Disclameir: Harry Potter no es mío. Si lo fuese, Voldemort y Harry acabarían liados, o a lo mejor Harry estaría con Draco, o quiza Hermione se quedaría con su mejor amigo, pero nunca, nunca, el pelirrojo se quedaría con ella. ¡Ah si! Y al llegar a sexto todos los alumnos montarían una orgía. Como esto nunca pasa en los libros, me veo forzada a reconocer que JK Rowling es la dueña, y yo soy una simple aficionada que disfruta con sus historias. XD


Capítulo 13

Las vacaciones de Pascua entraron y volaron lejos de Hogwarts con tanta rapidez que a los alumnos bien pudieron confundirlas con un sueño. La dura realidad, rebosante de exámenes, obligaciones y fechas de entrega, era mucho más estresante y descorazonadora. Harry lo llevaba bien; a decir verdad, la mayoría de los Slytherin hacían honor a su nombre y mostraban semblantes seguros y relajados, un rostro que fácilmente las demás casas confundían con la indiferencia.

Sus prioridades habían quedado marcadas, con la aprobación de Tom: nada menos que un Supera las Expectativas para las cuatro áreas principales que estudiaba. En la rama que impartía Flitwick sería tarea fácil, el muchacho apostaba su varita a que obtenía, mínimo, un Extraordinario en Encantamientos; en Defensa, siendo un tarantallegra la "maldición" más poderosa que Quirrell les había enseñado, ni siquiera valía la pena leerse el libro. Transformaciones sería algo más difícil, pero Harry había avanzado mucho en sus hechizos de transfiguraciones y un Supera las Expectativas no era una nota descabellada. Pociones constituía el mayor problema.

Conforme se acercaba la fecha del examen, Harry no recordaba haberse esforzado tanto por una nota. Desconocía la intención de Snape y él mismo no era ningún genio en pociones; Draco y Hermione lo superaban por mucho. Casi se había convertido en costumbre que la profesora McGonagall lo sorprendiera a él y a Hermione revolviendo una poción y con cascas de escarabajo en las uñas en cualquier aula que esa hora estuviera libre. Aunque se hacía evidente que a la profesar le agradaba su relación, la sexta vez que los había sorprendido había sido la última, tras amenazalos seriamente a ambos con quitarles puntos.

Entonces Harry, con mucho esfuerzo, había convencido a Hermione de ocultarse bajo la capa invisible e infiltrarse en la Sala Común de Slytherin, para continuar practicando en su dormitorio. La bruja, desde el principio reacia al poder del objeto, únicamente había accedido después de que Harry comentara en voz alta la impresionante y privada biblioteca que allí se escondía, de la cual él, amablemente, le permitiría escoger cualquier libro a cambio de que lo ayudara. Y como consecuencia, ahora la habitación aparecía cubierta de humos y vahos escarlatas, y apestaba a esencia de shirkly.

- ¿No podrías haber buscar otro lugar para practicar? - protestó Draco por enésima vez, trasladándose desde el cómodo colchón de su cama, donde agitaba la varita y lanzaba conjuros al vuelo, hasta la centena libros y pergaminos extendidos sobre el escritorio -. Este cuarto apesta.

- Ya sabes que McGonagall nos amenazo con quitarnos puntos si volvía a encontrarnos en otra aula - replicó Harry sin despegar la vista del caldero, donde uno a uno iba murmurado pequeños hechizos que agitaban la mezcla, de un color similar a la sangre.

- Comparados con los que te quitarán si la encuentran aquí, tampoco es para tanto…

El rubio se encogió de hombros, cabeceando hacía Hermione, que se había acomodado en el suelo al lado de Harry y leía abducida por el libro que reposaba en sus piernas. Decepcionado porque ella no replicara, se acercó a echar un ojo al caldero en el que trabaja Harry.

- ¡Espera! – lo interrumpió, impidiendo que él agitara la poción de nuevo -. La revuelves demasiado. Dale sólo tres vueltas, cuenta has diez, y remuévelo de nuevo. El rojo se volverá más intenso y desaparecerán algunos efectos secundarios de la poción.

Harry asintió, dispuesto a seguir sus instrucciones, pero una voz a sus espaldas intervino a tiempo:

- No.

- Disculpa, ¿Granger?

Draco había arqueado las cejas con superioridad, como si no se creyera que ella se atreviera a llevarle la contraria tan descaradamente. Hermione lo ignoró por completo. Había fruncido el ceño y la fina línea que separa sus labios guardaba un intenso parecido a la imagen de McGonagall cuando se enfadaba.

- No lo hagas como él dice, Harry. En el libro indica claramente remover de forma constante y continua, sin detenerse ningún instante.

- Y si el libro lo dice, no debemos desobedecerlo, ¿no es así, sabelotodo? - se burló de ella Draco, habiéndose alejado unos pasos del caldero para mirarlos a ambos con expresión muy ufana. Parecía contento de haber encontrado al fin la distracción que necesitaba para alejarse de los aburridos exámenes -. Pues para tu información, Granger mis instrucciones provienen directamente de Snape. Él siempre dice que como el mejor alumno de su clase necesito batallas que aumenten mi interés y potencien habilidad. Aunque, por otra parte, es normal que esto no lo haya comentado nunca contigo, ¿verdad? - concluyó, con una sonrisa malvada.

- Que el profesor Snape tenga claros favoritos en serpientes tan crueles y rastreros como él, no significa que tú seas el mejor de la clase, Draco - replicó ella muy digna, ocultando su verdadero enfado.

El rubio la había golpeado en su punto clave. Odiaba ser superada y que precisamente fuera él quien la superara en pociones la enervaba hasta límites inconfesables. Detestaba que su prepotencia tuviera una base real y no fuera sólo un tonto al que apartar de un manotazo, como tantas veces aparentaba. Draco conocía su debilidad y se divertía sobremanera explotándola al límite.

- La verdad duele, ¿eh, Granger?

El sonido de un cucharón de hierro estrellándose contra el suelo detuvo a tiempo cualquier crítica, insulto o respuesta que fuera a producirse.

- ¡Suficiente! Podéis ir a maldeciros los dos a otra parte, a discutir, a mataros, o a lo que sea; no me importa – Harry ignoró la mueva de asco de Draco debida a su última sugerencia -. Pero si vas a peleaos como niños, no será aquí. Hermione - giró el rostro a la niña, que se vio intimidada bajo sus exigentes orbes verdes y desvió sus ojos al suelo, avergonzada -. Tú sabes cuánto necesito tu ayuda para esta nota. Y Draco, tú mismo comprobaste lo horroroso que eres como maestro, dándome clases. En dos días no avanzamos en absoluto. Deja al menos que Hermione haga su trabajo tranquila.

El muchacho, quizá a causa de su reniego, quizá porque aún recodaba sus primeros intentos de enseñar a Harry, en los que siempre acaba irritado, sin entender porque su amigo no conseguía el perfecto resultado que a él le resultaba tan sencillo, o concluyendo la poción por sí mismo, no replicó una palabra, aunque sus orejas se había teñido de un color similar al de la poción. Al notarlo, Harry fue sorprendido por el flash back de la primera vez que las vio en ese divertido tono, allá a mediados de verano en el Callejón Diagon, después de entrampar a Draco en un juego de palabras sobre su apellido. El enfado se disolvió en virutas.

