Dipper Gleeflu se encontraba molesto ¿Cómo no estarlo? había pasado más de una semana desde que aquel remedo de demonio había desaparecido William Cipher el demonio llorón que su hermana y él habían invocado, aquel que les servía como su fiel perrito, aquel que les dio de su poder, al que se encargaban de torturar no solo físicamente si no también psicológica.
Ese pequeño triangulo azul había escapado y su tío Stanford se mantenía regañándolo por aquel hecho no podía dejar que un ser como aquel isósceles se le escapara pero había pasado, no era como si William fuera a destruir al mundo más bien seguro estaba en alguna parte del bosque escondido llorando porque así era él.
No lo admitiría nunca en su vida y en lo que quedara de ella pero extrañaba al triangulo, extrañaba molestarlo, extrañaba los chillidos que soltaba cada vez que él le hablaba, extrañaba su voz, extrañaba ese ojo lloroso que te miraba como si fuera un cachorro que necesitaba de ayuda, extrañaba que le siguiera.
Preferiría que le destrozaran el cuerpo antes de admitir que sentía aprecio hacia ese demonio, digámosle amor, a esa palabra siempre la repudiaría, incluso de solo pensarla le causaban ganas de vomitar, pero así era no sabía cómo, cuándo o el por qué, tampoco en que momento pero cuando se dio cuenta sus pensamientos siempre iban hacia el triángulo de color azul, le molestaba por ese hecho lo torturaba más.
Intentaba desahogar ese insano deseo en los cuerpos de muchas de sus sirvientes, porque era extraño ¡Era un triángulo! sentía esa asquerosa sensación por un isósceles santo cielos y Gideon Pines era el raro, pero él era mucho peor, se mordió la uña pensando en las veces en que aquel demonio lo había encontrado con una de las sirvientas o incluso con alguna muchacha, recordaba su expresión de tristeza y dolor, recordaba el deseo de pedirle disculpas y el dolor que le causaba verlo así pero ¿por qué debía pedirle disculpas? Solo vaciaba su deseo sexual en chicas que fueran lo suficientemente sensuales y bellas como para valer la pena de acostarse con su persona.
Y de repente así como así la causa de aquellos sentimientos asquerosos había desaparecido como si la tierra se lo tragara, anulo el contrato que ellos tenían, se fue sin más, soltó un suspiro de exasperación estaba cansado de pensar en eso una y otra vez, pero cada vez que intentaba distraer su mente con otra cosa, regresaba.
Además tenían un nuevo sirviente, claro que este era distinto a los demás pedante, molesto, ni siquiera parecía hacerles caso a ellos, claro que aquella renuencia de ese hombre rubio que nunca habían visto en el pueblo se les era digamos divertida a los Gleeflu intentado romperlos pero eso ojo amarillo les miraba inalterable.
Billy Wilson un rubio de Colorado que recién se mudaba a Reverse Falls, no sabía cómo ese hombre había convencido a su tío Stanford para servir como uno de los sirvientes de la mansión pero lo había hecho, todos presentían que el rubio tramaba algo pero hasta ahora no había hecho ningún movimiento, no quiso pensar en ello era mejor salir y distraer su mente, esa tarde harían uno de los tantos show con su hermana pero no lograba prepararse mentalmente para ello.
Salió de la mansión para ir a un centro comercial su hermana le pidió ir con ella pero decidió no escucharla prefería que atormentara a un sirviente para que cargaras sus compras que andar él con ellas.
-Vamos Will enserio –Aunque intento ignorar una conversación no lo logro era un joven que llegaba un gorro que tenía un pino una camisa a cuadros azul y unos jeans grises y unas converse negras, siendo seguido por un chillo que llevaba un suéter azul, unos jeans negros y unas converse azules, su cabello tenía la particularidad de ser celeste algo sumamente extraño tal vez teñido –
-No…no me parece lo correcto –murmuro –deberíamos estar donde…
-Es que es aburrido estar encerrado –Se quejó –Además a ti no te gusta estar en el bosque.
-Recuerda que nos persiguieron las harpías –Respondió –
-Bueno si pero seguimos vivos ¿no? –El demonio se le quedo mirando un poco serio, bueno Bill y Will tenían razón aunque no era tan peligroso como ese universo de Gravity Falls que visito allí siempre estaba en la compañía de Bill así que no tenía miedo, pero Will era distinto a Bill –Ustedes son demasiado protectores.
