Perdón por la tardanza, espero que este capitulo les guste y que dejen sus comentarios.

Disclaimer: Los personajes de Once Upon a Time no me pertenecen y son propiedad de sus respectivos autores. Esta historia esta creada con fines de entretenimiento y cualquier parecido con la realidad es coincidencia.


Mis labios se deslizaban con suavidad por los suyos y mi columna vertebral estaba sintiendo miles de descargas eléctricas. Las manos de Regina se deslizaron por mi pecho y por un momento creí que me iba a alejar de ella, pero sus pequeñas manos solo se quedaron dejando que mis brazos envolvieran su torso para disminuir el espacio entre nosotros.

Nuestro primer beso, sin duda un momento mágico que hizo que mi corazón me confirmara lo que mi mente ya temía. Estaba enamorado de ella; no solo la quería como mi mejor amiga, ahora sabía que la amaba y no podría vivir sin ella.

El temor se apodero de mi cuerpo y termine el beso apartándome lentamente de ella. Tenía miedo de que aquella princesa de la que yo estaba enamorado no sintiera lo mismo por mí. Regina me miro con ojos brillantes y confundidos, sus labios rosados estaban entreabiertos y su respiración era agitada.

Sus ojos abandonaron los míos y por un momento mi corazón se encogió con el solo hecho de pensar que eso beso no había significado lo mismo para ella, que ella solo me hubiera besado porque no quería herirme

¿Pasa algo? — Pregunté con la voz temblorosa.

Tengo que irme — Respondió ella en un susurro.

Mis ojos no podían creer lo que estaban viendo. Regina se alejaba de mí a paso apresurado y de mi boca no salían las palabras para intentar detenerla. Sentía como mi corazón me gritaba que corriera tras ella cuando la vi subirse a su caballo, pero parecía que mis pies estaban clavados al suelo. Segundos después ya no quedaba rastro de Regina más que el sabor de sus labios en los míos.


Al siguiente día regrese al bosque con la esperanza de verla ahí. Toda la noche estuve pensando en ella, soñé despierto con aquel beso y con sus labios. Pero de repente la idea de aquel momento perfecto se veía oscurecida por la amargura de pensar que ella no hubiera sentido lo mismo que yo. Tal vez cometí el peor error al besarla, eso podría costarme mi amistad con ella, perderla sin siquiera haberla tenido.

Espere por varias horas y Regina no apareció. Mis oídos me traicionaban de tal manera que creía escuchar el galope de un caballo acercándose, pero al final descubría que solo era mi mente jugando con mi deseo de ver a Regina.

Al día siguiente volví al mismo lugar en la misma hora de siempre y me senté a esperar, bien dicen por ahí que la esperanza es lo último que muere y al parecer mi esperanza era inmortal en este punto de mi vida.

Esta vez no era mi mente, ni mi imaginación. Regina estaba llegando montada en su caballo y con un rostro preocupado. Ella bajó de su caballo y titubeo por unos instantes antes de comenzar a caminar hacia mí; me levante de mi asiento sintiéndome abrumado por la situación.

Regina se detuvo a varios pasos de mí y apretó sus puños mientras respiraba profundo.

Robín, tenemos que hablar…

Si es por lo del beso…Perdón, no quise hacer eso — Me disculpé con la mirada clavada en el suelo.

¿No quisiste hacerlo? — Preguntó ella con cierta decepción en la voz.

No… — Me apresure a responder.

¿No?

Sí.

¿Sí? — Ella levanto una ceja y me miro confundida.

Me refiero a que si quise hacerlo, pero no debí — La mire a los ojos tratando de encontrar la manera de explicarme — No debí besarte sin que tu lo quisieras, eso no es lo que hace un caballero y me siento muy avergonzado…

Robín, basta — Interrumpió Regina — Deja de hablar por un minuto y escúchame… — Mi boca se cerró automáticamente al escucharla decir aquellas palabras — Yo quería que me besaras — Susurró ella desviando la mirada — Yo en verdad deseaba que me besaras.