- Deberíamos tomarnos un descanso - sugirió con una voz mucho más calmada, en un repentino cambio de ánimo -. Llevamos tres semanas estudiando como locos y sin respirar aire libre, cosa más que suficiente para enloquecer a cualquiera…

Sus amigos lo miraron con asombro. Él había sido quien más insistía en aprovechar bien el tiempo, incluso más que la bruja.

- Supongo que podríamos dar un paseo por los jardines - concedió Hermione, cerrando el libro que guardaba bajo sus rodillas -. Y aún quedan cinco días para que empiecen los exámenes, hay tiempo para un descanso. Pero antes deberías acabar la poción. Apenas te faltan unos minutos…

Draco se mostró bastante menos remilgoso.

- ¡Yo me llevó la escoba! - se apuntó al instante -. Pero no nos acerquemos demasiado al bosque…

Por una fracción de segundo, sus ojos se oscurecieron y Harry creyó ver en ellos el horror que lo había acosado tantas noches atrás, y que aún no lo había abandonado del todo. Desde entonces, Draco no había pronunciado palabra sobre esa noche y, cuando él lo interrogo sobre el castigo, únicamente había mencionado algo sobre "hacer tareas con Hagrid, como un elfo domestico…" muy esquivo. Harry se planteó la posibilidad de acudir directamente al guardabosque para recavar información, pero finalmente decidió que aquello sería invadir la privacidad de su amigo. En el momento en que Draco deseara hablarle de ello, él escucharía. Mientras tanto, lo apoyaría en silencio.

Ansioso por recibir la frescura del aire puro y libre, en contraste con el humo viciado de las mazmorras, Harry incorporó los últimos ingredientes a su poción y calentó el fuego para que hirvieran. Un par de minutos más, y listo.

- ¿Nunca se detienen? - inquirió Hermione, mientras él recogía.

La bruja había cerrado su nuevo libro para leerlo más tarde y se había tumbado sobre el suelo, contemplando atentamente las imágenes móviles del techo. Parecía fascinada.

- Nunca - contestó él distraídamente.

- ¿Y qué representan?

- Son viñetas, Granger - se adelantó Draco a su propia explicación -. Viñetas sobres los duelos y las victorias más aclamadas de los antiguos magos y brujas…

- ¿De verdad?

El rubio asintió, complacido con su expresión atenta y su evidente interés, mucho más apropiado que las miradas de educado desprecio que siempre solía dedicarle. Tal vez, hasta se mereciese una explicación mas larga, con el único fin de mostrarle su propia inexperiencia.

- Ese de ahí es Lucius Thyros - apuntó a un mago que ocultaba su rostro con una capa oscura -. Se dice que fue el primer mago que embarcó hacía las costas de oriente y de Asia, y que regreso con un infinito surtido de nuevo hechizos y maldiciones, que lo hicieron invencible, el mejor mago de su tiempo. Y a esa de ahí – señaló a una bruja envuelta en las sombras, con el cabello muy largo y plateado, que sacudía su varita en movimientos ilustres y decididos ante sus enemigos –, se la conoce como Aileen, luz de los prados verdes en griego antiguo. Fue una bruja que dedico su vida al estudio profundo de la magia y su conocimiento llegó a ser tal, que en cierto momento fue capaz de dominar los astros y convocar lluvia a voluntad. Muchos lo intentaron, pero nadie ha logrado emular su hazaña desde entonces.

- Nunca he escuchado o leído sobre ellos… - se extrañó la bruja, a través de su asombro.

- Es natural – manifestó Harry, que ya había terminado de limpiar y recoger el caldero -. Tanto Thyros como Aileeen vivieron en una época anterior a la supremacía de Roma. Sus nombres fueron leyenda durante generaciones, pero con la conquista de los cristianos y con su habilidad para destruir todo aquello que consideraran profano, finalmente se perdieron en la hoguera y en el replicar de sus santas campanas... Lo único que queda de sus vidas son testimonios escritos en viejos pergaminos y custodiados por las viejas familias europeas, como los Malfoy - cabeceó hacía Draco, que también escuchaba su explicación con interés -. O las malformaciones que adoptan sus vidas a leyendas, a simples cuentos de héroes, dioses y semidioses que mezclaron su esencia con los humanos de la Antigüedad…

- Sería fascinante aprender más sobre ellos… ¿Creéis que pueda encontrar algún libro en la Biblioteca?

De la garganta de Draco brotó una carcajada.

- Ambos eran lo que ahora se denomina "magos oscuros", Granger. Que investigaban la magia sin remilgos. Jamás encontrarás algo sobre ellos en un colegio regido por Dumbledore.

Previendo un nuevo enfrentamiento entre sus amigos, y considerando suficiente la lección de hoy para Hermione, Harry hizo desaparecer mágicamente su caldero, dando por terminado su trabajo, se puso en pie e intervino.

- Ya estoy listo. ¿Nos vamos?

Las miradas de Draco y Hermione se clavaron en él, ambos con las cejas arqueadas, muy conscientes de su intención. Pero como ambos se sentían también muy deseosos de escapar de la presión de los muros y los exámenes, distrayéndose con el distendido ambiente de los jardines, ninguno de los dos protestó. Cerca ya de la anhelada puerta del dormitorio, Harry percibió como un objeto extraño se enredaba a sus pies, impidiéndole alcanzar la salida.

- ¿Qué…? – bajó la vista al suelo, extrañado -. ¡Sky!

- Sky se alegra de verlo, amo Harry… Y al señorito Malfoy… Y a la dulce señorita… Si… Apetitosa y dulce señorita…

- ¡Sky! – la regañó Harry enfado, en su mismo idioma -. ¡Ella es mi amiga! ¡Ni se te ocurra morderla!

La vívora silbó un sonido de protesta, sacando a pasear su larga y bífida lengua, pero al cabo de un instante dijo:

- Sky buena serpiente… Sky no morder a los amigos del amo…

Harry asintió satisfecho, mostrando su aprobación. Después reparó en los rostros confusos y a destono de sus amigos. Para ellos, aquella conversación no habría supuesto más que un inteligible intercambio de silbidos y siseos, algunos más violentos que otros.

- Se alegra de verme – explicó, tratando que ella no quedara como una maleducada -. Y dice que tú eres una señorita muy dulce y apetitosa… - añadió, dirigiéndose a Hermione.

- Oh… - a la bruja se la había de formado el rostro -. Umm… Esto… Gracias. Dile gracia de mi parte – balbuceó, sin saber muy bien si digerir sus palabras como un halago, o como motivo suficiente para aterrorizarse.

- ¿Has oído eso, sabelotodo? Deberías sentirte feliz de que al menos haya alguien que te encuentre apetitosa – se burló el rubio, torciendo los labios en una sonrisa malvada -. Aunque sea una serpiente.

Ignorando las riñas de sus amigos, Harry contempló un segundo más a la víbora, que continuaba enroscada alrededor de sus pies, como suplicando por unas migajas de atención. La culpabilidad se abrió paso en su estómago. Lo cierto es que desde que descubrió que ella no era muy inteligente, más o menos tras su primera conversación, había descuidado bastante a su mascota. Pero en los últimos días, con la presión de los exámenes, ni siquiera se había acordado de su existencia.

