Aquí les traigo el segundo capitulo de esta historia. Perdón por la tardanza pero fue un poco dificil para mi entrar en la mente de Robin xD. Espero que les guste el capitulo y que me dejen sus comentarios al respecto ;)
Este es el capitulo más corto de la historia, los demás seran un poco más largos.
Disclaimer: Los personajes de Once Upon a Time no me pertenecen y son propiedad de sus respectivos autores. Esta historia esta creada con fines de entretenimiento y cualquier parecido con la realidad es coincidencia.
Hoy la vi. Sabía que no la vería en mucho tiempo, así que grabe su rostro en mi memoria como un tatuaje. Sus ojos, sus labios, su cabello, su nariz, su cuello portando el dije que yo le había regalado. Todos y cada uno de esos detalles estaban cruzando por mi mente haciéndome creer que ella aun estaba frente a mí.
Sentado, en la parte trasera de la carreta en donde mis padres transportaban todos nuestros bienes, ahí fue donde la vi.
Ella estaba oculta detrás de un gran árbol. Llevaba una capa sobre su acostumbrado vestido de princesa. El tronco del árbol escondía todo su pequeño cuerpo y la mitad de su rostro.
La mire, ella me miro, nos miramos. Mis ojos y los de Regina se atraparon como dos imanes y se miraban fijamente como atravesando las puertas hasta nuestras almas. Mis labios se fueron curvando en una sonrisa y contuve el impulso de saltar de la carreta cuando sentí que comenzaba a moverse.
Regina me sonrió con tristeza y los ojos llenos de lágrimas, y en ese preciso instante una parte de mi corazón se rompió quedándose con ella. Fue cuando me di cuenta. Me di cuenta de que yo jamás estaría completo hasta volver al lado de Regina.
Una semana. Solo una semana había pasado y yo lo sentía como una eternidad. No dejaba de ver a Regina en todas partes, todo me recordaba a ella. Encontré un lugar parecido a donde nos veíamos, estaba cerca de la cabaña en donde mis padres y yo vivimos, y todos los días después del trabajo voy y me siento en un tronco a pensar en ella.
Mi padre había conseguido trabajo en el campo y afortunadamente él había logrado conseguir un lugar para mí. Nos levantábamos con el sol y tomábamos el desayuno que mi madre nos preparaba, caminábamos hasta el campo y trabajamos la tierra hasta que el sol caía.
Esa era mi vida ahora. Mi alma se alimentaba de recuerdos e ilusiones. El recuerdo de su sonrisa me acompañaba cada mañana al despertarme y me daba las ganas para levantarme, podía ver sus ojos cada noche cuando miraba al cielo y observaba las estrellas. Algunas veces creía escuchar su risa y mis ojos se cerraban para imaginar a Regina corriendo entre los arboles pidiéndome que la siguiera. Y aunque yo sabía que era solo mi mente, muchas veces pensé en salir corriendo para intentar alcanzar aquel recuerdo distante. Algunas veces creía escuchar su voz susurrando mi nombre y sentía como un escalofrió recorría mi columna vertebral. Mí anhelo por ella se hacía cada día más grande, era como si eso fuera lo único que necesitara para vivir, tenerla cerca de mí era una adicción que nunca podría dejar.
Hace poco me decidí a ahorrar la mayor parte de mi sueldo para poder regresar con Regina. Yo daba mi aporte a la casa y lo que sobraba lo guardaba en una pequeña bolsa en uno de mis cajones, esperando que algún día pudiera juntar el dinero suficiente para algún día tener el suficiente dinero para poder llegar hasta Regina. Y nunca más me separaría de ella, nunca más la dejaría y cumpliría mi promesa de estar con ella siempre.
Cuando dos almas se tienen que encontrar, el destino acerca los mundos, borra la distancia, une los caminos y desafía lo imposible. Y yo estaba seguro de que mi alma pertenecía junto a la de Regina y también sabía que yo haría lo que fuera por conseguirlo.
Como todas las noches, me senté en el tronco, mire al cielo y susurre su nombre con la esperanza de que a pesar de la distancia Regina pudiera escucharme. Observe la luna y sonreí ante la idea de que ella estuviera observando la misma luna en este mismo momento, y aunque era poco probable… Se vale soñar.
