Hola, hola. Les traigo un nuevo capitulo y espero que les guste mucho. Lamentablemente, este es el ultimo. Pero espero que les haya gustado la historia y que la hayan disfrutando tanto como yo disfrute escribirla. Después de este capitulo, subiré el epilogo para darle final como es debido así que aun estén pendientes porque para final de semana lo estaré publicándolo.

Muchas gracias a todos por haber leído y espero con ansias sus comentarios sobre este capitulo y sobre toda la historia.

También me gustaría saber si les gustaría leer una nueva historia de Outlaw Queen. Y si recibiría su apoyo con una nueva historia.

En fin, disfruten mucho el capitulo y gracias por leer.


Cuando abracé a Marian sentí que mis latidos se aceleraban y mi cabeza se llenaba de preguntas. ¿Cómo había llegado hasta aquí? ¿Por qué estaba viva? ¿Qué significaba su presencia en mi vida ahora?

Roland abrazaba a su madre con la cara enterrada en su pecho, como si se la fueran a arrebatar en cualquier momento y mi corazón dio un vuelco y me sentí culpable por pensar en mí antes que en mi hijo.

Vi como Regina corría a la salida y quise salir detrás de ella y decirle que mis sentimientos no habían cambiado, pero la mujer que estaba a mi lado tomándome del brazo era mi esposa y tenía que estar con ella.

¿Cómo es que estas aquí? — Pregunté tratando de no sonar tan desesperado.

Emma me rescato de la reina malvada — Respondió Marian — Y me trajo aquí y te encontré.

¿La trajiste del pasado? — Le pregunté a la rubia.

No sabía quién era, solo sabía que iba a morir y la rescate de Regina — Respondió Emma.

No la rescataste de Regina — La defendí — La rescataste de la reina malvada, de lo que era antes.

¿Por qué la estas defendiendo? Ella casi me mata — Dijo Marian molesta.

Ella ya no es así, ha cambiado — Tome a Marian de la mano y la jale hacía la puerta — te lo mostrare.

Cuando salimos Regina estaba de pie con la cara entre las manos y me contuve de salir corriendo y tomarla entre mis brazos para consolarla.

Regina — La llame con la voz suave — Quiero que conozcas a alguien.

Marian se acercó a poco a poco a nosotros con una mirada de profundo odio y desprecio hacía Regina y hacía que me hirviera la sangre de coraje.

Regina no dijo nada y solo cruzo los brazos, pero yo tome su mano mostrándole mi apoyo.

¿Por qué la tomas de la mano? — Dijo Marian molesta — ¿Estas con ella?

Marian por favor…

No lo puedo creer… Ella iba a matarme, es un monstruo.

¡No te permito que le hables así!

¿Todo está bien? — Preguntó Snow saliendo del restaurante — ¿Regina?

¿Por qué todas la defienden? Es la reina malvada — Marian estaba desesperada — ¡Es un monstruo!

Regina me soltó la mano y comenzó a caminar de prisa lejos de mí. Comencé a caminar tras ella pero Marian me tomo por el brazos y cuando volteé hacía ella pude ver a Roland a su lado.

Tienes que quedarte con tu familia.


Volvimos al campamento y Roland no dejaba de preguntar porque no iríamos a dormir a la casa de Regina. Al final lo tranquilicé he hice que él entrara a la tienda y se acostara.

No puedo creer que hayas metido a mi hijo en la casa de esa mujer — Me reclamó Marian — Como puedes estar con ella después de saber todo lo que hizo, después de que mato a tanta gente.

Ella ya no es así, ese es su pasado.

Eso no quiere decir que no sea culpable de todo eso. Y sobre todo no justifica que estés con ella, ¿Qué es esto? ¿Una clase de aventura? ¿O solo te estas acostando con ella?

Debes de entender, que estuviste muerta para mí durante muchos años, pase de maldición en maldición y Regina estuvo conmigo siempre.

¿De que estas hablando? — Marian sonaba confundida.

La chica de la que estaba enamorado antes de conocerte. Es Regina — Le expliqué — Ella siempre ha sido el amor de mi vida y volví a encontrarla.

Ella te dejo y se casó con otro — Me recordó Marian — Por su ambición. Se casó con el rey y ve en lo que se convirtió.

No fue su culpa — Susurré — Tal vez hizo malas elecciones pero ella cambio.

Estás enamorado de una ilusión, de la mujer que creíste conocer — Marian se cruzó de brazos — No puedo creer que estés dispuesto a cambiar a tu esposa y a tu hijo por ella.

No voy a dejar a mi hijo por ella — Respondí — Regina quiere a Roland y él la quiere a ella. Todo esto se puede arreglar, podemos llegar a una solución.

¿A qué te refieres?