- ¿Os importa si la traigo con nosotros? – preguntó a sus amigos, interrumpiendo su discusión -. Creo que ella también agradecerá bastante respirar el Sol, estando siempre aquí, encerrada…

Draco aceptó al instante, con entusiasmo.

- Podrías azuzársela a algún Gryffindor, como Weasley. ¡Seguro que te acusa de Señor Oscuro y se va huyendo!

La bruja a su lado arqueó las cejas, mostrándose bastante menos receptiva.

- Yo no le veo la gracia. Además, sería más prudente para Harry que nadie lo escuchara hablar pársel. Podría ser peligroso.

Harry, que si había encontrado la escena muy divertida, semejante a un sueño que tuvo una vez, en el que Ronald se convertía en elfo domestico y Sky le perseguía, se vio obligado a ceder ante la apabullante lógica de Hermione.

- Tiene razón – dijo, sin dirigirse a nadie en especial -. Sky se quedará en mis brazos, será buena, y no asustará a nadie. ¿Verdad que sí, preciosa?

La vívora bufó, asintiendo.

Unos minutos más tarde, los tres amigos se hallaban fuera del castillo, Harry y Hermione habían sentado a la sombra de un haya, desde donde se divisaba un preciosa paisaje del castillo del lago, y Draco sobrevolaba sobre sus cabezas efectuaba locas piruetas cada vez más arriesgadas, destinadas a atraer la atención de un grupo de chicas Slytherin que repasaban sus libros a orillas del lago, entre las que se encontraba Pansy. Sky también descasaba feliz sobre los brazos de su dueño, acariciándole el dedo menique con su lengua, en un silbante ronroneo.

- ¿Me dejas acariciarla?

Harry, que hasta hacía un segundo mantenía su atención en las diversas payadas de su amigo, concretamente, en la copia casera del Amago de Wronsky que Draco había decidido llevar a cabo con resultados desastrosos, centró su mirada en la bruja, sorprendido. Ésta sintió como sus mejillas se sonrojaban por el repentino escrutinio, pero no apartó los ojos. Llevaba un tiempo contemplando fascinada la piel tersa y brillante de la víbora y, pese al miedo, deseaba tocarla; sentir por sí misma la piel de esa criatura tan peligrosa y temida, y a la vez tan ensalzada por el mundo mago.

Tras un segunda de duda, el muchacho el dio su permiso.

- Claro. Ya te he dicho que le gustas.

Hermione sonrió emocionada, extendió la mano sin dejar que las dudas la detuvieran, y rozó con sus dedos las escamas de la víbora, que descubrió su lengua complacida Poco a poco, la tensión de la bruja se fue relajando, y sus acaricias fueron tornándose mucho más seguras y confiadas. Tras unos minutos, la serpiente deslizó su cuerpo anillado a través de las rodillas de Harry y pidió permiso para enrocarse en el brazo de la muchacha, donde ocultó la cabeza, satisfecha.

- Increíble… - balbuceó ésta después algún tiempo, manifestando intencionalmente en palabras su pensamiento.

Harry parpadeó un par de veces, abstrayéndose del anterior silencio, y la observó con curiosidad. Se había sonrojado.

- ¿El qué?

- Bueno… Es que siempre pensé que la piel de una serpiente sería fría al tacto humano. Pero ésta es tan cálida y suave… y tan delicada…

Su amigo sonrió feliz, sin entender porque aquella declaración sería motivo para ruborizarse.

- Es un error muy típico entre los magos y muggle, creer que los reptiles tienen la sangre fría - le restó importancia -. Pero el libro que me regalaste estás Navidades explica que los ofidios, a diferencia de los humanos, adaptan la temperatura de su sangre al calor ambiental como medio de supervivencia, no poseen sangre literalmente fría. O al menos, así es con la mayoría de las especies. Creo que hay una o dos excepciones dentro las razas mágicas, pero se trata de casos muy extraños y poco documentados…

- Pues en ese caso, creo que las prefiero a las serpientes antes que a los leones - decidió la bruja sin dejar de acariciar a la cobra, recuperando su determinación habitual -. Dudo que fueran tan pacíficos si alguien los acariciara, o que su piel fuera tan suave…

- ¿Has oído eso Sky? - siseó el muchacho mirando complacido a su mascota -. Hermione te prefiere a ti antes que a los leones… Y también dice que tus escamas son suaves y delicadas, como los pétalos de una rosa.

La cobra silbó, alzó su cabeza y clavó sus ojos serpentinos sobre el rostro de Hermione, que por un momento volvió a asustarse. Pero sus intenciones eran pacíficas. Enroscó su cuerpo elásticamente alrededor de sus hombros y apoyó por un segundo su frente sobre la de la niña, agradecida. Luego se alejó unos centímetros de ella y centró su atención en Harry.

- A partir de ahora, amo Harry, Sky prefiere morder al señorito Draco.

Aquel sería uno de los últimos instantes de relax y desahogo que ambos disfrutaría antes de los exámenes.

~ No deberías permitir que te afectaran tanto. Son sólo notas académicas. Y estoy dispuesto a entregarme a la luz si no sacas una de las mejores notas de tu curso ~.

Lo animo Tom, la noche previa a la prueba de Transformaciones, la primera del curso.

La ansiedad de Harry era tal que no conseguía dormir. Llevaba horas intentándolo, pero todo cuánto conseguía era incrementar su insomnio ante las respiraciones uniformes y despreocupadas de su mejor amigo. Draco poseía un talento natural para Trasformaciones, aunque no tanto como Hermione, que lo superaba a él, al igual que él a ella en pociones, pero con esfuerzo y estudio Harry creía estar al nivel del rubio, como mínimo, para los próximos exámenes. Entonces, ¿por qué se sentía tan nervioso?

¿Y si no lo consigo? ¿Y si quedo de los peores?

~ Eso no va a ocurrir. ~

Pero, ¿y si ocurre?

~ En ese caso, seguirás siendo un mago mucho más hábil y poderoso que cualquiera de tus amigos, pero habrás sucumbido a tu propia inseguridad. No creo que seas ese tipo de persona, Harry. ~

No lo soy. Pero Defensa es mi mejor rama, y con Quirrell como profesor no creo que sirva de mucho. Eso, sin hablar de pociones…

~ Te aseguro que Snape no te presentará ningún problema. Despreocúpate. ~

¿Cómo estás tan seguro? Aún no me has contado nada de lo qué hablaste con él…

~ Como ya te respondí una vez, ése es un asunto entre él y yo. Pero te garantizó que si lo haces medianamente bien, no te suspenderá. Confía en mi. ~

Harry suspiró y dejó caer la pluma sobre el edredón de la cama con desgana. Aquel comportamiento cobarde, repetitivo e infantil no era nada propio de él. Debía detenerse. Los exámenes no serían tan difíciles y durante meses se había preparado más que de sobras para ellos. Sabía que no iba a recibir ningún suspenso, y a excepción de con Historia, donde un Extraordinario sería la nota de la cual avergonzarse, el resto de las materias las llevaba correctamente al día.

