¡Hola, hola, hola!

¿Así qué queréis una continuación de esto? Bueno, aquí esta :)

Esta conti se basa después del capítulo "Volpina".


— TRAICIONADO POR EL ANILLO —

2


Fue tras de pararle los pies a una panda de ladrones, suficientemente idiotas para atacar un miércoles por la noche, el día de la semana en Lady y Chat se reunían en la torre Effail. Eran unos adolescentes completamente torpes para el robo. Novatos. Sin duda buscaban sus 15 minutos de fama siendo atrapados por la heroína principal de París. Fue esa noche, que Ladybug no le chocó los puños esa vez a su gato predilecto.

A Chat no debería haberle importado, pues él mismo había dejado colgada a su Lady en ese gesto cuando algo le molestaba. Y por la cara de preocupación con la que le miraba la chica de rojo era obvio que ese era el caso.

— ¿Chat, te encuentras bien? Hace un tiempo que noto que luchas bastante tenso.

Podría no quejarse, pues el rendimiento como héroe de su compañero había subido en alza, pero se le notaba nervioso, muy nervioso. Y eso no le gustaba.

— ¿Tenso yo? ¡Pero que dices, My Lady! —soltó una risa despreocupada demasiado falsa que ni el más crédulo se habría tragado.

Ladybug se le quedó mirando con una ceja levantada y los brazos cruzados como diciendo "¿me crees idota?". Bajo esa mirada, pronto al gato le dio vergüenza seguir riéndose, así que con un ligero sonrojo dejo de hacerlo.

— ¿Acabaste? —preguntó ella, cortante.

Él asintió con la cabeza, sumiso. Acto que preocupó mucho a Ladybug. ¿Donde estaba su atrevido compañero que hablaba antes de pensar?

— ¿Qué te ha pasado? —preguntó ella, colocando una mano amistosa sobre su hombro.

Se dirigía a él con la misma amabilidad y sonrisa tranquilizadora con la que trataba a los Parisinos que acudían a pedirle ayuda. Todo en ella parecía irradiar una sensación de tranquilad, y su sonrisa decía más que mil palabras. "Tranquilo —parecia decir—, te has acercado a la persona correcta, yo soy tu salvación".

Él se empapó de la esencia de la joven de la que estaba enamorado lo más que pudo, sorprendido de si mismo porque se notara menos seguro que otras veces. Antes, como Adrien, solía soñar con todos los ojos críticos que le perseguían día a día, solía colapsar y suplicar que dejasen de mirarle hasta el llanto. Y entonces aparecía ella. Sus ojos azules brillaban más que los otros, eran sus favoritos, los amaba porque eran los únicos que no le veían juzgandole, esperando el momento de ver cuando cometería un error y hacerle la vida imposible por ello, aun más. No, esos ojos azules le veían con ternura y amor, expresándole cuanto se alegraba de verle, no por ser guapo ni famoso, si no porque era su amigo, su compañero. Tal y como... su madre le miraba. Y él corría hacía esos ojos, pensando que tras la bruma encontraría a su amiga Marinette, su Princesa, la delegada de la clase, esperando para darle un hombro amigo, lleno de una sensibilidad femenina, que Nino no podía proporcionarle, preparada para escuchar todos sus problemas, todos y cada uno, y luego le aconsejaría de forma adecuada, como la chica inteligente que ella era, ahora que ya le hablaba sin tartamudeo alguno. Pero a falta de la franco-chinesa, al final era Ladybug, su Lady, la que se escondía entre esa bruma. En vez de una igual, una superior, una que siempre le rodeaba con sus brazos y no tenía porque contarle nada, porque todos los ojos y los problemas desaparecían en ese momento. "Yo soy tu salvación". Entonces despertaba sintiéndose seguro, porque aunque la heroína no estaba en la habitación cuando abría los ojos, si la sensación de sus brazos a su alrededor, si su voz asegurándole que sería un gran día, "te ira bien, Adrien Agreste, muy bien", porque la Ladybug de sus sueños no sabía que el chico entre sus brazos se trataba de su compañero de batallas y lo trataba como a cualquier otro civil, pero a él le gustaba la atención de todas formas, la protección. Una atención y protección igual a la que recibía el resto, tal vez solo un poco más especial, porque se trataba de un sueño.

Sin embargo, bajo la luz del día y del sol, la Ladybug real cumplía sin despeinarse las promesas que la Ladybug falsa de sus sueños hacía, por supuesto, sin saberlo.

