Siento tanto la tardanza, pero espero que sigan leyendo y que me sigan diciendo lo que opinan de la historia.

Espero que mi tardanza se contrarreste con que es un capitulo bastante largo y hay una pequeña sorpresita en el.

Gracias por leer.


¿Quieres decirme qué es lo que pasa? — Pregunté mientras caminaba rápidamente detrás de Regina. Era increíble como caminaba tan rápido con zapatos altos por el bosque.

No quiero hablar de eso — Respondió ella sin detenerse.

Regina — la tome del brazo con delicadeza y la hice parar para que volteara hacia mí — No sé tú, pero necesito respuestas, no solo de lo que acaba de pasar sino de todo lo demás… Necesito saber qué fue lo que paso.

Ella clavo su mirada en el suelo durante unos segundos y después me miro a los ojos. Sus ojos eran tan hermosos como siempre, de ese café profundo que hipnotizaba, pero podía ver algo diferente en ellos; tal vez era el tiempo, o en lo que ella se había transformado, pero eso no le quitaba su belleza.

Está bien, pero no podemos hablar en el campamento.

Empezare una fogata.

Dicho esto, deje mi arco y mis flechas al lado de un tronco hueco que estaba cerca y comencé a reunir ramas y un poco de hierva para poder encender la fogata. Regina camino hacía el tronco y se sentó en el mientras me miraba frotar las piedras una y otra vez para poder ocasionar una chispa. La mire de reojo y sonreí un poco al verla sentada ahí, con la espalda recta y las manos sobre su regazo con una cara de seriedad que intimidaría a cualquiera, pero no a mí, yo conocía otra parte de ella y sabía que aún estaba dentro de ella.

Cuando la fogata por fin encendió, me senté junto a ella en el tronco y la mire fijamente esperando respuestas, ella respiro profundo y me miro.

La noche que nos íbamos a escapar, corrí hacía nuestro lugar pero tú no estabas ahí…

Espera — La interrumpí — Yo estaba ahí, te estaba esperando y de pronto comencé a sentirme mareado y me quede dormido de repente…

Creo que fue mi culpa — Dijo ella levantando una ceja — Ilusamente confié en Snow White y le dije acerca de nosotros y ella le dijo a mi madre… Cuando salí del palacio para buscarte, llegue y no había nadie en el lugar, minutos después mi madre apareció y me dijo que te habías ido porque ella te había ofrecido una gran cantidad de dinero.

¿Y enserio creíste que yo te cambiaría por dinero? — Pregunté con incredulidad.

Era joven, estúpida y no estabas ahí — Respondió ella encogiéndose de hombros — Estaba muy enojada, con mi madre por ofrecerte dinero y contigo por aceptarlo. Así que me case con Leopold y me convertí en la reina que mi madre quería que fuera… Pero por más que lo intentara tu no salías de mi cabeza así que contrate a alguien para que te buscara y me dijeron que habías muerto —Sus ojos se llenaron de lágrimas y mi mandíbula calló hasta el suelo después de aquello — No tuve el valor ni la fuerza para comprobar que era cierto, solo deje que todo me consumiera y todo mi dolor, todo mi sufrimiento me convirtió en la reina malvada… Culpé de todo a Snow White, e intente destruirla tanto que hasta lance la maldición que nos llevó lejos de aquí. Mi vida ya no tenía sentido sin ti, todo lo que quería era venganza.

Y ahora caminas a su lado como si fueran las mejores amigas, ¿Por qué?

Cuando estábamos en Storybrooke, el lugar de la maldición, me sentía vacía, sola y me di cuenta de que por más que mi venganza se cumpliera, tu nunca regresarías a mí; así que decidí seguir adelante y adopte a Henry y el cambio mi vida por completo. El hizo que se rompiera la maldición, trayendo a su madre biológica a Storybrooke, ella resulto ser la hija de Snow White y David, la salvadora. Nuevamente todo se desmorono, pero Henry creyó en mí, me hizo cambiar — Regina dejo escapar un par de lágrimas acompañadas por una pequeña sonrisa — Después de varias cosas y a pesar de todo el mal que hay dentro de mí, el creyó en mí, tubo fe, y desde entonces intento ser una mejor persona por él… Antes de que otra maldición nos trajera aquí, Snow y yo habíamos hecho las paces y Henry tenía un libro, en donde todas nuestras historias están. Me enseño unas páginas en las que yo estaba frente a mi verdadero amor, con la ayuda de Thinkerbelle y fue cuando supe que no estabas muerto.

