Capitulo 6
Los zapatos nuevos le apretaban. Y detestaba la falda. Los lazos en las trenzas jamás se quedaban en su lugar y, por su comportamiento inquieto recibía muchísimas reprimendas de parte de las maestras. Las niñas no se le acercaban por considerarla demasiado tosca y varonil, y los niños no se animaban a estarse con ella, ya que el primero que quiso intimidarla terminó con el hocico partido y la camisa llena de ía dejado en claro que nadie se metería con ella. Pero ese respeto que se ganó con aquella pelea le valió la soledad y el exilio en los recreos.
Cada día comía sola su Bento* y nadie quería participar con ella de las actividades grupales. Pero eso no le importaba. Haruka tenía una enorme vida interior, podía pasar horas creando castillos en el aire. Y sabía que fuera en su barrio estaban Toru y Momo. No necesitaba nada más que eso.
El regreso a casa era su parte favorita del día. Había aprendido, con su habitual perspicacia, que si bajaba una estación antes, podía llegar caminando al mercado y cruzarlo para llegar al barrio, además daba la excusa para que pasara al taller de Miss Anna a buscar a su madre, ya que este estaba ubicado a pocas cuadras.
El mercado llamaba muchísimo su atención, aunque no supiera por qué. Podía pasarse horas admirando los cangrejos y centollas en los tanques de agua. Los peces de brillantes colores y las flores y frutas que perfumaban todo.
Ya que pasaba por alli a diario algunos puesteros ya la conocían, y frecuentemente recibía manzanas o naranjas como obsequio. El dueño del puesto de mariscs junto a la fuente la había observado en silencio durante algún tiempo. Había visto esa mirada azul y profunda en otra parte... pero muchos años atrás. Gruesas lágrimas rodaron por sus mejillas, mientras se acercaba al tanque de las centollas para mirar mejor a la niña. Trató de reponerse, y usando su tono más amable para no asustarla se animó a hablar:
- Son bonitas, verdad?
Haruka con la boca llena de manzana respondió - Si que lo son!... muy lindas y grandotas!
- Y sabrosas tambíen!...has comido alguna?
-Oh no!... son tan bonitas que me daría pena comerlas pero, tampoco podría tenerlas de mascota. Mamá y tía Megumi no me lo permitirian. Imaginate que ni las ranas me dejaron conservar!... y eso que eran bien pequeñitas- hizo un ademan juntando sus dedos indice y pulgar para demostrar que si eran muy pequeñas. Eso le hizo mucha gracia al puestero, que disimuló para no ofender a su amiguita
- Y tu mamá donde está? acaso comprando en otro puesto?
-No, está trabajando con Miss Anna, y mi Tía Megumi duerme, sale a trabajar a la noche en... en... bueno no recuerdo pero es esa casa altota que está frente al bar del puerto...
-Shhhh! ...- amonestó- no digas nunca a nadie que tu tía trabaja alli! la gente es muy mala pequeña!
-Pero porqué no pu...?
-Porque no!... que tu madre no te ha dicho que obedezcas a tus mayores?
-si...
-Entonces obedeceme! mira lo mayor que soy que hasta mi barba es blanca!... como te llamas?
-Haruka, y tú Ojii-san**?
- Si serás descarada! como te atreves a llamarme abuelo?
-Tú me acabas de decir que tu barba es blanca... o no? y acaso los abuelos no tienen barba blanca?- Esa respuesta causó tanta gracia al anciano que no pudo ofenderse...
-Me llamo Yamada Masaki***, mucho gusto Haruka, quieres acompañarme a tomar té?- el reloj de la plaza dió 5 campanadas. Mamá estaba saliendo en ese momento del taller y si no la veía en la puerta más valía que la encontrara en la casa o estaría en serios problemas
- No puedo, tengo que irme a casa, pero mañana regresaré... adiós abuelito Masaki!...- y salió corriendo.
Masaki se quedó muy impresionado... sentía como si viera en ella al hijo que perdió tiempo atrás.
La tarde siguiente Haruka cuplió la promesa de ir a tomar el té con el anciano. Apartir de ese momento, no pasó un solo día en el que no fuera aunque sea por unos minutos a ver a su "abuelito Masaki", como lo había baustizado por supuesto sin preguntar si este estaba deacuerdo... .
La unica cosa que le oprimía el corazón es que no podía hablar de Él en su casa. Si lo hacía, se delataría. Sabrian que no había obedecido y que caminaba por el mercado cada día. Mamá la castigaría seguramente. Asi que callaba.
Un viernes por la tarde, mientras tomaban té con masas dulces como casi todos los días, Masaki le preguntó
-Te gustaría acompañarme mañana a pescar?
-No puedo abuelito... - su mirada se entristeció
-Pero por qué no puedes Ichiban****?, tienes acaso otro compromiso?
-No...
-Entonces es que no te gusta pescar?