Qué podemos llegar a un acuerdo, tu puedes tener a Roland unos días y yo los que resten.

¡¿Qué?! ¡Estás loco! Yo no voy a dejar que lleves a mi hijo con esa mujer. Si quieres estar con ella, te iras solo — Marian escupió las palabras entre dientes.

Mejor no hablemos de esto ahora. Ambos estamos cansados y necesitamos descansar — Marian no respondió nada y solo me miro — Puedes dormir en la tienda con Roland y yo dormiré en la que está al lado.

No quiero dormir con Roland, de seguro va a patearme o no me va a dejar dormir — En ese momento desconocí a Marian con aquellas palabras — Yo dormiré en la otra tienda.

Como gustes.

Marian estaba actuando muy raro, y no solo por lo de Regina. Cuando Roland la abrazo, vi cómo se ponía incomoda y su forma de actuar hacía mi era diferente. Cuando se metió a la tienda me quede mirando hacia los arboles por un rato, pensando en que estaba mal con ella. Tal vez algo había pasado durante el viaje en el tiempo o el que ella estuviera ahí era una alteración y tal vez también había alterado su comportamiento.


Habían pasado dos días, dos días en los que había ido a casa de Regina y había tocado la puerta casi hasta que los nudillos me sangraran. Nadie la había visto, nadie sabía dónde estaba. Marian estaba sentada en un tronco mirando a la fogata mientras Roland jugaba a su lado; ella no le prestaba atención y solo lo miraba de vez en cuando sin darle mucha importancia.

Estaba sentado en el suelo, a un par de metros de todo el ajetreo, tenía los brazos cruzados sobre las rodillas y quería hundir la cara en mis piernas pero no podía dejar que me vieran siendo débil.

¿Estas bien? — Preguntó John sentándose a mi lado. Había vuelto a la normalidad cuando Regina derrotó a la bruja malvada.

Si — Respondí en un suspiro.

¿Estás seguro? Porque no te ves muy bien — Insistió él — ¿Es por Regina verdad?

¿Tanto se me nota?

Pues se nota que eres infeliz con ella. Y que las cosas no están bien con Marian.

Ella no es la misma John, ni yo tampoco.

Tienes razón, se comporta diferente — Comentó él — Actúa como si no nos conociera y ni siquiera se preocupa por Roland. Algo raro está pasando.

Es lo mismo que yo creo. Ella esta rara, y no creo que sea por todo el cambio o por el asunto de Regina.

Hablando de Regina. ¿Enserio la vas a dejar ir?

Ella no quiere verme John — Respondí negando con la cabeza — Esta oculta, ni siquiera su hijo la ha visto.

¿Y te vas a dejar vencer por eso? Ese no es el Robín que yo conozco — Mire a John y supe qué él tenía razón, no lo había intentado lo suficiente — ¿Qué estas esperando? Ve, yo cuidare de Roland.

Me levante con una sonrisa de medio lado y le agradecí dándole un apretón de manos y asintiendo con la cabeza.


Supuse que no encontraría a Regina en su casa, ni en la oficina. No iría al bosque para no arriesgarse a estar cerca de mí. Así que supuse que estaría en su cripta.

Entre en ella y observe que el ataúd estaba de lado mostrando las escaleras que bajaban. Baje en silenció y volteé a la derecha observando a mi alrededor y la vi sentada sobre un baúl con un libro en las manos.

Regina — Dije mientras me acerba a ella.

Ella levanto la vista y me miro sorprendida poniéndose de pie y dejando el libro a un lado.

Robín — Susurró — ¿Qué estás haciendo aquí?

Te he estado buscando por todos lados.

Pues se suponía que nadie me encontraría.

Regina — Me acerqué a ella y le tome las manos — Tenemos que hablar.

¿Qué hay que hablar? — Preguntó ella molesta — Todo está claro, tú tienes que estar con Marian porque es tu esposa y tienen un hijo juntos que necesita a su madre.

Y yo te necesito a ti — Los ojos de Regina me miraron confundidos y sonreí al ver que ella arrugaba su frente.

¿De que estas hablando?

Que Marian haya regresado a mi vida, no quiere decir que tú y yo tengamos que renunciar a nuestra felicidad — la acerqué un poco más a mí, cambiando mis manos a su cadera — Yo te elijo a ti, siempre a ti.

Regina no pude evitar sonreír y bajo la mirada acomodándose un mechón de su cabello mientras se mordía el labio.

¿Estás hablando enserio?

Regina, después de todo por lo que hemos pasado, ¿Enserio crees que elegiría alguien más sobre ti?... Te amo, y te amare por miles de años.

Y entonces, ¿Qué va a pasar con Marian?

De hecho, necesito tu ayuda con eso.

Regina levanto una ceja y se alejó un poco de mí.