¿Cómo? — Pregunté confundido, era demasiado para procesar pero ahora entendía lo que había pasado con Regina, el por qué se había convertido en la reina malvada que atormentaba a todo el bosque encantado.

Recuerdo ese día. Estaba en el palacio agobiada por la idea de que nunca sería apreciada por el Rey y que estaba atrapada en ese palacio; y entonces, apareció Tinkerbelle y me dijo que ella podía llevarme a mi verdadero amor, ella utilizo polvo de hadas y nos llevó hasta una taberna en donde el polvo iluminaba a un hombre con un tatuaje de león en el brazo — Instintivamente mire mi brazo derecho en donde tenía el tatuaje de un león, me lo había hecho cuando los Merry Man habían nacido. — Supe que eras tú, te vi ahí sentado y lo supe… Pero no tuve el valor para entrar ahí y enfrentarte. Y cuando Henry encontró esas páginas y vi tu cara en una de ellas, solo confirme lo que ya sospechaba, pero aun así, sabía que ya jamás podía estar contigo.

A pesar de que supiste que yo estaba vivo, continuaste con todo, con la maldición…

No tenía opción — Interrumpió ella mirando al suelo — Todo se había vuelto más grande que yo, y estaba tan segada por el odio que me convencí a mí que ese no eras tú y que Snow White seguía siendo la culpable de todo.

¿Por qué fingiste que no me conocías? — Sabía que estaba haciendo demasiadas preguntas, pero necesitaba saber todo.

No quería dar explicaciones — Admitió ella mirándome a los ojos — Snow y David son de verdad entrometidos.

No quieres que se enteren que hubo algo entre nosotros — Mire al suelo sintiendo decepción.

No, no es eso. Yo jamás me avergonzaría de aquello que tuvimos.

¿Entonces?

Ya te lo dije. Es toda una historia que contar y la verdad, es algo que quisiera solo para mí porque fue una de las mejores cosas que he tenido en mi vida, tú y Henry. Y después de todo lo que hice, y a toda esa gente que lastime, los buenos momentos son algo que puedo contar con la palma de mi mano — Regina se secó las lágrimas con las yemas de sus dedos y me dedico una pequeña sonrisa — El lado positivo de esto es que encontraste a alguien, tuviste un hijo, eres feliz.

No te voy a mentir, vivo por y para Roland, él es mi motor y busco lo mejor para él.

Es un niño adorable, sin duda tuviste suerte de tenerlo a él y a tu esposa.

Marian me rescato de la oscuridad en la que estaba y me dio a Roland. Lamentablemente murió cuando yo estaba en uno de mis viajes.

Lo siento mucho — Dijo ella tomando mi mano.

La quería mucho, ella fue buena conmigo pero… — tome la mano de Regina con la mía y la mire a los ojos, mi corazón palpitaba con fuerza contra mi pecho y estaba tan nervioso que sentía que todo mi cuerpo temblaba y eso era algo que solo ella provocaba en mí — A la única que he amado siempre es a ti. Tú fuiste, y serás el amor de mi vida y eso nada lo ha podido cambiar. Ni siquiera cuando supe que eras la reina malvada; lo único que podía preguntarme es como te verías enojada y mandando a todos a buscar a Snow White.

Regina soltó una pequeña risa. Eso no era lo que pensaba, pero solo quería verla sonreír después de todo por lo que ella había pasado sentía que necesitaba reír.

Extrañaba tu sonrisa — Confesé. Ella me miro a los ojos y me perdí en ellos. Acaricie su mejilla y ella cerró sus ojos recargando su rostro en mi mano.

Yo te extrañe a ti — Susurró ella.

Me acerque un poco más a ella y sin mover mi mano de su mejilla bese su frente, después su nariz y por ultimo sus labios. Ella se quedó inmóvil ante mis dos primeros besos, pero cuando nuestros labios se unieron ella me correspondió y me beso con ternura.