Mis ojos se abrieron como platos y mi corazón comenzó a saltar de alegría, esas palabras me dieron esperanza. La esperanza de que ella tal vez sintiera lo mismo por mí, la esperanza de que ella también me amara.

Entonces, ¿Por qué te fuiste? — Avance hacia ella dejando entre nosotros solo dos pasos de distancia.

Porque… Porque tenía miedo de lo que estaba sintiendo… — Su voz era casi un susurro y podía ver como apretaba cada vez más sus puños para que sus manos no temblaran — Robín, he esperado por el momento indicado para decirte esto, pero ahora me doy cuenta de que no existe un instante perfecto pera decirte lo que siento por ti… — Los latidos de mi corazón se aceleraron y tuve que detener el impulso de besarla en ese mismo instante — El día que te fuiste me di cuenta de que te quería y de que mi vida sería un total infierno sin ti a mi lado. Y el día que regresaste me di cuenta de que te amaba en el instante en que me tomaste entre tus brazos — Los ojos de Regina se llenaron de lágrimas y fue ahí cuando decidí acortar el espacio entre nosotros y acunar su rostro entre mis manos. Ella me dedico una pequeña sonrisa — Se que todo esto es muy apresurado y tal vez inesperado pero ya no podía seguir ocultando más este sentimiento, mi corazón no es lo suficientemente fuerte como para ocultar que te ama y puedo asegurarte que lo que más deseo en este momento es que me digas que sientes lo mismo por mí; y si no es así, miénteme.

Regina, yo te amo — Le susurre mirándola a los ojos — Y no es ninguna mentira… Tú haces que mi corazón se vuelva loco y que por mi mente no pueda concentrarse en nada más que no seas tú. Me vuelves loco y puedo asegurarte de que tu eres la culpable de que me sienta incompleto cuando no estoy a tu lado… — Ella sonrió; varias lágrimas se escaparon de sus ojos y deslice mis pulgares por sus mejillas — Y en lo único en que puedo pensar en este momento es en que tengo tanta suerte de que sientas lo mismo por mí. Porque no es nada fácil encontrar a alguien como tú. Tú que cada día convences a mi corazón de que te ame por completo y conquistas cada parte de mi mente. Haces que a diario quiera estar contigo y que mi vida tenga sentido… Estoy enamorado de ti como un loco y si tengo que repetirte que te amo cada día por los siguientes mil años, así lo hare.

Yo también te amo — Me dijo ella con una gran sonrisa.

No espere más y la bese. Esta vez fue un beso cargado de emociones, fue más intenso y desesperado; nuestros labios se devoraban con necesidad y la falta de aire hizo que nuestras bocas se separaran buscando recuperar el aliento. Pegué su frente con la mía y sonreí rodeando su cintura con mis brazos, Regina coloco sus manos sobre mis hombros y sonrió aun con los ojos cerrados.

Me aleje solo unos centímetros de ella y la tome de la mano, caminamos hasta el árbol en donde siempre nos sentábamos y nos dejamos caer uno al lado del otro. Pase mi brazo sobre los hombros de Regina y ella recargo su cabeza en mi pecho y yo deje escapar un largo suspiro.

Y dime, ¿Qué me perdí en estos tres años que no estuve junto a ti? — Preguntó ella levantando su rostro un poco para poder mirarme — ¿No hubo ninguna chica que quisiera llamar tu atención?

¿Son celos los que estoy detectando? — Pregunté con una sonrisa de medio lado.

Simple curiosidad — Respondió ella encogiéndose de hombros.

Pues no, no hubo nadie… O tal vez yo no me di cuenta porque estaba muy ocupado pensando en ti.

Ella sonrió complacida y yo acaricie su cabello sintiéndome feliz de volver a ver su sonrisa en vivo y a todo color otra vez.

¿Y cómo están tus padres?

Mi madre está bien. Mi padre… — Sentí las lágrimas arder en mi garganta — Él murió hace dos años.