¿Qué? ¿Esperas que yo hable con ella y le diga que no tiene oportunidad porque siempre has estado enamorado de mí y eres mío?

Sonreí ante sus palabras y la tome de la cintura acercándola a mi cuerpo sin dejar espacio entre nosotros.

Aunque me encantaría que le dijeras eso — Admití con una pequeña sonrisa — No es eso en lo que quiero que me ayudes.

¿Entonces?

Marian no es la misma, está actuando muy raro y no creo que sea solo porque viene del pasado. Ni siquiera se preocupa por Roland…

¿Crees que algo le paso en el viaje o algo por el estilo?

No lo sé. Eso es lo que quiero que me ayudes a averiguar… Quiero saber si hay algo de magia afectándola o que le está pasando.

¿Quieres saber que todo está bien antes de decirle que la vas a dejar? — Yo me quede callado y solo la mire apretando un poco los labios — Eres el hombre más bueno que conozco.

Ella sonrío y yo sonreí poniendo una mano en su mejilla, acerque mis labios a los suyos y le di un suave beso disfrutando sus labios.

¿Qué tal si antes de irnos nos tomamos un poco de tiempo a solas? — Le dije mientras empujaba suavemente a Regina hacía la pared.

Ella sonrió y enredó sus brazos alrededor de mi cuello mientras yo la acorralaba con mis brazos. La bese presionando mis labios sobre los de ella, sentía la necesidad de devorarlos. Deslicé mis manos por el cuerpo de Regina y fui agachándome lentamente para tomar sus piernas y levantarla. Ella enredo las piernas en mi torso y gimió cuando sintió entre sus piernas lo excitado que estaba.

La bese con más intensidad metiendo mi lengua a su boca y jugueteando con la suya. El vestido de Regina ya estaba hasta su cintura y pude deslizar mis manos debajo de el para sentir su cálida piel; recorrí su cuello con mis labios y deslice mi lengua por su clavícula ocasionando que Regina dejara escapar un largo suspiro de placer.

Puse sus manos sobre su trasero apretándolo y camine unos pasos atrás para alejarnos de la pared. Sin soltarla nos recostamos en un par de mantas y almohadones que estaban en el suelo; supuse que era en donde ella dormía cuando se quedaba ahí.

La mire a los ojos y pude notar el fuego y la pasión en ellos, en esos perfectos ojos cafés que me gritaban "tómame". Tome los brazos de Regina y la hice ponerse de rodillas para girarla y que me diera la espalda para bajar la cremallera de su vestido. Me deshice de el rápidamente y después de su sostén de encaje. Puse mis manos sobre sus pechos abarcándolos todos pegándome a su espalda y de esa manera bese sus hombros y su cuello dándoles ocasionalmente pequeñas mordidas. Me quite la camisa rápidamente y desabroche el cinturón para bajar mis pantalones, Regina solo se quedó ahí volteando un poco el rostro para mirarme mientras se mordía el labio inferior. Ella se deshizo de sus pantaletas lentamente y así de rodillas apoyo sus manos en el suelo mostrándome su hermoso y torneado trasero haciendo que mi erección saliera prácticamente sola de mis calzoncillos. Deslicé mis manos sobre sus nalgas para darles un fuerte apretón antes de entrar en ella. Regina gimió pegándose a mí y bajando el pecho al suelo.

La tomé por las caderas y comencé con movimientos profundos y lentos, disfrutando su calor y su humedad alrededor de mi sexo. Regina gemía y gemía alentándome a subir mi velocidad. Ella se incorporó sentándose sobre mí pegando su espalda a mi pecho. Mis manos se movieron a sus senos y los apreté mientras ella marcaba el ritmo. Besé su cuello y deslice mi lengua desde su oreja hasta su hombro.

Regina se levantó, se dio media vuelta y se volvió a sentar sobre mi miembro, esta vez quedando de frente a mí. Ella me miro a los ojos y se comenzó a moverse sobre mí encajando sus uñas en mi espalda. Sus senos botaban ante mis ojos y tome uno para meterlo a mi boca y saborearlo, con la otra mano tome su trasero y lo apreté sintiendo como estaba a punto de llegar al clímax. Tome a Regina y la recosté de espaldas mientras bajaba a su entrepierna para saborear su humedad; deslice mi lengua sobre todo su sexo y la escuche gemir, la sentí arquearse para pegar su sexo a mi rostro y yo hundí mi lengua dentro de ella.

Hazme llegar — Susurró ella agitada.

Volví a entrar en ella, esta vez más duro y más profundo. La mire a los ojos mientras nuestros movimientos se volvían frenéticos y ambos alcanzábamos el clímax entre gemidos, respiraciones agitadas y nuestros cuerpos sudorosos y ardientes.

