dormitorios, y Draco redactaba otra carta para sus padres, adjuntando como siempre el agradecimiento de Harry (los Malfoy había continuado la costumbre de enviar dos paquetes de bombones cada semana, una para su hijo y otro para él mismo), el muchacho cerró sus propios doseles, descubrió el Diario de Tom, y se dispuso conseguir su perdón.
Fracasó. Pero a la mañana siguiente, después de despertarse con tres horas de adelanto específicamente con ese propósito, finalmente, el uso de la palabra "enfadado" consiguió fundir su silencio y provocó la ansiada reacción.
Creo que tienes razón, Tom. Pero aun así, te prometo que intentaré no meterme en líos sin una causa justificada.
~ Me conformo con eso. Pero ya que, conociendote, "causa justifica" tendrá para ti un distinto significado que para mi, creo que ha llegado la hora de entrenarte. La próxima vez que te enfrentes a un troll gigante te encontrás preparado y serás capaz de sobrevivir por ti mismo. ¿Te parece bien? ~
¿Qué si le parecía bien? Prácticamente llevaba esperando ese momento desde la primera vez que comprendió el funcionamiento del Diario.
Sabía que Tom sería un maestro difícil, pero él le demostraría que podía satisfacer de sobra sus exigencias. Lo haría sentir orgulloso. No lo defraudaría.
Deesa forma fue como, tontamente, sin pensar, Harry escribió la palabra que marcaría para siempre su futuro. Y ni siquiera fue una palabra muy larga. Dos letras. Un monosílabo. Un monosílabo que aportaría luz a sus más momentos oscuros, y que con el tiempo, llegaría a eclipsar el mundo.
Si.
¡Konichiwa! Pues hasta aquí llega el capítulo. Un final algo escalofríante, ¿verdad? ¡Espero que os haya gustado. No sé, se podria definir como un capítulo más de transicción entre una cosa y otra (no pasa nada importante para la trama principal), pero aun así era necesario y yo he disfrutado mucho escribiendolo.
El "juicio" de los Slytherin, pues yo lo veo muy creible. Teniendo en cuenta que es la casa más seria y, sin lugar a dudas, ambiciosa y jerarquizada. Incluso los Gryffindor dejan de hablar a Harry cuando pierde muchos puntos, y aquí se supone que él y Draco deben dar ejemplo al resto por se los "primeros". El que Harry se muestre algo más tímido, y Draco maneje con soltura la situación (aunque al principio se sorprenda y también le cueste), se debe a la crianza antisocial de Harry (sé que hablo mucho de ella, pero es que es imposible que un niño que se crie en esas circustancias no parezca secuelas. ¡Baastanete bien nos ha salido, el pobre). Draco es todo lo contrario. Lo han criado mimado y bajo la creencia de que el resto del mundo es sólo el suelo que pisan los Malfoy. Normal que no se corte y les hable como le de la gana, con un mínimo de respeto.
El que sea Theo quien los ayude, echandoles un cable disimuladamente, pues me encanta. Amo a ese slytherin tan callado y talentoso. Y que quede muy claro que Draco no acompañó a Harry por avisar a Hermione. A él ella le importa una mierda. Pero no por se hija de muggles, sino porque el mundo en general (con la excepción de él mismo, su familia, y las pocas personas a las que aprecia) le importa una mierda. Por cierto, ¿os habéis fijado en las palabras que usa para insultar a los prefectos? Es que son tan... pijas si esa es la forma de describirlas. ¡Lo adoro!
Y sí, parece que Harry comienza a darse cuenta de lo difícil que va a ser sostener esa relación a tres bandas Draco-Harry-Hermione, cuando los extremos se odian (al menos por parte de Draco), o como mínimo no se soportan. Lo lamento por las querían que fundase un nuevo trio, a mi también me hubiera gustado, pero hubiera sido un tremendo OCC y pecado a la personalidad original del personaje que Draco aceptase a Hermione sin más complicación, a la primera. Y no sólo porque sea sangre -sucia, que también, sino porque lo supera en casi todas las clases y además amenaza con llevarse a Harry XD. Y Draco es muy celoso y posesivo. Sino, ¿a fin de qué ella es la única muggle-born con la que se mete en los libros? ¡Pues por celos! Yo no veo otra explicación.
Por último, la pequeña pero relevante conversación con Tom. ¡Me encantan verlo preocupado! O enfadado (y vaya sin se enfado, se pegó casi tres días sin hablarle). O celoso. O posesivo. ¡Sobre todo posesivo! XD La parte de "ni aunque tuviera la sangre más pura de Gran Bretaña..." ¡Jajaja! Que delicia. Y parece que ahora ha decido enseñar a Hsrry algunos hechizos para defenderse. ¿Creéis que serán ya artes oscuras? ¡Pues os pienso dejar con la duda! XP. No diré nada hasta el próximo capítulo.
Y hablando del siguiente capítulo, con toda la pena del mundo os aviso que tal vez no pueda actualizar hasta la semana que viene. Es que este fin de semana me voy fuera con unos amigos, y no sé si va a ser a un hotel, a un camping, un albergue o dónde. Tampoco sé si va a tener internet, y más importante, si me quedará tiempo para escribir. Voy a hacer un superesfuerzo para escribir un montón y acabarlo antes de mañana, pero no prometo nada. Pero bueno, si no lo consigo, no os extrañeis de mi ausencia. Como muy tarde, lunes o el martes tendréis nuevo capi, palabra.
Considerando que falta menos de una semana, no creo que se os haga insoportable. ¡Si es que os tengo muy mal acostumbrados. Pero no pasa. Porque me encanta. Igual que me encantan vuestros comentarios. ¿Lo había mencionado ya? Bueno, pues me encantan. Así que un beso muy fuerte para todos y todas, y espero leeros pronto.
PD: otra cosa, que se me olvidaba. Muchos de vosotros me habéis plateado dudas sobre el desarrollo del fic (duración, cursos que abarca, etc...). Pues bien, como ya dije en las notas del primer capítuo, mi intención es desarollar un total de siete secuelas, narrándo los siete cursos de Harry en Hogwarts. Sé que es un proyecto ambicioso, pero creo que con vuestra ayuda conseguiré llevarlo a cabo. Dichas secuelas continuaran siguiendo el argumento de los libros, de forma autonoma, por supuesto, por lo menos hasta llegar al "Caliz de fuego". A partir de ahí, cada vez me separé más de los originales, concluyendo mi saga de una forma totalmente distinta.
Bueno, eso es todo. Ojala la idea os entusiasme tanto como a mi, y continuéis brindadome vuestro valioso apoyo para desarrollarla.
Un abrazo a todos, Anzu.