Lo siento tanto — Regina acaricio mi mejilla — Desearía haber estado contigo para consolarte.

Lo hiciste… Bueno, tu recuerdo lo hizo.

No es lo mismo… Pude haberte abrazado y decirte que todo iba a estar bien.

Puedes hacerlo ahora, creo que aun lo necesito.

Regina rodeo mi cintura con sus delgados brazos y escondió su cara en mi cuello.

Todo va estar bien — Susurró ella.

Acaricié su espalda con ternura y cerré los ojos disfrutando de su calor y su aroma. En ese momento me sentía como si jamás nos hubiéramos separado, como si no hubiera pasado un solo segundo lejos de ella.

¿Y qué me dices tú? ¿Qué paso en tu vida en todo este tiempo?

Regina levanto la cabeza y me acaricio la mejilla con una pequeña sonrisa.

Lo mismo de siempre. Bailes, mi madre diciéndome que hacer, mi padre cumpliendo sus deberes en el reino y yo sola; viniendo todos los días aquí esperando que algún día regresaras.

Perdón por haber tardado tanto…

Eso ya no importa, lo importante ahora es que estamos juntos… Y no te vuelvo a dejar ir por nada del mundo.

Creo que eso es algo en lo que estamos de acuerdo.

Ella sonrió y me dio un dulce y pequeño beso en los labios acariciando mi mejilla.

La envolví en mis brazos y ella dejo caer su cabeza en mi hombro. Aspire el aroma de su cabello y cerré los ojos esperando que todo lo que acababa de pasar no fuera un sueño. Que aquel te amo que nos habíamos dicho el uno al otro no fuera un producto de mi imaginación.

Nos quedamos así durante un buen rato, ella entre mis brazos y yo deseando que ese momento fuera eterno. Abrí lentamente los ojos y la observe durante unos segundos contemplando su belleza; su rostro era un poema, el poema más bello que alguna vez existió. Su piel suave brillando con la luz del sol, sus labios rosados entreabiertos, sus bellos ojos cafés cubiertos por espesas pestañas, su pequeña nariz respingada y su cabello oscuro enmarcando todo esa belleza.

Ella se movió entre mis brazos y me miro a los ojos con esa mirada intensa que me atrapaba.

No quisiera irme, pero tengo que regresar al palacio temprano — Me comento ella tomando una de mis manos.

Yo tampoco quiero que te vayas… Pero no quiero causarte problemas con tus padres.

Lentamente me separe de ella y me levanté para después ofrecerle mi mano y ayudarla a levantarse. Regina tomo mi mano y cuando se levanto quedo a solo centímetros de mí; ella me sonrió y me beso en los labios con ternura. Deje escapar un suspiro y sonreí ampliamente. Podía acostumbrarme fácilmente al sabor de sus labios, no me costaría trabajo hacerlo.

Te amo — Susurró ella.

Yo también te amo.

Regina soltó mi mano lentamente y comenzó a caminar sin dejar de mirarme. Varios pasos después ella dio media vuelta y tomo las riendas de su caballo.

Regina — Ella giro su cabeza para mirarme — Te amo.

Regina sonrió ampliamente y salió corriendo hacia mí, se lanzo en mis brazos y me beso nuevamente mientras yo la levantaba del suelo.

Ella regreso a su caballo y yo la observe alejarse mientras ella me miraba con una sonrisa en el rostro. Si antes no podía dejar de pensar en aquella princesa que me robo el corazón, ahora estaba seguro que una parte de mi mente siempre estaría pensando en ella.


¿Qué es lo que pasa? —Preguntó ella levantando una ceja con curiosidad.

Ayer, mientras pensaba en ti — Respondí con una sonrisa — recordé que no te había preguntado algo muy importante — Me acerque a ella a pasos lentos sin dejar de mirarla a los ojos.

¿A sí? ¿Y cuál es esa pregunta?

