Los días siguientes transcurrieron en calma. No había habido ni rastro de Suga por ninguna parte, y eso tranquilizaba a Shouyou. Sin embargo, no había dejado de pensar en la oferta que le había hecho el mayor.

"Este sábado, a las 19:00. Te esperaré".

¿Por qué seguía dándole vueltas? Su respuesta había sido un contundente no. No cabía ninguna otra opción. ¿Entonces…?

Shouyou suspiró y deambuló por los pasillos de la universidad. Sintió un cuerpo chocar contra él y una voz femenina que profirió una disculpa, pero no le prestó mucha atención. Se dirigió al baño y se inclinó sobre el lavabo para lavarse la cara. Definitivamente, el agua fría le vendría bien para aclarar sus pensamientos. Cuando se miró al espejo, todavía con la cara chorreando, se tensó. Detrás de él había una figura con la que, definitivamente no había pensado encontrarse.

-Hola, gatito-le dijo con una sonrisa.

-Oikawa Tooru… ¿Qué haces aquí?

-Tan sólo pasaba a saludar-respondió el otro con un mohín, acercándose-. Deberías ser más amable con tus superiores, sobre todo si hace tanto que no nos vemos.

-Já-bufó Shouyou-. No te debo absolutamente nada. Además, te he hecho una pregunta. ¿Qué haces aquí?

-Estudio aquí-contestó Oikawa encogiéndose de hombros.

-¿En serio? Es la primera noticia que he tenido de eso en los últimos tres años.

"¿Qué manía tiene la gente de mi pasado con volver? ¿Acaso les gusta torturarme?"

-Empiezo hoy. He cambiado de universidad.

Shouyou frunció el ceño, desconcertado. Hasta donde él sabía, Oikawa se había marchado con una beca de deportes a la universidad de Tokyo, la más prestigiosa de Japón. No sabía qué estudios había decidido cursar, pero escuchaba por todas partes que le iba muy bien. Entonces, ¿qué hacía ahí?

-Oh, bienvenido-dijo de forma escueta-. Espero que nuestra universidad te resulte acogedora. Ahora, si me disculpas…-Shouyou intentó salir del baño, pero Oikawa le cortó el paso.

-Espera. ¿No vas a preguntarme por qué he cambiado de universidad?-inquirió inflando los mofletes como un niño pequeño.

-Es tu vida, no me importa en lo más mínimo-intentó salir de nuevo, pretendiendo no mezclarse con los asuntos del otro. Tenía curiosidad, pero cuanto menos hablaran, mejor. Sin embargo, Oikawa volvió a retenerlo.

-Estás distinto, enano. Te veo malhumorado. ¿Qué pasa, mal de amores? ¿Te duele la tripa? ¿Te has dado cuenta de que has encogido otros dos centímetros?

Shouyou gruñó, molesto. Desde luego, en los casi cinco años que hacía que no veía a Oikawa, no había cambiado nada. Seguía siendo el mismo niñato malcriado y arrogante, sólo que atrapado en un cuerpo definitivamente más adulto y mejor desarrollado.

-Está bien, Oikawa. Tú ganas. No debes de tener ningún amigo aquí como para necesitar acosarme, ¿no?-el rostro del mayor se descompuso ligeramente, pero en seguida recuperó su sonrisa de medio lado-. A ver, dime… ¿Por qué has cambiado de universidad? ¿La de Tokyo te quedaba demasiado grande?

-Puede que sí-confesó el muchacho, dejando de impedirle la salida a Shouyou y apoyándose en la pared del baño. A pesar de eso, el menor no se movió, finalmente dominado por sus ganas de conocer más-. Estaba cansado. Después de todo… creo que el volleyball no era lo mío.

-¿Que no era lo tuyo?-preguntó Shouyou con un evidente deje de fastidio en la voz-. Eres uno de los mejores armadores que he conocido nunca, Oikawa. Puede que incluso mejor que…

-No sigas-lo interrumpió-. Él es un genio, yo no. Sin embargo, no me siento inferior. Sé que soy un jugador excelente, ese no es el problema.

-¿Entonces?

