Perdón por tanta tardanza pero espero retomar esta historia y que sigan leyendo y sigan comentando. ¿Que creen que pasara? ¿Les esta gustando la historia? Siempre acepto sus comentarios y sugerencias.

Gracias por leer.

Disclaimer: Los personajes de Once Upon a Time no me pertenecen y son propiedad de sus respectivos autores. Esta historia esta creada con fines de entretenimiento y cualquier parecido con la realidad es coincidencia.


Capitulo 5

Tres años… Tres años de vivir sin Marian, de explicarle a Roland porque su madre ya no está con nosotros.

Ahora que he tenido que criar a mi hijo solo, he descuidado un poco a los Merry Man. John me está ayudando con ellos y a seguir con el negocio. La mayoría de las veces ellos salen por su cuenta, pero cuando son robos demasiado importantes, John se queda en casa con Roland y yo dirijo a nuestros hombres para que no se cometa ningún error.

Roland estaba creciendo cada vez más rápido. Ya era todo un hombrecito. Tenía el cabello castaño igual al de Marian y unos ojos grandes y cafés; tenía hoyuelos iguales a los míos en las mejillas y corría por todos lados con una pequeña sonrisa en el rostro.

Lo observe durante unos segundos, mientras él jugaba con algunas ramas yo pensaba en la suerte que tenía por tenerlo a él por hijo. Mi mente divago por unos minutos y Regina regreso a mi cabeza.

Días atrás, un rumor se había esparcido por el pueblo. La reina malvada había amenazado con usar una clase de magia que les robaría a todos lo que más querían. La sola idea de que mi hijo no estuviera cerca de mi era desgarradora.

¿Por qué Regina quería hacer eso? Desde hace tiempo, el pueblo le teme y el titulo de reina malvada nadie se lo podía quitar. ¿Qué había pasado con la Regina que yo conocí? ¿Qué la había llevado a ser lo que ahora es? Muy dentro de mí, sabía que esas respuestas jamás llegarían a mí. Ella no se había molestado en buscarme en todos estos años y no lo haría ahora.

Lo cumplió, Regina lanzo la maldición. Las campanas habían comenzado a sonar anunciando a la gran nube de humo morado que se extendía por el cielo y avanzaba con rapidez.

¡Robín! — Gritó John atrayendo mi atención — Tenemos que irnos ahora antes de que la maldición nos alcance.

No podemos escapar de ella John — Respondí volviendo mi vista al humo morado — Es imposible.

No lo es — Afirmo él.

¿De qué hablas? —Pregunté arrugando la frente.

Escuche un rumor… Hay una parte del bosque a donde la maldición no va a llegar. Si nos apresuramos podemos llegar.

¿Estás seguro de lo que dices?

Va a estar protegido con algo de magia y solo tenemos que pagar para entrar… Los Merry Men están de acuerdo en gastar el último botín para salvarnos de la maldición de la reina — John observo el humo morado y dejo escapar un suspiro — Creo que es nuestra mejor opción.

Repasé todas las posibilidades en mi cabeza y solo eran dos opciones. O nos quedábamos ahí esperando que la maldición llegara y nos llevara a quien sabe dónde, o pagábamos para estar protegidos y nuestro destino se decidiría después.

No lo dude ni un segundo, no me alejaría de Roland y no dejaría que le pasara nada. Así que no había nada más que pensar.

Hay que empacar nuestras cosas.

Cabalgamos lo más rápido que los caballos nos permitían. Cada uno de mis hombres había tomado sus pertenencias esenciales y seguíamos a John a aquel lugar en donde la maldición no llegaría.

Mi hijo estaba entre mis brazos y me sujetaba las muñecas con gran fuerza. Podía notar que él estaba asustado y yo me sentía culpable por no poder borrar ese sentimiento de él.

Todo saldrá bien Roland — Susurré — No dejare que te pase nada y siempre estaremos juntos.

Lo sé papá — Me respondió él mirándome con sus grandes ojos.

Le dedique una pequeña sonrisa y Roland regreso su vista al camino.