Habían pasado ya tantos años desde la última vez que nos besamos que el sabor de sus labios se me había olvidado, pero ese beso me había regresado a ser aquel muchacho que buscaba el amor en una hermosa princesa y era correspondido. Siempre supe que mi amor por Regina no se esfumaría en la nada, siempre lo tendría conmigo en el corazón; y en ese momento todo eso que estaba guardado volvió a la luz.

Nos besamos con lentitud, grabando o más bien recordando el sabor de nuestros besos. Profundice el beso acercando su cuerpo al mío mientras la tomaba por la cintura y ella dejaba que mi lengua accediera a su boca. Era un beso exquisito, el mejor que yo hubiera tenido, pero estaba seguro que eso se debía a que Regina, mi Regina era la que estaba dándomelo. Esa Regina que conocí años atrás y que me amaba con todo el corazón.

Nos separamos lentamente a falta de aire, sus labios estaban rojos e hinchados, temblaba y su respiración era agitada. Sus manos bajaron de mi cuello a mi pecho y me miro con una pequeña sonrisa, ella aun temblaba y debí suponer que era por el frio que empezaba a sentirse. Aunque tenía puesta su capa, me quite la mía y se la coloque sobre las piernas. Regina me sonrió a cambio y cuando volví a sentarme ella dejo que yo la envolviera en mis brazos y recargo su cabeza en mi pecho. Sentí que ella respiraba profundo y cerré los ojos aspirando su aroma.

¿Crees que no se preocuparan por nosotros en el campamento? — Preguntó ella.

Probablemente por ti. Después de todo eres la reina… Pero, podemos estar un momento más aquí, solo un poco más.

Eso me agrada — Respondió ella sonriendo — Necesito un respiro de todo ese asunto de la bruja verde.

Hey, nunca me dijiste que paso con ella, ¿Por qué cambiaste de opinión sobre la poción para dormir?

Resulta, que mi madre se divirtió un poco antes de mí y mi pare — La mire arrugando la frente y me separe un poco de ella para mirarla — Zelena, así se llama, es mi hermana.

¡¿Qué?! ¿Estás jugando conmigo verdad?

Eso quisiera, pero no. La bruja malvada es mi hermana, y me está retando… Me dijo que tenía un plan y que me destruiría.

¿Crees que pueda hacerlo?

No lo sé. Pero no voy a descansar hasta detenerla.


Volvimos al campamento casi en la madrugada, nos habíamos quedado platicando sobre Henry y Roland, sobre lo que había pasado en mi vida y en la suya. La mía no había cambiado mucho, pero le conté sobre cómo nos protegimos de la maldición y ella me dijo que esa había sido idea de su madre, que ella había creado ese espació y que yo tenía suerte de haber estado ahí. Después supe que su madre había muerto en Storubrooke, me dijo que había tenido un problema con su corazón y que había sido un momento muy difícil.

Regina caminaba a mí lado tomándome del brazo para ayudarse a subir pequeñas montañas de tierra y podía notar que estaba cansada, prácticamente no habíamos dormido, pero necesitábamos tanto estar juntos. Ella me dijo que sus sentimientos por mí nunca habían cambiado, que hubo otro hombre en su vida llamado Graham pero que no había significado nada para ella. Mis sentimientos por Regina tampoco habían cambiado, y no le iba a mentir, Marian significo algo en mi vida por el hecho de ser la madre de Roland y la mujer que me ayudo a seguir adelante, pero siempre había estado profunda y perdidamente enamorada de ella.

También me dijo que había demasiada oscuridad en su pasado, demasiadas muertes provocadas por ella y que luchaba cada día contra eso, con toda esa oscuridad y que sabía que después de todo eso, era imposible que yo la siguiera amando, pero tenía que decírmelo.

La verdad, al principio me tomó por sorpresa todo lo que Regina había hecho buscando venganza, pero ahora que la había encontrado de nuevo no la dejaría ir. Aprendería a amar a la nueva Regina y la amaría tanto o más de lo que lo había hecho antes. Estaba a mi lado y estaba vez no la dejaría ir por nada.