Una muy, muy, muy, pero muy importante — Me detuve a centímetros de ella y sentí como su respiración se entrecortaba — Regina... — Deje que ella viera la rosa roja que yo ocultaba a mi espalda poniéndola frente a ella — ¿Me harías el honor de ser mi novia?

Ella sonrió ampliamente y mirándome a los ojos y segundos después acorto el espacio entre nosotros besándome en los labios.

¿Eso es un sí? — Pregunté levantando una ceja

Claro que sí — respondió ella tomando la rosa de mi mano y volviéndome a besar.

La tome de la cintura y continué con el beso con la misma ternura con la que había comenzado. Me gustaba saborear sus labios lentamente, cuidando cada segundo en el que tenia la dicha de besarla sabiendo que su corazón latía al unisonó con el mío.


Había pasado solamente un mes y yo sentía como si hubieran sido solo unos segundos. Regina y yo nos veíamos todos los días sin excepciones, aunque fueran solo unos minutos pero mis ojos no se quedaban sin contemplar la incomparable belleza de mi novia.

Qué bien se sentía llamarla mi novia. El ser su novio era mucho mejor que algún título real o cualquier riqueza que alguien pudiera tener, pero solo yo tenía la dicha de poder llamarla mi novia y de ser llamado su novio.

Estábamos recostados sobre el pasto mirándonos frente a frente. Mis ojos no podían despegarse de los suyos; habíamos aprendido a remplazar las palabras con miradas, no necesitábamos hablar para decir lo que sentíamos.

La tome de la mano y ella entrelazo sus dedos con los míos y me dedico una pequeña sonrisa. La imagen que estaba contemplando es ese momento era realmente hermosa. El cabello oscuro y largo de Regina se extendía por el pasto, su ropa de montar se ajustaba a las curvas de su cuerpo y su rostro estaba tan relajado.

Me gustaba pensar que sus ojos solo podían verme a mí, así como los míos solo podían verla a ella. Nada más existía, solo ella, yo y nuestro amor creciendo cada día más.

Sabes… Siento que parte de mi alma te ha amado desde el principio de todo — Susurré soltando su mano para acariciar su mejilla — Tal vez somos de la misma estrella.

Regina sonrió ampliamente y acerco su rostro al mío acariciando su nariz con la mía. Ella se quedo cayada con una mirada pensativa y acaricie su frente con la yema de mis dedos.

Ojala supiera que es lo que pasa por tu cabeza. Me gustaría colarme dentro de ella y ver el mundo a través de tus ojos.

Es sencillo, — Respondió ella con una pequeña sonrisa — Todo lo que mis ojos ven eres tú y tú eres la única persona en la que puedo pensar.

Te amo.

Y yo te amo a ti.

Me levante de un salto y ella me miro confundida. Regina se incorporo poco a poco hasta quedar sentada en el pasto y guarde en mi memoria la imagen de su rostro y su cabello despeinado.

¿Qué pasa? — Preguntó ella.

Vamos a dar un paseo.

¿Un paseo? ¿A dónde quieres ir?

Extendí mi brazo hacia ella ofreciéndole mi mano y ella la tomo para levantarse lentamente.

Eso no importa. Lo que importa es que demos uno paseo tu y yo juntos.

Ella sonrió y dejo que la llevara de la mano hasta su caballo. Me subí de un salto a la yegua y ayude a Regina a subir colocándola frente a mí. Ella dejo que su espalda se recargara en mi pecho y la radié con mis brazos para tomar las riendas y apreté mis piernas a los costados de la yegua para que comenzara a avanzar.

Cabalgamos sin prisas disfrutando el paisaje en tonos naranjas y amarrillos que indicaban la llegada del otoño. Llegamos hasta la playa y detuve el caballo para que pudiéramos observar la puesta de sol que recién comenzaba.

Solté las riendas del caballo abrace a Regina tomando sus manos con las mías y recargando mi barbilla en su hombro. Por el rabillo del ojo pide ver como ella sonreía y me sentí rebosante de alegría; saber que ella me amaba y que ella me amaba de la misma manera era lo mejor que podía pasarme en esta vida.

