El sábado llegó sin complicaciones, sin contar el hecho de que, desde su llegada, Oikawa parecía haberse pegado a Shouyou como una lapa. En ese par de días que habían pasado desde su encuentro, el pelirrojo descubrió que la soledad también había afectado a Oikawa, a su manera, a pesar de que por fuera siguiera siendo el mismo.
Fue en parte por eso, y también por su inconsciente necesidad de compañía, que lo acabó invitando a la reunión del Karasuno del sábado. Sabía que iba a necesitar un aliciente para ir si no quería echarse atrás, tal como se había planteado incontables veces desde que tomara la decisión de acudir al evento. Para su sorpresa, Oikawa había accedido enseguida, no sin antes bromear sobre lo agradecidos que tendrían que estar los del Karasuno por contar con su presencia. Sin embargo, Shouyou no le hizo el menor caso, y se preparó mentalmente para la situación que estaba a punto de afrontar.
Habían quedado en reunirse en una plaza a un par de manzanas de distancia de la preparatoria. Shouyou había pensado cientos de veces en las últimas horas en llamar a Oikawa (cuyo número ahora poseía) y cancelar el plan, pero algo dentro de él lo empujó a seguir adelante. Sin embargo, esto no impidió que, cuando se encontró con el muchacho, temblara como un flan. Curiosamente, Oikawa no hizo ninguna broma al respecto, algo que el pequeño agradeció enormemente. Caminaron en silencio durante un par de minutos, hasta que Shouyou, buscando una distracción, lo rompió.
-Oye, Oikawa-el castaño dirigió su mirada hacia él-, ¿cómo fue que me encontraste?
-¿A qué te refieres?
-Ya sabes, en la universidad.
Oikawa soltó una carcajada repentina, y Shouyou frunció el ceño.
-Fue mera casualidad, ya te lo dije. Yo caminaba por el pasillo, buscando el rectorado, y te vi a unos metros de distancia, entrando al baño. Los años podrán haber pasado, pero te reconocería en cualquier parte, enano. ¿Un pelirrojo que no llega ni a la mitad de la puerta?-Oikawa puso su mano en horizontal a un metro del suelo-. Fue sencillo. Pensé que un hermoso reencuentro no nos vendría mal.
-Oh, qué bonito. Supongo que tampoco querías desaprovechar la oportunidad de mirarte en un espejo-ironizó Shouyou, pero el otro no se dio por aludido.
-¿Y cómo fue que me invitaste a venir? Creía que mi presencia no te era grata.
-No quise guardarme el reencuentro contigo para mí solo-se encogió de hombros-. No tendría gracia que sólo te tuviera que aguantar yo.
-Ja, ja-respondió el mayor con una mueca-. Por cierto… ya hemos llegado.
La sonrisa de Shouyou se congeló en el acto, y el temblor volvió a recorrer su cuerpo de forma violenta. Oikawa suspiró y le puso una mano en el hombro, como una señal de apoyo que, internamente, agradeció. Respiró hondamente y comenzó a caminar por el recinto, buscando el gimnasio. Las voces, que cada vez comenzaban a escucharse más fuerte, lo guiaron hasta el lugar, aunque en verdad no era necesario. Así hubieran pasado veinte años, Shouyou jamás habría olvidado el camino; había pasado demasiadas tardes entrenando allí como para hacerlo. Cuando llegaron a la puerta, se detuvo, con la respiración agitada.
-¿Estás bien?-escuchó la voz de Oikawa a su lado. "¿Cuándo ha madurado tanto este idiota?", pensó, pero se limitó a asentir. Unos segundos después, dio un paso al frente y abrió la puerta. Alguien de dentro parecía haber efectuado la misma acción, pues casi chocaron de lleno. Quejándose por el golpe, levantó la cabeza.
-¿Hinata?
-¿Nishinoya?
-¡Hinata! Vi a alguien fuera y me acerqué a abrir. ¡Tío, ha pasado una eternidad! No pensaba que fueras a venir, pero Suga nos aseguró que acudirías. Mírate, has crecido un poco. Y te has cortado el pelo. ¿Qué es de tu vida, colega?-detuvo su perorata cuando escuchó unos para nada disimulados carraspeos-. ¿Oikawa Tooru? ¿Qué haces aquí?
-Viene conmigo-contestó Shouyou.
-¿Por qué te has traído a este?-preguntó Noya inflando los carrillos-. Era una reunión del Karasuno.
-¡Oye, que a mí tampoco me apetecía venir!-gruñó el mayor. Shouyou puso los ojos en blanco, recordando cómo había aceptado su propuesta sin resistirse.