Nunca hubiera pensado que el vivir momentos inolvidables tuviera un precio, pero si lo tiene. Extrañar, ese es el precio que tenemos que pagar y vaya que lo estaba pagando con intereses.
Deje de escribir por un año, ha pasado un año desde la última vez que la vi. Un año sin nada importante ocurriendo en mi vida… hasta ahora.
Mi padre falleció, murió hace dos días y ahora solo somos mi madre y yo. Mi madre está tan triste que no quiere comer, preparada la comida para mí pero ella no prueba bocado. Sus ojos están hinchados de tanto llorar, por las noches escucho sus sollozos hasta que se queda dormida. Sé que lo extraña, y sé que lo va a extrañar siempre. Yo también lo hare, cada día de mi vida.
Siento mi corazón inundado por la tristeza, un dolor en mi pecho que me llena los ojos de lágrimas. Pero cada vez que eso pasa, cierro los ojos con fuerza y respiro profundo, no puedo dejar que mi madre me vea así, tengo que ser fuerte por ella.
Ahora tengo que trabajar más cada día para poder llevar el dinero suficiente a casa, mis ahorros se fueron en el funeral de mi padre dejándome sin un solo centavo en mis bolsillos. Él trabajo es la única manera para refugiarme, me ayuda a no pensar, a sacar todo mi furia mientras golpeo la tierra para sembrar.
El recuerdo de Regina ya no era suficiente para mantenerme. No voy a negarlo, tenía un deseo loco por sentirme entre sus brazos y escucharla decirme que todo iría bien. Sentir su aroma y ver sus ojos me tranquilizaría en estos momentos.
Sé que es egoísta, pero al morir mi padre supe que no vería a Regina tan pronto como lo había planeado, me había quedado sin dinero y tenía que cuidar de mi madre, no podía dejarla sola.
"Tú eres lo único que tengo ahora" me había dicho ella mientras la sostenía en mis brazos. Sus ojos azules brillantes por las lágrimas me miraron y me pidieron suplicantes que me quedara con ella.
En este momento, me siento impotente por no poder cumplir la promesa que le hice a aquella pequeña niña que me robo el corazón. No podía estar con ella, no ahora, y no sabía cuándo.
Lo único que sabía era que la necesitaba con todas mis fuerzas, pero aun así, no podía tenerla a mi lado. A quien engañaba, ella era una princesa con un futuro por delante y yo… Yo solo era un campesino cualquiera que le hizo una promesa a su Princesa.
Recibí una nota, y lo volveré a escribir porque aun no lo creo.
¡RECIBÍ UNA NOTA!
Y sí, es de Regina. Esta mañana me encontré con esa sorpresa. Cuando estaba a punto de salir a trabajar, un hombre apareció en mi puerta y me entrego un pequeño sobre blanco. Lo abrí lleno de curiosidad y sentí como mi corazón saltó de mi pecho cuando comencé a leer. Sabía que era de ella antes de llegar al final y ver su nombre escrito en aquel papel.
"Querido Robín:
Me ha tomado más de lo que esperaba encontrarte, pero al fin lo he hecho. Solo quiere decirte que te extraño y que no veo la hora de volver a verte. Me duermo pensando en ti y me despierto con el recuerdo de aquel dulce sueño para seguir pensando en ti.
Deseo tanto recuperar los momentos que hemos perdido en el camino, solo tú y yo. Mi vida no es la misma sin ti a mi lado, mi corazón no se siente igual sabiéndote lejos y me veo atrapada en deseos de salir corriendo a buscarte.
Solo sé que te necesito como si fueras el aire que mis pulmones respiran y solo ruego porque no me olvides.
Espero que tú estés bien y que me extrañes tanto como yo a ti. No olvides que espero por ti y que siempre lo hare.
Me ha costado mucho enviarte esta nota sin que mis padres se dieran cuenta, sé que es difícil entender la situación y sé que lo que te voy a pedir es difícil. Pero, por favor, no me respondas. Y aunque será más duro para mí que para ti, lo hago por tu bien. No puedo explicarte los motivos por aquí, pero algún día lo hare.