Me recosté a su lado y ella giro para acomodarse en mi pecho y sentí su respiración contra mi cuello. La abracé con una sonrisa y acomode mi barbilla sobre su cabeza.

¿Por qué todo tiene que ser tan maravilloso contigo? — Regina suspiro y acarició mi pecho con la yema de sus dedos.

Creo que es porque estamos juntos.

Estar juntos es maravilloso.

Te amo — Susurré y le di un beso en la frente.

Yo te amo más.


—¿Estás listo? — Preguntó Regina mientras se colocaba la chaqueta.

—Dame un segundo — Robín tenía la mirada en una pequeña libreta forrada en cuero negro. Él movía la pluma sobre la hoja escribiendo rápidamente.

—¿Qué es lo que escribes ahí — La morena se acercó a Robín pero antes de que ella pudiera ver algo él cerró la libreta.

—No es nada — Él se levantó y dejo la libreta de lado tomando a Regina por la cintura — Vamos — Le dio un pequeño beso y la tomo de la mano para comenzar a caminar.

Ambos fueron hacía el bosque donde el campamento de los Merry Man se encontraba. Cuando llegaron hasta haya, Robín se despidió de Regina con un beso y ella se ocultó detrás de un árbol. Robín camino hacía Marian y saludo a John con levantando la mano. Se agacho y despeino el cabello de su hijo y le pidió que fuera a jugar con John.

—Marian, necesitamos hablar — Dijo él metiendo las manos a los bolsillos de su pantalón.

—¿Ahora de que quieres hablar? — Preguntó ella molesta, cruzándose de brazos — Podemos empezar por donde estabas.

—No tengo porque darte explicaciones de eso — Robín se molestó ante el tono altanero de la mujer y prácticamente solo la estaba distrayendo para que Regina pudiera hacer lo suyo.

Detrás del árbol en el que estaba oculta, la morena tomo un poco de un raro polvo gris y se concentró en Marian. Regina soplo el polvo y observo como flotaba hacía la mujer que tenía una acalorada conversación con Robín.

—Te guste o no soy tu esposa — Respondió Marian.

Regina abrió los ojos como platos al observar aquel polvo posarse alrededor de Marian y tomando un color verde que reconocería a kilómetros. Ella salió detrás del árbol y caminó rápidamente hacía Robín.

—¡Robín, aléjate de ella! — Le advirtió Regina.

Robín la miro confundido e instintivamente dio un par de pasos hacia atrás.

—¡¿No nos puedes dejar en paz?! — Gruño Marian — Entiende que él no va a estar contigo nunca más. Es mi esposo y el padre de mi hijo.

—No, no lo es — Aseguró Regina acercándose a Marian — Tú no eres Marian.

—¿Funciono? — Preguntó Robín.

—Funciono bastante bien… Así que ya puedes dejar la farsa hermanita.

Robín frunció el ceño y miro a Regina y después a la mujer que era Marian transformarse en la bruja malvada del oeste.

—¿Zelena?

—No pensé que lo fueras a descubrir tan rápido hermanita — Dijo Zelena con una sonrisa descarada.

—Creo que no fuiste muy convincente con tu rol de madre y Robín lo noto enseguida.

—Bueno, me conformo con haberte arruinado la vida por un momento.

—No entiendo porque hiciste esto Zelena — Comentó Robín acercándose a ambas mujeres.

—Es muy fácil querido… Quería hacer que Regina sufriera tanto que regresara al oscuro hoyo en el que estaba antes. Así jamás sería feliz… Y tú eres el amor de su vida, así que, que mejor estrategia que quitarle a su amorcito de las manos — Zelena rio sínicamente.

—Pues no lo lograste — Respondió Regina escupiéndole las palabras a la cara.

—Tal vez no de esta manera… Pero existen más — Zelena dio media vuelta y camino unos pasos — Pero existen muchas maneras de lastimarte hermanita — Humo verde envolvió la mano de Zelena — Pero ahora solo se me ocurre matarte — Una espada apareció en su mano y no dudo ni dos segundos para lanzarla.

Regina levanto las manos para intentar detener la espada con magia, pero Robín se interpuso entre ella y la espada y cuando Regina pudo darse cuenta él estaba tirada en el suelo con la espada clavada entre el pecho y el estómago.

Regina abrió la boca para gritar pero ningún sonido salió de su boca. Sus ojos se llenaron de lágrimas y ella no pudo hacer más que dejarse caer al suelo de rodillas al lado de su amado.

—Robín — Susurró ella poniendo las manos sobre el rostro del ladrón.

Regina levanto la vista y miro a su hermana con ojos furiosos y exaltados y se lanzó hacía ella con las manos listas para atrapar el largo cuello de Zelena.

—Vas a pagar por lo que hiciste.