Pero desde lo ocurrido tras el akuma Simón Dice, desde que su padre conocía la verdad, el sueño se había tornado en una pesadilla. Los ojos acusadores ya no atacaban solo con hirientes palabras mudas, si no con acciones reales, que por alguna razón él no era capaz de ver, porque él ya no era su objetivo, si no ella. Y con terror Adrien observaba como los ojos azules se apagaban, se borraban como una vez hicieron los de su madre, para no volver. Y él corría hacía la atacada joven, dándole completamente igual si era Marinette o Ladybug la que le esperaba en la bruma, fuera quien fuera, si su amada o su mejor amiga, debía salvarla. "Has dejado que te descubrieran —hablaba la voz de ella, falta de tono, rota, derrotada, moribunda, sin embargo tan alta, retumbaba en su cerebro—, me has traicionado". "¡Mentira! —gritaba él— ¡Nunca te he traicionado ni lo haré! ¡Ladybug, nunca seré capaz!" Y entonces llegaba, pero demasiado tarde. Los ojos desaparecían y lo único que le daba la bienvenida era un antifaz, uno rojo con motas rojas, el antifaz de Ladybug, destrozado. Apenas convertido en harapos. Ver fijamente los agujeros para los ojos, sin mirada azul alguna entre ellos, era como mirar a las cuencas vacías de un cadáver. No, no solo de uno. Las cuencas vacías de todas las Ladybug estaban en ese ajado antifaz. "Nos has traicionado, Adrien Agreste, lo has hecho —hablaban ellas a la vez, el resto de voces formando un eco para la voz de su propia Lady—. No eres diferente de cualquier otro Chat Noir. Todos nos traicionan, todos nos matan". Manchas de un escarlata aun más oscuro cubrían los restos de la prenda. Sangre. Y Adrien lloraba y gritaba el nombre de Ladybug hasta quedar ronco, sabiendo perfectamente que era en vano. No iba a volver, él había sido descubierto, ella estaba muerta. Por alguna razón, en lo más hondo de si mismo, sentía que detrás de Ladybug, también se había marchado Marinette, lo que le dejaba completamente vacío. Y entonces, se descubría a si mismo despertando con el susurro del nombre de "Marinette" entre sus labios, algo que habría sido un sonoro grito mayor que los anteriores si la pesadilla hubiera continuado. La almohada y su cara empadadas en lágrimas, no recordaba derramar lágrimas llamando a Ladybug, siempre lloraba cuando se acordaba de Marinette. Plagg le observaba, en silencio. Ni siquiera él se atrevía a hacer comentarios hirientes al respecto. Y en el instituto tenía que aguantarse las ganas de abrazar a Marinette nada más verla, exclamando, "¡sigues viva!", lo mismo que le ocurría cada vez que se encontraba con Ladybug, siendo Chat Noir.

Mientras rememoraba todo eso, Chat se quedó mirando la mano enguatanda en rojo sobre el negro de su traje, perdido, como si en realidad la mano de la heroína no estuviera, o no debiera, estar ahí. Rápidamente ella la quitó, malentendiendo la mirada fija. Él se quejó casi inaudiblemente por eso, pero luego miró a una y otra parte antes de volver a mirar a Ladybug, preocupada porque el felino se había pasado varios minutos callado, y ella no se había atrevido a sacarle de su ensoñación. Sus ojos azules estaban vivos, estaban ahí cuando el resto de ojos acechaban en la oscuridad del cielo nocturno, y estaban perdidos y preocupados por su causa.

— ¿Qué dijiste? —cuestionó el felino, con vergüenza. Se había olvidado.

Ladybug abrió los ojos y sorpresa y decepción. Es grave, es grave.

— A esto me refería —ella dijo, casi con voz de reproche—, no eres el mismo gato burlón y quiero saber porque.

Sintiéndose interrogado, él volvió a mirar a todas partes. Ahí estaban escondidos los ojos acusadores, por todas partes. No los veía, pero los sentía, aun despierto, aun llevando el antifaz.

— Aquí no —terminó diciendo, y extendiendo su bastón hacía arriba le ofreció la mano a su Lady.

Ella aceptó el gesto y acabaron en la terraza de un piso alto.

— Lo siento mucho, bichito —comenzó él sorprendiéndola—. Yo... me he descuidado. Mi padre sabe que soy Chat Noir.

Ladybug abrió grandes sus ojos, no lo concebía.

— ¡Qué dices! —exclamó.

Chat bajó la mirada avergonzado.

— Él... vio mi anillo. Es un hombre muy perceptivo.

Ladybug se permitió respirar y expirar unos segundos, para calmarse.

— ¿Y cómo se lo ha tomado? —habló tras unos segundos.

— No va a decir nada, si es lo que te interesa —menuda tontería de comentario, obvio que era eso lo que le interesaba—. Él... dijo que estaba orgulloso de mi. Es la primera vez que me lo dice.

Ladybug no pudo evitar mirar a su compañero enternecida. Diciendo eso parecía tan sumiso..., tan poco él que hasta le causó ternura.

— Chat Noir me... me alegro por ti.

Él la miró fijamente, sin saber que pensar o como reaccionar.

— Gracias My Lady, pero... ¿no estas enfadada?

Ella le miró, sonrió y luego negó.