¿En dónde estaban? — Preguntó Snow White en cuanto nos vio llegar — Nos tenían a todos muy preocupados.

Quite el hechizo del castillo — Respondió Regina — Y la bruja se ha ido, así que ahora podemos mover el campamento al castillo.

¿La bruja se fue? ¿Así tan fácil? — Preguntó el príncipe David acercándose a su esposa.

No, no así de fácil — Regina cruzó los brazos poniéndolos debajo de su pecho — Para hacer la historia corta, Resulta que la bruja es mi hermana.

¡¿Qué?! — Preguntaron sorprendidos al mismo tiempo Snow y David.

Parece que Cora tenía más secretos de los que creíamos — Comentó Snow.

Y entonces, ¿Cuál es el plan? — Pregunté. Regina me miro e intento contener una pequeña sonrisa y pude notar como Snow nos miraba arqueando una ceja.

Zelena, la bruja, me dijo que tenía preparada una gran venganza.

¿Crees que sea lo bastante peligrosa para lograrlo? — Preguntó David.

Tiene magia, está enojada y resentida, y quiere vengarse… Todo se puede lograr si tienes un motivo.

Entonces debemos enfrentarla, debemos prepararnos para lo que venga, no es la primera amenaza que recibimos — Dijo Snow. Regina rodo los ojos y resopló — Lo siento — Se disculpó la princesa.

No importa, ahora solo vayamos al castillo.


Estábamos en el patio del castillo levantando todo el campamento. Regina me había ofrecido una habitación en el castillo para mí y para Roland, pero no era correcto dejar a los Merry Man solos. Estaba oscureciendo ya, la caminata al castillo había sido corta pero el acomodar a la multitud y complacerlos a la mayoría había sido difícil. Al final, Regina, Snow y David, los enanos y varios más se habían quedado dentro del castillo y nosotros por mayoría habíamos decidido quedarnos fuera para no incomodar, solo entraríamos a comer y a asearnos de vez en cuando.

Hicimos una fogata, la mayoría de los hombres estaban cansados y se habían metido a sus tiendas a dormir. Roland estaba sentado en el suelo aventando pequeñas ramitas al suelo. Me acerque a él y le acaricie el cabello ondulado despeinándolo un poco.

Papá, no quiero dormir en el suelo — Se quejó él — Extraño mi cama.

Tenemos que quedarnos aquí Roland, el castillo ya está lo bastante lleno — Le dijo John.

Pero si yo hablo con la reina se que me dejara dormir en el castillo — Se defendió él — Yo le agrado, hasta me regalo un juguete — Roland sonrió y no pude evitar sentir ternura ante sus palabras.

Me levante del suelo y me sacudí los pantalones, le extendí la mano a mi hijo y el la tomo para levantarse.

Vamos, te llevare con la reina para que puedas dormir en el castillo.

Mi hijo sonrió de oreja a oreja y caminamos juntos hasta las puertas del castillo. Había bastante gente en el salón, pero no podía ver a Regina por ningún lado.

Está en su habitación — Habló Snow White, como si me hubiera leído los pensamientos — El pasillo que está a la izquierda, es la última puerta.

Asentí en forma de agradecimiento y Roland y yo subimos por las escaleras buscando la habitación de la reina. No fue difícil de distinguir, era la puerta más grande y lujosa del pasillo. Cuando llegamos ante ella, di un par de golpes a la puerta y escuche su voz decir "Adelante".

Ella estaba ahí, sentada frente a su tocador. Llevaba el mismo vestido con el que la había visto pero su cabella estaba suelto, libre de aquel peinado que había llevado. Cuando me vio entrar no pudo evitar sonreír y yo le respondí de la misma manera. Aunque no dejo de sonreír, su rostro bajo hacía Roland que estaba a mi lado y levanto una ceja.

Su majestad — Hablé — Mi hijo, Roland, quiere pedirle algo.

El pequeño camino un par de pasos hacía ella e hizo una reverencia a la que no pude evitar sonreír. Después se tomó las manos y miro a Regina con una cara que haría que cualquiera se derritiera de ternura.

Su majestad — Habló él — Me preguntaba si aún tenía un poco de espacio para mí en su castillo… No quiero incomodar, pero de verdad extraño mi cama, además soy pequeño y no ocupo mucho espacio.