-Si te llega a pasar algo Bill me mata –el castaño solo suspiro tendría que conformarse con lo que encontrara en el pueblo –
Y bueno el pueblo en si ya era extraño no se imaginaba toparse con su versión en ese universo o con la versión de Mabel, sabía que sería distinta, pero…aun así una parte de él se sentía mal porque su hermana también lo estaba y no hacía nada para remediarlo, hizo una mueca intentaba mantener su mente ocupada para no pensar en ello, pero en algunos momentos irremediablemente lo hacía, además ahora que Bill se había puesto a trabajar en la mansión de los Gleeflu ya que con sus poderes no podía entrar e intentaba de alguna forma encontrar la grieta, se sentía solo, estaba en la compañía de Will y no era tan mal, pero no se sentía igual.
Suspirando se sentó en una de las banquetas del centro comercial estaba aburrido no veía nada de interesante en ese lugar, Will solo se sentó a su lado comenzó a mirar el lugar tensándose al ver a Dipper Gleeflu cerca, como si le siguiera, trago saliva sabía que salir de aquella mansión que Bill había creado en el bosque había sido mala idea.
Pero allí estaba su amo de quien se escapó observándole con sus penetrantes ojos azules, desvió la mirada, no podía reconocerlo no en esa forma, no con una forma humana, pero lo sentía, siempre había sentido que él con su mirada podía ver a través de su persona descubrir sus miedos…sus pensamientos todo de él, pero ese chico era un humano, no tan simple pero humano al fin.
Paso saliva sumamente nervioso ¿realmente le reconocía? ¿Por qué lo miraba? ¿Por qué no pasaba de largo? ¿Realmente lo estaba mirando a él? un cosquilleo en su abdomen llego una extraña sensación que nunca había sentido y era por tener la atención de Gleeflu en él, una ligera sonrisa surco sus labios y sentía sus mejillas arder, levanto lentamente la mirada que había desviado hacia el castaño quien hizo una mueca y se fue.
Suspiro cerrando los ojos, aquella sensación desapareció dejándolo con un dolor en su pecho, era obvio que Dipper Gleeflu jamás se interesaría en él, hizo una ligera mueca debía estar acostumbrado a ello, al hecho de que su amo jamás sentiría algo por él, lo dejo en claro la incontable veces en que se destrozó observando como hacía el coito con jóvenes humanas.
Era masoquista lo sabía pero igual que su contra parte él estaba enamorado de Dipper, no era algo que lograra evitar, porque a diferencia de todos, él sabía que su amo no era tan malo como se hacía ver, por dentro había un chico bondadoso que fue corrompido por el linaje familiar, que fue quebrado y moldeado por aquellas manos, pero al final no dejaba de ser alguien que se sentía demasiado solo en aquel mundo buscando algo que le diera significado a ese vacío que habitaba en él, como todo ser humano buscaba una razón y aunque jamás lo admitiría, prefiriendo que lo desmabraran lentamente de la manera más dolorosa posible también buscaba el amor.
Mientras tanto el joven Gleeflu se encontraba regañándose mentalmente se estaba volviendo loco, si eso era tenia demencia ¿por qué había seguido a esos chicos? ¿Por qué cuando vio a ese chico sintió un extraño revoltijo en el estómago? era hambre ¡Se juraba que eso que sintió era hambre! pero ese chico se le hacía extrañamente familiar, incluso su voz.
El hecho de sentirlo cerca igual, el aura que emanaba era similar a la del demonio azul y si no se equivocaban tal vez hasta era el mismo ente.
Seguramente sería la falta de sueño, tal vez estrés, había demasiados factores que podría llevarlo a ese pensamiento, pero en ese momento no le importaba físicamente el chico le atraía y si era de hacerlo su juguete nada le costaría nadie rechazaba a Dipper Gleeflu y ese chico no sería la excepción.
El jamás lo reconocería y su conciencia lo sabía, pero estaba perdidamente enamorado de William Cipher tanto que vio a ese triángulo en un chico humano estaba perdido y no quería aceptarlo.
Nunca lo admitiría pero extrañaba al demonio, vaya que lo extrañaba