Sabes… Siempre he querido tener una cabaña cerca del bosque con vista a la playa — Comentó ella acariciando mis manos.

Eso se puede hacer realidad… Yo puedo construirla para ti.

¿Harías eso por mí?

Levante mi rostro y la mire a los ojos con la mirada más sincera que era posible de mostrar.

Yo haría cualquier cosa por ti… Te pertenezco. Podrías hacer lo que quisieras conmigo y yo lo permitiría.

Regina acaricio mi mejilla con ternura y me hizo estremecer. Solo con tocarme, ella me provocaba miles de sensaciones imposibles de describir. La amaba tanto que mi corazón latía más rápido con la sola acción de pronunciar su nombre.

Ella me beso, esta vez fue un beso apasionado, casi desesperado. Sus labios me decían todo lo que sus palabras no podían. Sabía que ella no era de las personas decían lo que sentían, pero sin duda me demostraba que me amaba con cada una de sus acciones y yo no necesitaba nada más que eso.


La espera por Regina se me estaba haciendo eterna. No podía dejar de caminar de un lado a otro mientras sacudía mis brazos con nerviosismo.

Después de seis meses con Regina, los seis meses más hermosos de mi vida, estaba decidido. Había decidido que ella era la mujer que amaba y que deseaba que estuviera siempre a mí lado.

Mis pasos se detuvieron en cuanto la vi llegar montada en su caballo. Su rostro lo adornaba una sonrisa y el vestido rojo que llevaba hacia brillar el color de su piel. Por un momento creí que el mundo había dejado de girar y mis ojos se enfocaron solo en ella, en mi hermosa Regina.

Ella caminó hacia mí sin quitar la sonrisa en su rostro y me tomo las manos entrelazando nuestros dedos.

Hola — Saludó ella.

Hola — Acerqué mi rostro al suyo y le di un pequeño beso en los labios.

¿Qué pasa? — Preguntó ella arrugando la frente — Pareces algo nervioso.

Nada, es solo que tengo algo que decirte.

Esto no me está gustando… La última vez que me dijiste eso estuvimos separados por tres años.

Esta vez no es algo malo, te lo prometo.

¿Entonces qué es?

Cerré los ojos por unos segundos y aspire todo el aire que pude hasta sentir que mis pulmones se hinchaban. Mis ojos se conectaron con los de Regina y su mirada profunda me dio el valor para comenzar a hablar.

Regina… La primera vez que te vi tenía miedo de conocerte y cuando te conocí sentí que era lo mejor que me había pasado en la vida. Cuando estuve lejos de ti no podía dejar de pensarte y para ser sincero tenía miedo de enamorarme de ti. La primera vez que te bese sentí que toqué el cielo y que mi corazón solo latía por ti y fue cuando supe que estaba enamorado. Y ahora te amo y tengo tanto miedo a perderte… — Sonreí y deslice mis manos por sus brazos hasta su espalda y la acerque a mí — Desde que te conocí supe que mi vida era a tú lado, y sé que suena tonto, pero ya no puedo imaginar mi vida sin ti. Te necesito como al aire que respiro y mi único deseo es ser feliz a tu lado durante el resto de mi vida — Los ojos de Regina comenzaron a llenarse de lágrimas y una sonrisa apareció en sus labios. Metí mi mano en el bolsillo de mi pantalón y tome entre mis dedos un pequeño anillo con una gema verde; me arrodille ante ella tomándole la mano izquierda y mirándola a los ojos — Por eso quiero hacerte una promesa, la más importante que alguna vez he hecho… Quiero prometerte que te amare cada día más durante el resto de mi vida y nunca dejare de amarte… — Los ojos de Regina brillaron mientras deslizaba el anillo por su dedo anular — Esa es mi promesa.