— Si no dice nada, no veo que importe realmente. Y si eso os une, en fin, mejor, ¿no?

La verdad es que no quería meterse mucho en ese tema, pues ella tenía la suerte de haber sido criada en el seno de una familia multicultural, que se amaban a pesar de las diferencias y la distancia. Su padres eran envidiablemente cariñosos y comprensivos, no tenía los problemas familiares que, tristemente sabía, su compañero si padecía.

Él sonrió a un lado, después de tanto tiempo, por primera vez de verdad.

— Gracias, bichito.

Entonces, los aretes y el anillo sonaron.

— Tengo que irme.

— Yo también.

— Entonces, nos vemos.

— Sí...

Ambos se fueron con su bastón y su yo-yo por lados diferentes.

Chat entró por la ventana de su habitación cuando se destransformó.

— ¿Es verdad lo que ella dice, estoy tenso? —le preguntó a su kwami.

Plagg había aterrizado en la cama.

— Y yo que se, dame queso —exigió.

— Plagg.

— ¡Sí, estas tenso, pareces un palo negro con bigotes! ¡Uy, perdona, si tú no tienes bigotes! —Chat Noir no era el único gato afectado por esto. Plagg podía sentir la angustia de su protador como si fuera la suya en esas pesadillas. Para él era peor, pues Adrien no era el primer Chat Noir al que le ocurría esto y estaba seguro de que, desgraciadamente, no sería el último— ¿Ahora me das queso?

Adrien, un poco sorprendido por el comentario de los bigotes (¿era raro que ahora, justamente ahora, le entrasen ganas de tener bigotes?) le pasó un trozo de queso Camenbert.

— ¿Por qué estoy tenso? —se preguntó más para si mismo que para Plagg.

— Dame más Camenbert y te lo digo.

Podría parecer desesperado, pero la verdad es que lo hizo.

— ¡Ayyy, mi amor! —exclamó el kwami antes de comerse los otros dos trozos de Camenbert— Ahora, estás así porque desde que sabes que tu padre sabe tu identidad secreta quieres impresionarle así como lo haces siendo Adrien. 0 diversión, 100% de trabajo —dijo el kwami gato como una explicación, casi como si fuera obvio, y que no le agradará nada—. Antes molabas más.

Adrien suspiró sentándose en la cama al lado del kwami.

Jamás pensó que el hecho de que su padre supiera su secreto le fastidiaría tanto los esquemas.

— ¿Y que más podría hacer...? —se dijo a si mismo.

En ese momento, en el ordenador que había dejado encendido sonó un pitido de que le había llegado un email. Con pesadez se levantó y fue a mirar que era, no vaya a ser que fuera algo de trabajo.

"¿Alya ha actualizado el Ladyblog a estas horas? —pensó delante de la pantalla, con una ceja alzada— ¿Hablará de los "ladrones" de está noche? Ni que fuera importante..."

Clickó y los ojos verdes se abrieron desmesuradamente al ver el post.

¿QUÉ LE OCURRE A CHAT NOIR?

Ese era el título. Casi creía que los Parisinos le tenían olvidado. El primer post que Alya le dedicaba a su persona, al chico de Ladybug, y tenía que tratar precisamente sobre eso.

Sorprendido, pasó su mirada por todo el post, más los rápidos comentarios de los fieles lectores y fans de la heroína. Lo leyó todo y cada vez se sentía más hundido. Se preocupaban por él, casi no lo creía, se preocupaban por él, Chat el héroe, como nunca lo habían hecho por Adrien el modelo. Porque Adrien el modelo sabía enmascarar sus problemas, Chat el héroe no. Eso le alegraba y le entristecía a la vez. No le gustaba preocupar a nadie.

— Lo han notado, Plagg —habló—. TODOS lo han notado. ¡Todos!

— ¿Y qué esperabas? —habló el kwami— Un súper héroe de verdad capta más la atención que un modelo. Sera porque son pocos. En fin, ahora ya sabes lo que es ser querido y famoso a la vez. ¡Felicidades!

A Adrien no le hizo gracia eso, volvió la mirada de nuevo a la pantalla del ordenador.

— ¿Qué le pasa a Chat Noir? —susurró—. Pues que es idiota.


— Me alegra que Chat esté más unido a su padre, pero esa nueva forma de comportarse no me gusta nada —le comentó Marinette a Tikki, tras destransformarse, después de que está recargará fuerzas con sus galletas—. Ahí algo que no me dice.

Tikki flotó un poco alrededor de su portadora.

— Has de darle espacio, no puedes atosigarle, Marinette —le aconsejó con su voz dulce y comprensiva—. Recuerda que estamos hablando de su vida privada y...

— ¡Y yo no puedo meterme demasiado, lo se! —terminó Marinette por la kwami mariquita— En fin, confiaré en él y pronto espero que todo vuelva a la normalidad. De momento, necesito descansar y concentrarme para mañana resolver mi propia metida de pata...