¡Hemos llegado! — Informó John deteniendo el galope.

Una especie de línea azul brillaba en el suelo y del otro lado de esa línea había poca gente esperando a que la maldición llegara.

¿Qué los trae por aquí?, colegas — Un hombre vestido de negro se acerco a nosotros y a juzgar por su vestimenta de piel, y los ojos delineados de negro, él era un pirata.

Queremos tener protección sobre la maldición —Respondí haciendo que mi caballo diera unos pasos adelante.

¡Vaya! Pero si es Robín Hood — El pirata me miro con detenimiento y yo enderecé mi postura alzando la barbilla.

Me temo que yo no tengo el gusto de conocerte.

Capitán Hook — Se presento él mostrando el garfio que tenía en el lugar de su mano izquierda — Mucho me temo, que aquí solo pueden entrar si tienen algo que dar a cambio — Dijo que el con una sonrisa arrogante.

Mire a John y le hice una seña con la cabeza para darle mi consentimiento. Él tomo una bolsa llena de monedas de oro y la lanzo a los pies del pirata.

Creo que eso será suficiente por mis hombres, mi hijo y yo.

Hook observo la bolsa a sus pies y se inclino para levantarla del suelo, la agito y después la abrió un poco para observar su contenido.

Bienvenidos — Dijo él haciéndose a un lado para dejarnos pasar.

No estaba seguro de cómo ese pirata había conseguido ser el que dirigiera ese mágico refugio, pero parecía estar sacando bastante provecho de eso.

Horas después, el humo purpura nos alcanzo y se expandió sobre nosotros dejando ver la forma del domo en donde estábamos. El humo no puedo tocarnos y solo se quedo ahí, estático sobre nosotros.

Los rostros atemorizados de las personas comenzaron a tranquilizarse cuando vieron que nada pasaba. Mis hombres estaban comenzando a reunir madera para hacer una pequeña fogata y Roland estaba sentado en un pequeño tronco jugando con una rama.

Me acerque a él y me senté en el suelo a su lado, deje escapar un suspiro y el levanto la vista hacia mí.

¿Qué va a pasar cuando el humo se haya ido? — Preguntó el con curiosidad.

Nos quedaremos aquí por un tiempo hasta que sea seguro salir.

¿Ya no volveremos a casa?

Algún día regresaremos, te lo prometo — Le dedique una pequeña sonrisa a mi hijo intentando tranquilizarlo.

No sabía que pasaría después de esta maldición, pero lo menos que podía hacer en ese momento era darle a mi hijo un poco de esperanza. En este punto de nuestras vidas todo era impredecible, y yo no podía darme el lujo de dejarme vencer por las adversidades.


Después de un mes, los Merry Man y yo decidimos dejar el domo que nos protegía y emprender el viaje de regreso a nuestra tierra. Hook se interpuso en nuestro camino y nos dedico una sonrisa descarada.

¿Se van tan pronto?, colegas.

Así es, colega — Respondí con cierta irritación — ¿Algún problema?

¡Oh no! Yo no tengo ningún problema con eso, pero… No pueden irse.

¿Y quién lo va a impedir? ¿Tú? — Comentó John con una pequeña risita.

No, claro que yo no haría eso… Pero el domo sí.

¿De qué estás hablando? — Pregunté arrugando la frente.

Verán colegas, este domo nos protege de la maldición por lo tanto no podemos salir de el hasta que la maldición este rota — Explico Hook como si fuera la cosa más sencilla del mundo.

¿Y cuanto tiempo tenemos que esperar para que la maldición se rompa? — Preguntó John.

En exactamente 28 años.

Mis hombres se sorprendieron tanto que pensé que sus mandíbulas caerían al suelo. Mire a Hook con ojos confundidos tratando de averiguar si él decía la verdad. 28 años atrapados en esta especie de isla era algo que no estaba dispuesto a aceptar.

No se preocupen — Volvió a hablar el pirata — Para nosotros será más rápido, no sentirán que fueron 28 años los que pasaron.

Entonces, ¿Estamos atrapados aquí por 28 años?