Regina no pudo evitar sonreír con ternura ante las palabras de mi hijo. Ella se acercó a él y se dobló sus rodillas para estar a la altura de Roland.

Por suerte, tengo una habitación disponible — Dijo ella — Es la que está aquí al lado, ¿Por qué no vas a verla?

Roland sonrió ampliamente y asintió mostrando su entusiasmo, él tomo la mano de Regina y le dio un pequeño beso.

Gracias su majestad — Dijo él antes de salir corriendo fuera de la habitación.

Regina se levantó y me miro sorprendida y con una sonrisa que no había podido borrar.

Igual de caballeroso que su padre.

Cerré la puerta tras de mi cuando vi que Roland había entrado a la habitación. Me acerque a Regina y la tome por la cintura dándole un pequeño beso en los labios.

¿Seguro que tu no quieres una habitación también? — Preguntó ella con una pequeña sonrisa — Puedo hacerte un poco de espacio aquí.

Creo que no estaríamos siendo discretos — Respondí acariciando su mejilla para después colocar un mechón de su oscuro cabello detrás de su oreja.

Al diablo la discreción… Te quiero aquí conmigo.

Sonreí ante aquellas palabras y la bese de nuevo. Tome su rostro entre mis manos y sentí que las suyas se deslizaban por mi cintura hasta mi espalda baja. Los besos eran tan deliciosos que embriagaban, en cuanto tocaba sus labios quería más y más. Nuestros labios se unían una y otra vez, devorándose con pasión.

Me separe lentamente de los labios de Regina con la respiración agitada y pude ver que ella me miraba confundida.

Creo que ya tengo que irme — Susurré.

No tienes por qué hacerlo.

¿Estas segura?

He estado tanto tiempo sin ti — Ella acaricio mi mejilla y me miro a los ojos — Ya no quiero desperdiciar ni un segundo más.

La mire, ella me miro. Nuestros ojos hablaban por nosotros y lo único que podían decir es que deseábamos estar juntos, amarnos como nunca habíamos podido hacerlo y después de tanto tiempo, era todo lo que queríamos.

Nos besamos con ternura, pero al mismo tiempo con necesidad. Nuestros labios querían más y más. Regina dejo que mi lengua entrara a su boca y ella me tomo del cuello de mi camisa acercándome más a ella y exigiéndome más.

La tome por la cintura y comencé a recorrer su espalda intentando deshacerme de aquel vestido, pero era demasiado complicado. Regina se alejó un poco de mí y me miro con una sonrisa y llevo las manos a su espalda, después de unos segundos y varios movimiento de sus manos el vestido cayó al suelo y la contemple con la boca abierta.

Su piel era hermosa al igual que todo su cuerpo, sus piernas torneadas, su cadera, su delgada cintura que hacía que su figura fuera escultural, sus pechos, sus hombros y para rematar su hermoso rostro. Camine hacia ella y acaricie sus brazos con mis manos, mirándola aun anonadado. Ella me sonrió dulcemente y sentí sus manos deslizarse bajo mi camisa, ella la tomo y levante los brazos para que pudiera quitármela. Regina deslizo sus manos con delicadeza por y pecho y mi abdomen poniendo atención a las cicatrices que me marcaban, la mayoría eran de luchas o robos que no habían salido bien.

Mi cuerpo temblaba y mi deseo por ella aumentaba teniéndola de pie frente a mí, desnuda, frágil, bella. La tome por las piernas y la cintura levantándola del suelo y camine hasta la cama para dejarla con cuidado sobre ella. Me enderece y me quede de pie mientras delicadamente ella desabrochaba mis pantalones y pude notar su mirada cuando estos cayeron al suelo. Ella pudo ver cuánto la deseaba, y no iba a perder más tiempo para hacerla mía.