-¡Y voy yo y me lo creo! Tú te traes algo entre manos, que lo sé yo-Noya miró a Shouyou con los ojos entornados. Su antigua cresta había desaparecido y ahora llevaba el pelo hacia abajo, por lo cual parecía aún más pequeño que antaño-. ¿Qué haces confraternizando con el enemigo?
-Bueno, bueno, Noya, deja pasar a los invitados-intervino Suga, levantando al muchacho por el cuello de la camisa (con las consecuentes propuestas de este, que pataleaba intentando soltarse de su agarre)-. Me alegro de veros aquí, Hinata… Oikawa. Aún no estamos todos, pero habéis llegado en buen momento. Shimizu, Asahi y Yachi andan por allí colocando las bebidas; podéis ir a ayudarlos.
Oikawa y Hinata se dirigieron hacia allá, el primero profiriendo constantes quejas que, probablemente, ni él mismo entendía.
-¡Hinata!-gritó Yachi, lanzándose a abrazarlo. Él correspondió al abrazo, aunque sin saber muy bien qué decir-. Me alegro mucho de verte. Hola, Oikawa-se dirigió al mayor, que lucía molesto por no ser el centro de atención. Algo que, de todos modos, ya se esperaba.
Ambos chicos saludaron también a Shimizu y Asahi, los cuales parecían, sin lugar a dudas, mucho más adultos que antes. No es que Yachi pareciera una niña, pero realmente no había cambiado tanto, y a ella hacía menos que no la veía. Los cinco entablaron una conversación mientras preparaban las cosas. Shouyou apenas habló; casi todo giraba alrededor de cómo habían sido sus vidas en los últimos años, y él no tenía muchas ganas de hablar de ello. Ya era demasiado que se encontrara allí.
-¿Y tú qué, Hinata? ¿Qué ha sido de ti?-preguntó Asahi con una sonrisa bonachona. El pelirrojo tragó saliva, incómodo. No quería faltar a ninguno de los presentes, pero tampoco quería hablar mucho de sí mismo.
-Estudio periodismo, en la universidad local.
-¿Periodismo? Mi prima estudió eso mismo hace unos años-intervino Shimizu-. Ahora trabaja en una revista muy famosa.
Shouyou se sintió aliviado de que la conversación se hubiera desviado, y escuchó a la chica hablar sobre los reportajes en los que había participado su prima.
-El último fue sobre volley, no sé si lo habréis visto. Kageyama salió en él.
Shouyou se tensó.
-¿Kageyama? ¿Nuestro Kageyama?-preguntó Yachi, curiosa.
-El mismo-respondió Shimizu-. En verdad el reportaje cubría a todo el equipo de la universidad de Tokyo-Shouyou miró a Oikawa, pero este desvió la mirada-. Pero él es uno de los jugadores más populares, así que le hicieron una entrevista. ¿Y tú, Oikawa? ¿Cómo es que no sales en el reportaje? Pensaba que también estabas en el equipo. De hecho, me extraña incluso verte aquí.
-Ahora estudio aquí-dijo él, con simpleza-. El volley profesional no era lo mío. Dejé el equipo y cambié de universidad.
-Oh-contestó ella-. No lo sabía. Bueno, si era lo que querías, está bien.
Shouyou aprovechó que la atención se había centrado en Oikawa para excusarse y ausentarse aunque sólo fuera por unos instantes. Se alejó unos cuantos metros y recorrió el lugar con la mirada. No había cambiado nada, a excepción de un par de accesorios adicionales apartados en un rincón. Los recuerdos lo golpearon, y sintió una extraña presión en el pecho.
-Lo echas de menos, ¿verdad?
Suga había aparecido repentinamente a su lado, pero esta vez no lo apartó. Musitó un "Sí", casi para sí mismo. El sonido de la puerta abriéndose los interrumpió y ambos se miraron, tan sólo para ver a un sonriente Daichi, que los saludó a todos con energía. Llevaba una bolsa en cada mano, y, a juzgar por la escasa reacción de los presentes, parecía que ya había estado ahí antes.
Enseguida, él y Suga hicieron contacto visual, y Shouyou se sintió pequeño. Ambos se habían ido a estudiar juntos, hasta donde él sabía, y parecía haber tal compenetración entre ellos que le dio la impresión de que el resto del mundo, incluido él, había dejado de existir para los dos muchachos. La ilusión se rompió cuando Daichi reparó en la presencia de Oikawa y Hinata. Al primero le dio un efusivo apretón de manos, y al segundo lo abrazó con fuerza.
-¡No esperaba veros! ¿Qué tal os va?
La puerta volvió a abrirse, y Tsukishima entró, seguido de Yamaguchi.
-¡Bienvenidos!-los recibió Sugawara con una sonrisa. Poco a poco, el recinto se estaba llenando.