Lo están… Pero velo por el lado amable colega. Podemos llegar a ser grandes amigos — Hook sonrió y comprobé que su comentario era totalmente sarcástico.

No cuentes con eso — Susurró John dando media vuelta.

Tomé a Roland de la mano y di media vuelta para regresar a la zona en donde habíamos montado nuestro campamento.


Después de varias horas, por mi mente cruzaron más de mil maneras de escapar y sacar a mi gente de ese hechizo protector, pero las ideas parecían estúpidas cuando no podías atravesar la línea. De alguna manera el domo se protegía y lanzaba a más de dos metros a cualquiera que intentara salir de el. John lo había comprobado dolorosamente después de recibir una advertencia de Hook.

Era imposible salir del domo.


Estaba por anochecer y de pronto un destello azul capto la atención de todos. Me levante del suelo lentamente y observe el cielo con los ojos bien abiertos. La línea azul brillo por última vez en un destello y John se acerco a ella deteniéndose a unos pasos. Él acerco su mano lentamente a donde se suponía debía estar la pared del domo, pero esta vez nada paso. La mano de John atravesó la línea sin recibir ningún tipo ningún tipo de descarga. Él me miro con una pequeña sonrisa y supe lo que significaba.

Vamos Roland — Tome a mi hijo de la mano y lo mire con una pequeña sonrisa — Vamos a casa.

La maldición estaba rota.

Regresamos al lugar en donde nuestra pequeña cabaña debía estar, pero en lugar de eso solo encontramos escombros. Todo el reino estaba reducido a cenizas y restos de construcciones, la maldición había arrasado con todo a su paso, nada había quedado intacto. Algunos árboles yacían en el suelo y la madera de las humildes construcciones se esparcía por todo el suelo.

Sentí como se formaba un nudo en mi garganta al darme cuenta que todo se había ido. Roland dio un apretón a mi mano y me di cuenta de que él tenía los ojos llenos de lágrimas.

Papá, ¿En donde viviremos ahora?

No te preocupes hijo — Acaricie el cabello de Roland y le dedique una pequeña sonrisa —Construiremos uno nuevo.


Algo extraño ha pasado, estábamos en la cabaña y un humo purpura ha cubierto el bosque encantado, pero esta vez no ha pasado nada extraño. Salí de la pequeña cabaña en donde mi hijo y yo vivíamos y observe al cielo buscando una señal de lo que había sucedido.

Segundos después, John apareció de entre los árboles y corrió hacia mi lleno de pánico.

¿Viste eso? — Preguntó él.

Si… ¿Qué crees que haya sido?

No lo sé. Pero fue idéntico al humo de la maldición.

¿Crees que sea otra maldición? — Pregunté arrugando la frente.

No lo creo. Para este momento ya no estuviéramos aquí.

Sugiero que vayamos a investigar para saber qué fue lo que paso.

Reuniré a los Merry Men para irnos.

Asentí y volví a mirar al cielo. Todo era muy raro y no me gustaba nada la idea de enfrentarnos a una nueva maldición. Regresé a la cabaña y tome mi arco y las flechas. Llame a Roland y le informe que saldríamos, él corrió por su capa y regreso con una pequeña sonrisa.

Salimos de la cabaña y los Merry Men ya estaban reunidos tomando sus armas. Todos voltearon hacia mí y asentí en forma de saludo. Comencé a caminar con Roland a mi lado tomándome de la mano y John siguiéndome con los demás detrás.

Mis ojos recorrían cada rincón del bosque en busca de algo extraño, pero no fueron mis ojos, sino mis oídos, los que me advirtieron de que algo pasaba.

Un extraño ruido venia de unos metros adelante y comencé a caminar rápidamente hacia él. Un par de mujeres estaban de pie con la vista en el cielo en donde una criatura alada se precipitaba hacia ellas.

¡Cuidado! — Grité colocando una flecha en mi arco y las dos mujeres se dejaron caer al suelo.

Apunte la flecha y la solté para que impactara en la criatura que segundos después dejo escapar un grito de dolor y se alejo volando.