-Si me gusta! muchisimo! hasta tengo mi caña que me obsequió Toru pero...- no sin mucho vacilar, decidió contarle la verdad al buen anciano que tanto quería. No deseaba lastimarlo y que creyera que ella no deseaba su compañia... . El señor Yamada la oyó sin pronunciar palabra. Luego obserbando el tanque de las centollas mientras enchinaba su barba, carraspeó antes de decir
-mira chiquilla... mentirle a tu mamá está muy mal... y desobedecerla aun peor. Pero comprendo como te sientes, hasta los adultos nos metemos en cosas que sabemos no estan del todo bien aunque no sean presisamente malas...
-Entonces no estas enfadado abuelito?-
-No lo estoy... pero, creo que deberías decir la verdad en tu casa... si no te importa te acompañaré hoy a esperar a tu mamá a la salida del taller y yo se lo explicaré... pero debes prometerme que no volverás a mentir ni a desobedecer a tu madre, de acerdo?
-Lo prometo abuelito! Siempre diré la verdad!- y contenta se aferró de su cuello.
Masaki eligió una bonita centolla del tanque, la colocó en una bolsa de red, y luego de colocarse el sombrero le ofreció la mano libre a Haruka para que la tomara. Dirigiendose a sus ayudantes les dijo - Saldré con mi nieta... volveré antes de cerrar- Los muchachos solo asintieron. Les asombraba como un viejo tan agrio y de malos modales era tan amable con esa niñita.
Al salir del taller Tamashii se encontró con su hija tomada de la mano de ese anciano extraño. Lo primero que pasó por su mente es que había hecho alguna de las suyas y que estaban alli para pedirle que repondiera... uego, al ir acercandose y ver que el hombre le sonreía, se dió cuenta de que se trataba de otra cosa.
-Mamá! - gritó Haruka al verla, agitando fuerte su brazo para saludar. Masaki se sacó el sombrero y ofreció una respetuosa reverencia
-Buenas tardes señora, mi nombre es Yamada Masaki, antes que nada dejeme decirle que tiene usted una niña maravillosa. Sumamnte educada y muy inteligente-
-Muchas gracias señor Yamada - tomó a Haruka entre sus brazos y la besó tiernamente.
-Se preguntará que hacemos aquí los dos, verdad?-
-Pues si... espero que mi hija no lo haya importunado de algun modo...-
-Oh no señora! en lo absoluto!... es más, no he venido a darle a usted quejas, si no las gracias...- notó el desconcierto de Tamashii - Le explicaré... si me lo permite ...-
Asi ambos emprendieron una lenta marcha, llevando a Haruka en medio, quien los miraba alternativamete, segun hablaban, mientras mordisqueaba un bastón de caramelo. De alguna manera trató de desestimar los peligros que la pequeña pudo correr, y hasta de justificarla con frases como "en su inocencia no se dá cuenta" " sabe usted como son los niños" " en el mercado casi todos la conocemos y cuidamos de ella"
Antes que Tamashii tuviera tiempo de reprender a Haruka,se apresuró a decir
-Comprendo que esté usted enfadada con ella, pero asi miso me atrevo a pedirle que no la reprenda... sabe?, soy viudo, y mi unico hijo murió en un terrible accidente con uno de nuestros pesqueros... no había alegría alguna en mi vida hasta que llegó la pequeña... ella es la razón por la que volví a sonreir...- al ver que los ojos de la madre se llenaban de lagrimas de compasión, para restarle importancia a lo anteriormente dicho, le extendió la bolsa con la enorme centolla
-No lo tome como un soborno señora... pero me gustaría obsequiarsela... la pequeñita me ha dicho que jamás ha comido centolla y me gustaría que la probara-
-Es usted muy amable señor Yamada... me gustaría que nos acompañara a cenar si es que no tiene otros compromisos-
-Será en otra ocación señora, hoy debo regresar, dejé a mis dos ayudantes en el puesto y es hora de cerrar... pero si me gustaría alguna vez cenar con usted y su hermana... la niña me ha hablado tanto de su tía Megumi, de sus mascotas y sus amigos que ya siento que los conozco a todos- ambos rieron
-En ese caso sepa que es bienvenido a mi hogar cuando quiera señor Yamada... - la mano de Tamashii se posó cariñosamente sobre su hombro. Este respondió tomandola por unos instantes, devolviendole una mirada de gratitud. Al alejarse de ellas, volteó, y sonrió como hacia muchos años
-Adios abuelito Masaki! ... Adios!... te esperaré mañana! no lo olvides! - gritaba Haruka mientras se alejaba de la mano de su madre.
Como olvidaría esa cita?... imposible que lo hiciera. Era simplemente felicidad... con las manos sucias de tierra y los bolsillos llenos de figuritas de papel, trompos y alguna que otra piedrecita. Exactamente lo que su viejo y herido corazón necesitaba.