Te quiero y te espero. Todos los días, no importa lo que pase, iré al bosque a nuestro lugar, a la misma hora de siempre hasta que regreses. Ahí podrás encontrarme
Regina"
¡Ella me estaba esperando! y eso devolvió mis esperanzas como un rayo de sol abriéndose paso entre las nubes grises de mi alma.
Me moría por responderle, por decirle que yo la extrañaba igual que ella. Que siempre estaba pensando en ella y que haría todo lo posible por regresar. Sus palabras me hacían querer tomarla entre mis brazos y demostrarle que ella era mi todo, que ella era lo único que quería y que al igual que ella, yo no veía la hora de volverla a ver, de susurrarle cuanto la quería; pero sabía que no podía dejar a mi madre sola en estos momentos pero tal vez pudiera llevarla conmigo y empezaríamos de nuevo.
No era un mal plan, pero para eso necesitaba dinero. Y aunque tuviera que trabajar de sol a sol todos los días, lo conseguiría. Conseguiría el dinero necesario para poder regresar con Regina.
Hoy es su cumpleaños, y es el segundo que me he perdido desde que estamos separados. Ahora ella tiene 18 y seguramente hay una gran fiesta en el reino. Desearía poder enviarle un regalo, o alguna nota. Algo que le diga que no me olvide de este día y que desearía poder estar con ella.
Sé que no puedo enviar nada al castillo sin que sea interceptado por alguno de sus padres. Así que solo me senté a pensar en ella y en lo hermosa que se vería luciendo uno de esos vestidos elegantes.
Recordé aquella noche en que comimos pastel y nos recostamos en el pasto a ver las estrellas. La noche en que ella pidió tenerme siempre a su lado.
Mire al cielo y le prometí a su recuerdo que algún día su deseo, y el mío también, se haría realidad.
Mi madre se sentó frente a mí y me miro con los ojos llenos de preocupación. Podía sentir que ella pensaba que algo malo había pasado. Ella se tomaba las manos con nerviosismo mientras yo trataba de encontrar las palabras para hablar con ella.
—Mamá, hay algo de lo que necesito hablarte… No sé si es el momento adecuado para esto pero…
—Dime de una vez lo que tengas que decir hijo. Me estas poniendo nerviosa.
—Es que no sé como decírtelo — Confesé clavando mi mirada en el suelo.
—Sea lo que sea. Yo entenderé — Mi madre tomo mi mano y le dio un fuerte apretón.
La mire a los ojos, ella tenía una pequeña sonrisa en el rostro y yo respire hondo tomando valor para hablar.
—Mamá, quiero regresar al pueblo en donde vivíamos antes y quiero que tu vayas conmigo.
—¿Pero por qué quieres que nos vayamos? — Preguntó mi madre frunciendo el seño — Estamos muy bien aquí.
—Hace mucho tiempo yo hice una promesa, mamá. Le hice una promesa al alguien muy importante para mí… Y quiero cumplir esa promesa.
—Es por esa chica, ¿Verdad?... Con la que te encontrabas todos los días y nunca me dijiste quien era.
—Si — Susurre mirando a mi madre a los ojos — Es por ella que quiero regresar.
—¿La quieres?
—Con todo mi corazón — Respondí con una pequeña sonrisa.
—Entonces por mí no te detengas, hijo… Ve y búscala, se feliz.
—Pero no quiero dejarte sola.
—Hijo — Mi madre deslizo su mano por mi mejilla — Yo ya viví mi vida, ya ame y ya tuve un grandioso hijo — Ella sonrió — Ahora me toca ver como tu vives tu vida y eres feliz.
—Te prometo que vendré a visitarte cada vez que pueda.
—Eso espero… Y también espero conocer a esa chica que se ha ganado el corazón de mi hijo.
—Gracias mamá
Sonreí ante la comprensión de mi madre. No esperaba que ella quisiera quedarse sola y que tomara tan bien la idea de que yo me fuera.
Ahora sí, regresaría al lado de Regina de una vez por todas.