Me apresure a llegar hasta las dos mujeres, que aun seguían en el suelo, y pude observarlas mejor. Ambas vestían ropa elegante y fina, ambas tenían el cabello oscuro y ambas seguían observando el cielo.

Milady… — Dije extendiendo mi mano hacia la mujer que tenía el cabello recogido — ¿Esta herida?

Ambas mujeres voltearon hacia mí y me quede helado. Mis ojos no podían creer lo que estaban viendo. Era ella, estaba frente a mí, mirándome con los mismos ojos que yo recordaba. Su rostro lucia tan sorprendido como el mío, pero igual de hermoso que siempre.

Regina movió la cabeza de un lado a otro y me miro con ojos cargados de rencor.

Es su majestad — Dijo ella con una voz fría — Y no, estoy perfectamente bien… No necesito de su ayuda.

No supe que responder. Aun estaba impactado al verla ahí cuando pensé que nunca más en lo que me quedaba de vida la volvería a ver frente a mí. Mi corazón latía desbocado en mi pecho y podía escucharlo resonando en mis iodos.

Pues si tu no la quieres, yo si — Dijo la otra mujer quien tomo mi mano para levantarse — Es usted muy amable.

Regina se levanto acto seguido y se sacudió la capa negra que llevaba.

Robín Locksley — Me presente apretando suavemente la mano de la otra mujer.

Snow White —Dijo ella con una pequeña sonrisa — Muchas gracias por la ayuda.

Si tu eres Snow White, ¿Por qué estas con ella? — Preguntó John señalando a Regina — Ella es la reina malvada.

Parece que me conocen — Dijo Regina levantando una ceja.

Antes de la maldición, pasábamos los días huyendo de sus caballeros negros, su majestad — Respondí.

Algo debieron de haber hecho para merecerlo… — Regina me miro una vez más y entendí que estaba tratando de aparentar que no me conocía — ¿Qué rayos era esa cosa que nos ataco?

No tengo ni idea. Es algo que no habíamos visto hasta ahora.

Estamos comenzando a ir hacia el castillo de Regina — Habló Snow — Nos vendría bien su ayuda y su compañía.

Mire a los Merry Men y ellos asintieron en respuesta. Regresé mi vista hacia la princesa y la reina y asentí, aceptando acompañarlas.


Era extraño volverla a ver, volverla a tener cerca, poder contemplar como la chica de la que yo me había enamorada ahora era todo una mujer. Regina se había mostrado indiferente ante mi presencia, ¿Pero que esperaba? Ya habían pasado 28 sin vernos, ella ya no debía sentir nada por mí, tal vez ya ni recordaba lo que habíamos vivido juntos.

La podía ver a la distancia. Ella iba liderando la caminata al lado de Snow White mientras yo avanzaba hasta el final con el resto de mis hombres y mi hijo. De vez en cuando Regina volteaba rápidamente para mirar a la multitud que la seguía y nuestros ojos llegaron a encontrarse varias veces.

Habíamos llegado al límite del castillo que parecía estar protegido por un domo. Observe como Regina y Snow White discutían frente a la barrera transparente. No podía dejar de mirarla, mis ojos eran atraídos hacia ella como un imán. A pesar del tiempo, no había cambiado en nada, seguía siendo hermosa, seguía siendo una reina, seguía estando fuera de mi alcance.

¡Papá! — Escuche el grito de Roland mientras una de esas criaturas aladas se acercaba a él velozmente.

¡Roland! — Prepare mi arco colocando una flecha y apunte hacia la criatura alada.

De pronto una especie de humo morado la cubrió y cayó al suelo convertido en una especia de animal de felpa. Regina se aproximó y lo tomo del suelo para dárselo a Roland

Tranquilo, es inofensivo de esta manera — Dijo ella.

Me acerque rápidamente y tome a mi hijo en brazos rápidamente, observe a Regina un momento y deje escapar un suspiro.

Gracias.

No hay problema — Me respondió la reina y camino alejándose de mí.