El problema de fondo radicaba en que él no quería conformarse con un simple aprobado, con ser uno más, un número sin marca del montón, necesitaba probar algo. Necesitaba demostrar a Tom que era digno su atención, que no se había equivocado eligiéndolo; que al margen de su nombre y apellido, Harry Potter era un gran mago, digno de ser su compañero. ¿Si permitía que otros le superasen, en qué clase de letargo se convertiría para el mago más poderoso de todos los tiempos? Pero aquellas dudas tan intimas eran demasiado difíciles de expresar sobre el papel. Harry no se sentía capaz de ello.

En su lugar, con mucho esfuerzo, escribió.

¿Te sentirás decepcionado si mis resultados no son los mejores?

~ ¿Era eso lo que de verdad te preocupaba, Harry? ~

~ Aunque obtuvieras ocho Troll en cada uno de tus exámenes, continuarías siendo el único de entre todos tus compañeros cuya vida a mi me interesa. Te conozco; entiendo con absoluta claridad quién eres y hasta dónde llegas, y me siento orgulloso de ti. No necesitas probarme nada. Quizá, simplemente, necesites probarte algo a ti mismo. ~

Emocionado por la firmeza y la fe que trasmitían sus palabras, Harry se prometió a sí mismo no defraudar nunca esa confianza.

Lo haré bien, Tom. Te lo prometo.

Sé que será así. Y ahora descansa, Harry. Necesitarás una mente clara para mañana.

Buenas noches.

~ Buenas noches, pequeño. ~

En escasos cinco minutos, su respiración serena y uniforme se unió a la de Draco, y Harry no volvió a despertar en toda la noche. Por el contrario, sus sueños fueron profundos y muy fluidos : soñó con un bosque cubierto de árboles y criaturas salvajes, entre las que destacaba un enorme perro de tres cabezas, pero él caminaba entre ellos con ese tipo tranquilidad que únicamente es posible encontrar en los reinos de Morfeo, donde por unos instantes, a veces, todos llegamos a ser invencibles. A partir de los astros del cielo, se hacía imposible aclarar si era de día o de noche, pero en mitad de la espesura brillaba una luz blanca, pura y muy potente, y Harry se sentía totalmente hechizado por ella. Corría a su encuentro y por el camino distinguía rostros conocidos como el de Draco o el de otros muchos compañeros de clase, que sonreían felices sin preocupaciones, y también la buscaban, y junto a ellos otras figuras brillantes que no reconocía. Harry despertó instantes antes de averiguar que se ocultaba tras ella.

...

Al margen de aquel sueño, pronto comprobó que sus nervios e inseguridad hacía los exámenes habían sido por completo injustificables. En la primera clase, McGongall les ordenó uno a uno, frente a su escritorio, que transformaran su ratón en una caja; aunque la transfiguración de seres animados era difícil, palidecía en comparación con el hechizo inverso, materia que, con mucho esfuerzo, Harry ya dominaba.

Pese a todo, no fue capaz de emular a Hermione, que con un único movimiento de varita consiguió conmutar a su animal en un preciosa cajita de madera de sauce pulida, adornada por una multitud de lazos y realistas imágenes grabadas, incluyendo un paisaje de Hogwarts como atracción principal, que consiguió sustraer una sonrisa sincera de los severos labios de McGongall. Él hubo de conformarse con conjurar primero la transformación en una caja de piedra simple, y a continuación ir dotándola de color y de forma, para añadir finalmente los adornos. El resultado también fue uno de los mejores, aunque supuso que la jefa Gryffindor se sentiría decepcionada por la elección de los colores, verde y plata, y de la detallada serpiente que coronaba su pieza.

Especialmente divertido fue el caso de Weasley, por mucho que a Harry le doliera reconocerlo. Siendo su apellido de los últimos de la lista, la profesora McGonagall había tenido que repetirlo, al menos, tres veces antes de que su compañero de pupitre le estrellara un codazo que lograra despertarlo. La gracia no habría sido tan grande si Ronald, en el momento de abrir los ojos, no se hubiera sobresaltado tan profundamente, ni hubiera chillado con un cerdo apresado en el matadero, ni contemplado su alrededor totalmente aterrorizado antes de comprender donde se encontraba y, entre risas que no eran suyas, hubieran adquirido sus mejillas un color tan rojo como su pelo. Bajo la severísima mirada de McGongall, se había visto obligado a incorporarse y, tartamudeante, había pronunciado un hechizo que convirtió a su ratón en una caja peluda y con cola. Sobraba decir que aquello únicamente había arreciado aún más las risas.

Otro número curioso fue el de Pansy. La muchacha nunca había demostrado un gran talento durante las clases, esencialmente porque rara vez parecía interesada por ellas, pero tras escuchar su apellido de boca de McGonagall, se había incorporado con seguridad y se había detenido frente al escritorio de la profesora, examinando al animal con expresión pensativa. Tras unos segundos sin que sus labios pronunciaran hechizo alguno, había agitado la varita y, en una excelente demostración de magia muda, el ratón había sido convertido en una pieza de tela de un tipo que Harry no consiguió identificar, pero que asemejaba la mejor calidad, para a continuación, con una nueva sacudida, unir sus extremos hasta formar una pequeña caja de tela.

- Es seda India - explicó, ante la cara estupefacta de McGonagall -. Carísima. A diez galeones la onza. El hechizo que he usado pertenece a mi familia desde hace generaciones, y es el único que permite transformar cualquier tipo de piel en seda. Aunque es la primera vez que lo pruebo con piel de ratones…

La clase entera enmudeció con asombro, quizá por envidia o quizá sin llegar a creerlo, y Theo, cuya caja tallada en cristal, perfecta recreación de un cisne, había ganado la admiración de todos sin que a él le interesara, fue el único capaz de captar su humor e incluso sonreírle levemente a ella.

Tras ocupar el resto del día como descanso, el siguiente examen lo llevaron a cabo a la mañana siguiente, en los invernaderos; y fue seguido por el de Encantamientos y Defensa. El profesor Flitwick ordenó a sus alumnos que hicieran bailar unas piezas de ajedrez, y puntó según lo divertido y flexible que fuera dicho baile. Entretenido, Harry decidió ejecutar una marcha marcial, que dejo a todos con la boca abierta. Quirrell decepcionó a la clase con una prueba teórica, que en su mayoría versaba sobre vampiros y sobre la forma correcta de derrocarlos.

El examen de Historia quedó emplazado un día después del de éstos y fue el único que Harry entregó al profesor, pasada la hora, con la firma seguridad de haber suspendido, pues había dejado en blanco cada una de las estúpidas preguntas sobre duendes que enumeraba. Astronomía, como era natural, se llevó a cabo en la torre más alta del colegio, la noche del jueves. Herbología y Pociones fueron las últimas pruebas en realizarse, y con ellas concluyó la infernal semana de los exámenes, dejando tras de sí algunos semblantes más satisfechos que otros.

- Entorpeciendo el paso, Potter, como siempre - lo increpó Zabini a la salida del aula de Snape, mientras esperaba a qué sus amigos terminaran de recoger sus cosas.

Consciente de que únicamente intentaba provocarlo en un intento de mellar su autodominio, Harry se apartó de la puerta y ni siquiera le dirigió una palabra. Estaba hartándose ya de sus juegos. Ahora que por alguna razón Weasley no lo molestaba, Blaise parecía haber heredado su testigo. Y desde que lo había atrapado charlando amigablemente con Neville poco después de Navidades, la situación sólo había ido a peor. Lo despreciaba.