Nos recostamos sobre la cama y me coloqué sobre ella con delicadeza, le beso los labios y baje hasta el su cuello. Mis besos llegaron hasta su pecho y la escuché gemir, sus manos apretaron las sabanas cuando sintió mis labios besando sus senos y saboreándolos en mi boca. Recorrí su abdomen con mis labios hasta llegar a su cadera y continué besando sus piernas y cuando profundice los besos llegando a su entrepierna la sentí temblar ante mis labios. Cuando levante la vista pude ver como se mordía los labios para evitar gritar y sonreí. Volví hacía ella y le di un pequeño beso en los labios; Regina me miro mostrándome el deseo que sentí por mí, sentí sus manos en mi espalda hasta que se detuvieron en mi trasero acercándome a ella para que la hiciera mía.

Comencé con movimientos lentos sin dejar de mirarla a los ojos, cada que volvía a entrar a ella podía ver su rostro consumiéndose por el placer y sentí sus uñas clavadas en mi trasero y deslizándose hacia arriba rasguñando mi espalda. Sentía como descargas eléctricas recorrían mi cuerpo con cada movimiento, podía sentir su calor y su humedad y eso me hacía gemir. Regina me tomo por los hombros y me hizo girar para tenerla sobre mí. Ella se acomodó sentándose sobre mí y coloco las manos en mi pecho para que me quedara abajo. La observe, la luz de la luna iluminaba su largo cabello que caía sobre su pecho y tenía los ojos cerrados disfrutando de cada movimiento que hacía. La tome por la cadera y ella tomó su cabello lanzándolo hacía atrás, lo que me hizo poder observar sus senos rebotar mientras ella se arqueaba hacía atrás apretando sus manos en mis piernas.

Apreté mis manos con fuerza sobre sus caderas y pude escuchar que sus gemidos se hicieron más fuertes. Regina se dejó caer sobre mi pecho sin dejarse de mover y me beso en los labios para después mirarme a los ojos. Permanecimos así hasta que el placer total nos alcanzó a ambos y ella cerro los ojos pegando su frente a la mía. Nuestros cuerpos temblaban y podíamos sentir el calor del otro, ambos habíamos sudado y estábamos agotados. A pesar de eso, Regina seguía sobre mí, y con cuidado se acomodó para descansar su cabeza en mi pecho y yo la envolví con mis brazos dejando escapar un largo suspiro.

Nos quedamos así por un largo tiempo y cuando noté que Regina se había quedado dormida la deslice hacía un lado y nos cubrí con las sabanas. La abracé casi como si no —quisiera que escapara de mí, recargue mi cabeza en la suya y cerré los ojos con una sonrisa en mis labios.


Por la mañana, me había escabuhido de la habitación de Regina hasta la habitación en donde Roland se encontraba. Habíamos despertado con una sonrisa en el rostro, nos habíamos besado y me di un baño rápido antes de salir de ahí. No quería irme, pero sabíamos que si alguien me veía en su habitación tendríamos que dar bastantes explicaciones.

Me acerque a la cama en donde Roland dormía, se veía tan pequeño en esa cama tan enorme. Le acaricia el cabello y lo sacudí un poco del hombro intentando despertarlo.

Roland, despierta hijo ya es tarde.

Él se movió bajo las abanas arrugando el rostro y estirando los brazos. Abrió los ojos y parpadeo un par de veces.

Tengo hambre — Dijo él después de bostezar.

Entonces, levántate y vamos a desayunar.

Roland movió su cabeza asintiendo y se levantó de la cama lentamente.

Bajamos al gran salón y vimos el remolino de gente que había ahí. Todos estaban tomando platos y sirviéndose lo que fuera que quisieran, había tanta comida que podía alimentar a los Merry Man por una semana.

Con la vista identifique a John y a varios de los hombres recargados en un pilar devorando lo que había en sus platos. Roland y yo nos acercamos a la comida y tome un plato para servirle un poco de fruta a mi hijo, acompañada de un pan tostado y un poco de huevos revueltos. Roland tomó el plato con las dos manos y camino concentrado en que el plato no se le cayera. Cuando lo vi que había llegado con John, tomé otro plato y me serví un poco de fruta, huevos y algo que parecía una especie de panecillo. Cuando levante la vista para comenzar a caminar, por las escaleras vi que Regina bajaba hacía el salón y cuando nuestros ojos se cruzaron ambos sonreímos.