La noche había llegado, todos estábamos acampando en el bosque no muy lejos del castillo; había una fogata encendida en medio de todos y los Merry Men estábamos montando guardia. Roland estaba dormido en una pequeña tienda de campaña y John y yo estábamos sentados a cada lado.

Escuche las ramas crujir y levante mi vista observando como la reina escapaba del campamento con tanta cautela esperando no ser vista.

Yo me encargo — susurro John — Ve por ella.

Me levante rápidamente del suelo y fui tras ella. Camine sin hacer ruido intentando alcanzarla y la observe parada frente a una roca que flotaba siguiendo el movimiento de sus manos. La roca cayó del otro lado del bosque y ella dejo escapar una pequeña sonrisa cuando miro al suelo.

No estará pensando en ir por ahí sola, ¿O sí? Su majestad — Dije con voz tranquila acercándome a ella.

¿Qué estás haciendo aquí? — Pregunto Regina con voz molesta

No te dejare ir sola — Respondí

No pedí tu ayuda, puedo hacer todo por mi propia cuenta.

Salvaste a mi hijo, así que no dejare que vayas sola.

Ella resoplo y puso los ojos en blanco.

Solo, no te metas en mi camino

Ni soñarlo.

Bajamos por el extraño pasadizo, íbamos hombro con hombro gracias al estrecho pasillo. Yo sujetaba una antorcha con luz y ella solo caminaba observando el suelo.

¿Me puedes decir porque pretendes que no me conoces?

Porque no nos conocemos. Somos personas muy diferentes a las que éramos antes… Tú tienes un hijo, ¿Cómo está tu esposa?

Ella murió.

Lo siento.

¿Puedes dejarte ya de estos juegos? No entiendo porque te comportas así.

Detente — Dijo ella colocando su brazo delante de mí. Me detuve porque su toque me dejo helado, no por sus palabras; hace ya demasiado tiempo que ella no me tocaba y cuando lo hizo me quede paralizado — Puse trampas para gente como tú que podrían arrancarnos la cabeza.

¿Gente como yo? — Pregunte confundido.

Ladrones — Respondió ella con frialdad.

Vaya que había cambiado, sus palabras eran frías y sin sentimiento alguno. Ella tenía razón, ya no era la Regina que yo conocí, ahora solo era la reina malvada.

Camina solo detrás de mí, y ten cuidado en donde pisas.

La obedecí porque no tenía ganas de replicar, su impacto en mi aún era enorme y después de pasar ese tiempo con ella me di cuenta de que no fingía ser indiferente ante mi, de verdad lo era.

Y… ¿Qué paso con la madre de tu hijo? — Preguntó ella arqueando una ceja.

Después de que Roland naciera, fui a un viaje y no estuve con ella. Fue mi culpa.

¡Eso es imposible!

Me sorprendió el comentario de Regina ante mi situación, pero cuando levante la vista del suelo me di cuenta que no se refería a la muerte de Marian.

Había una puerta abierta frente a nosotros y ella la miraba con una mezcla de confusión y enojo a la vez. Así es, aun sabía leer su rostro.

¿Qué pasa?

Esa puerta… Debería estar cerrada — Señalo ella.

Tal vez alguien más la abrió.

¡No! Yo la selle con magia de sangre, no podía ser abierta por nadie más que por mí. Esa magia es muy poderosa.

Pues al parecer no tanto — Ella me fulmino con la mirada y comenzó a avanzar

Le segui el paso y entramos a una habitación circular llena de pequeñas cajas doradas y un ataúd en medio.

¿Qué es esto? — Pregunte confundido

Una bóveda — Respondió ella acercándose al ataúd.

¿De quién es el ataúd?

De mi madre — Respondió ella con ojos llorosos — Debemos continuar — Regina comenzó a caminar antes de que yo pudiera decir palabra alguna

Seguimos caminando hasta la habitación que reconocí como su habitación. Regina tomo un pequeño cofre de su tocador y comenzó a sacar algunas botellas que contenían ciertas sustancias que no podía reconocer.

No quería desconfiar en de ella, pero no tenía opción; sabía hasta donde había llegado y lo que era capaz de hacer. Tome una flecha, la puse en mi arco y apunte hacía ella.