Afortunadamente, Hermione emergió del aula en ese instante, como un torbellino de dudas y preguntas, y lo distrajo:

- Bueno, ¿qué tal os ha ido? La poción de ensueño no es demasiado difícil, caso esperaba algo peor por parte de Snape. ¿Creéis que mi poción era lo suficientemente azul? Ahora que lo pienso, tenía un toque demasiado turquesa…

- Te aseguró que lo era - tranquilizó Harry a su amiga, mientras caminaban por las mazmorras, hacía las puertas del Gran Comedor -. Me he fijado unas cien veces para compararla con la mía, y no había rastro de turquesa.

- Ambas eran azules, aunque no tan perfectas como mi pócima - se vanaglorió Draco tras alcanzarles, en un fallido intento de buena voluntad -. Seguro que ahora te arrepientes de no haber seguido mis consejos aferrándote sólo al libro, ¿eh Granger? Aunque si Snape es bueno, tal vez te regale un aprobado.

Pero la bruja estaba demasiado estresada con sus paranoias para prestarle atención.

- Creo que no he echado suficientes polvos de Doxie al agitar la poción… ¿Y si al cabo de un tiempo explota? Sería una posibilidad… ¡Merlín! Soy una inútil... ¡No puedo suspender también ésta!

- Hermione, tranquilízate - Harry había cogido por los hombros a la muchacha y la obligaba a mirarlo de frente -. No eres ninguna inútil, ¿me escuchas? Eres una bruja superdotada que debería sentirse orgullosa de sus talentos. No vas a suspender. De hecho vas a lograr una de las mejores notas del curso. Simplemente, relájate. Y disfruta. Oficialmente, ya estamos de vacaciones.

Efectivamente, los resultados de los exámenes aún no había sido anunciados, pero ya no había más clases ni obligaciones y el resto de los días que quedaban de curso podrían ser empleados a placer por los alumnos. Harry no recordaba haberse divertido tanto nunca en su vida.

Aunque ya hubieran concluido las clases, Hogwarts no dejaba tiempo para aburrirse. El castillo entero bullía de excitación y de entusiasmo, los estudiantes formaban corrillos en los jardines donde charlaban, interactuando con otras casas y aprovechando los días de Sol, los profesores hacían la vista gorda si en alguna ocasión los sorprendían en mitad de una travesura, y el sabor de los postres del Gran Comedor nunca había resultado tan delicioso (salvo, quizá, los chocolates suizos de la familia Malfoy). Flitwick había reformado el aula de Encantamientos y se organizaban allí competiciones de ajedrez, de naipes y de duelos mágicos, a los que, por desgracia, los alumnos de primero tenían vetada su entrada. Un aula en las mazmorras también había sido equipada para que los estudiantes diseñaran sus propias pociones o trabajaran con algunas de las más divertidas, autorizadas por el consejo escolar.

Por otra parte, los gemelos Weasley, cuyo historial Harry seguía de cerca y con gran interés, nunca habían estado tan activos. No sería novedad que una horda de bombas fétidas irrumpiera de nuevo en la hora de la comida, causando que todos los presentes escupiesen la comida que mascaban en sus bocas y huyeran espantados, o que una lluvia de Bengalas del doctor Fillibuster, embrujadas por ellos mismos con un encantamiento de durabilidad en el tiempo, sobrevolara día tras día el palacio, extendiendo el pánico entre los estudiantes de cursos más bajos.

El último gran evento del año estaba previsto para el Domingo de aquella semana, cuando se disputaría la final de Quidditch, Slytherin versus Ravenclaw. Bastaba con que Slytherin ganara el partido o perdiera con una distancia menor acincuenta puntos de para que la Copa de las Casas llevara su nombre, por octavo curso consecutivo. Hufflepuff quedaría tercero y los Gryffindor, que habían perdido un gran cantidad de puntos gracias a las tramas de Draco contra Weasley, y que no habían ganado ni un solo partido de Quidditch en toda la temporada, quedarían los últimos. A causa de Hermione y porque apreciaba el buen Quidditch, Harry lamentaba que su equipo no hubiera encontrado un mejor buscador a tiempo, pues sí que contaban con algunos otros jugadores excepcionales.

Entre tanto ajetreo, el muchacho también disfrutaba de varios ratos de relax con la bruja, momentos en los que ambos ensayaban nuevos hechizos o saboreaban los últimos días de lectura pacífica en la biblioteca. Evidentemente, el material de primer curso había quedado obsoleto y los dos centraban sus esfuerzos en lo que vendría al año siguiente.

- ¡Oh! ¡Maldita sea! - refunfuñó la niña en un tono más elevado de lo normal. Hermione nunca alzaba la voz en la Biblioteca -. No puedo creerme que Ronald aún no lo haya devuelto…

Curioso, Harry desvió la vista de su pergamino de Defensa para mirarla:

- ¿El qué?

- Un libro sobre descubrimientos y hallazgos de la Edad Media. Intenté sacarlo antes de Pascua, como lectura ligera para las vacaciones, pero parece que esté tardado una eternidad en leérselo.

El muchacha frunció el ceño; algo no cuadraba y, por alguna razón, demandaba su atención. No es que él lo conociese mucho, pero sí sabía de Weasley lo bastante para entender que él y la palabra "libro" no encajaban bien en la misma frase.

- ¿Cuántas páginas tiene?

- Unas mil, supongo… Sé que es un poco denso, pero es que toca muchísimos temas - lo justificó Hermione, olvidando que se trataba sólo de un libro -. Describe a la perfección las distintos tipos de murallas mágicas que habían inventado hasta entonces, algunas mucho más potentes que las que están de moda hoy día. También versa sobre rumas, alquimia, tratados… E incluso incluye una entrevista fascinante con el propio Nicolas Flamel, el único alquimista de esa época que sobrevive en la actualidad. Pero no veo en que le puede interesar todo eso a Ronald, si ni siquiera se molesta en leer sus libros antes de los exámenes...

Hermione continuó protestando, pero Harry ya no la escuchaba. Un enorme fuego había prendido en su cerebro. Su mente era un torbellino de ideas confusas y turbulentas; matices sueltos en los que ya había reparado, pero que tras escuchar a Hermione, se incendiaban con la mecha que hasta entonces fallaba, fundiéndose como resultado en un único cuadro.

El incidente con el troll de Halloween; sus dudas acerca de quién lo había dejado entrar y por qué. El perro. La trampilla que guardaba el perro. El secretismo y el enfado de Hagrid al creer que estaba investigando. El comportamiento ausente de Ronald en los últimos meses, que ni siquiera había criticado a Harry una única vez, e incluso su actuación en el examen de Transformaciones. Era evidente que él ya lo sabia, que lo había descubierto. Y ahora, el apunte de Hermione. ¿Podría ser? ¿Podría ser eso lo que ocultaba el monstruo de tres cabezas? No, no tenía sentido… Demasiada coincidencia. Pero, si así fuera… Entonces las cosas cambiaban.

- Tengo que irme - dijo repentinamente, incorporándose a la velocidad de un dragón.

- ¿Qué? ¡Espera, Harry! ¿A dónde vas?