Regina observo su mano con la boca abierta, sabía que ella estaba buscando las palabras pero ningún sonido salía de sus labios. Ella se arrodillo para quedar a mi altura y se lanzó hacia mí regalándome un beso en los labios. Caímos al pasto y pude sentir el calor de su cuerpo sobre el mío. Deslice mis manos por su espalda y nuestros labios se separaron sin prisas. Nuestras sonrisas parecieron cuando nuestros ojos se encontraron, acaricie su cabello colocándolo detrás de su oreja y sentí como su pequeña mano acariciaba mi mejilla.

Te amo tanto — Susurró ella — Y te amare por mil años y después por mil años más.

No sabes cuánto me alegra escuchar eso… Por un momento pensé que ibas a salir corriendo.

Regina soltó una pequeña carcajada y me dio un golpecito en el hombro con la palma de su mano, sonreí mordiéndome el labio inferior y unimos nuestros labios nuevamente.


Me sentía preocupado, había recibido una nota de Regina pidiéndome que nos encontráramos al atardecer. Cuando recibí aquella nota fue extraño, pues nos habíamos visto horas antes y ella me había dicho que tenía que regresar al castillo para una cena importante.

Comencé a pensar que tal vez ella quisiera escapar de la cena y quisiera verme de nuevo. Ya había pasado una semana desde que hice mi promesa con Regina y cuando estábamos juntos no existía nada más que nosotros. Cada vez pasábamos más tiempo juntos y nos era más difícil separarnos aunque solo fuera por algunas horas.

El galope de un caballo me saco de mis pensamientos y levante la vista para observar a Regina. Llevaba un hermoso vestido azul claro debajo de su capa. Sonreí y me acerque hasta a ella, pero cuando vi las lágrimas sobre sus mejillas mi sonrisa desapareció y mi preocupación se hizo más grande.

¿Qué pasa? — Pregunté tomándola entre mis brazos para darle un abrazo.

Su rostro descansaba sobre mi pecho y podía escuchar sus sollozos, sus hombros temblaban y en lo único que podía pensar era en abrazarla lo más fuerte que podía. Regina levanto su rostro y pude ver sus ojos enrojecidos por las lágrimas, deslice mis pulgares por sus mejillas secando sus lágrimas y ella coloco sus manos en mi pecho.

Tenemos que huir, Robín… Tenemos que irnos de aquí — Dijo ella con la voz ronca.

¿De qué estás hablando? — Pregunté confundido.

Mi madre me obligara a casarme con el Rey Leopoldo…

Espera, espera… Tienes que explicarme lo que está sucediendo porque no entiendo nada.

¿Recuerdas de la niña que te hable esta mañana?

La que rescataste del caballo — Respondí asintiendo — ¿Qué tiene que ver ella en todo esto?

Es Snow White, la hija del Rey Leopoldo… La cena de esta noche era para honrar mi compromiso con él… Mi madre quiere que me case con él —Sus ojos se volvieron a llenar de lágrimas y su voz sonaba desesperada.

Tal vez si yo hablo con tu madre, ella podría entender que…

No lo entiendes, Robín. Mi madre no te escuchara, ella tiene magia y es poderosa. Te mataría si supiera que estoy enamorada de ti… Por eso tenemos que huir.

¿Estás segura de que eso es lo que quieres?

No quiero que me separen de ti, no quiero perderte… No otra vez, no lo soportaría — Regina tomó mi rostro entre sus manos y me miro a los ojos — Te amo, y eso es todo lo que necesito para ser feliz.

Entonces huiremos y seremos solo tú y yo — Le susurré con una pequeña sonrisa — No tienes que preocuparte por nada, no dejare que nadie te haga daño y nada ni nadie nos podrá separar.

La bese en los labios con desesperación, tratando de decirle que todo estaría bien; sentía la necesidad de arrancar esa angustia de su corazón para que sus lágrimas dejaran de caer.

Mañana por la noche — Susurró ella — Nos iremos mañana.

Mañana por la noche… Y entonces empezaremos una nueva vida.