¿Qué clase de magia oscura estas haciend?

Regina volteo hacía mí y su mirada se encendió.

¡¿Cómo te atreves a amenazarme en mi propio castillo?! — Ella levanto su mano y sentí como mi garganta se apretaba dejándome sin respiración.

Aunque me ahorques — Me era difícil pronunciar palabra alguna pero lo intente — La flecha dejara el arco y yo nunca fallo.

Regina bajo su mano y yo pude volver a respirar. No podía creer que ella hubiera tenido intención de matarme.

Es una maldición de sueño — Dijo ella.

¿Por eso querías venir al castillo sola? ¿Para hacer ese hechizo? Como el que usaste con Snow White.

Son ingredientes difíciles de conseguir — Regina realizo su magia y saco de su cabello perfectamente peinado una aguja.

¿En quién planeas usarla?

En nadie que te importe — Metio la aguja en la botella y la dejo de lado.

¿Planeas usarla con la bruja malvada?

Esa bruja no me importa nada… La usare en mí.

¡¿Qué?! No puedes hacer eso… No te voy a dejar hacerlo.

Tranquilo — Regina lanzo un hechizo sobre mi y mis pies se quedaron pegado al suelo — Cumpliré la promesa de bajar las barreras para que puedan tomar el castillo.

¿Por qué quieres hacer esto Regina?

No es nada que te importe Robin.

Por favor, confía en mi — Le rogué esperando que me escuchara y no cometiera un error.

Tengo un hijo, se llama Henry — Dijo ella. La noticia me tomo por sorpresa — Está muy lejos de aquí y probablemente nunca lo volveré a ver y mi vida sin él no tiene sentido.

¿Y su padre? — Fue lo único que se me ocurrió preguntar. No podía concebir la idea de que Regina había tenido un hijo con el Rey Leopoldo.

Henry fue adoptado en el mundo a donde nos lleve con mi maldición. Él está con su madre biológica en este momento y no tiene idea de quién soy yo y nunca lo va a saber — Las lágrimas corrieron por sus mejillas — Mi vida no tiene sentido sin él.

Te entiendo — Respondí bajando la mirada.

¡No! No lo entiendes.

Claro que lo entiendo — Alegue — Cuando te perdí sentí que mi vida se terminaba. Sentí que no tenía motivos para vivir o para seguir adelante con mi vida. Me dejaste destrozado y nunca supe porque… — No podía contener más mis sentimientos, tenía que decírselos — Te casaste, no volví a saber de ti y aun así cada maldito día de mi vida pensaba en ti y solo en ti… Y luego vino Roland, y tuve que buscar una mejor vida por él, fue mi motivo para salir adelante y superar el dolor que tú me habías causado.

¿Crees que tú eres el único que sufrió? — Preguntó ella con la voz entrecortada — Después de ti me volví amargada, fría, sin corazón, me volví esto — Dijo señalándose a si misma — Y lo único que me hizo feliz de nuevo fue Henry y ahora no lo tengo a él, no tengo a nadie, no tengo nada por que luchar ni porque vivir.

Si lo tienes — Me apresure a decir — Tienes un motivo muy grande… Encontrar a tu hijo, recuperarlo. No lo pierdas, has lo que no hiciste conmigo y lucha por él… Todos tenemos una segunda oportunidad Regina, solo tienes que abrir tus ojos para verlo

Qué pena que los míos van a estar cerrados

Regina me miro y camino hacía el balcón secándose las lágrimas, y yo solo me quede ahí de pie, sin poderme mover.

No podía dejar que hiciera eso, no podía dejar que callera en aquel hechizo del que solo el beso del verdadero amor podía despertarla. Pues la verdad ya no estaba seguro de que yo alguna vez fuera su verdadero amor y no podría hacer nada por ella.


Minutos después observe la barrera desaparecer y a Regina regresar con una mirada decidida y veraz. Agito su mano y mis pies se despegaron del piso.

Vámonos — Me ordeno ella

¿Qué paso?

Encontré una razón para luchar.