Pero el muchacho ya echado a correr y en un segundo se hallaba fuera de la Biblioteca, lejos de los gritos reprobatorios de Madame Pinché y de los ojos inquisitivos de su amiga. Se preocuparía por Hermione más tarde, ahora lo importante era encontrar a Weasley. Desesperado, Harry comprendió que no tenía ni idea de donde podría esconderse el muchacho, es más, probablemente a aquellas horas se encontraría en la privacidad de su Sala Común, que le era inaccesible. No obstante, tuvo una corazonada. Deseando equivocarse, marcó rumbo al tercer piso.

Sus rezos no fueron escuchados. Ante la puerta de roble sellada, que daba acceso al cancerbero, encontró al pelirrojo (tieso, alerta, con la varita en la mano y sumamente nervioso) Supo inmediatamente, al verlo, que no habría manera humana posible de sonsacarle la prueba que necesitaba. Por suerte para él, todavía era un mago…

Lo apuntó con la varita y murmuró:

- ¡Inmovilus!

El hechizo lo alcanzó de lleno y Harry vio el temor que se extendía por sus mejillas instantes antes de quedar paralizado. Temor que aumentó considerablemente, mezclado con la sorpresa, cuando él reveló su presencia.

- No te preocupes. No voy a matarte - prometió, muy serio -.

Pero sus buenas intenciones sólo ayudaron a que Ronald palideciera aún más. Su terror era palpable, bajo el hechizo que lo obligaba a permanecer inmóvil. Harry lo ignoró y se colocó a escasos centímetros de él, atrapando sus ojos. Sería la primera vez que usaba Legilimens cómo medio para obtener información, y no cómo castigo o cómo forma de dominación mental, pero confiaba en sus buenos resultados.

Sumergiéndose en su mente, al ras de la superficie, se topó con el primer día de curso desde la perspectiva del propio Weasley. Harry desechó algunos otros recuerdos, cuyo contenido desconocía, y seleccionó aquel como ensayo.

Se sentía emocionado. Finalmente podrá alejarse de su casa y de su protectora madre, y construir un nombre para sí mismo, al margen de sus hermanos. La locomotora de Hogwarts silba y expulsa humo. Unas niñas rubias que a él le parecen muy tontas corren de un vagón a otro y van diciendo en susurros, a todo el que quiera escucharlas, que han visto a Harry Potter en uno de los compartimento, y que incluso habían hablado.

Harry Potter Desde que era un bebe, su madre le ha contado las cientos de historias que circulan sobre él y sobre la manera en que venció al Señor Tenebroso. Eran un cuento más antes de irse a dormir, aunque entonces el pequeño Ronnie no las creía del todo. Ahora, ya mayor, se pregunta cómo será y si recordará algo de El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado y de la noche en que lo derrotó Irá a Gryffindor, seguro. Tal vez incluso puedan llegar a hacerse amigos y aclarar con él mismo sus dudas.

La locomotora avanza rápidamente, sin que él consiga encontrarlo, y pronto llegarán a Hogwarts. Después de todo, es El-Niño-Que-Vivió. Tal vez no acuda al castillo en el tren, sino por otros medios.

En la sala circular donde McGongall os ha pedido esperar no lo ves a él, pero sí distingues un cabello rubio platino que reconoces. Tiene que ser un Malfoy. (Inmoralmente rico, hijo único, consentido… el tipo de niño que Ginny consideraría guapo). Es todo lo que tú deseas y jamás podrás ser. Y lo odias por eso. Lo ves presumiendo y lo escuchas hablar sobre Potter, quien podría ser tu amigo, relacionándolo con la casa de las serpientes y con él mismo. Y sabes que aquello no puede ser verdad. Son sólo sucias mentiras. Convencido de que está manchando su nombre a propósito, sin detenerte a pensarlo, muy Gryffindor por tu parte, saltas ante tus compañeros decidido a enfrenarlo.

Pero justo entonces, cuando más orgulloso te sientes de ti mismo y las voces de los demás comienzan a alzarse en tu apoyo, llega él y te traiciona. Santo, famoso y astuto Potter. Te acuchilla por la espalda cuando tú sólo has intentado defenderlo y ser su amigo. Amado Potter. Aclamado Potter. Lo detestas. Lo odias muchísimo más que a Malfoy. Porque Malfoy es cómo se supone que debe ser un Malfoy. Pero Potter te ha traicionado. Ha traicionado a Gryffindor. Y en medio de la humillación, te juras a tú mismo que jamás vas a perdonárselo.

Satisfecho, Harry cortó el contacto visual y cerró los ojos por unos momentos, respirando profundamente, amoldándose de nuevo a la sensación de su propia mente. El rencor y las chiquilladas de Weasley, pese a haber sentido su fuerza en piel propia, le interesaba menos que los elfos domésticos del colegio. La prueba había sido superada con éxito. Ahora debía averiguar si lo que escondía el perro era realmente la piedra.

- El cancerbero. La trampilla. ¿Qué se oculta tras ella?

En medio de su inmovilidad, Ronald agitó las pupilas con miedo, negándose a confesar verbalmente aunque pudiera, pero su mente, impotente, ya había obedecido la orden de Harry y paseaba ante éste sus recuerdos.

Draco y el propio Harry a punto de enzarzarse con él. Un duelo, un reto. Medianoche, en la Sala de los Trofeos. Ronald, Finnigan, Neville y Hermione huyendo de Filch y perdiéndose por los pasillos. Una puerta, un cerrojo. El cancerbero. ¿Tú no usas los ojos verdad? ¿No viste la trampilla que tenía debajo? La trampilla, el bosque, la cabaña de Hagrid. ¿Quién es Fluffly? Asuntos que no os conciernen. Materia exclusiva del profesor Dumbledore y de Nicolas Flamel. Un nombre, una pista. Nicolas Flamel. ¿Quién es Nicolas Flamel? Muchos libros, una biblioteca, frustración, nada. Nada. Nada. Nada. Si, hay algo: Neville. "¿Me cambias este cromo por el de Dumbledore? Llevo años intentado que me toque…"

¡Bingo! Albus Dumbledore y Nicolas Flamel. Compañeros. Famosos por su trabajo en alquimia. ¡Alquimia! Lo tienes.

"Quiero sacar estos libros: Trabajo en Alquimia, y Mitos y Verdades Mágicas de la Edad Media." Los volumen son gruesos y pesan, pero ya todo carece de importancia. Lo sabes. Le dices a Dean que ya lo has averiguado. La Piedra Filosofal. ¡La piedra! La piedra. La piedra. La piedra. ¡Es la piedra lo que oculta el perro! ¡La piedra filosofal está aquí, en Hogwarts! ¿Alguien quiere robar la piedra?

Con una mueca indescifrable, considerando que ya había visto suficiente, Harry rompió el contacto visual. Sus sospechas se habían confirmado. Ya sabía qué era lo que ocultaba el perro, no necesitaba averiguar más. La cuestión era, ¿cómo actuar a continuación?

- ¡Finite in cantante! ¡Oblívate! - los rayos de luz impactaron en Weasley uno tras otro, casi instantáneamente.