El viaje fue largo, demasiado largo para mi gusto. Un hombre, amablemente, me llevo hasta mi destino sin cobrarme ni un centavo. El hombre ya grande me dijo que solo quería un poco de compañía y alguien con quien hablar durante un tramo de su viaje.
Me detuve en el pueblo para comprar algo de fruta y un poco de pan y queso para comer algo. Mi estomago gruñía y exigía comida, tome un trozo de pan y lo puse en mi boca. Comencé a caminar sintiendo como la ilusión comenzaba a recorrer todo mi cuerpo.
Sentía cosquillas en el estomago, pero ya no eran por hambre. El solo hecho de pensar en que pronto volvería a ver a Regina era alimento para mi alma.
Cuando llegue al camino que me llevaría al bosque, me detuve y mire los arboles. Acomodé el poco equipaje que llevaba en la espalda y respire hondo cerrando los ojos.
Comencé a recorrer el sendero sintiendo que todo mi cuerpo temblaba. Estaba tan nervioso, tenía miedo de que Regina no estuviera ahí esperándome como ella lo había dicho. Tenía miedo de que tal vez ella se hubiera cansado de esperarme y de no volver a ver aquellos ojos con los que tanto había soñado.
Ya estaba cerca de aquel lugar que llamábamos "nuestro". Me detuve cuando vi el árbol en el que solíamos leer y sonreí acariciando el tronco. Seguí caminando y mis pasos se detuvieron en seco cuando la observe ahí, sentada en el suelo abrazando sus piernas con sus brazos.
Regina estaba de espaldas, su cabello oscuro caía por su espalda en un sinfín de ondas. Su chaqueta para montar azul marcaba su figura y podía observar el ritmo de su respiración.
De pronto me di cuenta que yo había dejado de respirar y tome una gran bocanada de aire. Mis pasos hacia ella fueron cortos, lentos y silenciosos. Me detuve a un par de metros de ella y sentí que un nudo se formaba en mi garganta.
—Espero no haber tardado tanto — Mi voz apenas salía de mi garganta, pero ella me escucho.
La cabeza de Regina giro lentamente y sus hermosos ojos cafés se abrieron ampliamente al verme. Ella se levanto de un salto y se quedo parada frente a mí, como si se hubiera quedado paralizada ante mí.
Sus ojos se movían con impaciencia y yo deje escapar una tímida sonrisa. Deje caer mi equipaje al suelo y cuando note que Regina aun no se movía le dedique una mirada llena de preocupación.
—¿Pasa algo? — Pregunté.
Regina comenzó a sonreí lentamente hasta que su sonrisa fue tan grande que ilumino el lugar. Segundos después ella estaba a centímetros de mí y me rodeo el cuello con sus brazos. Deslice mis brazos por su cintura y la abrace levantándola del suelo. Escondí mi rostro en su cabello y respire su aroma llenando mis pulmones de ella.
La dejé en de nuevo en el suelo sin dejar de abrazarla. No quería soltarla, no quería separarme de ella. Sin duda, una de las mejores sensaciones es abrazar a una persona después de haberla extrañado tanto.
Tener a Regina a mi lado me devolvía la vida; tener su cabeza recargada en mi pecho y acariciar su cabello me era tan familiar como si no hubiera pasado el tiempo, como si aquellos tres años se hubieran desvanecido en el viento.
Ella levanto su cabeza y me miro con ojos brillantes mientras una de sus manos se posaba sobre mi mejilla.
—Te extrañe tanto.
—Y yo a ti — Susurré colocando un mechón de su cabello detrás de su oreja.
Al mirar sus ojos me di cuenta de que ya no era la gravedad la que me sostenía a la tierra, era ella. Ella era mi ancla, mi todo. Mi corazón comenzó a latir con rapidez ante el pensamiento que se cruzaba en mi mente. Quería besarla, quería sentir sus labios sobre los míos y saborear la miel de su boca.
Fui acercando mi rostro al suyo y pude sentir su respiración entrecortada mezclándose con la mía. Sin despegar mis ojos de los suyos acaricie su mentón con mi pulgar y la acerque más hacia mí con la mano que tenía en su cintura.
Y la bese… Me tome el atrevimiento de besarla.