-Es… la presión. El saber que nada de lo que pueda dar es suficiente. Y el tener una vida tan controlada y apretada, tanto que en mi agenda terminó por no caber nada que no fuera una pelota. Siempre pensé que ese era mi sueño, pero me he dado cuenta de que no.

-Vaya… ¿Y no has encontrado a nadie mejor que yo a quien contarle tus penas? Pensarías… Voy a hablar con el pobre enano del Karasuno, él es un fracasado, fijo que me entiende.

-¿De qué hablas?

-Eres un idiota, Oikawa. Siempre lo has tenido todo de tu parte y aun así desaprovechas la mejor oportunidad de tu vida. Nunca volverás a tener una como esta, ¿lo sabes? Muchos mataríamos por estar en tu lugar. No lo entiendo.

-¿De qué vas, enano? Nos encontramos de casualidad, tan sólo intento conversar contigo y lo único que haces es echarme en cara cosas que no termino de entender. Sé perfectamente lo que estoy haciendo, no necesito ningún sermón. ¿Qué diablos te pasa?

"Eso, Shouyou, ¿qué diablos te pasa?", se reprochó el pequeño mentalmente.

-No lo sé-concedió finalmente-. Lo siento, Oikawa. No era mi intención ser tan desagradable contigo.

-Déjalo, supongo que lo entiendo-replicó el mayor. Sin embargo, su confusión era notoria-. Y bueno, ¿qué hay de ti? ¿Has seguido jugando?

Shouyou apretó los dientes. Aquel encuentro no había tenido ningún sentido, para empezar, y mucho menos la conversación que estaban manteniendo. ¿Por qué le preguntaba eso? ¿Acaso él no sabía nada?

-No, no he vuelto a jugar desde la preparatoria.

-¿Y eso? Eras bueno, enano. Pequeño, pero rápido y ágil.

"Estos halagos no son propios de Oikawa", pensó. "Ni siquiera interesarse por mí es propio de él". Sin embargo, no exteriorizó estos pensamientos. Tal vez, el muchacho sí que había cambiado, obligado por las circunstancias. Lo había juzgado antes de tiempo.

-Bueno, tal vez no era tan bueno como piensas.

-Creo que sí, pero bueno… ¿Has vuelto a hablar con…?

-No-lo cortó Shouyou de inmediato-. No sé nada de nadie desde hace mucho tiempo. Y tampoco me interesa.

Oikawa ladeó ligeramente la cabeza, queriendo decir algo más, pero se limitó a asentir y dio un par de pasos hacia la puerta.

-Bueno, enano-dijo con una mueca burlona que no afectó a Shouyou en absoluto-. Debo ir al rectorado a formalizar la matrícula y demás. Así que ya nos veremos. Ha sido un placer, a pesar de todo. No te hacía enfadar desde hacía mucho-le dio la espalda y alzó la mano en un gesto de despedida.

-Espera-pidió el menor. Oikawa se detuvo en el marco de la puerta-. ¿Qué vas a hacer? Qué carrera, digo.

-Voy a continuar arquitectura. Me quedan dos años, el último no pude aprobarlo-contestó con una sinceridad que al pelirrojo le resultó abrumadora.

Y Shouyou lo comprendió de pronto. La presión de la que hablaba, la falta de tiempo, la ausencia de pasión… Y entendió que para Oikawa aún se presentaría una oportunidad mejor que la que había dejado pasar. Al fin y al cabo, estaba luchando por ello, algo que él nunca había hecho. No se había atrevido. Tan sólo había huido, una y otra vez, de todas las opciones que se le habían presentado.

-Que te vaya bien-dijo Shouyou, casi para sí mismo-. Ya nos veremos.

-Chao-respondió Oikawa, y se marchó tan repentinamente como había aparecido.

Shouyou se miró al espejo, sin ninguna figura que enturbiara su visión esta vez. Definitivamente había sido un encuentro de lo más inesperado, pero que le había aclarado al menos algunas de sus dudas. Y, además, no pudo ocultar que le había alegrado en el fondo encontrarse con uno de sus antiguos rivales.

"Te esperaré", escuchó por enésima vez la voz de Sugawara en su cabeza.

-Está bien. Iré-decidió, manifestándolo en voz alta. Tan sólo su reflejo lo escuchó.