El primero lo desparalizó y el segundo eliminó de su mente cualquier noción de lo que acababa de ocurrir en aquel pasillo, desde le llegada de Harry. El rostro del pelirrojó adquirió una expresión ida y sus labios babearon un poco, debido a la intensidad del hechizo, pero esos efectos desaparecerían en apenas unos segundos. Aprovechándose de esos instantes, Harry se perdió en la oscuridad.

Había comenzado a trabajar con el oblívate dos días después de que acabaran los exámenes y a los pocos intentos ya lo dominaba completamente, para envidia de Hermione, que todo cuanto conseguía por el momento era atontar levemente a Harry, sin que éste olvidara nada. En cambio, había multitud de hechizos sencillos que a él le costaba dominar más que a la bruja. Tom le había explicado que tenía que ver con el control mental, y con hechizos para dominar la mente del otro, para los cuales Harry poseía una especial habilidad, quizá debido a la fortaleza de su propia mente. Pero en aquel momento, mientras escapaba hacía las mazmorras con la frente abarrotada de emoción, intriga y angustia, el muchacho ni siquiera se felicitó por ello.

Murmuró la contraseña y atravesó el lienzo sin deseos de encontrarse con nadie. Deseos que, por supuesto, no se cumplieron. Prácticamente la totalidad de su cursó estaba reclinada sobre los asientos de cuero negros y verdes, pendientes de la partida de ajedrez que se llevaba a cabo ante ellos, Theodore Nott frente Zabini. Algunos de sus compañeros se volvieron para ver al intruso, pero los dos protagonistas no desviaron la vista del tablero en ningún momento.

- ¿Dónde estabas? Dijiste que te esperara la cena y nos has aparecido - lo increpó Draco en un murmullo, sin moverse de su asiento -. Granger tampoco sabía nada.

Harry arqueó las cejas con desconcierto y después apretó los párpados durante unos segundos. No había sido consciente de saltarse la cena. ¿Qué hora era? ¿Cuánto tiempo había pasado interrogando a Weasley? ¿Habrían notado otros su ausencia?

- Lo siento. Es que… - se inventó una excusa -. Ahora estoy muy cansado. Sólo quiero irme a dormir.

Su amigo lo examinó suspicazmente en un principio, poco dispuesto a creer en sus palabras, pero pasado un minuto asintió, se relajó y lo dejó pasar.

- Está bien. Qué descanses. Hablamos mañana.

- Si. Hasta mañana. Hasta mañana a todos - se despidió, alzando la vista hacía el resto de sus compañeros.

Correspondió los cabeceos de Theo y de Pansy, e ignoró totalmente la mueca despectiva de Blaise, así cómo la brillante sonrisa que le regalo Daphne. En su mente, sus compañeros se desdibujaban ahora en un segundo plano, no había tiempo para preocuparse por ellos. Aunque aquella chica era algo escalofriante. Últimamente, no dejaba de observarle.

Desechando la posibilidad de que pudiera sospechar algo y relegando el asunto para más tarde, Harry apartó la vista del cuadro de Salazar Slytherin, cuyos ojos, mudos pese a la sabiduría de sus siglos, daban la constante sensación de estar riéndose de él, y se encerró en su habitación. Las dudas lo asaltaron al instante, mientras comenzaban a recorrerla para aplacar la ansiedad, de un lado a otro. ¿Cómo debía actuar a continuación? ¿Debía consultarlo con Tom o proceder por su cuenta? ¿Cuáles eran sus posibilidades? ¿De verdad merecía la pena arriesgarse?

Pero antes de determinar una respuesta sensata para cualquiera de ellas, la puerta de su dormitorio volvió a abrirse, y el rostro de Draco apareció tras ella. Harry se sintió acorralado.

- ¿No te ibas ya a dormir? - preguntó astutamente el rubio -. ¡Olvídalo! Sé perfectamente cuando me estás mintiendo, así que ni lo intentes. ¿Qué es lo que de verdad ocurre?

Sorprendido de que éste lo conociera hasta tal punto, Harry abrió la boca para volver a mentir, pero un segundo más tarde cambió de idea. ¿Tan terrible sería compartir la verdad con su amigo? La Piedra Filosofal sería sin duda un elemento deseable para cualquiera, pero Draco ya era rico y demasiado joven para preocuparse por la muerte. La pregunta era, ¿hasta que punto podría confiar en él?

Tom hubiera respondido que hasta ninguno. Que nunca se debe confiar en nadie a excepción de en uno mismo. Pero Draco era su amigo, su mejor amigo. Y hacía unas noches, después de que él lloraba aterrorizado por algo desconocido y Harry no fuera capaz de consolarlo, se había jurado a sí mismo que, a partir de entonces, sería su mejor amigo de verdad. Sin mentiras ni confabulaciones por el medio.

Aquello terminó por decidirlo.

- Ya se lo que se esconde tras el perro de tres cabezas - confesó despacio con voz grave, sin reparos o remilgos, abordando directamente el quid de la cuestión. Los ojos de Draco se abrieron -. La Piedra Filosofal.

- ¿Qué? - preguntó como un tonto, incapaz de creerlo -.

- Que lo que guarda ese perro es nada menos que la Piedra…

- ¡Por Salazar! - lo cortó Draco, demasiado impactado para preocuparse por sus modales -. Ya te he escuchado la primera vez. Pero todavía no soy capaz de creerlo. ¿Estás seguro?

Harry asintió.

- Completamente.

- ¿Cómo lo sabes?

Le explicó la historia. El tema de la biblioteca, la pista que sin querer había dejado caer Hermione y su encuentro con Ronald, censurándolo levemente.

- Todo el oro en el mundo que podamos imaginar… - fantaseó entonces su amigo, con ojos codiciosos y soñadores -. Y el elixir de la vida eterna… Ricos y eternos… De acuerdo - miró a Harry, que permanecía mudo desde que hubiera acabado de hablar -. Sólo tengo una pregunta: ¿Qué serpientes estamos haciendo aquí?

- ¿Qué quieres decir?

- ¿No es evidente? ¡Deberíamos ir a por ella! ¡Tratar de robarla, de quedárnosla!

Harry, que aún recordaba lo cerca que había estado de morir al enfrentarse al perro y dudaba que pudiera sobrevivir una segunda vez, frunció el ceño y refrenó su entusiasmo con severidad.

- ¡Alto! ¡Espera! ¡Piensa! - se puso de pie y se detuvo frente a Draco -. ¿Qué te hace creer que nosotros podemos conseguirla? Otros magos mejores lo habrán intentado sin éxito… Sólo somos críos, ni siquiera hemos acabado primero. No seremos rivales para… para conseguir piedra.

- ¡Pero nosotros somos Slytherin! Y ya estamos dentro del castillo… Dudo que haya algo capaz de detenernos…

- ¿Y qué pasa con el cancerbero? ¿Y con los demás hechizos que deben estar custodiándola? Yo ya intenté enfrentarme a él una vez, y no tengo deseos de repetir la experiencia.

- Me llevaré los polvos Norghul que me regaló mi padre estás Navidades - contestó inmediatamente el rubio , como si ya lo tuviera todo planeado -. ¿Recuerdas? Te dije que lograría introducir unos pocos en la escuela, sin que Filch me los clausurara. Dejaran al perro petrificado y ni siquiera tendremos que hacerle frente para colarnos por el agujero.