Se veía hermosa, llevaba un vestido azul que se le pegaba al cuerpo, largo y con varios volantes en la falta. La parte de arriba parecía más bien un saco decorado con encaje negro. Su hermoso cabello estaba todo para un lado y sus labios usaban el típico color rojo. Era preciosa, pero sin duda, se veía más hermosa sin nada puesto.

Sonreía mordiéndome el labio inferior recordando la noche de ayer, y al parecen Regina tuvo el mismo pensamiento pues su sonrisa se hizo más amplia y su mirada fue al suelo mientras sus mejillas se sonrojaban.

Snow White se acercó a ella y pude notar como su sonrisa iba desapareciendo poco a poco, así que supuse que le tenía malas noticias. Le di una mordida al panecillo y camine hacía John y Roland. Ya hablaría con ella más tarde.


Estaba en el patio del castillo haciendo la fogata para los hombres, ya estaba anocheciendo y ellos habían ido en busca de más madera para que no se agotara.

Cuando la fogata encendió me senté en un tronco que estaba cerca de la fogata y comencé a mover un poco los troncos con una rama para que la fogata se mantuviera viva más tiempo.

Escuche unos pasos tras de mí y gire un poco el cuello para ver de quien se trataba. Vi a Regina acercándose con una pequeña sonrisa, me levante del tronco y espere a que llegara a mi lado.

¿Qué la trae por aquí? Su majestad — Pregunté haciendo una reverencia.

Ella soltó una risita y deslizo sus manos por mi pecho hasta mi cuello para darme un pequeño beso en los labios.

El amor de mi vida — Respondió ella con un susurró.

Sonreí y la ayude a que se sentara en el tronco tomándola de la mano y después me senté a su lado.

¿Malas noticias? — Dije, recordando que había visto cuando Snow había hablado con ella,

No del todo — Ella hizo una mueca — Me dijo que estaba embarazada — le dedique una mirada de asombro y ella asintió con la cabeza — Al parecer habrá un miembro más en su familia de encantadores. —Reí ante el apodo y deslice mi mano para tomar la suya — Hay algo más…

¿Qué pasa? — Pregunté arrugando la frente.

Ya sabe lo de nosotros — Respondió con una pequeña sonrisa — Y me alegra, así ya no tendré que ocultarlo y podré besarte cuando yo quiera y donde yo quiera.

Sentí como el calor subía a mis mejillas al escuchar aquellas palabras y observar como Regina se mordía el labio inferior.

¿Y cómo es que se enteraron? — Pregunté con curiosidad.

Creo que no fuimos tan cuidadosos anoche.

Ambos sonreímos mirándonos a los ojos y yo le acaricie la piel desnuda de su brazo con delicadeza.

Tal vez esta noche podemos ser más cuidadosos.

Ella me miro con esos ojos intensos que me encantaban y se mordió el labio inferior

No creo que eso sea posible.


Habían pasado varios días y aun la bruja malvada no había vuelto a cumplir sus amenazas. Al parecer no era tan poderosa como todos crían y por eso se había ocultado.

Roland y yo caminábamos por el bosque cerca del castillo buscando un buen árbol en donde el pudiera practicar su tiro con arco. Aunque era muy pequeño quería que el pudiera defenderse solo si alguna vez lo necesitara.

De pronto escuchamos un trueno tan fuerte que se escucharía a través de los reinos. Desviamos la vista hacía una avalancha de humo verde que se abría camino hacía el palacio. Mi primer sentimiento fue el pánico y después lo acompaño el miedo. No sabía que era lo que estaba pasando, pero estábamos lejos del castillo. Tome a Roland de la mano y tratamos de correr lo más rápido que pudimos hacía el castillo. Cuando recién llegamos al patio del palacio nos quedamos petrificados al ver como el humo consumía el palacio y mi siguiente pensamiento fue:

Regina.


Espero que les haya gustado el capitulo y que me dejen sus comentarios.

PD: Quisiera traducir esta historia y otro de Outlaw Queen al ingles para publicarlas. Desgraciadamente no tengo mucho tiempo para hacerlo. Las historias ya tienen varios capitulos traducidos, pero si hay alguien que quiera ayudarme y que le interese hacerlo manden un PM, se los agradeceria muchisimo.

Gracias.