Harry frunció el entrecejo. Era un buen plan, no podría negarlo. Y aun así…

- ¿Qué te garantiza que funcionaran con el cancerbero? Él es una criatura mágica… Probablemente su resistencia sea mucho más fuerte que la humana.

- También lo son los dragones, y la última vez que lo comprobé permanecieron durmiendo durante dos días…

Aquello destrozaba la base de sus excusas. El camino hacía la trampilla quedaba despejado. Pero Harry apostaría su varita a que había decenas de diferentes y peligrosas maldiciones protegiendo la piedra, además del cancerbero. Aunque también pudiera ser que el perro fuera el más sanguinario de todos ellos, como forma de desanimar a los ladrones.

- ¿Qué pasa con los demás hechizos? - preguntó, con algo menos de reserva.

Draco percibió el cambio en seguida, pues sonrió victorioso.

- ¡Lo conseguiremos! Recuerda, transforma cualquier metal en oro puro… ¡Seremos completamente ricos! ¡Aún más ricos que ahora! Seguro que mi padre no se lo cree cuando se la enseñe…

La mente de Harry se contrajo. No lo había confesado a Draco, pero él poseía otros motivos distintos al oro para apoderarse de la piedra. El elixir de la vida… Un suero lo suficientemente potente para alejar la muerte de cualquier boca que lo ingiera con regularidad. ¿Lo suficiente potente también para devolver la vida? ¿Para tornar corpóreo a Tom? ¿Para traerlo junto a Harry?

La simple pregunta merecía la pena el riesgo. Si algo lo había retenido hasta entonces, no era el miedo; ni siquiera la prudencia, entendía ahora. Era precisamente la posibilidad que no lo lograran, de que los atraparan en su intento. Su disfraz completo quedaría descubierto. ¿Qué pasaría entonces con Tom? Pero si lo conseguían, Tom retornaría con ellos. Harry podría abrazarlo, hablarle sin la pluma de intermediario, fijar la vista en sus ojos…

Ya no había más que hablar. Iría tras la Piedra. Pero observó a Draco, tan seguro y emocionado. Él, que nunca había estado tan cerca de la muerte como Harry, no comprendía el verdadero peligro. Imaginaba la aventura como una especie de examen de Defensa, si la asignatura la hubiera impartido un profesor decente. ¿De verdad iba a poner su vida en peligro sólo por un sueño?

Si tan sólo Tom no fuera ese sueño…

- Escúchame, Draco - lo encaró seriamente -. Iremos, pero antes debes darte cuenta del verdadero peligro. No sabemos lo que se oculta debajo de esa trampilla, podría ser una trampa, un vampiro o una jauría de hombros lobo. Podríamos morir y, con seguridad, necesitaremos de todo nuestro ingenio para no hacerlo. Yo tengo que ir, pero si tú prefieres quedarte arriba, junto a la trampilla, te juro que cuando salga, si es que salgo, compartiré la piedra contigo. Para el mundo, será como si la hubiésemos conseguido los dos.

Los labios de su amigo se abrieron ligeramente por el ofrecimiento, como si fuera capaz de creerlo. Pero Harry se enfrentó a su ojos y Draco sólo pudo hallar sinceridad en ellos. Quizá fuera aquello la causa de su respuesta.

- Entiendo el peligro, Harry - dijo con voz grave -. Pero si tú bajas por esa trampilla, yo también bajo.

Y así fue decidido, con aquellas simples palabras que los perseguirían a ambos para siempre . Harry, que vio la madurez, el conocimiento de lo que conlleva su acción, reflejada en las temblorosas y fieles pupilas de su amigo, asintió y aceptó su decisión sin rechistar. Entonces, ambos decidieron que no tenía sentido aletargarlo, que sólo serviría para aumentar su nerviosismo. Lo harían aquella misma noche. Únicamente debían aguardar a que el resto de sus compañeros se retirara a sus dormitorios y la Sala Común quedara vacía, dispuesta para que ellos se escurrieran tras sus puertas en dirección a la Piedra, hacia la Inmortalidad…


¡Konichiwa tomodachis! Hasta aquí ha llegado. Debo reconocer que, a pesar de la tardanza y del estrés que me ha supuesto escribirlo, estoy bastante satisfecha con el resultado del capítulo. ¡Ya ya sólo queda uno! Uno más y se acaba. Estoy considerando la idea de escribir un epílogo aparte, bajo el nombre del Lores of the Dark: SERPIENTES, que nos brindaría un esbozo de lo acontecido durante y al final del curso de mano de otros personajes, la mayoría Slytherin. ¿Qué me decís? ¿Os gusta la idea?

En cuanto a esta historia, creo que cuando publique el nuevo capítulo le voy a cambiar el nombre, para distinguirla de la segunda entrega, que si todo va bien comenzaré a publucar el uno de julio. Qué os parece esto: Lores of the Dark (I): Despertar. Yo creo que es acorde con la historia, y un título fácil y entendible. Aun así me gustaría escuchar vuestra opinión al respecto.7

Sobre el capi, como he dicho estoy muy satisfecha con el resultado. Muchos os preguntabáis cómo iba a incluir - o si iba a incluir - el tema de la piedra, e incluso me pedistes que no fuera Weasley quien la encontrara. ¡Pues enigma resuelto! Gracias a Hermione, Harry ata cables y va a buscar el resto a la fuente: la mente de Ronald. ¿Os ha gustado la intrusión con el primer recuerdo? Espero no haberlo bordado demasiado OCC, pero he intentado dejar de lado el bashing al personaje y así es como me lo imagino.

¡Y la parte de Sky! ¿No os ha resultado tierna? Ocurre que esta Semana Santa, cuando fui de vacaciones a la playa, en el hotel donde me instalaba dieron una fiesta por la comunión de una niña, o algo así... y vino una especie de mago a dar un espectaculo, ¡trayendo consigo dos pitones enormes! Si, vale, estaban sedadas porque apenas movían la cabeza. Pero aun así fue un ¡ikjcoeijoeirje! XD Yo me cole con toda mi cara en el escenario - no penséis mal, pedían voluntarios y nada se atrevía - y me colgaron una de ellas alrededor del cuello y estuve un buen rato acariciandola. ¡Y no era fría! Si, supongo que es simple sentido común, las serpientes no tienen la piel fría se adaptan al medio bla bla bla... Qué sí, que ya lo sé. Pero aun así, en aquel momento, me sorprendió un montón. Y supe que tenía que incluirlo en la hsitoria a como diera lugar. ^^ Y bueno, espero que el resultado os halla gustado. LA conversación Harry/Draco/Hermione sobre magos oscuros fascinante, me encanta... Y Sky, pues creo que le estoy cogiendo cariño a la serpiente n_n

Para el próximo capítulo nos reunimos con la piedra y ¿con alguien más? ¿Harry conseguirá la piedra y se la entregará a Tom para que recupere su cuerpo? ¿Dumbledore descubrirá su máscara y sus intenciones? ¿Quirrel estará frente al espejo para detenerlo? ¿Con una cara muy fea detrás de su turbante? Lo que es seguro es qe el curso se acaba, así que os espero a todos para descubrirlo. Probablmente, dentro de dos semanas. No tardaré más, lo juro.

Un saludo tomodachis. Anzu.